Advertencias

Nada relacionado con la maravillosa mini-serie Band of Brothers me pertenece, salvo los OCs que aparecerán.

NO soy escritora, esto es por diversión. Estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.

El hilo de la trama se basa en el de la serie, de este modo, escenas, diálogos, etc, pueden estar inspirados o tomados de ella. Otras muchas cosas son ficción y surgidas de mi imaginación.

Esta historia puede contener violencia y lenguaje soez, así cómo escenas de carácter sexual subidas de tono.

Aunque esta historia surge del entretenimiento, no pretende ofender ni herir a nadie al tomar nombres y personajes que realmente existieron, ni al revivir acontecimientos históricos, ni al inventar cosas que jamás sucedieron

Capítulo 56

El salón de la casa en la que Victoria y varios de los chicos del segundo batallón se alojaban, quedó engullido por un tenso silencio entre ella y Eugene tras la partida de parte de los que habían visto la escena de apenas unos quince minutos atrás.

La joven había agradecido que sus amigos no hubieran insistido en peguntar acerca de los detalles, y se hubiera marchados a dormir tras cerciorarse por palabras y una leve sonrisa fingida por parte de la cirujana, de que estaba bien. Con Eugene aquello no fue así, y tuvo que contarle lo sucedido cuando se vieron a solas.

El médico después del relato volvía a tener las facciones rígidas y el ceño fruncido mientras meditaba paseándose de un lado a otro en el cuarto con visible enfado. Victoria lo seguía con la mirada, sentada en una silla apoyada contra una pared, hasta que Roe habló con firmeza.

-Mañana hablaremos con Winters de esto. Escribiremos donde haga falta para que hagan algo con ese cabrón si él no puedo actuar. Esto no va a quedarse así, ¡todos los de la patrulla lo hemos visto, ahora hay testigos!

-Eugene... –El susurro cansado de la chica fue cortado por nuevas palabras del moreno.

-Debí haber ignorado a Lipton... Pero mañana pienso dejarle bien claro a ese bastardo que si vuelve a tocarte, me dará igual a que oficial tenga que empujar para partirle la cara.

-¡Eugene! –Llamó su atención alzando levemente la voz, hablando cuando él la miró, aún con rostro serio. -Por favor, déjalo. No ha pasado nada, estoy bien.

-Estás bien porque Lipton apareció, Victoria. –Añadió el hombre a ceño fruncido aunque con más calma, acercándose a la chica a la par que esta se levantaba.

-No podemos hacer nada contra él, Eugene. De todos modos estaba borracho. No te metas en líos por esto, por favor. Yo hablaré con Winters y veré si podemos hacer algo.

-Victoria...

La chica no le dejó volver a hablar, sabiendo que por su tono de reproche trataría de rebatirla, con lo que tomó su cara entra las manos y lo miró a los ojos hablando con un deje de súplica en la voz.

-Por favor, Eugene. No quiero que te ocurra nada. Déjame ocuparme de todo esto, recuerda nuestra conversación. Ahora vámonos a la cama, ¿de cuerdo?

-Está bien –susurró tras un suspiro de rendición, abrazando a la chica por la cintura con suavidad-. Pero estaré pendiente de lo que pueda hacer. No pienso dejar de vigilarlo.

Victoria sonrió y aceptó aquello, pasando después a besar al médico con dulzura y dejar de sostener su rostro.

Pronto sintió que la rigidez provocada por la furia disminuía en el cuerpo del hombre, y sus brazos la apretaban con cuidado mientras sus manos surcaban su espalda hasta posarse en sus caderas, para volver a envolverla y atraerla más hacia sí.

La chica aumentó al pasión en sus besos al sentir crecer el deseo con su tacto, olvidando por completo el desagradable suceso ocurrido con Ledger, abandonándose poco a poco al desenfreno que le pedía su interior.

A Eugene le iba ocurriendo lo mismo a cada nuevo segundo transcurrido, llegando el momento en que su cuerpo lo manifestó, el cual coincidió cuando la joven lo había empujado contra una de las paredes del habitáculo y acariciaba su pecho por debajo de su camiseta mientras guiaba sus fogosos besos al cuello masculino.

El médico escuchó un sonido proveniente de la segunda planta de la casa que lo devolvió de nuevo a la tierra, sin embargo, la chica no se había dado cuenta de nada y continuaba con su tarea hasta que escuchó el susurro entrecortado de Roe.

-Victoria, deberíamos parar... Aquí...

-Lo siento, tienes razón. –Murmuró rápidamente tras separarse del hombre, tratando de disimular su vergüenza mientras él volvía a colocar su camiseta por dentro del pantalón, susurrando que todo estaba bien.

Antes de que ninguno pudiera hablar de nuevo, la puerta de la casa se abrió dando paso a Winters. La pareja se quedó mirándolo hablar con semblante serio.

-Lipton me ha contado lo que ha sucedido. Me gustaría hablar con usted, Victoria.

La joven asintió reteniendo su miedo interior a raya, dirigiéndose hacia el capitán para salir fuera mientras Eugene los observaba, de nuevo con preocupación tras un profundo suspiro.


La mirada de Ledger clavada sobre ella le quemaba.

Victoria se apresuró en terminar con la herida de su antebrazo, pasando a vendarla con fuerza para poder alejarse de él, del silencio, y de la gran tensión.

-Ya está. Intente no mojar el vendaje. –Dijo la morena lacónicamente sin mirarlo mientras se levantaba para marcharse con velocidad.

-No. Todavía no has terminado. –Agregó el castaño con voz ronca, deteniéndola tras asirla del brazo.

El miedo afloró en el mismo instante en que la doctora encontró los ojos ávidos del capitán, ahora a escasos centímetros de ella. Su sonrisa fría ocultaba oscuras intenciones que pronto dejó salir a la luz.

Victoria no pudo zafarse del hombre, quien la agarró de los brazos con más fuerza mientras la empotraba contra la pared más cercana, pasando a tirarla del pelo con violencia para deshacerse del recogido de la chica. Sin perder un segundo, Ledger empezó a desnudarla con brutalidad.

-¡No. Para, por favor!

Sus gritos y pataleos no servían de nada contra la fuerza del castaño, quien parecía excitarse más ante sus vanas súplicas, riendo a la par que la amenazaba y tocaba sin remordimientos.

De pronto aquello se detuvo, y lo siguiente que la joven contempló fue a Ledger y a Roe envueltos en una marea de puñetazos y furia desatada.

La morena no tuvo tiempo de reaccionar cuando Jack derribó al médico de un puñetazo en la mandíbula, aprovechando los segundos en que Eugene volvía a ponerse en pie para atacar tras sacar una navaja de entre sus ropas.

-¡No!

El grito de Victoria llegó tarde, y en completo shock observó como Ledger sacaba la hoja ensangrentada del vientre de Roe, regalándola una sonrisa maligna para después salir de la enfermería tras recordarle que él siempre ganaba. Aquello no podía estar pasando.

-¡Eugene, Eugene! –Gritó arrodillándose junto al moreno, cubriendo con sus manos desnudas la herida para detener el flujo incontrolable de sangre, sin éxito.

Roe esbozó una leve sonrisa llena de tristeza mientras trataba de hablar, pero su cuerpo se inmovilizó poco después, y sus ojos vidriosos quedaron fijos en un punto entre el llanto desgarrador de la cirujana al verlo morir.

Victoria abrió los ojos súbitamente, incorporándose en la cama tras aquella pesadilla.

Aún resollando fuertemente miró a su alrededor, y trató de tranquilizarse al descubrir que el horrible sueño había terminado. Estaba en el pequeño cuarto que habitaba en aquella casa alemana, Eugene estaba bien y debía ser cerca del mediodía por la luz que entraba desde la ventana.

Saliendo rápido de la cama, la joven trató de centrarse en el trabajo que la esperaba mientras se vestía con su uniforme militar dos tallas mayor, pero distraer su mente fue imposible cuando a raíz de pensar en aquella pesadilla, todas las escenas de la noche anterior volvieron a su mente.

Sus cavilaciones se detuvieron en su breve conversación con Winters. El pelirrojo, tal y como ella había temido, la informó de que muy a su pesar no podría hacer nada para ayudarla, y la aconsejó cautela con el capitán para no lamentar más escenas así, a la vez que con un deje de impotencia le había asegurado que trataría de alejarlo de ella y vigilarlo.

Victoria había sentido la inseguridad como nunca antes cuando al salir del cuartel general tras esa charla y aún el susto en el cuerpo, había vuelto a ver a Jack Ledger en una de las salas. La mirada que el hombre le había lanzado hizo que su interior se removiera inquieto. ¿Qué iba a pasar de ahora en adelante? ¿Habría sido un hecho aislado, o las cosas iban a ponerse más feas?

La joven se obligó a dejar de pensar y salir del cuarto con premura, mientras forzaba a su cuerpo para desdibujar su ceño fruncido por la preocupación al entrar en el pasillo de la segunda planta. Pronto el enorme silencio en la casa la sorprendió.

Sus pasos se detuvieron antes de llegar a la escalera al observar en el cuarto de en frente movimiento, con lo que avanzó hasta llegar al umbral y terminar de abrir la puerta del todo, encontrando a Eugene en la sala frente a una de las viejas cómodas de madera con un recipiente lleno de agua, afeitándose con concentración. Como por arte de magia, la chica se sintió mucho mejor al instante.