DISCLAIMER: Los personajes del manga y el anime de "Candy Candy" no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y Toei Animation Co. Yo sólo los tomo prestaditos en esencia de vez en cuando para crear con ellos historias de amor cuya regla es que tengan "finales felices". Simplemente como un regalito para los fans.
Amiguitas bellas, regreso aquí trayéndoles otro capi y en la misma semana. Todo un récord para mí jejeje. Un agradecimiento inmenso a Dana Brower, Chibiely y Majito por ser de las primeras en leerse el anterior y por dejarme saber que les sigue gustando esta historia. A todas un abrazo y también a quien sea que se de una vueltita por aquí.
Respecto al contenido de esta parte de la historia, lo que puedo decir para no crear spoilers en el asunto, es que se va trazando el camino para futuros reencuentros entre los protagonistas jejeje.
Con ustedes dejo el capítulo 52
CAPÍTULO LII: Incógnitas en el aire
Acababa de terminar una de las funciones de Hamlet y parte del público, en especial femenino, se agolpaba a la salida de uno de los principales teatros de New York a la espera de que salieran los actores principales.
El primero en salir fue el Director junto al personal de la producción y algunos patrocinadores, quienes de repente se vieron envueltos en un montón de aplausos y felicitaciones, pero el jolgorio no se comparó al que se suscitó un par de minutos después cuando empezó a salir el elenco, entre ellos los esperados Terry y Susana. La poca cordura que quedaba se perdió y enseguida la multitud que cada vez se hacía más grande se abalanzó sobre ellos para elogiarles, pedirles autógrafos o regalarles flores.
Susana que estaba más acostumbrada a ello, tomó entonces de la mano a su coestrella al percibirlo medio aturdido debido al asombro de ser admirado así a lo cual no estaba acostumbrado, viéndose rodeado de personas que parecían inclusive saber sobre su vida. Para variar también había periodistas que tomaban fotos y que luego de conseguir unas palabras del director, se volcaron hacia ellos pugnando por abrirse paso para también entrevistarlos.
-Miss Marlow, buenas noches, usted siempre hermosa brillando como toda una estrella del firmamento. Soy del New York Times, ¿me concedería por favor unas cuantas palabras?- Susana fue la primera en ser abordada de los dos en tanto Terry se ocupaba de firmar libretas y cuadernos de sus admiradoras que además le sostenían la mano y algunas, las más avezadas hasta intentaban darle besos.
-Claro- expresó la afamada chica rubia sin perder de vista a su coprotagonista, cerca de ella.
-Sabemos que Hamlet con actores jóvenes está resultando todo un éxito, que los críticos no dejan de alabarlos, que todo el mundo habla de ustedes, con lo que han constituido un nuevo fenómeno del espectáculo que está paralizado a media ciudad, ahora nuestra estimada Miss Marlow, nos podría decir qué opina de esto. ¿En algún momento imaginó que la temporada teatral de este año le trajera un éxito así?-
-Debo admitir que no esperaba la respuesta rápida que hemos venido teniendo desde el inicio por parte del público pero agradezco inmensamente, y me permito hacerlo también a nombre de mis compañeros, por todo el cariño recibido. Como actores siempre nos esmeramos en dar lo mejor de nosotros en cada función- Ávida como era para tratar con la prensa, sin complicaciones contestó. No obstante, llegó la pregunta de rigor que de costumbre le hacían cada vez que le tocaba interactuar en el escenario con un nuevo galán, la cual esta vez aún a pesar de pensar estar acostumbrada a ello, la hizo sonrojar.
-No podemos evitar notar también por otra parte que entre Terrence Grandchester, hijo de la gran diva Eleanor Baker, el nuevo galán ideal de las adolescentes, y usted hay una gran química que pareciera saltar de las tablas. No queremos ser indiscretos pero hemos recibido cientos de cartas de nuestras lectoras y lectores pidiendo que se los consultemos. Que lo confirmemos o desmintamos; dicha afinidad por lo tanto, ¿es un efecto únicamente de la interacción en la obra o es que existe de por medio entre ambos una relación sentimental?-
Susana que con los bastantes años de experiencia en su carrera creía ya no dejarse intimidar con ninguna pregunta, en esos momentos sintió nervios de responder.
-Eh… disculpen, les agradezco por el interés pero ya debemos irnos, nos esperan en el coche-
El periodista al darse cuenta de que intentaba escabullirse por la tangente, hizo alusión entonces a sus manos juntas, por lo que ella en un acto desesperado intentó buscar apoyo en Terry, más en esos momentos mientras a la par los dos trataban de avanzar, se suscitaron empujones en la muchedumbre y varias admiradoras en su afán por acercársele al castaño, se cayeron.
Terry de tal modo sin pensarlo y sin olvidar ni por un momento debido a la fama que era un caballero inglés, no se incomodó en detenerse y agacharse para ayudar a levantarlas, lo que ocasionó gritos de emoción al igual que total perplejidad por parte de las afectadas, de la propia Susana y de otros presentes, no acostumbrados a ver tal amabilidad en estrellas de su talla.
Guardaespaldas entonces enviados por el Director, llegaron para despejar en algo la marea de gente y rescatar a sus dos actores principales, con lo que Susana aprovechó para librarse de la comprometedora interrogante, sin afirmarla o negarla, dejándola en el aire, lo que bien sabía constituiría además una buena estrategia de marketing, mientras desde el fondo de su corazón deseaba que algún día ésta llegase a volverse realidad.
El resto elenco se separó al alcanzar la calle y subirse a los respectivos vehículos o carruajes, en algunos según el designio del propio Director, como el que les tocó abordar a los dos protagonistas junto a él y uno de los productores.
Una vez dentro y a salvo de la fanaticada, abrieron una botella de champagne para brindar por el éxito del grupo y celebrar el lleno total en cada una de las funciones, estando ya por concluirse la agenda de presentaciones.
-Terrence, Susana, tengo excelentes novedades que compartir con ustedes- comentó el Director captando de inmediato con ello la completa atención de los aludidos, que respectivamente dejó de observar a través de las ventanas al todavía numeroso grupo de personas que corrían detrás del carruaje o apartó su mirada de la serie de regalos que recibieran –Los patrocinadores se encuentran tan encantados con sus actuaciones y con la compenetración que como pareja ficticia demuestran que nos han propuesto recrear "Romeo y Julieta" para cuando concluyamos con esta serie de presentaciones-
-Pero ¿cómo?, ¿en serio?, pensé que iba a ser "El rey Lear"- expresó Terry sorprendido, quien adelantándose ya había estado revisando en sus ratos libres aquella otra obra, buscando demostrar en ella una actuación impecable.
-¡Dios mío, qué emoción!- exclamó en cambio Susana aplaudiendo y teniendo que llevarse las manos a la cara por la repentina buena nueva que le traía inesperada felicidad. Interpretar a Julieta era su sueño de toda la vida y a decir verdad el de la mayoría de jóvenes actrices.
-"Iba" como bien dices, sin embargo el público demanda más interacción entre ustedes y los patrocinadores están dispuestos a complacerlos- sin complicaciones el Director les explicó –Bueno, entonces no se diga más, el mes que viene comenzaremos con los preparativos y ensayos, y está demás decir que no tengo ninguna duda de que al igual que ahora pondrán todo de sus empeños para lograr que este clásico de la dramaturgia mundial, interpretado esta vez por la Compañía Strandford, sea también todo un éxito. Tengo mi fe puesta en ustedes mi parejita de oro y espero que no me fallen- les pidió al final de forma aparente en broma pero con un claro fondo de seriedad, en tanto levantaba su copa hacia ellos.
-No lo haremos- contestó Susana enseguida por los dos, colocando al tiempo su mano sobre el brazo de Terry para que la apoyara en la moción. A él sólo le quedó asentir debiendo acatar las resoluciones de la directiva así no quisiera, pues reconocía que ante todo debía cuidar su carrera en lugar de hacerle caso a sus ganas de causar insubordinaciones. Después volvió a mirar por la ventana.
Cansado, lo único que quería era llegar a casa, tomar un baño, merendar y sentarse a escribirle, contándole de la noticia a su Candy, para posteriormente con el afán de que llegara pronto aquella carta a su destino, salir a la esquina a depositarla en el buzón antes de irse a dormir.
"Mi Candy, ¿Cómo estarás?" se preguntó para sus adentros mientras imaginaba ver su rostro bonito y salpicado de pecas entre las decenas de mujeres de la muchedumbre que ya empezaba a quedar atrás.
Susana mientras tanto, sintió celos por unos instantes, adivinando en quien debía estar pensando. No obstante, pronto logró desechar aquel amargo sentimiento recordándose que su novia vivía en otra ciudad a muchísimos kilómetros de distancia y ella en cambio lo tenía a su lado. Eso, así como el que la vida podía cambiar.
-Te impresiona todo esto aún ¿verdad? El efecto que este oficio provoca- le consultó en voz baja y acercándosele, para no interrumpir al Director que para entonces se encontraba enfrascado en una conversación de negocios con el Productor en el asiento de enfrente, sin tomarlos ya en cuenta. Recordando con su interrogante la buena acción que él realizara poco antes por la admiradora. Similares que no podría llevar a cabo siempre y que ya se encargaría ella misma de informarle.
-Un poco- reconoció Terry sin dejar de mirar a través del cristal a la actividad nocturna de las calles neoyorkinas.
-Pues es el mundo al que ahora perteneces- le hizo ver ella –Pero no te preocupes, pronto te acostumbrarás-
-¿Dicen que el mismo Comando del Ejército Inglés fue el encargado de avisar de la llegada de Stear al Hospital Santa Juana?- necesitó corroborar un joven rubio sin poder tragarse su incredulidad mientras caminaba dubitativo de un lado al otro por el centro de su recámara, como intentando desentramar parte de un misterio.
-Sí, al parecer el comandante de la tropa de la que formó parte "mi hermanito", es un viejo amigo del abuelo William y no tardó en reconocer sus apellidos entre los enlistados a su cargo- confirmó Archie –No dejo de pensar que fue una gran suerte, así suene extraño decirlo, que hirieran al soquete estando aún bajo su mando- tuvo que exhalar profundo y luego mirar hacia arriba con las manos abiertas por agradecimiento –¡Siempre estaré en deuda con las fuerzas divinas por esto!-
-Oigan, ya sé que están hablando de mí. Les escuché pronunciar mi nombre desde el corredor- manifestó Stear una vez arreglado luego de tomar un baño, al ingresar en la habitación de su primo, donde se suscitaba la pequeña reunión.
-Hablando del rey de Roma y el…- profirió Archie para bromear
-No te atrevas a concluir esa frase eh- protestó Stear en tanto procedía a limpiar con un fino pañuelo sus nuevos anteojos.
-En realidad fui yo quien te nombré- admitió Anthony, cuya presencia aunque esporádica en la mansión, parecía haber devuelto al ambiente algo de la alegría y tranquilidad de los viejos tiempos –Conversábamos sobre tu accidente en el Ejército, porque hay cosas que no me cierran- explicó, luego se volvió hacia la ventana que daba a los hermosos jardines preso de sus cavilaciones, intentando al tiempo sacar alguna conclusión que le resultara convincente.
"Un amigo del abuelo… del abuelo que nunca vemos" se repitió en su interior
-Saben qué, mejor dejémoslo ahí. Lo importante es que estás Stear de regreso con nosotros y debemos festejarlo- resolvió Archie levantándose de la cama donde estuviera sentado para darle un abrazo a su hermano, su fiel compañero de aventuras, prefiriendo dar la vuelta en definitiva a aquel capítulo oscuro en sus historias – ¡Vamos a un bar esta noche aprovechando que estás de visita Anthony! y mañana podemos seguir celebrando con las chicas. ¡Es por mucho una obligación que festejemos nuestro reencuentro familiar después de tanto tiempo!- el muchacho de aspecto siempre elegante propuso
-¡Sí, opino que es una buena idea! Ya creo que me viene bien un reventón- consideró el agasajado con su típico buen ánimo -¿Qué dices primito? Mañana además a primera hora iremos a recoger a Candy y a Annie para pasar el día en el lago- - le animó, intuyendo, según lo bien que le conocía, que la sola mención de la primera a la mejor lo emocionaría. Anthony no respondió más esbozó una sonrisa, dejándose ver interesado
-No te lo íbamos a decir hasta el final de la noche para que fuese una sorpresa, pero ya da igual. La tía Elroy perdonó del todo a Candy por cuidar de Stear en el hospital y como mañana empieza el fin de semana acordamos traerla a pasear con nosotros. Aparte de que por la noche tenemos planeado realizar nuestra propia pequeña fiesta. Sería estupendo si te quedaras un día más y te nos unieras, pues podría ser una oportunidad para que ustedes terminaran de arreglar sus diferencias- adicionó Archie
Anthony por todo volvió a fijar su vista en la noche colmada de estrellas y una blanca luna brillando en lo alto, que de alguna manera le recordaban a ella
-Entre Candy y yo está todo dicho- comentó con un inevitable dejo de melancolía, rememorando la ocasión no muy lejana aún, en que fuera al Hospital a esperarla pero no se había atrevido siquiera a hablarle después de comprobar que ella ya tenía su vida hecha –Sí deseo volver a verla algún día, pero siento que todavía no es tiempo- admitió
En el transcurso de esa semana Candy fue invitada por la tía abuela a pasar el fin de semana y todos los días libres en adelante que deseara en la lujosa mansión de Lakewood, habiendo aceptado su profesión al ver que ésta resultaba muy útil de suscitarse una emergencia de salud familiar como la que recién acababan de superar, dejando de condenarla por lo tanto por ser la primera mujer Ardley motivada a trabajar sin necesitarlo.
Candy le agradeció por su amabilidad y el sábado por la mañana, tres días posteriores a recibir su cordial misiva, se reunió con sus primos y mejor amiga como acordaran, quienes fueron a recogerla puntuales al hospital, temprano.
Sin embargo, tal como vislumbraba, la matriarca de la familia no postergó la obligatoria entrevista con ella luego de todo lo acontecido en el colegio y de haberse perdido encima de su vista durante meses, por lo que ni bien se enteró de su arribo, le mandó a llamar a su oficina.
-He de ser franca Candice y reconocer que llegué a sentirme decepcionada de ti- le dijo para empezar, una vez estuvieron reunidas y luego de los respectivos saludos, mientras a modo de respeto, la joven recién llegada optó por permanecer de pie y guardando silencio frente al escritorio, desde el cual detrás la honorable dama con su estricto carácter de jefa, la escrutaba -No sólo porque rompiste tu promesa sino porque durante todos estos meses te comportarte como una total desagradecida del apoyo que los Ardley te hemos brindado- le recordó sin miramientos, continuando con su reclamo.
Candy tuvo ante aquellas menciones que bajar la cabeza reconociendo su total culpabilidad en las fallas que ella le recalcaba, más la tía abuela en un momento pareció tener piedad de su azoramiento porque al proseguir lo hizo de modo condescendiente. Impresionándola.
–Sin embargo, los años que llevo a cuentas que no son de por gusto, me enseñaron que un corazón no debe sentirse atado si cree ya no pertenecer a un lugar. Te perdoné por ello hace bastante tiempo lo de Anthony y no es debido a eso por lo que solicité platicar contigo- Elroy Ardley entonces se levantó de su sillón para caminar hasta donde se encontraba ella, luciendo algo pensativa –Verás, durante los momentos aciagos que la sorpresiva partida de Alistear nos hizo vivir hasta que del cielo se nos permitió que volviésemos a reencontrarlo, sé que tú estuviste allí. No únicamente para brindarle ayuda a mi irreflexivo sobrino nieto mayor sino junto a su hermano Archibald y su novia, ellos me lo contaron. Me hablaron sobre tus palabras de esperanza, un aliento que muchas veces es lo que tanta falta hace durante los tiempos de oscuridad. Por todo ello me encuentro profundamente agradecida contigo, tanto por convertirte en el ángel guardián de mi Alistear durante su estadía en el hospital, pues ya me enteré que hasta solicitaste te cambiaran de pabellón para poder cuidarlo, así como por ser una luz también para mi Archie. Ese es el espíritu fraternal que me gusta que exista dentro del clan y que anhelo que prevalezco cuando yo ya no esté. Gracias por fomentarlo Candy, con tus acciones nos has brindado un ejemplo a seguir-
-…Gracias Sra. Elroy- Candy no pudo evitarlo pero sus ojos se convirtieron de pronto en dos lagunas verdosas debido a la emoción de vivir un instante que no esperaba, relegando de tal modo para otra ocasión la petición que planeaba hacerle de dejar de pertenecer a la familia.
-Te dije en alguna ocasión que no me importaba que me llames tía abuela… bueno, pues sigo pensando igual- con aparente frialdad la cabecilla en segundo lugar de los Ardley profirió en respuesta, no obstante el buen concepto que volvía a tener de ella se dejó de percibir en la breve sonrisa de afecto que se le escapara. Logrando que con ello en mucho tiempo, Candy volviese a sentirse redimida y en plena paz consigo misma.
Después de desayunar en compañía de la matriarca y de sus leales amigos, Candy vigilando eso sí al convaleciente Stear con sumo cuidado, fue con estos últimos a pasar el resto de la mañana en el lago. Era todavía verano y tuvieron por ende un día soleado y despejado de nubes, precioso, y las horas divertidas que allí pasaron les rememoraron en parte a la felicidad que compartieran en sus vacaciones colegiales en Europa. Agradeciendo al cielo ante todo la oportunidad que les permitía de estar de nuevo juntos.
Quizá no estaba reunido aún el grupo completo pero al menos ya se encontraban todos en la misma nación, pensaban. No perdían por ello las esperanzas de que pronto se daría un reencuentro.
Por la tarde en cambio, los chicos se encargaron de terminar de enseñarles a ella y a Annie sus lugares favoritos de la inmensa casona y esto incluyó algunos secretos que no alcanzara a conocer en los meses que viviera allí junto a ellos y la develación de otros tantos de los cuales no tenía idea de su existencia, que la asombraron, al igual que al escuchar las anécdotas concernientes a cada uno.
Se enteró así de la casita del árbol elaborada especialmente para los tres primos donde compartieran estos tantos juegos en la infancia, y sintió deseos de volver allí a explorar en sus pequeños y rústicos muebles en busca de recuerdos, una vez que descendieran luego de visitarla, para regresar a la mansión porque comenzaba a anochecer.
Más como una ironía del destino para ayudarle a satisfacer su curiosidad, los insoportables de Eliza y Neal arribaron para cenar, y tanto ella como Annie no estuvieron dispuestas en aquella ocasión para lidiar con sus indirectas malintencionadas o sus acostumbrados insultos, prefiriendo hacer gala con ganas de la supuesta "mala educación" que siempre recriminaban sobre ellas e ignorarlos, y por último al enterarse de que la pelirroja dormiría en el cuarto contiguo al de ellas, a sabiendas de que estaría atenta con probabilidad con un oído pegado a la pared para escuchar sus conversaciones, optaron por dormir mejor en otro lado y el lugar escogido por mutuo acuerdo fue la adorable casita del árbol. Dejándole de tal manera bien en claro a Eliza que la gran antipatía era recíproca.
No se preocuparon de molestar a nadie, llevaron ellas mismas edredones, sábanas, almohadas y una lámpara de mechero, sin complicarse. Aprovechando a su vez el permiso que tenían por parte de la tía abuela para hacer lo que quisieran (dentro del límite de la moral, claro está) en vista de que se trataba de unas pequeñas vacaciones para sus sobrinos nietos, estando además sumamente contenta de tenerlos de nuevo allí con ella.
Limpiaron un poco así las dos el sitio al llegar, en especial una mesita garabateada de colores que alguna vez sirviera de comedor al igual que para dibujar y jugar, la cual movieron hacia el centro para colocar el farol, procediendo luego a arreglar la camita, lo suficientemente grande para que entraran las dos, tal como lo hicieran en los viejos tiempos en el Hogar de Pony, cuando la vida las volviera hermanas.
-Esta será una noche de chicas- dijo Candy sonriendo mientras terminaba de tender las sábanas limpias –Podemos conversar y reír hasta el amanecer como lo hacíamos de pequeñas o durante las vacaciones del colegio. Ya nos hacía falta-
-¡Siií, será una fiesta de pijamas!- exclamó contenta Annie dando saltitos y extrayendo luego para su sorpresa de un bolso que llevara con ella, dulces y refrescos –Los traje para compartirlos con los chicos durante el día pero los olvidé después en la habitación ¿Crees que será suficiente provisión para toda la noche?- le contó y le consultó a la vez. Candy le dio un vistazo entonces las golosinas.
-Cuatro sodas, cuatro jugos, cuatro panecillos rellenos de crema y manjar, ¡cuatro sándwiches de queso y jamón!- exclamó al final asombrada, sin haber notado en qué momento su amiga había cargado con todo aquello -¡Wow!, creo en definitiva que hasta nos sobrará- respondió riendo
Tuvieron una desvelada amena así, que no hubiesen conseguido en la mansión con Eliza por allí rondando e intentando enterarse de sus cosas. Se terminaron toda la comida aprovechando a la vez para escribirle a Patty, dándole mayores detalles sobre el regreso a salvo de su novio. Esperando ambas con fe que hubiese sobrevivido al ataque al corazón que de seguro debía haberle dado al recibir el telegrama con la buena noticia un par de días atrás, y donde para bromearla, sabiendo que de seguro se sonrojaría al leerlo, le recalcaban que iba a ser la primera de las tres en casarse, respondiendo a lo que una vez se preguntaran, pues el propio Stear les había contado que ya se encontraba alistando maletas para ir en su búsqueda al inicio de la siguiente semana, aunque esa parte se la reservaron para que constituyese una sorpresa. Sumamente contentas por la bienaventurada situación de su amiga, no les fue difícil imaginársela rompiendo en lágrimas de amor verdadero durante el ansiado reencuentro. La conocían bien y por lo mismo ansiaban poder reunirse también con ella para compartir su felicidad, lo cual esperaban como le dejaban saber en el escrito, fuera muy pronto.
Las siguientes horas de la madrugada, las dos chicas que encontraran una noche de invierno en el Hogar de Pony, las pasaron charlando sobre múltiples memorias de sus vidas de por aquel entonces y después de ser adoptadas que nunca antes se compartieran, como verdaderas hermanas unidas por un lazo que iba más allá de la sangre, como mejores amigas, hasta que sin darse cuenta el sueño las alcanzó.
Candy fue la primera en levantarse al clarear la mañana, algo que vio como una oportunidad para realizar aquello que estuviera ansiando desde que pusieran un pie de nuevo allí arriba, dar rienda suelta a su juvenil curiosidad de revisar en los cajones de una pequeña cómoda al igual que los de un viejo mueble en cuyas superficies de madera así mismo yacían plasmados varios dibujos que hicieran los chicos de niños, y tal como lo esperaba descubrió dentro otros tesoros, la mayoría de estilo parecido pero grabados en papel.
Se dio cuenta así que quien mayor habilidad poseía para dibujar era Archie, y que desde temprana edad Stear ya se interesaba por proyectar primero a lápiz sus invenciones, sin embargo los trazos que mayor ternura le causaron aún a pesar de no ser perfectos, fueron los que contenían la firma de Anthony, los cuales estudió minuciosamente llegando a tocar inclusive la pintura con la yema de sus dedos, con extrema delicadeza por temar de que se pudieran romper y sin saber por qué hasta se guardó uno de ellos, el que más le gustó, para agregarlo a su cajita de valiosos tesoros junto con un trompo del montón de juguetes olvidados que también contenía las iniciales A.B., pues después de todo él era y sería una de las personas más importantes que Dios pusiera en su vida y a quien eternamente agradecía muchísimas cosas… aparte de ser su primer amor.
No obstante, no le contó sobre su pequeño e inofensivo hurto a Annie por ahorrarse la explicación que debía darle y cuando la pelinegra se despertó debido a sus pisadas en el suelo de tablones, extrañándose de verla ya levantada cuando hacía tan poco se habían dormido, le dijo que había tenido una pesadilla y que había necesitado asomarse a la ventana para tomar aire fresco.
Anthony consciente de que para entonces ya no estaría Candy en la mansión, volvió dos días después junto con su padre para visitar a la tía abuela antes de regresar a Baltimore y poder despedirse de Stear, quien partía a su vez hacia Florida.
Un encuentro previamente acordado con el que lograron saldarse viejos desacuerdos y diferencias entre su progenitor y la matriarca. Asunto de suma importancia en su vida en el que sabía debía poner toda su concentración, pero no obstante le resultó imposible pues una parte de su cabeza que pareciera estar en sincronía con su corazón le robó parte de sus pensamientos llevándoselos lejos, con precisión al Hospital Santa Juana donde laboraba Ella, su antiguo amor… o mejor dicho el único.
Al término de la reunión de la parte que le concernía, mientras su padre, la tía abuela y Jack, el fiel secretario de ésta, terminaban de tratar ciertos asuntos ahora de negocios que ya escapaban a su comprensión y en los que ya no tenía voz ni voto para participar, decidió entretenerse vagabundeando por la mansión. Donde dejándose llevar por sus ocultos sentimientos terminó dirigiendo sus pasos hacia la habitación de Candy, que ella volviera a utilizar durante su corta estancia del fin de semana.
Una convivencia en la que él no había querido participar, pero que entonces como buscando compensar con su presencia en algo la negativa a encontrarse con su pequeña pecosa, de la que esperaba no se hubiera enterado; ingresó allí.
Como respuesta del destino a sus remordimientos, mientras caminaba de nuevo dentro de aquella recámara en la que no estuviera en años, se percató en esos instantes de un listón rojo para cabello yaciendo cerca del tocador y reconociéndolo de inmediato, se agachó a recogerlo.
Era uno de los lazos de ella, de sus favoritos, el cual debía haber perdido al estarse arreglando. La visualizó así frente al espejo, primero arreglándose el peinado con la ayuda de Annie y después cepillándose ella misma su larga cabellera de oro, que en otros tiempos tanto le robara el sueño. La imaginó también reflejándose sorprendida de repente ante su varonil mirada, de la misma forma en que le percibiera hacerlo aquella noche desde el balcón del hospital, porque estaba seguro de que lo había reconocido, y tal como en dicha ocasión, le dejaba con una pregunta sin respuesta en el aire… si ella al igual que él, ¿lo extrañaba todavía?.
Llevó el delicado lazo de tal forma a su nariz y aspiró su aroma. Todavía conservaba su adorable perfume que le bañó en ese instante de innumerables recuerdos, algunos buenos y otros malos, pero que al final cual máquina del tiempo le devolvió al cerrar los ojos a épocas pasadas, cuando había sido en realidad feliz y como desde que la perdiera no había vuelto a serlo. La nostalgia le escoció el alma y minutos después cuando lo notó una lágrima rebelde resbalaba por su mejilla, la cual tuvo que desvanecérsela con la mano con rapidez cuando apareció su papá buscándolo en compañía de Archie y un Stear ya listo para partir también, en el umbral de la puerta.
-Anthony que bueno que te encontramos, el cochero nos está esperando- profirió su padre a sus espaldas
Él se guardó así la cinta en el bolsillo, que para alimento de su fe de manera inevitable en ese rato le rememoró al hilo rojo del destino de la leyenda japonesa sobre los amantes eternos. Luego despacio se volvió hacia ellos ocultando su tristeza detrás una leve sonrisa, pues la esperanza después de todo era y siempre sería lo último en perderse... posterior a haberlo dado todo por conseguir lo que se quiere.
-Estoy listo- confirmó
En las semanas siguientes debido al ambiente bélico que amargamente se extendía latente más allá de su bienestar y el de sus amigos, Candy se vio atrapada de lleno en su trabajo sin tener tiempo para casi nada más. Transcurrieron así poco menos de dos meses antes de que pudiese volver a verlos, pues por irreal que fuera, así viviesen la mayoría de nuevo en la misma ciudad, las responsabilidades de la adultez los relegaban a sus propias tareas debiendo buscarse un vacío en sus agendas antes de poder juntarse con tranquilidad como cuando solamente eran estudiantes.
No obstante se mantenían al tanto entre ellos de lo que acontecía en sus vidas mediante las infaltables cartas. Con dicha comunicación se había enterado del ingreso de Archie a laborar junto a la Presidencia Ejecutiva en el Banco de Chicago de propiedad del Clan Ardley, también de que Annie se encontraba últimamente con su madre inmersas en labores sociales u obras benéficas, que Patty luego de felizmente comprometerse con formalidad en una gran fiesta familiar en Orlando, se había matriculado en una escuela de arte donde ya estaba cursando su primer ciclo, prometiendo además ir a visitarlos en vacaciones y por último que su flamante novio en cambio había conseguido empleo temporal de operador en la primera Central Telefónica de la ciudad, como de costumbre siempre a la vanguardia en todo lo que a modernidad se refería, la cual funcionaba anexa a la oficina de telégrafos y agencia de correos del centro de Chicago; previo a comenzar a realizar sus prácticas anheladas en el Departamento de Inventos para la Defensa Nacional del Ejército, donde tenía facilidad de ingresar por haber formado parte de las filas inglesas. Pasantías que le servirían a su vez para su carrera de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Illinois, que planeaba empezar al año siguiente.
Candy tuvo oportunidad de volver a platicar con él a solas un día en que le encargaran del hospital ir a depositar correspondencia de carácter inmediato y enviar unos telegramas a personal de jerarquía de otras instituciones de salud.
Ella le divisó ni bien ingresar al local, sentado en la parte destinada a las operaciones telefónicas, más como persona responsable antes de llamar su atención se encargó primero de entregarle al encargado del mostrador las diligencias a enviar. Poco después fue el mismo Stear quien se acercó al reconocer su voz.
-Mi querida Candy siempre es un gusto volver a verte- le saludó con cariño, y ella notó que aún tenía la piel un poco bronceada, lo que contaba bastante bien sobre su tiempo de diversión en la costa. Candy se sonrojó un poco entonces ante la mirada curiosa del compañero de trabajo al enterarse de que se conocían.
-¿Cómo te va Stear?- preguntó ella, interesada en el fondo por enterarse de sus propios labios sobre cómo le iban las cosas Patty, más su primo lucía a simple vista de nuevo feliz, lo que hablaba por sí solo. Ella se alegró por ello pues era como debía ser.
El muchacho del mostrador al percibir las miradas cómplices que compartían, decidió mejor retirarse a enfocarse en otros asuntos, no queriendo importunar de entrometido en la conversación.
-Qué te puedo decir- dijo Stear llevándose las manos a los bolsillos, cuando pudieron ya conversar en privacidad –Me siento inmensamente feliz de pertenecer a la Población Económicamente Activa del país ¡como tú!- agregó sonriéndole al intentar sorprenderla con su respuesta. Ella le devolvió la sonrisa moviendo la cabeza, consciente de que nunca iba a cambiar y lo siguiente que supo fue que la contemplaba con ternura, algo que indudablemente le llevó a pensar con cierto nerviosismo en todas las palabras románticas que le expresara con anterioridad y a preguntarse si todavía mantenía por ella sentimientos escondidos. No obstante se obligó a despejar de su mente aquellas cuestiones para sentirse incómoda. Tosió un poco por ello y él enseguida dándose cuenta optó por cambiar de tema.
– ¡Ya sé, tengo una idea!- indicó Stear levantando el índice
-¡Ay no!- se quejó Candy comenzando a dar un paso para atrás
-No es nada malo, por favor no me malinterpretes- se apresuró a aclararle él para tranquilizarla –Además tengo la certeza de que será de tu agrado-
Con ello la convenció de bajar la guardia, y sólo aceptó ver cuál era la nueva ocurrencia por aprovechar un poquito más el tiempo fuera del Hospital que le concedieran por su actividad de mensajería
–Anda, ven conmigo por favor, quiero enseñarte algo novedoso- le compartió él abriendo entonces la puerta de rejillas de la oficina, sólo autorizada para uso del personal, para permitirle entrar.
Candy suspiró
-De acuerdo, pero espero que no sea nada que explote- le advirtió
Stear la tomó de la mano para enseñarle el interior de la oficina y fueron así hasta los cubículos llenos de cables donde se desenvolvía él en su trabajo, conectando las llamadas telefónicas, con lo que ella comprendió con cierto alivio que lo que buscaba era hablarle sobre su funcionamiento.
-Vaya, luce complicado el manejo- opinó -¿No te resulta difícil?- no se contuvo de consultar
-¡Al contrario, esto es genial Candy!- afirmó él -¡Es el futuro!- le compartió con ilusión –Las nuevas eras traerán mejoras en las comunicaciones. Te imaginas, algún día puede que llegue inclusive el mundo a un punto en que la información esté al alcance de la mano de todos y en que se pueda llevar aparatos consigo que la provean de forma instantánea en cualquier momento- comentó analizando a fondo aquella posibilidad.
-No lo dudo- concordó ella, no resultándole para nada descabellada la idea, así supiera que cuando llegaran esas épocas soñadas con probabilidad no vivirían para contarlo.
-Te explicaré ahora por lo mismo lo que es un teléfono y cómo funciona- prosiguió él contento de haber captado su interés, mostrándole con un movimiento de la mano su pequeño pupitre con las máquinas –Se trata de un mecanismo de comunicación diseñado para transmitir señales acústicas a distancia por medio de señales eléctricas- añadió, más al ver la cara de aturdida de ella se dio cuenta de que no había entendido nada, por lo que decidió aplicar mejor otra técnica que ayudara.
-Ya sé, lo comprenderás mejor con un ejemplo. ¡Contestando una llamada tú misma!- resolvió apretando los puños con su típico entusiasmo previo a llevar a cabo algún experimento –Te concederé quince minutos, vas a ver que te va a fascinar- agregó como si aquello fuese un premio al tiempo que se sentaba ya alistándose para marcar el teléfono… Pero un premio que en realidad ella no deseara, ni pidiera.
-¿Qué? Pero… yo no estoy preparada para ello- objetó temerosa, pues lo que menos deseaba era cometer algún error garrafal en una empresa en la que ni siquiera trabajaba.
-No es difícil Can, ya te darás cuenta- le animó él –Para empezar nos contactaremos con el receptor, quien en este caso será alguien de la familia, que debo decir sintiéndome orgulloso, posee uno gracias a mi insistencia, pues tuve que convencerlo de que es algo indispensable para su oficina si desea estar equiparado a la modernidad y enfocado al futuro. Le expliqué además que los diálogos a distancia entre ciudades le ayudarán al crecimiento de la empresa naviera y entonces aceptó- le compartió
-¿Puedo preguntarte a quien te refieres?- Candy tuvo que consultar, tomándole fuerza en su interior una idea que le surgiera de forma vaga pero que con cada palabra iba revistiéndose de convicción, al igual que se aceleraban los latidos de su corazón. Stear por su parte, no se complicó en responder
-¡A Anthony, por supuesto! Es ahora grumete y ayuda en los negocios de su padre- le contó
-¡Oh no!- exclamó Candy en voz baja, ahora sí retrocediendo de lleno para escapar de allí –Creo que tengo que retomar el camino por donde vine de prisa, pues acabo de recordar que debo realizar también otros encargos- intentó excusar al tiempo que se tocaba la frente, sin embargo Stear sabía ser insistente cuando consideraba que las cosas a tratar eran de importancia.
-Candy está bien. Él no está enojado contigo. Yo creo por ende que ya es hora de que superen sus desavenencias- opinó –Es más, Anthony hasta te envió saludos la última vez que lo viera en la estación de trenes, antes de que abordara el de rumbo a Maryland en tanto yo me subía al que llevaba a Florida… Él te estima mucho, de verdad- al final concretó.
Ella lo sopesó unos momentos teniendo que inhalar y exhalar profundo, buscando alejar así los nervios y la repentina extraña cobardía que le atacaban cuando del muchacho rubio se trataba, más recordándose a sí misma que debía comenzar a actuar con madurez si quería llegar a convertirse en la mujer hecha y derecha que anhelaba ser, y que aquello también constituía el afrontar aquellas situaciones que le causaran inquietud ya que toda la vida no podría seguir evitándolas, como la de entonces; terminó por aceptar.
-De acuerdo, quien habló de miedo. Cuando desees- manifestó preparada
-¡Esa es mi valiente gatita!- vitoreó él utilizando el seudónimo con el que le llamaba a veces su hermano, y de inmediato, sin perder más tiempo, dio vuelta a un disco marcando el número de teléfono que según le indicó correspondía a la empresa del Capitán Brower en Baltimore.
Tuvieron que esperar medio minuto para que del otro lado de la línea contestaran la llamada.
-A la sexta timbrada- susurró Stear cubriendo el auricular con la palma para que el receptor no oyera, cuando éste por fin atendió. Le pidió entonces a Candy con un gesto de la mano que se aproximara para que pudiera ser testigo del diálogo introductorio y ella un poco trémula pero a la vez ya llena de curiosidad por presenciar cómo funcionaba aquel aparato que nunca antes tuviera oportunidad de usar, obedeció
-¿Aló, buenas tardes?- fue lo primero que escuchó, y aquella tonalidad de voz aun cuando se advertía lejana al instante de reconocerla le llenó de emoción y nostalgia, dejándola en un segundo prácticamente sin palabras.
-Aló, ¡Anthony viejo chacal!, reconocería tu voz hasta en el espacio exterior- fue el saludo jubiloso por parte de Stear
-¡Primo! Nunca cambias, como siempre tan loco- contestó Anthony y a Candy no le fue difícil imaginarlo sonriendo –Sabes, empiezo a creer que tenías razón, podría acostumbrarme de por vida a usar esto- el joven aprendiz de marino en adición comentó
-¿Lo ves?, te dije que la comunicación telefónica es algo muy útil, en especial si de mantenerte cerca de tu familia y seres queridos se trata. ¿Cómo estás, cómo está tu padre y cómo va el negocio?- interlocutó Stear
-A Dios gracias mi padre y yo estamos bien. Ante todo con salud que es lo indispensable y la Compañía por suerte creciendo- respondió Anthony, advirtiéndosele contento con la inesperada comunicación por su forma de conversar, lo que le causó a ella de alguna manera ternura. Stear la miró de reojo en esos instantes, haciéndole saber así que el momento cero estaba llegando, por lo que debía prepararse.
-Me alegra mucho primito, por cierto el motivo de mi llamada hoy es porque te tengo una sorpresa- prosiguió para no quitarle mucho tiempo ya que sabía podía estar ocupado al encontrarse en horario laboral. Su caso era el mismo sólo que a esas horas sabía salir su jefe, lo que le dejaba flexibilidad para tomarse ciertas atribuciones como esa, según le explicara a Candy con anterioridad.
"Cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta" no pudo evitar pensar con gracia, más en eso volvió a oír a Anthony responder
-¿En serio?-
-En serio- confirmó Stear mirándola a ella al mismo tiempo con cariño -Tengo aquí a mi lado a una maravillosa dama que desea corresponder en forma recíproca a los saludos que tú le dejaste antes de irte. Te la paso-
Anthony guardó silencio al instante y Candy supuso que por comprender que debía tratarse de ella. No obstante tomó con valentía el auricular cuando su primo se lo entregó, siendo además la primera en decidirse a hablar
-¿Hola?- preguntó con timidez, teniendo que esperar varios interminables segundos para obtener una respuesta.
-…Candy…- susurró al fin
-Anthony…- expresó ella con alivio pero teniendo que poner un enorme esfuerzo para que no se le quebrara la voz –…Es bonito volver a escucharte… después de tanto tiempo-
Él tardó un momento más antes de contestar, sin embargo cuando lo hizo sonó sincero
-A mí también me da alegría volver a hablar contigo…-
Los ojos a Candy se le llenaron enseguida de lágrimas y le sonrió a Stear entre agradecida y emocionada mientras él asintiendo únicamente le colocó una mano en el hombro en señal de apoyo antes de apartarse para dejarles privacidad, prefiriendo ocuparse en controlar el tiempo que proyectara de duración de la llamada pero conforme en su interior de haber concretado algo que consideraba correcto al devolverle a ella un poco de la felicidad que merecía.
-¿Y… cómo estás?, ¿cómo te va en los estudios? me han contado que sigues Enfermería- de repente dejando la frialdad atrás Anthony se mostró interesado, contagiándole a la vez a ella de nuevo de confianza al hacerle saber que podría restablecerse entre ellos una amistad.
-Así es, estoy cursando el primer año…
Pronto se encontró hablando con él con naturalidad, como en los viejos tiempos, conversándole de ciertas cosas en las que tanta falta le había hecho la madurez de sus opiniones y los minutos se le transcurrieron volando, resultándole al final insuficientes, al igual que a él. Quien no dudó en dejárselo saber.
-Espero que podamos conversar de nuevo pronto-
-Yo también-
-Mantengámonos en contacto Candy- propuso Anthony habiéndole dado ya su dirección para que pudieran escribirse.
-De acuerdo- respondió ella y cuando se dio cuenta ya habían realizado una nueva promesa.
Continuará…
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