CAPITULO 52
24 de Diciembre de 2005
Veintinueve años de edad.
—¿Alguna idea sobre cuándo será la boda? —nos pregunta Esme la tarde del día siguiente. Edward gruñe a mi lado, rodando los ojos mientras su cabeza cae sobre mi hombro. No puedo evitar reírme—. ¿Qué? —dice ella, pasando su mirada de mí a Edward.
Edward levanta la cabeza, haciendo un gran espectáculo de ver su reloj antes de decirle a su madre:
—Nos comprometimos hace menos de veinticuatro horas, mamá, sólo danos un segundo quieres.
Esme ondea su mano hacia él como si lo que dijera no tiene sentido antes de mover su atención hacia mí diciendo:
—Bella, ¿alguna idea?
Aún estoy riéndome mientras Edward entierra su rostro en mi hombro nuevamente, gimiendo.
—Por favor, nena, haz que se detenga. —Presiono un beso en la cima de su cabeza mientras mi brazo se envuelve alrededor de su cuello, manteniéndolo cerca.
—No estoy segura que eso sea posible —susurro—. Pero puedo intentar hacer que se te olvide más tarde si quieres. —Y entonces me encuentro riéndome nuevamente al sentir los labios de Edward presionándose hambrientamente contra mi piel.
—Vaya ustedes dos —exclama Esme, sonriendo mientras nos observa—. ¿Cómo no podría estar un poco emocionada?, he estado esperando que esto suceda por diez años.
—¿Qué? —pregunta Edward repentinamente, levantando la cabeza cuando finalmente comienza a poner atención—. Hace diez años Bella sólo tenía diecinueve, mamá. ¿En qué punto estuviste de acuerdo con que tuviera una esposa adolescente?
Sonrío ante las palabras de Edward, sabiendo que me hubiera casado con él en un segundo en aquella época o en cualquier época.
Esme niega.
—Bueno de cualquier manera, esto se ha visto venir por largo tiempo, Edward. —Me echo a reír porque sé que está intentando ser seria y comportarse como una madre.
—Compórtate —me susurra Edward, su mano aprieta mi muslo.
—De hecho, cualquiera diría que hubieras hecho de Bella una mujer honesta hace años. —Continúa, obviando el hecho de que Edward y yo estábamos demasiado ocupados riéndonos y susurrando para realmente prestarle atención a ella—. Así que no puedes culparme por querer apresurar las cosas un poco.
—Sí, Edward —susurro molestándolo—. ¿Finalmente vas a volverme una mujer honesta?
La mano de Edward sube por mi entrepierna mientras se inclina y me muerde la oreja.
—Honesta, si claro, nena —susurra. Y no puedo evitar reír mientras volteo la cabeza y presiono un fuerte beso en la boca de Edward.
—¿Dios, alguna vez se quitan las manos de encima? —pregunta Alice cuando entra a la sala.
Me río mientras Edward y yo finalmente nos separamos, recordando todas las veces que ella solía interrumpirnos cuando éramos más jóvenes. Le sonrió y ella rueda los ojos hacia mí mientras Esme continúa como si nunca hubiera sido interrumpida:
—¿Y qué hay respecto de dónde se casarán? —pregunta—. ¿Hay algún lugar que tengas en mente, Bella? ¿Tal vez con tus anteriores padres adoptivos?
Niego.
—No, estoy bien con esta familia, Esme —contesto, sonriendo mientras Edward me jala hacia él con un brazo rodeando mi hombro.
—Y tú Edward —increpa volcando su atención hacia su hijo—. ¿Qué lugar tenías en mente?
Edward encoge los hombros mientras responde:
—Realmente no lo he pensado. —Haciendo que me ría nuevamente.
Esta vez Esme rueda sus ojos mientras insiste:
—Vamos, Edward, debes estar interesado en algún lugar, al menos en algo, cualquier cosa que tenga que ver con esta boda.
—Oh lo estoy —exclama besando la cima de mi cabeza—. Estoy interesado en la luna de miel.
Y escucho al padre de Edward comenzar a reírse y guiñarle a su esposa al decir:
—Ni te fijaste que ibas a caer en esa, ¿verdad?
Esme niega mientras todos empezamos a reírnos.
—Sí, sí, eso creo.
Edward presiona un beso al lado de mi cuello antes de mirar a su madre, quien se encuentra en el sofá frente al nuestro aun observándonos.
—No te preocupes, mamá —aconseja intentando ser un buen hijo—. Tan pronto como nos decidamos, te prometo que serás la primera en saberlo.
Nos sonríe mientras dice:
—Bueno, mientras no me tengas esperando otros diez años por la boda.
Edward se ríe.
—Ni de chiste, planeo hacer a esta mujer completamente mía tan pronto como sea posible —asegura jalándome cerca.
—Tuya, ¿eh? —pregunto, mirándolo. Edward me sonríe mientras me besa la punta de la nariz—. Como si alguna vez hubiera sido diferente.
—Bueno, eso no tomó mucho —opina Edward, exhalando mientras se sube a la cama a mi lado.
Me doy vuelta y me apoyo sobre los codos mientras le sonrío.
—Sabes que era de esperarse —comento—. Ella estaba muy emocionada cuando le dijimos.
Edward libera un suspiro soplando su cabello lejos de su rostro mientas levanta la mirada hacia mí.
—Sí, lo estaba, ¿no es cierto?
—Sip —digo, devolviéndole la sonrisa—. ¿Y tú?
—¿Qué quieres decir? —espeta Edward rápidamente—. Sobre estar casado contigo, claro que lo estoy.
—¿No te arrepientes?
Edward niega mientras asevera:
—De ninguna puta forma. No deseo nada más que casarme contigo.
Sonrío, inclinándome para besarlo.
—Yo también; Edward, pero sabes que siempre podemos fugarnos, para evitar lo demás.
Los brazos de Edward se deslizan alrededor de mi cintura y me jala sobre él.
—Ah no. Tanto como amaría que nos fugáramos e hiciéramos todo esto en privado, estoy muy seguro de que ambos estaríamos en grandes problemas si hiciéramos eso.
—Sí, puede que tengas razón —afirmo, riéndome mientras me inclino para besarlo.
—Claro que la tengo, nena —murmura contra mis labios.
Le hago cosquillas en el estómago.
—Eres muy descarado, lo sabías, ¿cierto? —bromeo alejándome un poco.
Edward me sonríe, con un brazo envuelto alrededor de mi cintura y el otro ahora metido detrás de su cabeza.
—Descarado, adorable, amoroso y gracioso. —Comienza la lista.
Me río, negando mientras continúo:
—Oh y no olvidemos, arrogante, confiado y…
—Y locamente enamorado de ti —interviene Edward, su sonrisa se ha ido.
Trago, mi corazón se derrite con sus palabras.
—Y locamente enamorado de mí —murmuro, repitiendo las palabras.
—Sí, verdaderamente lo estoy, nena —susurra, levantando su brazo por detrás de su cabeza mientras lo desliza por mi cuello y gentilmente me jala para un beso.
—¿Cómo tuve tanta suerte encontrándote? —pregunto con mis labios aún en los suyos.
Siento a Edward reír.
—Creo que yo soy el suertudo aquí, Bella.
—Mmm, no estoy tan segura de eso.
—Yo sí, nena —susurro.
—¿Por qué?
Edward se aleja un poco, sus hermosos ojos azules me miran fijamente.
Sonríe y sus dedos quitan el cabello de mi rostro mientras explica:
—Porque soy el que logra amarte.
Mi corazón da vuelta en mi pecho ante sus palabras y ante la manera en que me mira mientras las expresa. Quiero decirle que yo también me siento de esa manera, deseo preguntarle por qué el amarme lo hace tan suertudo, pero no puedo. Porque los labios de Edward están besándome nuevamente y esta vez, es en una manera que significa que esto es enserio. Su beso es tierno, pero profundo, haciendo que mi cuerpo se derrita en el suyo mientras deslizo mi mano sobre el hombro de Edward, mis dedos curvándose alrededor de su músculo. Dejo salir un suave gemido mientras nuestras piernas se enredan y la cabeza de Edward se levanta de la almohada, me da la vuelta para que quede bajo él.
Alejándose un poco, para que sólo nuestras narices se toquen, Edward sonríe mientas dice:
—Ahora, respecto a ese sexo que me debes. —Me río. Sólo Edward hace que mi corazón pierda un latido, que mis bragas se derritan, poniendo una enorme sonrisa en mi rostro simultáneamente—. ¿Qué? —cuestiona sonriendo como si no tuviese idea.
—El sexo que te debo, ¿eh? —pregunto, inclinando mi cabeza para poder besar la punta de su nariz—. ¿Cómo es que piensas que aún te debo sexo? No es como si no lo hubiéramos hecho anoche… o esta mañana.
—Eso fue por no ver en las bolsas de compras, nena —responde aun sonriéndome—. Esta vez, son bonificaciones por pedir matrimonio.
Niego, mis ojos se cierran mientras intento evitar reírme de este hermoso hombre recostado sobre mí. El hombre con quien parece que no puedo dejar de enamorarme más profundamente cada día.
—Ohhh, aquí vamos —digo finalmente, abriendo los ojos para ver el rostro de Edward aun sonriendo—. Ahora viene el verdadero motivo. Sólo me pediste que me casara contigo por el sexo, ¿verdad?
Edward niega.
—Nena te lo dije, hay un millón de razones por las que te amo, el sexo es sólo una de ellas.
Paso mis manos por los duros músculos de la espalda de Edward, mis dedos se entierran al llegar a su trasero.
—Es una de las razones por las que también te amo, Edward —admito, deslizando mi pie por su pierna en un movimiento que le borra la sonrisa del rostro—. Y planeo tener mucho sexo contigo, tanto antes como después que nos casemos.
Edward gruñe mientras su cuerpo cae entre mis piernas y yo las envuelvo alrededor de su cintura. Arqueándome para encontrarme con él, sus brazos de deslizan bajo mi espalda y sonrió mientras escucho susurrar a Edward:
—Eso irá en nuestros votos. —Antes de que su boca se encuentre con la mía, evitando que diga otra palabra.
