XLIV._ El Rey de Roca: II

Kitten estaba agotada. Sunny podía ser muy fuerte y ambicioso, pero era un asco para orientarse. Habían transcurrido tres horas y media desde que despertara, y él había tenido que cambiar de dirección drásticamente en varias ocasiones, muchas veces simplemente porque se encontraba con un acantilado o porque le parecía que había recorrido mucho sin encontrar nada.

Hasta que se toparon con el campamento.

-¡Lo veo!- exclamó Sunny, contento.

-¿Ves qué?- Kitten levantó la mirada, ya sin siquiera intentar parecer atraída por él.

Entonces se dio cuenta de que ellos se aproximaban al campamento con extrema velocidad, y no parecían detenerse.

-Rayos, para. Para ¡Para! ¡PARA!

Pero los gritos de Kitten entraron en oídos sordos, y al llegar a dos metros del primer grupo de científicos examinando huesos de pokemon afuera de las carpas, Sunny los incineró a todos con un poderoso Lanzallamas, de la misma forma que hizo con la carpa que se encontraba detrás de los investigadores, y la carpa detrás de esta. No aminoró en ningún momento, ni tuvo la intención de hacerlo. Pasó en línea recta, y al hacerlo se dio cuenta de dónde estaba. Ya no se volvería a perder, ese era el lugar que había estado buscando por dos días.

Atravesaron la base de operaciones de los investigadores como una brisa, y continuaron su viaje sin preocuparse por el daño que dejaron detrás.

Pronto llegaron a una zona donde los acantilados parecían estrecharse por ambos lados, y en la arena comenzaban a divisarse piedras cada vez más grandes. En un par de segundos se encontraron frente a una enorme masa de roca, donde Sunny se detuvo.

-¿Qué hay aquí?- inquirió Kitten.

-Al venir a Hoenn supe sobre la leyenda de tres reyes- relató Sunny, mientras la guiaba hacia el otro lado de la roca- Tres reyes bondadosos que trabajaron para los pokemon.

Hizo una pausa, dándole tiempo para meditar sobre la historia. Al hacerlo, Kitten se dio cuenta de algo raro.

-¿Qué rey haría eso?- inquirió ella.

De pronto llegaron al lado sur de la gran roca, en donde se encontraba un agujero muy oscuro, muy denso.

-Un rey pokemon, por supuesto.

Kitten miró a Sunny, sorprendida por la mención de tal concepción hasta el momento impensable para ella. Él le sonrió, bajo el cielo azul, y esto la hizo sonrojar. Sunny podía ser todo lo enemigo de Ruby que quisiera, pero eso no le impedía ser encantador con una simple mirada, a veces.

-¿Bajamos?

A Kitten le tomó un momento darse cuenta que le hablaba.

-¡Sí, sí! Por supuesto.

A paso veloz, quizás con demasiada carencia de miedo, Sunny se adentró en la oscuridad de la cueva, seguido por una cauta Kitten. La entrada resultó ser un túnel hacia la verdadera sala, una especie de anfiteatro clásico, en cuyo centro reposaba una figura rodeada de seis piedras de igual tamaño. Estaba un poco oscuro, por lo que necesitaron acercarse bastante antes de poder verle la cara.

Kitten quedó boquiabierta al contemplar al primer rey. Era un pokemon humanoide con seis ojos que formaban una "H" en su cara. Todo su cuerpo parecía estar compuesto de rocas de distintas tonalidades, e incluso distintas composiciones.

De pronto los ojos del rey comenzaron a brillar, uno por uno, a una velocidad alarmante. Finalmente el pokemon se irguió, se giró hacia Kitten y emitió extraños sonidos, que podrían haber pasado por alguien diciendo palabras inventadas.

Los ojos del pokemon se encendieron y apagaron de nuevo, demasiado rápidos para seguirles la pista. Kitten y Sunny se miraron las caras, confundidos.

-/-/-/-/-/-

Ruby y Cloudy casi no habían hablado desde que comenzaron a caminar. En el desierto era importante conservar energías y saliva, y no podían permitirse derrocharlas por capricho.

Dejando eso de lado, Ruby se dio cuenta que desde que se encontraban solos, Cloudy se comportaba de manera muy diferente a lo usual. En vez de revolotear por todos lados y decir tonterías, como de costumbre, ella se mantenía firme a su lado.

Sentía curiosidad ¿Por qué se comportaba de esa forma? Quería preguntarle, quería saber qué pasaba por esa emplumada cabeza. Pero tenía miedo de que ella se molestara, o que simplemente no contestara. Cloudy era, quizás, la única de todos sus pokemon a la que no podía comprender ni una pizca.

-Mira- le dijo de pronto ella, con lo que Ruby salió de sus pensamientos.

Siguió la línea que seguía la mano de Cloudy, y se encontró un campamento bastante pequeño, con solo un puñado de carpas. Por un momento Ruby pensó en alejarse, escapar del peligro, pero entonces recapacitó, y llegó a la conclusión de que enfrentarlos y robarles suministros podría ser un plan mucho mejor.

Se acercaron al campamento. Se podía ver algunos hombres hablando dentro de las carpas, ninguno se encontraba afuera debido a que habría que ser tonto para pasar el rato afuera en un desierto como ese. Ruby y Cloudy se adentraron en los pasillos formados por las carpas sin hacer ruido.

Contener su respiración se volvió un poco difícil, por las ansias de salir rápido de ahí, la posibilidad de que fueran encontrados y las consecuencias que eso acarrearía. Ruby condujo a Cloudy a través de los pasillos, buscando cualquier cosa que les ayudara, y ella lo siguió como una sombra.

De pronto estallaron risas dentro de la carpa que tenían al lado, con lo que Ruby se asustó, mas Cloudy posó sus manos sobre sus hombros para tranquilizarlo, e indicarle que tenían que seguir. Con el dedo le apuntó hacia un pasillo lateral, por lo que el chico, extrañado, se dirigió hacia allá.

-Oye ¿A dónde vas?- inquirió una voz.

Ruby y Cloudy se giraron, alarmados, mas al hacerlo comprobaron que nadie se dirigía a ellos, sino a alguien en el interior.

-Tengo que hacer pipí- contestó otra voz masculina.

Con eso, la puerta de la carpa comenzó a ondear. Era el hombre, listo para salir al pasillo, y si lo hacía podría ver a Cloudy y a Ruby sin problemas. Ruby pensó rápido, agarró a Cloudy en brazos y partió corriendo fuera del campamento. El hombre salió, los vio, y gritó tras ellos.

-¡Oigan! ¡¿Quiénes son ustedes?!

Ruby dobló por una carpa, buscando algo que los sacara de ahí de forma rápida, cuando Cloudy lo obligó a detenerse.

-¿Qué?- inquirió el chiquillo, alterado.

-¡Allá!- indicó ella, señalando un vehículo especialmente diseñado para viajar por el desierto. Seguramente se trataba del auto de los investigadores.

Sin pensar, Ruby arrojó a Cloudy al asiento del copiloto, saltó detrás del volante y echó a andar a toda prisa. El auto partió lento, pero en poco tiempo aceleró lo suficiente para encontrarse a una distancia segura del campamento, o eso pensaba Ruby, hasta que Cloudy gritó.

-¡Ruby!

El muchacho miró hacia atrás, y se encontró con un hombre fortachón con ropa diseñada para el desierto, aferrándose con todas sus fuerzas a la cola del todoterreno.

-¡Maldito ladrón, no escaparás!- blasfemó.

-¡Cloudy!- exclamó Ruby.

Sin esperar más órdenes, la aludida saltó de su asiento para atacar al fortachón. Picoteó y picoteó sus dedos hasta que saltó sangre y el tipo no pudo hacer más que soltarse, pero al hacerlo, con su otra mano buscó rápidamente en su bolsillo y arrojó una pokebola, que golpeó en la cabeza de la Swablu.

De la cápsula apareció un Sandslash, el cual atacó de inmediato a su adversario con sus afiladas garras. Ella recibió una Cuchillada en el pecho, con lo que cayó hacia atrás.

-¡Afírmate!- le ordenó Ruby, y al instante describió un violento giro.

El auto se detuvo de sopetón, con lo que el Sandslash salió volando, seguido de Cloudy.

-¡Rayos!

Ruby vio que ambos pokemon comenzaban a pararse. Cloudy estaba lastimada y necesitaba ayudarla. Sin pensarlo dos veces saltó de su asiento, corrió hacia el Sandslash, lo pateó en la cara, agarró a Cloudy, la subió al auto y se la llevó antes que el otro pokemon se recuperara del golpe.

De un momento a otro se vieron lejos del peligro, conduciendo por la arena a toda velocidad.

-¡Ruby!- exclamó Cloudy, sorprendida.

El muchacho terminó de jadear.

-¿Qué?

-¿Está bien que golpees a los pokemon, después de todo lo que dijiste?

El aludido guardó silencio por un buen rato, aprovechando de calmar su ritmo cardíaco mientras pensaba.

-No lo sé, Cloudy- dejó escapar un suspiro- Todo lo que vi fue alguien tratando de hacerte daño.

Cloudy suspiró también, y sonrió.

-Je. Eres todo un caballero.

Entonces Ruby la vio sonreír, y se dio cuenta que lo había estado haciendo desde que se encontraran ambos solos. No era su sonrisa descabellada que contagiaba a los demás, sino una sonrisa seria, más importante.

Ella, por su parte, advirtió que él se la quedaba mirando más de lo que debería al conducir, por lo que abrió la boca para decirle que mantuviera los ojos al frente, pero en ese momento una explosión los hizo saltar.

Al mirar hacia atrás, se dieron cuenta de que el campamento de donde habían robado el todoterreno se encontraba en un mar de llamas, y que de ese lugar se alejaba una figura a toda velocidad. Estaba un poco lejos para asegurar nada, pero de su espalda salía fuego a presión, y en sus brazos se encontraba otra figura, más delicada. Ambos se quedaron mirando a aquellos seres por un largo rato antes de darse cuenta quiénes eran.

-¡Sunny!- exclamó Ruby.

-¡¿Y Kitten?!- se extrañó Cloudy- Sí, es definitivamente Kitten.

-¡Rayos! ¡No te robarás a mis niños!- Ruby describió un apretado giro con el auto, y partió a toda máquina en persecución de Sunny.

Apretó el acelerador a fondo, pero aun así Sunny corría más rápido que el auto.

-Rayos, así los perderemos de vista en unos minutos- maldijo Ruby.

-No creas. Más allá hay otro campamento, y mucho más grande- indicó Cloudy.

En poco tiempo llegaron a dicho campamento, pero al hacerlo advirtieron atónitos cómo Sunny atravesaba todo en línea recta como si se tratara de aire. Al aproximarse ellos, Ruby pensó en rodear la enorme cantidad de carpas y demás, pero Cloudy le afirmó el volante y lo obligó a seguir la misma línea por la que había atravesado Sunny, entre llamas y arena candente.

-¡¿Qué haces?!- exclamó el chico.

-¡No los alcanzaremos si rodeamos el campamento!

-Pero las ruedas del auto…

-¡Confía en mí! ¡Acelera a fondo!

Ruby tuvo poco tiempo para meditar, pues justo delante de ellos se encontraba un arqueólogo. En ese instante afirmó el volante con fuerza, atropelló al hombre con todo el momentum del auto y se adentró en el muro de fuego en el que se habían convertido las carpas más dañadas.

En el parabrisas cayeron pedazos de tela en llamas, mientras que un calor abrasador más allá de los límites los envolvió, como diablillos susurrándoles las atrocidades que les harían cuando llegaran al Infierno. El olor a quemado entró por sus narices y contaminó sus pulmones. Intentaron contener la respiración, pero el auto seguía y seguía en su carrera, y no parecía que fuera a terminar.

De pronto oyeron un estallido por debajo, y luego otro, y otro más. El auto comenzó a andar de forma rara, como un perro cojo; las ruedas habían estallado. Su velocidad aminoró considerablemente, sin embargo unos segundos más tarde lograron salir por fin del maldito túnel de fuego, y pudieron respirar el aire limpio y seco del desierto. De inmediato tuvieron que toser todas las toxinas que habían inhalado momentos antes, pero ya se encontraban mucho mejor.

En poco tiempo atravesaron lo que quedaba de camino, siempre persiguiendo la columna de fuego y humo que desprendía Sunny, hasta que llegaron a una cueva en el extremo sur del valle de arena.

-¡LOVELY!- gritó Ruby, al entrar en la cueva a toda prisa.

Necesitaron correr un tramo, pero en menos de un minuto sorprendieron a Kitten y Sunny parados frente a un sujeto de piedra.

-¡Ruby!- exclamaron ambos, en distintos tonos.

-¡Lovely, no me importa lo que hagas con tu vida, pero no voy a tolerar que te lleves a mis niños por la fuerza!

Kitten tragó saliva. Según la mentira que le había contado a Sunny, tendría que actuar como si no quisiera a Ruby, pero él no sabía nada acerca de eso. Posiblemente creería que en verdad ella se había pasado al lado de Sunny.

Pero entonces el mismo Sunny la protegió con el gesto de un brazo.

-No soportaré que hables de tus pokemon como si te tuvieran afecto ¡Cuando en realidad tú los obligas a seguirte, como me obligaste a mí!

-¿Ah? ¿De qué hablas?

-¡No te hagas el tonto!

-Investigación finalizada. Idioma descifrado. Traducción de idioma completa- anunció el pokemon de roca, sorprendiéndolos a todos- Iniciando prueba. Aquel que reanimó a unidad 0110110101 deberá vencerla en combate. Instrucciones finalizadas. Modo de combate activado.

Sunny iba a preguntar qué le pasaba, pero entonces el pokemon de roca lo atacó concentrando todo su peso en un poderoso combo, que lo mandó a estrellarse contra una de las paredes de la cueva. El impacto contra la tierra fue tan fuerte que todo el lugar se estremeció, amenazando con desplomarse sobre sus cabezas.

Kitten miró horrorizada al pokemon de roca, que parecía tener ojos solo para Sunny. Inmediatamente ella corrió a refugiarse tras la espalda de Ruby, mientras este aprovechaba para sacar su Pokedex y verlo ahí.

-¡¿Tienes que usar eso ahora?!- gritó Kitten, queriendo marcharse cuanto antes.

Cloudy la hizo callar con un gesto, mientras el Pokedex hablaba.

-Regirock, el pokemon Pico Roca. Está enteramente formado por rocas y cantos rodados. Si se le desprenden partes del cuerpo en combate, Regirock se repararía agregando rocas nuevas.

-Interesante…- musitó Ruby.

-¡Cállate y vámonos de aquí!- lo instó Kitten

Sin perder más tiempo, los tres salieron de la cueva a toda prisa y se subieron al todoterreno. Kitten advirtió antes de saltar arriba, que tres de las cuatro ruedas estaban completamente reventadas, incluso en ciertas partes el caucho se veía derretido.

-¡No escaparán!- se oyó la voz de Sunny, desde la cueva- ¡RUBYYYYYYYYY!

El chico encendió el auto, apretó el acelerador a fondo y partieron a toda marcha de ahí.

-¡Acelera! ¡Acelera!- gritaba Kitten, alarmada.

-¡Eso hago!

De pronto, cuando llevaban unos veinte o treinta metros de la salida de la cueva, una explosión atrajo sus miradas hacia atrás. De lejos se vio un chorro de fuego escapando desde la boca de la guarida de Regirock, por el cual apareció Sunny, y detrás de él el fortachón de roca.

Sunny, ignorando a Regirock, se disparó en la persecución de su antiguo entrenador como nunca antes.

-¡No te dejaré escapar esta vez!- pensó, concentrándose en usar la mayor cantidad de energía en las llamas de su espalda.

Sus pasos comenzaron a alargarse, el aire que golpeaba contra su cara y su pecho comenzó a sentirse como una pared de varias decenas de toneladas, pero Sunny fue más y más rápido, hasta que de pronto sobrepasó al auto.

Victorioso, el Typhlosion dio media vuelta y se paró en seco, listo para exterminar a Ruby de una vez por todas. Sin embargo, al mismo tiempo Cloudy se fijó en que Regirock, muy por detrás de ellos, hacía unos movimientos extraños.

-¿Está bailando?- se extrañó.

Pero entonces Regirock disparó varios proyectiles de enorme masa hacia ellos. Cloudy los vio elevarse en el aire con la boca abierta. De inmediato se giró hacia Ruby.

-¡Gira, gira, gira!- le gritó alarmada.

Ruby obedeció, en el momento justo para que las enormes rocas siguieran de largo e impactaran a Sunny. Este había estado muy concentrado en perseguirlos, por lo que no vio venir el Lanzarrocas de Regirock hasta que fue muy tarde. La enorme cantidad de piedras golpeó su cuerpo de forma súper efectiva, y terminó derribándolo y aplastándolo contra la arena.

El auto continuó su curso, de vuelta hacia el campamento en ruinas. Sunny no pudo hacer más que verlos alejarse, hasta que se perdieron de su rango de visión por culpa de una duna muy alta.

La rabia estalló en su cuerpo, tonificando cada uno de sus músculos. Tenía una cantidad enorme de piedras sobre su cuerpo, lo suficiente como para sepultarlo, pero aun así abrió su boca, y de ella surgió un lanzallamas tan potente que lanzó todas los minerales lejos de él. Sunny se puso de pie, irritado, y se quedó mirando al sujeto que había dejado escapar a su presa.

-¡Bien! ¿Quieres una prueba? ¿Quieres modo de combate y todo eso? ¡Pues bien! ¡Te daré tu maldito modo de combate!

Regirock, inmutable, lo atacó de nuevo con otro Lanzarrocas. Sunny lo vio venir, por lo que lo esquivó, corrió hacia su contrincante y lo atacó con toda su fuerza.

-/-/-/-/-/-

Brainy contempló a Ada, reposando en una de las camillas. Había tomado enormes cantidades de agua tibia, por lo que se encontraba relativamente bien. Entonces se fijó en Allan, a su lado. Casi todo su cuerpo estaba cubierto de sangre, de sangre ajena, por suerte. Entonces miró su propia mano, temblorosa. Nunca antes había tenido que matar a tanta gente de una vez. No se sentía bien para nada, pero tampoco se sentía especialmente mal. Tanto para ella como para Allan, abrirse paso a costa de las vidas de los humanos había sido simplemente un proceso necesario para llegar a lo que querían. Además, habían tenido bastante ayuda de Sunny, por quemar la mitad del campamento.

Se puso de pie, impaciente. Ya no lograba soportar la idea de no haber ido tras Ruby.

-Brainy- la llamó Allan.

-Lo siento, tengo que ir.

Allan guardó silencio por un momento.

-Ten cuidado.

Brainy se giró, un tanto sorprendida. No quiso fisgonear en su mente, pues sabía que él no lo hacía ni por si acaso con la mente de los demás, pero no pudo evitar percibir los deseos de Allan por acompañarla, y al mismo tiempo cierto miedo de impotencia. Claro, no podía dejar a Ada sola, y Ada no podría moverse por el desierto por un buen tiempo, hasta que se recuperara completamente.

-Descuida.

Sin más, Brainy salió de la carpa en la que se encontraban. Caminó por los pasillos que no habían sido bloqueados por todas las cosas chamuscadas, cuando captó cierta línea de pensamientos muy familiar.

-¡Ruby!- exclamó, y de inmediato corrió hasta los límites del campamento para verlo.

Él, Kitten y Cloudy regresaban en un auto muy maltrecho. Brainy no quiso que pasaran de largo nuevamente, por lo que lanzó varios Rayos al aire hasta que el auto cambió de rumbo hacia ella.

-/-/-/-/-0-\-\-\-\-

Regirock, el pokemon Pico Roca:

-Peso: 230 kg

-Altura: 1,7 m

-Observaciones:

Si es dañado en combate, se repara con cualquier roca. Por eso su cuerpo tiene rocas distintas

No parece tener espacio para un corazón o un cerebro