Hola chicas! otra vez por aqui... siento tardarme tanto pero es que ando bien ocupada... espero que valga la pena el cap...besos a todas... (y todos si hay varones)...
Besos enormes a mis hermanas... las extraño...
Disclaimer: Nada es mío, todo pertenece a JK, la WB... y demás gente, aunque algunos personajes y situaciones le pertenecen a su humilde servidora...
Vivan los Sly!
Enjoy!
PÉRDIDAS Y GANANCIAS
El eco de la sibilante voz aun rebotaba contra las paredes del Gran Comedor, estremeciendo las pieles de todo aquel que estuviera concentrado allí. Todos se miraban entre si sin saber que hacer o decir, temblando de terror e incertidumbre. De improviso, una chillona e irritante voz cruzo el ambiente, sentenciando su proceder.
-¡Ahí esta! ¡Entréguenlo!-
Pansy se había puesto de pie, gritando enloquecida que entregaran a Harry, señalándolo con uno de sus pálidos y romos dedos. Altair sintió la sangre hervirle ante sus palabras, y antes de que cualquiera dijera nada, se puso de pie y de un bofetón la hizo sentarse nuevamente.
-¡Cállate estúpida! ¡Nadie aquí va a entregar a Harry!-siseo con furia- ¡Sobre mi cadáver!-dijo, mirando con rabia a todos los Slytherin a su alrededor, quienes se encogieron en sus lugares ante la mirada de odio de su Princesa.
-Señorita Parkinson, le sugiero que mida sus palabras-dijo Mcgonagall, mirándola con desaprobación, para cambiar por una mirada de simpatía hacia Altair- los demás-dijo, pasando la mirada sobre todos los alumnos ahí reunidos- si no quieren pelear en la batalla, les sugiero que se vayan antes de que comience la lucha-
Pansy y Altair se midieron con la mirada, luchando con sus ojos por el dominio de su casa, perdiendo la primera estrepitosamente. Con los ojos bajos, se acerco a su compañera, habiendo ya tomado su decisión.
-Altair… lo siento, pero no podemos luchar contra nuestros padres…-
-Entiendo, y no podría pedirte eso, pero no me pidas que apruebe tus ideas-
Pansy asintió sin más, clavando sus ojos en los de Daphne, quien asintió a su vez, tomando la mano de su hermana Astoria. Caminaron algunos pasos, esperando a los demás Slytherin, mientras la mayoría caminaba hacia ellas, dejando claro que eran hijos de mortífagos.
-Entiendo… y no se los reprocho, yo tampoco lucharía en contra de mis propios padres, vayan en paz- dijo Altair.
Los alumnos de la casa de la Serpiente caminaron hacia la salida, siguiendo a las dos chicas. Daphne se detuvo antes de salir, al darse cuenta de que Theodore no los seguiría.
-¿Theodore?-
Theodore se puso de pie, caminando hasta colocarse a un costado de Altair, tomando su mano entre la suya, dándole un afectuoso apretón. Se dirigió a Pansy, mientras miraba fijamente a Daphne, mandándole también a ella el mensaje.
-Lo siento, pero mi lugar es aquí, junto a mi familia-
Daphne abrió los ojos como platos, clavando su mirada en el tenuemente redondeado vientre de la chica, disimulado por la amplia túnica, para después observar fijamente los ojos grises de esta. Altair le sostuvo la mirada, mientras evitaba a toda costa el ruborizarse. Levanto la barbilla desafiante, mientras inconscientemente colocaba su mano derecha sobre su vientre.
Pansy rodo los ojos, mientras tomaba a una perturbada Daphne de la mano y la obligaba a avanzar detrás de los demás integrantes de su casa. Se detuvo cuando advirtió que Millicent tampoco avanzaba junto a ellos.
-¿Millie?-
-Lo siento Pansy-dijo, encogiéndose de hombros.
Pansy la observo durante algunos segundos, percatándose por primera vez del chico rubio con la túnica de Ravenclaw que envolvía a la Slytherin entre sus brazos. Y a su lado, Tracey Davis se erguía inmutable, parada junto a su hermano Roger. La pelinegra comprendió finalmente donde estaban sus lealtades, y con una leve reverencia, camino hacia la salida, perdiéndose en los intrincados y laberinticos pasillos de las mazmorras.
-¿Estas seguro?-dijo Altair, dándole la oportunidad de salvarse, mientras mordisqueaba su labio inferior en completa ansiedad.
Theodore la observo durante algunos segundos. Sonrió divertido por su reacción, y tomándola de las mejillas con ambas manos, deposito un beso sobre su castigado labio.
-¿Estas loca? Nunca he estado mas seguro de algo en mi vida, jamás, JAMAS los dejaría, daré mi vida si es necesario por ustedes-dijo contra sus labios devorándolos con fruición.
Se separaron ante los silbidos de los demás alumnos, quienes los observaban risueños, en medio de aplausos. Altair sintió las mejillas enrojecerse, pero les sonrió feliz. La profesora Mcgonagall los observo suprimiendo apenas una sonrisa. Ella no se fiaba aun por completo del chico Nott, pero que se quedara junto a Altair para protegerla a ella y a su hijo le confirmaba que verdaderamente estaba enamorado de la chica.
Después de un momento, la mujer llamo al orden, comenzando el discurso que llevaba preparado para ese momento. Altair desconecto su cerebro durante algunos segundos, mientras trataba de concentrar toda la magia posible sobre su vientre, a fin de proteger a su pequeño.
Se miro atentamente las manos sobre el regazo, escondiéndolas de la vista de Theodore, pues le temblaban tanto que no creía poder sostener su varita adecuadamente, es mas, pensaba que ni siquiera podría conjurarla.
Alzo la vista encontrándose con la penetrante mirada marrón de la Weasley menor, quien la observaba con atención del otro lado del salón, buscando la veracidad del rumor que ahora ya circulaba entre los miembros de las demás casas, que Altair estaba embarazada, sintiéndose nuevamente afrentada por aquella que conseguía todo lo que ella quería para si.
De improviso, todos se pusieron de pie, mientras la observaban con fijeza, decenas de pares de ojos clavados sobre ella, esperando la señal para actuar. Altair observo con confusión a Theodore, pero una mirada a Mcgonagall le indico que ya esperaban su respuesta.
Se levanto de su lugar, caminando hacia el atril del director, parándose junto a la profesora y Harry, quien le miraba fijamente, paseando la mirada sobre cada uno de los ahí reunidos, bebiéndose el temor, el ansia, la angustia, el valor y la determinación de cada uno de ellos, inundándose de todo ello para dejar salir las palabras precisas que les infundaran el animo de continuar.
Sabia lo que tenia que hacer, así que cerrando los ojos, se concentro en mandar una vez mas toda la magia que pudiera hacia su pequeño, para después, con una elegante floritura de su mano derecha, y después de un ligero flashazo que arranco exclamaciones de asombro a mas de uno, conjurar su varita, empuñando el mango de plata con fuerza, para decir a continuación.
Sonrió imperceptiblemente a Harry, mientras este le daba un afectuoso apretón de manos.
-Es hora-dijeron ambos a coro.
Altair camino hacia la salida, lista para la batalla. Se detuvo cuando escucho a Harry pronunciar su nombre, pero apenas había dado la media vuelta, un resplandor rojizo impacto en su pecho y la mando directo a los brazos de su esposo.
-Expelliarmus-
La varita se deslizo de entre sus dedos, cayendo al suelo con un ruido seco, rodando hasta los pies del Chico-que-vivió. Y lo último que noto Altair Nott antes de caer inconsciente, fue el destello culpable en los ojos de su mejor amiga, la sonrisa afectada de Harry Potter, y el tristísimo canto de un ave Fénix...
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El fuego creció en enormes llamaradas, comenzando a devorar todo a su paso. Los gritos de dolor de Gregory Goyle fueron convirtiéndose en auténticos alaridos, mientras cada uno de los presentes sentía erizarse cada vello del cuerpo. Draco sintió como su corazón se rompía en pedazos de la pena, su amigo consumiéndose en la distancia como una tea humana. Vincent había caído entre sus brazos, inconsciente y asfixiado por el intenso calor y los vapores que despedían las cientos de cosas que ya habían comenzado a consumirse a su alrededor. Draco percibió la humedad en sus mejillas, dándose cuenta que sin querer había comenzado a llorar.
Grito una y otra vez por ayuda, grito una y otra vez el nombre de la mujer que amaba, y cuando estaba a punto de rendirse al horror de morir calcinado bajo el fuego maldito, la figura desgarbada de Potter le devolvió el alma al cuerpo. Su corazón se paralizo durante unos angustiosos segundos, cuando su mano sudorosa se resbalo por el peso extra de cargar a Crabbe, pero cuando el Gryffindor dio la vuelta, y lo sujeto nuevamente, cuando observó a Weasley y Granger llevar el pesado cuerpo de su amigo a la salida, la sangre que se había congelado en sus venas fluyo rápidamente.
No se inmuto cuando cayo estrepitosamente al suelo, ni cuando el enorme corpachón de Crabbe cayo sobre el, ni siquiera cuando, después de algunos balbuceos, Weasley le incrusto su puño en el pómulo derecho. Lo único de lo que fue consciente era que una vez mas, la vida le daba una oportunidad, y debía aprovecharla.
Se paro lentamente, arrastrando con dificultad el enorme cuerpo de Crabbe, hasta dejarlo lo mas seguro que pudo dentro de un armario. Después, con un suspiro, corrió hacia la salida, tratando de buscar con desesperación a sus padres, pero pendiente de buscar por el camino el brillo azulado de unos cabellos oscuros…
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Se despertó con un fuerte dolor de cabeza, una pesadez en el cuerpo y un horrible sabor amargo en la boca. Estuvo durante algunos segundos con los ojos cerrados, dejando a su cuerpo despertarse lentamente, hasta que su mente le trajo los últimos recuerdos. Abrió los ojos enfurecida, clavándolos en los pálidos de Clarisse, quien dio un salto hacia atrás, asustada por la mirada rabiosa que su amiga le lanzaba.
A su lado, Luna la observaba curiosa y sonriente, contenta de que hubiera despertado finalmente. Ni siquiera se inmuto en cuanto la chica comenzó a lanzar maldiciones a diestra y siniestra, mientras veía divertida como la rubia a su lado temblaba levemente.
-¡¿Dónde esta mi varita?-Rugió Altair.
La localizo sobre la mesita a un costado de su cama, trato de convocarla y cuando esta aterrizo en su mano, la marcada diferencia en su magia le hizo estremecer.
-¡Ese idiota de Potter!-gritó.
Harry la había desarmado, y ahora la varita ya no quería obedecerle. La apretó entre sus dedos, tan fuerte, que hizo crujir la madera. "Una contrariedad mas", pensó. Se coloco la túnica con rapidez mientras caminaba hacia la salida, deteniéndose ante la llamada de Luna.
-¿Altair, y ahora que?-
-Ahora… ahora vamos a la guerra-
-Ya era hora-contesto la rubia, caminando hacia ella.
Clarisse pensó que de salir de esta, jamás volvería a permitir que la envolvieran en sus aventuras. No, después de eso, lo más peligroso que haría seria decidir el menú para la cena.
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Les había hablado de su plan hacia unos minutos, y si bien Clarisse no estaba muy de acuerdo, no le había quedado de otra más que seguirla, no fuera que hiciera una de sus estupideces acostumbradas. Se suponía que Luna era la inteligente de las tres, pero era quien la seguía con más ímpetu. Saltó, esquivando los escombros que se encontraban esparcidos por todo el pasillo, mientras que de la pequeña bolsa colgada en su cuello les llegaban los sonidos de cristales chocando. Se detuvo cuando la mirada de Altair se cruzo con la suya.
-No pasa nada, no se romperán-dijo no muy convencida.
Había sido una verdadera misión de búsqueda y recolección la que las había llevado a las mazmorras, haciéndoles violar los complicados hechizos de cerradura del armario de pociones del Profesor Snape, quien no creía que fuera a estar muy contento cuando descubriera que habían robado varias de su preciadas pociones curativas y regeneradoras, pero sobre todo, todo el díctamo que habían encontrado, y una poción tornasolada que solamente Altair había sabido para que la quería, pues ni siquiera les había permitido ver la etiqueta. Ahora, como viles ladronas corrían hacia la salida, esquivando hechizos y escombros, resueltas a llegar hasta donde se encontraba la Orden del Fénix en pleno, buscando a sus respectivos hombres.
En la carrera se encontraron con un montón de escombros de los que sobresalía una cabellera rojiza en particular. La garganta se les había cerrado cuando lo notaron, pero al darle la vuelta al cuerpo, habían visto el rostro rígido y pálido de Percy Weasley. Luna había soltado una exclamación, y ella y Altair solamente se habían mirado un segundo a los ojos, mientras abrazaban a la Ravenclaw y la alejaban del lugar. Antes de irse, Clarisse tuvo la suficiente compasión de sacar el cuerpo y depositarlo a salvo dentro de un armario, preservándolo con un hechizo.
Luego, habían corrido con todas sus fuerzas hacia la entrada del Gran Comedor, topándose con la Profesora Trelawney, quien utilizaba sus bolas mágicas como artillería contra algunos mortífagos. Altair alzó la varita, enviando un hechizo hacia uno en particular, quien había intentado lanzarle una imperdonable a la extraña profesora, quien le agradeció con una de sus particulares sonrisas. Clarisse y Luna se encargaron de los demás, desarmándolos y amarrándolos para que no pudieran seguir combatiendo. Apenas habían dado la media vuelta para continuar con su camino, cuando la voz de su profesora la hizo detenerse.
-Señorita Black… creo que lo que busca esta en la casa de los gritos…-
Altair asintió agradecida, mientras cogía a ambas de las manos y las instaba a correr hacia la salida, con el corazón en un puño, pero sabiendo que no tenía otra alternativa si quería salir con vida, ahora que tenía un par de poderosas razones para hacerlo…
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Altair ahogó un gemido de terror cuando observó el maltrecho cuerpo de Severus Snape. Con lentitud y extrema ternura deslizó sus dedos por su muñeca derecha, buscando el pulso. Las lágrimas saltaron a sus ojos cuando no lo encontró. Sintió las arcadas subir hacia su garganta, mientras el zumbido en sus oídos le impedía escuchar los sollozos a su alrededor. Habían visto salir a Harry, Hermione y Ron hacia unos cuantos segundos, y cuando entraron para ver que era lo que ellos habían visto, se habían encontrado con la terrorífica imagen frente a ellas.
Aspiro tratando de calmarse. Necesitaba estar entera para poder llevar a cabo lo que pensaba hacer. Sabia que Severus Snape era el único que podría ayudarla a salir con bien una vez que llevara a cabo su parte del plan, y aunque no viviera para contarlo, sabia que seria el único que evitaría que su hijo muriese con ella.
-¡Cállense!-silencio a las dos mujeres que berreaban a su lado.
Tomo con dificultad el maltrecho cuerpo que yacía semi sentado, extendiéndolo en el suelo cuan largo era. Desabotono la oscura túnica, cubierta por sangre coagulada, mientras las terribles heridas iban apareciendo, al mismo tiempo que las lágrimas. El cuerpo que yacía frente a si estaba destrozado, y a pesar de su lamentable estado, por un momento un pensamiento fugaz cruzó su atribulada mente: Severus Snape era un hombre hermoso, aunque nadie hubiera creído semejante cosa.
Alargo su mano hacia Clarisse, pidiendo la bolsa con las pociones, tomando entre sus manos con delicadeza la esencia de Díctamo, sin sorprenderse al ver que su amiga estaba más preparada de lo que había pensado. Comenzó a verterla lentamente en las heridas, pero eran tantas, que el cuerpo se terminaría desangrando antes de que terminara. Le dirigió una mirada a Luna, quien le había detenido la mano, arrebatándole el vial y continuando con su tarea, dándole oportunidad para que ella siguiera con otra cosa. Las lágrimas arreciaron sobre su pálido rostro cuando depositó su pequeña mano sobre el pecho inerte del hombre, sintiéndolo aún cálido al tacto. Su cerebro se iluminó ante una súbita idea.
-Fawkes…-susurró.
Segundos después, el rojizo fénix acudió a su llamado, atravesando el espacio envuelto en una llamarada, posándose sobre su hombro, acariciando con las plumas del propio el pálido y mojado semblante de su ahora dueña.
-Por favor…-suplicó la chica.
Y entonces comenzó a llorar. Lentamente fue cubriendo con sus lágrimas las heridas del maltrecho cuerpo, mientras Clarisse lanzaba hechizos de choque eléctrico, y Altair soplaba el aire de vida sobre la boca abierta de su profesor de pociones. Después de algunos minutos, cuando ya no podían hacer más, y ante la verdad de la pérdida, el llanto arreció en las tres jovencitas, mientras una de ellas veía perdida la esperanza por completo.
Se abrazaron entre ellas, sintiéndose profundamente conmovidas. Y cuando estaban a punto de recoger el cuerpo para llevarlo a un mejor lugar, el sonido del hálito de vida entrando y saliendo del cuerpo en forma de una tos seca, las hizo saltar asustadas.
Severus Snape abrió sus ojos efímeramente, asustándolas completamente al sonreírles fugazmente, antes de caer inconsciente.
Entonces Altair Black de Nott supo que ya no tendría porque tener miedo de morir, porque finalmente, lo que más le importaba en el mundo se salvaría.
Y entre lágrimas, sonrió.
Bueno, espero no me maten, pero personalmente, Severus Snape es quien mas merece estar vivo...
Gracias mil por leer...
