El colegio se había puesto de cabeza y los murmullos comenzaron de inmediato, mientras Hermione trataba de ignorarlo. Ron vivía con su cabeza apoyada en cualquier superficie plana que pudiera encontrar, luego de enterarse de que Snape estaba enamorado de Hermione y que quizá ella podía sentir lo mismo que él.

¿Y cómo pasaba algo como eso?

- ¡Señor Weasley, levante la cabeza de su asiento! - exclamó Minerva, dándole un golpe con un pergamino que llevaba entre sus manos. - tampoco es el fin del mundo, sea lo que sea que tanto le molesta.

- Como si no lo supiera, ¡por supuesto que es el fin del mundo! ¿Cómo rayos alguien se enamora de una persona como Snape? Eso ni siquiera es natural, humanamente probable que pase.

- Yo tampoco entiendo lo que sucede, pero estoy segura de que Granger tampoco está en esas. ¿No es así, señorita Granger?

¿Y qué se suponía que tenía que decir? Los gemelos habían perdido de igual manera, pero Snape había decidido ser honesto con sus sentimientos. Quizá lo hacía puesto que todos seguramente lo tomarían como loco y así nadie se ocuparía del asunto y el podría ir tras ella libremente. O todo lo contrario, generar una curiosidad tal que atrajera toda la atención y que el estudiantado y el profesorado, terminara por entenderlo y aceptarlo. Pero realmente no tenía idea y no quería preguntárselo. Tenía miedo de conocer la verdad.

Severus Snape tenía una forma muy retorcida de divertirse.

- ¿En verdad amas a la señorita Granger, Severus? - preguntó Albus en el despacho y Snape asintió sin ton ni son. Parecía despreocupado, admirando un viejo libro de runas antiguas, mientras Albus acariciaba el largo plumaje de Fawkes, en su poste.

- Qué puedo decir, sé que no es posible y que está muy mal visto. - agregó mirándose los dedos, distraído. - No puedo mentir, creo que me cautivó desde el día en que bailó para mí en la mesa del comedor. Fuera una broma o no, creo que no puedo mentirte Albus.

- En verdad las cosas llegaron muy lejos, Severus. - sonrió el anciano director. - no creo que el profesorado lo apruebe y creo que la señorita Granger será el blanco de muchos chismes, durante mucho tiempo. Tratarán de justificar lo buen estudiante que es, diciendo que está tras los profesores.

- Eso temía, pero creí que era mejor decir la verdad. Al principio todo comenzó como una apuesta de los gemelos Weasley. Apostaron que ninguno de los dos podría decir lo que pensaba acerca del otro y casi ganan. Por poco y me arrepiento, pero no podía ocultarlo más. No podía decirle que la odiaba, realmente nunca le he profesado odio alguno.

- ¡Pues me parece bien! ¡Me encantaría ayudar! Pero me temo que solo es posible, cuando Granger cumpla la mayoría de edad y pueda decidir su propio destino, siendo una adulta legalmente. Mientras tanto, tendrás que mantenerte a raya.

- ¿Entonces cuento con tu palabra y con que no te enfadarás si en algún momento, nos sorprendes haciendo algo fuera del rago: estudiante- alumno?

- Bien, no sé qué cosa tienes en mente... pero si te refieres a demostraciones de amor en público, creo que a ésta escuela le hace falta un poco de compañerismo entre casas.

- Minerva me matará.

- Minerva no entiende el joven amor, pasó por ello ya hace tanto tiempo.

La sonrisa sarcástica de Snape, se ensanchó más y más. Obvio, Dumbledore de una divertida broma, siempre veía todo con mucho esplendor y no se molestaba por muchas cosas. Por más grave que sonaran. El truco perfecto.

Y la expresión de sorpresa de Hermione al escucharlo, mientras Severus estaba echado junto al lago y arrojando piedrecillas, también era divertida.

- ¿Lo aprobó?

- Por supuesto, Albus adora las bromas y luego de ello, pan comido.

- ¿Todo eso estuvo en tu cabeza, todo este tiempo? Quisiste usar la apuesta de los gemelos a tu favor, para que Albus aceptara que me amas, ¿cierto?

- Bien, no pensé que saldría tan bien. Ellos pierden y nosotros ganamos.

- ¿Y cómo sabías todo eso?

- Supuse que los gemelos no se resistirían a otra de sus apuestas, así que te hice retarlos para que pudieras vengarte y yo al mismo tiempo pudiera vengarme, obteniendo algo a cambio.

No sabía si sonreírse o si asustarse con lo inteligente y calculador que Snape podía ser, de vez en cuando. En verdad no se lo esperaba y que tampoco Albus Dumbledore, aceptara su romance.

- ¿Por qué Albus acepta todo sin chistar?

- Entiende que todo fue por una apuesta. Pero una vez que hablé sinceramente con él, todo le pareció bien y no encontró nada que objetar. Así es él, solo tienes que ser directo y sincero. Además, tiene un gran sentido del humor y eso es una cualidad, que aunque muchas veces me irrita, puedo usar para mi beneficio. Es un hombre usualmente feliz y le encanta hablar de amor y esas tonterías.

- ¿Y dejará que andemos por ahí, besándonos y abrazándonos?

- Bueno, me pidió que esperara hasta que fueras mayor de edad y entonces podrías hacer lo que quisieras. - comentó, ladeando la cabeza para mirarla. Estaba recostada a un lado y no dejaba de mirarlo con mucha sorpresa. - pero confieso que en verdad no tengo prisa. Mientras, puede usar ese tiempo para enamorarme de verdad y no por el resultado de una puesta.

No podía creerlo.


Próximo capítulo, fin de la historia :).