Secretos

Capítulo 46 – La hora de contar todo

—¡Harry!

Harry se sometió pacientemente a la obligada ronda de saludos y abrazos. Había venido acompañado por Remus y con ellos también estaban Severus y Draco, pero ocultos bajo el Manto y la Capa respectivamente. Luego de dar las pertinentes explicaciones sobre el hombro, todos pasaron al jardín.

Sonrió cuando los mellizos desplegaron una manta sobre el césped y se sentaron con una fuente descomunal de pororó recién preparado entre ellos. Ginny fue a unírseles. Los otros optaron por tomar asiento en sillas y se quedaron mirándolo expectantes mientras Harry trataba de decidir por dónde empezar.

—¿Para qué nos reuniste, Harry? —preguntó Ron con curiosidad.

Harry miró nervioso a Remus, quien le devolvió un gesto de asentimiento para darle ánimos. O al menos así lo interpretó Harry.

—Humm… tengo que decirles… —empezó— Este verano… bueno, he estado muy ocupado.

Fred, George y Ginny dejaron oír risitas. Harry los miró reconviniéndolos, la situación ya no le resultaba divertida… pero ellos no pararon de sonreír al tiempo que masticaban las rosetas.

—Oh, bueno… —masculló— Creo que lo mejor es comenzar por el principio.

—Siempre es un buen lugar para empezar, macho. —dijo Fred con afabilidad.

Harry le lanzó otra mirada reprobadora que fue tan inefectiva como la primera. Y bien… les iba a dar algo que los iba a hacer callar. —Durante casi todo el verano he estado trabajando con Severus.

Sonrió de satisfacción cuando Ginny y los gemelos se atragantaron con las palomitas.

—¿Estuviste trabajando con Severus? —repitió el señor Weasley con desconcierto— ¿Severus Snape?

—Sí… ése mismo. —admitió Harry.

—Querés decir que estuviste estudiando su libro de pociones, ¿verdad? —intervino Hermione.

—Eh… no… quiero decir que me he estado reuniendo con él en Grimmauld Place desde principios de julio. Pero incluso dos semanas antes él ya me había dejado un libro de Oclumencia en la casa… y de hecho ahora estamos los dos viviendo allí.

—Harry… ¡él mató a Dumbledore! —exclamó Ron indignado.

Harry suspiró, frustrado se pasó una mano por los cabellos. —Ron… ¡pensá! Vos sabés adónde había ido yo esa noche con Dumbledore y lo que tuve que hacer… pensá y decime, ¿quién fue realmente el que lo mató?

Ron empalideció dramáticamente.

—Oh, Harry… —dijo Hermione angustiada— Yo temía que te lo tomarás así… pero no es así… no fuiste vos… ¡fue Snape!

Harry la miró con suspicacia. —Vos ya sabías que no había sido todo culpa de Snape, ¿no es así, Hermione? La mano… y lo que yo tuve que hacer…

—Pero igual, Harry… —insistió ella— ¡Lo que hizo Snape estuvo mal!

—Vos estuviste tratando de protegerme, ¿no? Si toda la culpa era de Snape entonces yo zafaba…

Hermione hizo una mueca, pero no lo negó. —Si Snape siguiera de nuestro lado, debería ya haberse presentado ante la Orden. —argumentó.

Harry sonrió. —Y así lo hizo. ¿Quién creés que me avisó de los ataques, Hermione? Y vos, Ron, —prosiguió volviéndose hacia él— ¿realmente creés que a mí se me habrían podido ocurrir las estrategias que propuse antes del primer ataque? —giró la cabeza hacia Bill— ¿Quién creés que me enseñó el encantamiento que usé para curarte? —y hacia Charlie— Si Snape realmente hubiera querido hacerte daño cuando te atacó probablemente no estarías vivo.

Hizo una pausa, todos estaban procesando la información y había muchos pares de ojos desorbitados.

—¿Severus nunca le dio la espalda a la Orden? —preguntó la señora Weasley con voz estrangulada— ¿Te está protegiendo a vos… y a nosotros?

Harry asintió.

—Pero, Harry… —dijo Bill— Es un hecho que Snape mató a Dumbledore

Harry intercambió miradas con Ron y Hermione.

—¡No fue tu culpa! —gritó Ron enfadado, pero había una nota defensiva en el tono que no pudo disimular.

—No, no fue mi culpa. —concedió Harry— Dumbledore me obligó a hacer algo que yo no quería hacer. Snape fue puesto en la misma situación… o en una peor aun… debía evitar delatarse como espía… y estaba además el voto que se vio forzado a jurarle a Narcissa.

—¿Narcissa? —repitió un coro de voces confundidas.

—Sí, Narcissa. —confirmó Harry y explicó brevemente el voto que Severus había hecho forzado por Bellatrix. Se preocupó en aclarar que lo había hecho también para proteger a su ahijado.

—¿Ahijado? —repitió el mismo coro de antes.

—¿El cretino grasiento es el padrino del hurón? —preguntó Ron haciendo una mueca de asco.

Harry también hizo una mueca pero al mismo tiempo soltó una risita. Y fue castigado por un leve golpe de una mano invisible. —Sí, Severus es el padrino de Draco.

Los mellizos y Ginny ya recuperados del shock Snape estaban disfrutando a mares, riendo y engullendo pochoclo a cuatro manos.

Hermione se volvió hacia ellos. —¡Ustedes ya lo sabían! —los acusó.

Los tres negaron con la cabeza sin dejar de reír.

—En realidad no lo sabíamos. —dijo Ginny y volviéndose hacia los mellizos preguntó: —¿Ustedes sabían lo de Snape?

—Para nada… —dijo Fred— Lo que sí sabíamos era lo del amigo imaginario de Harry.

—Y de la mamá del amigo imaginario, no te olvides. —agregó George con fingido tono de reconvención.

—¿Amigo imaginario? —repitió Ron— ¿Ese disparate del amigo imaginario es cierto? Pero igual no cuadra… según ustedes el amigo imaginario era rubio, muy atractivo… y arriesgaba la vida todos los días para proteger a Harry.

Harry no podía creer lo que oía. No sabía la historia exacta que habían inventado los mellizos en Godric Hollow.

—Nos habían dicho, —prosiguió Ron— que el amigo imaginario de Harry haría cualquier cosa por él. Que era el héroe de Harry… porque Harry también necesitaba un héroe. Que era una gran distracción para escapar del aburrimiento… y que le servía de contención para que no se le subieran demasiado los humos. Nos habían dicho que el amigo imaginario tenía que cumplir una labor muy ardua porque Harry es tan temerario que siempre se olvida de actuar con prudencia… y que su trabajo era salvar a Harry de sí mismo mientras Harry se dedicaba a salvar a todos.

Harry sonrió, ¡los muy pajeros!, se habían inventado una historia tan insólita… y así y todo tan próxima a la verdad. Sintió en ese momento la confortante mano de Draco posándose sobre su espalda a la altura de la cintura.

Hermione lo miró con suspicacia. —Harry, ¿qué es lo que todavía no nos dijiste? Porque hay más, ¿no?

Harry elevó los ojos al cielo como si reflexionara. —Por supuesto, apenas si he empezado a contarles todo lo que pasó este verano.

—¿Apenas si empezaste? —repitió Ron como si no pudiera creer que hubiera más.

—¿Por qué no empezás con lo que sea que ya saben los mellizos y Ginny? —sugirió Hermione con irritación.

—Ellos saben que estuve la mayor parte del verano trabajando también con Draco. —confesó suspirando— De hecho estuve trabajando con él durante más tiempo que con Severus.

Casi todos quedaron boquiabiertos.

—¡¿Malfoy!? —aulló Ron.

—Humm… sí… —admitió Harry con recelo, mucho se temía que los aullidos se multiplicaran. Pero casi todos estaban tan perplejos que no podían articular sonido.

Ginny y los mellizos estaban rodando de risa sobre la manta. Harry se dio cuenta de por qué habían elegido sentarse en el suelo, de no haber sido así en ese momento se habrían caído de las sillas.

—Deciles la mejor parte. —lo instó Fred entre carcajadas.

Harry se sonrojó un poco, pero ya que estaba en el baile… —Draco y yo… estamos saliendo… —admitió.

—¿¡Es tu novio?! —chilló Hermione con los ojos saltándosele de las órbitas como en un dibujo animado. Se volvió enfadada hacia Ron. —¿¡Por qué no me dijiste nada?! —bramó.

—¿Cómo habría podido imaginarme que se trataba de esto? —gritó Ron.

—¡Ayer en la Cámara estaban los dos hablando muy en secreto! ¡Y vos fuiste el que dijiste que Harry podía salir con quien quisiera!

—¡Pero no con Malfoy! —rugió Ron—¡Yo lo único que sabía era que estaba saliendo con un chico!

—¿¡Harry es gay?! —gritó Hermione sin poder creerlo— ¡Pero si estaba saliendo con Ginny!

—Harry es bisexual. —apuntó Fred jovial.

—Significa que le gustan los dos sexos. —aclaró George.

—¡Sé perfectamente lo que significa! —gritó Hermione indignada. Gimió— ¡Oh Harry! ¡¿Qué significa todo esto?!

—Eh… significa que Malfoy es mi novio… —dijo repitiendo lo obvio y ya establecido previamente y aprovechó para dejar caer la otra bomba de menor potencia— Victoria es su hija.

Hermione parecía como si estuviera a punto de desmayarse y la señora Weasley más o menos como ella. Ron había adquirido un color rojo superlativo, como si fuera a entrar en ignición en cualquier momento, Charlie igual, si bien lucía más peligroso que Ron. El señor Weasley había quedado pasmado y pestañeaba furiosamente. Bill no se veía tan mal, decidió Harry, tenía el ceño muy fruncido y una expresión reflexiva. Remus lo estaba mirando con ojos comprensivos. Los mellizos y Ginny lloraban de la risa.

Snape decidió que ése era un buen momento para quitarse el Manto. Harry gimió disculpándose. —No me había ido del todo mal hasta que mencioné a Draco.

—Ciertamente. —concedió Snape y fulminó con una de sus más severas miradas a los gemelos y a Ginny quienes al instante dejaron de reírse— ¡Draco! —ordenó.

Draco se mostró al lado de Harry. Harry se volvió hacia su héroe personal con una sonrisa pero Draco le recordó con acritud que seguían peleados.

—¡Oh vamos, Draco, no empieces! —le espetó Harry.

—Harry, —le advirtió Severus— tenemos cosas mucho más importantes que atender, no es el momento para que ustedes dos se pongan a discutir.

—Sí, se supone que tengo que convencer a todos de que Draco no es un maldito hijo de puta. Pero, ¿cómo lo voy a conseguir si se comporta como un pelotudo?

—¿Así que el pelotudo soy yo? ¡Sos vos el que te ponés en peligro haciendo buenas migas con el enemigo!

—¿Que me pongo en peligro? ¿Qué peligro puede haber en un puto juego de cartas?

—¡Vos no los conocés como los conozco yo! —aulló Draco.

—¡Tenés razón! ¡Porque a mí me parece que vos no los conocés en absoluto! —gritó Harry.

—¿Todo esto es por Crabbe y Goyle? —quiso saber Severus.

—¡Sí! —gritaron al unísono taladrándose mutuamente con miradas furiosas.

—¿Puedo presumir, Harry, que te tomaste tiempo durante esta tarde para hablar con ellos? —preguntó Severus.

Harry asintió.

—¿Puedo presumir, Draco, que vos no te tomaste un tiempo para hablar con ellos?

—¡Ellos quieren ser mortífagos! —escupió Draco.

—Mierda, Draco… —dijo Harry con impaciencia— Vos sos un condenado mortífago y así y todo yo estoy acostándome con vos. Ellos ni siquiera tienen la Marca Oscura. ¿No te parece que por lo menos tendrías que hablar con ellos?

—¿Y por qué debería? —replicó enfadado— Han sido entrenados para hacerte daño, ¿es que no te das cuenta, imbécil?

—Fuiste vos el imbécil que los entrenó. ¿Acaso pensás que Severus los habría traído a la casa si existiera la mínima posibilidad de que me pudieran lastimar? Mirá, por lo que yo pude deducir después de hablar con ellos, a los dos les importa un rábano ser mortífagos o no; lo único que quieren es ser como vos, su amigo. El amigo que los trata como si fueran mierda. Sólo Merlín sabrá por qué, pero ellos te reverencian y te admiran.

—Maldición, Harry. ¿Querés transformarme a mí también en defensor de pobres y ausentes y en paladín de tristes perdedores?

—¡Son tus amigos! —le enrostró Harry— Quizá no tengan muchas luces pero a mi me parecen buenos chicos. No sé por qué sos tan odioso con ellos. Además es imprescindible que vuelvan con vos porque Crabbe me empezó a mirar como a su Salvador cuando salí a defenderlos de vos.

Draco soltó una risita. —Están acostumbrados a que yo los proteja. —admitió.

—Exactamente. Y este verano los abandonaste. Severus fue el que pensó en ellos y se ocupó de salvarlos. Y están muy decepcionados porque estaban convencidos de que significaban más para vos.

—Oh, está bien… voy a hablar con ellos. —concedió Draco.

—¿Terminaron? —preguntó Severus irónico.

—Eh… sí, creo que sí. —dijo Harry.

—¿Qué te parece si te llevás a tus amigos aparte mientras yo hablo con los adultos? —propuso Severus desdeñoso.

—Jugá limpio, Severus. —le advirtió Harry.

—¡Vayan! —ordenó— Y vos, Draco… nada de hechizos, ¿entendiste? —amenazó.

Draco revoleó los ojos.

—No estoy seguro de si yo correspondo al grupo de los niños o al de los adultos. —dijo Bill con humor.

Harry sonrió. —Veinte años es el límite. Resignate y aguantá a los adultos.

Los niños partieron en tropel hacia la parte del patio en donde solían jugar al quidditch. Ron y Hermione todavía no se recuperaban del shock. Ginny llevó mantas para que todos pudieran sentarse, Fred y George llevaron cervezas de manteca y una reaprovisionada fuente de pororó.

Cuando estaban por sentarse, Ron reaccionó y pareció acordarse de que no tenía razón alguna para comportarse amablemente con Draco. Y sin decir agua va le propinó un puñetazo… y se trenzaron a trompadas.

—¡¿Qué le hiciste a Harry?! —aulló Ron enojado. Piña a la mandíbula.

—Sí que te gustaría saberlo, ¿no?, ¡comadrejón! —replicó Draco. Piña en la mejilla.

—¡Maldito cara de hurón! —otra piña.

—¡Harry! —chilló Hermione— ¿Es que ni siquiera vas a intentar hacerlos parar?

Harry encogió el hombro sano. —No. —contestó simplemente. Fred, George y Ginny que estaban a punto de intervenir para separarlos lo pensaron mejor dada la respuesta de Harry y retrocedieron.

—Ya son grandes, se supone que saben lo que hacen. —agregó Harry.

Ron y Draco se detuvieron al instante y se volvieron a mirarlo como si no pudieran creer lo que habían oído. Draco fue el que habló primero.

—¿Vas a dejar que me lastime? ¿Vas a dejar que sufra? ¿Vas a renunciar al sexo hasta que me haya curado? — bramó indignado.

Ron se atragantó al oír eso.

—No es que quiera renunciar al sexo, todo lo contrario. —respondió Harry— Pero no soy yo el que está peleando. Si nuestras actividades sexuales se vieran afectadas diría que la culpa ha sido tuya.

—Harry, —gimió Draco— ¡él es un Weasel!

—Sí, Draco, es lo que vos vivís diciendo.

—Harry, no vas a permitir que me siga llamando de esa forma, ¿o sí? —aulló Ron tan indignado como Draco.

—Yo no soy el que le permito hacer nada. Aunque a veces me gustaría ponerle un collar y llevarlo a la rastra con una correa. Pero no… no es mi mascota.

Ron, Draco, Hermione y Ginny se quedaron perplejos mirándolo boquiabiertos.

—¡Harry para todo el mundo! ¡Es lo más grande que hay! —vivaron a coro Fred y George.

Harry alzó una comisura con suficiencia. —Me juego a que todos ustedes están pensando si dije eso en serio o no.

Todos asintieron.

Harry rió. —¡Qué lástima! Porque no pienso aclarárselo.

—¡Harry! —demandó Draco— ¡Retirá eso que dijiste en este mismo instante!

Harry le sopló un besito. —Lo siento, Cielo. —dijo con dulzura— No puedo hacer lo que me pedís porque me estoy divirtiendo a mares.

Draco entrecerró los ojos peligrosamente. —¡Te odio, Potter!

—Vení acá y probalo. —lo desafió Harry alzando una ceja.

Draco se le acercó con tres zancadas y le devoró la boca como si quisiera arrancarle la lengua.

—¿¡Qué carajo es todo esto!? —gritó Ron.

—Creo que Harry me mintió. —respondió Hermione.

—¿Te referís a lo del collar y la correa? —preguntó Ginny con curiosidad.

—No a eso… sino cuando me dijo que no iba a hacer nada para separarlos.

Draco la oyó e interrumpió el beso de inmediato. Miró a Harry con ojos acusadores. —Fue todo deliberado y nos hiciste caer como imbéciles.

Harry sonrió con inocencia. —¿Cómo se te ocurre que podría hacer algo así?

—Porque sos más que capaz. —replicó Draco irritado.

—Oh bueno, entonces quizá sea cierto. —dijo Harry alzando una comisura. Se puso en puntas de pie y le susurró al oído: —Te había dicho que haría todo lo que fuera necesario para protegerte.

Draco soltó un bufido y se llevó una mano al ojo que ya se le estaba inflamando. —Sí, qué buen trabajo hiciste. —gruñó.

—Podría haber sido mucho peor. —le aclaró Harry sin pizca de arrepentimiento.

—La noche todavía no concluye. —dijo Draco con voz hosca.

Varias piezas parecieron encajar de golpe en el cerebro de Ron. —¡Oh, Merlín! Un chico. Riesgo. No puedo contarte… Harry, ¡estás saliendo con Malfoy!

Draco soltó una risita. Harry lo paró con un codazo. —Sí, Ron… ya lo había dicho antes.

Ron se dejó caer de rodillas sobre la manta. —Yo te había dicho que tu novio no iba a correr ningún peligro si vos me decías quién era. Igual vos no quisiste decírmelo.

Harry tomó asiento en la manta y los otros hicieron lo mismo. Ron miró con recelo a Draco. —Sí lo ponías en peligro, ¿no? Yo podía ser peligroso para él.

—No sabía lo que podías llegar a hacer si te enterabas. Incluso ahora no lo sé. Ustedes dos —una mirada de soslayo a Hermione— siempre han sido muy rápidos para ir a delatarme o para ponerse en mi contra. Y el resultado es que me curé en salud y opté por ocultarles todo.

Ron suspiró derrotado. —Ahora estoy dispuesto a escucharte, Harry.

—Yo también. —dijo Hermione.

—Merlín, Harry. —dijo Draco con disgusto— Vos sí que sabés como manipularnos a todos.

—Yo no estoy manipulando a nadie. —protestó Harry.

—¿Entonces por qué yo me estoy sintiendo culpable por querer romperle a Malfoy la maldita cara? —replicó Ron con aspereza.

Hermione sonrió apenas pero no dijo nada.

Harry se pasó una mano frustrada por los cabellos. No era su intención manipular a sus amigos. Lo que quería era que lo escucharan.

Draco revoleó los ojos leyéndole los pensamientos. —No te demores más y empezá a contarles de una vez. Yo ya me quiero volver a casa y esto parece que se va a prolongar hasta las mil y quinientas. Así que empezá de una vez o no nos vamos a ir nunca.

—Te estamos escuchando, Harry. Decí todo lo que tengas que decirnos. —lo instó Hermione.

—Sí, cumpa.

Esta vez Harry comenzó con lo ocurrido a principios del verano y dejó muy pocas cosas sin mencionar.

Obviamente no mencionó los horcruxes. También evitó mencionar, para gran decepción de Ginny y los mellizos, detalles muy privados de su relación con Draco. No dijo nada de todas las veces que había llorado, porque era algo que lo avergonzaba. De Severus se guardó también algunas cosas muy personales, no fuera que se enterara y lo matara.

Sobre varios puntos se explayó sin inconvenientes. Enfatizó la participación de Draco y Severus en las batallas. Contó todo sobre Victoria. Resumió muy rápidamente la parte del vínculo de Winky. Les mostró los anillos y se los pasó para que pudieran observarlos con atención. Explicó detalladamente cómo había sido que Draco y Narcissa habían ido a vivir a Privet Drive. Relató sobre las reuniones y el entrenamiento con Snape. Les informó sobre los Slytherins neutrales refugiados en Grimmauld. Sobre los planes respecto de la batalla final, les dijo que después hablarían cuando Severus estuviera presente.

Había cuestiones que lo hicieron vacilar. Lucius… contarles significaba admitir ante sus amigos que era un asesino.

—Hay algunas cosas que no les dijiste. —señaló Draco.

Harry quiso masajearse las sienes pero el hombro se le quejó. Draco le pasó una poción analgésica y le ordenó que se recostara sobre la manta por unos minutos.

—No. —protestó Harry— si me recuesto me voy a dormir y quiero terminar de una vez con todo esto.

—No voy a dejar que te duermas. Un descanso de unos minutos te va a venir bien. Y vas a poder pensar un poco… para encarar mejor lo que falta.

Harry hizo una mueca. Se quitó el cabestrillo y apoyó la cabeza sobre la falda de Draco. Aprovechó para desviar la mirada hacia Ron, parecía seguir medio en shock. Levantó los ojos hacia Draco, hizo otra mueca, el ojo se le estaba poniendo en compota.

Draco le leyó los pensamientos. —Herida de guerra. —dijo con expresión impasible.

Harry rió. —Vos sí que sos valiente.

Draco torció la boca. —La valentía te la dejo a vos, gracias. Yo estoy acá sólo para… bueno, no sé para que estoy acá.

—Vos estás acá porque Harry te puede convencer de hacer cualquier cosa que él quiere que hagas. —dijo Ginny provocadora.

—Nadie te pidió tu opinión, comadrejita. —replicó Draco con desdén.

—¡No la llames así! —gritó Ron.

Harry y Ginny cruzaron miradas. —Perdón, Ginny… —murmuró Harry. En realidad él estaba tan acostumbrado a las cosas que decía Draco que ya nada le parecía insultante como en otros tiempos. Se trataba de Draco… él era así.

—No te disculpes, Harry. —dijo ella encogiéndose de hombros— A mí ya no me afecta para nada.

—¿Qué es lo que no te afecta? —quiso saber Hermione.

—Los supuestos insultos de Malfoy. —respondió Ginny.

—¿¡Cómo podés decirlo así sin más!? —exclamó Hermione.

Ginny sonrió. —Quizá hice algo para merecer los insultos. —dijo críptica.

Harry gimoteó, se sentó y miró a Draco con culpa. —Vos ya me perdonaste por eso, ¿no?

—A vos, sí. —miró a Ginny alzando una comisura— Lo que no quiere decir que se lo haya perdonado a la comadrejita.

Ginny rió. —Pues deberías. Es más, deberías agradecérmelo. Te sirve para hacerlo sentir culpable y seguramente conseguís más y mejor acción… ¿o no, Malfoy?

—¡Nada de eso es cierto! —se indignó Harry— ¡Él no me hace sentir culpable!

Draco le acercó la cara hasta casi tocar la de Harry. —¿Hiciste o no hiciste algo con la Weaselette por lo que deberías sentirte culpable?

—Draco… vos sabés que no era mi intención…

Draco alzó una ceja. Harry lo besó. Draco se separó y estudiadamente alzó una comisura bien a lo Malfoy.

—Pajero. —le dijo Harry con aspereza.

—Así que como podrán ver, —dijo Ginny volviéndose hacia Ron y Hermione— le estoy haciendo un favor a Harry permitiéndole a Malfoy que me llame así. Seguro que cuando lo discuten después terminan a los besos… y Merlín sabrá cuántas cosas más.

Ron y Hermione habían quedado atónitos.

—¡Ustedes están todos locos! —gritó Ron.

Los mellizos sonreían de oreja a oreja y mascaban pororó frenéticos.

—Hermione, —suplicó Ron— decime que todo esto no es más que una pesadilla.

—Lamento decirte que no lo es, Ron. —contestó ella— Y a mí me va a tomar por lo menos una semana para poder encontrarle sentido a todo esto.

Hermione podía pensar durante una semana pero Harry no disponía de tanto tiempo. —Hay más cosas que tengo que decirles. Pero tienen que prometerme antes que no se las van a decir a nadie. —Harry miró primero a Ron y Hermione… y luego a los mellizos y a Ginny— Y Draco… si vos no querés quedarte… está bien…

Draco lo miró sintiéndose insultado. —No me importa lo que hayas hecho, Harry. Vos no sos maligno… vos nunca vas a ser como ese hijo de puta… y si tus amigos no se dan cuenta de eso entonces no merecen llamarse tus amigos.

—¿Qué fue lo que hiciste, Harry? —preguntó Hermione aprensiva.

Harry suspiró profundamente. —Soy un asesino.

Todos, excepto Draco, se estremecieron en shock.

Draco revoleó los ojos y empezó a aplaudir lentamente. —Excelente, Harry. Todo un despliegue de profundo dramatismo. ¿Qué estás haciendo acá? Deberías estar en un escenario.

—Pero es que es cierto… —dijo Harry a la defensiva— Maté a Pettigrew… y a tu tía… y a esos hombres que ni siquiera conocía.

—¿Mataste a Wormtail? —exclamó Ron abriendo grandes los ojos.

—¡¿Y a Bellatrix?! —chilló Hermione.

Harry asintió y susurrando pasó a explicar todo. Todo sobre Azkaban, todo sobre lo ocurrido en el Ministerio. Hubo un largo e incómodo silencio una vez que hubo concluido.

Fred fue el que lo quebró. —¿Vos llevaste a Peter Pettigrew… a Severus Snape… y a Lucius Malfoy… a nuestro departamento? —preguntó.

—Eh… sí… —admitió Harry agachando la cabeza.

—¡Ídolo! —exclamó George admirado llevándose un puñado de palomitas a la boca— ¡Eso bate por lejos cualquier cosa que nosotros dos hayamos hecho! —declaró reverente, a pesar de que tenía la boca llena.

Draco tampoco podía creer lo que había oído. —¡¿Vos llevaste a mi padre al departamento de estos dos?!

—Pero es que no tenía otro lugar adonde llevarlos. —respondió Harry, nuevamente a la defensiva— En la Mansión no nos quedamos el tiempo suficiente… y no me pareció bien que vos y tu mamá lo vieran en la condición que estaba.

—¡Oh, Harry! ¡Por todo esto vas a estar en tan serios problemas! —gimió Hermione angustiada.

—Kingsley ya sabe todo. —le aclaró Harry.

—¿¡Se lo contaste a Shacklebolt?! —chilló Hermione.

Harry la contempló sorprendido, Hermione nunca chillaba así. —Bueno, no… en realidad fue Lucius el que relató todo… yo sólo escuchaba y refrendaba con gestos todo lo que él decía.

Hermione parecía totalmente perdida. —¿Cuándo fue que ocurrió esto? —preguntó.

—Severus y yo hicimos escapar a Lucius hace una semana. El 30, el día antes de mi cumpleaños. Lucius me sirvió de guardaespaldas en la boda y me ayudó durante la batalla del Ministerio. Esa noche, más tarde… decidió revelarse ante Kingsley. Tuvimos que explicarle cómo había sido que todos esos mortífagos habían terminado muertos… necesitábamos el apoyo del nuevo ministro para la batalla final. —ésa era una buena oportunidad para decirles el resto— La batalla final será dentro de cuatro días. Y es por eso que les estamos contando todo a todos. Vamos a necesitar todo el apoyo que podamos reunir.

En ese momento se acercó Charlie. Todos se volvieron a mirarlo.

—Harry, me mandaron a que te llamara. —dijo Charlie—Eh…hay más huéspedes que acaban de llegar.

—Éramos pocos y parió la abuela. —masculló Harry sarcástico.

Charlie les hizo una seña a todos para que se pusieran de pie y se aproximó a Harry y Draco. Los dos se pusieron tensos… pero quedaron boquiabiertos cuando Charlie le extendió la mano a Draco. —Todo amigo de Harry, es amigo mío. —dijo Charlie.

—¿Qué se supone que haga? —preguntó Draco volviéndose hacia Harry.

—Que le estreches la mano, naturalmente. —respondió Harry.

—Éste era el que quería matarme. —le recordó Draco.

—Yo también quería matarte en su momento. Y las ganas se me pasaron por entero… o casi…

Draco vaciló un instante más… y finalmente estrechó la mano que seguía extendida… y hasta llegó a hacerle a Charlie una breve reverencia con la cabeza.

Harry empezó a pensar que las cosas quizá no terminarían saliendo tan mal como había temido en un primer momento.

Pero el respiro le duró poco.

Remus había ido a Grimmauld Place a buscar a Narcissa y a Lucius… y los había traído. Winky había quedado "de guardia" supervisando a los Slytherins.

Pero para peor… Narcissa no había venido con las manos vacías. Portaba una canasta que contenía, entre otras cosas, varias botellas de vino.

—¡Narcissa! —siseó Harry por lo bajo— Todos van a pensar que querés envenenarlos.

—Harry, los invitados siempre deben traer algo. —le contestó ella con calma— Es lo que corresponde y esto que traigo es perfectamente apropiado.

Harry miró a Lucius como suplicando. —¿Y vos no pudiste hacer nada al respecto?

Lucius suspiró. —Traté de disuadirla. Pero estaba empeñada en causarles una buena impresión a nuestros anfitriones.

Harry recurrió a Draco. —A mí ni me mires. Sabés perfectamente bien que yo no tengo nada que ver con esto. —dijo Draco lavándose olímpicamente las manos de toda responsabilidad.

Su última esperanza era Severus. Tampoco tuvo suerte. Severus alzó una ceja y siguió el mismo palo de Draco.

Bueno… quizá no había sido la última esperanza… Remus…

Remus le sonrió. —Los buenos modales nunca están de más.

Harry gimió… ¡y Hermione y los Weasley habían seguido toda la escena con mórbida fascinación!

—Narcissa, lo aprecio mucho… con sinceridad lo digo… —declaró Harry titubeante— Pero acaso éste no sea el presente más adecuado

—Harry, no se me pasan por alto las implicancias… considerando las poco afortunadas acciones de Draco en el pasado. —dijo Narcissa con mayestática calma.

—¿Acciones poco afortunadas? —chilló Harry— ¡Casi que mató a Ron!

—Sin lugar a dudas poco afortunadas puesto que sigue vivo. —murmuró Draco llevándose una mano al ojo en compota.

—¡Draco! —lo amonestó Narcissa al tiempo que Harry le sacudía un coscorrón en la cabeza.

—Narcissa, —dijo Harry— yo sé que fue un accidente… pero entendé que los Weasley…

—Eso, eso… —intervino Draco frotándose la cabeza donde había recibido el golpe— Yo no tenía intenciones de matar al Weasel… en cambio vos… ¡maldito abusador!

—¡La puta, Draco! ¡Callate! ¡Sabés perfectamente que yo tampoco quería matarte esa vez! ¡Y no estás ayudando…!

—Éste es un regalo tradicional. —se justificó Narcissa con firmeza— Además de ser un presente de la Casa de los Malfoy para la Casa de los Weasley… es también una forma de pedir disculpas.

Narcissa le tendió la canasta. —Vos sos el enlace natural entre los dos linajes, puesto que pertenecés a ambos, corresponde que seas vos el que haga la entrega.

—¿Hay algún tipo de protocolo de presentación? —preguntó Harry haciendo una mueca.

Draco se inclinó y le susurró al oído: —Sólo tenés que tenderles la canasta, hacer una breve reverencia y pronunciar: "De nuestra Casa para la Vuestra"

Harry lo miró sin poder creerlo. —¿Cuántos puntos en la escala surrealista? —preguntó.

—Si no llega al tope… pega en el palo. —contestó Draco.

—Narcissa, no puedo creer que me hagas hacer esto. —murmuró Harry.

—Te va a hacer bien, Harry, no me cabe ninguna duda. —fue todo lo que respondió ella.

Harry la fusiló con la mirada, esa cuestión de los modales se parecía demasiado a la falta de cordura… ¡y después decían que el tarado era él! Agarró la canasta, giró sobre sus talones y enfiló hacia la señora Weasley.

—Aquí tiene, señora Weasley… eh… de nuestra Casa para la Vuestra. —dijo.

La señora Weasley aceptó la canasta, se la pasó a su marido y procedió a ahogarlo con un abrazo.

—¡Oh, Harry! Estoy tan orgullosa de vos. Nos tenías tan preocupados… pero has estado haciendo tanto. Por suerte has tenido gente cerca que te ha cuidado. Estoy tan contenta de que estés bien… pero deberías haber recurrido a nosotros antes.

—Soltá a ese pobre chico de una vez, Molly. —dijo Arthur.

—Pero es que se ha puesto en tanto peligro… —gimió ella, pero le hizo caso a su marido y lo soltó.

Harry elevó los ojos al cielo. Quería evitar todas las miradas clavadas en él. Había habido en su vida días muy extraños… el día que se enteró de que era un mago, el día que su nombre brotó del Cáliz de Fuego, la noche que Malfoy había aparecido en lo de los Dursley con una nena en brazos… pero esa noche se llevaba todas las palmas… ganaba como la más extraña… y por varios cuerpos.

Bill anunció que iba a abrir un par de las botellas… correspondía que todos brindaran por la alianza… incluso a los "niños" se le permitiría una copa… excepto a Harry…

—El alcohol podría interferir con las pociones que está tomando. —decretó Severus.

Harry puteó para sus adentros, ¡siempre meado por los perros!, todos iban a poder chupar menos él.

—No te sientas mal, Harry. —lo consoló Ron— Yo te voy a acompañar con jugo de calabaza. —obvio, pensó Harry, después de lo que le había pasado ni bajo amenazas iba Ron a aceptar una bebida regalo de los Malfoy.

—Ah… gracias, Ron.

De todos modos los otros Weasley también se manejaron con prudencia, esperaron a que los Malfoy cataran el vino antes de proceder a beberlo.

Se suponía que tenían todavía que hablar sobre los planes de la batalla, pero nadie parecía tener demasiado apuro. Era una noche muy agradable, tibia y apacible. Ni siquiera Severus parecía impaciente por empezar. Esperaba muy calmo.

Lucius, al lado de Severus, parecía divertido con la situación. El señor Weasley, sentado enfrente, parecía inseguro de cómo manejarse en la instancia, ciertamente no se había esperado que iba a tener de huésped a Lucius Malfoy, su enemigo de siempre, y en su jardín nada menos.

Remus estaba sentado al lado del señor Weasley y estaba tratando de crear una conversación sobre la guerra. Harry alcanzó a oír varias veces el nombre de Kingsley.

Narcissa se mostraba calma y sofisticada como siempre. La señora Weasley intentó entablar un diálogo con ella.

—¿Ustedes se encargaron de cuidarlo este verano? —preguntó.

—Dentro de lo posible. —respondió Narcissa sonriéndole a Harry— No es fácil mantenerlo quieto en un mismo lugar.

A partir de ahí las dos mujeres continuaron charlando.

—¿Mi mamá y la mamá de Malfoy están hablando como buenas amigas… de vos? —susurró Ron.

—Así parece. —dijo Harry.

—Debemos darte las gracias, macho. —dijo George— Cuando se preocupa por vos, se olvida de nosotros. Nos la sacaste de encima.

—Lo que pasa es que en el momento actual, Harry es el más problemático. —dijo Fred.

Harry les puso mala cara. Los mellizos respondieron con risas.

—¿Realmente estuviste viviendo con los Malfoy? —le preguntó Hermione.

—Harry es el cabeza de Casa, en realidad. —precisó Draco que había terminado sentado entre los mellizos y estaba masticando pororó al mismo ritmo de ellos.

—Quiere decir que la casa es mía. Sirius me la legó. —aclaró Harry.

—No, no es eso lo que quise decir. Sos el cabeza de Casa, sos el que mandás. —corrigió Draco.

—Yo no soy el que mando. —protestó Harry— Severus es el que manda.

—Como mucho podríamos decir que Severus es al único al que le hacés caso… pero sólo cuando se te da la gana. —precisó Draco.

—¿Pero cómo es posible que los adultos…? —empezó a preguntar Hermione.

Draco la interrumpió. —Remus y Severus son los padres postizos de Harry. —proclamó Draco. Y siguió comiendo pororó. Misión cumplida. Todos estaban boquiabiertos y Harry gimiendo.

—¿Remus y Snape… juntos… adoptaron a Harry? — preguntó Bill.

Draco asintió.

—Severus te va a matar cuando se entere de que les dijiste. —siseó Harry.

—No, para nada. —replicó Draco con un gesto displicente— Vos me vas a proteger.

—¿Yo…? ¿Qué te hace pensar que yo me arriesgaría a enfrentar a Severus?

—¿Qué harías vos si no me tuvieras más en tu cama? —lo desafió Draco.

Harry lo miró irritado… ¡pero razón no le faltaba al muy rastrero!

—¿Así que nuevas alianzas? —apuntó Bill con una sonrisa.

Harry se puso colorado, acordándose de lo que había declarado abiertamente delante todos en la despedida de soltero.

—Ahora comprendo que esa serpiente en tu espalda tiene un significado completamente diferente del que yo había aventurado. —dijo Charlie irónico.

—Malfoy es la mano derecha de Harry. —dijo Fred con jovialidad.

Harry notó que Ron lo estaba mirando… y no precisamente complacido.

—Harry, —le preguntó Ron abruptamente— ¿me acompañarías a dar un paseo?

Harry suspiró. —Claro, cumpa.

Se puso de pie y miró a Draco que había puesto muy mala cara pero que así y todo no dijo nada. Harry se sentía muy mal, había ya anticipado que el momento llegaría indefectiblemente… pero no quería pelearse con su mejor amigo, ni mucho menos perderlo.

—Harry, dentro de muy poco empezaremos a discutir los planes de la batalla. —le advirtió Severus.

—No voy a demorar. —prometió Harry. Aunque no sabía bien cuánto le iba a llevar a Ron dejarle bien en claro que Harry como amigo era pésimo.

Él y Ron se fueron alejando de los reunidos.

—Yo creía que yo era tu mejor amigo. —dijo Ron de entrada.

—Y es cierto.

—Pero ahora resulta que Malfoy es tu mano derecha.

—Esas son cosas de Fred… —dijo Harry— Draco está todo el tiempo conmigo… es mi novio, Ron.

—Y yo sólo soy tu mejor amigo.

—No sos sólo mi mejor amigo… vos sos muy importante para mí, Ron… pero Draco también es muy importante para mí.

—Creo que hay muchas cosas que no entiendo… no te entiendo a vos, no entiendo lo de Malfoy… y tampoco entiendo lo de Snape… no entiendo nada de todas las cosas que estuviste haciendo.

—Perdón… —dijo Harry angustiado.

—¿Y por qué exactamente pedís disculpas?

—Perdón por haberte mentido todo el verano.

—Pero no lamentás el hecho de que estás cogiendo con el enemigo.

—Él ya no es un enemigo, Ron. Y no estoy esperando que vos simpatices con él de un momento al otro… yo he tenido más tiempo para conocerlo mejor.

Ron hizo una mueca de asco. —Sí, ya me lo imagino…

—¿Qué se supone que querés decir con eso? —demandó Harry.

—Quiero decir que este señor Te la clavo hasta dejarte inconsciente, —replicó Ron enfadado—debe de coger como los dioses. Porque sabe Merlín que no es bueno para ninguna otra cosa.

—¿Pero es que acaso no escuchaste nada? ¡Me estuvo ayudando durante todo el verano! —le espetó Harry.

—¿Y cómo puedo estar seguro de que lo dijiste esta noche sea verdad, Harry? —gritó Ron— Si vos mismo acabás de admitir que estuviste mintiendo sobre todo.

—¡Ahora te estoy diciendo la verdad! —se defendió Harry.

—Y yo te escuché… me senté y te escuché toda la noche… y todo lo que contaste es tan surrealista que no veo cómo pueda ser cierto. Pero si se trata de que es bueno en la cama… entonces sí puedo entender que quieras estar con él.

—Por la forma en que lo ponés pareciera que estás diciendo que no es más que una puta. —dijo Harry con un tono de voz que se había vuelto grave y sonaba peligroso.

—Y de excelencia al parecer, dado los resultados que obtuvo. —le espetó Ron sin disimular su disgusto.

Harry le encajó un puñetazo en la mandíbula. Ron quedó desconcertado por unos segundos y luego reaccionó con furia. Estuvieron sacudiéndose trompadas durante los siguientes cinco minutos. Y lucharon rodando por el suelo. Harry iba perdiendo. Finalmente quedaron exhaustos uno frente al otro, completamente magullados y con narices sangrantes. Harry agarrándose dolorido el brazo lastimado.

—Podés odiar a Draco por toda la mierda que había hecho, ¡pero nunca vuelvas a decir una cosa como ésa sobre él! —giró sobre sus talones y emprendió el regreso.

—¿¡Qué se supone que piense, Harry!? —exclamó Ron— Hace apenas unos meses casi lo mataste… ¿se supone que ahora crea que de buenas a primeras te enamoraste de él?

Harry se dio vuelta de golpe para enfrentarlo. —Ya sé que es un montón todo junto y que es difícil procesarlo… sé que parece no tener ni el más puto sentido… ¡pero así son las cosas! Yo mantuve a Draco seguro durante este verano… al principio fue más que nada por Victoria… pero después no fue sólo ella. Y esto no quiere decir que lo que hago es para gozar de sus favores sexuales. No puedo creer que vos puedas concebir que yo aceptaría un arreglo de ese tipo.

—En realidad no es lo que pienso… pero sí es cierto que esto es demasiado, Harry. —dijo Ron, confundido y frustrado.

Harry inclinó la cabeza. —Sí y realmente lo lamento. —volvió a girar sobre sus talones y reemprendió el regreso. Ron se apresuró a ponérsele al lado. Caminaron juntos en silencio. Harry sabía que todo lo que acababa de pasar iba a dar lugar, otra vez, a comentarios murmurados de Hermione sobre la estupidez de los varones.

Pero él no se sentía estúpido. Ron y él nunca antes se habían peleado así. Pero claro… ahora se había introducido el factor Malfoy en la ecuación… antes los dos habían detestado a Malfoy… ahora… ¿acaso todo era su culpa por trastornar tanto las cosas? Ron estaba confundido y no podía culparlo por eso… Ron estaba haciendo un esfuerzo, pero era demasiado para él. Pero no valía la pena insistir… Ron necesitaba tiempo para pensar… y asumir… y quizá después…

Draco y Hermione fueron los primeros en verlos regresar, los dos se pusieron de pie al mismo tiempo. Incluso con el malhumor que lo recorría Harry no dejó de encontrarle el lado divertido a la situación. Draco quedó perplejo, no sabía si ir primero a consolar a su amante o a romperle la cara a su atacante. Y Hermione igual, ¿a cuál de sus dos mejores amigos debía de asistir primero? Pero por supuesto… los novios eran más importantes que cualquier otra alternativa.

Draco se acercó a Harry y le levantó la barbilla con una mano para evaluar los daños. —¿Qué carajo pasó? —aulló furioso. Su voz se perdió entre el mar de gritos y exclamaciones de todos los otros. Pero no esperó respuesta. Se abalanzó sobre Ron y los dos rodaron por el suelo propinándose puñetazos sin retaceos.

La pelea no duró mucho. Snape agarró a Draco de la toga a la altura de la espalda, lo separó haciéndolo poner de pie y se lo pasó a Lucius. Bill y Charlie se ocuparon de Ron. Pero los contendientes forcejeaban para volver a las manos.

—¿Qué carajo le hiciste, Weasley? —le escupió Draco— ¡Se supone que es tu amigo! ¿¡Y vos le rompés la cara?! ¡Si lo que querés es pelear, Weasley, yo estoy más que dispuesto! ¡Nadie le pone Harry una mano encima y sale indemne!

Harry lo miró admirado y lleno de orgullo, ¡su héroe!, se puso en puntas de pie y lo besó en la mejilla.

Lucius soltó a Draco y los dos se abrazaron. Draco temblaba en brazos de Harry, muy sacudido por el arranque y la pelea.

—Draco, calmate. —murmuró Harry— Todo está bien.

—¡No, no está bien! ¡El muy…! ¡Te hizo daño!

—Yo empecé… yo le pegué primero.

—¡Seguramente se lo merecía!

¡Al diablo con todo!, pensó Harry. Poco le importaban las heridas en ese momento… pero había una manera segura de calmar a Draco. Le hizo agachar la cabeza y le capturó la boca con un beso. Un beso con marcado gusto metálico, pero cálido, intenso, necesario… Y muy salvaje también, con tanta sangre de por medio.

—Quizá ahora deberíamos ocuparnos de las heridas de Harry. —sugirió Severus irónico.

Con reticencia, Harry interrumpió el beso y se dio vuelta, pocas ganas tenías de enfrentar a todos. Se sorprendió al ver a madame Pomfrey. ¿Cómo la habían mandado llamar tan rápido?

La sanadora ya estaba al tanto de todo, Severus había autorizado a la profesora McGonagall a que le contara. Pero madame Pomfrey igual estaba muy afectada por el escenario en casa de los Weasley. Una cosa es saber, otra muy distinta es ver directamente. Sin embargo su profesionalismo prevaleció y se recuperó rápidamente del asombro inicial. Le ordenó a Harry que tomara asiento y se puso de inmediato a atenderlo. Harry la dejó hacer y aprovechó para evaluar la situación a su alrededor.

La señora Weasley había arrinconado a Ron y le estaba sacudiendo una reprimenda mayúscula. Severus, muy enojado, estaba haciendo lo mismo pero con Draco. Probablemente más tarde le iba a tocar el turno a Harry de recibir su filípica personal. El señor Weasley, Remus y Lucius estaban hablando entre ellos, los tres mostraban expresiones muy decepcionadas. Lucius era el que parecía más compuesto. Bill y Charlie se les unieron unos momentos después.

Ginny y Hermione estaban discutiendo airadamente. ¿Estaría Ginny defendiendo a Draco? Fred y George habían ido a sentarse en un rincón alejado y seguían muy interesados todo el show masticando pororó sin parar.

—Señor Potter, —dijo madame Pomfrey— ahora tiene que ir a descansar. Como ya lo habrá supuesto el hombro volvió a dañarse, las otras lesiones ya las he curado pero para el hombro es necesario descanso y limitación de todos los movimientos al mínimo posible.

—Sí, señora. —contestó Harry obediente. La expresión de Severus era de manifiesto y marcado disgusto. Las cosas no habían ido del todo mal, considerando todo… hasta la pelea con Ron. Madame Pomfrey se alejó para ir a examinar y curar a Ron. Severus y Draco se le acercaron.

—¿Estás bien? —preguntó Draco. El brazo de Harry estaba nuevamente en cabestrillo. Draco se inclinó y le dio un rápido beso en los labios. Le tomó una mano y se la apretó con calidez para darle ánimos.

Harry alzó los ojos hacia Snape que lo miraba muy enojado.

—A ver, dejame adivinar… mañana tampoco vas a poder usar ese brazo. Tus planes son matar al mago más poderoso dentro de cuatro días pero no vas a poder entrenar porque decidiste trenzarte en una riña pueril y sin sentido con tu amiguito.

Harry se permitió devolverle una mirada tan enfadada como la que recibía.

—Todavía hay cosas que tenés que aprender antes del sábado. Y ningún esfuerzo que le dediques es demasiado. —prosiguió Snape con voz helada.

Harry reaccionó mal. —¡Anda a cagar, Severus! ¡Y dejame de joder! —gritó soltando la mano de Draco y poniéndose de pie— ¡Yo estoy haciendo lo más que puedo y vos lo sabés! ¡Lo lamento si eso no es suficiente! ¡Y perdón si por unos minutos me olvidé de que toda mi vida debe girar alrededor de Voldemort!

La furia de Severus amainó abrupta y sensiblemente. —Harry…

—¡¿Qué?!

—Vení acá, niño. —dijo Severus con voz muy suave.

Harry lo miró con recelo. Prefería a un Severus agresivo… a ése sabía cómo manejarlo. Un Severus afectuoso lo desconcertaba completamente.

Severus le apoyó una mano en el hombro sano y se inclinó para hablarle en voz baja de manera que sólo él pudiera oírlo.

—No deberías haberte peleado. —le dijo Severus con tono neutro.

Harry amagó a sacarse la mano de encima pero Severus no se lo permitió. —Sin embargo, —continuó Severus— yo ya debería saber que vos también querés y tenés derecho de salir en defensa de otros y por asuntos que nada tienen que ver con el Señor Oscuro.

—Todo muy bonito… —replicó Harry con aspereza—…pero Voldemort es más importante… así que tengo derecho pero no lo tengo…

—Eso es lo que yo creía… —dijo Severus al tiempo que alzaba un poco la cadena con los dos anillos. Harry frunció el ceño.

—Pero debo admitir que Dumbledore tenía razón… vos tenés más poder en tu corazón… más de lo que yo nunca seré capaz de comprender.

Harry lo miró perplejo. —Severus, ¿te sentís bien? —preguntó Harry empezando a preocuparse. ¿Se lo habían cambiado por otro? Severus no podía estar diciendo eso.

Por un segundo Harry creyó haber visto una media sonrisa dibujarse en los labios de Severus. —Sí, Harry, estoy bien. —contestó irónico— Decime… ¿a quién estabas defendiendo cuando te peleaste con Weasley?

Los ojos de Harry derivaron hacia Draco que los observaba con atención a pocos pasos de distancia.

—Ah… —dijo Severus con un tono vagamente jovial pero no sorprendido, su mirada se volvió más intensa— Vos peleás con el corazón, Harry.

—No sé hacerlo de otra forma. —dijo Harry a la defensiva.

—Y ése sería "el poder que el Señor Oscuro no conoce"… Te he criticado y te he denigrado por mostrar tan abiertamente tus sentimientos… y sin embargo… es precisamente esa cualidad y tu compasión lo que te ha ganado los aliados y los recursos necesarios para poder derrotar al Señor Oscuro. Ciertamente no se me ocurre ningún otro que pudiera ser capaz de conseguir un avenimiento entre los Weasley y los Malfoy.

Harry se quedó mirándolo fijo durante varios segundos y luego se abrazó repentina y apretadamente a su torso.

—Potter, que yo empiece a entender ciertas cosas no quiere decir que esté dispuesto a... —dijo Severus, pero a pesar de sus palabras él también estaba abrazándolo… contenidamente eso sí… por las lastimaduras de Harry… y porque todos estaban mirándolos.

Harry sonrió con la cara apoyada sobre el pecho de Severus. —Si un despliegue de buenos modales no va a hacerme daño… entonces un abrazo tampoco te va a dañar a vos.

—Mocosito insolente. —musitó Severus separándose.

Harry le sonrió. —No te preocupes, —susurró cómplice— no le voy a decir a nadie que vos también tenés un corazón.

Severus entrecerró los ojos.

Riendo, Harry se apresuró a poner distancia entre los dos y finalmente se detuvo para reevaluar la escena. Los Malfoy y Remus no parecían muy sorprendidos. Pero los Weasley, Hermione y madame Pomfrey lo contemplaban atónitos. Ron era el que lo preocupaba más, pero Harry no supo cómo interpretar la expresión de su rostro.

Draco se le acercó por detrás y lo abrazó rodeándole la cintura. El gesto era una forma evidente de reivindicarlo frente a todos como de su pertenencia. La expresión de Ron cambió pero sus rasgos no mostraron furia o rabia… más bien parecía estar concentrado reflexionando… como cuando evaluaba una posible jugada de ajedrez.

—Andá a casa y descansá. —le ordenó Severus— Llevate a Draco. Yo me encargo de contarles a todos el resto de los planes para la batalla del sábado.

Harry asintió, si bien con cierta renuencia, había tenido demasiado para un solo día… pero no le gustaba tener que dejar las cosas así como estaban… no pudo demorarse demasiado en la idea, sin embargo… el abrazo de Draco se estrechó y los dos desaparicionaron.

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