Hola hola, he vuelto al juego así que por aquí andaré entre las sombras nuevamente. Feliz año nuevo, espero que tengan éxito en todo y recuerden que solo ustedes pueden cambiar el curso de su propia historia.
Este capítulo fue largo, hubo sangre sudor y lágrimas, así que comenten.
KatMay:
Aquí está el capítulo 53 jaja espero que lo disfrutes. Bueno, si quieres compartir tu teoría, adelante jaja, pero yo te sugiero que lo hagas al final de la temporada, por si le achuntas jaja además quedan como 3 capítulos para finalizar, incluso puede que hasta solo dos capítulos, o si quieres me lo dices jaja no hay problema con eso xD
Sí, toqué un tema delicado y en este cap igual lo hice, son temas duros, sin embargo, debo hacerlo, es parte del mundo de Eldarya, al menos, eso se ha demostrado en el juego.
No te preocupes con estudiar, debes tomarte un tiempo para ti misma y decidir que es lo que quieres para ti, algo que te apasione y que te guste :3
Me asustaste con lo del cierre del fanfic, no sé, lo dudo, esa canción está traducida, la canción es francesa jaja, todas las canciones que pongo son traducidas xD
Oh y feliz cumpleaños :3 te iba a mandar un mensaje ese día, sin embargo, no podía porque no tenías cuenta jaja en fin, espero que lo hayas pasado muy bien :3
Bye Bye
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Estamento
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En la era de la historia humana, aún se recuerda una época previa a la revolución que marcó la mirada del mundo entero.
Hace algunos años, y en un lugar alejado de nuestra era, se vivió la injusticia de un reino dividido entre tres mundos, llamados de otro modo, tres estados o estamentos.
El primer estado estaba integrado por la religión, por aquellos hombres que dedicaban su vida a la cristiandad; el segundo estado, estaba compuesto por las casas nobles del reinado, el patrimonio biológico, cultural y político de la sangre real que corría por las venas de los que vivían bien; el tercer y último estado, era el más diverso de los tres, aquí podías encontrar desde un rico banquero, hasta un pobre campesino.
El poder absoluto de los reyes provenía del segundo estado, líder de las decisiones que tocaban al pueblo, mientras que, por otro lado, el tercer estado sucumbía ante el poder incondicional de los lineamientos superiores.
El estamento más grande, en referente a la población, era el tercer estado, este sostenía el reino en materia económica, brindándoles ganancias y protección a la minoría de la población que componían los dos primeros estados, quienes derrochaban todo el dinero para costear sus privilegios.
En otras palabras, un reino compuesto por el clero y la nobleza, que violaban, asesinaban y se aprovechaban de aquellos que no tenían voz ni voto… una sociedad que murió con la llegada de la revolución francesa.
Algo muy parecido era lo que se vivía en el Reino de Jade…
-¿Le explicaste? –habló, Ezarel, mientras miraba al vampiro. Todo esto, antes de que el grupo de viajeros se separaran de caminos.
-Claro que sí, para eso la llevé al bosque. –respondió.
-¿Le explicaste todo? –insistió, el elfo.
-No todo… no soy un noble ladrón como tú, solo soy un campesino que cayó de suerte en una sociedad como Eel. –murmuró. –En otras palabras, no sé cómo explicarle lo que tú muy bien sabes. –lo escrutó detenidamente.
El alquimista suspiró profundamente. Se levantó del suelo y se acercó lentamente a la mujer que le estaba dando de comer a los Shau'kobow. Volvió a suspirar hasta tomar aire y soltarlo mientras decía un nombre…
-Erika, –ella se volvió hacia él. –necesito hablar contigo.
-¿Qué ocurre? –respondió ella.
-Me preguntaba si con lo curiosa que eres, ya habías investigado algo del Reino de Jade.
-No… al contrario. Esperaba que en la reunión me contaran algo acerca del reino, sin embargo… no… no me citaron a la reunión. –sacudió la cabeza.
-Pues… entonces, hay algo que debo explicarte. –volvió a suspirar. –Ven y siéntate conmigo. –le hizo señas.
-Ok, te escucho.
-La sociedad se divide en castas, estados o estamentos, el tercer estamento está compuesto por gente como tú.
-¿Cómo yo? –ella respondió.
-Sí, gente mestiza, gente que nació entre dos razas, faeliennes, hijos de mestizaje están ahí. Ellos son los que tienen menos derechos… y menos oportunidades.
Al llegar, muchas personas estaban en las calles. La senda de piedra grisácea era larga y ancha, aunado a ella habían puestos por los alrededores, en ellos se vendía una infinidad de productos, entre familiares que ella nunca había visto, hasta comida, ropa y pociones que brillaban entre el gentío que las veía.
La caravana de viajeros pasó cerca de una pileta en donde había un extraño joven sobre un podio de madera rústica, allí el chico de cabellera rubia teñida de puntas azuladas, hacía todo tipo de malabares con pequeños bastones de colores. La castaña se detuvo para mirarlo detenidamente, en él observó que, bajo la ligera capa de maquillaje negro, había un rostro demacrado y decadente. Observó que bajo sus pies había un pequeño tarro en donde se suponía que debía ir el dinero que la gente dejaba en recompensa por su acto, sin embargo…
Frente al joven, y curiosamente, solo había una mujer kitsune junto a su hijo, ambos reían y se divertían al ver al joven artista, mientras que el resto de los transeúntes pasaba de largo sin detenerse ni por un segundo. De pronto, en medio del gentío, una pequeña niña elfa se soltó de la mano de su padre.
-¡Mira, papá! –gritó entusiasmada, la pequeña, mientras apuntaba al joven artista callejero.
-¡Vámonos, hija! –su padre la tomó bruscamente. –él no vale la pena, no es como nosotros… es un mestizo. –espetó con dureza.
Al escucharlo, al joven malabarista se le cayeron los bastones al suelo de piedra, quizás, sintiéndose en ridículo ante la mofa del elfo.
Erika no pudo ante tal espectáculo, se bajó de la montura y caminó directo hasta el muchacho para ayudarlo, lamentablemente, la ayuda había sido tardía, pues el chico ya había recogido todo y se estaba preparando nuevamente para subir al podio, no obstante, se detuvo al percatarse de la presencia de la joven faelienne.
De su bolsillo sacó 50 manás y los echó al tarro casi vacío.
-Yo… -comenzó a murmurar, la faérica. –a mí sí me gustó tu arte…. –lo miró a los ojos.
El chico no respondió, es más, se subió al fin al piso, ignorando olímpicamente a la oji violeta quién aún lo observaba con atención.
-Se podría decir que el tercer estado es la escoria de la sociedad… al menos, es lo que muchas personas piensan en ese lugar y en otros reinos.
-Mmm… -ella quedó muda ante las palabras de Ezarel.
-Obviamente yo no pienso eso… tu procedencia no debería importar si hay respeto de por medio.
La castaña asintió ante las palabras dichas por su amigo.
-El segundo estamento está compuesto por las personas de "raza", elfos, vampiros, Fenghuangs, kitsunes, ninfas, hadas, sirenas, etc. Ellos son respetados… ellos tienen derecho, incluso tienen el derecho de pasar, en ciertas ocasiones, por encima de los que componen el tercer estado.
Se sintió un poco ridícula al ser ignorada por aquel malabarista, quien en poco tiempo había vuelto a su trabajo. Comenzó a sentirse observada, quizás, por aquellos que pasaban y la miraban con extrañeza. Sintió de pronto una mano tocar su antebrazo, era Nevra quien había llegado a su lado.
-Vamos, Eri…
-Ten cuidado, niña. –habló al fin, el joven de pelo azulado. -tanto Erika como Nevra miraron al muchacho. -Ten cuidado con el vampiro que está a la derecha… -comentó.
Fue al término de esa frase, cuando Nevra, sin afán de ser delicado, la tomó con brusquedad y la acercó a la caravana de viajeros de donde ellos se habían separado. Rápidamente, la castaña, miró en dirección a la que le había indicado el malabarista, allí parado entre la gente, se hallaba un vampiro que se relamía los labios mientras la escrutaba como un cazador. Era una mirada cargada de deseo y perversión, una mirada parecida y a la vez incomparable a las que Nevra le dirigía cuando estaban en la cama. Ni siquiera se podía comparar con la mirada de Nevra, no, al contrario, esas miradas le gustaban, la excitaban, la hacían sentir amada y deseada, sin embargo, los ojos del extraño vampiro la hacían sentir perturbada, inquieta y repulsiva.
No se dio cuenta cuando Nevra la había ayudado a subir a la montura, recién volvió en sí cuando sintió el cuerpo de crepuscular encima de la misma montura. El azabache, la había puesto entre él y las riendas que guiaban al Shau'kobow.
-¿Quién era ese hombre? –preguntó, Eweleïn, quien se había acercado a la pareja al ver la cara perturbada de Nevra.
-Un enfermo de mierda. –espetó con dureza. -Erika, -le llamó la atención a la castaña. –no lo sigas mirando, ignóralo. –la apegó más a él, tomó las riendas y avanzó junto a sus compañeros.
Siguieron recorriendo el gran camino hasta llegar a la puerta del castillo. Fue ahí en donde un grupo de sirvientes, obviamente faeliennes y mestizos, los recibieron mientras que otros tomaban las monturas de los viajeros para llevarlas a los establos. Leiftan junto a Sophia y su grupo, tomaron otro camino del resto de los integrantes del largo viaje.
-Luego está el primer estamento, conformado por los reyes y nobles del palacio. Ellos toman el destino del reino en sus manos, los puedes distinguir fácilmente por una pequeña coronilla con piedras celestes incrustadas, algo muy parecido a lo que lleva Miiko detrás de sus orejas.
-Entiendo… -murmuró, la oji violeta.
-No, no entiendes. –la miró serio. –Apenas lleves unos días en ese lugar entenderás recién lo que es vivir allí. –de pronto la miró angustioso. –Erika, mira… hay algo que debo decirte… -hizo una pausa mientras jugueteaba con sus dedos, como si con este acto pudiera reordenar las palabras que no querían salir. –No se te vaya a ocurrir ponerte terca frente a ellos. –Ezarel, la miró triste. –Lamentablemente, en ese lugar, tú no eres nada…
Una muchacha apareció al fondo del pasillo de la entrada del palacio, a lo lejos, Erika pudo distinguir la coronilla de diamantes que llevaba la mujer en su cabeza lo que indicaba un alto estatus social. Era recatada, y su figura era fina y delicada. Su rostro lozano contrastaba con cualquier existencia de vida de aquel cabello pardo que caía ligeramente por su rostro perfecto… en síntesis… esa mujer era perfecta a los ojos de la faelienne. Al verla, la faérica sintió un grado de satisfacción y de orgullo, sonrió para sus adentros mientras se imaginaba a sí misma caminando de la manera en que lo hacía la chica y llevando las mismas ropas. Inclusive sintió un grado de admiración cuando la vio acercarse, sin embargo, esa admiración inicial se perdió cuando de pronto, la joven, dejó su andar recatado hasta cruzarse con la mirada gris del vampiro. Fue en aquel momento en el que la muchacha corrió a los brazos del nocturno para estrecharse contra él, en un abrazo… y en un beso.
-¡Nev! –exclamó eufórica. –¡Nev, te extrañé tanto! –volvió a besarlo en los labios mientras el grupo lo miraba y él a su vez, no reaccionaba.
Ante aquella escena, todos quedaron impresionados, todos a excepción de Huang Hua, quien ya conocía la historia entre esa chica y Nevra. La morena, notó como el brillo de Erika se iba apagando con el pasar de los segundos, como la mirada de esta se iba volviendo cansina, y como de sus rosados labios escapaba un pequeño murmullo.
-Ivanka… -murmuró, el azabache.
-La misma. –sonrió, la noble castaña. –me alegro mucho de que hayas vuelto a venir. –lo tomó de las manos. –Hay muchas cosas que debemos hablar… como en los viejos tiempos. -Sonrió encantadora.
-Pues… -no sabía que decir, estaba embobado ante la belleza de la chica que tenía frente a él. –también me alegra estar aquí. –sacudió la cabeza. –Te presento a mis acompañantes, –habló eufórico, ella lo tomó de la mano mientras él hablaba. –la encantadora Huang Hua, candidata a fénix del pueblo Fenghuang. –apuntó a la morena.
-Un gusto verla por aquí otra vez. –la noble, hizo una ligera reverencia.
-Oh, Ivanka, no es necesario que me trates de señora. –respondió, la morocha.
-Hay que mantener las formalidades… -susurró entre risas, la mujer noble.
-Las formalidades se perdieron al momento en que le estampaste el beso a mi compañero de viaje. –sonrió, la Fenghuang.
-Lo siento por eso, es solo que me alegré mucho de la llegada de mi querido amigo, y futuro esposo. –rio. A su vez, Erika, molesta rodó los ojos.
-Ejem… -el nocturno, se aclaró la garganta. –ella es Eweleïn, miembro de la guardia Absenta, jefa de las enfermeras, candidata a la guardia Brillante, y una muy querida amiga mía. –terminó de decir, el vampiro.
-Un gusto, Eweleïn. –la cortesana, volvió a hacer una reverencia. –He escuchado mucho acerca de tus dotes medicinales, según dicen las lenguas, eres la mejor médica de la región sur… es impresionante.
-Muchas gracias. –respondió con una sonrisa brillante, la elfa.
-Ella es Erika, -Nevra se soltó de la mano de la noble. –integrante de la guardia Obsidiana, estudiante de enfermería… y mi amada novia. –la presentó mientras mostraba una sincera sonrisa.
-¿Amada novia? –repitió, Ivanka. –Pues… nunca jamás había oído hablar de ella. –la miró con una pizca de celos. -¿eres nueva en la guardia? –indagó.
-Si. –respondió, la oji violeta.
-Ahh… y… ¿de qué raza eres? –preguntó.
-Pues… soy mitad humana y mitad faery.
-¿Una mestiza? –espetó sorprendida.
En el ambiente se instauró un silencio muy pesado y difícil de romper.
-Nevra… -la noble castaña se volvió hacia el vampiro. -¿Se puede saber por qué vino ella en vez de Chrome? –preguntó con un deje de molestia y reproche.
-Supongo que no es algo que debamos contestarte a ti. –Erika, respondió con el mismo desdén utilizado por la mujer que había admirado hace tan solo unos minutos atrás.
-¡Erika! –Nevra le llamó la atención mientras que atrás, Huang Hua y Eweleïn sonreían complacidas.
-No te preocupes, Nev querido. –habló, la castaña de Jade. -Los faeliennes son así, no malgastes tu voz en ella, quizás no entienda que…
-¿Pero qué mier…?
-¡Erika, basta! –El vampiro volvió a llamarle la atención a su novia.
-Ejem… -intervino, la fénix. –Ivanka, mis compañeros y yo hemos viajado desde muy lejos… ¿podríamos conocer nuestros aposentos?... creo que todos necesitamos descansar. –preguntó para disipar un poco el ambiente estéril que se sentía en el aire.
-Claro que sí…. –sonrió, la noble. –A eso venía…
-A eso venías antes de colgarte como un orangután encima de Nevra…
-Maldita sea, Erika… basta ya. –la amonestación del vampiro llegó de manera más autoritaria y en respuesta, la faelienne se cruzó de brazos.
Todos caminaron por un largo pasillo alfombrado, mismo pasillo que los llevó primero a la habitación de Huang Hua, para luego llevarlos a la habitación de Eweleïn, hasta que finalmente, el trío de la discordia, quedó vagando por el infinito pasillo.
-Iremos a dejar primero a la faelienne. –comentó, la cortesana. –tú y yo tenemos que hablar. –miró a Nevra.
-No lo creo. –interrumpió, la oji violeta. -Nevra y yo dormiremos en la misma habitación, por lo que puedes hablar ahí con él.
-Erika… -espetó molesto, el crepuscular.
-No lo creo… -respondió, Ivanka. –Él y yo debemos tratar temas pendientes que a ti no te incumben.
-Pues te informo que sí me incumben porque yo soy su novia y no me gusta la forma en la que lo tratas.
-Erika, basta. –volvió a amonestarla, el vampiro. –Ella y yo debemos hablar cosas, quiero que me esperes en la pieza.
-Yo no quiero esperarte en la pieza…
-En estos momentos me da lo mismo lo que quieras. –espetó con dureza, el vampiro. –Me esperas en el cuarto, no es una petición, es una orden. –la mirada del azabache llegó hasta los ojos violeta de la humana.
-Nev, -interrumpió, la mujer. -quizás deberías descansar, mañana podemos hablar mejor.
-Sí, tienes razón, quizás, mañana es mejor momento para hablar. –sonrió.
-Bien, mañana nos vemos. –susurró para finalmente acercarse a él para besarle la mejilla e irse, todo ante la mirada asesina de la faelienne. Cuando la castaña de Jade se fue del lugar, el vampiro miró a su novia.
-Tú, al cuarto, ¡ahora! –exclamó, el oji gris.
Ella entró a la habitación seguida del crepuscular quien al entrar dio un gran portazo.
-¡¿Qué mierda pasa contigo?! –espetó furioso. –¡te pedí que guardaras tu estúpida compostura!
-Ella comenzó… -trató de defenderse, la castaña.
-¿Y por eso debías ser tan grosera? –ella desvió la mirada. -¿entiendes en qué maldita posición me dejas?, Erika, mírame cuando te hablo, te exijo que me mires a los ojos. –insistió.
-¡Solo tienes uno! –exclamó molesta.
-¡No te atrevas a burlarte de mí…! –rápidamente se quitó el parche del ojo herido. –¡Ahora sí puedes mirarme a los dos ojos!
Ella no respondió.
-Mi trabajo aquí es poner mi mejor cara y tragarme el puto orgullo mientras tú lo hechas todo a perder…
-No fue para tanto… -respondió, la faérica. –Ella comenzó cuando me despreció por ser faelienne.
-Y al parecer tenía razón en lo que dijo… -ella abrió los ojos sorprendida, en ellos, el vampiro pudo vislumbrar el dolor que le habían causado otra vez sus palabras.
-Y al parecer, tú sigues siendo el mismo. –susurró. –Pensé que cambiarías.
Desviaron la mirada en puntos muertos de la habitación, el cansancio se leía en la mente de los dos.
-Erika… -suspiró profundamente mientras se refregaba el pelo. –por favor, haz que mi elección de haberte traído hasta aquí haya valido la pena.
Al fin, ambos cruzaron la mirada.
-Hazme ese favor… -se dio vuelta para salir. –Iré a hablar con Ivanka y le pediré que te disculpe…
-Nev…
-Nev, nada… -la miró. -no me hables, no respires, no discutas. –se dio media vuelta y se fue.
Erika
No sabía realmente con quien estar más enojada, si conmigo misma o con la chica, lo único que sabía era que Nevra tenía razón, tenía que haberme comportado. Incluso era irónico que yo le hiciera esas escenas una vez que le pedí que él se portara bien con Leiftan; Yo estaba haciendo lo mismo, había sido grosera con la mujer del castillo.
Recordé que él me había presentado como su novia, no, no era él, era ella. Sí, la chica había comenzado cuando se mofó de mí al momento en el que supo que yo era faelienne. ¿Qué le pasaba?, de pronto recaí en las palabras de Ezarel: "se podría decir que el tercer estado es la escoria de la sociedad". Entonces, para esa chica, yo no era más que escoria… sin embargo, algo me molestaba, era el hecho de que él se había ido de inmediato con aquella mujer, ¿por qué lo hacía?
Recostada en la cama mientras acariciaba la cabeza de Annie a la vez que Shaitán acurrucaba su cabeza en mi vientre, yo me sumía en mis pensamientos.
-¿Erika? –llamaron a la puerta. De inmediato y con cuidado de no lastimar a los familiares, me levanté de la cama y me acerqué a la puerta para abrirla.
-¿Ocurre algo, Eweleïn? –pregunté.
-No, solo venía a ver como estabas…supuse que estarías sola… a decir verdad me crucé con Nevra y él me dijo que estabas en el cuarto. -ambas suspiramos. -Ánimo, Erika, él estaba muy entusiasmado con traerte a este lugar, hizo de todo para que tu vinieras.
-Gracias… -susurré, no sabía realmente que decir. -¿Entonces…?
-Pues…me preguntaba si querías acompañarme al banco.
-¿A esta hora? –pregunté a la vez que miraba marcada las 9 de la noche en el reloj.
-Aquí los bancos funcionan hasta tarde.
-¿Qué debes hacer? –pregunté mientras me giraba levemente para ver lo oscuro que estaba a través de la ventana.
-Debo cambiar dinero. Aquí el sistema de cambio es por monedas de oro.
-¿Monedas de oro?
-Sí, una moneda de oro equivale a 6 manás, no intentes cambiar el MO por más maná… escuché que una vez lo hicieron para Halloween y se cayó la página y a muchas les cerraron las cuentas… fue una matanza D:
-Llevaré un poco de mi dinero entonces… y tendré cuidado de no hacer transferencias dudosas, he invertido mucho para comprar ropa como para que me cierren la cuenta :V -murmuré mientras sacaba mi cartera.
-Te espero. –contestó.
Ambas salimos a buscar el edificio más grade y más iluminado, algo muy típico de los purrekos. Al pasear por las calles iluminadas por farolas de fuego celeste, muy parecidas a las llamas del bastón que utilizaba Miiko, dimos con aquella edificación. Cuando entramos vimos que todo era muy grande y lujoso, más lujoso que el banco de Eel. Tras un gran mesón se encontraban 3 gatos quienes, por su apariencia, se podía deducir que eran los purrekos dueños del banco. Luego de intercambiar nuestro dinero con el gato más serio de los tres, yo guardé 200 MO en mi bolso, mientras que Eweleïn guardaba 1.000 MO, esto último mientas me miraba y me decía lo mucho que deseaba comprar implementos de medicina que se encontraban en ese reino.
Cuando al fin nos dimos vuelta para salir del lugar, nos cruzamos de frente con el joven malabarista que habíamos visto en medio de la placilla, el mismo chico se acercó a la mesa hasta donde una gatita negra con pintas blancas, ahí dejó los 50 manas que yo le había entregado.
-Solo te alcanzan 8 monedas de oro. –habló, la purreko.
-¿Podríamos llegar a un acuerdo? –preguntó desesperado. –necesito ese dinero sino me botarán de la casa.
-Lo lamento, corazón, las reglas son las reglas. Ahora si pudieras deleitarnos con bella música podría darte los 9 MO.
-Yo… yo no traje mi violonchelo.
-Lo lamento entonces. –se disculpó con pesar, la gatita.
Al ver esa escena, mi corazón se encogió. Quizás, vi su mirada y la vinculé con la mía, quizás, yo entendía el dolor de no tener un hogar en el cual vivir, quizás, su mirada solo me transmitía tristeza y soledad. Bajo esos pensamientos me conduje hasta él, y encima de sus manos dejé los cuatro manás faltantes. Él me miró con sorpresa, y cuando vi que estaba estirando su mano para devolverme el dinero, yo me fui rápidamente hasta donde Eweleïn quien me miraba en la lejanía. Ese mismo día mientras volvía al castillo comencé a sentirme culpable, pues entendí que mi amabilidad hacia el joven solo era debido a la lástima que me daba su mirada.
Caminamos en dirección al castillo mientras que con Ewe hablábamos de cosas relacionadas con la medicina, de pronto sentí algo extraño, miré hacia atrás hasta ver desde lo lejos, al mismo vampiro del cual me había alertado el malabarista callejero. Tragué saliva cuando vi que nos estaba acechando en medio de las calles y bajo la oscuridad de la noche. Eweleïn también se percató de la situación, me tomó fuerte del brazo y ambas comenzamos a caminar aún más rápido. Yo por mi parte seguí sintiendo su presencia tras nosotras, el miedo recorrió mis entrañas de tal manera, que cuando sentí una mano ajena sobre mi hombro lancé un grito que me desgarró la garganta.
-¡Ahhhhhh! –gritamos con fuerza, mi acompañante y yo.
-¡¿Qué pasa?! –preguntó el hombre que nos había alcanzado, era Leiftan. Al verlo, las dos nos aferramos a él mientras nos mirábamos asustadas. -¿Están bien? –el rubio, nos correspondió amablemente el abrazo mientras su chaqueta nos cubría y de alguna manera nos cobijaba.
-S…si… es…estamos… b…bien. –dije mientras temblaba.
-Un hombre nos venía siguiendo. –murmuró, la peli celeste.
-Era solo yo, chicas. –sonrió amable, el lorialet.
-No… era otro hombre.
-¿Otro?
-Si… -respondimos al unísono.
-Bueno, aquí estoy yo. No les pasará nada. –nos llevó hasta una banca cercana y nos sentamos mientras seguíamos abrazadas del rubio. Ambas bajo su protección. –¿Qué estaban haciendo a estas horas?
-Vinimos a cambiar dinero… -susurró, la enfermera.
-¿A cambiar dinero de noche? –interrogó.
-Supuse que mañana no tendríamos tiempo.
-¿Y por qué no vinieron con Nevra?
-Nevra está ocupado. –respondió, la elfa.
-Siempre está ocupado en tonteras ese imbécil. –espetó con dureza. –Mañana hablaré con él.
Ambas nos miramos mientras nos erguíamos en el asiento.
-¿Están mejor?
-Si. –asentimos.
-¿Comieron? –preguntó, el rubio. –a pocos pasos de aquí vi una pastelería abierta.
-¿A esta hora?
-Sí, cuando pasé había gente. ¿Quieren que comamos algo antes de volver al castillo?
-Yo no quiero. –contestó, la enfermera. –Quiero descansar de este susto.
-¿Erika? –el lorialet, me miró. –¿me acompañas tú?
-Pues… -comencé a pensar en su propuesta, la verdad es que había descansado al momento antes de que Eweleïn me fuera a buscar a la habitación. Además, la idea de comer un pastel me tentaba en demasía. –Este… mmm.
-Vamos a dejar a Ewe primero. –sonrió, el rubio. -¿Segura no quieres ir con nosotros? Yo invito. –insistió, el oji verde.
-Segura. –contestó ella.
La encaminamos hasta las puertas del castillo las cuales no quedaban lejos, y Leiftan y yo nos devolvimos por las calles poco transitadas. Al llegar a dicha pastelería nos percatamos que éramos los últimos clientes por lo que elegimos rápidamente, fue así como, mi amigo y yo salimos con un gran trozo de Kuchen de uvas élficas cada uno. El sabor de las uvas era magnífico, y la crema blanca y dorada que rebosaba por encima del pastel entraba dulcemente por mi paladar. Era casi como estar en el cielo, pues desde hacía mucho tiempo no comía pastel.
Nos sentamos en una banca de piedra mientras hablábamos animadamente, yo por mi parte había logrado olvidar el miedo que se había aferrado a mis hombros al momento de ver al vampiro siguiéndonos. No me di cuenta de que en mi mejilla había quedado un poco de crema hasta que Leiftan estiró tiernamente un dedo para quitar esa mancha. Desde ahí el tema se volvió incómodo, no por él, sino porque recordé lo que había pasado esa tarde entre Nevra y yo. Mi mala suerte quedó coronada cuando vi que desde lejos venía llegando el pelinegro líder de la guardia Sombra. En su mirada notaba el enojo y la rabia que emanaba de él, a su lado iba Shaitán, quien, al verme, se lanzó encima de mí mientras movía desesperadamente su cola.
Nevra
-Erika… -suspiré profundamente mientras me refregaba el pelo. –por favor, haz que mi elección de haberte traído hasta aquí haya valido la pena.
Nos miramos a los ojos.
-Hazme ese favor… -repetí y me di la vuelta. –Iré a hablar con Ivanka y le pediré que te disculpe…
-Nev…
-Nev, nada… -la miré cansado. -no me hables, no respires, no me discutas. –salí molesto del cuarto, enojo que acentué al dar un portazo tras de mí.
Me refregué los ojos mientras suspiraba resignado. Caminé por el pasillo hasta dar con el cuarto de Ivanka. Toqué la puerta esperando que la joven saliera, así fue.
Los dos caminamos por el pasillo hasta llegar a un pequeño jardincito que estaba en uno de los recintos internos del gran castillo de Jade. Las flores emanaban pureza en el ambiente que las rodeaba, fue así como mientras estaba perdido en mis propios pensamientos, mi amiga me tomó de ambas manos.
-Me alegro… me alegro mucho de que estés aquí. Te extrañé. –habló alegre, la castaña.
-Lamento el comportamiento de Erika, está cansada del viaje, ella nunca quiso ser grosera. –cambié de manera inmediata el tema.
-No la culpo, las razas inferiores son así. –espetó mientras sonreía.
-Lo sé. –hablé tratando de seguirle la corriente.
Habían pasado varios años en los cuales yo había ido de viaje por temas políticos a ese reino. En aquel entonces, nunca me había molestado esa distinción de clases que había entre razas, sin embargo, recordé la mirada herida de mi chica cuando me expresó su malestar ante esa situación y sabía de antemano que, tanto las palabras de Ivanka como las mías, le habían dolido.
-La perdono, no te preocupes por eso. –comenzó a caminar por el jardín mientras me llevaba de la mano. –Mi misión ahora es hablar contigo para ponerme al día.
-¿Al día? –pregunté.
-Claro que sí, han pasado muchas cosas en un año. Supongo que dentro de ese tiempo te han pasado muchas cosas al igual que a mí.
-Si. –asentí. –Muchas cosas han pasado.
-Yo por mi parte… -comenzó. –sigo trabajando como mano derecha de mi rey y mi reina. Me ofrecieron un puesto de emisaria que aún no he aceptado, no obstante, quiero ese trabajo, será un placer llegar a Eel y verte cada vez que pueda ir.
-Sin duda, para nosotros también será un placer recibirte en nuestra ciudad. –hablé.
-¿Y tú? –indagó. -¿Qué has hecho de tu vida?
-Sigo con mi guardia que va cada vez va bajando más sus puntos, -contesté mientras sonreía al recordarlos. –a finales e invierno conocí a Erika hasta que finalmente nos comprometimos.
-¿Se van a casar? –ella abrió los ojos.
-No. –negué a la vez que mi amiga sonreía aliviada.
-Entonces supongo que tengo una posibilidad…
-No lo creo… -volví a negar. –lo siento, pero es la primera vez que me siento tan enamorado. –comenté.
-Yo también lo siento… –la miré sin entender. –lo siento por ella, yo me encargaré de enamorarte, a ver si esta vez te quedas aquí conmigo.
Yo reí al escucharla.
-No puedo dejar sola a mi hermana.
-La traes a vivir aquí. –ella rio. –La mestiza no te merece.
-Se llama Erika. –puntualicé. –Y muchas veces soy yo quien no la merece.
-Erika es diferente, tú y yo estamos hechos el uno para el otro, tanto tú como yo somos vampiros que pueden establecerse juntos. –me miró detenidamente mientras poco a poco se acercaba a mis labios, al ver sus intenciones me aleje de inmediato. –Ella no lo sabrá. –murmuró a la vez que volvía a acercarse a mis labios, yo por otro lado, me alejé definitivamente de ella.
-Lo lamento enserio, Erika no merece que yo le haga esto… -me negué a sentir el cariño de otra mujer, algo que antes hubiera aceptado con gusto.
-Has cambiado. –susurró.
-Todos debemos cambiar. –respondí.
-Me gustas, te quiero conmigo. No me alejaré de ti por ella. Hemos vivido más aventuras juntos de lo que tú has vivido con ella…
-Te equivocas en eso. –insistí mientras mi mirada se detenía en el vacío.
-Creo que has olvidad las noches que pasábamos juntos.
-Te equivocas en eso también, nuestras noches las recuerdo muy bien. Es por eso que necesito a Erika, sé que ella será la que me ayude olvidar aquellos tiempos. –hablé cortante mientras mi acompañante me miraba sorprendida. Me di vuelta para irme. –Espero que lo entiendas.
-Lo entiendo, sin embargo, ya te dije que insistiré. –sonrió. –Te acompaño hasta tu habitación.
-Mejor yo te dejo en la tuya. –sonreí.
-Eso mismo me decías cuando nos veíamos por las noches. –ella murmuró.
-Jajaja, tienes razón, no obstante, hay una muchacha que me está esperando en las cálidas frazadas de la cama. Sé que ella me está esperando, así como también tengo la certeza de que ella solo piensa en mí, me es fiel, es mía, así como yo soy de ella.
Un ambiente extraño nos rodeó por completo, hasta que ambos llegamos a la habitación de Ivanka. Ahí me despedí con la mano, lo único que faltaba era que Erika me viera darle un beso a mi amiga. Me dirigí hasta el cuarto que compartía con mi chica. Tenía preparado mi discurso de excusa, total, al menos sabía que ella siempre estaba ahí para mí. Sin embargo, al entrar no había nadie en el cuarto, solo nuestros familiares quienes descansaban encima de un sillón.
-¿Erika? –hablé más fuerte. Caminé hasta el baño exclusivo adyacente a nuestro cuarto. -¿Erika? –insistí.
Encima del sillón vi que Shaitán paró la cabeza.
-¿Y Erika? –pregunté mientras lo miraba.
El familiar se levantó enseguida para caminar fuera del cuarto; yo lo seguí. Llegamos hasta donde Eweleïn quien abrió la puerta de su cuarto.
-¿Qué necesitan? –preguntó a la vez que bostezaba.
-¿Sabes dónde está Erika? –pregunté mientras miraba a mi perro.
-Está con Leiftan. –volvió a bostezar.
-¿Con Leiftan? –repetí a la vez que apretaba los dientes.
-Sí, él la invitó a comer y…
-¿Dónde están? –inquirí molesto.
-No sé, hablaron algo de una pastelería que está cerca de la plaza central…
-Adiós. –me despedí repentinamente y me fui en busca de dicha pastelería.
-Claro… yo hablando de fidelidad y Erika anda de cita con el "perfecto Leiftan". –murmuré con ironía en voz alta. –El imbécil cree que yo soy imbécil. –seguí murmurando entre dientes. –Claro y ella no podía decirle que no. –caminé rápido mientras mi familiar seguía mis pasos. De pronto me detuve. –Vamos Nevra, no seas idiota… cuenta hasta cien…–seguí hablando en voz alta. –Uno, dos, tres, cuatro, -comencé a llegar al lugar que yo ya conocía de años anteriores. –seis, ocho, trece, catorce, veinte, -cada vez me costaba más concentrarme. –treinta, treinta y uno, treinta y cinco… -apreté la mandíbula cuando los vi de lejos y fue así como mi mente se disparó cuando vi que él muy caballero le tocaba la mejilla. –cien, mil, diez mil… un millón. ¡Erika, te estaba buscando! –exclamé tratando de mantener la poca compostura que me quedaba.
-Hola. –respondió ella.
La miré serio, los miré serio.
-Te estaba buscando, estaba preocupado.
-Leiftan me invitó a comer un pastel… -comenzó a darme explicaciones, mas sin embargo, yo la interrumpí.
-Ay, pero que generoso. –ironicé. –Leiftan, muchas gracias por haberla invitado a comer un pastel. -Ambos se quedaron en silencio mientras yo aún tenía rígida las facciones de mi cara. -Debemos irnos, -puntualicé. –mañana debemos levantarnos temprano.
-Eweleïn me dijo que Ivanka nos pasaría a buscar a las diez de la mañana. –respondió, Erika.
-Debemos descansar, recuerda que llegamos de un viaje largo. –respondí.
-No quiero inmiscuirme, pero si quieres yo la voy a dejar en un rato más… -murmuró, Leiftan.
-¡No! –lo interrumpí. –Nos vamos juntos.
-Entonces te esperas. –habló, Erika. –No pienso ir comiendo mientras camino.
-Te levantas ahora, nos vamos. Despídete de Leiftan. –hablé con autoridad.
-Oblígame, perro. –contestó Erika, de reojo vi que Leiftan sonrió. –Así nos decíamos en nuestro mundo, era una imagen de un enano que empuñaba sus dos manos, era gracioso. –le explicó a su amigo y luego comenzó a reír mientras el rubio reía con ella, yo por mi parte, seguía estoico.
-No te atrevas a burlarte de mí, Erika.
-No me estoy burlando de ti, que te quede bien claro que voy a comerme esto mientras esté cómoda, si te quieres ir, te vas, si quieres esperar, te esperas. Así como tú tienes "amigas", yo también tengo derecho a estar con mis amigos, te guste o no. –terminó para girarse hacia el lorialet.
-Bien, -alegué- te espero. –caminé hasta una banca cercana y me senté. Apreté mis manos con fuerza mientras miraba a la pareja reírse. –A este paso me van a terminar saliendo cuernos. –murmuré enojado. -¿¡Tú que miras!? –miré a mi familiar. -¡Ándate de aquí mejor, déjame solo! –lo corretee para finalmente poner mis codos encima de mis piernas para utilizar las palmas de mis manos para cubrirme la cara.
-Él es Shaitán. -escuché a lo lejos.
-Es lindo.
-Sí, puedes acariciarlo, a diferencia del dueño, él es un amor cuando anda enojado. –seguí escuchando.
-Tiene un pelaje suave. –al escuchar eso, levanté mi cabeza para mirar con horror que Shaitán se estaba dejando acariciar felizmente por Leiftan.
-Traidor de mierda. –murmuré por lo bajo.
Los cuatro caminamos hacia el castillo, nos separamos de Leiftan y nos fuimos hasta la habitación. Al entrar, Erika entró al baño para cambiarse de ropa; desde hacía mucho que ella no tenía pudor para cambiarse la ropa delante de mí.
Al salir del cuarto de baño se acostó en la cama sin siquiera decirme buenas noches.
Yo por otro lado entré al cuarto de baño para asearme.
No entró en el "pequeño" detalle de los celos con Leiftan, ella se detuvo en lo anterior a eso, en la discusión y en el hecho de que él se había ido a juntar con su "amiga", y era cierto, definitivamente esas conductas la hacían reflexionar acerca de la veracidad de las palabras de amor y la fidelidad que él le dedicaba.
Los pensamientos viejos volvieron a carcomerle la cabeza, volvió a sentir el desespero que una vez sintió ante las burlas de Sophia, burlas que ya no estaban condicionadas a su peso, si no que ahora estaban supeditadas a su origen.
Por un momento volvió a sentirse vacía, alguien volvía a pasar por sobre ella y él volvía a dejarla sola para irse con otra.
-Haz que valga la pena...
Esas palabras se agolparon en su cabeza. Se sentía mal, él le estaba pidiendo algo que él mismo había rechazado en su momento, le estaba exigiendo que agachara la cabeza y que dejara que otra persona la atropellara.
No quería volver a discutir, y de pronto sintió la extrema necesidad de no querer verlo, de querer alejarse de él sin llegar a la discusión. Se sentía enojada con ella misma por no comprender aquello. Se levantó de la cama y sin entender el porqué, tomó una frazada y un cojín y se acostó en el sillón; esa sería la primera vez que ambos dormirían separados debido a un enojo.
A la media hora llegó él, claramente se había tomado mucho tiempo para pensar en el baño, todo mientras la oji violeta aún no conciliaba el sueño. Al sentirlo en la habitación, ella cerró los ojos para hacerse la dormida. Lo escuchó cerrar despacio la puerta, luego lo escuchó caminar por el cuarto en busca de ropa para dormir, sin embargo, de pronto, los pasos de él quedaron frente al sillón en donde ella estaba acostada.
-Sé que no estas durmiendo. -murmuró, el pelinegro. -Cuando duermes, tu respiración es acompasada...
Ella no se movió ni tampoco contestó.
-Erika, por favor, levántate de ese sillón, ambos llegamos de un viaje cansador, te pido, te ruego y te exijo que te acuestes en la cama.
Él se alejó para vestirse mientras ella seguía sin moverse.
-Erika... -suspiró. -perdóname enserio, sin embargo, te lo pedí, Ezarel también lo hizo. Ambos te dijimos que debías quedarte en silencio en este reino. -insistió. –Lamento también lo de Leiftan… -habló entre dientes.
Ella siguió sin contestar, se tapó más con la frazada, aun cuando eso significaba asarse de calor en medio del sillón.
-Hablé con Ivanka... le pedí que no me volviera a besar... le expliqué que mi relación contigo es importante... -hizo una pausa para decir lo siguiente. -También le pedí que te disculpara, le dije que estabas cansada, que el viaje te había afectado un poco, que entendiera que todos estábamos muy cansados de tan largo viaje; ella por supuesto, entendió... entendió y te perdonó.
-Puta que ofertón... -ella no pudo evitar murmurar. -me alegra saber que me perdonó, gracias.
Nevra estaba poniendo la alarma en el reloj cuando escuchó a Erika.
-Erika… -el azabache suspiró resignado. –por favor, dime que es lo que exactamente te molesta, y dime cómo podemos arreglarlo. No quiero volver a perderte…
-A ti te da lo mismo si me pierdes o no, Nevra. –respondió ante la mirada de él. –Eso me lo dejaste claro hoy. –estaba hablando calmada mientras movía sin parar los ojos; quería evitar a toda costa llorar. –No sirve de nada que hoy te de la charla si tú sigues con lo mismo.
-Se suponía que aquí nos divertiríamos y…
-¿Para ti es divertido que llegue una de tus malditas amigas y me mire en menos?, ¿para ti es divertido que yo quede sola en este maldito cuarto mientras tú te vas con otra?, ¿para ti es divertido hacerme escenas de celos frente a Leiftan cuando tú haces cosas peores?
-No, pero yo te lo advertí y…
-Olvídalo, no entiendes, jamás lo harás, ni siquiera todas las veces que hemos hablado o peleado te han servido para entender las cosas. ¿Sabes?, hoy no tengo ganas de discutir. –la castaña, volvió a acurrucarse. –Creo que es mejor que pensemos las cosas antes de irnos a vivir juntos, no quiero vivir con un hombre que no tenga los calzoncillos bien puestos para defenderme cada vez que otros me pasen a llevar o que se vaya con otra cada vez que le dé una calentura mientras yo me quedo como idiota en una habitación vacía.
-Erika... -susurró triste. -de verdad quiero que...
-Si te sirve de consuelo, y tal como tú dijiste, hoy sí me divertí, con Leiftan sí lo hice. Lo pasé muy bien comiendo pastel junto a él, junto a él se me pasó volando el tiempo y gracias a él olvidé la tristeza que tenía cuando pensaba en ti. Buenas noches. –terminó de decir.
-No, nada de buenas noches. –él se hincó frente a ella. -¿Crees que no tengo los calzoncillos bien puestos para defenderte?, enserio crees eso, Erika, he hecho todo lo que ha estado en mis manos, todo con el fin de protegerte a ti. Este reino es así, lamentablemente estamos en una misión y tendrás que soportar ese trato, créeme que eso es lo mínimo que pueden insinuar de ti, hay cosas peores. Esto es solo trabajo, soy un emisario, debo respetar a la gente que vive en este lugar. Somos tres personas junto a Eweleïn, tres personas que nos comprometimos a bancarnos las malas actitudes de la gente que vive aquí.
-¿No me lo podías haber dicho antes? –ella preguntó con lágrimas al borde de los ojos.
-Le pedí a Ezarel que te explicara eso. De verdad discúlpame, yo no quiero esto, pero es mi trabajo. Tú solo ignóralos. –el vampiro, le acarició suavemente la mejilla. –Eso nos lleva a Ivanka, una amiga mía con la que tuve una relación, sí, lo admito, te lo digo porque quiero que entiendas que eso es parte del pasado. Tú estabas demasiado exaltada, no quiero que ni tu ni yo, ni nadie se meta en problemas, créeme que la rechacé y créeme que le expliqué que tu comportamiento no era propio de ti. Sé que tienes sueño, y que estás cansada, y que estás triste y decepcionada, sin embargo, es tarde, y no pienso dejarte dormir en ese sillón, o ambos dormirnos en la cama, o tú duermes en la cama y yo en el sillón. –ella al fin se percató de las ojeras que acompañaban los ojos descubiertos de su novio, él aún no se había puesto el parche.
Al escuchar esa propuesta, ella lo miró mientras seguía tapada con la sábana. De pronto se echó encima de los brazos del pelinegro. Fue ahí en donde ambos se abrazaron con dulzura.
-Te amo, Erika. Mañana hablamos mejor ¿sí?
Se arrastraron hasta la cama y se sumergieron entre las sábanas limpias.
-Mañana todo será mejor. –murmuró, el azabache, en medio del cuello de la mujer, a su vez, ella cerraba sus ojos mientras la calma y el sueño volvían a ella.
Al otro día cuando despertó, vio a Nevra guardar la comida mientras que los familiares comían contentos. Lo vio entrar al cuarto de baño que venía incluida en la habitación para luego verlo salir.
-Erika, -la llamó. -es hora de levantarse. –habló, el vampiro, a la vez que se desnudaba en el cuarto de baño. -Erika, -volvió a llamar. -sé que estás despierta, levántate, es tarde.
De reojo miró el reloj para dar cuenta de que recién eran las 8:30. Al ver la hora, la faelienne se revolvió en la cama para volver a conciliar el sueño. De pronto, lo sintió tras ella mientras la abrazada de la cintura. -Te dije que te levantes. -susurró con ternura mientras la levantaba a la fuerza.
-No, Nevra, ya para. –comenzó a manotear a la vez que abría los ojos para ver que él la estaba cargando hacia el baño. Él por supuesto, la ignoró, y sin reparo alguno la dejó dentro de una tina de agua cálida.
-Mi ropa. -se quejó la faérica a la vez que notaba como esta estaba toda empapada.
-Tú no te quisiste levantar. -desnudo se metió a la tina, luego le sonrió ladino. -Me encantan estas bañeras, creo que en nuestra casa instalaremos una. -se sentó al otro borde de la tina de baño.
-Si es que nos vamos a vivir juntos. –murmuró entre dientes, la faelienne.
-Ayer me diste a entender que no querías irte conmigo… ¿qué piensas ahora? –indagó a la vez que la miraba a los ojos.
-Pues… tendría que pensarlo. Ayer te lo dije. –ella se acomodó también y dejó que sus piernas llegaran al otro extremo, justo alrededor de la cintura de Nevra.
-Ven y recuéstate encima mío, quiero abrazarte. –comentó para cambiar el tema. Ella por otro lado, desvió la mirada del crepuscular, haciendo caso omiso a la petición de su novio. -Si no vienes, voy yo. -murmuró.
Luego de unos segundos en los cuales, la joven, aún no se movía, él se levantó y se dejó caer suavemente encima de la castaña.
-Quiero que me digas… -ella lo miró a los ojos. –quiero que me digas exactamente, ¿por qué te fuiste con ella?, sé sincero, quiero la verdad. –puntualizó.
-Ahhhh… -suspiró. –No dejarás el tema, aunque te lo explique muchas veces, ¿no?
-No, no lo haré. Lo siento, pero estoy en mi derecho a conocer la verdad.
-La verdad te la dije anoche…
-TODA la verdad. –puntualizó mientras él volvía a suspirar.
-Pues… Mira… las relaciones con el reino de Jade son un poco inestables...
-¿Por qué? –inquirió molesta.
-Miiko es hija de los reyes del Reino de Jade, sin embargo, Miiko, a pesar de ser mayor que su hermana, Aiha, no ejerce como princesa y como futura reina.
-¿Por…?
-Por sus colas, -él la interrumpió antes de que ella terminara su pregunta. –según la creencia, el número de colas determina el poder. Miiko, a diferencia de su familia, nació con menos colas, por lo que la excluyeron.
-Pero eso es… -Erika, comenzó a fruncir el ceño.
-Lo sé, no es muy fraternal. Miiko vivió durante mucho tiempo en medio de las burlas y los malos tratos, cuando cumplió la mayoría de edad, ella escapó del reino para llegar al templo de Huang Hua, su amiga de infancia, ella le sugirió que podía ir hasta Eel en calidad de refugiada. Cuando los reyes se enteraron, no hicieron absolutamente nada y siguieron enviando emisarios por todas las regiones, no esperaron volver a encontrar a su hija hasta que los rumores les indicaron que ella estaba en la guardia.
Erika escuchaba atenta las palabras.
-Cuando Miiko le explicó su verdadera identidad a su maestro, en ese tiempo el líder de la guardia Brillante, él prohibió las relaciones entre Eel y El reino de Jade del Norte, sin embargo, cuando Miiko pasó a ser líder de la guardia, volvió a tratar de entablar las relaciones con este reino, es ahí donde entro yo…
-¿Tú?
-Miiko no iba a volver al Reino que le había dado la espalda, es por esa razón que envió un emisario, Leiftan, este no soportó el trato que había en el reino por lo que no quiso venir más, luego le pidieron a Ezarel que fuera, pero este no quiso venir porque… a Ezarel lo estaban buscando de otro reino y…
-¿Por qué?
-No nos desviemos, luego le pidieron a mi ex jefa, no quería viajar y los demás líderes tampoco querían, Keroshane e Ykhar tampoco querían por lo que vinimos Leiftan y yo, en ese tiempo yo era el aprendiz de líder de guardia. Luego de unos años…
-¿No que Leiftan no quería volver?
-Yo no podía venir solo, por lo que decidió acompañarme, aunque luego de unos años yo decidí venir con Chrome. Los dos éramos unos lamezuelas. –sonrió. –Era nuestro trabajo… Erika… Para lograr la unión, alguien debe ceder para que al fin podamos llegar a acuerdos. -la miró fijamente.
-En eso yo difiero, la base de una relación es el respeto, no es cosa de ceder y dejar que ellos pasen por encima…
-Lo sé, pero buscamos la paz, no disfruto que te traten diferente por ser faelienne, pero no podemos llevar la contraria. Te traje aquí para que conocieras este lugar, confiando en que me harías caso, confiando en que no volverás a discutir con alguien de acá. ¿Puedo confiar en ti? -preguntó.
-Si puedes. ¿Y yo puedo confiar en ti?
-Confianza es mi segundo nombre, primor…
-No, tu segundo nombre es "Calentura" y tu apellido es "Cagadas de mierda".
-Esa es mi chica, reconociendo las aptitudes de su macho. -la abrazó con fuerza a la vez que refregaba la nariz contra la mejilla de ella.
-Jaja yaa... no hagas eso... -ella comenzó a reír.
-Es imposible no hacerlo, mi amor. -él también rio. –Entonces, ya que nos arreglamos... ¿nos acariciamos un ratito? -preguntó con un tono de malicia.
-No quiero acariciarme contigo. -ella negó.
-¿Pero por qué? -se irguió indignado.
-Porque... porque no quiero. -se cruzó de brazos para aumentar su negativa.
-Eso es injusto... bueno, igual debemos bañarnos así que podrías ir quitándote la ropita. -la miró atento, esperando a que ella comenzara a desnudarse.
-Me bañaré por encima.
-Claro, -habló en tono lastimero. -yo siendo romántico, levantándome a las 8:00 de la mañana para preparar algunas cosas y juntar agua en esta tina, y tu ni quieres bañarte conmigo.
-Me bañaré a tu lado si me dejas lavarte el pelo. -la muchacha, comenzó a ceder.
-Esa es la idea... -ronroneó. -que tú me bañes a mí y yo te bañe a ti. -alzó una ceja. -Entonces... podrías comenzar a quitarte la ropa...
Más allá de todo, ambos pasaron una velada estupenda. Se besaron y se abrazaron dentro de aquella tina con agua. Esa era parte de la complicidad que ellos estaban tratando de curar.
-Esto no está dentro del ticket que me diste. -argumentó él mientras peinaba a la chica que tenía frente a él. –Que nos bañáramos juntos ahora no está dentro de los tickets que me diste.
-Eres un aprovechado oportunista...
-Eres mi chica, me aprovecharé de ti las veces que yo quiera. -le mordió ligeramente el cuello para molestarla. -Te amo, una castaña del reino de Jade no impedirá que deje de amar a mi querida castaña de Eel.
La pareja se tomó de la mano para salir al pasillo para buscar a Eweleïn y Huang Hua.
Esa mañana lo pasaron junto a Ivanka, esta los guio por un pasillo largo hasta llegar al comedor real, una mesa larga con velas color damasco, dentro de una habitación decorada con cuadros y flores nativas. Ahí se instalaron, a un lado estaba Erika Y Huang Hua, mientras que, por el frente, estaban Ivanka, Nevra y Eweleïn. Todos esperaron en silencio hasta que los padres de Miiko entraron al lugar. La reina se ubicó en un lado de cabecera de mesa, mientras el rey se ubicó en la otra punta del comedor. Tras ellos entró una joven de cabello negro, muy parecida a Miiko; la chica se sentó al lado de Huang Hua.
Ivanka se levantó para saludar pomposamente, a la vez que la comida se iba sirviendo.
-Buenos días, -habló, Ivanka. –mi rey, mi reina, Aiha. –se dirigió a la kitsune de pelo negro. –les presento a los viajeros de Eel, Nevra y sus acompañantes: Eweleïn y Erika; mientras que, por los Fenghuang, está Huang Hua.
-Huang Hua, ¿viniste sola? –preguntó, el rey.
-Sí, son obstante, mi acompañante es Erika. –respondió intrépida, la morena.
-Pero ella es de Eel. –rebatió.
-Es una amiga muy preciada. –contestó.
-Entonces son tres personas de Eel, y una sola persona de la estirpe Fenghuang. –habló, la reina.
-Si. –contestó, Nevra.
-No conocemos a tus acompañantes, Nevra, ¿podrías presentarnos a las chicas? Por favor. –preguntó, la kitsune.
-Claro, ella es Eweleïn, candidata a la guardia Brillante y la mejor enfermera que tenemos en la guardia de Eel.
-Hemos escuchado mucho de ti, Eweleïn. Según dicen los rumores, eres la mejor enfermera de la región sur. –habló el rey.
-Gracias. –asintió, Eweleïn.
-Ella es Erika, es miembro de la guardia Obsidiana y futura enfermera. –volvió a hablar, el azabache.
-No hemos escuchado de ti, Erika. –intervino, la reina.
-No… pues yo… -comenzó a balbucear, la faelienne. –yo llegue hace muy poco a la guardia.
-¿De dónde eras? –indagó.
-Pues…
-Aquí en Eldarya, la palabra Erika significa "princesa eterna". –comentó, la reina. –Hay un mito, que habla sobre un lugar en Eldarya que se llamaba "Erika", -la castaña, escuchó atenta. –dicho lugar era un acantilado sagrado por las antiguas tribus de quimeras; ahí dichas quimeras hacían sus rituales más importantes. El mito dice acerca del sacrificio de dos niñas, Nifa y Eina, la primera fue sacrificada para convertirse en una gema que iría creciendo con el tiempo… la otra chica, al ver morir a su hermana, se convirtió en un árbol y se enraizó cerca de lo que se había convertido su hermana. Con el tiempo, las ramas del árbol se movían con el viendo creando una bella melodía, por lo que el acandilado pasó a llamarse "La princesa de Eel", luego al final, ahí se emplazó una ciudad que se llamó solo "Eel", en ella se crearon guardias que tenían la finalidad de cuidar el legado de la niña sacrificada, el gran cristal.
-¿Y el árbol? –preguntó, la oji violeta.
-El árbol sigue enraizado en la ciudad, muy cerca de la torre en donde se resguarda el cristal, si no me equivoco, en esa ciudad hay un gran y ancestral cerezo…
Todos estaban en silencio ante la historia, mientras Erika trataba de asimilar el mito, algo de esa historia le llamaba la atención, no obstante, dejó de pensar en ello cuando nuevamente habló la mamá de Miiko.
-¿Sabes por qué te cuento esta historia?
Erika, Negó.
-Porque en honor al lugar y al mito del nacimiento del cristal, nadie se llama Erika en este mundo, solo una humana podría llamarse así. –Erika se sorprendió. –No lo nieguen, -la reina, miró a los emisarios de Eel y Huang Hua. -sabíamos que ella no era de este mundo incluso desde que puso un pie en nuestros territorios. Miiko debe saber perfectamente distinguir tu aura de las demás, tu aura es demasiado fuerte, aunque, si hablamos de Miiko, "la kitsune sin colas", no creo que sea muy habilidosa para distinguir el alma humana del resto, dudo que lo que ella haga sea tan certero como lo que hace nuestra hija, Aiha. No digas nada, Huang Hua, -la mujer, levantó la mano para interrumpir a la Fenghuang. –sé que es tu amiga, sin embargo, nosotros fuimos alguna vez sus padres, sabemos las discapacidades de nuestra propia gente. Nosotros, no somos un pueblo benevolente, -se volvió hacia Erika. –nuestro pueblo está dividido por razas, lo que equivale a poder, un mestizo o un faelienne no es tan poderoso como un vampiro o un elfo. Es por ese motivo que no puedes compartir la misma mesa con nosotros, no eres digna, ¿puedes entender eso, Erika?
Todos miraron asombrados sin poder asimilar las palabras dichas por la madre de Miiko. Nevra trató de levantarse de su puesto, no obstante, fue detenido por Eweleïn.
-Por más que tu nombre sea especial, tú no lo eres. Es por esa razón que te pedimos que para la próxima cena no vengas, por favor. Para la próxima, Guardián de Eel, -la mujer miró a Nevra. –y futura Fénix, –miró a Huang Hua. –no vuelvan a considerar volver a traer a esta faelienne a nuestro reino, y menos a nuestro comedor…
