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-Madre mia, que hambre tenia-dijo Irene al dia siguiente, después de comer- Las clases de historia de la magia hacen que me entre hambre. Vamos a la ultima clase de la semana, defensa contra las Artes Oscuras…

-No voy a ir- dijo Luna parándose en seco.

-¿Cómo?

-Que no voy a ir. Precisamente porque es la clase de la ultima semana, la voy a perder para pasar toda la tarde con mi padre, además de que vamos a tener una charla con la profesora McGonagall, los tres.- explicó.

-Oh.. bueno. Bien que haces, sera una clase aburrida-dijo Irene y se despidió de Luna con la mano y cogió por otro pasillo.

Entro en la clase, en silencia casi absoluto, pues solo hablaban dos chicos de Ravenclaw, pero en cambio, los de Hufflepuff no mediaban palabra, y mira que decían que los de Ravenclaw eran sosos….

Empezó la clase en silencio y, en un momento en el que todos estaban leyendo, Sirius se acercó a la mesa de Irene.

-¿Te gustaría venir conmigo a dar una vuesta después? Mañana me voy.

-¿Esto es porque no acepté la invitación de ayer?-preguntó la chica.

-No, creo que esto es mucho mejor…-y sonrió. Irene sonrió también.

Cuando terminó la clase, Irene no se movió de su sitio. Fue Sirius quien se acercó a ella y tendiéndole la mano dijo:

-Creo que infringiremos varias normas, pero ¿Desde cuando nos ha importado eso?- Irene se rió y se levantó de su silla. Luego salieron del despacho cogidos de la mano. Salieron al patio, que estaba empezando a oscurecer y luego se dirigieron al sauce boxeador.

-¿Dónde me llevas?- le preguntó la chica intrigada, pero nada asustada.

-Mmm es un secreto, pero quiero que lo recuerdes bien-contestó. Cuando estuvieron frente al árbol el hombre sacó su varita y lo inmovilizó.- Sígueme- dijo se adentró en el agujero que tenia el árbol entre sus raíces. Irene lo hizo. Se adentraron por un largo pasadizo hasta que llegaron a una trampilla. Sirius la abrió y aparecieron en una casa sombria y abandonada. Irene abrió mucho los ojos. En el suelo, había pequeñas velitas que subían a una segunda planta.

-Bienvenida a la casa de los gritos. Prepárate para pasar una noche…de miedo-dijo el hombre y Irene se rió.

A la mañana siguiente, Irene se despidió de Sirius con un buen beso, y le acompañó hasta el vestíbulo del colegio. Allí ya estaba Remus, acompañado de Harry y Luna.

-Buenos días- dijo alegremente Irene a los tres.

-Hola, Te noto muy contenta-le dijo Remus.

-No se… será porque es sábado.

-Pero Sirius acaba de irse, ¿No deberías de estar triste?-le dijo Harry.

-Bueno, ya le veré el mes que viene. Que tampoco es un drama- Luna se rió- Ahora me voy, que me tengo que dar una ducha- dijo la chica y los tres se despidieron de ella. Se fue Irene con una sonrisa de oreja a oreja a la sala común cuando por el camino se encontró con Snape. La chica soltó un grito.

-Severus… -se acercó a el.

-Hola Irene. Iba a buscarte para despedirme de ti-dijo el hombre con voz apagada.

-¿Qué? No, no… primero tenemos que hablar-insistió Irene.

-Yo ya lo he decidido, me voy mañana. No puedo seguir aquí.

-Pero, yo… por favor…- Snape miró a otro lado.

-Convenceme de que no me vaya. Dime porqué no debería-dijo el hombre y Irene pensó un momento.

-Yo te necesito, Hogwarts te necesita. Eres un gran profesor. Llevas montones de años dando clases y, ¿Qué se supone que ibas a hacer cuando salieras de aquí? No puedes dejarnos asi. Se que es duro, pero será por poco tiempo. No hagas que nada ni nadie te haga perder la ilusión o te prive de tus cosas. No puedes hacerlo o me decepcionarías- Irene le miró fijamente.

-Vale, lo voy a pensar. El lunes sabras mi decisión. Pero ten en cuenta que sera difícil que cambie de opinión.

Irene asintió, seria. Luego Snape como si nada, siguió andando.

La chica se pasó el dia siguiente preocupada por Snape. Sabia que cometía un error si se iba. Aunque ese dia ella había salido poco por los pasillos, no lo había visto, no tuvo noticias de el y no se atrevió a preguntar.