Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Por mi parte, estoy subiendo el capítulo 53 de "Grietas" y se que quizá me esté abusando ya mucho de su bondad, últimamente parezco hacerlo demasiado, pero realmente me gustaría saber su opinión sobre este capítulo; claro, si no es mucha molestia. Y, como siempre, desde ya... ¡gracias! Les estoy eternamente agradecida, por todo. Gracias por leer mi historia y gracias por sus comentarios alentadores. Espero que el capítulo les guste, ¡¡nos vemos y besitos!!
Grietas
LIII
"Sobre el daño sin retorno"
Había estado jugando con la palabra en la cabeza desde que habían llegado a Ichiraku ramen, dándole vueltas una y otra vez. Había intentado olvidar el asunto sin tener esperanza de realmente lograrlo y el hecho de no resignar tal indignación lo frustraba. Él no era así, a él no le importaba, nunca lo había hecho, lo que los demás pensaran y dijeran de él. No permitía que las opiniones de los demás se entremezclaran con las suyas. Él era él, tal como era, con sus virtudes y defectos, y no tenía intención alguna de cambiarlo. Entonces ¿por qué aún seguía irritado por las palabras de Ino? Él no era aburrido ¿O si?.
Negando lentamente con la cabeza, partió ambos palillos, percibiendo el aroma a sopa y fideos del tazón humeante colocado delante de él pero antes de tocar siquiera la comida con los palillos se detuvo en seco. Hasta el momento no había prestado demasiada atención a su amigo, quien se encontraba junto a él, sonriente, sin haber probado aún su propio tazón. Algo muy impropio de Chouji, era simplemente imposible concebir tal cosa y aún así, allí estaba, conversando animadamente con Ayame sin haber aún saboreado su ramen, el cual era más grande que el de él, a pesar de haber ordenado ambos lo mismo.
Entonces lo comprendió, sorprendido al principio parpadeó y luego una leve sonrisa alcanzó sus labios de los que escapó una suave carcajada. ¿Cómo no lo había notado antes? Era obvio ahora que lo notaba. Realmente había estado demasiado distraído los últimos días.
—¿Qué es lo gracioso? —preguntó Chouji desconcertado al ver a su amigo sonreír para sí mismo. Éste se encogió de hombros y comenzó a comer, Chouji lo imitó—. ¿Por qué sonríes así?
—Oh, nada. Simplemente me di cuenta que estuve algo distraído este último tiempo.
El castaño asintió con fervor, no comprendiendo lo que su amigo insinuaba realmente —¡Claro que sí! Lo que no me has dicho es porque.
—Nada en particular —masculló en respuesta, volviendo la vista al frente. Ayame acababa de reaparecer detrás del mostrador y la atención de Chouji se vio parcialmente dividida. Una vez más, rió.
Chouji volvió a verlo confundido —¿Qué?
El moreno se encogió nuevamente de hombros y fingió inocencia —Nada. Nada.
—Estás actuando extraño, Shikamaru. ¿Te sucede algo? —la expresión divertida del chico se borró de su rostro. Recordando las palabras de Ino sintió una vez más la oleada de frustración recorrerlo por entero, los palillos se doblaron entre sus dedos pero no llegaron a quebrarse.
—No —respondió. Por supuesto aquello era una mentira pero no importaba realmente, él no era el único que había deliberadamente omitido información y no estaba enfadado por ello. Chouji tendrías sus razones para hacerlo como él tenía las suyas.
—Si tú lo dices...
El moreno asintió —Nada de que preocuparse.
—Está bien. ¿Cómo crees que resultó el examen?
—Problemático y bastante aburrido.
—Creo que tienes razón. Ino estaba extraña ¿No crees?
Shikamaru rascó su nuca, incómodo por el repentino rumbo de la conversación —¿Extraña? Ino siempre es extraña, no noté nada fuera de lo usual.
Chouji pareció meditar un segundo —Bueno, no fue muy amable al saludarnos.
—Ino nunca es amable —aseguró el Nara.
—¿Demasiado agresiva sin razón?
—Siempre lo es —volvió a insistir Shikamaru, deseando en su fuero interno que su amigo olvidara el asunto. Lo cual, finalmente, hizo.
—Creo que tienes razón —el moreno suspiró aliviado.
—Claro que la tengo. No hay necesidad de preocuparse.
—Si.
Por aproximadamente 15 minutos ambos se sumieron en completo silencio, los únicos sonidos audibles provenientes del ruido de tazones que Ayame había comenzado a lavar y el sorber de su amigo al lado suyo ingiriendo los fideos del ramen. Aún así, el silencio no resultaba incómodo para ninguno de los dos. Quizá porque Chouji se encontraba distraído bebiendo su tazón e intercambiando, de vez en cuando, palabras con la muchacha y él pensaba, distraído, nuevamente en lo que Ino le había dicho aquel día. Lo cual resultaba absurdo.
Finalmente, aún dudoso, llamó a su amigo —¿Chouji? —éste volteó su rostro en dirección del Nara—. ¿Puedo hacerte una pregunta?
—Sabes que sí, no tienes porque preguntar.
Inconscientemente maldijo su estupidez —Claro.
—¿Qué quieres preguntarme? —los ojos marrones de Shikamaru se posaron en el tazón frente a él. Meditabundo.
—¿Crees que soy aburrido? —el castaño lo observó sorprendido.
—¡Claro que no!
—Me refiero... si mi personalidad es lo que se definiría comúnmente como aburrida —probablemente aquel fuera el instante más bochornoso de su vida. Sabía que Chouji no lo vería así pero él sí lo sentía de esa forma.
—Bueno, tú siempre estás en control de todo lo que sucede contigo. Siempre dices lo justo y necesario, nunca hablas de más. Y te agrada la comodidad y seguridad que estar en un ambiente conocido proporciona. No haces tonterías y estupideces, como Naruto o Kiba, y eso está bien. No hay nada de malo en ello.
—Pero...
—Pero por definición eso sería aburrido —Shikamaru asintió, había sabido la respuesta de antemano sólo que no lo había querido aceptar—. Si sirve de algo... Yo no pienso que seas aburrido. Lo sabes.
—Lo sé, amigo —se volteó finalmente a verlo—. Gracias. Ahora debo irme.
—¿Tienes algo que hacer? —el moreno asintió e inmediatamente ideó una excusa.
—Ayudar a mi padre con los cuernos de los ciervos. Le prometí que lo haría después del examen escrito —se puso de pie y depositó el dinero por el tazón de ramen que había consumido sobre el mostrador. Ayame sonrió amablemente—. Los dejo solos —y sin decir más se marchó, haciendo un gesto despreocupado con la mano. Oyó a Chouji carraspear y una sonrisa alcanzó nuevamente sus labios. No se volteó a verlos, sabía que eso haría la situación más incómoda para ellos, por lo que simplemente se alejó. Sin embargo, antes de irse pudo notar el leve rubor alcanzar las mejillas de ambos lo que provocó en él satisfacción. Al fin y al cabo, eso podía solo significar una cosa. Que había estado en lo cierto.
—Quien lo hubiera pensado... —murmuró, aún sorprendido por el reciente hallazgo. No era que nunca hubiera considerado la opción porque de hecho había pensado en ello, tarde o temprano crecerían, madurarían y ese tipo de cosas sucederían, sin embargo nunca hubiera pensado que ocurriera tan pronto. Menos aún, de esa forma.
Refugió ambas manos en los bolsillos de su pantalón y caminó arrastrando los pies, pateando de vez en cuando alguna que otra piedrita. Abstraído.
Aburrido, lo había llamado Ino. Algo fastidioso y en lo que no valía la pena despilfarrar tiempo, algo predecible y probablemente inmutable. Seguro, le había dicho Chouji. Sabía que era cierto, él no se arriesgaba. No lo hacía por las mismas razones que su amigo había enumerado; le gustaba la comodidad de la seguridad. Cuando nada podía suceder por fuera de lo esperado. Por eso ella había dicho "porque tú no lo harás" antes de besarlo, y había estado en lo cierto. Él nunca lo hubiera hecho, no hubiera dado el primer paso aunque lo deseara. Ino tenía razón y lo odiaba. Odiaba que los papeles se invirtieran, ella nunca solía tener la razón. Menos aún respecto a él.
Finalmente encontró a quien había estado buscando inconscientemente, Ino al parecer compraba vegetales y demás cosas del mercado para llevar a su casa —Ey —la saludó parándose detrás de ella.
La rubia dio un respingo y se volteó a verlo, el ceño fruncido en clara señal de desagrado por el "casual" encuentro —Oh. Eres tú ¿Qué quieres?
—Nada —la chica puso los ojos en blanco y lo apartó bruscamente con el brazo libre pasando junto a él. Una vez más Shikamaru maldijo su estupidez.
—Nos vemos, Shikamaru.
El chico rápidamente aceleró el paso hasta quedar junto a ella y cuando Ino comenzó a caminar él caminó a su lado, observándola de reojo una y otra vez. La muchacha no parecía contenta con su presencia en absoluto. Eso era seguro.
—¿Me estás acosando? —masculló ella a la defensiva al cabo de unos minutos
—No, eso sería problemático. Casualmente vivo también en aquella dirección.
Frustrada por la arrogancia de la respuesta de él bufó, musitando un "si, seguro" cargado de ironía, más para sí misma que para el moreno que caminaba a su lado. Shikamaru pareció oírla pero, en tal caso, si lo hizo pretendió no haberla oído. Lo cual hizo que Ino se enfadara aún más.
—¿Hasta cuando me seguirás?
Él bostezó —Ya te dije, no estoy siguiéndote. Estoy yendo a mi casa.
La joven se enfurruñó aún más, sabía que estaba haciendo aquello adrede —Pasamos tu casa hace unos minutos.
Shikamaru miró hacia atrás para observar la entrada del edificio en el que actualmente vivía y pareció sorprendido. Por primera vez Ino creyó posible que lo que él dijera fuera cierto y en verdad hubiera tomado el camino para llegar a su apartamento. Hasta que habló.—Tienes razón. Supongo que te estoy siguiendo. Es tu culpa, de todas formas.
—¡¿Qué?! ¿Cómo puede ser mi culpa? —aceleró el paso.
—Eres demasiado problemática y te rehúsas a solucionar las cosas como las personas normales, hablando. Si te detuvieras...
Ino alzó el mentón —No tengo nada que hablar contigo, Shikamaru.
—Mi punto exactamente, eres problemática.
La rubia puso los ojos en blanco —Entonces deja de seguirme si te resulta problemático.
Él levantó la mano y perezosamente señaló delante de ambos, donde se encontraba la casa de Ino, ella se detuvo y él la imitó —Técnicamente no te estoy siguiendo si no nos movemos.
—¡Genial! —exclamó, encaminándose molesta a la entrada de su casa. Sin embargo, él se interpuso en su paso. Su postura lánguida como habitualmente, ambas manos en sus bolsillos—. Quítate —siseó.
El moreno no se movió, simplemente enderezó ligeramente su postura y dejó caer ambas manos a cada lado de su cuerpo —Realmente eres la mujer más terca, absurda, ruidosa y problemática que conozco.
Ella intentó pasar por al lado de él, rodearlo —Me alegro que hayamos aclarado eso —pero el chico imitó el movimiento de ella volviendo a bloquearle el paso.
—¡¡¿Por qué demonios no te quitas de en medio?!! —chilló rompiendo en furia finalmente, él continuó tranquilo y pasivo como siempre. Observándola en silencio, fijamente.
Seguramente me golpeará. Fue el último pensamiento que atravesó su cabeza, sin llegar a detenerlo, antes de inclinar su rostro hacia delante y tomar entre sus labios los de ella. El cuerpo de Ino se envaró y paralizó sin soltar la bolsa de alimentos en su mano derecha.
El beso, similar al anterior, fue rápido y fugaz. Rígido, quizá, y algo cargado de culpa. Fue un breve instante en que sus labios chocaron y luego Ino lo apartó, de un empujón. Sus ojos azules abiertos desmesuradamente y ligeramente nublados por el desconcierto.
—¡¿Qué- ¡¿Por qué hiciste eso?! —al notar el borde histérico en su tono bajó la voz—. Pudieron habernos visto.
Él miró a los alrededores y susurró —Nadie lo hizo.
Ante la respuesta la rubia volvió a perder el control, en aquel instante hubiera deseado desaparecer, volver el tiempo atrás, borrar todo vestigio del error que había cometido aquel sábado por la mañana. Había cometido un desliz, había perdido la cordura temporalmente pero eso no implicaba, necesariamente, que debiera considerar vanos todos los intentos de control hasta entonces. No, ella aún creía que todo podía volver a la normalidad. Hasta ahora —¡¡El daño aún no era irreparable!!
El Nara se encogió de hombros, volviendo a deslizar ambas manos en los bolsillos de su pantalón —Yo creo que sí. Hace bastante.
Ella negó con la cabeza, aturdida —¡¿Qué estás diciendo, Shikamaru?!
La expresión de él se tornó seria y una delgada línea apareció en su frente, aquella que Ino conocía demasiado bien, aquella que aparecía siempre que Shikamaru pensaba con demasiado detenimiento alguna cuestión —No lo sé —y aquello era cierto, por primera vez en su vida no tenía plan alguno—. Dime tú.
