Solo dos cosas antes de que lean... Por favor, no me odien y preparen los pañuelos...

¡Mar!

Capítulo 44.

En paralelo.

Charlotte empujó los lentes oscuros de vuelta a sus ojos, la sonrisa petulante dibujada aun en sus labios.

Bella quería adelantarse y arrancarle los lentes, si podía arañarle el rostro en el camino sería completamente feliz. Pero era una chica buena, bien criada y no iba a hacer eso.

—Te agradezco que te retires de mi casa —le dijo observándola de arriba abajo, Bella se adelantó un paso hacia ella dispuesta a cumplir con su pensamiento y dejarla jodidamente calva, después lidiaría con sus principios, ahora lo único que quería era verla sangrar.

Su celular repicó de nuevo y una leve mirada a la pantalla vio que era su marido, apretó el aparato con fuerza, se respiró profundo, al sesión de arrancar el cabello debía ser pospuesta por algo mucho mas importante.

Dio un paso en lateral y odió la expresión de su madrastra cuando creyó que había tenido éxito al darle una orden.

—Algún día Maléfica —susurró entre dientes mientras pasaba por su lado. Los ojos de Charlotte se entrecerraron aunque ella no pudo verlo gracias a los lentes, pero la sonrisa se le había borrado, por lo que Bella lo tomó como una anotación.

Su celular volvió a repicar y esta vez sí corrió a su auto olvidándose por completo de su odiada madrastra.

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Charlotte rodó los ojos y sacándose los anteojos caminó escaleras arriba, Sam y Emmett estaban descargándole la camioneta por lo que sabía que estaba fuera de personal en la casa, le gustó esa idea, pero también le gustaba la idea de tener personal en el que pudiera confiar.

Khloe ya estaba demasiado vieja como para de hecho trabajar, pero la supuesta ayuda de Sara era lo que detenía a Charlie de despedirla, pero como ahora la chica no era un problema podía fácilmente deshacerse de la fastidiosa señora.

Con Alice no tendría problema, Bella, por mas que quisiera ya no vivía allí y Charlie no tomaría su opinión en cuenta. Rodó los ojos mientras subía los últimos escalones, Charlie iba a ser una jodida piedra en el zapato, lo había manipulado por años, pero no sabía con qué se iba a encontrar exactamente ahora.

Abrió la puerta de la habitación principal y encontró a Charlie sentado en medio de la cama.

—Charlie —llamó, él inmediatamente levantó la mirada y al verla corrió hacia ella, la tomó fuertemente de los hombros. Por un instante Maléfica se asustó pensando que Charlie había oído todo acerca de Sara, que la culparía, la echaría de casa, sus ojos se abrieron desmesuradamente, su enorme y pesado bolso chocó contra su costado.

—¿Dónde estabas? —aparte de su expresión lunática, nada le daba siquiera una pista de lo que pudiera estar pasando por la cabeza de su marido, por lo que eligió con mucho cuidado sus palabras.

—Estaba donde Sara, sabes que en esta época es el retiro en el Spa.

Charlie parpadeó como si no entendiera sus palabras, Charlotte poco a poco se sintió aliviada de que él no le dijera nada referente a la muchacha muerta. De golpe Charlie la soltó pasándose las manos por el cabello—Charlie—, lo llamó ella —te traje algo.

Charlie Swan negó con la cabeza alejándose lo mas que pudo de ella —no quiero nada de ti ahora Charlotte, no tienes lo que necesito.

Un clic lo hizo girar. Charlotte había metido la mano en su cartera y los clics aumentaron. —te traje una pequeña reserva, esposito.

Dejó caer en la cama un puñado de pequeñas botellas llenas de alcohol. Vodka, Whisky, Ron y el pecado favorito de Charlie… Brandy.

Como un perro al que le lanzan un hueso Charlie se lanzó sobre la cama observando las pequeñas botellas como si de oro o piedras preciosas se tratasen.

—Jodidamente te amo —dijo, pero no a su esposa sino al puñado de botellas que ahora atesoraba.

Charlotte lo vio y la sonrisa burlona volvió a dibujarse en sus labios. Charlie abrió una de las botellas y tragó su contenido y al mejor estilo de Gollun con su tesoro, vació unas cuantas mas.

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—¿Lo perdió? ¿Cómo es eso posible? —Bella tenía cerca de tres minutos de haber llegado a Bosque Verde, Quill estaba tratando de explicarle la situación.

—Niña, no hay tiempo para explicarte, Edward me pidió que te esperara pero deberías apresurarte.

—¿Dónde está? ¿Y qué hacía aquí de todas formas? —el viejo Quill se caló su sombrero.

—¿Te contesto o vas a buscarlo? —Bella hizo un sonido obstinado y salió tras él. Le dieron la vuelta a la casa, había solo un caballo esperándolos.

—Toma a Veneno —no discutió, solo se subió al caballo halando las riendas, mientras controlaba su postura.

—¿Por qué Edward se fue solo a buscarlo? ¿Está montando? —de repente se preocupó por su marido, no sabía si sabía montar. No era que tuviera mucha ciencia, pero no era lo mismo montar por un paseo o diversión a hacerlo por una persecución o una búsqueda.

—Le di a Luna, es una buena Yegua, tu marido no se caerá, me pidió que te lo asegurara.

—Aun no entiendo nada… ¿Por qué estaba aquí desde un principio?—Quill suspiró sacudiendo la cabeza.

—¿Recuerdas que te dije por teléfono mas temprano que había conseguido un ayudante? —Bella asintió viendo hacia el frente, barriendo toda la extensión con la mirada.

—Pues es tu marido —. Giró accidentalmente al caballo.

—¿Qué?

—Eso, Edward ahora trabaja para mí, no puedo con todo esto solo, te tengo a ti de veterinaria, a Neni de ayudante y a tu marido de recoge estiércol, es perfecto.

Bella volvió a enderezar al animal mientras las palabras calaban, no le parecía mal de ninguna manera pero le dio cosita que Edward no se lo contara.

—Estoy seguro que él quería contártelo en persona —solo asintió a su bisabuelo.

—¿Luke no se estaba sintiendo bien? —Cambió el tema.

—El desparasitante no le sentó muy bien, estaba inquieto y no quería comer, Neni lo tenía vigilado, sé que iba a darle la mezcla que me dijiste, pero no sé si lo hizo.

Bella negó, —no entiendo porque le cayó mal, siempre le ponía la misma medicina.

—Enfoquémonos en encontrarlo ¿ok?

Bella asintió y su celular repico, totalmente alterada, soltó las riendas del caballo y lo buscó. Para su enorme alivio era la cara de su esposo.

—¡Edward! — Suspiró de alivio cuando atendió, —¿Dónde estás?... Ok, ok, si, ya estoy aquí, voy a llegar hasta ti.

—¿Lo encontró? —Bella negó a Quill mientras cerraba la llamada.

—No, pero encontró huellas cerca del río —, Bella vio a los lados —¿por dónde es?

Quill alzó sus cejas, —¿El río? Dios eso está lejos, el ganado está por esa zona —metió las manos en sus bolsillos sacando un pequeño estuche de cuero, —Toma, Ve directo al norte—le señaló la dirección en la brújula que acababa de entregarle —encontraras el riachuelo sin pérdida, —Bella la tomó observando la aguja y viendo a donde debería cabalgar —luego apunta al sur para que encuentres la casa cuando vuelvas. Yo me voy a quedar con Neni, tiene un tiempo sola y ella me necesita ahora. —Bella asintió sin preguntar nada mas, chasqueó la lengua al caballo para arrancar de una buena vez, —Niña, espera —le extendió la mano entregándole una pistola, los ojos de Bella se desorbitaron por completo.

—¡¿Para qué demonios quiero una pistola?! —Quill sacudió la cabeza.

—Esa zona es muy lejos, el bosque es denso y está oscureciendo, pueden encontrarse con coyotes, si vez alguno, dispárale, o dale el arma a Edward, él sabe mejor como usarla.

No había tiempo para discutir, por lo que tomó el arma y se la caló en la parte trasera de sus jeans, Quill asintió aliviado, y palmeó el lomo del caballo que de inmediato agarró velocidad y se perdió a campo traviesa.

Cada algunos metros, Bella verificaba la brújula, siempre pendiente de encontrarse en la dirección correcta.

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Jasper había escuchado algún jaleo en la sala, pero cuando salió no encontró a nadie. Subió despacio hasta la primera planta y fue directo a la antesala de las habitaciones de las chicas. El hablar con Bella le había sentado muy bien pero aun estaba cansado, había pasado todo el día hablando por teléfono y poniendo las cosas al día, tocó la puerta de su novia y ésta se abrió al primer contacto.

—¿Alice?—ella no estaba a la vista, Jasper se adentró unos pasos quitándose el sombrero que últimamente se había acostumbrado a usar, —Alice—, volvió a llamarla sin conseguir respuesta, caminando al baño escuchó la regadera y una sonrisa se dibujó en sus labios. Empujó un poco la puerta pensando en cómo convencerla de que lo dejara ducharse con ella.

Pensó encontrarla en la regadera, ya que ésta estaba abierta, pero en vez de eso Alice se encontraba sentada en la bañera. Rodillas apretadas entre sus brazos y cabeza apoyada en ellas, aun estaba vestida y sin una gota de agua en ella, por supuesto todo interés y picardía de Jasper se fue al caño.

—¿Cariño? —se acercó con cuidado, —¿Estás bien?—, se sentó en el borde de la bañera, estiró su mano intentando tocarla pero arrepintiéndose a medio camino, respiró profundo, —Cariño, —comenzó de nuevo, —si estás así por como me encontraste con Bella, por favor créeme, no tengo ni quiero tener algo con ella, —el pequeño cuerpo de Alice se estremeció y Jasper respirando muy profundo eligió lo mejor que pudo sus palabras, —simplemente estaba allí cuando aparecí, me dijo para beber un vaso de té helado, el día había sido un infierno, y estaba agotado, solo hablamos, créeme, por favor.

Se sentía un poco patético al suplicar, de hecho nunca lo había hecho con Alice, pero cuando ella separó el rostro de entre sus rodillas y apoyó en vez la mejilla para poder verlo, suspiró aliviado. Sin embargo se sintió terrible al ver su maquillaje derretido por culpa de las lágrimas. —Por favor créeme, jamás te engañaría con Bella, ya no la quiero, no así, —decírselo a ella en voz alta fue un gran paso para ambos. Una lágrima corrió desde su ojo hacia su nariz, haciéndola chocar contra la tela de su pantalón.

—Te creo, —su voz sonaba gruesa, rasposa. Jasper observó como tragaba en un intento de aclararla, apretó sus ojos, —pero yo si te engañé.

El tiempo pareció detenerse. El insistente correr del agua en la ducha hizo que Jasper no pudiera escuchar bien, quizás el ruido era una excusa para precisamente no escucharla.

—¿Alice? —pero ella no lo dejó continuar.

—Me acosté con James hoy, bueno, no quería, pero tuve que hacerlo, Charlotte…—se ahogó y cerró los ojos, —Dios, ella lo puso como condición para sacar a Seth, yo quería hacer algo bien, aunque fuera una vez, quería ayudar. —Volvió a respirar, —ya lo había hecho antes. —Una risa algo macabra se abrió paso por su garganta, —Dios, a los 13 ella me llevó con él para que me desvirgara, —su ceño se apretó con dolor por sus palabras, —pensé que todo estaría bien, pensé que no me dolería, pensé…—las lágrimas la ahogaron, —hoy, cuando él lo estaba haciendo, me desconecté, pero… pensé en ti y en nuestro be…—otra lágrima se derramó por su ojo cerrado, —Dios, quiero morirme, soy un asco, ¡Me doy asco! —bajó una de sus manos y tanteó hasta que consiguió lo que buscaba, levantó un cuchillo que había tomado de la cocina. Cuando había llegado a la hacienda unos minutos antes fue directo allí, pero no porque hubiera escuchado a Bella y a Jasper hablar, sino porque tenía otros planes, más bien quería terminar lo que no había podido cuando se tomó las pastillas.

Jasper que apenas parpadeaba y que creía que había dejado de respirar, vio como un tembloroso cuchillo se mostraba en su pequeña mano, era de sierra, largo, con el mango de acero igual que la cuchilla, lo observó con horror y levantó mas la mirada, esperando ver algo rojo desbordarse de sus muñecas.

—Ni siquiera soy buena para suicidarme, —dijo abriendo la palma, el temblor de su manos hizo que el cuchillo se cayera, haciendo un repicoteo con la cerámica de la bañera que pareció hacer regresar a Jasper a la vida, puesto que dio un profundo respiro.

—Lo siento, —dijo ella, —siempre te he amado, desde que era una niña. Pensé que si sabía más, que si aprendía cómo ser mujer te fijarías en mi, mamá me dijo que esa era la única forma de que me vieran como mujer, pensé que sí…—no terminó la idea.

Jasper empezó a moverse casi en cámara lenta, sus rodillas hicieron un crac cuando se enderezó, sintió una punzada en la zona lumbar cuando se agachó y tomó el cuchillo, Alice dejó de respirar casi de inmediato cuando lo vio con el arma blanca, él le dio la espalda y dejó el afilado metal sobre el mesón, fue a la ducha y la cerró para luego acercarse a la bañera, Alice temblaba observado cada uno de los pasos que daba.

—¿Jasper?

Él no le contestó, tampoco la miró, caminó frente a ella y abrió los grifos que estaban a sus pies, Alice dejó escapar un gritito de asombro.

—¿Qué haces?

—Levántate.

Alice tembló cerrando los ojos por lo frío de su tono, le tenía asco, ¿Cómo no iba a tenerlo?

—Por favor, —abrió los ojos asombrada y pudo observar como luchaba contra sí mismo para no comportarse como un patán. —por favor, levántate peque.

Siempre había odiado aquel sobrenombre, pero ahora le hizo sentir cálida. Fue el momento perfecto para usarlo.

Con piernas flacas y temblorosas se puso de pie, Jasper intentó ayudarla pero ella negó y él retrocedió, sus pies descalzos estaban mojados incluso parte de su trasero también. Jasper fue al armario y tomó una enorme toalla, la abrió como una cortina frente a ella y apartó la mirada.

—Ahora, quítate la ropa, —no volteó a verla, —por favor, no miraré.

Con dedos torpes Alice bajó el cierre de su chaqueta, dejó caerla por sus brazos y luego al suelo, la pequeña y ligera blusa le siguió, haciendo un enorme esfuerzo la levantó por sus costillas y la sacó por su cabeza, las lágrimas seguían saliendo de sus ojos, Jasper oía los sollozos y odiaba cada uno de ellos, pero no se volteó, no mostró ninguna emoción, solo se quedó ahí, estático, solo parpadeando para no alterarla mas.

—No puedo, —susurró ella, —mis pantalones—, sus jeans se habían pegado a su piel porque estaban húmedos, Jasper apenas la miró y entonces la envolvió con la toalla.

—Siéntate con cuidado, —ella obedeció y observó como él caminaba de nuevo hacia sus pies, —no voy a tocarte la piel, ¿Está bien? —ella asintió y vio como introdujo la mano entre la toalla mojada y sus piernas, aguantó la respiración pero él hizo como prometió, tomando el duro material, lo empezó a halar mientras ella con una mano sostenía la toalla y con la otra bajaba la pretina de su jean.

—Listo, —declaró él sacando su el enchumbe y colocándolo en el lavamanos, manipuló de nuevo los chorros de agua ya que la había sentido un poco fría. Caminó a la puerta tomando el cuchillo antes de salir.

—¿A dónde vas? —se giró a verla tratando con todas sus fuerza de no mostrar emoción alguna.

—Solo estaré aquí afuera, trata de relajarte un poco, no quiero hacerte sentir mas incómoda.

—Lo siento, —sus labios temblaron.

—Yo lo siento mas, peque. —Respiró profundo, —intenta relajarte un poco, cualquier cosa grita. —abrió la puerta y la cerró tras sí.

No pudo llegar mucho mas allá, porque sus piernas colapsaron dejándolo caer sentado en el suelo, apretó demasiado sus manos hasta que sintió la sangre en una de ellas, soltó el cuchillo con terror y apretó el puño, la herida había sido superficial, ni siquiera le dolía.

Pegó la parte posterior de la cabeza contra la pared, sin saber exactamente que sentía, ¿Odio? Por supuesto, ¿Rabia? Totalmente, pero no contra Alice, jamás contra ella… Dios, todo lo que había dicho… no podía creer que fuera verdad y al mismo tiempo sabía que todo era cierto.

Hurgó su celular en el bolsillo de su pantalón y buscó entre los contactos.

—Rose, —dijo cuando ella contestó al primer timbre.

—Estaba a punto de llamarte, ¿Qué demonios te pasa? Mi corazón tiene una jodida carrera en mi pecho y no es por mí, así que eso solo te deja a ti, ¿Dónde estás?

—En los Cisnes, por favor ven, te necesito, gemela.

—Voy Jazz, —ya todo insulto y altanería se había borrado de su tono, —¿Algún adelanto de lo que pasa? —Jasper negó con la cabeza.

—Solo ven. —contestó y cerró la llamada.

Cerró los ojos con los recuerdo de hacía unos segundos atormentándolo, de hecho, estaba seguro que esto lo atormentaría de por vida.

A los 13 ella me llevó con él para que me desvirgara.

Clavó las manos en sus ojos rogando que su hermana no se demorara mucho en llegar.

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Rose vestía el uniforme de las maestras de jardín de niños, pantalón azul oscuro, camisa blanca y un jumper o delantal de cuadritos diminutos blancos y azules, su cabello con suaves ondas rubias iba amarrado firmemente en una cola de caballo, lo único que se salía de orden era que sus zapatos no eran "escolares" sino unos formales y no tan recatados tacones de patente negro.

—¡Que me condenen! —dijo Sam cuando Rose se bajó de su auto frente a Los Cisnes, inmediatamente se encogió de dolor cuando le dieron un golpe en la nuca.

—Te vale como el demonio que cuides tus palabras cuando hables de mi mujer cabrón, —Emmett que se encontraba junto a él, estaban bajando algunas pertenencias de Maléfica de la camioneta.

Rose sacudió la cabeza mientras se quitaba las gafas oscuras, —Tan celoso mi llorón, —Emmett rodó los ojos.

—Te he dicho que no me llames así frente a los chicos, —Rose exageró un puchero, que solo le causó gracia a su novio, —¿Qué haces acá, gritona?

Rose le dio un pico en los labios, —Jasper me llamó, me necesita.

Emmett frunció el ceño, —¿Y eso? —Rose palmeó su pecho.

—Cosas de gemelos, grandote, —le dio otro beso, —te busco antes de irme.

—La señora regresó, está ahí dentro, déjame mejor acompañarte. —Rose hizo una mueca de asco pero accedió con un asentimiento a su novio para entrar.

—Te vez increíble con ese uniforme, —susurró mientras subían.

—No tengas pensamientos vulgares conmigo en él, mis niños d años lo usan también. —Emmett suspiró mientras la imaginaba de rodillas frente a él mientras tomaba firmemente su cola de caballo y le mostraba el ritmo. Apretó los puños y mordió su lengua.

—Diablos, creo que iré al infierno, por lo que acabo de imaginar, —Rose simplemente rió.

—¿Rose? —la voz de su gemelo la hizo levantar la mirada. La risa se le borró del rostro.

—¿Qué demonios?

Pero Jasper no contestó, de inmediato bajó los pocos escalones que los separaban y la tomó de la mano, —Ven. —la rubia observó por encima de su hombro al jefe de seguridad y cuando dio un paso hacia ella, le negó despacio, haciéndolo detenerse.

—Te espero abajo, —susurró mientras Jasper la arrastraba a la habitación de las chicas.

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—Jazz, —Rose caminó en círculos, —¿De qué estás hablando? —el rubio solo se había levantado del suelo cuando oyó a su hermana acercarse, pero una vez llegaron a la habitación de Alice, volvió a hundirse en el suelo.

—Necesito que la ayudes, ¿ok? —susurró, —no tolera que la toque, aunque no me aparta, no quiere ni siquiera que la vea a los ojos, —Rose abrió sus ojos de mas.

—¿Por qué?

—Rose…— susurró levantando la cabeza, —Dios, —despeinó su cabello, —es jodido, hermana, realmente jodido, ella…—vio a la puerta cerrada del baño, —le pasó algo feo, muy feo. —la rubia finalmente alzó sus cejas viéndolo con miedo.

—¿Estas hablando que ella…?—Jasper asintió escondiendo la cara entre sus rodillas.

—Dios, sé que la odias, pero no tiene a nadie, su jodida madre se encargó de eso, no creo que Bella sea una buena idea.

—¿Crees que yo sí? —lo interrumpió.

—¡Con un demonio Rose! —gritó entre susurros, asombrándola aun mas, —Por mí ¿Sí? Ayúdala por mí ¿Quieres? —los ojos de Jasper estaban enrojecidos, cansados y sobretodo aterrados. El corazón de Rose dio un salto en su pecho mientras cerraba los ojos.

—Busca ropa cómoda en su armario, —dijo señalándolo mientras se quitaba los zapatos de tacón, —búscame algo que ponerme en la habitación de Bella, no puedo dañar mi uniforme, —se quitó el jumper.

Jasper la vio a los ojos como si no entendiera nada de lo que decía, Rose rodó los ojos. —¡Muévete! —de inmediato poniéndose a cuatro patas salió apresurado del cuarto.

Rose suspiró antes de abrir la puerta del baño.

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Renné estaba sentada en el borde de su cama en Bosque Verde, Leah, el ama de llaves de Quill le había llevado un té de canela pero aun estaba allí enfriándose en la mesita de noche.

—¿Neni?

Renné alzó la cabeza de inmediato, mientras parpadeaba a su abuelo. Edward y el viejo habían hablado, Quill sabía porque Neni no se encontraba bien.

Se vieron a los ojos por unos minutos. Antes él y Edward habían discutido la posibilidad de llamar o no a los médicos de Neni, pero Quill no había accedido, no quería hacerlo hasta que no fuera estrictamente necesario.

Renné había tenido algunos altibajos y él había sido completamente capaz de manejarlos, por lo que rogaba poder serlo para éste en particular.

—Él dijo…—susurró Renné viéndolo a los ojos, Quill hizo un ademán de quitarse el sombrero que ya no tenía puesto porque lo había dejado en la sala antes de subir a su cuarto, suspiró colocándose frente a ella, las espuelas de sus botas tintineaban con sus pasos.

—¿Qué dijo Edward?

Renné sacudió un poco la cabeza, como si tuviera que ubicar el nombre con el rostro.

—¿Qué te dijo Neni? —insistió.

Renné volvió a sacudir la cabeza, estaba increíblemente quieta, aunque solo físicamente, puesto que era visible lo acelerado que podían estar sus pensamientos.

Negó y puso las manos sobre su frente, Quill intentó agacharse frente a ella, pero lo pensó mejor y arrastro un banquito hasta su frente y se sentó. Delicadamente le tomó las manos, aliviado de que ella se lo permitiera.

—Habla conmigo, Neni, habla con Pabuelo.

Ella parpadeó regresándole un poco el brillo a sus pupilas, —Él dijo que ella…—lo vio a los ojos. Quill no dijo nada, solo esperó, dándole el tiempo que necesitara para poder asimilar todo a su propio ritmo.

—Dijo que ella… pero no puede ser.

—¿Qué fue lo que te dijo, Neni? —pidió dulcemente.

—Dijo que ella era mi Niña, —sus ojos se encontraron nuevamente, Quill ladeó un poco su cabeza, como si se estuviera disculpando o como si justificara las palabras de Edward.

—Pero mi Niña es chiquita, —dijo con voz baja, Quill suspiró y negó despacio.

—Piensa un poco Neni, —le pidió con dulzura, —te alejaron de ella hace mucho tiempo.

—Cuatro…—dijo interrumpiéndolo, —tenía cuatro añitos, —levantó sus cuatros dedos de la mano derecha, —Quill se los tomó y le dio un ligero beso en ellos.

Los ojos de Renné se llenaron de lágrimas, —Pero yo la quiero chiquita, —dijo con voz entrecortada, la garganta de Quill empezó a cerrarse.

—Lo sé, mi vida, lo sé.

—¿Es ella? —lágrimas cayeron por sus mejillas. Quill no era capaz de hablar por el enorme nudo que tenía en la garganta, pero despacio asintió dándole la razón.

Renné soltó un sollozo y volvió a enterrar el rostro en sus palmas, Quill se adelantó y la abrazó con fuerza, dejándola sacar de su sistema todo el dolor, la rabia, la frustración y finalmente el alivio de lo que acababa de descubrir.

—Lo siento. —susurró Quill entre su estrechez de garganta, —lo siento tanto, —dijo contra su cabello, mientras ella se aferraba a él como una niña asustada.

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—¡Edward! —gritó Bella cabalgando como un rayo, —¡So! —haló las riendas del caballo para detenerlo un poco, buscó la brújula en su bolsillo y esperó desesperada a que apuntara al norte. Se había desviado bastante cuando la aguja apuntaba mas hacia al este. —¡Mierda! —dirigió a Veneno en la otra dirección y le clavó los talones haciendo que se encabritara y saliera disparado.

—Vamos, vamos. —susurraba entre dientes mientras iba a campo traviesa.

Cuando estaba lo que se suponía mas cerca de la zona correcta un celaje oscuro le llamó la atención, frenó abruptamente a Veneno causando que se levantara en sus patas traseras. Bella siendo una experta, se mantuvo firme mientras estabilizaba de nuevo al caballo, lo hizo girar en redondo para poder ver mejor de que se trataba el celaje.

Un caballo. Era marrón con algunas manchas claroscuros en el pelaje corría como si el mismo diablo lo estuviera persiguiendo. Toda la sangre se drenó del rostro de Bella, no conocía el ejemplar, pero podía jurar que era Luna, llevaba silla y riendas, pero no llevaba jinete.

—Edward—susurró sabiendo que se encontraba en peligro, clavó con fuerza sus talones en Veneno y lo hizo correr como si no hubiera mañana.

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Edward hacía a Luna caminar con precaución por la orilla del río, sus ojos estaban alertas por cualquier movimiento entre los matorrales, había divisado a Luke desde lejos, lo había llamado y silbado pero el animal estaba asustado, porque huyó sin siquiera mirarlo.

Se había ido tras el trasero negro de Luke, y esto lo había llevado hasta el riachuelo, era bastante ancho y estaba rodeado de maleza, por eso iba despacio, para poder maniobrar con a la yegua sin terminar con su trasero estampado en el suelo.

Esperaba que Bella apareciera en cualquier momento, de haber sido en otra oportunidad o en otras circunstancias, no le habría hecho venir, de hecho, ni siquiera la hubiera llamado sin antes hacer lo humanamente posible para encontrar al caballo, pero Luke estaba asustado y de confiar en alguien, sabía que solo confiaría en ella.

Además, Bella iba a tener que ver a su mamá. Suspiró pasándose una mano por el rostro, había metido la pata feo con el asunto de Renné, solo esperaba que ella pudiera perdonarlo rápidamente.

Ruido lo sacó de sus pensamientos y giró abruptamente a Luna, que se quejó negándose a ir a donde le indicaban, Edward volvió a moverla para poder ver bien, pero la yegua se negó a moverse alzándose en sus patas traseras. Y a diferencia de Bella, Edward no sabía manejar tan bien al caballo, por lo que soltó las riendas del asombro y su espalda dio de lleno contra el terreno irregular, lleno de piedras de la orilla del riachuelo.

—¡Mierda! —gritó mientras se giraba un poco por el dolor en su espalda, —¡Luna! —pero lo único que captó fue la cola marrón mientras la yegua corría. Se acostó sobre su estómago sintiendo una punzada en su espalda, el agua del río le terminó de mojarle las ropas, cerró sus ojos y sus labios se contrajeron en una mueca adolorida.

Un caballo relinchó no muy lejos de él, que lo hizo levantar la mirada. Se tragó su dolor al ver un caballo negro como la noche a no mucha distancia de él.

—Luke—, susurró con una mezcla de alivio y preocupación, el caballo estaba inquieto, moviendo desesperadamente su cabeza de arriba abajo. Apretó los ojos mientras se colocó de pie y se tragó el dolor mientras chapoteaba hacia Luke.

—Tranquilo muchacho, —dijo acercándose con manos alzadas, Luke lo observó pero no se movía de su sitio, a excepción de su cabeza que subía y bajaba sin aparente control, —soy yo amigo—, trató de que lo recordara, no en vano se habían visto un par de horas antes, —si me recuerdas ¿verdad? —antes le había parecido tonto hablar con cuadrúpedos pero de un tiempo para acá sabía que no había mejor manera de ganarse su confianza que esa.

Luke permitió que se le acercaran y Edward se sintió más tranquilo cuando le permitió palmearle el cuello. Tomando con cuidado las riendas intentó guiarlo hacia adelante, Luke se había escapado cuando Renné tuvo la crisis, Edward lo había dejado sin atención mientras llevaba a su suegra a la casa principal. Por eso Luke no tenía la silla de montar puesta, pero si las riendas.

Cuando lo haló hacia él, Luke se quejó, al fijarse bien, se dio cuenta que el caballo tenía una de sus patas traseras enterrada en el fango a la orilla del río. Hizo un segundo intento con el mismo resultado, por lo que Edward desistió antes de hacerle daño.

Sostuvo la rienda en sus manos mientras inspeccionaba los daños. La pata estaba enterrada unos diez centímetros, pero si Luke seguía moviéndose, podía ser más.

—Quédate quieto, Luke —pidió —, necesito que te mantengas quieto un segundo, voy a liberarte.

El animal por supuesto estaba asustado y no entendía. Llevando su cabeza de arriba abajo repetidas veces siguió moviéndose, haciendo que su pata quedara más enterrada.

—Dios —susurró Edward. Aun manteniendo la rienda en una de sus manos, se agachó para intentar, cavar algo de fango que lo tenía atrapado.

Luke volvió a alterarse, esta vez relinchó, mientras se alzaba sobre sus patas traseras y pateaba con las delanteras. Del asombro, Edward soltó la rienda y se cayó sobre su trasero, otra vez.

—¡Mierda! —gritó furioso, agradeció que Luke siguiera atrapado, puesto que de no haberlo hecho, hubiera corrido lejos y ahora tendría en su haber, dos caballos perdidos.

—No sirvo para esto—, murmuró mientras se ponía de pie y trataba de sacudirse en vano el fango.

—Luke —habló al caballo, —quédate quieto amigo, nada pasa.

Volvió a escuchar el ruido pero no venía del caballo que lograba zafar, prestó atención a su alrededor, escaneando la zona mientras protegía a Luke tras de sí, parecía estúpido, sí, pero así funcionaban sus instintos.

—¿Bella? —llamó con la esperanza de que fuera su esposa. Otro ruido. Un chasquido de madera quebrándose y hojas crujiendo por pisadas. Sus instintos de inmediato le hicieron bajar la mano a su cinturón, pero no tenía pistola, parecían ya años desde que tenía una a diario.

—¡Maldición! —susurró entre dientes, se quedo lo más silencioso que pudo, pero el riachuelo tras él y la inquietud de Luke no ayudaban en absoluto. El sonido repitió y Edward esta vez fue capaz de localizarlo.

Se quedó lo mas quieto posible cuando un par de ojos a no mucha altura le devolvieron la mirada, parecía un perro, o mejor dicho un lobo, Edward había visto algunos Chacales mientras estuvo en el medio oriente, por lo que sabía que lo que estaba viendo no era ninguna de las opciones anteriores.

Un coyote. Era lo único que podía ser. Sabía poco de ellos, pero lo único que sabía es que eran flacos pero fuertes y comían animales pequeños…¿entonces qué demonios hacía acechando un humano y un caballo?

Luke se encabritó de nuevo y aunque Edward estiró su mano tras sí para calmarlo, el animal no dejaba de subir y bajar su cabeza. Dio un paso adelante con las manos alzadas, como si se estuviera tratando con un sospechoso.

—Diablos— soltó cuando el animal le mostró los dientes. Si sus conocimientos eran correctos y estos animales solo atacaban presas pequeñas. Comparándose con Luke estaba en serios, realmente serios problemas.

Se agachó con lentitud y tanteó alrededor. Su mano se cerró en un palo, pero cuando levantó estaba demasiado enterrado como para sacarlo, el animal gruñó y dio un paso adelante. Luke volvió a encabritarse haciendo que Edward perdiera el equilibrio y volviera a caerse.

No hubo tiempo de lamentarse o molestarse, de inmediato se levantó y buscó con la mirada al coyote, éste había avanzado, quedando a escasos metros de ellos.

—Ok —susurró Edward y volvió a estirarse para tomar alguna rama en sus manos para defenderse, el animal propinó un gruñido gutural que lo hizo levantar las manos de nuevo.

No parecía haber escapatoria, lo único con lo que podía contar ahora mismo, era con que el coyote lo pensara mejor y desistiera de atacarlos. ¿Debería hablarle como a un perro? ¿Cómo le hablaba a Neo cuando empezó a trabajar en Los Cisnes? Ninguna le parecía una buena idea y de solo pensar que podía resultar mordido por este animal le aterraba.

Debía huir de ahí, pero para eso debía montar a Luke. Dio un paso hacia a atrás para intentar de nuevo liberarlo, el caballo relinchó molestando al coyote. —Shhh—, le pidió con premura y sin perder al coyote de vista se agachó de nuevo para intentar liberar la pata de Luke. Pero ahora estaba inclusive mas enterrada en el fango.

—Dios— soltó una plegaria, pero de nada sirvió, el coyote alzó la cabeza y soltó un aullido, no era como el de los lobos o el de los perros, este era más agudo, sus orejas puntiagudas se plegaron a su cráneo y todos los bellos del cuerpo de Edward se erizaron en respuesta.

El coyote se había acercado más, su pelaje era entre blanco y rojizo, se encontraba mojado por lo que era mas oscuro en algunas partes. El aullido solo era para llamar a la pareja. Una hembra se mostró detrás, un poco hacia la derecha, iban a presentar un ataque en conjunto.

Todos los entrenamientos militares de Edward se regaron de nuevo por sus venas, no es como si hubiera recibido entrenamiento para esto específicamente, pero había estado al borde del peligro en más de una vez. Con la adrenalina bombeando en su sistema, siempre había un pensamiento en su cabeza. "No voy a morir hoy" y no lo haría, así peleara con estos dos animales, no iba a irse sin pelear y proteger a Luke.

Aun agachado tomó otra rama, esta no la descartó, algo era mejor que nada,—Ok —dijo a ambos animales que gruñían y sacudían sus narices cada dos segundos, —muéstrenme que tienen muchachos.

El macho gruñó más fuerte esta vez, y se abalanzó sobre la presa más pequeña. Edward.

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Bella corrió en la dirección opuesta del caballo desbocado, pasó cerca del ganado y supo que iba en el camino correcto, agradeció que Veneno no prestara objeción alguna. Al animal le gustaban los retos y los aceptaba tan bien como su bisabuelo.

—Vamos —maniobró las riendas adentrándose entre los árboles, dejando atrás al ganado. Puso atención por si escuchaba el río, pero hasta ese momento nada llegaba a sus oídos, —¿Dónde está el maldito río? —estuvo tentada a llamar a Edward. Alzar la cabeza y propinar un profundo y fuerte grito a su esposo… si tan solo supiera que él iba a oírlo.

¡Estúpida! Haló las riendas de nuevo, deteniendo con un quejido molesto a Veneno que no le gustó mucho la maniobra, hurgando en sus bolsillos buscó su celular, ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Podía llamarlo y saber si estaba bien. Tenía que estarlo, el hecho de que Luna hubiera salido corriendo no significaba nada… nada malo, eso esperaba.

Un aullido rompió el aire helándole la sangre. Las palabras de su bisabuelo se reprodujeron en su cabeza, coyotes.

Veneno se movió alterado sobre sus patas y Bella volvió a estabilizarlo. Soltó el teléfono y se dirigió hacia el aullido. Una de las ramas le aruñó el rostro pero maniobró de nuevo a Veneno corriendo entre los arbustos. Con razón la hacienda se llamaba Bosque Verde, montones de árboles la rodeaban. Solo las áreas donde estaban los animales eran despejadas, Bella no estaba muy acostumbrada a ese entorno. Los Cisnes era más bien todo lo contrario.

Finalmente escuchó el agua, y se concentró en ello, avanzó y avanzó hasta que finalmente los alcanzó a ver.

—Edward —susurró, pero él no la escuchó. Por alguna manera retorcida del destino ella quedó al lado contrario. Eso quiere decir. Al otro lado del río.

No era muy profundo, o eso le decían sus ojos, el agua era bastante trasparente y podía ver el fondo. Se bajó de Veneno y haciéndole sonidos tranquilizantes lo ató a una rama, el caballo levantó y bajó la cabeza varias veces y ella palmeó su cuello con cariño.

Agradeció que aun llevara un atuendo acorde para trabajar en la hacienda y dio unos pasos tentadores hacia el agua, el cristalino líquido de inmediato oscureció sus botas marrones. El agua estaba helada, podía sentirla aun a través del cuero, sus jeans rápidamente absorbieron el agua cuando el nivel de la corriente chocó contra sus pantorrillas, permitiéndole oscurecer la tela hasta casi los muslos.

Bella no le hizo caso al frío, su mirada estaba fija al frente, su esposo y su caballo estaban en peligro, dos ejemplares entre blancos y rojizos mostraban sus dientes y gruñidos queriendo atacar. Quería advertirle a Edward que se encontraba allí, que los ayudaría, pero no podía distraerlos, y perder el factor sorpresa.

Poco a poco sacó el arma de la parte trasera de su pantalón, era una automática, debía quitarle el seguro y cargarla. Se detuvo y con la mayor de las delicadezas lo hizo, se fijó que Luke estaba muy inquieto, pero que no se movía de su sitio, mientras arrastraba hacia atrás la corredera del arma, pudo ver que estaba atrapado. Luke tenía una de sus patas traseras muy enterrada y la otra se veía a punto de estar igual.

A pesar de que intentó no hacer el mas mínimo ruido el último chasquido del arma, alertó a los coyotes, no lo pensó y apuntando al que tenía mejor en la vista, disparó. El chillido del animal llenando por completo el ambiente de caos.

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Edward estaba listo, la rama en sus manos no le iba a dar mucha ventaja, pero algo era algo. Su mente corría a mil por hora. Esperaría a que alguno de los coyotes avanzara primero, estaba seguro que el macho lo haría, era el líder e iba a atacar al mas fuerte de sus dos presas, que precisamente era él. Sus planes era golpearlo con la rama con todas las fuerzas que podía tener para así bombearlo lo mas lejos posible. Nunca soltar la rama, para poder proteger a Luke, nada podía pasarle a Luke, ese era su mantra.

El río sonaba tras él, parecía arreciar o chapotear a su espalda, pero no iba a voltearse, imaginaba que no era otro animal porque no escuchó mas gruñidos y estos ejemplares no eran tan inteligentes así, mantuvo su mirada en el macho frente a él, sin dejarle tregua, sin bajar la cabeza, tenía demostrarle quien era el alfa.

—Vamos —murmuró mostrando los dientes, —terminemos esta mierda.

El macho avanzó. Los dedos de Edward se apretaron en torno a la rama. El coyote se agachó preparado para atacar. Edward hizo lo mismo.

¡BANG!

El sonido lo distrajo a pesar de estar preparado para cualquier cosa, quiso girarse pero el coyote siguió avanzando, el chapoteo tras él se hizo más fuerte, haciendo evidente que había alguien más ahí, por el disparo pensó que podía ser Quill, quizás Bella se quedó con Renné y él fue ayudarlo.

Pero el disparo no cayó en su presa. El coyote siguió avanzando esta vez corriendo y dos disparos mas se escucharon, acompañados de mas chapoteos, Edward optó por agacharse mientras Luke desesperadamente se paraba en sus traseros y chillaba.

—¡Aléjate de mi marido y mi caballo!

Levantó un poco la mirada para ver a su esposa, con piernas abiertas, botas vaqueras camisa de botones anudada, cola de caballo con una nueve milímetros en sus manos.

Toda la adrenalina se fue directa a su pene, que dio un respingo bajo sus pantalones.

Pero no podía reaccionar así, por más sexy y seductora que su esposa se viera armada, peligrosa y mojada, su atención giró al aterrador grito que lanzó Luke a su lado.

Bella también lo escuchó y fue hasta él.

—¡Luke!

El caballo ahora se encontraba en el suelo, su boca abierta y un sonido atroz que helaba la sangre salía de su boca, Bella cayó de rodillas junto a él mientras Edward se levantaba, se preocupaba por Luke, pero habían dos coyotes y Bella solo había matado a uno.

La hembra olía al macho caído y soltaba un quejido lastimero mientras esnifaba. Edward podía oír los lamentos de Luke tras él pero no podía perder de vista al coyote.

—Nena, dame el arma, —estiró su mano atrás. —¡Bella!

El frío hierro fue puesto en sus manos y Edward apuntó a la hembra, rogando que se fuera. No quería matarla sin necesidad.

—Vete, —le pidió con voz baja teniéndola en la mira.

Luke chilló de nuevo, era dolor, agonía, todo el cuerpo de Edward se erizó y le hembra plegó sus orejas y metiendo el rabo entre las piernas huyó, dejándolos solos.

Edward guardó el arma en la parte trasera de su pantalón y corrió hacia Bella, tenía la cara manchada de lágrimas mientras desesperada le hablaba al Luke.

—No, no, calma, guapo, calma, —goteó su nariz, —Oh Dios, —otro sollozo se le escapó, —no tú, cielo, no tú.

Edward vio con terror la escena frente a él.

Luke había estado de pie tras él, una de sus patas estaba enterrada, por lo que no entendía muy bien como ahora estaba acostado en el suelo.

—Bella—, su voz fue apenas un susurro, pero ella lo escuchó.

—Su pata—, dijo ella, —se fracturó una pata.

Cuando bajó su mirada al sur del caballo sus ojos se abrieron desmesuradamente, la pata que estaba enterrada estaba doblada en un ángulo imposible, Luke mostró las encías y otro quejido le heló la sangre.

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Quill estaba en la habitación de Neni, ésta había accedido a tomarse una pastilla para poder dormir, le había costado un poco convencerla. Renné quería a Bella, quería verla, hablarle y Quill le dijo que debía estar descansada y despejada para cuando se vieran nuevamente. Solo así había accedido a tomarse la pequeña capsula blanca y rosa.

—Señor, ¿Desea algo más? —Leah estaba de vuelta a la habitación, la mujer se había portado excelente mientras él llegaba a ayudar a su nieta. Suspiró viendo por la ventana.

—No Leah, solo quiero asegurarme de que no despierte sola.

—Si quiere descansar, puede hacerlo, yo me puedo quedar con ella, la dosis que tomó la va a dejar fuera un buen rato.

Quill dejó de oírla a media frase, un movimiento en los jardines lo hizo erguirse de inmediato.

—¡Maldita sea! —Leah dio un salto de la impresión, Quill tomó su sombrero y el clic, clic de las espuelas de sus botas lo siguieron fuera de la habitación. —¡Quédate con ella! —no esperó respuesta mientras bajaba tan rápido como podía hacia una yegua que iba a casa desesperadamente.

—¡Luna! —la reconoció de inmediato.

La yegua se detuvo y se alzó aterrada sobre sus patas, pateando con las delanteras a todo aquello que estuviera cerca. Quill levantó sus manos.

—So, Luna, So. —halándola con las riendas no la dejó descansar, se subió a ella y la guió con rapidez hacia el río, algo pasaba con su bisnieta y su esposo, tenía que ir ayudar.

La yegua estaba cansada, pero Quill siempre mantenía sus animales en forma, quizás Bella y hasta la misma Renné no aprobaran sus métodos, pero ahora mismo no podía importarle menos, porque Luna le siguió el ritmo y corrió rápidamente hacia donde la obligaba su dueño.

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—Luke, oh Dios, Luke. —Edward se dejó caer de rodillas al lado de su esposa, que no dejaba de llamar a gritos a Luke que no dejaba de quejarse.

—Nena, —susurró, intentó colocarle una mano en el hombro, —Lo siento tanto —pero ella se sacudió de inmediato.

—No, —se puso de pie, —necesito inmovilizarle la pata, búscame algo que sirva, —se quitó el cinturón instándole a él que hiciera lo mismo.

Edward se colocó de pie de inmediato e hizo lo que se le indicó, Luke se volvió a quejar y Bella cerró los ojos con fuerza.

—No. —susurró a la nada, Edward la vio de manera extraña, sin entender por completo a que le negaba.

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Verán, los caballos son muy buenos animales, para halar, cargar y cabalgar, son potros hasta los 4 años de edad cuando están en cautiverio viven alrededor de 25 a 35 años de vida y pesan entre 450 y 650 kilogramos.

Estos pueden dormir tanto tumbados como de pie, normalmente lo hacen de pie cuando no es por mucho tiempo, pero es recomendable que no pasen mucho tiempo echados, puesto que por su anatomía no es sano.

También hay una cosa que es realmente terrible para los caballos y esa es una fractura de alguna de sus patas, por el simple hecho de que siempre deben estar apoyados en ellas y por el peso es prácticamente imposible sanarlas.

Hay facturas y fisuras, la de Luke era una gran fractura.

—¡Ayúdame! —gritó Bella a su esposo con un nudo en su garganta, habían recogido algunas cosas que ella pensaba que podían ayudar, Veneno relinchaba desde el otro lado del río y Edward se fijó que aun estuviera solo, el coyote seguía muerto a pocos metros de distancia y estaba pendiente de que no aparecieran mas.

—Mantenlo quieto, —pidió ella. Era casi imposible, Luke era enorme y él no podía mantenerlo quieto sin patear, sin embargo se sentó sobre el caballo.

—Quieto muchacho. —no vio que estaba haciendo Bella, solo cerró los ojos mientras intentaba borrar de su cerebro el quejido del animal, todo esto era su culpa. Su maldita culpa.

—Oh Dios, —Bella se lamentaba y Edward era incapaz de ayudarla, se maldijo aun más. Cuando escuchó de nuevo un chasquido, levantó la mirada y de inmediato se puso de pie, el coyote había regresado, los quejidos de Luke seguramente la había hecho volver.

Ignorando las plegarias de Bella se levantó y sacando el arma de su cintura apuntó derecho al corazón del coyote.

¡BANG!

Ni siquiera parpadeó.

Oyeron entonces más pisadas, esta vez más fuertes, más precisas, Edward se colocó frente a Bella, protegiéndola con la pistola en mano alerta de dispararle a lo que fuera que los amenazara.

—¡Diablos Cullen! —Bajó el arma cuando Quill entró a la vista, Luna se alzó en sus traseros y dio dos vueltas antes de que pudieran detenerla por completo.

Cuando Quill se dio cuenta de lo que pasaba, se bajó de inmediato entregándole las riendas de Luna a Edward se acercó a un árbol y observó como la yegua bebía agua del río mientras amarraba las riendas al tronco. Nunca más se le iba a olvidar asegurar a un caballo luego de bajarse. El anciano se quitó el sombrero y se arrodilló junto a Bella, que no hacía más que llorar sin haber hecho realmente algo con la pata fracturada de Luke.

Quill estiró despacio una de sus manos, indicándole a Bella que iba a tocarlo, ella asintió sin saber si él la veía o no. Quill, con una delicadeza que no necesariamente lo definía tocó la herida de Luke, que chilló e intentó pararse, fallando terriblemente en el intento.

—Niña, —dijo Quill sabiamente. Bella empezó a negar de nuevo.

—No.

—¿Qué sucede? —preguntó sin poder contenerse Edward.

Quill estiró una de sus manos, —Dame la pistola muchacho.

—¡NO! —Bella se levantó, —¡No vas a sacrificarlo!

Edward abrió los ojos de más, e instintivamente escondió la pistola detrás de sí, esto no podía estar pasando, esto no podía ser cierto.

—¿Sacrificarlo? ¿De qué estás hablando?

Luke se quedó en silencio un momento, Quill pasó las manos por su cabello.

—Tiene una fractura, una muy grande, no puede curarse.

Edward abrió los ojos de nuevo, no entendía, ¿sacrificarlo?

—Necesito moverlo, entablillarle la pata, necesito sacarlo de aquí.

—Niña.

—¡NO! —gritó Bella alborotando todo a su alrededor. —¡No voy a matarlo, la solución a todo no es matar, no es abandonar, será la primera opción para ti, pero no lo es para mí!

Soltó un sollozo y volvió a volcarse a Luke, cerró sus puños con fuerza.

—Muchacho—, Edward parpadeó hacia Quill sin molestarle el nombre que usó, de verdad en ese momento se sentía apenas un crío. Quill lo llevó un poco lejos de Bella.

—Vigílala, —Edward parpadeó sin entender, —voy a regresar a la hacienda, tengo un camión en el que podemos trasladar a Luke— Edward parpadeó de nuevo, —creo que puedo moverlo con la grúa, va a ser difícil meterla hasta aquí, pero algo se me va a ocurrir, vigílala mientras vuelvo, mata a cualquier cosa que se les acerque.

Edward asintió rápidamente, Quill le palmeó la mejilla. Duro. —Ya vuelvo.

—Espera—el anciano se detuvo, —¿sacrificarlo? —fue la única pregunta que pudo articular.

Quill suspiró, —Luke pesa 550 kilos y pasa de pie el 70% del tiempo, no hay manera de operarlo y que pueda permanecer de pie tanto tiempo, va a sufrir, mucho…—suspiró, —está sufriendo ahora. Ella lo sabe, pero Dios me libre de ser el villano otra vez en su vida. Esto no es capricho o "abandonar" como ella dijo, esto es la única solución, pero haré lo que ella quiere, no voy a matar al pobre animal sin que ella lo decida primero.

Ambos regresaron al río, Quill tomó a Luna de nuevo y se marchó, Bella ni se inmutó por su partida.

Luke estaba quieto, demasiado quieto con Bella arrodillada a su lado, las lágrimas salían de sus ojos sin pausa. Edward se arrodilló a su lado con miedo de tocarla, todo esto era su culpa, Luke había escapado porque no había sido capaz de amarrarlo a un estúpido tronco.

—Lo siento, —susurró y se sintió peor que cuando estaba en silencio, Bella no dijo nada, solo observaba a Luke, acostado mientras hacía sonidos roncos.

Bella cerró los ojos y apoyó la frente en el hombro de su esposo, un nudo se apoderó de la garganta de Edward cuando la estrechó contra él, —Quill fue a buscar una grúa, vamos a llevarlo a casa, puedes operarlo, puedes salvarlo, —susurró contra su cabello. Bella negó cerrando más los ojos.

—Está sufriendo, entró en shock, no hay nada…—un sollozo la atravesó y él la apretó más fuerte, —no hay nada que se pueda hacer. —Él besó su cabello de nuevo, Bella volvió a llorar.

—No puedo, —negó, —no puedo hacerle esto.

Edward cerró los ojos y tomó quizás una de las decisiones más difíciles de su vida con Bella.

—Despídete de él Nena.

Y lloró con ella, en silencio, solo escuchándola.

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Bella sintió que su pecho se trancaba, sintió como si algo muy pesado se sentara en su garganta, sabía lo que se debía hacer, el caballo de su hermana le había pasado más o menos lo mismo, de hecho la fractura que había sufrido el animal mientras Alice hacía equitación era pequeña en comparación a esta. Su hermana nunca fue la misma y estaba segura que ella tampoco lo sería después de esto.

Tenía la mano de su esposo en la espalda y eso la mantuvo cuerda.

—Luke —susurró— fuiste mi mejor amigo desde que tengo memoria. Aprendí a amar a los animales por ti, —pasó una mano por su mejilla, —me hice veterinaria por ti, guapo. —dibujó una sonrisa triste, —cuando me quedé sola. Cuando se llevaron a mi mamá lejos, me escapaba de noche solo para verte, te echabas en el suelo y me dejabas recostarme en ti. Más de una vez Khloe iba a buscarme, me regañaba por escaparme, pero ella lo sabía bien, tú eras mi única ancla, eras mi familia, me sentía tan sola.

Se inclinó lo suficiente para apoyar la frente en la cabeza del caballo, que resopló por el contacto.

Escuchó un sollozo que pensó que era propio, —cuando murió Dave y mi bebé quise morirme también, no me sentía digna de respirar cuando ellos no pudieron, te dejé. —Cerró los ojos, —te abandoné y me arrepiento todos los días, la verdadera familia no se deja. No se abandona a los amores de tu vida. Te quedas… luchas por ellos.

—Luché por ti Luke, cuando me di cuenta de mi error luché, me negué a dejarte cuando mi papá te vendió, regresé de las Vegas, abandoné mi luna de miel para venir por ti, dejé a quienes nunca me apoyaron y peleé, gracias a ti encontré a mi mamá de nuevo, eres… eres lo mejor de mi vida y lo siento tanto, —besó su pelaje, —pero esto es lo mejor, no quiero que sufras, te amo… Dios siempre lo haré, —lo besó de nuevo. —te quiero guapo.

Luke resopló y sus ojos aletearon un poco, Bella lo acarició y cuando lo sintió emitir otro quejido se dijo a sí misma que era hora. Se incorporó mientras apretaba el brazo de su esposo y asintió sin verlo a los ojos.

Abrazándose a sí misma se alejó, volvió a atravesar el río y tomó a Veneno que esperaba tranquilo en el árbol en el que lo había dejado, caminó con él fuera del área del bosque, caminó sin ver atrás, sin voltear.

Cuando el área frente a ella se despejó, montó al caballo, iba a esperar por Edward para regresar, hablarían, lo dejaría abrazarla.

¡BANG!

Su corazón explotó en su pecho, sus talones se clavaron en las costillas de Veneno y este salió disparado llevándose a Bella con él, impregnando el aire de lágrimas y llanto.

Luke se había ido.

Su caballo ya no estaba.