¡Hola a todas!
Tengo que deciros que este es el penúltimo capítulo de la historia...
CAPÍTULO 55 – COMBATIENTES
-NARRA APRIL-
Taylor subió a mi coche con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Por qué parecía tan emocionada de pasar la tarde-noche conmigo? Apenas nos conocíamos, y ella debería pensar que la odiaba; al fin y al cabo, estaba… ¿saliendo?... con el ex novio de mi mejor amiga.
Me senté en el asiento del conductor y me dispuse a arrancar el motor. Taylor me obligó a parar.
-April, ¿te caigo mal? –me preguntó, demasiado directa. Me quedé parada unos segundos, intentando pensar en una respuesta no demasiado maleducada.
-Sería imposible que le cayeras mal a alguien, Taylor –contesté, sonriendo brevemente. A excepción de a una Galleta… pero bueno, eso mejor no se lo decía.
Ella esbozó una sonrisa resplandeciente.
-Bueno, es que a veces me parece que tu amiga… Liz, me mira de forma rara. Y pensaba que tú tampoco me soportabas –continuó hablando.
Puse el coche en marcha y me mantuve callada, mordiéndome la lengua para no empezar a meterme en asuntos que no me concernían.
Llegamos a mi casa en poco tiempo, y lo primero que hizo ella fue preguntarme dónde estaba la cocina. Quería comprobar que tenía todo lo necesario para hacer una buena horneada de galletas, así que mientras ella trasteaba animadamente, mirando todos y cada uno de los armarios de nuestra cocina, decidí subir a mi habitación para cambiarme de ropa.
Era una lástima que hubiera usado tan poco el vestido tan bonito que me había comprado especialmente para la boda, aunque, definitivamente, me encontraba más cómoda con una de las camisetas blancas de Nick y unos pantalones de pijama. Me recogí el pelo en un moño más o menos deshecho y volví a bajar para ver cómo iba la invitada con su labor pastelera.
-¡Ya están haciéndose! –exclamó ella, eufórica. ¿De dónde había sacado la camiseta que llevaba? Me quedé mirándola fijamente. Se había cambiado de ropa, pero… ¿cómo?
-Taylor… uhm… ¿qué? –balbuceé antes de que ella me cortara.
-Espero que no te importe –dijo –he visto esta camiseta en el montón de la ropa limpia y me la he puesto para no mancharme el vestido. Además, así voy más normal. No se puede estar horneando galletas con un vestido de brillos, ¿verdad?
Asentí brevemente. Iba descalza, con la camiseta morada… de Joe. Seguramente era una de las que se había dejado en casa (o una de las que Liz le había robado sin que se diera cuenta). Pero bueno, no tenía de qué preocuparme, ¿verdad? Galleta no volvería hasta tarde, y para entonces Taylor ya se habría vuelto a poner su vestido deslumbrante y habría metido su gracioso trasero en un coche de camino a su casa.
-Por cierto, creo que tienes un mensaje de voz en el contestador –murmuró mientras hojeaba una revista, señalando con la cabeza hacia el teléfono, que parpadeaba con una luz tenue roja.
Extrañada, fui hacia allí. ¿Quién habría llamado al teléfono fijo? Todo aquel que quería hablar conmigo, sabía que tenía que llamar a mi móvil, porque al otro, rara vez contestaba.
Descolgué el auricular y escuché atentamente.
-¿April? Hola, te llamaba para confirmar la fecha en la que te pasarás por nuestras oficinas. Estamos muy interesados en ti para interpretar el papel de Claire en nuestra próxima película, que se rodará en París a partir del próximo mes hasta después de Navidad. Llámanos.
Me quedé con la boca entre abierta. No me había presentado a ningún casting… ¿por qué me llamaban? Escuché otra vez el mensaje de voz, para comprobar que no me lo había inventado o imaginado.
-¿Qué pasa, April? –preguntó Taylor, al parecer dándose cuenta de mi estado. Negué con la cabeza. Lo último que quería era que ella se enterara.
Cogí mi móvil de encima de la mesa y salí de la cocina rápidamente, a un sitio en el que pudiera estar a solas. Tenía que llamar a los productores de "esa nueva película que se iba a rodar en París" y decirles que no me interesaba su oferta. Eso era.
Le había dicho a Nick que no me iba a separar de él, y lo decía en serio. París estaba demasiado lejos… y actuar no era lo que yo quería de verdad. Estaba fuera del mercado y ahora era completamente propiedad de Nicholas Jonas.
Exacto.
Marqué el número que me habían dejado en el mensaje de voz y esperé unos segundos.
-Producciones Aurum, ¿en qué puedo ayudarle? –contestó una chica con voz distraída. Supuse que sería la secretaria.
-Eh, perdone… me han llamado esta mañana desde este número… soy April Rose.
Al parecer, esperaban mi llamada, porque la chica soltó un gritito.
-¡Por fin! –exclamó –. Ahora mismo te paso con mi jefe.
Se oyó una especie de clic y luego un hombre de voz grave habló.
-¡Hola, April! ¿Cómo estás?
-Eh… bien. ¿Y usted? –contesté. ¿Por qué le estaba dando conversación a un hombre al que ni siquiera conocía?
-Ahora que has llamado, muy bien –contuve el aliento –. Verás, en esta nueva producción, queremos contar contigo. El director de la película está muy interesado en ti y ha exigido que seas la protagonista. Por supuesto, el viaje a París y la estancia allí durante los próximos seis meses corre por nuestra cuenta.
-Espere, pero es que… no estoy segura de querer aceptar el papel. Ni siquiera sé de qué va –contesté.
¿Qué estaba diciendo? ¡Lo que no me interesaba era la película! No, no, no.
Pero por otra parte… París, seis meses…
NO.
-Eso tiene fácil solución. Mañana mismo te enviaré el guión para que lo leas y nos digas qué te parece. De verdad que es una gran oportunidad para ti y tu carrera –me dijo el hombre –. Sé que todos los chicos Disney queréis despegaros de esa imagen de críos que os dan, y esta película es exactamente lo que necesitas.
-Pero… como usted sabrá, yo no llevo mucho tiempo actuando… era más un pasatiempo que otra cosa…
-¡No digas no hasta que lo pruebes! –exclamó él, soltando una risotada –. ¡Yo tampoco quería dedicarme a esto y mírame ahora! Viviendo a cuerpo de rey y con un trabajo que me encanta.
Me preparé para decirle que no, que muchas gracias pero no.
-En fin, hablaremos cuando te decidas, April. Soy Jack, por cierto; Jack Bloomer.
Y colgó.
¿Por qué tenía que encontrar coincidencias en todo? Nicholas se hizo pasar por un tal Jack cuando nos conocimos… y ahora este tipo se llamaba así.
Bueno, me daba igual que me enviaran el guión al día siguiente, porque no pensaba irme a París sin Nick.
Estaba decidido.
-NARRA LIZ-
Obviamente, David no me llevó a casa. Tenía algún problema con su traje y exigió que paráramos en su casa primero.
-No puedo entrar en tu casa, David. Te espero en el garaje –contesté después de que él insistiera en que podía pasar si quería.
La casa de Henrie era muy diferente a la de los Jonas, o a la mía. La suya, era algo más pequeña y simple, justo enfrente de la playa. Estaba segura de que las vistas desde el balcón debían de ser lo mejor… pero de ninguna forma iba a entrar en la guarida del lobo.
-¡Venga, no seas así! –exclamó, sujetando la puerta abierta, esperando a que bajara –estoy seguro de que esos tacones te están matando y que quieres ponerte cómoda. Tengo piscina en la parte de arriba.
¿Y a mí qué más me daba que tuviera piscina? Seguí allí sentada.
-He dicho que no. Ve a cambiarte de ropa y luego llévame a casa –contesté firmemente.
David gruñó exasperado.
-Eres más difícil de lo que creía –murmuró. Alcé la cabeza para mirarle.
-¿Qué has dicho? –pregunté, algo parada por su comentario –¿creías que era fácil?
Él pareció darse cuenta de su error, porque se puso algo nervioso.
-No… no quería decir eso… -balbuceó –es que… bueno, es que creía que ya habías superado lo de Joe. Y pensaba… pensaba que yo te gustaba.
Me mordí el labio, algo avergonzada.
No, no había superado lo de Joe. Y tampoco creía que lo pudiera superar nunca. Pero eso él no debía saberlo, así que suspiré brevemente.
-Claro que me gustas –mentí. Me importaba un pimiento los remordimientos de conciencia que pudiera tener luego. Salí del coche, tendiéndole la mano a David –. Venga, enséñame la piscina.
Él sonrió, complacido. Le había dejado ganar a posta, más que nada porque no quería seguir estando amargada por Joe. Él había superado lo nuestro bastante rápido, así que, ¿por qué yo no?
Me quité los tacones y los dejé tirados en la entrada. Mejor iba descalza o me quedaría sin pies por el dolor.
-Ves subiendo las escaleras, ahora mismo iré yo –me dijo David, soltándome la mano. Empezó a desajustarse la corbata (nunca le había visto llevar una).
-Pero, no sé dónde está la famosa piscina –contesté, algo extrañada.
-¡Sube al último piso y saldrás a la terraza! –exclamó él, desapareciendo tras una de las puertas de su apartamento.
Mejor era no hacer preguntas y hacerle caso, ¿no?
Rápidamente, subí hasta el tercer piso, donde una enorme terraza con una enorme piscina me dio la bienvenida. El sol estaba a punto de ponerse, pero aún se reflejaba levemente en el agua, que tenía un aspecto fabuloso. Había hamacas alrededor, y unas cuantas plantas rodeando las barandillas. Incluso vi una barbacoa en una de las esquinas.
Respirando profundamente el aire que empezaba a ser más fresco, me acerqué con cuidado para apoyarme en la barandilla, observando vagamente toda Los Ángeles, y preguntándome dónde estaría Joe en esos momentos.
Sacudí la cabeza, frustrada. Tenía que dejar de pensar en él como fuera. Y si David estaba dispuesto a ayudarme, lo haría, me entregaría a él. Lo que fuera con tal de dejar de pensar en Joe.
-Estoy tan loca que hasta le veo en todas partes –murmuré en voz baja al ver que Joe bajaba de un coche oscuro y se acercaba a la puerta principal de la casa de David.
Pero… no me lo estaba imaginando. Di un respingo, al darme cuenta de que sí era él, y salí corriendo hacia las escaleras, dispuesta a alertar a David… llegando demasiado tarde.
Acababan de llamar al timbre, así que decidí asomarme a escondidas desde el primer piso, mirando por el hueco de la escalera. Estaba segura de que Henrie no le diría a Joe que yo estaba allí (o al menos, sólo me quedaba rezar para que no lo hiciera).
Pero lo que vi a continuación me dejó helada: David iba desnudo. Sí, sin nada de ropa.
Y al parecer, no le importaba nada ir a abrir la puerta en ese estado. Me quedé parada, intentando apartar la vista de su perfecto culo descubierto.
-¡Joe! –exclamó Henrie al abrir la puerta y ver al invitado. Joe aún llevaba su traje y, cómo no, sus gafas de sol.
El Jonas se quedó mirando a su amigo con expresión confundida, mientras que David corría a alcanzar una toalla y se la envolvía alrededor de la cintura, tapando sus vergüenzas.
-¿Qué haces aquí? –preguntó David, cuando se hubo recompuesto. Joseph se quitó las gafas de sol en un movimiento matador.
-Quería hablar contigo sobre… Liz –contestó este, al parecer decidido a ir directo al grano.
Supuse que tenían la suficiente confianza como para que él entrara en su casa sin ser invitado y cerrara la puerta tras de sí. ¡Pero yo lo que quería era que se fuera cuanto antes!
-¿Qué pasa con ella? –preguntó David, receloso.
Joe desvió la vista hacia el primer escalón de la larga escalera, haciendo que yo también me fijara en ese punto que antes había pasado desapercibido: una botella de champán sin descorchar y dos copas de cristal esperaban pacientemente a ser recogidas. Supe enseguida qué era lo que David quería hacer, pero había sido demasiado tonta como para no haberme dado cuenta antes.
-Joder, David… lo siento. ¿Estás con una chica? –murmuró Joe, dándose cuenta de que no estaban solos –ahora mismo me voy. Pensaba que tenías que llevar a Liz a su casa y que luego…
Paró de hablar de repente, mirando hacia un punto fijo en el suelo, cerca de la entrada.
Miraba mis zapatos morados, que yo tan estúpidamente había dejado allí tirados. Joe me los había regalado antes de romper, así que estaba segura de que los reconoció. Mierda.
-¿Esos son los zapatos de Liz? –preguntó Joe, acercándose para cogerlos. Miró el número de pie, como para asegurarse. David se quedó parado allí en medio, sin saber qué hacer.
El corazón empezó a latirme con fuerza, como advirtiéndome de que algo muy malo iba a pasar. Si Joe pensaba que yo estaba allí con David mientras que él estaba desnudo…
Pero me quedé en mi pequeño escondite como una ardilla asustada.
-¿Los zapatos de quién? –dijo David, como queriendo ganar tiempo. ¿Ganar tiempo para qué?
Y entonces, la hecatombe: Joe alzó la cabeza y miró justo hacia la rendija por donde estaba yo asomada. Mierda.
-¿Lizzie? –murmuró al verme.
Me escondí del todo, pero eso no servía para nada. Ya me había visto… y seguramente estaba pensando lo peor. ¿Salir de allí o no salir? Esa era la cuestión.
-¿Os estáis acostando juntos? –preguntó Joe, en voz suficientemente alta como para que yo lo oyera. Sonaba… ¿dolido?
Era hora de ser valiente y actuar.
-Eso es algo que no te interesa, ¿no crees? –respondí, sin saber cómo. No era yo la que hablaba, eso estaba claro.
Me quedé mirándolo desde la parte alta de las escaleras, mientras que él me miraba fijamente, aún con mis zapatos en la mano. Por lo menos, yo iba vestida.
-Me interesaba… hasta ahora –contestó él. En su mirada vi algo que no me gustó. ¿Era asco? ¿O decepción?
Antes de que pudiera averiguarlo, vi cómo él dejaba caer mis zapatos sin apenas inmutarse y daba media vuelta, echando a andar hacia la playa a paso bastante rápido.
¿Qué acababa de hacer?
Sentí como si estuviera a punto de vomitar, mientras que media parte de mi cuerpo me decía que me hiciera un ovillo allí mismo y me pusiera a llorar, a la vez que la otra parte me gritaba que fuera corriendo hacia él, que le detuviera.
Hice caso a la segunda.
Sin mirar a David, salí corriendo descalza de la casa, mientras que el cielo se iba oscureciendo cada vez más. Tenía que parar a Joe, tenía que decirle que le quería, que no había dejado de hacerlo nunca.
-NARRA APRIL-
¿Cuándo se iba a ir la araña de mi casa? Había puesto "Friends" en la televisión del salón y se reía descontroladamente, como una niña de cinco años. No sabía si debía parecerme gracioso o ridículo.
-¿No te encanta esta serie? –me preguntó desde el sofá en el que estaba sentada.
Asentí brevemente, aún dándole vueltas a lo de la película en París. Si accedía a hacerlo, podía ser una gran oportunidad para mí, ¿no? Pero no podía dejar a Nick así como así… durante seis meses.
En ese instante, se oyó la puerta de entrada. De un salto, me dirigí hacia allí, por si acaso era Liz. Tenía que avisarla antes de que viera a Taylor sentada en el salón con la camiseta de Joe.
Pero resultó que no era Liz, sino Nick.
Se había cambiado de ropa ya, así llevaba una camiseta gris de manga larga, con botones en el cuello, algo desabotonados, y su chaqueta negra de cuero en la mano, por si acaso luego hacía frío. Sonreí al verle, algo nerviosa.
-¿Has encontrado a Kevin? –pregunté. Lo primero era lo primero. Él asintió.
-Hace rato –murmuró con expresión divertida –; estaba con Summer.
Se acercó para darme un beso en los labios, suavemente, y luego dejó la chaqueta colgada en uno de los percheros de la entrada. Me quedé mirándolo sorprendida.
-¿Y ya está? –pregunté. Qué fácil les había sido a esos dos.
-Eso espero –contestó, sonriente. Estaba de buen humor, eso era bueno.
-¡Me encanta este capítulo! –gritó Taylor, haciendo que la oyéramos desde la entrada. Nick me miró alarmado.
-¿Está aquí? –murmuró. De pronto, era como si se hubiera asustado. Me reí ligeramente.
-Ni que fuera la bruja del bosque –contesté, enroscando mis brazos alrededor de su cuello. Me importaba bastante poco que Taylor estuviera a poca distancia de nosotros.
Él empezó a exagerar para hacerme reír.
-Lo es –fingió un escalofrío –; con su música puede destrozar tu vida o animarla. Ella tiene ese poder. Estoy seguro de que podría hacer llorar hasta a un gatito.
Me reí en voz alta.
-A mí siempre me han gustado sus canciones –contesté, como si acabara de admitir mi placer culpable.
-No me lo digas: ¿has cantado alguna vez You Belong With Me en tu habitación usando un peine como micrófono y señalándome a mí en el póster de tu pared? –bromeó.
Le miré fingiendo estar ofendida, apartándome rápidamente de él.
-¿Por qué eres tan creído? –exclamé. Ahora el que se reía era él, mientras que envolvía sus brazos alrededor de mi cintura y me obligaba a volver a estar pegada a él.
-Era broma –me dio un pequeño beso sobre la punta de la nariz. Luego, se separó un poco y me cogió de la mano –. Venga, vamos a ver de qué se ríe esta loca.
Nos sentamos en el sofá de al lado de en el que estaba sentada Taylor, y al parecer a ella no le extrañó ver a Nick allí. Supuse que ya se había acostumbrado a verlo de vez en cuando. Pero Nick sí que se quedó mirando la camiseta que llevaba la araña.
-¿Esa no es…? –murmuró Nick en mi oído, disimuladamente. Le hice callar, asintiendo brevemente.
Y, cómo no, el señor Presidente me hizo caso.
Nos quedamos callados un buen rato, simplemente mirando la tele. Nick pasó su brazo alrededor de mi hombro, abrazándome contra sí, así que yo apoyé mi cabeza sobre su pecho, bastante cómoda. Si no hubiera estado Taylor allí, habría podido hablar con él sobre lo de la película en París.
Pero, ¿qué tenía que hablar? Ya había decidido que no iba a aceptar el papel, ¿verdad? ¿Por qué seguía dándome vueltas a la cabeza la misma cosa?
-En fin, ya se ha acabado el capítulo –dijo Taylor de repente. Se levantó de un brinco y corrió hacia la cocina, supuse que para recoger las galletas recién hechas.
-¿Sabes una cosa? –dijo Nick de repente, en voz baja para que sólo yo pudiera oírle. Me giré para mirarle, intrigada –he pensado que tú y yo podríamos irnos a algún sitio, a pasar una semana, hasta que las cosas vuelvan a la normalidad aquí.
Sus ojos brillaban como los de un niño pequeño en Navidad. Me apartó un mechón de pelo de la cara, acariciándome la mejilla con suavidad.
-¿Crees que… es lo adecuado? –pregunté, más que nada, preocupada por lo que sus fans (y los cotillas) dirían de nosotros dos yéndonos de vacaciones a solas.
Nick asintió, apretando mi mano.
-Quiero que pasemos un tiempo relajados, alejados de mi loca familia y de los problemas que causa Los Ángeles. Podemos ir adonde tú quieras.
Sonreí sinceramente. Sí, me moría de ganas de pasar con él mi tiempo, así que empecé a asentir como una loca.
-A cualquier sitio, no me importa dónde –contesté. Nick sonrió exultante.
La decisión estaba tomada: al día siguiente llamaría al tal Jack Bloomer y le diría que se buscara a otra para el papel. O mejor aún, iría a su despacho para rechazarlo en persona.
Desde el salón, oímos el móvil de Taylor sonando en la cocina, hasta que pocos segundos después ella contestaba con voz jovial. Nick y yo nos miramos curiosos, preguntándonos quién sería.
-¡Sí, claro! –exclamó ella –. Ahora nos vemos, cariño. Te quiero.
Luego, oímos sus pasos acelerados hasta el salón otra vez. Nick y yo la miramos, expectantes. Por favor, que me dijera que se tenía que ir.
-¡Joe viene hacia aquí! –gritó Taylor, emocionada. El Jonas me lanzó una mirada alarmada.
-¿Aquí? –pregunté. ¿Qué pasaría si después de él llegara Galleta?
Sólo imaginarme la escena que se podría causar si la araña, Liz y Joe estaban bajo el mismo techo (nuestro techo), me daba escalofríos. Y para colmo, ella llevaba la camiseta de Joe.
-Sí. Creía que iba a ver a David, pero dice que ha durado menos de lo previsto –explicó Taylor –. April, ¿crees que podríamos cenar todos juntos aquí?
La rubia se quedó mirándonos a mí y a Nick, expectante, hasta que mi novio tuvo que tomar la decisión por mí, que estaba demasiado parada. Nicholas asintió.
-Iré encendiendo la barbacoa –murmuró, dirigiéndose hacia la terraza –. ¿Vienes conmigo, Taylor?
Ella salió disparada detrás de él.
Al parecer Nick sabía perfectamente lo que yo iba a hacer, por eso se llevaba a la araña de mi alrededor. Sin perder tiempo, cogí mi móvil y llamé a Liz.
Después de diez pitidos, descolgó.
-¿Lizzie? –pregunté. Escuché un pequeño lloro, acompañado del sonido de las olas. ¿Estaba en la playa?
-Ho-hola –murmuró mi amiga, con la voz demasiado aguda.
-¿Dónde estás? –pregunté, preocupada. Parecía que estuviera llorando.
-En la playa –se sorbió la nariz –. ¿Qué pasa?
-¿En la playa? Lizzie, son casi las diez de la noche. ¿Qué haces ahí? –insistí. Estaba a un paso de subirme al coche y salir tras ella.
-Acabo de estar con Joe –contestó ella. Acto seguido, volví a oírla llorar.
-Liz, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado?
En serio, me estaba preocupando cada vez más.
-No quiere saber nada de mí. Le he pedido perdón, pero no quiere saber nada más… se ha ido sin ni siquiera mirarme –soltó ella de carrerilla –y la única vez que lo ha hecho, me ha mirado con asco. April, le doy asco…
-¿En qué parte estás? –pregunté, decidida.
-En Santa Mónica, cerca del embarcadero.
-No te muevas de ahí. Voy ya –le dije, decidida.
Colgué el teléfono y salí disparada a mi habitación, para cambiarme los pantalones de pijama por unos vaqueros y ponerme unas sandalias. Luego, fui a la terraza, donde Nick estaba preparando el fuego para asar la carne. Taylor estaba sentada al lado, mirando el cielo ya oscuro.
Separé un poco a Nick para hablar con él en privado.
-Tengo que ir a por Liz –le dije. Él me miró preocupado, pero antes de que pudiera preguntar, le corté –está en la playa. Ha tenido… un altercado con Joe y sé que está mal, tengo que estar con ella.
Nicholas asintió quedamente.
-Te esperaré aquí. Tómate el tiempo que necesites, y ves con cuidado.
Me dio un beso breve, y un abrazo. Le miré agradecida antes de salir de allí corriendo.
Y mira tú por dónde, justo cuando yo estaba saliendo de la casa a bordo de mi coche, Joe llegaba con el suyo, aparcando en la entrada. En un impulso, frené en seco y me bajé para ir hablar con él.
-Hola, April. Gracias por invitarme a venir… -empezó a decir Joe. Sin embargo, le detuve.
Quizá al ver mi cara de mal humor, se asustó.
-¿Qué le has hecho a Liz? –pregunté, quizá demasiado agresiva. Él frunció el ceño.
-¿Por qué no mejor me preguntas qué me ha hecho ella a mí? –contestó. Ahora la confundida era yo.
-¿Qué ha pasado? –insistí. Joe torció el gesto.
-Liz y David se han acostado –dijo Joe. Abrí los ojos, sorprendida.
-No puede ser –murmuré –. Joe, eso es imposible. Liz está enamorada de ti.
-Al parecer, no –respondió él, amargamente. Sacudí la cabeza, negándome a creerle.
-Tengo que irme… voy a buscarla. La he llamado y estaba llorando –le dije.
Creí ver un destello de preocupación en sus ojos, pero giró la cabeza rápidamente.
-Hasta luego –dijo simplemente.
Mientras él entraba en la casa, yo volví a subirme al coche. Liz tendría que explicarme todo lo que había pasado.
Cada vez todo parecía más caótico, más imposible de arreglar.
Y la verdad, me estaba cansando.
En fin, eso es. Espero que os haya gustado.
Pronto subiré el último capítulo, para acabar las dos temporadas y la historia (¿definitivamente?).
¡Muchas gracias por leer!
-Vicky.
