"PRIMAVERA OTRA VEZ"
***Advertencia chicas: Prepare to do some serious crying!. Prepárense para llorar como magdalenas! Este capitulo tiene un alto contenido de drama, se recomienda tener a la mano una caja de pañuelos desechables… ya advertidas, disfruten!
CAPITULO 50 UN OSCURO PASADO
Margaret Leegan había confesado sin querer que ella había planeado aquel fatídico "accidente" en el que murió su prima Alice y secuestraron a las bebes gemelas Alice y Mary (Candy y Annie).
La familia Andry, Terry, Phillipe y hasta Grace, se encontraban en la habitación de Eliza dispuestos a escuchar el relato de la malvada mujer, que ya se encontraba sin salida. Ella estaba sentada ante el escrutinio de todos, era hora de dejar salir su más oscuro secreto.
Tomó aire, exhaló y bajó la cabeza pues no podía mirar a los ojos a nadie.
Comenzó diciendo:
-el único hombre al que siempre he amado fue Edward… yo quería que él se fijara en mi y que me amara… pero él puso sus ojos en la descarada Alice, ella, con sus risas escandalosas y sus tontas sonrisas y miradas con las que se ganaba la simpatía de todo el mundo… no lo pude soportar. Por eso vez tras vez traté de seducirlo pero él siempre me rechazó de la forma más grosera y mi odio fue creciendo cada vez más… -hizo un breve silencio en el que cerró su puño con fuerza arrugando su falda, luego continuó:
- Después que las hijas de Alice nacieron, todo el mundo se volcó en alegría para recibirlas y llenarlas de regalos y muestras de cariño…y a mi, que acepté cuidar como a mi propia hija a una extraña, la hija incómoda de Lilly, nadie me dio ni siquiera una palabra de aliento, siempre había sido así, otros se llevaban el cariño y a mi solo me dejaban las migajas, Lilly fue siempre la favorita de los abuelos, luego Alice y Ángela se robaron la simpatía de todo el mundo…y Alice se quedó con el amor del único hombre que yo quise…vivían como en un cuento de hadas con su matrimonio perfecto y sus hijos perfectos mientras yo vivía en la más absoluta soledad y miseria…
Empezó a llorar. Luego se limpió las lágrimas y continuó:
-yo no podía dejar que todo siguiera igual…no dejaría que Alice se saliera con la suya a costa de mi sufrimiento…por eso un día me puse a pensar de que forma podría vengarme de ella y quedarme con Edward..
-¿quedarte con Edward? ¡Pero si tú y yo ya estábamos casados! Margaret ¿acaso tú nunca me amaste ni siquiera un poco? – le preguntó Theo Leegan profundamente dolido.
-¿amarte? no seas ingenuo Theo, me casé porque no tuve otra elección y nunca llegué a amarte…nunca pude olvidar a Edward…tu solo fuiste mi tabla de salvación y la de mi familia que estaba en la ruina.
-¡¿Qué?! – Theo no podía creer lo que escuchaba.
-no puedo creer que nunca te hayas dado cuenta de que nuestro matrimonio fue arreglado por conveniencia. Tu familia solo quería emparentar con los poderosos Andry y mi familia solo quería seguir aparentando que éramos tan acaudalados como siempre a pesar de que mi padre perdió toda su fortuna…
-¡pero que dices! si tu padre me ofreció una enorme cantidad de dinero como dote tuya ¿Cómo es posible que estuvieran en la ruina?
-oh, Theo, hasta para eso eres un tonto…con razón te removieron del puesto de presidente del corporativo que te habían regalado gracias a Eliza… ese dinero fue lo único que nos quedó después de que tuve que venderle toda mi herencia a Edward para poder salvarnos de la ruina total. Mi padre te dio ese dinero a ti para que tus padres no sospecharan nada de los fraudes y el robo de que mi padre fue victima y que lo dejaron en la calle, sin empresa y sin nada, excepto deudas por todos lados.
-pero… no entiendo…- Theo Leegan en verdad no entendía nada.
Albert y Peter entonces confirmaron sus teorías y se encargaron de aclararle todo a él. Cada palabra de explicación que recibía era como una puñalada a su corazón. En verdad Margaret solo lo utilizó como tabla de salvación, ¡que tonto había sido!
-dime una cosa, Margaret – dijo Albert – tu le vendiste toda tu herencia a Edward como un medio evasivo planeado por tu padre, para evitar dar ese dinero a todos a los que él le debía…y luego tú planeaste asesinar a Edward para que nadie supiera de la transacción que efectuaron y así tu pudieras seguir disfrutando de todos los bienes que le vendiste como si fueran todavía tuyos ¿no es así?
Margaret arqueó la ceja, reconociendo lo astuto y perspicaz que demostraba ser su sobrino.
-si …– lo aceptó sin ningún remordimiento – …yo planeé todo para componer las cosas a mi favor…
-¿Cómo que componer las cosas?
-mi plan original era eliminar a Edward y robar a las gemelas para que Alice sufriera el resto de su vida… - lo dijo como si tal cosa fuera algo trivial - … pero el plan falló, pues los ineptos a los que contraté se les pasó la mano con Alice y ella fue la que murió, y Edward sobrevivió milagrosamente…
-¡oh, es usted un monstruo! – dijo Candy vuelta en llanto.
-¡mataste a nuestra madre! no te importó en lo absoluto dejarnos huérfanos, nunca pensaste ni un segundo en mi hermano Stear, en mi, ni en mis hermanas ¿verdad? – le reclamó Archie con odio en su mirada.
-debo confesar que no, Archie, nunca me detuve a pensar en los detalles insignificantes… - le respondió con sangre fría.
-¡oh! - Annie exclamó horrorizada y estuvo a punto de desmayarse.
-¡eres una….! – Archie contuvo sus palabras a penas, apretando los puños y haciendo uso de todo su autodominio. Pero Dios sabía que lo único que tenía en mente era darle unas bofetadas a esa mujer que no merecía ser llamada tía ni nada familiar.
-no tienes corazón, Margaret – le dijo Lilly moviendo la cabeza a ambos lados.
-ustedes querían toda la verdad, pues ahí la tienen: yo fui la culpable de la muerte de Alice y la de Edward también. Pero antes le di una oportunidad a él, traté de ganármelo, le ofrecí ser la mujer perfecta pero Edward me rechazó cruelmente, me humilló, me despreció…entonces él mismo cavó su propia tumba.
-¿Qué hiciste Margaret? – le preguntó la tía Elroy con pesadumbre.
-empecé a envenenarlo poco a poco, todos los días llegaba de visita con el pretexto de ayudar y me metía a la cocina para verter veneno en su comida, pequeñas dosis que parecieran ser inofensivas, pero que a la larga acabarían debilitándolo y ocasionándole la muerte.
-¡Dios mío! – exclamó Lilly – entonces por eso Edward empezó a ser enfermizo y a debilitarse cada vez mas.. ¡tú lo provocaste!
-si, fui yo, porque quería que nunca se supiera que toda mi herencia estaba en sus manos. Si nadie lo sabía entonces yo podría seguir disfrutando de todo como si aún me perteneciera. Y por eso robé su testamento cuando él murió.
-¡entonces si fuiste tú! – dijo Albert ya sin asombro, solo confirmando sus sospechas - ¿y que hiciste con el testamento?
-quería destruirlo, iba a hacerlo pero entonces Theo me descubrió con los documentos en la mano y tuve que decirle que eran viejos contratos expirados y montones de basura que estaba por tirar. El muy tonto me creyó y me dijo que los llevaría a la bodega de Archivos muertos para que los destruyeran junto con todos los demás papeles inservibles. Así que, para no levantar sospechas, le di la caja con los documentos dentro y la cerré con candado sin que él lo notara. Mi plan era ir a la oficina posteriormente y entrar a la bodega para destruir esos papeles yo misma.
-pero al siguiente día me destituyeron como presidente del corporativo… - agregó Theo Leegan.
-y como es costumbre, cada que sale un presidente se cambian todas las cerraduras de todas las puertas, por seguridad, de modo que tú, Margaret, ya no pudiste entrar al edificio para culminar tu propósito ¿no es así? – dijo Albert.
-lamentablemente así fue. Tuve que confiar en que aquella caja y todo su contenido serían destruidos por alguien más sin saber de qué se trataba.
-pero afortunadamente para nosotros, nadie nunca volvió a abrir esa bodega y la caja y su valioso contenido jamás fueron destruidos – añadió Archie.
-nunca pensé que esos papeles sobrevivirían todos estos años… ¡maldita mi suerte! – Margaret no toleraba que las cosas no salieran como ella las planeaba.
-no creo que haya sido ninguna suerte la que se encargó de preservar esos documentos sino la justicia de Dios…Nuestro Señor ha querido que toda tu maldad se haya revertido y ha hecho que las hijas de Edward y Alice aparecieran a salvo y que recuperen lo que les fue arrebatado…eso es justicia divina Margaret – le dijo Lilly
-no puedo creer que nunca vi la clase de mujer que era mi propia esposa – añadió Theo – ¡viví con un monstruo todos estos años y yo nunca me di cuenta! – al pobre hombre no le quedaba ya ni un ápice de sosiego. Lloró amargamente. Estaba sufriendo mucho.
-eso es porque nunca fuiste muy brillante, querido – le recriminó su esposa – por eso nunca pude llegar a quererte ni siquiera una pizca, porque eres débil, tonto y un sentimental, no eres para nada el tipo de hombre que despierte admiración o respeto, así que no me culpes a mi.
-¡basta ya, Margaret! – gritó la tía Elroy – has hecho mucho daño a esta familia y a seres completamente inocentes…quizás Dios en su infinita misericordia, llegue a perdonarte, pero aquí en la tierra es el perdón de tus sobrinos el que deberías buscar, aquellos a los que dejaste huérfanos de padre y madre y a las niñas que abandonaste a su suerte… debes implorar su perdón.
-¡eso jamás! …no lo haré nunca – respondió firmemente Margaret.
-no importa que no pida perdón… solo díganos como fue que Annie y yo llegamos a parar al hogar de Pony… ¡al menos eso tiene que decirnos! – le exigió Candy con una mirada que pareció fulminar a su "tía".
Margaret se sintió intimidada por aquella mirada de fuego. Nunca se imaginó que Candy pudiera infringirle temor.
-está bien… se los diré…
Fue así que el relato sobre el oscuro pasado empezó:
Enero de 1898
El invierno estaba empezando a hacer sentir su acuchillante aire frío. Una mañana Margaret tomó el periódico, sin ser su hábito; ojeó las páginas con tedio pues no era que quisiera enterarse de las noticias, ni si quiera ver las reseñas de las paginas de sociales. Fue simplemente que estaba aburrida, esperando a que la nodriza terminara de darle el pecho a la bebé adoptada Eliza y también al niño de apenas un año, Neal. De pronto, la mirada de la castaña y dura mujer se clavó en una noticia que hablaba sobre los recientes casos de secuestros de menores en los estados sureños de la unión americana. Esa noticia le dio a Margaret una idea siniestra, fue allí mismo que empezó a planear las cosas para llevar a cabo su objetivo.
No perdió ni un segundo, se levantó del sillón de inmediato y salió, dejando instrucciones a la nodriza de que después de alimentar a los bebes los bañara y los durmiera. Realmente ella no hacía gran cosa como madre.
Margaret tomó una capa oscura y le pidió al chofer del carruaje que la dejara en cierta zona comercial y que regresara a casa, pero que viniera a recogerla en ese mismo lugar dentro de tres horas.
Cuando estuvo sola, Margaret caminó con su capa puesta hasta una zona marginada, entró a un bar de mala muerte y se sentó a observar. Ella buscaba a alguien que le pudiera servir para llevar a cabo su malicioso plan. Estuvo sentada en ese lugar por alrededor de 15 minutos, la bebida que había pedido solo por no dejar que el cantinero la molestara a cada rato preguntándole si quería algo, estaba intacta frente a ella. De pronto escuchó la conversación de dos tipos de apariencia ruda, parecían forasteros. Ellos hablaban sobre a donde irían después de terminar el "trabajito". Margaret en seguida pensó que aquellos hombres eran exactamente lo que necesitaba y se acercó a su mesa, con el rostro hundido en el gorro de la capa.
-tengo un trabajo muy especial para ustedes y la paga será buena – dijo sin rodeos.
Aquellos hombres se miraron entre sí, muy extrañados por la forma en que fueron abordados. Se pusieron a la defensiva.
-¿Qué clase de trabajo? nosotros solo hacemos trabajos… decentes – dijo con cierto tono sarcástico uno de los hombres.
-por supuesto – respondió Margaret – los espero en este lugar en 15 minutos – dijo mientras resbalaba un pequeño trozo de papel sobre la mesa.
El otro hombre miró de reojo para cerciorarse de que nadie miraba y luego tomó el papel discretamente. Después de eso Margaret salió del lugar.
-¿Qué dice en ese papel? – preguntó el compinche.
-es una dirección… está a tres cuadras de aquí.
-¿Qué crees que quiera esa mujer?
-no lo sé, pero dijo que la paga sería buena y esa capa que llevaba puesta era de muy buena calidad, debe ser rica.
-¿entonces iremos?
-¿y porque no? veremos de que se trata y después decidimos si le entramos al trabajito o no. No perdemos nada.
-¿y si es una trampa? recuerda que la policía nos pisa los talones.
-no creo que sea una trampa, tengo el presentimiento de que será una muy buena oportunidad para nosotros…
Los hombres sonrieron maliciosamente y se terminaron sus tragos. Esperaron unos minutos más y luego salieron para dirigirse al lugar de la cita.
A solo tres cuadras de aquel bar se encontraron con la misteriosa mujer en un paraje desierto donde solo el sonido de las aves se escuchaba. Los hombres se acercaron, no sin antes vigilar a su alrededor para cerciorarse de que no fuera una trampa de la policía.
-y bien… aquí estamos. ¿Quién es usted? – preguntó el que parecía ser el líder.
-quien soy no importa, lo que si importa es lo que quiero que hagan – respondió Margaret sin quitarse la capucha.
-pues para nosotros lo importante es saber cuanto nos va a pagar y que es lo que hay que hacer.
-muy bien. Les diré lo que hay que hacer: el próximo sábado al rededor de las 10 de la mañana, un carruaje con un hombre de cabello negro y una mujer rubia con dos bebés como pasajeros, cruzarán por el camino que va a la villa de Lakewood. Quiero que tomen a las bebés y que maten al hombre.
-¡vaya! parece que usted no se anda con rodeos. Es una mujer de cuidado…
-que bueno que lo diga, porque en efecto, soy una mujer de cuidado. Y quiero que este trabajo sea limpio… de más está decir que no deben decir ni una palabra de esto a nadie, y yo les pagaré muy bien. ¿Alguna pregunta?
-claro. ¿Cuánto está dispuesta a pagar por el encargo?
-¿es todo? ¿No van a preguntar porque quiero que hagan lo que les pedí?
-no hacemos preguntas, no nos interesa saber los motivos ni involucrarnos de ninguna manera. Solo cumplimos con lo que se nos pide y desaparecemos. Pero debo decirle que nuestros servicios no son baratos, señora.
-desde luego, y yo pagaré muy bien por un trabajo bien hecho. Les daré este anillo de esmeraldas como anticipo… y el resto lo tendrán cuando el trabajo este hecho.
Margaret les mostró el anillo a los bandidos y éstos lo examinaron detenidamente para comprobar que no fuera una baratija de imitación. Pero se dieron cuenta de que eran autenticas esmeraldas y se lo embolsaron al instante.
-trato hecho, señora. Haremos lo que nos pide. Pero queremos una cantidad igual al costo de este anillo como pago final…y en efectivo.
Margaret arqueó la ceja, estaba tratando de ocultar que no tenía semejante suma de dinero en efectivo y que ya no contaba con otra joya de tal valor. Pero conseguiría ese dinero como fuera, así que les respondió a los hombres:
-por supuesto. Tendrán el resto del dinero en efectivo. Pero solo si el trabajo queda bien hecho.
-lo haremos bien, por eso no debe preocuparse. Solo preocúpese por tener nuestro dinero listo, porque de lo contrario usted pagará caro el habernos engañado. Se lo advierto, señora, esto no es un juego. Tenga listo nuestro dinero o ya verá de lo que somos capaces… - lo dijo en tono amenazante.
Pero Margaret no se inmutó.
-no se preocupen, caballeros. Yo cumpliré con mi parte del trato. Ahora debo irme.
Margaret se dio la media vuelta pero uno de los hombres la detuvo.
-espere…no nos ha dicho como podremos encontrarla después de que terminemos el trabajo para cobrar el resto de nuestro dinero, y que debemos hacer con las dos bebés.
Margaret se detuvo en seco pero dándoles la espalda y respondió:
-pueden encontrarme en la propiedad conocida como "La casa de las estatuas", en Lakewood. Yo estaré esperándolos el domingo a las 6 de la mañana al pie de la cascada que se encuentra en el bosque, a dos kilómetros de allí, y llevaré su dinero… en cuanto a las bebés… pueden hacer con ellas lo que quieran, incluso venderlas, solo llévenselas lejos y asegúrense de que nunca se vuelva a saber de ellas.
Fue lo último que Margaret dijo y después se marchó. El trato estaba hecho y solo restaba esperar al sábado para ver los resultados.
La brisa helada del invierno anunciaba en silencio una tragedia. El sábado llegó. Ese día toda la familia Andry sabía que Edward y Alice llevarían a sus gemelas recién nacidas a registrarlas en la oficialía del pueblo y a su vuelta darían una comida en compañía de toda la familia para celebrar.
En casa de los Cornwell se estaban llevando a cabo los arreglos para la comida mientras Alice preparaba a sus hijitas. Esa mañana fría las dos bebés estaban muy bien abrigadas y el calorcito del arropo y cobijas las hacían dormir mucho, mas de la cuenta.
Cuando estuvieron listos Edward, Alice y las bebés, se dirigieron a su carruaje para emprender el viaje al pueblo.
-No tarden demasiado – les dijo Lilly sonriente.
-¡esperaremos ansiosos! – añadió Ángela que cargaba al pequeño Anthony de dos años.
-cuídense mucho y no expongan demasiado a las niñas – les aconsejó la tía Elroy.
-espero que regresen pronto… - dijo Margaret esbozando una sonrisa de lado.
-no tardaremos y prometo que cuidaré bien de mis princesitas – dijo Alice. Luego se despidió de sus pequeños Stear y Archie – Pórtense muy bien, mis amores, volveremos pronto. Recuerden que mamá los ama con todo su corazón…
Alice les dio un abrazo fuerte y un beso en cada mejilla a ambos niños.
-¡te amamos mamita! – le respondieron al unísono los dos pequeñuelos, sin saber que esa sería la última vez que la verían, y esos, los últimos besos y cariños que recibirían de ella.
Edward también besó a sus hijos y les prometió jugar con ellos después de la comida. Luego tomó a Mary en brazos y Alice se disponía a tomar a la bebé Alice, pero, como si algo dentro de ella le avisara que sería la última vez que vería a su familia, de pronto sintió la urgente necesidad de abrazarlos a todos. Devolvió momentáneamente a la pequeña Alice a los brazos de la mucama que la ayudaba y regresó corriendo para abrazar primero a su hermana gemela.
-te amo Ángela – le dijo mientras la abrazaba fuertemente.
-y yo a ti, hermana. ¿Pero porque de pronto tan sentimental?
-no lo sé, solo sentí la necesidad de expresarles que los amo… cuida al pequeño Anthony, es un precioso niño, ¡y tan dulce!..¿verdad que si, mi amor? – le dijo a su bello sobrino y le hacía caricias en las mejillas. Luego lo besó para despedirse.
-Te amo tía Elroy…Lilly…Peter… a ustedestambién, James…Margaret…
Alice se despidió de todos con un gesto amable y una sonrisa. Luego de lo cual tomó a su bebita y salió junto con Edward hacia el carruaje.
El trayecto transcurrió en calma, mirando el paisaje invernal a través de la ventana: los árboles cubiertos de una densa capa de nieve, conejos saltando aquí y allá, cabañas con chimeneas humeantes a lo lejos; pero Alice y Edward pasaron por alto una carreta parada a un costado del camino con dos hombres con capas que miraron discretamente a los despreocupados viajantes que estaban totalmente ajenos al peligro que les aguardaba.
En el pueblo, la feliz pareja acudió a la oficina de registro civil para dejar constancia del nacimiento e identidad de sus pequeñas hijas, recibieron una constancia, un certificado de nacimiento de cada una de las niñas y eso fue todo. De modo que sin perder más tiempo regresaron a su carruaje para iniciar el viaje de vuelta a casa.
La emboscada perfectamente planeada los aguardaba. Uno de los malhechores permanecían en la carreta cuidadosamente ubicada y el otro se encontraba escondido arriba de una rama de un árbol que se encontraba muy cerca del camino, vigilaba.
De pronto ese hombre reconoció el carruaje que venía a una corta distancia y dio la señal a su compañero para que se alistara. Momentos más tarde el carruaje se acercó hasta el lugar donde se encontraba la trampa tendida: el hombre arriba de la rama saltó de ella para caer sorpresivamente sobre la parte delantera donde el conductor llevaba las riendas de los caballos que, ante la súbita intervención del bandido, fue atacado y golpeado en la cabeza para luego ser arrojado fuera del carruaje, sin que los pasajeros se dieran cuenta de nada pues era una carroza totalmente cerrada. El malhechor condujo la carroza unos metros mas adelante y luego se desvió del camino para internarse por el bosque. Cuando Edward y Alice se dieron cuenta de ello ya era demasiado tarde.
-Toma a la dos niñas, cariño – le dijo Edward.
-¿Qué es esto? ¡tengo miedo! – respondió la aterrada Alice abrazando fuertemente a sus hijitas.
Justo en ese momento la puerta de la carroza se abrió de golpe y un hombre con la mitad del rostro cubierto entró.
-¡no te atrevas a tocar a mi esposa y mis hijas! – le advirtió Edward y le lanzó un golpe al rostro al bandido.
Éste solo se hizo hacia atrás y contraatacó con fuerza golpeando a Edward en la boca del estómago.
-¡Edward! – Gritó Alice fuertemente aferrada a sus bebés.
-¡huye! ¡vete! – le dijo Edward.
-¡no, no!
-¡vete y protege a las niñas!
Alice no lo pensó más y abrió la otra puerta del carruaje para salir huyendo pero el otro hombre estaba esperando afuera y empezó a forcejear con ella para arrebatarle a las niñas que empezaron a llorar a gritos ante el forcejeo.
El llanto de las niñas y el de Alice angustió a Edward que, mientras peleaba con aquel hombre, observó como su esposa se aferraba a sus hijas y no las soltaba. La pelea era dura pero Edward estaba en buena condición física y de un solo golpe certero derribó a su contrincante, pero al mismo tiempo el otro hombre golpeo a Alice y le arrebató a ambas niñas, luego de lo cual la empujó con mucha fuerza y ella, al caer, se golpeó la cabeza contra una roca, muriendo al instante.
-¡Nooooooooo! ¡maldito! – exclamó Edward al ver como ese hombre había golpeado a su esposa y huía con sus hijas. No sabía aún que su amada Alice yacía ya sin vida.
Edward salió del carruaje para perseguir al hombre que se llevaba a sus hijas pero el otro bandido ya había despertado de su aturdimiento y tomó un tronco duro que encontró en el suelo y golpeó por detrás de la cabeza a Edward con todas sus fuerzas. Él cayó al piso al instante y de su herida empezó a fluir un rio de sangre. Eso hizo pensar al agresor que con ese golpe lo había matado, tal y como estaba acordado.
Los cuerpos de Alice y Edward yacían entre un charco de sangre y los dos hombres se alejaron del lugar con las niñas en brazos. Habían logrado su cometido.
Mientras tanto, en la residencia Cornwell, donde los preparativos estaban en los últimos toques, Ángela de pronto sintió un estrujo en su corazón, una "mala espina" o presentimiento. Ella sentía que el aire le faltaba y se dejó caer en un sofá ante la mirada preocupada de su esposo James.
-¿Qué te pasa, mi amor? te pusiste pálida de pronto…
-¡oh, James! ¡Alice! ¡Algo anda mal con mi hermana! lo siento dentro de mi corazón…
Ángela empezó a llorar súbitamente sin saber exactamente la razón, pero estaba segura de que algo le había pasado a su hermana gemela. James ya conocía ese especial pero extraño lazo que unía a su esposa con su hermana Alice y también se preocupó.
-no te angusties, mi amor – le dijo para tranquilizarla – Iré a buscarlos, tú quédate con nuestro pequeño Anthony. Volveré en seguida.
-¡yo iré contigo, James! no me quedaré aquí sentada esperando con esta angustia que me está ahogando, quiero ir, ¡Debo ir!
Ante la fuerte mirada insistente de su esposa, James Brower no pudo negarse a su petición. Fueron a avisar a la tía Elroy, y Margaret estaba con ella.
-tía – dijo Ángela con lágrimas en los ojos -… tengo el presentimiento de que algo le ha pasado a Alice. Tal vez estén en problemas y debo ir a buscarlos.
-¡esas son tonterías, Ángela! – dijo Margaret que en el fondo estaba sorprendida del grado de conexión que su prima tenia con la hermana gemela. Y supo entonces que su plan se había concretado ya.
-no debemos tomar a la ligera sus presentimientos. Vayan por favor. Dios quiera que no haya pasado nada grave. Yo me encargo de Anthony ustedes dense prisa – dijo la tía Elroy.
Ante esto la pareja salió rápidamente y Margaret no pudo hacer nada para impedirlo, porque de haberlo hecho, hubiera sido demasiado tarde para Edward también que se desangraba rapidamente…
En la escena de la tragedia, Edward recobraba la conciencia pero el aturdimiento le nublaba la vista y sus fuerzas eran escasas debido a la gran cantidad de sangre que estaba perdiendo. Como pudo logró arrastrarse hasta donde estaba su esposa tendida. La vio pálida y en medio de mucha sangre y temió lo peor. Cuando llegó hasta ella lo primero que hizo fue revisar si su corazón seguía latiendo. Pegó su oreja al pecho de su mujer y con horror y mucha tristeza se dio cuenta de que no había ningún signo de vida en ella.
-¡Alice! ¡Alice!... no puedes dejarme así…. ¡despierta, mi amor! ¡despierta!
Edward tomó a su amada Alice en sus brazos y en vano trataba de hacerla despertar de su sueño eterno.
-no, mi cielo, no te quedes dormida… - la sacudía - …tienes que despertar, nuestros hijos te necesitan, ellos necesitan a su madre a su lado y yo también… no se que voy a hacer sin ti, ¡no puedo vivir sin ti! mi amor… – Edward no dejaba de derramar sus lágrimas sobre el cuerpo de su querida esposa.
Acariciaba su pelo, rozaba delicadamente sus mejillas, la besaba con la esperanza de que ella volviera… pero nada pudo hacer él para traer a la vida a su amada Alice.
Le tomó un largo rato a Edward resignarse a la idea de que había perdido al amor de su vida y a sus hijas al mismo tiempo. El dolor era inimaginable, parecía que lo devoraría vivo. Lloraba intensamente con su esposa muerta entre sus brazos y fue de esta manera que lo encontraron.
Ángela, al aproximarse y ver mas claramente la desgarradora escena, al ver a su hermana con la cabeza echada hacia atrás y cubierta en sangre, supo que su presentimiento había sido cierto.
-¡No, Dios mío, no! – decía mientras corría con todas sus fuerzas hasta llegar al lado de Edward y su hermana, con el corazón doliente y el alma desgarrada de dolor.
-¡No puede ser! – exclamó James que corría detrás de su mujer al ver la trágica visión de sus cuñados.
Ángela llegó primero y se dejó caer al suelo al lado de su hermana.
-¡Alice!... hermana…no me dejes… ¡no me dejes! – lloraba mientras tomaba la mano inerte de su gemela.
-ella ya se fue… – le respondió Edward con gruesas lágrimas -… nos ha dejado…
Las palabras salían de la boca del príncipe con gran esfuerzo, pero su débil cuerpo ya no resistía más y él sintió como se desvanecía, aunque aún estaba conciente.
-¡Edward resiste! – le dijo James que llegó en ese momento – tienes que decirnos ¿Dónde están las niñas?
-mis niñas… se… se las llevaron…- fue lo último que alcanzó a decir pues sus fuerzas lo abandonaron por completo y él se desmayó.
James pudo ver la enorme herida que su cuñado tenía en la cabeza y actuó rápidamente. Se llevó a Edward en brazos hasta el carruaje y le pidió al chofer que lo ayudara con el cuerpo de Alice. El conductor estaba en shock y solo actuaba por inercia recibiendo y acatando las instrucciones de James. Mientras tanto él ayudaba a su esposa a caminar de vuelta al carruaje a prisa. Le pesaba mucho que no pudiera detenerse a lamentar junto con su esposa la muerte de Alice pero era urgente que Edward recibiera atención médica.
Así que no perdió mas tiempo y, a todo lo que podían correr los caballos del carruaje, llevó a Edward a una clínica cercana.
-¡Por favor, ayuda! – gritó con urgencia a las puertas de nosocomio.
Una enfermera al ver la gravedad del paciente que recién llegaba corrió a avisar al doctor que no tardó en llegar.
-¿Qué le ha pasado? – preguntó el médico para ver si podía ahorrase algunos valiosos segundos.
-tiene una herida muy grande en la cabeza y ha perdido mucha sangre. ¡Está muriendo doctor haga algo, sálvelo! – suplicaba James.
-haré hasta lo imposible, señor – respondió el médico.
En seguida dos enfermeras más llegaron con vendajes y medicamentos para tratar de detener la hemorragia. La vida de Edward estaba más en manos de Dios que en la de los médicos y enfermeras; y Dios quiso que él sobreviviera.
Ángela regresó en el carruaje a la casa por petición de su esposo, pues no ayudaba en nada que ella se quedara en la clínica y si necesitaba con urgencia el apoyo de su familia y que recibieran el cuerpo de Alice.
Cuando el carruaje se estacionó a las puertas de la casa Ángela no sabía como entrar a dar las terribles noticias, y sobre todo le preocupaba que los pequeños Stear y Archie vieran en esas horribles condiciones el cuerpo sin vida de su madre. Estaba agobiada pero tenía que pensar en algo.
-Joseph, como verás no puedo entrar así a la casa y alarmar a todos, menos a los niños….- le dijo al cochero - …por favor, entra tú y llama a mi tía Elroy o al señor Leegan, con discreción, y asegúrate de que nadie más los siga.
-así lo haré señora, no se preocupe y… siento mucho su terrible pérdida…
El Cochero dio media vuelta de inmediato, dejando a una Ángela vuelta en llanto.
Cuando Joseph tocó el timbre de la puerta y la sirvienta le abrió, éste pidió que le avisaran a la señora Elroy o al señor Leegan que saliera un momento con discreción. Así lo hizo la sirvienta que, al ver rastros de sangre en la ropa del cochero supieron que algo grave había pasado.
La sirvienta encontró al señor Leegan mas cerca, pues Elroy estaba supervisando la decoración de la mesa para la comida. Además, pensó la sirvienta, era mejor que un hombre atendiera este asunto.
-señor – dijo la sirvienta a Theo Leegan cuidando que Margaret no se diera cuenta – por favor, es necesaria su presencia afuera de la casa, es muy importante. Nadie debe notar su ausencia, por favor.
A Theo se le hizo muy extraña la petición de la mujer pero hizo caso. En cuanto tuvo oportunidad y vio que nadie lo veía, salió discretamente. A las puertas lo esperaba Joseph.
-¿Qué sucede Joseph? – preguntó alarmado Theo.
-señor, ha sucedido una tragedia… la señora Alice… ella…debe ir al carruaje por favor, allí lo espera la señora Ángela.
Theo temió lo peor y salió corriendo hacia el carruaje. Abrió la puerta y la escena que se encontró le heló la sangre.
-¡Santo Dios!
-mi hermana está muerta, Theo… y Edward esta luchando por su vida en una clínica… y además se han robado a las niñas….
Ángela no dijo más. Theo se quedó pasmado y por un segundo no supo que hacer o que decir. Luego reaccionó.
-¡Esto es terrible!... oh, Alice – Theo tomó la mano de su cuñada muerta y unas lágrimas resbalaron por sus mejillas.
-¿Qué haremos, Theo? mis sobrinos y los demás niños no deben ver a Alice de esta manera.
-no, por su puesto que no…-Theo pensó por un momento y luego dijo – le pediré a las sirvientas que se lleven a los niños al cuarto de juegos y que no salgan de allí hasta que les avisemos. Después les informaré a todos las noticias y podremos subir a Alice a una recamara para… - No pudo decir más. Se le hizo un nudo en la garganta.
-gracias, Theo… Aquí esperaré. Ve.
Theo Leegan actuó acorde al plan y lo primero que hizo fue mandar a que las sirvientas se llevaran a los niños al cuarto de juegos. Una vez que quedó resuelto eso, le pidió a la tía Elroy, Lilly y Margaret, y las sirvientas de más confianza, que se reunieran en el estudio para decirles algo importante.
-¿Por qué tanto misterio Theo? – preguntó Margaret fingiendo no tener idea de lo que pasaba.
-espero que no sea nada grave… dinos. – añadió la tía Elroy.
-me temo que son malas noticias… terribles noticias.
-¡Santo Dios! ¿Qué pasa? me estas asustando, Theo – Lilly empezó a sentirse sofocada, presintiendo algo muy malo.
-Alice ha muerto…
¡oh! fue la exclamación al unísono de las tres sirvientas que estaban allí presentes. Se lamentaron por la tragedia.
-¡Queee! ¡No!... no, eso que dices no puede ser posible, ¡¿Que pasó?! – exclamó con mucho pesar Elroy cediendo a las lágrimas.
-ay Dios mío, esto debe ser una pesadilla… ¡Alice no puede estar muerta! ¡No! – gritó Lilly sintiéndose abatida.
-me temo que esto es muy real… lo siento mucho – les respondió el hombre.
-explícanos que ha pasado, Theo ¿Y Edward? ¿Y las niñas? – preguntó Margaret pues obviamente así no era como debían salir las cosas.
-Edward está muy grave, lo llevaron a una clínica en el pueblo…
-¡oh Dios! – exclamaron Elroy y Lilly, era demasiado para soportar.
-¿pero esta vivo? – insisitió Margaret.
-si, está vivo, pero muy delicado…
-¿Y las niñas? – preguntó Elroy que de pronto se acordó de sus sobrinitas.
-se las han robado… no sé nada más – ante esta revelación continuaron los lamentos entre las mujeres - … De hecho…Ángela está afuera, con el cuerpo de Alice en brazos. Debemos ir a ayudarla, ella está muy mal.
-¡Santo cielo! ¡vamos rápido! – dijo Elroy.
Ella salió corriendo, seguida de Lilly y Theo. Después las sirvientas salieron también. Margaret se quedó unos segundos más.
-¡maldita sea! tú no debías haber muerto Alice… ¡esos inútiles fallaron y ahora Edward está vivo!...pero eso se puede arreglar…y bueno, las mocosas se han ido. No todo estuvo mal… ya me las arreglaré con esos dos estúpidos…
Margaret entonces salió a prisa a seguir a su esposo.
Cuando Elroy llegó y abrió la puerta del carruaje, su corazón se estrujó al ver aquella trágica escena.
-¡Noooooooooo! ¡Alice! ¡Alice! ¿Por qué Dios mío? – su llanto fue amargo.
-oh, Alice… no, no, no es justo – lloraba Lilly al ver a su prima con sus ropas llenas de sangre.
-mi hermanita… ya nunca más abrirá los ojos ni nos contagiará con su risa… se nos fue… - dijo Ángela que no había parado de llorar a su querida hermana.
-ay, hija… ven aquí. – La tía Elroy abrazó a su sobrina para consolarla, para consolarse ambas ante tan dolora pérdida.
Lloraron abrazadas y Lilly se les unió.
Theo ya había llegado también y le quitó el cuerpo de Alice a su cuñada para llevarlo él mismo a una habitación dentro de la casa. Entonces Ángela salió del carruaje y casi sin fuerzas caminó apoyada de su prima Lilly para seguir a Theo. Subieron las escaleras y entraron a una recamara que no era la principal, acostaron a Alice sobre la cama.
-siento mucho esta horrible tragedia…- dijo Theo - …sé que ahora quisieran llorar la muerte de nuestra querida Alice, pero me temo que debemos pensar en los niños antes…los pequeños Stear y Archie han perdido a su madre y sus hermanitas ¿Cómo vamos a decírselos? ¿Cómo les explicaremos que su madre ya no despertará?
Las preguntas eran inquietantes y muy atinadas. Todos se quedaron pensando.
-solo díganles la verdad, ellos son niños y no saben nada – dijo Margaret.
-creo que en esta ocasión tienes razón en algo, querida, creo que lo mejor es decirles la verdad, explicarles qué es la muerte y esperar que lo entiendan.
-si, yo también creo que es lo mejor – agregó Elroy – pero antes debemos asear a Alice, cambiarla de ropa, arreglarla… para que sus hijos la recuerden como siempre ha sido…hermosa.
-yo me encargaré de eso, tía – se ofreció Lilly – pero ustedes encárguense de dar parte a la policía cuanto antes, debemos apurarnos para que las niñas aparezcan…y deben traer a un médico para que de fe de la muerte de Alice y extienda el certificado de defunción.
- ¡es verdad! ¡ahora lo mas urgente es movilizarnos para encontrar a las niñas! – dijo Elroy.
-yo me encargo de dar parte a la policía – dijo Theo y salió corriendo.
-yo voy contigo, cariño – lo siguió Margaret.
-entonces yo mandaré al cochero para que vaya a la clínica a ver que noticias hay sobre Edward… ¡Dios quiera que se salve! – Rezó Elroy – enseguida vuelvo para ayudarte, Lilly, y después le diremos la triste noticia a los niños…
Esa mañana las desgracias habían caído sobre la familia Andry y seres inocentes pagarían las consecuencias de una mente perversa y un alma envenenada por los celos y la envidia. Pobres criaturas que se habían quedado huérfanos de madre, pobres niñas separadas del amor y protección de sus seres queridos…
Continuará en la segunda parte del capitulo…
*** hola amigas!, se acabaron la caja de kleenex? espero que les haya gustado a pesar de que las hice llorar. Lo siento, pero debía ilustrar también como se vivió la tragedia de la muerte de Alice, es parte del contexto que no podía dejar fuera. y bueno, a veces tambien disfrutamos derramando unas cuantas lagrimitas, o no?
si les ha gustado o no les ha gustado háganmelo saber con un review. yo espero que si les haya gustado!
