Los personajes de Yuri on Ice no me pertenece.

Gracias por su apoyo, por sus comentarios, votos y vistas. Me alegra mucho que les esté gustando y espero seguir manteniendo el interés en esta historia que para mí es especial.

Les invito igual a ser parte del grupo de lectores, está en mi perfil de está página el link del facebook.


Capítulo 41: El camino que he decidido

Víctor observó en silencio la interpretación de Yuri, con los brazos cruzados y la mirada helada. La estudió conforme la iba ejecutando, buscando entrever las sensaciones que Yuri quería transmitir, si es que había alguna. Se sorprendió con el resultado.

Mientras Víctor fruncía su ceño y se mantenía inmutable, Mila se había inclinado en la varanda y tenía sus labios tapados por las manos enguantadas. Georgi no pudo tampoco quitarle la mirada de encima, comprendiendo que lo que estaba viendo difería mucho de cualquiera de las presentaciones que Yuri hubiera hecho en ese último año. Era un programa distinto, renovado, diciente… un programa hermoso cuyos detalles no le quitaban su fuerza. Un programa ganador, lo supo sin dudarlo, uno digno de Víctor Nikiforov, uno que solo alguien como Yuri Plisetsky podría perfeccionar.

¿Pero porqué en la primera parte, Yuri se alejaba? Aquello fue una pregunta recurrente en Víctor, quien observaba la manera en que algunos pasos fueron reinterpretados. La primera parte debería ser referente a su abuelo; era una búsqueda con la constante necesidad de tenerlo cerca y eso se reflejaba en los movimientos, donde con sus brazos intentaba mantener algo abrazado y pegado a su pecho. Yuri ahora lo que hacía era huir, correr, querer esconderse. Había algo de desprecio y algo de dolor en los pasos y sus expresiones. Había una necesidad de estar solo.

Con los labios apretados, comprendió que en ese momento Yuri no estaba hablando de su abuelo y cuando empezó la segunda parte, fue aún peor. Cuando había creado el programa, había interpretado que esa gasolina en el cuerpo que mencionaba la canción era perfecta para ser el momento en que Yuri debía huir, como si huyera del peligro. Era en esa parte donde Yuri debía mostrarse reacio, escapar por su vida y por mantener ese fuego que aún estaba gobernando en su vida. Por el contrario, Yuri ahora al enfocar la imagen en Yuuri, la perseguía y verlo en el patinaje fue como un golpe en su estómago. Más al perfectamente notar no solo los cambios de los pasos, sino lo que Yuri estaba buscando con eso.

Quería patinar con Yuuri. Aunque no lo dijera, Víctor había leído perfectamente eso en su programa. Estaba patinando como si hubiera alguien más en la pista y tuvo la mala idea de imaginarlo. De imaginar a Yuuri convertido en un fuego azul, vestido seguramente con un traje brillante, ajustado, que resaltara lo mejor de su cuerpo mientras se movía como las llamas de una lámpara de aceite. Pero Yuri no llegaba a tocarlo, no podía. Víctor entendió su impotencia junto a la frustración y retuvo el aire, como si quemara. En algún punto la flama desaparecía y dejaba a Yuri en sus cenizas, en la oscuridad, hasta que la última parte de la canción sonaba y Yuri tenía que volver a crear su propio fuego.

Yuri había cambiado todo el programa, pero era el que sentía que debía tener. Con eso, Víctor podría trabajar para perfeccionar los pasos y la coreografía de acuerdo al mensaje que quería dar. Sin embargo, ya lo principal estaba: Yuri había logrado transmitir en el programa y el mensaje llegó claramente a Víctor. El problema que ahora Víctor veía era si tendría suficiente estómago para ver a Yuri interpretar una y otra vez un programa donde su deseo y necesidad por Yuuri fuera tan palpable, que incluso él podía tocarla en el aire.

Salió de sus pensamientos cuando los aplausos de Mila llenaron el lugar. Miró de reojo la expresión de la chica, conmovida, y luego a Georgi quien había decidido también aplaudir. Separó los brazos de su cuerpo y se animó a aplaudir, más lo hizo con bastante resistencia. Georgi sí notó lo difícil que había sido para Víctor sentirse contagiado de la misma felicidad de ellos dos.

—¡Yuri, eso fue precioso! —Alabó Mila, cuando Yuri se acercó a la salida de la pista con la mirada fija en Víctor.

—En verdad ha sido una interpretación muy profunda. ¡No podía quitarte la mirada en toda la presentación!

Georgi elogió y Yuri asintió, tomando el paño que le ofrecía para secar sus rastros de sudor. Miró de reojo a Louis, quien estaba sentado en las gradas con seriedad. Sí, desde el impasse que habían tenido una semana atrás el chico no dejaba de expresar abiertamente su molestia hacia él.

—Pero hay pasos diferentes. ¿Cambiaron la presentación? —preguntó Mila, y miró a Yuri y a Víctor al tiempo, sin saber en los términos que ellos se encontraban.

Yuri apretó sus labios, consciente de que sí, había cambiado por completo el programa que Víctor había hecho y sin avisarle, pero esperaba que entendiera que era eso lo que podría expresar y que se lo permitiera. Que no tomara aquello como una ofensa. Los labios de Víctor no decían nada, seguían cerrados como una tumba.

—Sí, cambié algunas cosas.

—Me di cuenta. —Victor por fin habló. Por el tono, Mila comprendió que se estaba perdiendo de algo—. Pero está bien. El programa debe decir lo que quieres decir.

—Me pediste que te mostrara mi interpretación. Es esta…

—Sí… —Soltó con un suspiro—. Lo ví.

—¿Te molesta…? —Víctor se movió, se quitó el abrigo de encima y removió algunas cosas de su bolso.

—¿Importa? —dijo sin mirarlo. Arrastró su morral y lo cargó a su hombro, sin voltear—. Voy a cambiarme. Descansa por el momento, hay cosas que debemos afinar de tu programa.

No dijo nada y Yuri tampoco comentó más. Lo dejó partir hacía el vestidor, mientras la mirada de Mila era bastante elocuente al preguntar qué estaba pasando y qué era esa extraña manera de tratarse. Georgi vio necesario ir tras Víctor, al notar la cortante atmósfera que los estaba rodeando. Admiraba el esfuerzo que Víctor estaba haciendo para cumplir con su compromiso y sabía que cuando Yakov se había enterado de la noticia, había suspirado aliviado. Sin embargo, no podía dejar escapar el cómo se sentía Víctor y no pretendía dejarlo solo, como fue el error de todos años atrás.

Víctor estaba en la banca, sin camisa, aunque visiblemente afectado. Su mirada estaba apagada e ida, sus hombros decaídos y había la sensación de estar cargando una bóveda tras su espalda. Georgi no pudo evitar morder su labio al no saber de qué modo acercarse, porque Víctor seguía siendo un desconocido para él y para todos.

Al sentir que no estaba solo, Víctor comenzó a cambiarse, en silencio. Lo hizo con la prontitud que podía expresar en ese momento que todo lo que quería era no estar allí.

—No tienes que obligarte, al menos no hoy. Si crees que necesitas un respiro, tómalo y regresas mañana.

—Esto no es algo que voy a enfrentar estando en casa, Georgi. —Soltó Víctor, mientras se ponía la camiseta de entrenamiento. Georgi pudo notar que aunque fuera de forma imperceptible, de nuevo había bajado de peso. No se veía reluciente como un par de semanas atrás.

Pero tenía razón, Víctor la tenía. Lo que estaba sintiendo por Yuri no lo iba a corregir estando encerrado en cuarentena. Tenía que enfrentarlo, tenía que saborearlo, sentirlo, dejar que doliera hasta que dejara de doler. Como un virus, debía dejar que la fiebre llegará y que su cuerpo soltara las defensas para contrarrestar la infección.

Era la representación más clara, porque Víctor se sentía enfermo. Se sentía enfermo de emociones, de pensamientos, enfermo de Yuuri, enfermo por Yuri.

Georgi se acercó, al verlo detenido con la mirada en el casillero. Víctor levantó la mirada y soltó un suspiro, imitando una sonrisa que no se sintió real para ninguno de ellos.

—De nuevo, si necesitas hablar, puedes contar conmigo. Podemos tomarnos una noche, ir a un bar…

—No sé si quiero hablar. —Soltó el aire—. Solo quiero que deje de doler.

—A veces hablar es lo único que calma el dolor.

—A veces…

Víctor arrastró de nuevo su morral, para colgarlo en su hombro. Dejó un suave apretón en el hombro de Georgi, como si agradeciera su apoyo, aunque no se sentía lo suficiente claro para soltar todo lo que venía acumulando. Era irónico sentirse agujereado cuando estaba lleno de cosas. Se dirigió a la pista donde se sentó para calzar sus emblemáticos patines y entrar al hielo.

En ese momento, Víctor sentía aún el agujero en su pecho, como cuando Yuuri le dijo en aquella noche en el hotel de Barcelona que todo terminaba. Pero el vacío se había alargado por mucho tiempo ya y no sabía qué hacer con él. Él mismo estaba consciente que la razón es que no había ninguna resolución: lo de Yuri no había nada qué hacer para cambiarlo, con Yuuri mismo aún no era posible arreglar o aclarar nada. Pero estaba allí, como un pendiente y debía hacer algo para dejar de pensarlo. Llenar ese agujero de otras cosas, o cubrirlo, o cerrarlo o ignorarlo. Pero algo.

El patinaje ayudaría. Debía enfocarse en su papel de entrenador, dejar de ver a Yuri como la persona que había significado en su vida para verlo como el alumno que dependía de él. Dejar de ver todo lo que ocurría como el camino para volver a ver a Yuuri y pensar en lo que él mismo quería alcanzar. Volver a ser el competidor que había sido. Anhelar el oro como nada en el mundo.

Para ello, había hecho ya arreglos en su casa. Había creado una nueva consola para sus medallas y ya la había puesto en su sala, donde se había tomado el tiempo de rememorar cada una de ellas. Recordó la sensación que había sentido cuando las ganó, su propia satisfacción, la felicidad que le embargó con cada una de ellas.

Todo había obedecido a una sola motivación, algo que Chris le dijo en medio de sus tantas conversaciones: Víctor había sido el ganador y debía recordarlo. Recordar su valía, recordar lo que logró, recordar que al igual que la gente no lo olvidaba y la prensa lo adoraba, él había ganado todo eso con sufrimiento, esfuerzo y sacrificio. Que él pagó un precio.

Recordar quién había sido, abrazarlo… Víctor no pensó que se tratara de algo tan doloroso y difícil de afrontar. Él no quería volver a llegar a ser ese que bañado en oro estaba en soledad. El ejercicio resultó demasiado hiriente, porque entendió que no, no quería volver a ser ese. Con Yuuri había vivido algo que quería recuperar, aunque no supiera si sería con él o con otro. Solo quería vivirlo otra vez.

Cuando sus pies se posaron en la pista y se deslizó con suavidad en ella, pudo sentirlo un poco más. Había mal enfocado sus esfuerzos en las últimas semanas y era evidente eso por como le había afectado lo de Yuri. Había enfocado sus esfuerzos en recuperar a Yuuri, en encontrarlo. Ahora sabía que sus esfuerzos debían estar enfocados en él, solo en él. En sentirse bien él, en curarse él, en poder verse en el espejo y sentirse pleno con lo que ve. En salvarse él.

Para eso, debía aceptar los sentimientos de Yuri y su imposibilidad de hacer algo al respecto. Debía aceptar la decisión de Yuuri y la oportunidad que él tenía de hacer lo mismo que aquel. Disfrutar esa temporada, sentirse vivo, ganar el oro a Rusia como se lo había prometido a Yakov. Perdonarlos a ellos, perdonarse él, y aprender a vivir con cada una de las decisiones tomadas en el pasado y las que estaban por tomar.

—Ven Yuri. —Lo llamó, cruzando sus brazos en la pista mientras esperaba que Yuri obedeciera. No tardó en hacerlo, y cuando estuvieron enfrentados, Víctor notó que no era el único que se sentía anómalo y enfermo. Que Yuri también lo sentía, pero allí estaba, tal como él demasiado necios para retroceder y aprendiendo a cargar con sus propias consecuencias—. Hay algunos detalles que afinar del programa, pero en general está muy bien ejecutado. No sólo nos enfocaremos en los saltos, sino en los movimientos y pasos. Necesitamos que sean limpios, aunque estés expresando todo eso que quieres expresar. La pasión no debe nublarla, debe seguir viéndose impecable.

—Entendido.

—Pero antes… —Se adelantó y colgó su brazo en el hombro de Yuri, enganchando contra él sin que el otro se lo esperaba. Yuri enrojeció, su mueca fue una combinación entre sorpresa, incomodidad e indecisión—. ¡Sonríe a la cámara!

—¡Qué demo…! —Yuri miró hacía la cámara del móvil y no pudo evitar el bochorno que sentía y la confusión que le generaba todo aquello. Hizo un amago de sonrisa y Víctor sonrió con algo de petulancia, antes de que se separara y lo dejará más perdido que antes—. ¡Que demonios, Víctor! — Ni siquiera estaba seguro de qué quería reclamar. Víctor movió las opciones en su móvil hasta que hizo una publicación con la cual pensaba dejar zanjado un tema antes de iniciar de nuevo con el entrenamiento.

—Callo los rumores de que no te estoy entrenando. ¿Qué mejor para hacerlo que con una fotografía? —La obviedad con la que Víctor lo dijo, alzando su índice y su teléfono al tiempo, provocó que Yuri solo soltara un bufido inconforme.

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v-nikiforov ¡Practicando y perfeccionando el SP de yuri-plisetsky! #Season2022-2023 #YuriPlisetsky
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"¡Oh Dios mio! ¡Por fin una foto juntos! yuri-plisetsky v-nikiforov"

"¡Estaba esperando ansioso esto! ¡Siento la adrenalina de la nueva temporada! #TeamRussian"

"¡Eso Yuri! Tienes que volver a romper tu record y conquistar el récord del FP. #VandaloRuso yuri-plisetsky"

"Los dos hombres más guapos de todo el patinaje están juntos. ¡Mis ovarios han explotado! #DerrameNasal"

"Qué emoción al verlos juntos enfocados en la temporada. Muero por ver el resultado en las competencias. #TeamRussian"

"¡Víctor! ¡Esperaba esto! Por favor mantennos más al tanto, los rumores ya decían que no ibas a entrenarlo. #TeamRussian"

"¡Menos mal que eran solo habladurías! ¡Los fenix de Rusia irán a apagar colas japonesas! #TeamRussian yuri-plisetsky v-nikiforov"

La temperatura de la tarde había aumentado y había calor, el calor típico que se puede esperar en la temporada de verano. Mientras Yuuri caminaba entre los caminos cementados, al lado de la ribera del río que cruzaba a Fukuoka, y pasando por detrás del Acros Fukuoka; pensaba en la consulta que había tenido con su terapeuta y en las palabras que había escuchado de él.

Yuuri era consciente de que no estaba siendo sincero con él. No se sentía preparado para hacerlo. Pero las pesadillas no habían dejado de aparecer y aunque sabía que eso tenía un origen, no era capaz de entrañarlo aún. El médico tenía que trabajar a cuenta gota, apenas teniendo una parte del panorama a partir de sus propias palabras.

Se inclinó contra la baranda para ver el río correr. A su lado, se podía ver reflejado el enorme edificio, una obra arquitectónica emblemática donde había un perfecto equilibrio entre la ciudad y la urbanización, junto a la naturaleza. La vegetación caía como una cascada hasta el parque y todo el sitio allí estaba lleno de un hermoso verde que invitaba a relajarse. Eso en una ciudad tan pujante como Fukuoka, era una muestra perfecta de que sí era posible equilibrar dos cosas completamente opuestas.

Equilibrio… Yuuri fallaba estrepitosamente en eso. Yuuri no sabía estar en equilibrio, iba de un extremo a otro, su natural pasión que era cubierta entre la introversión y la reserva, lo empujaba a siempre hacerlo. Su ansiedad era producto de lo mismo.

Yuuri pocas veces podía encontrarse en un punto medio. O lo quería todo, o no quería nada. Y ahora quería toda la paz que fuera posible recolectar, pero sin tener que pagar ese precio.

Hizo una mueca inconforme mientras miraba su reflejo en el agua y el viento secaba el sudor de su frente. El especialista, al preguntar tratando de sacar más detalles de las pesadillas y de lo que había visto en el sueño, había llegado a la conclusión de que todo era por reprimirse. Lo que Yuuri no acababa de comprender es como la conversación había llegado hasta el punto en donde su hábito de masturbarse después de la pesadilla era lo único que le daba calma, y lo mucho que desearía no hacerlo.

Víctor no salió a relucir, no, lo evitó a toda costa. Tanto al mencionar el sueño, como al mencionar lo que pensaba cuando se autoestimulaba. Supuso que su rostro había sido demasiado evidente cuando le preguntó qué lo calmaba después de esos sueños, y por la insistencia, debió haber creído que lo que Yuuri necesitaba era tener sexo.

¿Le habría dicho algo distinto si le hubiera dicho desde un primer momento que lo que le asustaba en el sueño era el desprecio de Víctor? ¿Qué era por él que sentía que la medalla lo ahorcaba? ¿Le hubiera dado otra solución si le hubiera confesado que no quería recurrir a la masturbación por Víctor?

Cuando intentaba hacerlo por su propia cuenta, a solas, a conciencia, siempre terminaba pensando en Víctor. Rememorando momentos con él y el resultado era que lejos de lograr masturbarse parecía más bien una tortura, una forma masoquista de terminar más herido. Y cuando lo hacía tras los sueños, ya simplemente se dejaba llevar por la desesperación, para luego sentirse culpable de seguir reutilizando una y otra vez esas escenas, que fueron tantas y las había repetido tantas veces que eran como fotografías antiguas, perdiendo el color con cada tacto.

Yuuri levantó la mirada, con un nudo que no quería reconocer en su estómago. ¿Entonces que haría Yuuri Katsuki? ¿Significaba que no había manera de poder revivir esas sensaciones con otra persona que no fuera Víctor? Yuuri entendía, claro, entendía que todo obedecía a que nunca había sentido algo así con nadie, nunca se había entregado a tanto a nadie, nunca había experimentado el tener sexo, el hacer el amor, el estimularse y estimular a otro con nadie más que no fuera Víctor. Y como todo en su vida, seguía plagado de él, plagado al punto de que nada que hiciera lo alejaba de ese camino.

Y no tenía intenciones, no a corto, ni a mediano plazo, de vivir eso con nadie más. Ni siquiera lo creía necesario hasta que su cuerpo y mente se ponían de acuerdo en las madrugadas y lo abofeteaban bajo la ducha.

Yuuri cerró sus ojos y sintió un repentino escalofrío al considerar la idea. Pero esta se estaba formando frente a sus ojos, como una posibilidad que en otro punto de su vida hubiera considerado absurda. Si había alguna manera de romper el círculo, quería conocerla. Si pudiera funcionar, se atrevería a hacerla. Si la única forma de ir cerrando los cabos que su relación con Víctor había dejado cortados a tajos en su vida era hacer cosa que antes jamás hubiera pensado hacer, quizás era momento de considerarlo.

Tener sexo ahora no debería sentirse mal. No debería ser inadecuado. No… no debía. Era un hombre adulto, de casi veintinueve años. ¿Acaso esperaría que otro milagro volviera aparecer en su vida para experimentar cosas que debía ya vivir? No podía seguir comportándose como el joven inexperto que había sido para cuando Victor llegó proponiéndole ejecutar a Eros. Ya no era el mismo de antes…

Y el otro camino que quedaba, era inaceptable en todos los sentidos. Porque buscar a Víctor en ese momento para decirle que aún era el centro de su vida era algo que su orgullo no se lo iba a permitir.

Se giró, con una nueva determinación en mente. Fijó sus ojos en varias personas que pasaban frente a él, algunas jóvenes hermosas, algún par de chicos que caminaban desconcentrados ocupados en una llamada, una chica que estaba sentada en una banca leyendo. La ansiedad volvió con fuerza, y se manifestó apretando fuertemente la baranda y sintiendo sus pies de cemento.

¿Cómo iba a lograr formar alguna relación con cualquier persona si era incapaz de abrirse? ¿Si socializar representaba para él algo tan problemático?

Regresó su mirada y se abrazó fuertemente, aún inclinado contra la baranda. El río seguía corriendo bajo sus pies, y la imagen seguía deslizándose con la corriente, saludándole.

¿Podría tener sexo con alguien que no fuera Víctor? Aunque eso no fuera lo que el psicólogo le hubiera dicho, era la pregunta que su mente no se había cansado de hacer, desde que había hablado sobre la masturbación y había salido de la terapia.

¿Podría amar a alguien como amó a Víctor?

¿Quería hacerlo…?

Otabek recordaba muy bien el tiempo que había pasado junto a J.J antes de pasar a la liga senior. Había tenido un entrenador diferente, uno estricto que servía para él pero era incapaz de entender lo que J.J buscaba mostrar con su patinaje. Solía censurarlo, reprimirlo, regañarlo. Y J.J terminaba frustrado; era bastante cotidiano ver a sus padres ir y hablar con el entrenador tratando de aligerar la presión.

Para ese entonces, Otabek siempre pensó que JJ era un niño mimado. Sus padres entendía su amor al hielo, lo apoyaban, podía practicar lo que amaba estando en su propio país, en su propia casa. Luego reconoció que en realidad tenía un poco de envidia.

J.J no solo era talentoso, sino que tenía todas las oportunidades a su favor. Podía hacer lo que muy pocos lograban con una facilidad envidiable. Y sin embargo, no había dejado de buscarlo, de propiciar su amistad y hasta cierto punto lo había logrado. El problema principal tal vez había sido que para Otabek ningún lugar era su hogar y su pensamiento nómada le impedía atarse a las personas. Pero J.J no dejó de buscarlo en todas las competiciones que compartieron.

Y sobre el entrenador, seguramente debe estarse lamentando por ver como el desempeño de J.J estaba por encima de la media y no pudo ser él quien lo explotara. Aunque Otabek reconocía que J.J era J.J por todo el amor que le rodeaba.

Clavó con ligereza el Salchov cuádruple en la práctica, mientras intentaba practicar el nuevo programa que Nathalie Jeroy había compuesto para él, bajo la supervisión de su esposo. Siguió ejecutando los movimientos, haciendo énfasis a las piruetas y expresar todo lo que necesitaba con su programa. Tenía poco tiempo para perfeccionarlo, pero esa condición sólo colaboraba a la determinación de Otabek de lograrlo. Como si la presión extra fuera necesaria para concentrarse.

J.J apartó la chaqueta de su cuerpo y se la dio a su padre, cuando decidió entrar a la pista para también practicar sus saltos. Mientras eso hacía, Otabek tendría tiempo de descansar tras su interpretación.

—Tienes que trabajar más en tus pasos. ¡Necesitas soltarte, muchacho! —dijo la madre de J.J, mientras Otabek se calzaba los protectores—. Estás aún muy tensos aunque tus saltos sean pulidos. Tienes que relajarte un poco.

—Sé que estás haciendo el programa de nuevo, pero sin duda alguna estará listo para la competición. No debes estresarte por eso.

—Deja de preocuparte y patina como te gusta. Tienes que disfrutarlo.

Los consejos de los padres de J.J sonaban tan anti entrenador que no pudo evitar sonreír. Era como si ciertamente recibiera el consejo de dos padres amorosos. La sensación era irreal y hasta incomoda, pero Otabek sabía que en algún momento se acostumbraría a toda esa calidez.

Cuando la práctica acabó, tras varias caídas de J.J intentando aquel salto, se prepararon para retirarse. La pequeña Collette dormía en los brazos de su abuelo, e Isabella se encargaba de recoger todo para su viaje a casa. Otabek y J.J fueron a las duchas y cuando ya se bañaron, se vestían entre otros competidores que buscaban también alcanzar la ansiada medalla. Era de esperarse de que los padres de J.J no solo tuvieran a su hijo como aprendiz, sino también a otros prospectos, jóvenes que estaban en la liga junior, y un par que iniciaron en la senior aunque aún sin resultados destacables, entre ellos el joven hermano de J.J.

Pese a eso, no había muestra de malestar al estar en el mismo lugar que dos de los mejores patinadores del mundo. Por el contrario, se apoyaban entre ellos y buscaban incorporar en sus rutinas elementos de ellos dos para así mejorar ante el público.

Otabek se dedicó a vestirse dándole la espalda a los hermanos Leroy, mientras escuchaba a J.J darle algunas instrucciones a su hermano menor. Escuchó algunas carcajadas y se sonrió suavemente, también hubo palmadas seguramente en la espalda y un par de bromas. Sin pretender entretenerse escuchando aquella conversación ajena, Otabek después de calzarse, revisó su móvil. Había un par de mensajes esperando por ser leídos, y algunas notificaciones de sus redes sociales que poco podrían interesarle ahora. Así que revisó los mensajes, y el resultado resultó una completa paradoja.

Tragó grueso, leyendo la cantidad de textos enviados uno sobre otro aproximadamente una hora atrás. Considerando la diferencia horaria, intentó contar a qué hora había sido enviado por su emisor, pero no lo tenía claro, así que buscó en su plataforma móvil las horas de cada país para ver qué hora exactamente era en ese momento en San Petersburgo.

Mi novia » Hola Otabek, ¿Cómo estás?
Mi novia » Debes pensar que es raro que te escriba. De hecho, me siento extraña escribiendote.
Mi novia » Pero estuve pensando, y pensando, y bueno, quería saber si estabas bien.
Mi novia » no he sabido nada de tí, vi algunas cosas por redes pero sé que no fue la mejor manera de irte de San Petersburgo.
Mi novia » Todavía duele. Claro que duele. Pero espero que estés bien.
Mi novia » Pensé que te gustaría saber que estoy bien con Yuri. Seguimos siendo amigos.
Mi novia » Creo que es algo de lo que te preocupaba…
Mi novia » Espero que no vayas a abandonar la competencia ahora. Yo no lo haré.
Mi novia » En fin… quería preguntarte algo.
Mi novia » ¿No hay problema si sigo usando las canciones que me creaste para esta temporada?
Mi novia » Quiero seguir trabajando con mi tema y las canciones son un elemento vital.
Mi novia » pero no sé si te sientas cómodo con eso.

—¿Otabek?

El resto del equipo se había retirado y J.J miraba a su compañero sentado, con el teléfono en sus manos, y el temblor evidente mientras lo sostenía. El cabello húmedo ayudó a ocultar sus facciones, pero Jean pudo notar el enrojecimiento de sus orejas y la tensión de su espalda. Una estampa que no tardó en preocuparle.

J.J insistió pero Otabek no tenía la capacidad de decir lo que estaba sintiendo. Su garganta estaba llena de nudos, sus ojos ardían y su pecho parecía contener la inflamación de todos sus órganos, hasta doler en el esternón. Sólo pudo extender el móvil y permitirle a J.J que leyera todo, aunque nunca hubiera considerado exponer su vida privada de esa manera.

¿Pero qué debería sentir en ese momento? ¿Cómo debería reaccionar? ¿Qué era lo válido que debía sentir después de leer a Mil? ¿Sentir nostalgia, miedo, ansiedad y unas inmensas ganas de que nada de lo que pasó hubiera ocurrido?

Y allí le estaba mostrando una de las facetas que tanto le encantó de ella, y era ridículo sentir en ese momento que la fascinación junto al horror se debatieran para instalarse en su mente. Mila era una mujer muy fuerte, muy fuerte. Era de las que iban a buscar respuesta y se mostraba siempre digna, sin importar qué pasara.

J.J tragó grueso, después de devolverle el teléfono. Tuvo que sentarse en la banca, aunque reconocía que su padre no tardaría en irlos a buscar porque estarían esperando por él.

—¿Qué piensas responderle?

Otabek no respondió, pero su silencio ya decía mucho. J.J se animó a ponerle el brazo en su hombro y sacudirlo un poco, intentando comprender lo que sentía y buscando la manera de ayudarlo. ¿Cómo ponerse en su lugar? Nunca había vivido algo así y deseaba nunca hacerlo. Era una situación muy lamentable.

—Supongo… que le diré que puede usarla y que estoy bien.

—Eso suena buena idea. ¡Vamos! —Intentó destensarlo, empujándolo para que se levantara—. Ve pensando en qué le dirás mientras vamos por la camioneta. Mi reina e hija me deben estar esperando.

No tardó en levantarse, sabía que J.J tenía que velar también por su familia y no perder tiempo en él, más en un asunto donde solo él podía intervenir. Los mensajes de Mila habían sonado tan anhelantes y distantes que una parte de él quisiera restablecer el vínculo, aunque tuviera que fingir. A veces pensaba que podría hacerlo y quizás redescubrir todas aquellas cosas que le gustaban de ella, que pudo haberlo hecho y evitarse todo eso. Lamentablemente las cosas no tuvieron lugar para algo así, y otra parte de él razonaba que aquello podría ser desgastante para ambos. ¿Qué si no lograba encontrarlo?

Pero los extrañaba… a ella y a Yuri.

En San Petersburgo, Mila recibió las respuestas de los mensajes dos horas después de haberlos enviado. Había tenido que sacar el valor no sabía de donde, cuando Georgi le preguntó si seguiría con su tema tal como tenía planeado, incluyendo la música. En caso de que Otabek prefiriera que no las usara, tendría que rehacer su programa. Ella estaría dispuesta a hacerlo, pero antes de decidir desechar las melodías prefería preguntarle. Y claro, una parte de ella quería saber que estaba bien. Había pasado ya dos semanas de lo ocurrido y la única certeza que tenía es que todo había acabado y ella aún lo extrañaba.

No se mentiría a sí misma, también sabía que había dolor, resentimiento e incluso rastros de amargura, pero eran emociones y sentimientos que no quería alimentar. Prefería dejarlos allí y que se pudrieran o pudieran desaparecer. Confiaba que eso ocurriría.

Los mensajes de respuesta llegaron, mientras Yuri estaba en la cafetería buscando los cafés para ambos. Era viernes, y en vez de decidir por otra noche de salida nocturna como la anterior, ninguno de los dos estaban con ánimos de pretender unirse a una fiesta. Así que estaban caminando, aprovechando la noche clara de la ciudad y el caminar de los extranjeros disfrutando del extraño evento.

Mila apretó sus labios, leyendo las respuestas. Su pecho sintió el dolor en forma de una caricia sutil.

Oso » Mila, espero estes bien. Yo lo estoy.
Oso » En este momento estoy en Canadá. Decidí venir.
Oso » Prepararé mi temporada aquí.
Oso » Puedes usar mis canciones, las hice para ti.
Oso » Si aún quieres usarla, para mí es un alivio.
Oso » Lamento mucho cómo ocurrió todo…
Oso » Pero me alegra saber que tu y Yuri siguen juntos.
Oso » No me hubiera perdonado si no fuera así.
Oso » Espero verte en competencia.

Los ojos azules se enrojecieron, al tiempo que cerraba la ventana tras escribir un gracias. Mila apretó el móvil y soltó el aire, como si no pudiera retenerlo más. En otro impulso, uno que creyó necesario entró al contacto y cambió el nombre con ese mote que era de ellos y que ella tanto amó usar, para usar su nombre de pila. Acababa de arrancarse algo del pecho, lo sentía, acababa de arrancarse otra cosa de él y había dolido hacerlo. Pero tenía la certeza de que era lo que debía hacer. Al menos, los años anteriores pasando por separaciones con sus anteriores parejas, aunque no hubieran significado ni un tercio de lo que fue Otabek para ella, le habían servido para saber qué hacer.

Yuri llegó y al verla de espalda contra el puente de los besos, inclinada mientras los bucles rojos se movían por el viento frío y estaba cubierta por un abrigo café, decidió abrazarla por detrás para pasarle el café. Ella se sacudió, pero no hizo nada para separarse, aceptó el café y se quedó en silencio, recibiendo el calor corporal de Yuri mientras ambos veían los edificios a la distancia y la luz que se colaba de un atardecer eterno.

Había tenido que explicarle someramente qué había ocurrido con Víctor, porque Mila había notado que había pasado algo tras verlo interactuar. No quiso hablarle de Yuuri, ni de los sentimientos que guardaba por él, pero sí le explicó lo ocurrido con los mensajes, la ofensa de Víctor y la separación. Mila sabía que había algo más, lo intuía, porque en todas las palabras de Yuri había encontrado un límite donde habían muchas más cosas profundas escondidas en la oscuridad. Pero decidió no presionar.

Saboreó el café caliente en sus manos y relamió sus labios ligeramente resecos.

—Hablé con Otabek. —Yuri se tensó, mientras Mila miraba sus propias manos enguantadas en lana sosteniendo su vaso de café—. Está en Canadá. Va a hacer su temporada allá.

—¿Eh? —Soltó Yuri, y alzó la cabeza que reposaba sobre la cabeza roja de Mila, para verle los ojos. Su amiga levantó la mirada para confirmarlo, mirándole con suavidad entre pestañas rojas y abundantes—. ¿Por qué demonios Canadá?

—No lo sé. —Admitió encogiéndose de hombros—. Pero ya había visto un par de fotos de él y J.J compartiendo pista juntos.

La cara de Yuri se distorcionó, modificándole toda la estampa. En un arranque intempestivo sacó su móvil y comenzó a abrir su redes sociales qué, debido a su concentración en abordar el programa de Arsonist's Lullabye, había abandonado las redes por toda esa semana. Comenzó a revisar hasta que encontró con horror la cuenta de J.J con fotografías de ellos dos juntos. El móvil le tembló en las manos, y tuvo sinceras ganas de arrojarlo desde el puente al río. Sintió tanta rabia y tanta indignación que lo apretó con fuerza, hasta doler.

—Maldito traidor. —Espetó y Mila le miró en desaprobación.

—Otabek no es un traidor.

—¡Claro que sí! Te traicionó a tí, a mí… se va con el maldito de J.J. —Recibió un codazo de la chica en el estómago—. ¡Es así! ¡Ya buscó un nuevo amigo!

—No… es que estás celoso, gatito. —Le dijo con ternura, y escuchó quejarse como un niño de su amigo de la infancia.

Y en cierto sentido, eso había sido. Recordó la emoción con la que llegó antes del GPF afirmando que ya tenía un amigo, un amigo de verdad. Como el niño que fue al jardín y encontró un compañero de juegos. Mila sabía que de parte de Yuri había una sincera amistad y le dolía pensar que todo aquello se tuviera que arruinar. Aunque con los sentimientos en juego de Otabek, no tenía idea de qué otra forma podrían acabar…

Alejó ese pensamiento y se recostó en el pecho de Yuri, mientras éste seguía respirando fuego por la boca. No se sintió preparada para pensarlo.


Notas del autor: ¡Muchas gracias por sus palabras, por los favoritos, por las recomendaciones y por amar esta historia tanto como yo! Recuerden que está publicado también el fic Filomeno on Ice!

Nos estamos acercando a la competencia. Las partes intensas van a disminuir un poco aunque eso no significa que los personajes no tendrán que enfrentar un par de cosas antes de que de inicio a la temporada. En el capítulo 50, Yuri tendrá que enfrentarse al test del patinaje frente a la FFKK y con ello empezaremos con las competiciones den cada una de las etapas. Aproximadamente calculo que cada competición abarcará 5 capítulos, ya que quiero intercalar los eventos de la competencia más lo que ocurre en las redes.

Este fic está apuntando a ser el más largo que he escrito en mi historias de ficker, pero también el que más amaré. Quiero también darles un poco de luz a los otros patinadores, que veamos que hacen Guang Hong, Emil, Michelle, Leo, J.J, Seung-Gil mientras se prepararan la competencias. Les aseguro que se viene muchas sorpresas interesantes en medio de las competiciones.


Anonimo: ¡Mil gracias por comentarme! No te preocupes, entiendo que no hayas podido hacerlo la vez pasada. La interacción entre Victor y Yuri no será sencilla al principio. Jajajaja sí, son como el par completamente distintos que se pueden llevar bien. J.J le hará bastante bien a Otabek, porque además tiene una familia calida, algo que Otabek necesita sentir. Yuri también necesita de eso, si fuera mejor amigo de J.J podría disfrutarlo.

Esa parte de la entrevista dolió, pero es algo que Yuuri concluyó después de lo que vivió con él. Algo duro, definitivamente. En el interludio se puede ver el enorme efecto que hubo de la prensa y los medios hacia Yuuri y como Yuri estuvo allí para apoyarlo. Exacto, por eso se sentía con derecho de, algo que Victor no comprendía antes.

La maqlinterpretación me dolió hasta a mí. Pobre Yuri, sin imaginar que Yuuri no buscaba nada más. Sobre porqué Yuuri siente eso ya se irá viendo en los siguientes episodios.

DarkDragonfly: Me alegra que puedas ver el dolor de Yuri. Creo que conforme iba avanzando la historia Yuri dejaba una breve estela de todo lo que sentía y es hasta ahora que se puede ver todas esas emociones a flor de piel. Costó mucho que Yuri entendiera que aún ama a Yuri, y aún le duele lo que pasó. Es duro, porque los dos tienen mucho amor que dar.

Aoww, me alegra que lo vieras así, tiene mucho sentido y si para tí es bastante claro siendo psicologa, me siento bastante halagada porque significa que los personajes tienen una razón de ser y un sentido. ¡Gracias por amarlo! ¡Me hace feliz saber que el trabajo que estoy haciendo les gusta! ¡Mil gracias por tu comentario!

zryvanierkic: Sí, lo que Yuuri vivió fue duro hay debido a la fama de Victor en especial en Rusia, no dudo que hayan llegado algunos grupos fanáticos a ese tipo de nivel. Algo muy preocupante. Ciertamente es como dices, ninguno tuvo la culpa del daño que le hicieron a Yuri, Victor y Yuuri se hicieron daño entre ellos pero no podían imaginar ni cuantificar el daño colateral que sufrió Yurio. No te preocupes, esta historia tendrá un final feliz aunque parezca imposible verlo en este momento. Los cincos van a encontrar su paz. ¡Mil gracias por comentar!