Holaaa ke tal stan? espero les gusten ls ULTIMOS capitulos de esta liinda historia

recuerden de ke nada me pertenece

Capítulo 50

Pasó a la cocina y encendió la luz. Puso a calentar agua para el té antes de llenar una gran cesta de mimbre con bolsas de caramelos.

—Espero que vengan muchos niños. Hace años que no llaman a la puerta de mi casa —abrió un armario—. ¡No puedo creérmelo, me he olvidado del coche en la librería! ¿En qué estaría pensando?

—Siempre fuiste muy distraída.

La tasa que sujetaba se le cayó, como si fuera agua entre los dedos, se estrelló contra la encimera y se hizo añicos contra el suelo. Oyó aquella voz terrible mientras se giraba.

—Hola, Marie —James se acercó lentamente hacia ella—. Me alegro de verte.

Bella no podía pronunciar su nombre. No podía emitir sonido alguno. Rezó para que fuera alguna visión, una de sus alucinaciones. Pero él le rozó la mejilla con sus dedos largos y delgados. Se le heló la sangre en las venas.

—Te he echado de menos. ¿Pensabas que no vendría? —le pasó los dedos por la nuca y ella sintió náuseas—. ¿Que no te encontraría? ¿Acaso no te he dicho mil veces que nada podrá separarnos?

Ella cerró los ojos cuando él se inclinó y le rozó los labios con los suyos.

—¿Qué te has hecho en el pelo? —le tiró violentamente del pelo—. Sabes cuánto adoraba tu pelo. ¿Te lo has cortado para molestarme?

Una lágrima le resbaló por la mejilla cuando él le sacudió la cabeza. La voz, el tacto, todo le devolvía a lo que había sido y le hacía olvidar lo que era. Sentía como si Bella se desvaneciera en el aire.

—Me desagrada, Marie. Me has causado muchos problemas. Muchos. Nos has robado un año de nuestras vidas.

Apretó los dedos. Le hacía daño mientras le levantaba la barbilla.

—Mírame, zorrita estúpida. Mírame cuando te hable. —Ella abrió los ojos y sólo pudo ver dos pozas vacías y transparentes—. Tendrás que pagarlo y lo sabes. Más de un año que se ha esfumado. Además, durante todo ese tiempo has vivido en esta casucha miserable, te has reído de mí al trabajar de camarera y servir a la gente. Al iniciar un negocio miserable. Un negocio de comidas. Me has humillado.

Bajó la mano de la mejilla a la garganta y la cerró.

—Tardaré tiempo en perdonarte, Marie. Tardaré porque sé que eres lenta y un poco estúpida. ¿No tienes nada que decirme, mi amor? ¿Nada que decirme después de una separación tan larga?

Ella tenía los labios tan fríos que pensó que se iban a quebrar.

—¿Cómo me has encontrado?

Él sonrió y Bella se estremeció de pies a cabeza.

—Ya te dije que te encontraría allí donde fueras e hicieras lo que hicieras.

La empujó con tal fuerza que la arrojó de espaldas contra la encimera. Asimiló el dolor como si perteneciera a otro tiempo, como un recuerdo.

—¿Sabes lo que he encontrado en tu nidito, Marie? ¿Marie, puta mía? Ropa de hombre. ¿Con cuántos te has acostado, puerca? —La tetera empezó a silbar, pero ninguno de los dos le hizo caso—. ¿Has encontrado a algún pescador para que ponga sus manazas de obrero en tu cuerpo? ¿En el cuerpo que me pertenece?

Edward. Fue lo primero que pensó con claridad. Con tanta claridad que sus ojos presas del vértigo reflejaron puro terror.

—No hay ningún pescador.

Apenas parpadeó cuando él la abofeteó.

—Mentirosa. Sabes que detesto las mentiras.

—No hay... —la siguiente bofetada hizo que se le saltaran las lágrimas, pero le recordó quién era. Era Bella Swan y tenía que pelear—. Aléjate de mí. Aléjate.

Intentó agarrar un cuchillo de la encimera, pero él fue más rápido. Siempre había sido más rápido.

—¿Buscabas esto?

Le puso el filo resplandeciente a un centímetro de la nariz. Ella se abrazó a sí misma. Pensó que, al final, acabaría matándola. No lo hizo, se apartó y le dio una bofetada tan violenta con el dorso de la mano que la mandó contra la mesa. Ella se golpeó la cabeza contra el borde de la gruesa madera y todo brilló para oscurecerse acto seguido.

No notó el golpe de su cuerpo contra el suelo.

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Rosalie se había despedido de un joven explorador del espacio. La librería era uno de los sitios que recibía más visitantes en Halloween. Había esqueletos danzantes, calabazas sonrientes, fantasmas voladores y, naturalmente, un montón de brujas.

Había sustituido la música habitual por aullidos, lamentos y cadenas que se arrastraban. Lo estaba pasando como nunca. Sirvió el ponche de un caldero humeante a un vaquero espectral, que la miraba con los ojos desorbitados.

—¿Va a montar en su escoba esta noche?

—Claro —se inclinó—. ¿Qué bruja sería si no?

—La bruja que persiguió a Dorothy era una bruja mala.

—Estoy de acuerdo, era una bruja muy mala, pero resulta que yo soy muy buena.

—Era ho... rrible y tenía la cara verde. Tú eres guapa —sonrió y se bebió el ponche.

—Muchas gracias. En cambio, tú eres aterrador —le dio una bolsa de caramelos—. Espero que no me asustes.

—Uuuh. Gracias, señora —echó los caramelos en la bolsa y salió corriendo a buscar a su madre.

Rosalie, divertida, empezó a erguirse. Sintió un dolor punzante, como una espada que le atravesaba la sien. Vio a un hombre con ojos pálidos y pelo brillante y la hoja de una espada.

—Llama a Edward —fue precipitadamente hacia la puerta mientras llamaba a una desconcertada Lulú—. Hay un problema. Bella está en apuros. Busca a Edward.

Salió corriendo a la calle, rodeó un grupo de niños disfrazados y casi se choca con Alice.

—Bella.

—Lo sé —Alice sentía todavía el zumbido en la cabeza—. Tenemos que darnos prisa.


Ojala Rose y Alice lleguen a tiempo

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