Tierra y Mar: Conflicto Doble

–Ehmm… Señor Red…

–Yvonne, ya te he dicho que no me digas señor. Dime papá, o papi… –La niña, cohibida, bajó su mirada, visiblemente avergonzada. –Pero también puedes decirme Red si no te sientes cómoda llamándome así. –Añadí, acariciando su cabeza. La pequeña negó moviendo su cabeza, causando que mi mano se hundiera en su cabello negro.

–No… no me incómoda… –Susurró, alzando un poco la mirada, apenas como para dejar ver sus ojitos apenas cubiertos por mi brazo. –Es solo que todavía no estoy acostumbrada. –Sonriendo, quité mi mano de su cabeza. –¡Pero lo intentaré! –Añadió ella, llevando sus manitas a su pecho.

–Está bien, no hace falta que te presiones. Haz solo aquello que te haga sentir feliz. –La pequeña asintió efusivamente. –… Entonces, ¿querías preguntarme algo?

–Ehmm… Sí… Ehmm… papi… –Tartamudeó la pequeña, esforzándose por decir cada palabra. Aun así, a pesar de que sus palabras carecían de confianza, en sus ojos podía apreciar que estaba feliz de poder haberlo dicho. Era esa expresión, escondida entre lo que era la nueva Yvonne, la que me dejaba ver los retazos de lo que la niña era antes de ser secuestrada. Solo eso bastaba para hacer que algo dentro de mi se estrujara; realmente ella era capaz de ponerme muy emotivo. –Ehmm… Quería saber… si en verdad hace falta que te vayas. –Ahora la anterior expresión que se reflejaba en sus ojos celestes, idénticos a los de su madre, fue reemplazada por una de preocupación.

–Hmm… Yvonne, me temo que sí. Tu padre tiene asuntos de los que hacerse cargo, y para ello tengo que salir de este lugar. –La pequeña, con lágrimas que amenazaban con abandonar sus ojos, volvió a bajar la mirada.

A decir verdad, tratar con Ye desde su rescate, ha sido de todo menos un trabajo sencillo. Es cierto que, después de que la lleváramos al pediatra, Yvonne comenzó abrirse ante los demás con mucha más facilidad, pero eso nunca cambió que Serena y yo fuéramos los más cercanos a ella. Como sus padres, eso era de esperarse, pero terminó generando un efecto no precisamente esperado. La que una vez fue una niña bastante independiente, inteligente y madura, terminó teniendo una especie de regresión hasta alcanzar un comportamiento más acorde con su edad…

Antes de que Serena y yo pudiéramos hacer algo para evitarlo, la niña terminó adquiriendo una dependencia muy fuerte hacia nosotros; se volvió incapaz de estar sin al menos uno de nosotros a la vez. En papel no suena como algo problemático, y tal vez, de no haber estado lidiando con el Team Rocket, no lo habría sido del todo; pero no era el caso. Y dado que yo he estado entrenando a mis Pokémon, y monitoreando la actividad de Giovanni y su grupo, eso dejó a Serena en una situación un tanto incómoda; Yvonne no soportaría no estar a su lado, y eso implica tanto a la hora de dormir, como a la hora de ir al baño.

Literalmente, Yvonne se volvió incapaz de estar sin nosotros por al menos un segundo. Y cuando sucedió, llanto y ataques de pánico lo precedieron. Todo eso dejó a Serena en un estado de agotamiento emocional; por eso yo me ofrecí a cuidar de Yvonne durante todo el día. Mientras que Serena salió con su madre para dar una vuelta alrededor del laboratorio, yo me quedé a preparar todo para el viaje en compañía de la niña. Después de haber descartado Hearthome, pues fue la primera capital en ser atacada, solo quedaba partir hacia Lumiose y esperar para emboscar al Team Rainbow Rocket. Lo que no esperaba era que Yvonne ya se hubiera enterado del fin de dichos preparativos; esperaba no tener que lidiar con su reacción sin la compañía de Serena.

Que yo tuviera que irme por varios días, estaba varios niveles sobre el simple hecho de no estar con ella todo el día. Y es que Yvonne, aunque no recordara nada, parecía haber quedado con un post-trauma; yo sabía que, por ello, el irme le sentaría muy mal… Y lo peor es que no podía evitar pensar en una Yvonne bebé, en manos de Serena; ambas solas, sin mí, sin Ash. Sacudí la cabeza, intentando ignorar la culpa. "No fue mi culpa, yo había perdido la memoria; Giovanni es el único culpable"; comencé a repetir en mi cabeza. Pero, aunque eso me ayudara a mí, a Yvonne no la ayudaba…

Las lágrimas comenzaron a salir con más fuerza, sus parpados se estaban comenzando a hinchar, sus ojos estaban enrojecidos. La pequeña Yvonne frente a mí no era la misma niña que fue endurecida por las circunstancias, era una niña indefensa e inocente, la cual almacenaba torturas bajo la capa que bloqueaba sus recuerdos. Tan necesitado de ayudarla, como ella necesitada de mi ayuda, me lancé al suelo, golpeándome las rodillas, y con todo el ancho de mis brazos, cubrí su pequeño cuerpo.

La niña continuó llorando aún con el calor de mi pecho contra su carita, como si yo no estuviera ahí. ¿Será acaso que así se sintió cuando yo desaparecí de su vida? Yo, el padre que nunca tuvo, el padre que murió bajo una tonelada de sus propias memorias. ¿Es que acaso, mientras yo moría por dentro, ella sufría me ausencia? Es probable que sí; y con Serena fue igual. Yo, por muy inocente que fuere, les causé un gran dolor a ambas féminas. Y lo peor es que ahora que regresé, no he hecho nada para cambiar eso.

Ahora que la niña sufrió el mismo destino que yo, ambos somos parte de la misma carga que ahoga a Serena. Irónico, ¿no? Lo pesada que puede ser la falta de algo. Y lo peor de todo, es que no tengo idea de cómo cambiar eso… Prometí regresarnos los recuerdos a la niña y a mí, le prometí a Serena la vida que hasta ahora no ha podido tener; pero lo único que he hecho ha sido planear mi venganza. Claro, ahora sé, después de haber hablado con Delia y el viajo Oak, y haber analizado sus palabras y relacionarlas con mi pasado como Dead Spark, que recorrer el camino que estoy recorriendo es inevitable. Sé que tengo un espíritu movido por la de venganza y la justicia, y sé que eso nadie lo cambiará, ni siquiera yo mismo.

Pero con eso no basta. Vengarme de Giovanni y evitar que siga amenazando la realidad de todas las dimensiones, no basta; eso, sin el pasado, no nos sirve de nada… Vencer a Giovanni no me regresará mis recuerdos, tampoco a Yvonne. Lastimosamente, vencerlo… matarlo, es lo único que puedo hacer por ahora. El camino que nos llevará al umbral de los recuerdos sigue oculto, y no estoy seguro de ser capaz de encontrarlo. Por más que prometí hacerlo, no veo el cómo cumplir esa promesa. Antes pensaba que encontraría la respuesta mientras me encargaba de los demás asuntos, pero ya no estoy seguro, y eso me fastidia.

Entonces mis pensamientos fueron interrumpidos por señales de más llanto, y para sorpresa mía, se trataba de mí mismo. No sé qué fue lo que me quebró, bien pudo ser la culpa, la tensión, la situación en sí, o las tres al mismo tiempo; quien sabe… La cuestión es que finalmente fui incapaz de aguantar, y terminé uniéndomele a la niña. A cada segundo que pasaba, yo lloraba con más fuerza, mientras que la niña se calmaba. Su espalda dejó de sacudirse y su respiración se acompasó; ahora mis lágrimas eran las que la empapaban. En verdad me sentía perdido.

–¿Papi… tú también estás triste porque te vas? –Preguntó la niña inocentemente, con su cara aun pegada a mi pecho… Fueron esas palabras las que lograron tranquilizarme; por mucho que me persiguiera no saber cómo recuperar nuestros recuerdos, no podía darme el lujo de perder la compostura. Ya habiéndome recuperado, me limpié las lágrimas con el brazo y solté a Yvonne.

–Sí, Ye… –La chica instintivamente sonrió al escuchar su apodo. –A mí también me entristece tener que irme. Por eso pienso regresar lo más antes posible.

–¿Lo prometes? –Asintiendo, estiré mi brazo y limpié, con la manga de mi jacket, las lágrimas que bajaban por sus mejillas y su húmeda nariz.

–Lo prometo… Ahora, ¿qué te parece si vamos a lavarnos la cara? Tu madre podría asustarse si nos ve así…

–¿Yo qué? –De respingo, ambos volteamos hacia la entrada de la habitación en la que nos hallábamos. Una habitación en exceso simple; al fin y al cabo, estábamos en un laboratorio. Ahí en la entrada estaba Serena, con una mirada de preocupación transfigurándose en su rostro. –¿Qué les pasó? ¿Estuvieron llorando? –Velozmente, la chica corrió hacia nosotros, colocándose a nuestro lado. Lo primero que hizo fue revisar que la niña no tuviera una lesión o algo similar.

–Yvonne está bien, no es nada. –Serena me miró directamente a la cara, con sus ojos extremadamente expresivos posados sobre los míos; había escepticismo en ellos. Tras suspirar, me decidí a explicarle. –Yvonne se puso a llorar porque no quería que yo me fuera… –Serena rápidamente miró hacia abajo, cerca de sus regazos, donde estaba la niña.

–¿Eso pasó…? –La pequeña, mostrándose apenada, asintió, enjugándose las lágrimas.

–Intenté consolarla, pero yo también terminé llorando… Je, je… Soy un fracaso de padre, ¿no es así? –Serena entonces nos abrazó a Yvonne a mí; un abrazo de grupo un tanto incómodo por la posición en las que nos hallábamos.

–Ye, sé que tienes miedo de que a tu padre le pueda pasar algo allá afuera, pero debes confiar en que él será capaz de volver sin problema. Si tú no confías en él, ¿cómo crees que se podría sentir? –La pequeña intercaló su mirada entre Serena y yo, antes de asentir a su madre y lanzarse a mis brazos.

–Papi, te estaré esperando. Cuando vuelvas te contaré todo lo nuevo que hice. –Acariciando su cabello, agradecí en silencio sus dulces palabras. Entonces miré a Serena, la cual me sonrió con melancolía.

–Y tú… ¿Qué te puedo decir…? –Estirando sus brazos, me abrazó por el cuello, acercando sus labios a mi oído. –Eres todo lo que una vez deseé para Yvonne… Me alegra tanto que… me alegra tanto que estés aquí para ella… y para mí. –Sollozando sus últimas palabras, Serena dejó caer su cabeza en mi hombro.

Ese momento, por más que estuviera imbuido en un aura melancólica, me dio toda la fuerza de la que estaba flaqueando. Ellas dos, ahí, me estaban otorgando el coraje que tanto sentía que necesitaba. Ya no importaba que no tuviera idea de cómo recuperar a Ash y los recuerdos de Yvonne, lo importante era seguir avanzando… Mientras no me estancara, estaba seguro de que encontraría la respuesta. Y de hacer falta, se la sacaría a Giovanni a golpes; con el conocimiento que demostró poseer sobre el Ultraumbral y sus efectos, existía la posibilidad de él en verdad tuviera la respuesta. Lo importante era no dejar morir la esperanza.

Al final, resultó que ese día apenas y pude planear nada de lo que haríamos en Lumiose; por suerte, entre Phraser y Gladio idearon un plan de acción bastante decente. Al día siguiente, Gladio, Clemont, Iris y yo, partimos en dirección a Kalos; Brock y Misty decidieron quedarse, en caso de que algo sucediera en Kanto. Después de la muerte de Sabrina, ser precavidos jamás estaría de más… Kanto necesitaba de sus líderes de gimnasio y Alto Mando más que nunca.

Partimos al alba, cuando la niebla cubría nuestras huellas. La aeronave se elevó en el cielo, internándose en las nubes. Tomamos altura hasta que Kanto y Johto se volvieron una sola masa de tierra, y entonces comenzamos a avanzar hacia el oeste. Dado que pasé la noche con Serena e Yvonne, apenas y pude dormir, pues sacrifiqué mi comodidad en pos de la de ellas; debido a ello, le comuniqué a mis compañeros que tomaría una siesta. Confiaba en que me despertarían una vez llegáramos a Kalos…

–¡Mierda, llegamos demasiado tarde! –Me desperté sobresaltado; con la vista aún borrosa, noté que Clemont se movía de un lado al otro de la cabina, a la vez miraba su ordenador portátil, mientras era observado por mis otros dos compañeros.

–¿Qué sucedió? –Pregunté, a la vez que me levantaba del asiento en el que me había dormido. Entonces Clemont se detuvo al lado de la morena y el otro rubio, y me miró.

–El Team Rainbow Rocket… Ya comenzó su ataque en Lumiose. –Respondió el científico sin despegar la mirada de su dispositivo. Gladio e Iris se habían colocado detrás suyo, y ahora miraban lo mismo que él. Tomando en cuenta eso, la aeronave debía estar en piloto automático.

–La MOA acaba de llegar a Lumiose. –Comunicó Gladio, después de que su HoloCaster recibiera una notificación.

–El ataque comenzó hace diez minutos… La Torre Prisma fue la primera en caer. –Informó Clemont con cólera. –Así que ellos también llegaron tarde.

–Clemont… Nadie llegó tarde. Tomando en cuenta que no sabíamos cuando iban a atacar, hacerlo ahora es mejor que no haber hecho nada; así como sucedió con las demás regiones. –Argumentó Iris, pero Clemont decidió ignorarla. –Mira, sé que te molesta haber perdido tu gimnasio, pero recuerda que yo tampoco pude hacer nada para proteger Ciudad Castelia… Ahora los medios de Unova se la pasan criticándome por no haber hecho nada, y no puedo hacer nada respecto a eso porque, por más que lo odie, tienen razón… Ahora tienes la oportunidad de hacer algo, así que no te quedes aferrado a lo que perdiste y piensa en lo que puedes salvar. –Bajando la mirada, el científico asintió, apenado.

–Como sea… ¿A cuánto estamos de Lumiose? –Inquirí, ignorando lo que acaba de suceder; sentí que no me correspondía meterme.

–A menos de diez minutos a nuestra velocidad actual; cruzamos la frontera hace unos minutos. Estábamos por despertarte, cuando Clemont se dio cuenta de que Lumiose estaba bajo ataque. –Tras escuchar eso, me moví de regreso al asiento donde había estado durmiendo. Una vez ahí, tomé por instinto la Pokéball de Raichu; estaba listo para lo que fuera… Menos para lo que sucedió.

Aún estaba… meditando, si es que podría llamarse de esa forma, cuando la aeronave pasó por una muy fuerte turbulencia. Turbulencia que habría ignorado, de no ser porque fue acompañada de un sonido de explosión y una segunda turbulencia considerablemente más fuerte. Rápidamente me levanté y busqué con la mirada a mis compañeros. Gladio había ido junto con Clemont a la cabina de vuelo, e Iris se encontraba mirando a través de una de las ventanas que daban al ala izquierda.

–Iris, ¿que sucedió? –Cuestioné, acercándome a ella.

–Nos dieron… –Susurró ella; tan bajo que no pude entenderle.

–¿Cómo? –Volví a preguntar.

–¡Nos dieron, Giratina sea! ¡Tendremos que saltar en paracaídas, o moriremos! –Gritó ella, finalmente volteándose. Su piel morena estaba tan pálida que parecía muerta.

–Cálmate, Iris. –Demandé, colocando mis manos sobre sus hombros; la chica ahora estaba hiperventilando, claramente a falta de costumbre a situaciones como esa. Yo, por otro lado, tenía un poco más de experiencia. –Si saltamos en paracaídas estaremos expuestos a los ataques; lo mejor será usar nuestros Pokémon. Ella entonces respiró hondo y asintió…

La chica parecía estar recuperando la calma, cuando una explosión más ocurrió en el ala que ella antes estaba mirando; con eso, la aeronave comenzó a caer en picada. Debido al ángulo de caída, era especialmente difícil acceder a mis demás Pokéballs; además, yo había quedado en la parte posterior de la nave, justo al contrario de Iris, que había sido expulsada hacia la cabina. En donde antes habíamos estado, ahora había un enrome agujero, desde el cual se podía ver un cielo contaminado por el humo.

Debido a la explosión, yo estaba bastante aturdido y apenas era capaz de escuchar. Pude detectar que Iris me gritaba algo, siendo seguida por Gladio; al no entender, me limité a repetir que debían salir con sus Pokémon. Intentando luchar contra el mareo, me apoyé en una de las paredes de metal y volví a intentar sacar la Pokéball de Charizard, a su vez que devolvía la de Raichu. Pero otra explosión me lo impidió. Esta vez, el impacto causó que la aeronave se partiera en dos, enviándome a mí para un lado y a mis aliados para otro.

Al principio, la gravedad me empujó contra la placa de acero, pero tras un brusco cambio de dirección, me desprendí de lo que quedaba de la nave y comencé a caer en picada. Debido a la fuerza de los impactos, fui incapaz de seguir sosteniendo la Pokéball de Raichu… Inmediatamente comencé una torpe persecución por el objeto rojiblanco. Como efecto ante la presión del aire, la bola comenzó a perder altura de forma menos acelerada que yo, lo que causó que en pocos segundos me resultara imposible recuperarla.

"Me lleva Ditto"; pensé, desesperado. Estirando frenéticamente la mano, finalmente alcancé la zona de mi cinturón donde se hallaban las demás Pokéballs. Tomé la del dragón falso y la presioné, liberándolo. Charizard apareció en el aire, pero pronto el también comenzó a caer. La situación lo había tomado en tanta sorpresa como a mí. Estirando los brazos, le señalé la Pokéball de Raichu; éste lo comprendió en seguida.

Abriendo sus alas, Charizard frenó en seco, pero esto causó, debido a la velocidad que caíamos, que una de sus alas se doblara de manera poco natural. El Pokémon soltó un alarido de dolor, pero aun así se las arregló para planear hacia mí y permitirme montar su lomo. Temiendo la integridad de Charizard, me subí sobre él con el mayor cuidado posible. Él volvió a rugir, pero no de dolor… Usando toda la fuerza de su ala en buen estado, él se impulsó de forma en la que pude alcanzar la Pokéball de Raichu. Pero cuando estaba por recuperarla, una explosión de agua impactó en el pecho de mi dragón, provocando que volviéramos a precipitarnos hacia el suelo.

Instintivamente, hice todo lo posible para mirar de donde provino el ataque, y al hacerlo noté dos enormes Pokémon en el suelo, a varios cientos de metros más abajo. Ambos estaban sobre lo que parecían los resto de la Torre Prisma; uno era un gran Pokémon de agua que levitaba, su cuerpo estaba rodeando de nubes de tormenta. A su lado estaba un Pokémon rojo como el magma ardiente, que con su calor causaba que la luz calcinara todo a su paso. Ambos Pokémon, contrarios el uno del otro, estaban lado a lado, provocando que los dos climas chocaran en medio suyo; eran Groudon y Kyogre.

Para mi pesar, no tardé en percatarme que ambos estaban mirando en mi dirección. Groudon, dando un paso al frente, abrió su hocico de volcán y dejó salir un rayo de fuego que golpeó a Charizard. La explosión me lanzó hacia atrás, justo a tiempo para notar como la Pokéball de Raichu estaba cayendo a pocos metros por encima de mí. Desde esa posición también pude vislumbrar como de los restos de la cabina de la aeronave salían dos Pokémon. No pude identificarlos debido a la distancia, pero al menos ahora sabía que mis compañeros estaban bien; bien a medias, pues rápidamente fueron interceptados por otro grupo de Pokémon voladores.

Aún seguía cayendo, y por mucho que Charizard se esforzara por retomar el vuelo, eso no cambiaría. Los metros para impactar con la tierra se estaban acercando a números rojos, y estaba comenzando a temer por mi vida. Pero yo no podía morir ahí, debía cumplir mi promesa. Abriendo mis extremidades, me esforcé por detener la caída lo más que me fuera posible; y estaba dando resultado, hasta que Charizard volvió a ser golpeado por otro ataque de agua, proveniente de Kyogre. Estaba desesperado por hacer algo, pero la piedra llave estaba guardada junto a mi gorra en mi mochila; la cual se hallaba en la aeronave destruida…

El cuerpo de mi Pokémon fue lanzado contra mí, golpeándome en el abdomen con su cola y sacándome el aire… Por suerte, el golpe me impulsó hacia arriba, permitiéndome tomar la Pokéball de mi roedor. Oprimí el botón lo más rápido que pude, le grité a Raichu por ayuda y cerré los ojos… Segundos después me golpeé contra el suelo y todo se volvió negro. Pero no todo estaba perdido, pues un increíble dolor envolvió todo mi cuerpo, señal de que aún estaba vivo. Eso sí, sin duda me había quebrado un brazo y varias costillas.

Abrí los ojos para darme cuenta que mi cuerpo y el de Charizard estaban cubiertos de un aura magenta; Raichu estaba levitando sobre nosotros, y parecía muy cansado. No había duda, él nos salvó. El roedor se acercó a mí, y luego de que se lo agradeciera, le pedí ayuda para levantarme. Usando su poder psíquico, Raichu me permitió levantarme sin apoyar el brazo quebrado, que estaba colgando en una posición anormal. Para mi pesar, era mi brazo derecho.

Tomando la Pokéball de Raichu del suelo, la regresé al cinturón y tomé la de Charizard de nuevo, luego volteé hacia él. El pobre estaba completamente inconsciente. Estaba por regresarlo, cuando la tierra comenzó a temblar. Seguidamente, el aire se volvió increíblemente caliente y húmedo; era casi imposible respirar…

–Sorprendente, sobrevivió a la caída… ¿Quién lo diría? –Soportando el dolor, me giré en dirección a esa voz. Ahí, a pocos metros de mí, se encontraban los dos legendarios de Hoenn, y sobre ellos había dos personas, de quienes solo podía ver la silueta; aparentemente no estaban siendo afectados por el clima.

–¡Eso es porque esa estúpida lagartija tuya no pudo matarlos! –Respondió la otra persona; ambos eran hombres.

–¡No culpes a Groudon! ¿Qué no ves que era un Charizard? ¡Tú tenías la ventaja de tipo! –Ambos hombres se pusieron a discutir entre ellos, como si yo no estuviera, lo que causó que la ira ardiera en mi interior.

–Estúpidos, ¿acaso ustedes son más lacayos de Giovanni? –Pregunté, elevando la vos lo más que pude sin ceder al dolor de mi tórax. Al escucharme, ambos sujetos se callaron…

–¿Qué le pasa a este imbécil? ¿Acaso no se da cuenta la situación en la que está?

–Espera, Archie… Creo que lo he visto antes. ¿No es él aquel sujeto al que supuestamente Giovanni le enseñó una lección…? El padre de aquella niña…

–Tienes razón, Maxie, para variar… Parece que al final no la aprendió. ¿Qué dices? Nos hacemos cargo nosotros de que esta vez no olvide porque no se debe meter con el Team Rainbow Rocket. –El otro hombre no dijo nada, pero no hacía falta para que entendiera sus intenciones. ¡Y yo no moriría sin luchar!

–¡Raichu usa Atactrueno en Kyogre! –Usando mi mano sana, regresé a Charizard y saqué a Greninja. Éste ni siquiera necesitó escuchar mi indicación. Antes de que ambos miembros del Team Rainbow Rocket pudieran reaccionar, sus Pokémon legendarios fueron golpeados por ataques súper eficaces.

–¡Mierda, nos dejamos llevar por su estado! Igual eso no bastará para vencer a nuestros Pokémon… ¡Groudon, Filo del Abismo!

–¡A la mierda! ¡Kyogre, Pulso Primigenio!

Ambas bestias soportaron el daño causado por los ataques súper eficaces sin problemas, así que, sin ninguna demora, contraatacaron usando sus movimientos insignia. El rocío de agua que se encontraba en los alrededores, comenzó a condensarse cerca de la boca de Kyogre, formando una especie de rayo acuático. Incapaz de esquivarlo, Raichu fue lanzado contra un grupo de escombros a su espalda, quedando completamente enterrado en éste.

Elevando sus brazos, Groudon controló la forma de la tierra; los escombros comenzaron a temblar, y desde debajo empezaron a surgir gigantescas estacas de tierra. Greninja, previendo el ataque, comenzó a usar su agilidad para esquivar cada estalagmita que aparecía debajo suyo. Al principio no tuvo problema, pero conforme pasaba el tiempo, la cantidad de estacas de tierra iba en aumento. Tras dar un mal giro en el aire, la rana fue impactada por uno de los pulsos de agua de Kyogre, dejándolo a la merced de Groudon. Incapaz de esquivar, fue impactado en el abdomen por el Filo del Abismo. La filosa formación de tierra rebanó su piel, causando que la sangre surgiera a borbotones.

"¡Mierda!"; deseaba poder hacer algo, necesitaba poder ayudarlo, pero en mi estado estaba convencido de que no podría sincronizarme con él. Aún consciente de ello, cerré los ojos y me enfoqué en Greninja; pero nada pasó. Entonces un fuerte sonido provocó que volviera a abrir los ojos; al hacerlo, pude ver que Raichu había usado Cola de Hierro para evitar que la estalagmita dañara aún más el cuerpo de Greninja. Ver eso, me hizo agradecerle a Arceus por haberle enseñado a mis Pokémon a actuar por su cuenta.

–¿Greninja, puedes seguir? –La rana seguía en el suelo, cubierta por un charco de su propia sangre; eso me estaba preocupando. Para mi alivio, él comenzó a moverse, y usando sus brazos, se reincorporó. Raichu podría haberlo ayudado con su poder psíquico, de no ser por su segundo tipo…

–¿Seguir? ¿Es que no lo ves? No tienes oportunidad contra nosotros. –Escupió el entrenador del Groudon.

–Chico, de donde yo vengo, el mar se rindió ante mí… Yo soy su rey. –Comentó el otro, riendo con suficiencia.

–Y de donde yo vengo, la tierra aparece donde postro mis ojos… Yo soy su dios. –Por lo visto, ambos poseían un gigantesco ego.

–¿Tú, un dios? Y pensé que no podías ser capaz de decir más tonterías. En mi dimensión, el agua te impidió suplicar por mi perdón… Pero en tus ojos estaba claro que te arrepentías de haberte metido en mi camino.

–Pues en la mío viste todo el mar a tu alrededor desaparecer. El sol acabó hasta con tú última esperanza; la desesperación de morir de sed te volvió loco. Tu cadáver ha de estar en alguno de los desiertos de mi Hoenn…

–¡Greninja, Shuriken de Agua! ¡Raichu, Paz Mental y Atactrueno! –Mientras ambos villanos, provenientes de dimensiones ajenas, discutían, yo aproveché para comprobar el estado de Greninja; tenía una herida profunda, pero aún era capaz de luchar… Aun así, para evitar comprometer aún más su salud, sabía que lo mejor sería terminar todo lo más rápido posible; aunque no pudiéramos sincronizarnos.

Dado que, como sus entrenadores, los dos legendarios también parecían tener una seria riña, los dos ataques volvieron a tomarlos completamente por sorpresa. Me sentía con el deber de agradecer el pésimo trabajo en equipo entre ambos líderes del Team Rainbow Rocket, pues, de no ser por eso, es posible que ya hubiera muerto junto con mis Pokémon.

Raichu cerró sus ojos y se rodeó de un aura celeste, aumentando así ambas estadísticas especiales. Greninja, mucho más lento que antes debido a su herida, se colocó frente a Groudon y lanzó múltiples Shuriken de Agua. Para mi sorpresa, todos los impactos lo dañaron muchísimo más que antes; al prestar más atención, me di cuenta que era debido a que los efectos de su habilidad, Sequía, estaban acabando. El clima estaba volviendo a la normalidad, y eso afectaba enormemente a ambos legendarios. Por su parte, el Atactrueno de Raichu, con su ataque especial aumentado, golpeó con gran fuerza a Kyogre. Ambos legendarios rugieron de dolor…

–¡Mierda, esto es lo que me pasa por andar discutiendo contigo! –Gruñó el entrenador del Groudon.

–¡A mí no me culpes! No es mi culpa que tu Groudon sea un debilucho y no aguante unos cuantos ataques de agua… –Pero antes de que el entrenador de Kyogre pudiera seguir burlándose, su compañero lo interrumpió.

–¡Lo había olvidado! A diferencia de los efectos de Mar del Albor y Tierra del Ocaso, los efectos de Sequía y Llovizna son temporales… –Razonó éste, mirando a su Groudon.

–¿Crees que deberíamos probar con los orbes? –Preguntó su compañero.

–No va a servir de nada… Recuerda lo que dijo Cyrus. Todo lo que venga de nuestra dimensión resonará con una energía distinta a la de este planeta. Los orbes son energía pura, será inútil si…

–¡Dejen de subestimarme! ¡Raichu, usa Atactrueno una vez más! ¡Igual tú Greninja, repite el uso de Shuriken de Agua! –Viendo que ambos entrenadores no tomaban en serio mi presencia, decidí aprovechar su falta de atención al combate una vez más. Al menos ahora mis Pokémon estaban un poco más descansados. Pero antes de que ambos atacaran…

–¡No lo creo, chico! ¡Kyogre, aprovecha mientras aún dura el clima lluvioso, usa Trueno!

–Groudon, usa Puño Fuego…

El enorme ser creador de los continentes imbuyó su puño en llamas, y usando sus garras como navajas, golpeó la tierra cercana a Raichu. Fragmentos de concreto y roca salieron despedidos contra mi roedor, que nada pudo hacer para esquivarlos; tras ello, fue golpeado por las llamas. Greninja intentó esquivar el Trueno, pero fue inútil, pues Kyogre aún tenía varias nubes de tormenta encima suyo. Como un misil teledirigido, el torrente de electricidad bajó del cielo y golpeó su cuerpo con una fuerza sin igual… Inmediatamente lo regresé a su Pokéball, incluso antes de que cayera al suelo, temiendo seriamente por su salud. Ver eso causó la risa del entrenador de Kyogre.

Sintiéndome como la mierda, con el abdomen y el brazo derecho matándome, y con los pies entumecidos, me arrastré de apoco hasta donde había estado Raichu. Estaba empezando a preocuparme, cuando noté un brillo entre los escombros. Poco después Raichu salió de ahí, bastante dañado, pero capaz de seguir luchando. Miré hacia los legendarios, y vi que sus entrenadores una vez más volvían a discutir. Sabía que otro ataque sorpresivo sería inútil, así que necesitaba pensar en un plan mejor… Llevé mi mano útil a mi cinturón, donde la posé sobre la Pokéball de Sceptile; lo mejor sería mantener la ventaja de tipos.

Pero antes de que la tomara, múltiples estrellas de energía golpearon a los dos legendarios, obligándolos a retroceder. Al buscar por su fuente, vi como un imponente Mega-Manectric se posaba frente a los poderosos legendarios de Hoenn. A su lado había un chico que no tardé en reconocer; el amigo de Serena, Calem. Al notar que lo estaba mirando, Calem comenzó a caminar hacia mí. Intenté hacer lo mismo, pero, debido al dolor, perdí el equilibrio y caí. Justo antes de golpearme contra el suelo, Calem llegó para sostenerme. Con su ayuda volví a levantarme; al ver sus ojos, noté la seriedad de un entrenador furibundo y determinado.

–Me alegra haber logrado llegar antes de que fuera demasiado tarde… Parece que necesitas una mano. –Sin necesidad de decir nada, regresé a Raichu a su Pokéball y lo reemplacé por Sceptile; hecho eso, asentí y miré hacia nuestros enemigos, los cuales claramente ya no iban a perder tiempo en estúpidas discusiones. Era momento de vencer a tierra y mar.

Nota de Autor: Como siempre, quiero agradecer a todo el que haya llegado hasta acá. Además, quiero comentar que, todo comentario o critica, suelo tomarlo en cuenta… Y lo que me hizo escribir esta nota; nada más quiero aclarar que estaré dos semanas ausente, no es por nada del brazo, por dicha eso ya está en el pasado. No, es solo que saldré de viaje fuera de mi país, y entre que no llevo mi laptop, y que no me gusta escribir en mi celular, decidí que mejor no escribo del todo. Y la verdad es que tampoco creo que vaya a sacar tiempo para hacerlo, así que nos vemos en dos semanas. ¡Gracias por leer y apoyar!

PRÓXIMO CAPÍTULO: Todo sea por una Dimensión más Bella.