POV. Christian Grey.

Despierto por un sonido, son ¿sollozos?, me muevo en el asiento del avión que por cierto es muy incómodo, miro para ver de donde provienen los sollozos y me doy cuenta que al lado de mi asiento hay una chica rubia y tiene su cara cubierta por sus manos, parece que está devastada.

—¿Oye, estás bien? —le pregunto ya que no es normal que alguien llore.

Veo como ella se quita las manos de su cara y me observa apenada.

—Sí, lo siento si te desperté —dice y creo que está nerviosa.

—No, no me despertaste, bueno, sí lo hiciste pero de todos modos ya vamos a aterrizar —le digo encogiéndome de hombros.

—Bueno, lo siento —dice y baja la mirada.

—¿Por qué llorabas?

—Bueno, el amor no siempre es como los de un libro —dice encogiéndose de hombros.

—¿Por qué lo dices? —le pregunto intrigado.

¿Por qué dirá eso?

Mi amor si es como el de un libro.

—Bueno, te contaré mi historia porque pareces buena persona —dice y me mira para luego lanzar un largo suspiro—. La razón por la que me estoy yendo a Seattle es porque me estoy escondiendo de mi ex novio. Los primeros meses de nuestra relación eran los más bonitos recuerdos vividos en mi vida —dice y las lágrimas vuelven a bajar por su rostro—. Pero de un tiempo para acá, Antonio comenzó a pegarme y también lo encontré follando con la que era mi amiga. No pude soportar todo ese dolor porque yo estaba o estoy profundamente enamorada de él, pero me di cuenta de yo solo era un objeto para él y el amor que sentía no era correspondido, entonces decidí terminar con él para así poder continuar con mi vida pero él comenzó a amenazarme y acosarme, yo tenía o tengo mucho miedo, por eso decidí dejar Londres para comenzar una nueva vida en Seattle, deje a mi familia, me fui sin darle una explicación porque no quería que Antonio les hiciera algo a ellos, eso no me lo perdonaría. —Tengo que admitir que su historia es un poco trágica.

¿Por qué a los hombres les gusta pegarles a las mujeres?

Eso es algo que no entiendo.

Yo nunca le tocaría ni un pelo a mi princesa.

Nunca.

—Oh, lo siento. ¿Entonces vas a empezar desde cero? —le pregunto.

—Sí, me quedaré en un hotel mientras consigo algún apartamento y luego me pondré a buscar trabajo —dice encogiéndose de hombros.

Eso a mí me da una idea.

—Oye, yo necesito una asistente personal, y él lunes estaré haciendo algunas entrevistas, si quieres puedes ir y llevar tu resumen curricular tal vez puedas obtener el puesto, la paga será buena —le digo y veo como sus ojos brillan.

—Oh, sería un honor ir a la entrevista, gracias, en verdad muchas gracias —dice ella y luego sonríe.

Creo que es la primera vez que la veo sonreír.

—Está bien, no tienes por qué darme las gracias, toma está es mi tarjeta, llámame el domingo por la noche para darte la dirección —le digo pasándole mi tarjeta de presentación.

—Gracias, señor...—Mira la tarjeta para ver mi nombre—.Grey, por cierto mi nombre es Andrea Parker —dice tendiéndome la mano y yo la recibo.

Seguimos hablando hasta que nos informan que vamos a aterrizar.

La chica no para de darme las gracias, parece que viene de buena familia.

Ella no es como las otras que me comen con la mirada, me cae bien.

Cuando llegamos al aeropuerto me despido de ella y cojo un taxi para que me lleve a casa.

Decido mandarle un mensaje a mi princesa para que no se preocupe.

Christian:

Princesa, ya llegue a casa sano y salvo.

Te amo xoxo.

Cuando llego a casa voy directo a la habitación, y me acuesto en la cama y quedo profundamente dormido.

Cuando despierto, me levanto de la cama y me voy a dar una ducha rápida, me visto rápidamente con un traje negro de «Giorgio Armani»,con una corbata gris. Joder, me veo bien.

Cojo mi teléfono y mis cosas, y salgo de la casa ya que la reunión es en unos minutos y no quiero llegar tarde.

Espero que los dueños de la empresa firmen el contrato.

Si lo hacen le daré una sorpresa a mi princesa.

Joder, lo firmaron.

¡Firmaron el maldito contrato!

Ahora tengo el dinero seguro para acelerar la construcción en GEH y también para darle la sorpresa a mi nena, de la cual me encargaré en este momento.

Llamaré a la señorita Méndez a ver si me puede atender ahora, ojalá diga que sí.

Busco mi teléfono y ella contesta al segundo tono.

—¿Hola?

—Señorita Méndez, habla Christian Grey —digo y siento como su respiración se entrecorta, eso me hace rodar los ojos.

Esta es una mujer pesadita.

—Se-señor Grey —tartamudea al otro lado de la línea—. ¿Y esa sorpresa que me llama? —dice en tono de voz seductor.

¡Qué mujer!

Por Dios, sí es unos ocho años mayor que yo.

—La llamo porque quiero echarle un vistazo al ático del Escala —digo en tono de voz firme, no quiero que se haga falsas esperanzas.

Ni que estuviera loco.

—Oh sí, si quiere nos podemos ver en treinta minutos ahí y yo le puedo le puedo dar un recorrido por todo el ático —dice y en su voz noto ¿emoción?

—Está bien, nos vemos en treinta minutos.

—Le mandaré el código que tiene que ingresar en el ascensor por mensaje de texto.

—Está bien —digo y cuelgo.

Al minuto me manda un mensaje de texto con el código.

Voy directo a mi coche y luego emprendo camino al Escala.

Quiero comprar ese apartamento, Ana y yo necesitamos nuestro propio espacio y ahora que sabe de su padre seguramente él volverá a su antigua casa y digamos que yo no me sentiría cómodo con él ahí, además creo que no le caigo bien.

Hablando de Ana, no me ha respondido mi mensaje, debe de ser que no ha visto su teléfono, seguramente debe de estar con su padre.

No llevamos ni veinticuatro horas separados y ya la extraño mucho.

Llego al edificio Escala, aparco el coche y voy al ascensor.

Me gusto el edificio, es todo lujoso y bonito, y la seguridad es muy buena también, creo que a Ana también le gustará, eso espero.

Ingreso el código en el ascensor y luego este se mueve hasta el último piso.

Las puertas del ascensor se abren dándome paso a un vestíbulo totalmente blanco. En medio hay una mesa redonda de madera oscura, y al lado está la señorita Méndez.

—Señorita Méndez —digo en forma de saludo.

—Señor Grey, sígame por aquí —dice y camina hacia una puerta doble.

La abre y el blanco se prolonga por un amplio pasillo que nos lleva hasta la entrada de una habitación inmensa.

—Este es el salón principal, como ve ya todo está amueblado solo les falta una que otra cosa —dice señalando la gran habitación.

El salón es de techos altísimos y oscuros. Calificarlo de «enorme» sería quedarse muy corto. La pared de fondo es de cristal y da a un balcón con magníficas vistas a la ciudad de Seattle.

En ese balcón, Ana y yo podríamos pasar buenos momentos.

Cada vez me atrae más la idea de comprar este ático.

A la derecha hay un imponente sofá en forma de U en el que podrían sentarse cómodamente como diez personas. Frente a él, una chimenea ultramoderna de platino.

A la izquierda, junto a la entrada, está la zona de la cocina, que es toda blanca, con la encimera de madera oscura y una barra en la que pueden sentarse seis personas. Esta cocina tiene todo lo que alguien necesita para cocinar, claro solo falta la comida. De eso me encargo yo.

Cuando Ana la vea va a saltar de la emoción, como a ella le encanta cocinar, creo que en otra vida fue chef.

Junto a la zona de la cocina, frente a la pared de cristal, hay una mesa de comedor de madera oscura también, rodeada por dieciséis sillas.

Es el lugar perfecto para poner un comedor.

En el rincón hay un gran espacio vacío, mmm, creo que ahí quedará bien un piano, tal vez más adelante compre uno, ya veremos.

—Por aquí está el dormitorio principal —dice y me guía hacia una habitación.

Es muy grande y blanca, creo que la mandaré a pintar de un color azul, bueno eso lo decide Ana, no yo, tiene un baño incorporado que tiene jacuzzi, un lavamanos doble, y una ducha con suficiente espacio, y por supuesto un retrete que parece la silla del presidente.

También tiene un gran armario que parece otra habitación.

Salimos y me lleva hasta otro salón, no tan grande como el otro, este está completamente vacío, creo que una biblioteca y una mesa de billar quedaría bien aquí.

Luego me lleva a la sala de TV, en el centro tiene un gran sofá que caben unas cuatro personas, y también tiene dos sofás individuales, hay un gran televisor de pantalla plana, casi del tamaño de la pared.

Bonito.

Pasamos un pasillo que da a una escalera, subimos a la parte de arriba y me muestra las cuatro habitaciones que hay ahí, todas son casi igual, con un baño y un armario.

Luego volvemos al salón principal.

—Bueno, señor Grey, ya le mostré todo, este edificio fue inaugurado hace aproximadamente un mes, todo es completamente nuevo y seguro...—Ella continua hablando pero yo estoy completamente seguro de que lo compraré.

—Lo compraré —le digo y ella abre los ojos sorprendida.

—¿Lo comprará?

—Sí —digo y en ese momento empieza a sonar mi teléfono—. Disculpe —digo y saco mi teléfono a ver quién es una sonrisa se planta en mi rostro, contesto de una vez—. Hola, nena —le digo con una sonrisa.

—Hola, mi amor. Disculpa por no responderte es que tenía el teléfono en silencio y ahorita es que me vengo a dar cuenta de tu mensaje.

—Tranquila, nena, no pasa nada, pero para la próxima no lo pongas en silencio o sino me preocuparé.

—Está bien. ¿Cómo te fue en tu reunión?

—Pues, firmaron el contrato —le digo tratando de ocultar mi emoción.

—Oh, mi amor. ¡Qué bueno!

—Lo sé, te estaré esperando para celebrarlo.

—Pronto estaré ahí. Bueno, me tengo que ir. Te amo.

—Está bien, nena. Yo te amo más —digo y la línea se corta.

Me giro y veo que a la señorita Méndez le ha cambiado la cara.

¡Ja! Ya tengo dueña.

Luego de hacer unas cosas y que ella me explicara algunos métodos de pago a los cuales no les preste atención ya que pagaré todo de una vez.

A la hora firmo unos papeles y listo.

El ático del Escala es mío y de mi princesa.

Este será nuestro nuevo hogar.

Donde viviremos cosas nuevas.