Advertencias

Los personajes pertenecen a L. J. Smith, menos la protagonista, Sally, su familia y algún que otro personaje más, que son originales míos.

Esta historia contiene lenguaje fuerte, escenas de violencia y sexo.

La historia está inspirada en la serie de televisión, por lo cual, habrá detalles que se tomen de ella al igual que habrá cosas originales.

Si se me olvida algo, perdón. Gracias al que lo lea y al que comente

Capítulo 52

Sally se encontraba tirada en la cama del cuarto que había ocupado durante tanto tiempo en casa de los Salvatore. Después del día en que culminó la conversión a vampiro, todos volvieron al pequeño pueblo de Virginia, pero a sabiendas de que Fróside se enteraría de lo ocurrido y que probablemente volvería para matar a alguno de ellos, el trío se encontraba absorto en otras preocupaciones, ya nadie pensaba en que la vampiresa milenaria podría volver y matarlo a todos, incluso ya nada volvería a ser como antes puesto que el final de Sally se acercaba cada vez más raudamente, y todos en aquella casa lo sabían y temían.

La castaña se encontraba de cubito supino observando el techo sin ningún tipo de emoción palpitando en su inerte corazón, ni en su mente. Sólo pensaba en aquellas ganas insufribles de beber sangre, de matar por matar para conseguir el líquido de la vida, y no podía evitar sentirse horriblemente mal consigo misma.

El odio volvía a inundar todo su ser pensando en Damon y en su egoísta forma de ser. La había condenado eternamente al sufrimiento y la apatía, aunque desde luego, aquello no iba a frenar sus planes. tTodo estaba pensado y ya no había marcha atrás, entonces pensó en su padre y en la visita que le había hecho el día anterior.

Se sentía mal por él, por todo lo que había sufrido sin tener ni idea del peligro que los rodeaba a todos, se sentía culpable por abandonarlo y dejarlo solo prácticamente, por haber borrado sus recuerdos de ella de su mente, pero era la mejor opción.

Una lágrima derramó con rapidez por la cara de la muchacha cuando alguien llamó a la puerta.

Stefan entró después de varios segundos sin que nadie dijera nada al otro lado. Se sentó junto a su amiga en la cama y la miró en silencio durante largo rato.

-¿Cómo te encuentras? –Preguntó el castaño de forma absurda con un ligero tembleque en la voz a raíz de su vacilación, después de que la chica lo observara fijamente con aquel rostro lleno de pesar y frialdad.

-Lo sabes perfectamente, Stefan.

Se hizo un incómodo silencio mientras ambos jóvenes se miraban a los ojos.

-¿Cuándo has llegado?

-Llegué anoche, de madrugada. Borré todos los recuerdos de mi padre sobre mí, no quiero que sufra más.

-¿Por qué lo has hecho? Y ¿Cómo es que has vuelto? Creíamos que no volverías después de lo que Damon hizo.

-Lo he hecho por lo mismo que por lo que he vuelto. Stefan, si de verás eres mi amigo tienes que ayudarme, por favor. –Dijo mientras se incorporaba quedando sentada frente al muchacho, quien la miraba con miedo a ceño fruncido.

-¿De qué se trata? Sabes que somos amigos y puedes confiar en mí.

-Quiero que me ayudes a morir.

El silencio se volvió a hacer absoluto en el cuarto mientras Stefan cambiaba su semblante a una mueca de dolor y sorpresa, a la vez que trataba de buscar las palabras adecuadas para hablar, pero ningún sonido salió de su boca tras aquella revelación.

-No puedo vivir siendo esto, Stefan. He perdido mi naturaleza, mi forma de ser, lo que era. Ya no tengo ganas ni fuerzas para continuar, no puedo seguir con esta farsa, no quiero tener que sentir como me arde la sangre cuando veo a Damon y tener que soportar que no nos hablemos más en toda la eternidad. Sé que es egoísta y demasiado que te pida esto, pero ya lo he decidido.

-Sally, yo... –Stefan guardó silencio de nuevo viéndose atropellado ante la noticia. Desvió la mirada de los ojos verdes de su amiga y se levantó de la cama caminando hacia una de las pequeñas ventanas.

-Stefan, tú mejor que nadie puedes entenderme, por favor.

-Necesito pensar en ello, Sally, lo siento. –Respondió para, acto seguido y sin mirar a la chica, salir del cuarto con rapidez mientras Sally observaba la puerta con tristeza no pudiendo evitar llorar.

La noche cayó sobre el pequeño pueblo mientras Sally seguía consumiéndose interiormente entre aquellas cuatro paredes. Sin poder soportar más aquel cautiverio, salió del cuarto rezando por no encontrarse a nadie en su camino hacia la puerta de la calle.

Llegó rápidamente y la abrió dispuesta a salir, pero nada más cruzar el umbral, antes de cerrar la puerta, una fuerte oleada de olor a sangre fresca de inmensidad de seres la azotó con violencia haciendo que comenzará incluso a temblar debido a la confluencia de sentimientos en su interior. Las ganas y la repulsión se batían interiormente en ella mientras las lágrimas comenzaban a derramarse de sus ojos. Enfadada, cerró la puerta de un portazo metiéndose de nuevo en la casa.

-Al principio es muy duro, pero tú eres fuerte, lo superarás en seguida. Nada tiene por qué cambiar.

La voz de Damon retumbó dentro de la cabeza de la castaña, quien alzó sus ojos esmeralda para clavarlos con furia en los del vampiro.

-Todo ha cambiado, jamás nada volverá a ser como antes por tu culpa. -Respondió de forma constante con voz trémula debido al llanto para después, pasar al lado del moreno dirigiéndose a su cuarto, pero su trayectoria se vio interrumpida cuando Damon la cortó el paso poniéndose frente a ella.

-Por favor, no lo hagas. Stefan me lo ha contado. Sé que tengo la culpa de todo, esto pero si lo hice fue porque no soportaría perderte. Te quiero.

-Si realmente me quisieras tendrías en cuenta mis opiniones y sentimientos, Damon. ¡Todo te da igual con tal de conseguir tus objetivos, nunca podrás amar a alguien con esa actitud, ni siquiera conseguirás que alguien te ame!

-¡Hazlo por mi hermano al menos, hazlo por Stefan! –Habló desesperado el moreno mientras la zarandeaba ligeramente agarrándola de los brazos, clavando sus ojos azules llenos de temor en los de ella.

-Está decidido, Damon. Y nadie podrá detenerme está vez, por favor, olvídate de mí.

-Algo podré hacer para que me perdones, aunque luego no quieras verme más en la vida.

-Después de esto, lo nuestro es imposible de recuperar, me has condenado y nunca podré perdonártelo, Damon. Lo siento.

La tristeza inundó a la joven, quien desapareció con suma rapidez limpiando sus lágrimas. Llegó a su cuarto y cerró velozmente manteniéndose apoyada en la puerta dejando correr su tristeza mejillas abajo. La voz de Stefan la asustó y levantó la vista para encontrárselo frente a ella, sentado en una vieja silla de la estancia.

-Lo haré, Sally. Te ayudaré en lo que necesites. –Respondió con voz serena pero triste mientras observaba los ojos vidriosos de la chica, ahora llenos de luz y gratitud.

La castaña corrió hacia el lugar donde su amigo se encontraba y cayó de rodillas junto a la silla, abrazando las piernas de su amigo con total desesperación mientras el llanto se intensificaba. Stefan comenzó a acariciar su pelo sin poder evitar que una lágrima resbalará por su mejilla fría y tersa sólo al pensar lo duro que serían los días que aún estaban por llegar.

Fuera del cuarto, Damon se encontraba apoyado contra la puerta sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. Sintió a la vez admiración y odio hacia su hermano, quería pegarle la paliza de su vida y abrazarlo como nunca antes. Sin saber qué hacer a continuación, el moreno se despegó de la puerta totalmente abatido y salió con su velocidad vampírica de la casa destrozando cualquier cosa que se encontraba en su camino.

Los dos jóvenes alzaron la vista hacia la puerta al escuchar el alboroto producido por Damon, sabiendo que acababa de escucharlo todo, que acababa de descubrir que aquello no era un mal sueño y que el final llegaría tarde o temprano sin que nadie lo remediara.

Sally se mordió el labio inferior hasta sangrar sintiendo todo el dolor que al moreno debía atormentar en aquel momento, pero después, miró los ojos tranquilos y llorosos de Stefan y sintió paz por primera vez en mucho tiempo. Ambos se sonrieron levemente y volvieron a abrazarse con fuerza.