Capítulo LI. Un nuevo profesor.
Los chicos salieron tras ella a la carrera.
La niña caminaba con la cabeza gacha y paso decidido, sin importarle quién estuviese en su camino, iba golpeando a la gente para apartarla.
-Increíble, aún nadie le ha dicho nada- protestó Patricia.
-Isis, cariño, tenemos que hablar- el chico de ojos grises levantó la voz.
-No me sigas, Sirius. Estoy enfadada- contestó a desgana.
Giró tras la tercera columna y desapareció.
-¿Dónde está? Aquí no hay pasadizo- se alarmó James.
Isis aguantaba la respiración sobre el dintel de la puerta, intentando hacerse invisible. Pero por alguna extraña razón no podía.
Una risa profunda llamó la atención de los merodeadores, giraron la cabeza y vieron al nuevo profesor con una amplia sonrisa en el rostro.
-¿Y este de que se ríe?- a James empezaba a caerle mal, y se notaba en el tono de su voz.
-Yo que se- Remus se encogió de hombros.
-Lily, creo que nos está mirando- le susurró la castaña a la pelirroja.
Lily se alisó la falda y se arregló el cuello de la camisa, James la observó y aún se enfureció más.
-¿Qué haces?- le preguntó molesto a su novia, mientras la ocultaba del mago.
-Arreglarme- respondió ésta sin entender la actitud de su novio, ella se tenía que tragar cada piropo que le soltaban a él el resto de las chicas.
-¿Por qué?- Isis soltó el aire de golpe a la vez que Lily resoplaba.
El hombre controlaba cada movimiento de la niña. Buena táctica esta última para no dar a conocer su posición.
-James- se quejó la chica mientras el chico la envolvía en un abrazo de oso, intentando apartarlo con sus manos.
-¿Qué? ¿Ya no quieres muestras de cariño en público?
Sirius observaba los movimientos del mago a su vez que éste controlaba los movimientos de Isis. El mago se detuvo en el chico y posó su mirada clara sobre él, atravesándole los ojos. Sirius no apartó la mirada, ni siquiera pestañeó.
-Tiene valor, joven- se acercó hasta ellos a paso decidido- Creo que andan buscando una pequeña dama de melena dorada y ojos azules, ¿Me equivoco?
-¿La ha visto?- se adelantó Peter emocionado.
Albert Dorian no contestó.
-¿Para qué la buscan?- preguntó el nuevo profesor.
-Para hablar- respondió Sirius con los ojos entrecerrados.
-Eso es coincidencia, yo también quería hablar con ustedes. ¿Me harían el favor de acompañarme a mi despacho?
-Por supuesto, profesor Dorian- respondieron las jóvenes a la vez, haciendo saltar a James de pura indignación.
La niña sonrió aliviada, las puntas de los dedos de los pies le dolían después de tanto tiempo cargar con su propio peso en apenas tres centímetros de espacio.
El nuevo profesor dejó que los adolescentes se le adelantaran, miró hacia arriba y le guiñó un ojo a la niña.
-¿Te ayudo a bajar?- articuló sin emitir sonido.
-No hace falta, si he podido subir sola, puedo apañármelas para bajar- lo miró con prepotencia y el hombre asintió con la cabeza dándole la espalda.
Oyó como unos pies se posaban en el suelo y un pequeño quejido, pero ella había rehusado de su ayuda, que cargase con las consecuencias, él en la vida había podido ponerse de puntillas, pero Lis, su nieta, lo conseguía con una facilidad pasmosa.
Sabía que aquella niña le iba a dar muchos quebraderos de cabeza.
Los chicos se recostaron delante de la puerta del despacho del profesor de Defensa, él llegaba con una sonrisa irónica pintada en el rostro.
-La encontraron- agitó su varita y la puerta se abrió de golpe.
Entraron los siete seguidos del hombre, éste cerró la puerta de una patada, dejándola temblando tras el estruendo.
-Ante todo felicidades a los señores Potter y Black- y comenzó a tararear "Cumpleaños feliz".
Ellas sonrieron, el hombre tenía buena voz.
-Les debo una explicación, antes de que hablen con la señorita Black- pasó por delante de ellos con paso decidido- Siéntense, por favor.
Los chicos de sexto se sentaron sobre los sofás que adornaban el despacho.
El sitio estaba realmente pulcro y ordenado.
-Soy Albert Dorian VII, Auror condecorado y actual profesor de la Academia Nacional de Aurores de Cambridge, en la materia de Defensa y Estrategia, de tercer curso, obligatoria para todos los aspirantes- los chicos se miraron entre ellos sorprendidos- Estoy aquí a petición directa de Albus Dumbledore y mi amigo Kingsley, para la preparación de la señorita Black en el cuerpo de Aurores.
-Perdone- interrumpió Remus- ¿Saben si Isis quiere convertirse en auror?
-Eso no importa señor Lupin- el chico se sorprendió que él conociese su nombre.
-No ponga esa cara, hombre- bromeó el mago- llevo siguiendo los pasos del monstruito desde que los señores Black pidieron ayuda al Ministerio.
-Pero usted está en el bando de los buenos- replicó Lily.
-Yo estoy con la Orden, sí, e intento evitar que esa niña se convierta en mortífago.
-¿Por qué?- Sirius no se fiaba ni de su sombra.
-¡Hombre! Ya se de dónde sacó la desconfianza el monstruito- rió escandalosamente a lo que Sirius respondió con un gruñido perruno.
-¿Por qué se refiere a Isis como el monstruito?- se adelantó Patricia.
El mago la miró detenidamente y los ojos se le empañaron.
-Es más fácil que decir mi hija- el aire se podría haber cortado con un cuchillo en aquellos momentos- No quiero separarte de ella, Sirius, pero Isis lleva el alma de mi hija. ¿Nunca os habéis preguntado por qué a veces parecía tener más edad que la que tiene?
-Viajó al futuro este verano y se pasó allí cuatro años, es como si tuviese quince en vez de once- replicó Anne.
-Bueno, eso sería una muy buena explicación. ¿Qué me decís de la prueba del Veritasserum?- él posó la mirada en el chico de ojos grises- ¿De dónde salió tanta luz Sirius? ¿Habías visto algo como eso alguna vez?
El joven negó con la cabeza, tenía la mente obnubilada.
El hombre se acercó sigiloso al muchacho y se acuclilló frente a él, le sujetó las manos con fuerza y le sonrió. Sirius estaba triste.
-Calma muchacho, nadie va a conseguir separarte de la niña- Sirius le miró a los ojos- y nadie va a conseguir que Isis se separe de ti, eres lo más preciado que tiene.
Se levantó, le revolvió el pelo y se fue a sentar sobre la mesa de despacho, apoyándose sobre una única pierna, las chicas lo miraron embobadas, James bufó molesto.
-Se que son los mejores de esa asignatura en su curso- levantó la mano antes de que James volviera a interrumpir- si señor Potter, mejor incluso que esa niña.
-Habla de ella como si la odiase- le acusó el chico de gafas demasiado molesto.
-No odio a Isis, odié a mi hija durante un tiempo.
-Pero antes ha dicho que el monstruito, refiriéndose a Isis- James estaba totalmente indignado- era su hija.
-Creo que no me he explicado claramente. El alma de Isis al nacer era el de mi hija…
-¡Es exactamente la misma alma!- James lo señalaba con el dedo.
El mago sonrió y negó con la cabeza.
-No señor Potter, ahora es el alma de Isis Black, no de Lis Dorian. El alma de mi niña la ayudó a desarrollar su magia, pero Lis murió con once años y…
-¿Cómo?- cortó Lily con los ojos anegados en lágrimas.
-¿Perdón?- el mago parecía descolocado por primera vez.
-¿Cómo murió su hija?- replicó la pelirroja, todos la atravesaron con la mirada, ¿Qué importaba eso?
-Señorita Evans, mi hija murió ahogada.
-Usted parece joven, ¿Con qué edad tuvo a su hija?- Anne empezaba a dudar del hombre, algo en su fuero le impedía creerlo al cien por cien.
-Se sorprendería si supiese la edad que tengo, ¿Cuántos años me echa?- su sonrisa iluminaba el bello rostro curtido.
-¿Treinta y ocho?- aventuró Patricia, muy buena acertando edades.
-¿Treinta y ocho?- el mago parecía apunto de partirse de risa- Gracias, pero no, hace más de veinte años tenía esa edad.
Los chicos lo atravesaron con la mirada, para ser un viejo de cincuenta y ocho años se conservaba de maravilla.
-¿Es usted un vampiro?- la pregunta de Anne fue la que todas esas atolondradas mentes acababan de pensar.
-No señorita Morgan, y ahí viene la petición que les debo de hacer, necesito que protejan a Isis.
-¿Protegerla? ¿De qué o quién si puede saberse?- por una vez en su vida Peter sorprendió con una pregunta lógica.
-De mí y de lo que le voy a hacer, la voy a convertir en una experta guerrera y para ello la voy a tener que romper, sacarle sus más profundos miedos y hacerla enfrentarse a ellos.
-¡Pero tiene once años!- Lily, quién se atreviese a poner un solo dedo encima de esa preciosa cabellera rubia se las vería con ella y su genio demoníaco convertido en ira.
-Lo se, fallé una vez y no pienso volver a fallar- el mago estaba decidido.
-¿Qué quiere de nosotros? Si ya está todo decidido, ¿Para que nos necesita?- ese fue Sirius.
-Vais a convertiros todos vosotros en su piedra angular, cada día os tocará a uno convencerla de que debe seguir luchando. Cada uno de vosotros tendrá un valor- pasó la mirada por cada una de la de los jóvenes- Remus, tú eres la sensatez, tú James, eres la fuerza, Patricia la amistad, Anne la bondad, Lily- se detuvo en ella- tú eres el amor- la chica se ruborizó- y Peter la inocencia.
-¿Y yo?- ¿Acaso su hermano no tenía nada que hacer?
-Sirius, tú eres el más importante de todos, jugarás el doble papel, a veces serás su consuelo y otras su agonía.
-No lo entiendo- el chico negaba con la cabeza, él quería ser su apoyo, en lo bueno y en lo malo, su sostén, su clavo ardiente.
-¿No? ¿Ves esto?- el hombre agitó un pergamino en el aire, el chico le mantuvo la mirada- Eres mayor de edad, en cuanto yo firme este papel, te vas a convertir en el tutor legal de tu hermana, todas las decisiones que se tomen sobre ella pasarán antes por tu tamiz, tú considerarás si son oportunas o no. Vas a ser su padre- el hombre sacó una estilográfica del primer cajón - ¿Me vas a permitir entrenarla, destrozarla hasta que desee estar muerta, arrancarle las entrañas y verla sufrir hasta que caiga exhausta para que todos nosotros tengamos un futuro? ¿Eres capaz de poner a Isis en peligro por el bien de la humanidad?
-¿Firmará ese papel?- el chico tenía la voz ronca, lo que menos le apetecía era ver sufrir a la niña.
El hombre asintió con la cabeza.
-¿Puedo obligarla a abandonar la casa de mis padres?
La respuesta fue afirmativa, un fuerte movimiento de cabeza.
-¿Estará obligada a obedecerme en todo momento?- el chico quería tener todos los cabos atados.
-Igual que tú estabas obligado a obedecer a tus padres, pero nunca lo hiciste- le sorprendió el mago- Sirius, el respeto no se consigue a golpes y eso tú mejor que nadie lo sabes.
Sirius asintió con pesar. Había momentos en los que le hubiese encantado ser el padre de Isis para tener derecho a darle una buena tunda, sobretodo cuando todo lo que hacía por ella era alejarla de futuros problemas y la cabezonería Black salía a relucir.
-Si contigo no funcionó el castigo físico, ¿Qué te hace pensar que funcionará en Isis?
-Nada- contestó el joven en un susurro- Cada vez que la he abofeteado se ha alejado de mí, no ha comprendido.
-Te equivocas, cada vez que la has abofeteado ha visto en ti a Orion.
-Ella en casa era perfecta, nadie le ponía la mano encima, hasta que llegó la carta de Hogwarts- dijo el muchacho con lágrimas en los ojos, recordando las marcas de la espalda de la niña.
El mago negó con la cabeza.
-Me demuestras que no conoces a Isis lo suficiente como para reclamar su custodia- el hombre fue a dejar la pluma en el cajón pero una mano decidida lo detuvo.
-Firme esa nota y tendrá el apoyo de los merodeadores- habló James a sus espaldas, también le urgía sacar a Isis de ese fatídico ambiente.
-Me sorprende, señor Potter, creí que le caía mal.
-Lo que sea por Isis- respondió el muchacho.
-Lo que sea- se levantó Remus dando todo su apoyo a los chicos.
Sirius notó como la amistad era lo más importante en este mundo, ese calor que lo embriagaba con sus alas de ángel le aportaba todo el valor que necesitaba.
-Tiene que firmar esa nota, por favor- le rogó el moreno.
-Sirius, para educar no sólo se necesita cariño, habrá veces que tengas que hacer cosas que no te guste o no te apetezcan hacer. Si Isis no responde al 110 % de lo que le voy a exigir la retiraré de los partidos, ese será su castigo.
-¡Eso no es justo!- se exaltó Patricia- Castigará a todo el equipo, a todo Gryffindor, Isis es la estrella del equipo.
-Lo se. Ese peso pondré sobre sus hombros- levantó las manos asiendo fuertemente el pergamino- Sí, Lily, se que sólo tiene once años, pero puedo demostrarte que Isis es capaz de aguantar más sobre sus hombros que muchos adiestrados en combate. Empezaré con el Quidditch para terminar en lo que más le importa, y quiero que responda bien a todo, demasiado bien, porque no pienso permitirme el lujo de perderla como a mi hija la perdí- el hombre tenía las mejillas enrojecidas y los ojos brillantes- Ahora, váyanse.
Todos se retiraron apesadumbrados.
La mente de Sirius anhelaba el pergamino, quería tener la responsabilidad de su niña sobre sus hombros, por más que le hubiese gritado a James que era una pesada carga era lo que había deseado desde el mismo momento que con seis años y medio su madre Walburga se la colocó entre sus brazos para sacarle la fotografía que llevaba siempre en su cartera, cerca del corazón cuando se ponía su cazadora de cuero de motorista.
Lily, Patricia y Anne se miraron, la fiesta estaría en pleno apogeo, deseaban con todas sus fuerzas que Isis hubiese convertido el agua en Whiskey de fuego como les había prometido y hubiese podido conseguir el piano de cola para tocarle la melodía que les había compuesto a los chicos.
