Suiza ve de reojo a su madre y se detiene casi deslizándose un poco por el suelo...
—Mutter.
Helvetia levanta las cejas y le mira como si fuera la única persona humana como ella en el planeta de los simios
—E-Estas... Ehm... Hallo. ¿Todo bien?
—Hay un montón de personas aquí...
—Ja. Lo sé. A mí también me ponen enfermo. ¿Por qué no vas a sentarte a una mesa?
—Porque en las mesas hay personas.
—En todos lados hay personas —apunta—. No... No tienes que quedarte hasta que termine si no quieres.
Ella levanta las cejas con eso y luego frunce el ceño, negando.
—¿Quieres quedarte?
Asiente sin mirarle.
—¿Estás bien, mutter? ¿Dónde está Liechtenstein?
—Ha ido con... Canadá.
El suizo suspira.
—¿Y... —arruga la nariz porque esta disposición no le encanta—. Deutschland?
Ella se sonroja y Suiza levanta una ceja.
—Deutschland. No, Vater.
Helvetia se encoge de hombros sin mirarle a la cara. Suiza le pone una mano en el brazo.
—Ven, vamos a buscar a Österreich.
Se le agarra para andar sin caerse con esos zapatos.
—¿Me puedo quitar esas cosas de las piernas? —susurra. Él la mira de reojo y le sonríe un poquito.
—Ja, ¿son incómodas?
Asiente y él se encoge de hombros.
—Puedes hacer lo que quieras casi, es mi boda y eres mein Mutter. ¿No te has traído unas botas?
Niega y ahí mismo se para a quitarse los zapatos y las medias. Suiza vacila un poco y se acerca para hacerle casita en la medida que puede.
—También me molesta esto —se señala el pecho cuando acaba, sintiéndose mejor, descalza en el suelo.
Él se sonroja un poco.
—¿La ropa interior? Eso no puedes quitártelo AQUI en medio de todos...
—Pero es que se clava...
Suiza vacila.
—Llamaré a Liechtenstein.
Ella niega porque teme que ella le diga que se las ponga de nuevo.
—¿Te has casado con ese chico moreno de las gafas?
Se sonroja ahora él.
—J-Ja. Österreich. Ya te lo había dicho... Que lo haría.
—No sabía que era con un chico. ¿No te gustan las chicas?
Se sonroja más.
—Te dije que era con él... Yo... L-Las chicas... —balbucea. Su madre le mira escuchándole—... él no me gusta.
—¿Por qué no? —mira al austriaco y se sonroja un poco. Suiza aprieta los ojos y vacila un poco porque... Es que su madre... No quiere que odie a Austria y esas cosas.
—No me... Él... Él es... M-me gusta pero...
—¿Es por la historia que has contado antes?
Cambia el peso de pie.
—Ja.
—Ha sido una historia muy... triste, pero con final feliz.
—Así es mi historia con él. Una cosa muy complicada pero... Estamos aquí —asiente—, él parece... Estar haciéndolo bien.
—Ve con él y pásalo bien —frunce el ceño y asiente. Parece que sea una orden, pero en realidad es lo que hace cuando sonríe. Él la mira y levanta la mano. Se la pone en el hombro.
—Significa mucho para mí que hayas venido.
Helvetia asiente con firmeza.
—Dame las medias —pide. Ella lo hace, claro y los zapatos. Y tienes suerte de que sea rubita y no se le vean mucho los pelos de las piernas.
—Si te hace falta algo ven y dímelo —le dice muy en serio, como siempre.
—Hay... —empieza y se sonroja.
—Ja? —le pone mucha atención.
—Hay una persona...
—¿Aja?
Ella mira hacia donde está Galia. Suiza mira para allá también.
—Was?
—¿La conoces?
—¿A quién? ¿A Wales? ¿A... Galia? —se sonroja también.
—Es la novia de Germania —susurra mirándose las manos. Suiza la mira un poco sorprendido.
—Galia es más la novia de Wales... Es el chico con el que está. Aunque sí, ella y Vater —carraspea—, son los padres de Österreich.
—Es mi hermana.
—Nein, no es mi hermana —es que no le pasa siquiera por la cabeza.
—No, es mi hermana. Cuando éramos pequeñas estábamos juntas y yo me fui al este a las montañas y ella al oeste.
Suiza parpadea un par de veces.
—Nein... Was? Ella... ¡La conoces! ¿A... A Galia? ¿Me estás diciendo que Galia es tu hermana?
Helvetia asiente.
—¡¿De verdad?! ¡¿Tienes una hermana?!
Y las imagino, Galia "Hazme un muñeco de nieveeee" y Helvetia "hay mucho trabajo, Galia".
—Tiene dos hijos, me los ha señalado antes... pero no le he dicho que tú eres el mío porque tu padre... pero se lo diré.
—Ella sabe que tienes... Sabe que yo soy tu hijo... —se pasa las manos por el pelo—. ¡Cielos! Es... ¡Es su hijo con el que me casé!
Helvetia asiente otra vez.
—Me casé además con el hijo de tu hermana —aprieta los ojos. Ella le mira porque no lo había pensado de esa forma—. Como si no fuera esto lo bastante traumático.
—Lo siento —susurra bajando la cabeza.
—Nein. Nein —niega con la cabeza—, no cambia nada. De hecho quizás podría pasar tiempo también contigo.
—Me ha pedido que... no sé qué con los asientos que tenía que preguntar para sentarse a mi lado. Yo le he dicho que solo se siente a mi lado si quiere.
—¿Tú quieres sentarte a su lado? —le mira y a pesar de todo esto le tranquiliza en relación a su madre... Quizás Galia pueda traerla al siglo veintiuno.
Helvetia asiente porque mejor eso que Alemania o Germania.
—Hablaré con los meseros —asegura.
Ella asiente de nuevo en señal de agradecimiento.
—Tienes una hermana a la que quieres —resume y sonreiría satisfecho si pudiera mirando hacia Galia. Helvetia asiente otra vez.
—Voy a ese sitio de la caca a quitarme esta cosa de... aguantador.
—Al baño. Se llama baño —le recuerda asintiendo igual—. Yo voy con los meseros.
Asiente y se va para allá andando tan tranquila ahora que va descalza.
Suiza se vueeeeelve a buscar a Austria que está justamente consiguiendo algo que beber y dando instrucciones a los camareros sobre lo que tienen que hacer cuando se toque la oreja. Suiza corre hacia allá antes de que se le mueva de lugar, con los zapatos en mano y las medias
—Está claro, ¿verdad? A mi señal y... —se detiene al oírle acercarse reconociendo sus pasos.
El rubio se sonroja mucho solo de verlo otra vez de cerca sin decir nada esperando que termine su frase o lo que sea que decía.
—Ah, el novio. Veo que has sobrevivido —gestos con las manos para que los camareros se esfumen y le sonríe.
—Nein, esperen. Les doy esto —les extiende los zapatos y las medias, que los toman bastante sorprendidos. Suiza mira a Austria de reojito embobándose un poco con la sonrisa.
—¿Qué es eso? —pregunta el moreno.
—Mein Mutter. Tengo que contarte pero antes, necesito un cambio en las mesas —lo dice tan tranquilo. A ver si Austria con su TOC no se cuelga de la lámpara.
—¿Necesitas un cambio se mesa... ahora?
—Ja, verás es que... —mira a los meseros de reojo y les pide un minuto con un gesto, lo toma del brazo y lo aleja de líos un par de pasos—. Mein mutter, hablé con ella.
—Schweiz ¿tú eres consciente de lo que costó organizar las mesas?
—Ja, pero es que ella está sola y asustada y me contó una cosa que hace que debamos moverla.
—Van a empezar a servir los platos en tres minutos —niega.
—Pero es que... Va a comer ella sola entre la gente. ¿Con quién está?
—Con nosotros. Está en nuestra mesa con Deutschland, Vater, Rom, Galia, Gales y Liechtenstein.
—Solo ponla al lado de Galia.
—Eso va a dejar a Rom al lado de alguien que no quieres, ¿recuerdas?
—Österreich —indica en tono de advertencia—. Mutter no habla nunca con nadie y quiere hablar con Galia.
—¡Pues nada! ¡Que se sienten todos donde quieran! No sé para qué peleamos HORAS con la organización de esto.
—No he dicho eso —replica y suspira porque sí estuvieron HORAS.
—Están en la misma mesa, no es como que no puedan hablar.
—Es la única cosa que me ha pedido. Me contó algo importante.
—Ya lo sé.
Suiza parpadea.
—Ya... ¿Lo sabes? ¿Te lo ha dicho Galia?
Asiente.
—Oh... —le mira.
—Primos hermanos.
—No me lo digas, es... No, no me lo digas —se pellizca el puente de la nariz.
—Todo queda en familia —levanta su vaso brindando, tan cínico.
—Calla. ¿Sabes lo que Preussen va a decir cuando se entere?
—Me hago una idea por lo que ha dicho Frankreich y no me importa.
—Ya... Bueno, tú... —se encoge de hombros.
—¿A ti sí?
—Eso no cambia nada, estaría aquí igual de haberlo sabido antes —confiesa sonrojándose y Austria sonríe.
—De-Dejando eso a un lado...
—¿Aja?
—Me alegra por mi madre.
—Tu madre... —piensa de nuevo en el asunto con Alemania y que no tiene ni idea de cómo le ha afectado a ella, pensando que seguramente cree haberse acostado con Germania.
—Mi madre necesita alguien que la entienda.
—Como todos. Está bien que no esté tan aislada como parece.
—Me pidió específicamente que la sentara con Galia... Es lo único que me ha pedido en meses.
—Están en la misma mesa, tal vez así aprenda a participar en una conversación de más de una persona.
Suiza le mira, seguro de que lo único que va a conseguir con eso es que no hablen... Sentarse ahí a ver como Galia habla con Gales y su padre habla con Roma.
—¿Sabes que me dijo que Vater era novio de Galia?
—Supongo que si solo habla con Vater... él no va a hablarle de Wales. Me extraña que no piense que lo es Rom.
—Yo le dije que es Wales. También me dijo que le había dicho a Galia que se sentara a su lado solo si quería... Si no lo hace pensará que Galia no quiso.
—Que se apañen ellas, vamos a sentarnos y a brindar y a que no nos importe todo esto.
Parpadea un poco y recuerda lo que le dijo su madre de ir con él y pasarlo bien. Toma eso igual como un "que se cambien si quieren", Galia... Debía arreglarlo. Confiaba en ella para eso. Se acerca un poco y le toma de la mano, entrelazando sus dedos.
—Vamos a sentarnos y pasarlo bien —asiente sonrojadito.
Austria sonríe con eso y tira de él para llevarle a por algo de tomarse. Suiza va tras él pensando que con lo nervioso que estaba y todo, ahora ha venido el bajón y tiene hambre así que si bebe algo fuerte quizás se maree. Pues te vas a marear seguro. Aun así... No le importa mucho. Es su boda y ahora mismo, la sonrisa de Austria y el tacto con él le acaban de recordar que sí que le gusta... Y es su marido. Siente maripositas en el estómago.
Austria pide que le sirvan otro vaso y se lo tiende un instante... antes de separárselo, sonriendo. Suiza levanta la mano para tomarlo y al ver que se lo separa le mira intrigado.
—No me importa lo que hayamos hecho, si la pones donde no debes, volveré a lanzártela al fuego —se lo muestra acercándoselo de nuevo. El suizo desfrunce del todo el ceño y se sonroja un poco.
—¿No adquirí ningún privilegio?—medio protesta tomando e vasito y un poco sus dedos con el movimiento.
—No quisiste incluir nada en el acuerdo—se encoge de hombros. El rubio arruga la nariz pero se le nota un dejo de sonrisa en los labios o el equivalente en gesto que Austria debe conocer bien.
—Aun no puedo creer que lo echaras al fuego así —replica... la obsesiooooón. Austria se ríe un poco y levanta su vasito para brindar—. Me gusta que te rías —susurra sinceramente mirándole un poco idiotizado y el moreno se sonroja un poco pero no deja de sonreír.
El helvético levanta su copa y da un pasito hacia él, mirándole a los ojos. Austria choca el vasito con el suyo mirándole directamente, un poco por encima de las gafas.
—Hoy es el día más feliz de mi vida —le asegura con voz suave pero segura y firme.
—Hoy es el primer día de lo que va a ser la mejor época —brinda.
Suiza sonríe un poquito y descubre que en realidad no le importa lo que haya pasado antes, o que haya sido el día más feliz de su vida ya con otras dos personas. Esta aquí, con él y ahora. Choca su vasito con un suave tintineo y se lo lleva a los labios.
Austria pasa el brazo a través del hueco llevándose el suyo a los labios y el de ojos verdes le mira de reojo con este movimiento que siempre le sorprende un poco y le da un buen trago a su bebida. Austria le da un traguito pequeño porque sabe lo que es, justo mojarse los labios.
En un flashback que no se sabía capaz de tener, el sabor (ejem y la sensación de que se le cierra la garganta), le transportan a hace casi cien años. El piano. Austria. Tos...
El austriaco le mira directamente a los ojos y sonríe un poco, esperando la reacción. La primera reacción... Es toser sin aire y sonrojarse un poco. Por la tos, claro... Y la falta de aire.
Austria baja la mano para soltarle y darle espacio.
—Es... —intenta hablar a la vez que tose, sorprendido y sonrojadito.
—Ja.
—Eso que usaste la primera vez —fíjense en esta versión de los hechos...—, para atontarme y engañarme para acostarme contigo.
—¿Que yo te atonté y te engañé? —levanta una ceja mirándole de reojo.
—Exactamente —se sonroja un poco más.
—Entonces tú vas a explicarles a todos porqué estamos bebiendo esto como entrante en la boda.
—Nein, esa es la versión oficial —le mira dándole otro traguito.
—¿Hay una no oficial?
Suiza carraspea.
—La real.
—¿Y esa cuál es?
—Esa no tengo que contártela, tú estabas ahí —vaporcito de agua por las orejas.
—Quiero saber tú versión... —sonríe.
—Mi versión... Real —carraspea un poco—. Ehm... ¿Por qué no me dices tú la tuya?
—Yo pregunté primero.
—Pues... Ese día fue un día... —balbuceitos.
—Bien. Vamos con bastante objetividad.
—¡Cállate! ¡Es un día! Solo digo que fue un día en el cual eras molesto pero... Estabas feliz y parecías otra vez tú.
—No todos los días me regalan mi piano.
Suiza le sonríe un poquiiiiito.
—Me acuerdo de tu cara... ¡Y lo que sufrías con el piano vertical!
Austria se ríe.
—Tengo algo para ti... Y quizás este sea un buen momento para dártelo.
—Ah, ¿ja? —inclina la cabeza sentándose en su sitio.
—Pensaba dártelo más tarde... Es algo que es tuyo hace años pero que nunca... Te di —saca de su bolsillo interno del saco una caja de madera cuadrada y no muy alta que le cabe en la palma de la mano... Del tamaño de una cajetilla de cigarros.
—¿Estabas esperando un día especial?
—Nein. Estaba esperando volver a hablarme contigo y una vez que llegó ese momento, ya no parecía relevante. Ábrelo.
—Mmmm... —atrae la cajita hacia sí, observándola. Suiza se revuelve tensito mirándole la cara y sonrojándose un poco porque es de una época en la que claramente no se hablaban—. Es bonita, ¿tallada a mano algún invierno frío?
—Ja, tallada a mano desde luego, no supondrás que compré una caja hecha en China.
—Me interesaba más lo del invierno. Me pregunto cuántas veces casi acaba en el fuego.
—En realidad... Ninguna —y sí, eso es verdaderamente sorprendente.
El austriaco levanta las cejas sin acabar de creerlo y la abre por fin. Es una brújula. Muy muy simple, lisa y práctica, con una N roja en la carátula. Es al sacarla que se notan dos cosas... Una, es que la brújula tiene atrás grabado con letra perfecta de Suiza: "Al fin recordaste donde está el Norte".
Austria se ríe al notarlo. Y detrás de la brújula, en el fondo de la caja, está escrito con letras negras:
"... Österreich, por su propia voluntad, declara su permanente neutralidad."
Sonríe y pasa un dedo sobre esas letras negras con cariño.
—Ese día... Ese día pensé que de verdad esto, o algo como esto, algún día podían pasar. Quizás nunca pasaba, quizás no se daría la oportunidad, quizás no encontráramos la manera... Pero podía pasar.
—Esto, que es la más gran muestra de falta de neutralidad —le mira de reojo.
—Was?! —levanta las cejas.
—Pues es una abierta declaración de preferencia... eso es contrario al concepto.
—¡Pues esa es mi preferencia personal, no como país! —protesta porque ya decirle que no es neutral... ¡Es un drama!
—Preferencia personal. Al fin aflora tu corazoncito.
—Verdammt! —protesta sonrojándose. El moreno se ríe—. ¿Y dónde está el tuyo?
—¿Mi qué?
—¡Tu corazoncito! —sí, ocupa en diminutivo lo que hace que suene aún más...
—Ah, ¿yo tengo uno?
—No parece, eres insufrible, frío, calculador y molesto.
—Y aun así —le muestra su mano.
—¡Pues tú también te casaste conmigo! —protesta dándole otro trago grande al vasito y tosiendo. Austria se ríe otra vez—. Nein, no te rías... ¡Es verdad!
—Ja, ja, es verdad.
—Debe tener un corazoncito aunque te parezca que yo soy molesto o que no te doy besos te aguantas y me los das tú.
—¿En qué te dé besos es en lo que piensas?
—Nein! —aprieta los ojos. Austria se riiie otra vez—. Tu soooolo me molestas —se enfurruña un poquito—, y ahora no puedo defenderme.
—Poooobre pobre cabrero.
—Ihhh! ¡No me llames cabrero! —todo ofendido. Austria se ríe ooootra vez—. Tú eres un aristócrata pedante que se cree mucho y NO eres mejor que yo.
—No puedes probar eso.
Parpadea mirándole incrédulo.
—¡Es una verdad universal entre iguales!
—Y aun así no tienes pruebas.
—¿Así que te sientes mejor que yo? —es que es perfecto tema para picarle.
—¿Sentirme? En lo absoluto. Me sé —una de esas risas y movimiento pomposo incluido.
—Nein! ¡No eres mejor que yo! ¡Eso es absurdo! ¡Detesto esa mentalidad tuya y deja de moverte así!
Da vueltas a su vaso y le mira por encima de las gafas sin dejar de sonreír.
—Eres un pomposo ridículo que... Nein. Eres mucha mejor persona cuando dejas de tener esos pensamientos... Así.
—Eso será según tú criterio. Uno obviamente erróneo e inferior.
—¿Inferior? ¿INFERIOR? ¿Pero qué es lo que te pasa? —protesta muy indignado. Austria se encoge de hombros tan sonriente y sin mirarle—. Yo no tengo pensamiento inferior, tengo pensamiento más simple y claro que es muy distinto y ya me dijiste en la misa que eso mismo te ha gustado.
—Aun no me demuestras que es así.
—¡¿Demostrarte?! ¿Además ahora quieres una demostración? —es que hace aspavientos y todo.
—Por supuesto.
—¡¿Y tú en qué momento has demostrado ser un ser superior?! ¡De hecho este pensamiento retrógrado y absurdo confirma que eres molesto, pomposo y absurdo!
—Para empezar, no me da miedo demostrar que es así, ni me preocupa.
—¡Pero nein, no puedes pensar así, no puedo creer que pienses que yo soy INFERIOR a ti y que me digas eso hoy!
—Insisto en que me des motivos. Y no grites que todos te están mirando.
—¿Cómo no quieres que grite? —baja el tono igual—. ¿Qué motivos quieres? somos iguales, somos dos seres pensantes con los mismos derechos y aunque tengamos ideas distintas... No es que las tuyas sean mejores que las mías. Verdammt!
—Pongamos que uno de nosotros piense que debería comer con el plato así —gira el de Suiza boca abajo—. U el otro tal como yo lo tengo. ¿Sigues sosteniendo que el que tiene el plato de cabeza no es peor?
Parpadea y frunce (más) el ceño.
—¿Estás diciendo que yo suelo tener ideas como comer con el plato boca abajo?
—Nein! —tan sarcástico, sin dejar de sonreír.
Suiza parpadea con el tono sarcástico y puede que en este momento no le guste tanto que sonrías pero es que a Austria le hace mucha gracia.
—Estás diciendo que piensas que mis ideas son tontas y absurdas, como comer con el plato al revés —es que casi podría sacarle la pistola—. ¿Y que tú tienes ideas superiores y brillantes? ¿Por qué demonios te has casado conmigo si piensas eso?
Austria suspira porque se está enfadando demasiado para su gusto. Es que el ser superior... Le dan ganas de ahorcarte. Aunque puede que si le llamas cabrero una vez más... Quizás te ahorque o note que no puedes estar hablando en serio.
—En fin, en otro orden de cosas más afines a tu nivel...
Suiza se lleva la mano al cinto al lugar en donde suele guardar la pistola. Le mira a la cara, le pone una mano en el brazo y bufa un poco… Y cuando nota que no tiene la pistola se agacha a mirar... Se ve. Levanta la cara. Austria le mira nada más de reojo un instante.
—Te aseguro que llevas toda la ropa bien puesta, no es el momento para preocuparte por ello, de todos modos —se burla.
—¡Cállate! —protesta apretando los ojos—. Estas... Todo esto es. ¿Estás tomándome el pelo?
—¿Te lo parece? —levanta una ceja. Suiza abre los ojos y le mira fijamente. El moreno levanta la barbilla pero se le escapa la sonrisa y el mayor levanta las cejas sorprendiéndose—. Was? —sonríe Austria ahora sí.
—¡Que estás bromeando!
El de gafas se ríe.
—¡Sí que lo estas! ¡Österreich!
—Was?
—¡Eso no vale! Verdammt! Pensé que habíamos vuelto doscientos años.
Se ríe de nuevo.
—¡No puedes hacer eso sin decirme que es broma! Y menos hoy... Y... Voy a matarte.
Se sigue riendo.
—No me agradas —se sienta muy muy atufado pero infinitamente relajado.
—¿Entonces porque te has casado conmigo?
—Porque... —carraspea —, p-porqueeee... Verdammt, porque te amo, ¿¡a qué hora sirven la comida en este sitio que muero de hambre?!
Austria se queda un instante sin esperarse eso y el rubio se sonroja un poco, pero no tanto como cabría esperar.
—La pediré —se gira a los camareros levantando la mano para preguntar él mismo en vez de mandar a alguien más.
Suiza le pone suavemente una mano en la rodilla como suele hacer cuando esta muuuuy relajado en casa, volviendo a sentir que todo está en orden (Ciertamente nadie es capaz de tranquilizarle tan rápido... Como nadie es capaz de histerizarle tan rápido)
xoOXOox
Romano se acerca a España con Vaticano en los brazos y le da un BESO en los labios. España no se lo esperaba, sonríe.
Si, si el interés tiene pies. Romano se separa después del beso y le sonríe.
—Ti amo —se sonroja un poco.
España levanta las cejas y se muere ahora mismo. Aquí.
Romano dice que no joda, ¡que muerto no le sirve! Da igual. No se puede hacer nada, se ha muerto.
El italiano sonríe y se agacha con Vaticano a quitarle las joyas y la muela de oro. Y ahí se queda, muerto y mellao.
xoOXOox
Germania se acerca a Roma por la espalda, pero este está hablando con Egipto. Que sufraaaa el sajooon.
—¿Puedo hablar contigo un poco?
—¿Tampoco te parece que hable con ella?
El rubio se humedece los labios.
—Menos aún con ella. Ven conmigo —le pide apretándole un poco de la cintura.
Roma le empuja y frunce el ceño porque sigue enfadado, tomando a Egipto de la cintura que encantadísima se echa sobre el romano. Germania le mira fijamente.
—¿De verdad vamos así?
—Pregúntatelo tú a ti mismo.
—¿Vas a venir conmigo o no?
—¿Vas a seguir portándote como un imbécil y no dejar que me acerque a la gente?
—Sabes que no es lo mismo PERFECTAMENTE.
—¿En qué no es lo mismo?
—Que Egypt es... Egypt. Con la que de hecho... —vacila un poco mirando a la chica de reojo. Frunce el ceño y le mira. Ella pone los ojos en blanco.
—¿Y? Ella pasa de ti, ese es el punto ¿no?
Germania le fulmina.
—Ya me gritaste en la iglesia.
—Y ni siquiera viniste por mí, está muy claro que la que te interesa es ella. Pues bien. Vete por ella y tíratela como ha hecho tu hijo.
Parpadea descolocado con toda esa frase.
—Was?
—Quid? ¿Qué es lo que no entiendes? —protesta enfadado, Egipto le acaricia un poco la cara intentando calmarlo y él la abraza más fuerte.
Germania les fulmina a los dos, porque además Roma venía con él. Se cruza de brazos frustrado preguntándose además a que se refiere con que su hijo se acostó con Helvetia. Se descubre a si mismo incapaz de pensar ordenado. Roma le sostiene la mirada.
—No entiendo por qué tienes siempre que robarme lo que quiero. Sea la exclusividad de una chica o tu compañía.
—¿Mi compañía? Perdona, deja que me ría.
—¿Vas a quedarte aquí?
—Tú no quieres mi compañía.
Levanta una ceja detestando tener esta conversación frente a Egipto.
—Ah ¿no?
—Yo si la quiero, amor mío —susurra la egipcia para meter cizaña. Germania hace los ojos en blanco ahorrándose el comentario. Roma le sonríe un poquito a ella y Germania da un pasito hacia ellos.
—¿Vas a venir conmigo o vas a quedarte con Egipto?
—¿Y tú? ¿Vas a venir conmigo o vas a ir con Helvetia?
—¿Estás celoso de Helvetia?
Ojos en blanco.
—¿Vienes conmigo o no?
—Responde a mi pregunta y te responderé. ¿Vas a seguir poniéndote celoso de mi o de ella?
El germano mira a Egipto de nuevo de reojo.
—Yo no estoy celosa de ti —responde ella y Roma vuelve a desconcentrarse y a sonreírle un poco, dándole un beso rápido.
—Te detesto —protesta sonrojándose y apretando los ojos.
—Ah, no me vas a usar esa. Soy YO quien está enfadado CONTIGO.
—Porque YO hago UNA vez algo que tú haces SIEMPRE. Una vez defiendo a una chica, una vez no la quiero compartir... ¡Tú las tienes a todas!
—No me seas imbécil que te parto la cara y me quedo tan ancho, ¿eh? —suelta a Egipto. Germania nota que ha soltado a Egipto considerando eso una pequeña victoria.
—No me amenaces con partirme la cara que sabes no me da NINGUN miedo —responde frunciendo el ceño.
—¡Me importa una mierda lo que te dé miedo!
Los insultos, los putos insultos. Germania traga saliva.
—Rom.
—No me digas "Rom" como si fueras tú el que se le está colmando la paciencia que esto no va de ti.
Antes de que pase mucho más, antes de que se le vaya más de las manos, Germania apuesta por su fuerza bruta.
—Esto no va de tu puta paciencia, me suda la verga tu puta paciencia y tu puto miedo —sigue.
—Ya lo sé que te la suda... —susurra acercándose a él, abrazándole de manera que le sujeta ambos brazos y le busca dar un beso en los labios.
Es una mala idea... muy mala idea.
Así es como Germania perdió la lengua. Puede que Germania cambie táctica en el camino de intentar dar el beso... Eso si. Si ve que está a punto de matarle puede que solo intente detenerle.
De hecho Roma le da un cabezazo en los morros que Germania medio alcanza a esquivar, aunque no del todo. Pese a eso, el romano consigue soltarse.
—¿Qué coño haces? ¿Porque buscas una pelea ASÍ?!
—No busco una puta pelea, stronzo di merda. Tú eres el que se ha acercado. Y vamos a la puta calle si tengo que pegarte que ellos no tienen la culpa de nada —grita señalando a todo el mundo. Germania le mira unos segundos suspira y baja los brazos.
—Solo vine a hablar contigo.
—¡Pues habla ya!
Niega con la cabeza apretando los ojos.
—Non quid? Non tu puta madre, ¿qué cojones te pasa?
—¡Que te pasa a ti! ¡Solo intento proteger a UNA persona que solo me quiere a mí! Tú no haces ese rol, porque no quieres, ¿porque no puedes entenderlo?
Al romano se le ensombrece la mirada y baja el tono a uno mucho más serio frío. Esa mirada de asesino.
—Vamos a la calle —deja las cosas y se va hacia la puerta.
Germania frunce el ceño y se va tras él, aunque no crean que no teme la mirada y el tono. Pero se recuerda a si mismo que todo, todo esto, es para intentar sobrevivir y ser feliz. Helvetia incluida.
Roma trata de calmarse a sí mismo en lo que llegan, lo que es una tarea TITANICA. Germania le sigue enfocándose en su asunto y sus argumentos.
En cuanto sale el moreno por la puerta se gira para meterle un gancho de derecha en la cara a la vez que levanta la rodilla pare reventarle los huevos.
Germania se cubre los huevos, para que le dé en el muslo y consigue evitar que le dé del todo en la cara, porque bien que lo conoce. También, es muy probable que el moretón en el muslo le dele la pierna morada y cojee las próximas dos semanas.
El siguiente es al estómago y un intento de codazo en la nuca si se agacha. Puede que el del estómago se lo dé, aunque evite el de la nuca... Recibiréndolo en el hombro para dejarlo tendido en el suelo.
—Che cazzo es lo que pasa contigo, imbécil de mierda? —le grita súper dolido y llorando a punto de patearle la cabeza, pero no lo hace.
—¿A mí? Verdammt, Rom.
—¡A ti! ¿¡Qué te pasa a ti!? —sigue llorando (ahora que sus hijos ya no le ven) y se suena la nariz. Germania se incorpora un poco.
—¡Estoy yo aquí, contigo! ¡Estoy aquí y solo te importa ella, no es que no quieras o temas que yo me vaya, temes que ELLA lo haga!
Se duele un poco de los golpes porque, joder, que mira que pega fuerte.
—Temo que todos se vayan, verdammt. Es el puto miedo constante contigo —susurra.
—¿Pues sabes lo que te digo, imbécil? Ella YA se te ha ido. Está enamorada de otro y no precisamente de mí.
Germania le mira de reojo y hace por levantarse. Roma no le ataca de nuevo, pero se pone en guardia y se pasa una mano por los ojos rápidamente porque sigue llorando.
—¿Enamorada de otro? —suelta el aire y consigue ponerse de pie—. Si no quiero que te vayas, es igual... Te vas de todos modos.
—¿Me has pedido que no me vaya acaso?
—Si te pido que no te vayas nunca con nadie más —toma aire otra vez, aun con poco por el golpe al estómago—... ¿Vas a hacerlo? ¿Vas a quedarte solo conmigo?
—¿No has notado que eso es lo que está pasando cada vez más, estúpido? Galia con ese imbécil, Helena y Egipto... Egipto yendo con el crío, tú y Britania. ¿Cuál es tu maldito problema? Tú yéndote con la salvaje esa rubia, ni siquiera cuando te enfadas conmigo y Britania me odia por culpa de su hijo. ¿Cuál es el maldito problema de todos? ¡Solo trato de ser jodidamente amable!
Germania le mira... Y empieza a entender cuál es el problema real detrás de todo esto. Roma le sostiene la mirada, furioso, con los ojos completamente empañados.
—Solo intento... Buscar la manera de compensar —explica mirándole.
—Vete a la mierda.
—No me mandes a la mierda... Sabes que es verdad. Siempre trato de hacer lo mismo y nunca consigo ser feliz de esa otra un pasito hacia el por qué no le gusta que esté así y que llore y que sea su culpa.
—¡No es verdad! ¿Qué cojones es lo que tienes que compensar HOY, eh? ¿Acaso no estoy aquí CONTIGO? ¿No he venido como TU puta pareja? ¿Qué más quieres? ¿Qué tengo que hacer para que me defiendas A MI y me busques A MI, subnormal?
—Solo no quería... —se pasa una mano por el pelo—. Sí que has venido conmigo y el puto problema de esto es que ESTO no es de hoy. Es que Rom, no suelo necesitar defenderte porque aun así sueles hacer lo que quieres.
—¡Y tú también! Hasta cierto punto entiendo esto. Entiendo lo que haces y que vayas con ella cuando yo no te hago caso o cuando te enfadas conmigo. Hasta cierto punto soporto que sea ella tu segundo plato. ELLA. No YO.
—¿Y qué es lo que debería hacer?¿Estar tranquilo porque quieres quedarte con ella a solas cuando SÉ que es lo que vas a, no solo intentar, sino lograr? ¿Para qué ir y gritarte y defenderte si igual vas a hacer lo que quieres aun cuando te defiendo? ¡Si quieres tirártela a ella o a cualquier otra persona, vas a tirártela, no importa lo muy en desacuerdo que yo este, o lo mucho que me joda!
—¡Non! ¡Quiero la misma mierda que quiero siempre! ¡Que te me lleves de su lado a MÍ, que llames mi atención para que ni se me ocurra pensar en ella! ¡Que me hagas caso a mí!
Traga saliva y se cruza los brazos y le mira a la cara con este último razonamiento.
—Esto no solo consiste en que yo sea tu pareja, tú tienes que ser la mía también, joder. No quedarte nada más compadeciéndote en un rincón por tu mala suerte y lo mal que te trata el mundo. ¡Deja de quejarte y mueve el puto culo! —sigue chillando Roma. Germania baja un poco la cabeza y mira al suelo un instante.
—¿Siempre quieres eso? ¿Que yo llame tu atención para que ni siquiera pienses en los demás?
—SIC!
—¿Incluso en la casa... Con las chicas?
—Maldita sea, ¡pues claro!
Germania le mira a los ojos con expresión indescifrable. Roma le sostiene la mirada intentando leerle.
Y es que lo intenta... Pero no sabe ni siquiera si es capaz de obtener toda su atención... ¿Haciendo qué? Ciertamente no sentándose en una esquina a lamentarse cómo es que él se tira a todas. Quizás realmente fallaba constantemente en hacer que le quisiera... Por muy hijo de Odín que fuera.
—Eres un chico muy listo, sabes perfecto como lograrlo solo esforzándote un poco y no comportándote como un capullo.
—Sí quiero ser buena pareja... —murmura aun con la mente un poco colapsado.
El moreno suspira y se le acerca.
—No es tan fácil —niega con la cabeza y se le acerca también.
Roma le abraza poniéndose de puntillas.
—¿Entonces te los tiras a todos porque yo no... Capto lo bastante tu atención? —pregunta suavecito y vulnerable.
—En parte... pero no es todo tu culpa.
—Menos mal —le abraza con fuerza de la cintura.
—Hagamos un trato. Tú no piensas en ella hoy... y yo no me acerco a ella.
Germania le aprieta con fuerza y Roma también de vuelta.
—Quizás sería mejor...
—Quid?
—Yo no pienso en nadie más hoy...
Sonríe.
—¿Mmmm? ¿Qué te parece?
Roma asiente y levanta la cabeza buscándole un beso. Germania se lo da, claro está, cerrando los ojos.
Bueno, por lo menos, unos que ya han arreglado su asunto... ¡No olvides agradecer a Kaarla su beteo y edición!
