Disclaimer: Ni Monster Musume ni ninguno de sus personajes, conceptos o locaciones predeterminados me pertenecen. Lo único mío son el argumento y personajes originales de esta historia, escrita como un simple pasatiempo sin fines de lucro.


Preparativos

Era 16 de diciembre por la mañana y afuera, como era de esperarse, hacía un frío que pelaba. Más o menos tres semanas antes de partir a Canadá para lo que sería la mayor sorpresa de su vida juntos, Pachylene y Eddie Maxon decidieron darse un día para sí mismos... con la debida distancia. Al principio Caroline, madre del muchacho, quedó algo extrañada porque nunca se separaban, pero sus dudas fueron disipadas en cosa de segundos cuando le explicaron de qué iba la cosa.

-Tarde o temprano nos tocaba ver el asunto de los trajes para la boda, mamá -dijo la arpía conforme levantaban la mesa del desayuno-. Sabes bien que la tradición dicta que los novios no pueden verse con sus atuendos antes del gran día.

-Y eso que ustedes van a casarse con una ceremonia civil, mis niños -retrucó la abogada conforme cogía la panera y algunos platos-. ¿A qué viene ese repentino interés por las viejas fórmulas?

-Nuestra propia relación es sincrética -acotó el canadiense, abriéndoles la puerta de la cocina para dejarlas pasar-. Ni Pachy ni yo somos todo lo que se dice normales, incluso para los estándares de huéspedes y anfitriones. Lo bueno es que ya tenemos definido con quién y dónde vamos a ir a revisar lo que sin duda será un popurrí de opciones.

-En ese caso me alegro mucho, querido -Kari no pudo evitar besarlo en su mejilla luego de empinarse-. Por mí no se preocupen; ya encontraré algo en qué entretenerme mientas van por sus fueros.

-Se lo agradecemos mucho, señora -la pelirroja puso la nota tierna y le devolvió un besito.

Un cuarto de hora después, tras abrigarse y salir del edificio cerca de las nueve de ese sábado, el trío se separó nada más llegar al cruce con forma de tela de araña, acordando en el acto reunirse a las 13:00 en el 360 Grados para almorzar. La abogado, quien ya conocía bastante mejor el distrito, acudió a dar un paseo por los Jardines Hamarikyū, perdiéndose rápidamente entre la multitud recorriendo la zona de este a oeste. Dos cuadras más arriba, cerca del Kalorama, se encontraron con tres figuras que conocían muy bien: Hidetaka, Shinya y Talirindë, quienes los saludaron efusivamente desde detrás de sus propios conjuntos gruesos. La lamia estaba particularmente eufórica gracias a la ocasión por dos razones. Una, acompañar a su mejor amiga en tan importante instancia como forma de agradecerle por el cambio de vida tras Okutama. Dos, ver por primera vez y de cerca el mundo de la altísima costura representado por el Atelier de Rei Hirosawa.

-¿Es aquí? -inquirió la reptiliana una vez bajaron del taxi.

-Seguro que sí -contestó la arpía al contemplar el edificio blanco y de amplias vitrinas ante ambas-. La misma señora me dio la dirección y no creo que quisiera gastarme una broma con algo tan importante.

-Nada perdemos con tocar el timbre y preguntar.

Fue la misma muchacha ectotérmica quien hizo los honores. De inmediato les contestó una voz que preguntó sus nombres y abrió la puerta operada por cerradura electrónica nada más escucharlos. No bien ambas chicas monstruo se hicieron presentes dentro del local, apareció la humana pelicastaña con una sonrisa en los labios, brazos abiertos de par en par y sosteniendo un grueso catálogo repleto de hermosos diseños para toda ocasión.

-¡Qué gusto me da verte, Pachy! -saludó de beso en la frente a la rapaz-. ¿Les costó mucho llegar hasta aquí desde Ginza?

-La nada misma, señora. Muchas gracias por recibirnos en su local.

-El gusto es mío, corazón -sonrió la modista antes de dirigirse a su otra visitante-. Y tú debes ser Talirindë.

-La que viste y calza, con perdón -sonrió la aludida ante su falta de extremidades inferiores-. Un placer conocerla, señora Hirosawa. Pachy me ha contado muchas cosas buenas de usted y también de las hermanas Satme-Sannika.

-Así me gusta -Rei se veía claramente satisfecha-. Me encanta tenerlas a ambas aquí porque me encargaré de nuestra flamante novia personalmente.

-¿Y qué pasa con sus otros clientes, señora? -inquirió Pachylene.

-El resto de mi personal se encargará de ellos. Sabiendo lo que tú y Eddie significan para Zynda y Antonella, no dar una respuesta a sus necesidades, querida, sería negligente al nivel de un crimen. Síganme, por favor.

Ambas chicas fueron detrás de la mandamás hasta el final del local. El corto viaje no les impidió apreciar una tienda perfectamente abastecida de blusas, faldas y pantalones; zapatos y accesorios como aros, argollas o collares; lencería para todos los gustos y osadías; bufandas, abrigos, guantes y gorros finamente tejidos en lana arábiga (al menos eso decían las etiquetas); y así tantas otras cosas. Diez empleados, incluyendo una Arachne pequeñita que casi parecía niña de diez años y una centauro con el busto más grande que alguna vez vieran en una fémina, trabajaban midiendo, cortando, cosiendo, dibujando, borrando y enviando diseños aplicados principalmente al eterno de la mujer moderna, elegante, distinguida. Todo allí, según explicara la misma Rei una vez las instaló en su despacho particular, se hacía a mano porque "las máquinas de producción masiva convertían hasta el mejor concepto en algo impersonal".

-¿Se sirven un poco de chocolate caliente? -preguntó una vez arpía y lamia se sentaron en mullidos sillones cerca del escritorio-. Está recién hecho.

-Me vendrá muy bien para el frío -replicó Tali.

-Yo paso, gracias -intercaló Pachy-. Desayuné hace poco y tengo unas ganas enormes de hincarle el diente a esos lindos diseños que quiere mostrarme.

-Tu entusiasmo te delata -habló la señora Hirosawa nuevamente-. Esa es la actitud que me gusta ver en una potencial clienta y también la que define la calidad de los productos ofrecidos en este negocio. ¿Me dan cinco minutos para ir a buscar un colgador con algunas ideas que tengo?

-Pase, por favor.

Desapareció la dueña del local por la misma puerta que entraron, dejando a ambas liminales con algo de tiempo para charlar.

-Aquí se respira el éxito -dijo la escamosa tras tomar algo del delicioso líquido-. Me recuerda por momentos a las oficinas donde trabajo junto a nuestros anfitriones y novios. Oye, ¿es idea mía o la señora Hirosawa se parece mucho a la madre de tu muchacho?

-Tiene mucho de similar a la señora Caroline, especialmente en lo referente a tratar a Eddie como su propio hijo -devolvió la rapaz-. La señora Rei nunca pudo ser madre por falta de tiempo, según nos contó una vez, y ha aprovechado de volcar su cariño tanto en él como en Zynda y Antonella, quienes también la adoran.

-¿Y no te pone celosa saber que otra mujer piropea a tu futuro marido?

-Para nada, amiga. La señora Rei es casada y adora a Sachio, su esposo, al igual que el primer día -Pachylene inhaló algo del perfumado aire interior-. Lo bueno de ella es que sabe respetar los límites entre las esferas personal y profesional, aunque a veces a él le cueste hacer la misma operación. Dado que es corredor de bolsa, la mente del señor Hirosawa siempre trabaja a mil por hora, a veces costándole mucho desconectarse de pantallas e indicadores.

-Sé exactamente cómo se siente eso -Tali frunció el ceño-. Los tres primeros meses de Shinya al mando de la compañía fueron un bautismo de fuego pero se vieron bien recompensados conforme el valor de nuestras acciones comenzó a subir.

-Son esos mismos dividendos los que nos permitirán solventar esta boda sin endeudarnos, lo que es un alivio -pausa-. ¿Qué tal si dejamos de hablar de dinero por un rato y me cuentas cómo van Shinya y tú con su relación?

-Bueno... Vamos mejor de lo que yo misma creo y es, tomando prestada tu expresión, un alivio -se sonrojó la lamia-. Shinya se parece mucho a Eddie respecto a la amabilidad y el respeto por las normas pero hay algo de él que sólo aparece cuando estamos solos -su rubor se hizo más evidente-. Su romanticismo fluye de forma tan natural que bastan unas cuantas palabras al oído para derretirme completamente por dentro. Sentirme querida por él es el mayor regalo que la vida me ha dado, facilitado en buena parte gracias a que me salvaron de morir a manos de Terundel, mi hermana gemela que ahora descansa en Okutama.

-Sólo hicimos lo que cualquier ser de bien habría hecho, Tali -Pachy se puso modesta-. Tal como te dije tras despedirnos el día que abandonamos mi aldea, seguiría considerándote una gran amiga a pesar de la distancia y las circunstancias.

-Esa es mi razón para estar aquí hoy acompañándote -sonrió la pelipúrpura, bebiendo más chocolate y enroscando su cola de placer ante el calorcillo-. Era cosa de tiempo para que ustedes terminaran comprometiéndose; mi especie siempre vive con sus emociones a flor de piel y distingue como pocas, casi al nivel de una Dullahan o de una Houri, las vibraciones del amor verdadero. Con esto no digo que otras liminales sean incapaces de querer, ¿eh?

-Bien claro lo tengo. Continúa, por favor.

-Volviendo a mi querido Shinya, te decía que él no necesita más que su voz o una buena idea para volver nuestra existencia en común un auténtico paraíso. Sin importar que salgamos o nos quedemos en casa durante un día cualquiera, tenerlo conmigo siempre trae agradables sorpresas. Adoramos estar solos porque podemos dar rienda suelta a esos sentimientos que el trabajo nos fuerza a mantener amarrados con tiras de cuero. Tales instancias, especialmente cuando hacemos el amor en silencio, nos recuerdan que estamos vivos.

No pudo evitar sonreír la arpía rapaz. En buena medida el relato de su gran amiga era ajustado a lo que ella experimentara en carne propia desde que formalizara el vínculo uniéndola a Eddie. Mucho antes del anillo, incluso del viaje a las montañas y del encuentro con los Yakuzas de garrafón que detonaría el famoso Caso Nakashima, vino ese momento bisagra en forma de su primer beso al fragor de una horrible pesadilla. Talirindë, entonces, pasó por lo mismo aquel día que casi fue reducida a esclava por Terundel, obteniendo su boleto definitivo a la salvación una vez el hijo de Hidetaka aceptó recibirla en su casa de Shirokane, no lejos de donde ahora mismo se hallaban.

-Lo que más nos alivia, eso sí, es saber que papá ha vuelto a ser el de antes -continuó la reptiliana-. Así como nosotros pasamos unos meses bien complicados luego de su jubilación y el previo suicidio de Arisa -se le agrió la lengua al mencionar aquel pérfido nombre-, Hidetaka Nakashima también encontró una cuerda para salir del oscuro pozo de la viudez.

-¿Tan rápido encontró pareja? -la pelirroja sonaba sorprendida ante tal revelación.

-No necesitó encontrarla. Siempre estuvo allí, cuidando de él con toda la devoción de una enfermera -Tali terminó su taza de chocolate-. Mascó la rabia de la negligencia de Arisa con paciencia de santa pero aguantó sin chistar hasta que le tocó salir al escenario.

Pachy unió rápidamente los cabos en su cabeza y casi se fue de espaldas al suelo.

-No me digas que Iori...

-Tal cual. Esto te lo cuento porque eres de mi absoluta confianza, querida amiga -la lamia se puso enigmática-. Iori, la mucama de impecable servicio y modales ídem, se enamoró de papá hará un par de años y luego de tres noviazgos fracasados. Cuando me lo contó tampoco podía creerlo, mas ella explicó que sus intenciones nunca apuntaron a la fortuna de Hidetaka sino a su bondadoso espíritu. Fue idea de él, después de todo, acogerla en el seno de la familia cuando sus padres fallecieron en un accidente aéreo.

Vinieron después los detalles más importantes, comenzando por el trabajo de mucama como forma de agradecimiento hacia los esposos Nakashima y terminando con la rebeldía silenciosa de la chica ante la indiferencia de Arisa, cuya adicción al alcohol y las pastillas se hizo incontrarrestable. Otro aspecto interesante de la narración hacía referencia a Shinya, quien aprendió a abrirse al mundo por obra y gracia de la misma Iori, cuyo cariño excedió en mucho al de una hermanastra y se convirtió en el de una madre al punto de convertir a la señora de la casa en un añadido. "Si no me lo hubieras contado", expresó entonces Pachylene, "jamás habría imaginado que Shinya era tan retraído de niño. Su aspecto y modales actuales apuntan exactamente a lo contrario".

En ese momento apareció Rei Hirosawa con un colgador móvil repleto de tenidas multicolores con estupendo aspecto.

-¡Perdón por la demora, chicas, pero me demoré una eternidad en encontrar las llaves de la bodega! Tuve que dar vuelta como diez cajones para pillarlas -se justificó-. ¿No se aburrieron?

-En absoluto -contestó la rapaz, poniéndose de pie junto con Tali-. Aprovechamos de ponernos al día en estos... 15 minutos que se demoró en ir a buscar las cosas.

-Entonces no hay daño. Tengo anotadas en mi cuaderno especial las medidas de ti que me diera la agente Smith y aquí hay un montón de ropa que te quedará fantástica para tu gran día -vino una nueva sonrisa-. Tali, ¿te gustaría echarme una mano con esto?

-Faltaba más -añadió la pelipúrpura, pasando sus manos por las finas telas-. Simplemente dígame qué debo hacer o dónde debo ponerme y ahí estaré.

-¡Estupendo! Ayúdame con los accesorios conforme veamos estas maravillas. Levanta tus alas, Pachy, porque es hora de quitarte esa chaqueta gruesa. Por el frío no te preocupes; aquí tenemos calefacción central.

La mandamás cerró la puerta y colocó por fuera un letrero que decía "no molestar" antes de pedirle a la chica alada que se parara frente a su espejo de cuerpo entero. Afuera, en la zona de público, iban y venían las charlas sobre pedidos, cancelaciones y confirmaciones. ¿Una pulsera de plata para toda ocasión? 14.000 yenes. ¿Un conjunto de blazer con botones labrados más abrigo a juego? 27.800 yenes. ¿Ser vestida por la modista más reputada de Tokio? No tenía precio.

De vuelta en Ginza y justo al tiempo que ambas extraespecies se bajaban frente al Atelier de Rei, Eddie Maxon y los Nakashima entraron a un local bastante más modesto pero no menos abastecido con todo lo que un comprador exigente pudiera desear. Un letrero en la vitrina, fabricado con el arcoiris completo, evocó de inmediato en el canadiense aquellas novedosas sensaciones de sus primeros días como anfitrión de su amada pelirroja.


Ropa y accesorios para humanos y extraespecies.

No importa cuál sea tu especie; aquí tenemos lo que necesitas.

Precios conversables.


Era este el emporio atendido por la amable unicornio de falda roja donde acudiesen a comprar ropa para Pachy a fin de armarle un armario nuevo tras su viaje a pie desde los faldeos de Okutama. Allí mismo, no lejos de los probadores y pegado al muro izquierdo no tocado por hileras e hileras de colgadores, se encontraba el espejo donde exorcizó su primer miedo, liquidando sin cuartel al lado receloso y desconfiado representado en su conciencia por el monigote vestido de azul.

-Hemos llegado, amigos -dijo con una leve sonrisa.

-¿Seguro que es aquí, viejo? -Shinya no se veía muy seguro aunque su impresión ante el orden del espacio era evidente-. Este no parece el lugar donde alguien compraría un traje de bodas.

-Eso es porque no conoces a quien atiende aquí -Maxon tocó la campanilla del mostrador-. Estará con nosotros en instantes.

-¡Un momento! -se escuchó la voz femenina desde los probadores-. ¡Enseguida le atiendo!

-Listo -acotó Eddie; acto seguido apareció la liminal-. ¡Ah, Faraeta! ¡Dichosos los ojos que te ven!

-¡Señor Maxon! -la muchacha de cabellera plateada, plácida sonrisa y angelical rostro lo saludó efusivamente-. ¡Cuánto gusto me da tenerlo aquí una vez más! ¿En qué le puedo ser útil a tan temprana hora de la mañana?

-Mis amigos y yo hemos venido aquí para pedirte un favor muy especial -la llevó de la mano lejos del mostrador-. Antes de entrar en materia me gustaría presentártelos. Este es Shinya, un colega mío, y Hidetaka, su padre.

-¡Vaya sorpresa! -dijo el hombre mayor, besando las manos de Faraeta-. Nunca antes había visto a una unicornio en mi vida; yo creía que ellas tomaban labores más profundas, a la usanza de confesoras o psiquiatras.

-Somos muchas ahí afuera, señor, pero no nos gusta hacernos notar porque la modestia la llevamos en los genes -explicó la liminal, su voz cortés y medida-. Acierta en que nuestra vocación es el servicio y yo he encontrado entre la ropa y las charlas con mis clientes una forma de ser útil a la sociedad.

-De eso no tengo duda alguna.

Shinya contempló la escena en silencio antes de saludar a la unicornio con el mismo foco de su padre. Ciertamente ella era bellísima, casi esculpida por los mismos dioses y de una personalidad encantadora. Sonrió para sí mismo al concluir que su amada Talirindë, así como Pachylene, fueron cortadas por la misma tijera divina. "En ese sentido podemos considerarnos benditos", pensó, "y mi padre también, especialmente ahora que Iori lo acompaña en cuerpo, mente y alma".

-Ya que hemos cumplido el protocolo, Faraeta -habló una vez más Eddie-, quisiera preguntarte si tienes un buen traje para asistir a una boda. El viejo dicho señala acertadamente que "como te ven te tratan".

-No me diga que el señorito Shinya se va a casar y usted va a ser el padrino de boda, señor Maxon -la chica lo observaba atentamente, dibujando planes en su cabeza-. Dicho sea de paso, tal rol le queda cual anillo al dedo.

-En realidad la cosa es al revés -atajó el primogénito-. Es Eddie quien se va a casar pero no desea admitirlo de momento.

-No admitir no es lo mismo que desear llevar las cosas de forma discreta, hijo -corrigió Hidetaka sin malicia-. Ambos sabemos bien que a nuestro amigo no le gusta la pompa. Si estuvieses haciendo lo mismo no desearías tales críticas porque te conozco.

-Papá, no empieces...

-Venga, que no estamos aquí para pelearnos, por favor -Maxon levantó las manos a fin de apagar el fuego.

Ahora le tocó a Faraeta quedarse en silencio conforme desempolvaba sus propios recuerdos. Más allá del contenido de la orden que Eddie le pagara entonces (podía nombrar hasta la talla de cada prenda), su lupa mental se posó en una chica hermosa, de alas carmesí y mirada zafiro capaz de conmover hasta a quien tuviese corazón de piedra. Llevó su mano derecha al fino mentón, después chasqueó ambos pulgares y casi echó abajo uno de sus propios pasillos al coger a Eddie y darle un tremendo abrazo.

-¡Felicidades, señor Maxon! -la unicornio apenas cabía en sí de alegría-. ¡No puedo creer que vaya a unir su vida para siempre con la de su huésped!

-Bueno, una cosa llevó a la otra y así muchas se sumaron a esta cadena de hermosos hechos -retrucó el canadiense al tocar nuevamente el suelo-. De ello son testigos mis amigos aquí presentes, la gente de MON y muchos otros seres extraordinarios que no voy a nombrar porque de lo contrario estaríamos aquí hasta Navidad.

-Como si eso me fuera a importunar -ella lo observó de nuevo, esta vez con más precisión-. Si hay algo que adoro son las buenas historias salidas de labios ídem. Poniéndonos serios, la señorita Pachylene es perfectísima para usted y tenga por seguro que entre todas estas cosas rodeándonos tengo algo ideal para tan magna ceremonia. ¿Será matrimonio religioso o civil?

-Civil. Lamentablemente no pudimos encontrar una iglesia con sitio para celebrar la boda.

-Quienes los rechazaron no saben lo que se pierden, entonces.

Faraeta comenzó a escudriñar entre las prendas colgadas, hablando consigo misma mientras apartaba trajes, camisas y hasta calcetines que iba dejando en manos de Shinya y Hidetaka, quienes apenas podían seguirle el paso conforme avanzaba entre un corredor y otro, sus pasos apenas haciendo eco en el piso alfombrado color azul oscuro. "Este sí me sirve, pero este no. ¡Ah, añadamos este también! Camisas tengo varias y estos tonos claros de seda quedarán fantásticos con un buen planchado; por suerte no están crudos. Es menester buscar las chaquetillas para los ternos y ver que no tengan manchas..."

Eddie se limitaba a observar toda la escena, maravillado ante la gracilidad de la unicornio para moverse y apenas aguantando la risa conforme su mejor amigo y su antiguo jefe tenían cada vez más dificultades para moverse con todos esos bultos en los brazos. No tenía ganas de ser cruel ese día, así que acudió a echarles una mano y separó, por instrucciones de la extraespecie, nada menos que siete conjuntos de diverso grosor, fabricados en lana o gabardina y estupendamente conservados gracias a fundas plásticas hechas a medida.

-Esto debería bastar para una primera prueba, viejo -resopló el primogénito-. Si yo estuviera en tu lugar, buscaría una combinación que hiciera juego con la de tu compañera. Dado que Pachy es pelirroja...

-...un conjunto oscuro vendrá bien sin importar la hora ni el lugar, siempre y cuando te mantengas lejos del sol -completó Hidetaka-. ¿En qué momento del día planean hacer la ceremonia?

-De preferencia en la tarde, cuando esté algo más fresco, pero si es en la mañana no me quejaré -respondió el aludido.

-Entonces un conjunto de grosor moderado, como este que está hecho de tela suave, será perfecto -Faraeta se lo entregó-. Es de un negro peculiar, algo más opaco que el promedio y parecido al plástico o la obsidiana brillante en vez de la tinta. Viene con la chaquetilla incluida y la camisa... Sí, aquí hay una que le viene a juego.

Añadió al ya imponente traje de talla 54 un accesorio color blanco invierno. Impresionado quedó Eddie al ver cosas apropiadas para él ya que el japonés promedio no era tan alto ni tan corpulento.

-Lo único con lo que no cuento son zapatos de vestir, así que deberá probarse las tenidas con sus zapatillas deportivas.

-¿Y qué hay de la corbata?

-Casualmente tengo algunas de esas aquí -la chica monstruo se acercó a un estante cercano y procuró una caja llena de ellas-. Todas son de seda fina y yo misma me encargo de mandarlas a la tintorería.

-Da gusto ver que aquí se preocupan de mantener todo como corresponde -señaló Hidetaka con aprobación mientras las revisaba-. No existe asesino peor que las manchas cuando se trata de ropa fina. ¿Qué te parece esta roja con toques dorados en franjas diagonales? Casi constituye un guiño a tu patria.

-Es muy bonita -dijo Maxon-. En casa no tengo ninguna como esta o si la tengo, no lo recuerdo. No soy una enciclopedia en estos temas.

-A mí me gusta más la que tiene diseños como de arreboles naranjas y azules sobre fondo plateado, para ser honesto -Shinya tomó otra al azar-. Creo que te queda bastante mejor, viejo.

-Quizás venga bien con ese traje azul de hilo, ideal para tardes calurosas, al otro extremo del mostrador -apuntó Faraeta-. Sin embargo, las corbatas claras son más compatibles con camisas oscuras y, siendo honesta, el tono de piel del señor Maxon funciona mejor con los tonos tenues.

-Estoy seguro que algo más puede hacerse -el ojigris no quería rendirse.

-Iré a probarme esto mientras debaten sus opciones -señaló Maxon, haciendo como que caminaba hacia los vestidores-. Además, otros clientes podrían llegar y Faraeta deberá atenderlos debidamente.

-De eso nada -mostró la unicornio una mirada férrea pero no malvada-. Usted es mi primerísima prioridad ahora mismo y el resto ha de resignarse hasta que terminemos.

-¿Lo dices en serio?

-Totalmente en serio. Lo juro por mi cuerno.

Tranquilizó la peliplateada a Eddie con una mirada sincera, moviendo también sus cejas para mostrarle que todo lo tenía controlado. Una vez entró a la cabina y colgó lo que podría ser su nueva ropa del gancho, contempló su reflejo en el espejo. Se veía algo cansado tras un año repleto de aventuras y desafíos a ambos lados del hogar, pero también más fuerte e íntegro, con más ganas de hablar y vivir la vida hasta todo lo que diera. Lejos quedaron las miradas recelosas de sus primeros días en Japón, apenas rotas por las esporádicas visitas de Yuka y su familia o las veces que él iba, casi tanteando, a visitarlos al distrito plateado. Lejos quedaron las noches frías que pasaba en su pequeño departamento, extrañando a su querida madre con el alma cuando se levantaba y deseándole buenas noches a la distancia al irse a dormir.

"Soy un tipo con suerte, sin dudas", se dijo mientras comenzaba a despojarse de su ropa deportiva.

En algún otro rincón, alguien esperó hasta el tercer tono de la llamada para que contestaran al otro lado de la línea.

-¿Mayumi? -preguntó una voz sorprendida-. ¿Qué pasa que me llamas tan temprano?

-¿Acaso no te gusta que te llamen? -devolvió la mencionada mujer.

-No lo digo por eso.

-Si no te llamo después andas quejándote cuando nos reunimos, así que prefiero ahorrarme el mal rato y tomar contacto contigo aunque sea sábado -Mayumi era inflexible-. ¿Tienes algo de tiempo para juntarte hoy a almorzar?

-Hoy no pero mañana tengo cero cosas agendadas. Estoy terminando de trabajar en unos logos que me pidieron para el lunes y el cliente ha cambiado el diseño como mil veces desde el pasado martes -señaló el tipo, claramente exasperado-. Que los colores son muy chillones, que las proporciones son incorrectas, que se ve mal impreso o que la tipografía no le hace... Por momentos estoy tentado de mandarlo al diablo.

-No te culpo, créeme -la muchacha era claramente consciente de los avatares del diseñador-. Casualmente tengo un encargo para ti relacionado a las artes gráficas y diré, antes que preguntes, que no viene de un cliente pesado ni amarrete.

-Ya te dije que estoy muy ocupado con esto, pichoncita.

-Te lo pondré en términos simples, Aidan: es un juego de niños en comparación a lo que sea que estés haciendo ahora, además de un favor para un colega mío que se casará pronto. Recuerda que me debes un favor después que te saqué de la comisaría luego del incidente en ese bar.

-¿Un matrimonio? -cuestionó el hombre, ligeramente abrumado ante la mención de tan bochornoso episodio-. Ah, bueno, así la cosa cambia. ¿Puedes describirme la idea en tres palabras?

Mayumi observó el bosquejo que le pasaran tres días antes, notando la gracilidad de las líneas y la mezcla de colores en un arquetipo minimalista pero no menos significativo.

-Sinergia -lanzó la primera palabra-. Gracilidad. Eternidad. ¿Te sirve eso?

-Creo que ya me hago una idea -respondió Aidan-. ¿Líneas curvas o rectas?

-Tiene de las dos, aunque representa, y esto lo digo como absoluta profana que soy, figuras humanas o parte de ellas.

-Esto tengo que verlo en persona; lo prefiero mil veces antes que esa ridícula convención de animé que ya me tiene hasta la coronilla con sus mutaciones -resopló el diseñador-. Te espero mañana en el Kalorama a las 12:30 para que conversemos. Trae bien protegido el croquis o lo que sea que te haya entregado tu amigo, así como sus datos de contacto, y ya veré que puedo hacer con él.

-¡Sabía que no me fallarías, Aidan! -Mayumi deseó estar junto a él para darle un abrazo-. ¡Eres un amor, chico!

-No digas eso tan fuerte porque podría escucharte mi novia y ella sí que es celosa -atajó el hombre-. Llegó hace un par de minutos y como no termine esto pronto no podremos salir a ver esa exposición fotográfica que tanto ha esperado.

-Tranquilo, Don Juan -Mayumi lanzó una risita-. Soy mucho más digna que esas levantanovios dando vueltas en Roppongi o Akibahara. Suerte con ese encarguito y nos vemos mañana -colgó antes de sonreír-. Sí, Eddie y la señorita Pachy no quedarán indiferentes ante las dotes creativas de Aidan. Ya decía mi madre que los extranjeros, cuando se los conoce, se convierten en los mejores amigos que una podría desear...

De vuelta con Pachylene, Talirindë y la señora Hirosawa, las cosas también iban de lo lindo. La arpía se sentía en la piel de una modelo de alta gama conforme sus aliadas le ayudaban a ver, tocar y probarse varios diseños de vestidos sin mangas que le llegaban hasta las rodillas, teniendo además la generosidad de realzar su busto y caderas junto con la finura de sus hombros. Aquí dominaban luces y sombras al ritmo del blanco invierno, el verde petróleo, crema o platado, dejando también sitio a los azules oscuros y el clásico negro brillante. Al ser esta una boda civil, no se imponían ni el obsidiana para el novio ni la nieve para la novia.

-Sí, este te queda muy bien -Rei dio su diagnóstico-. Este tono blanco cremoso no sólo se fusiona bien con el color de tu piel sino que resalta el carmesí de la cabellera y el azul de tus ojos profundos. Pareciera que fue hecho contigo en mente, corazón.

-¿De verdad lo cree? -Pachy no pudo sino sonrojarse ante el cumplido.

-¡Amiga, te ves fantástica! -la lamia sintió sana envidia-. Ya me gustaría a mí usar algo parecido cuando te vea dar el "sí" ante el juez de paz.

-Quizás tenga algo en este estilo para tu talla, Tali -intercaló la dueña del negocio-. Muchas féminas buscan algo escotado pero ustedes, al estar tan bien dotadas, pueden prescindir de ello. ¿Te importaría pasarme ese collar de zafiros junto a los anillos?

-¿Este? -la pelipúrpura tomó un accesorio al azar, internamente satisfecha por tal cumplido.

-Ese mismo. Quédate quieta, Pachy, porque voy a pasar mis manos por tu cuello.

-Proceda con absoluta confianza, señora. Total, usted es quien sabe todo de estas cosas.

Quizás fuese este el momento más extraño. En los seis vestidos anteriores que se probara, Rei siempre se tomó la molestia de colocarle anillos o aretes apropiados. La rapaz, al mirarse cada vez ante el monumental espejo con marco de madera tallada, casi no se reconocía, ataviada con ropas propias de galas políticas o visitas protocolares a las familias reales de diversos países. Salvo el hermoso anillo de compromiso engarzado con un zafiro y adaptado a su pulgar derecho, no usaba joyería ni mucho menos pasaba maquillaje por su blanca tez. Siempre se había sentido bella al natural porque no conocía otra forma y una parte de sí misma la hacía reaccionar de manera recelosa ante cadenas, piedras preciosas varias y brazaletes (sí, también intentaron probarlos con sus muñecas cubiertas de suave penacho).

"Aún así", murmuró en absoluto silencio, "al ser esta una instancia tan grande para nosotros, debo estar dispuesta a abrirme un poco a nuevos paradigmas". Sonrió al recordar a su compañero, quien seguramente pasaría por la misma incertidumbre con su propio atuendo junto a Shinya y el viejo Hidetaka. Saberse hermosa para Eddie por dentro y por fuera era uno de sus mayores estímulos a la hora de enfrentar el día a día.

-Al menos está en buenas manos -elevó un poquito su voz-. Faraeta cuidará bien de él.

-¿Decías, Pachy? -Tali terminaba de colocarle una pulsera con hematitas talladas.

-Nada, amiga -retrucó la arpía-. Sólo pensaba en voz alta.

-Mira el lado positivo, Pachy -añadió Rei mientras tomaba notas en un cuadernito-. Gracias a tus poderosas garras no tendrás que perder la cabeza con los zapatos ni limándote los pies.

-En eso somos dos -rió la lamia- y admito que tiene mucha razón en ello, señora. Mil veces he visto las colas enormes que se arman en las zapaterías por los modelos de temporada, donde sumas ingentes cambian de manos con prodigiosa celeridad.

-¿Y ha habido golpes o no?

-No he visto ninguno, por suerte.

-Has evitado lo peor -suspiró la humana-. Por cosas así es que ahora ordeno mi propia ropa por Internet en vez de ir a las tiendas. ¿Qué tal te sientes, querida? -le preguntó a la liminal alada.

-Este conjunto es el que más me ha gustado de los seis -respondió la aludida-, sólo superado por el azul tinta que me probé en segundo o tercer lugar, si no me falla la memoria.

-El que iba con el colgante de plata en forma de alas -señaló Tali, apuntando a la mesa de trabajo-. Inicialmente íbamos a usar una tiara pero nuestra novia la descartó porque no quería un overkill.

-¡Espléndido, espléndido! -la pelicastaña aplaudió como niña-. Sí, es justo lo que yo habría elegido para mí misma si tuviese tu edad. La ventaja de las nuevas generaciones es que pueden permitirse gustos vedados para quienes somos mayores.

Una vez la pelirroja volvió a colocarse su ropa de invierno y sentarse en la silla mientras la lamia le ayudaba a beber la taza de chocolate caliente antes rechazada, la señora Hirosawa armó dos hermosos paquetes con papel de seda que luego colocó en grandes bolsas negras con el logo del Atelier en toques blancos. Nada más colocar las etiquetas de sellado y escribir "Pachylene" en ellas, miró a sus contrapartes.

-Atenderte y ayudarte hoy ha sido un placer, queridita, y estoy dispuesta a hacerte un precio especial una vez decidas cuál de los dos conjuntos desees emplear en tu boda -se sentó junto a ambas-. Los guardaré por todo el tiempo necesario bajo llave con una condición: que me avises una semana antes de las nupcias y vengas a pagar ese mismo día o me transfieras el dinero a la cuenta del local. En ese caso te pediré el recibo.

-Cheques no puedo firmar, aunque si acepta tarjetas estoy salvada -la chica monstruo levantó sus manitos tipo mitones-. Y si me da la opción de pago remoto, puedo avisarle a Eddie y él hará las gestiones, incluyendo mandarle el comprobante.

-Ningún problema. Aquí aceptamos todos los medios de pago, aunque los cheques son menos del 1% de nuestras transacciones -destacó Rei-. Una vez reciba el dinero, despacharé de inmediato el paquete a la dirección que me dio la agente Smith.

-¿Alguna otra clienta reservó estos trajes previamente? -preguntó la liminal de sangre fría-. No vaya a ser que terminemos metiéndola en problemas con otra clienta.

-Si alguien más los reservó, mala suerte. Mi decisión es inapelable en los casos que veo personalmente, así que pueden quedarse tranquilas. En ocasiones previas he tenido que negar peticiones de clientas testarudas, incluyendo algunas de tipo monstruoso, y hacerme la firme aunque llegaran a patalear de rabia. Son la clase de mujeres que necesitan ser protegidas de sí mismas, si me entienden.

Asintieron las extraespecies, previniendo a última hora que una gota de sudor frío recorriera sus nucas. Entonces sonó un teléfono celular y Talirindë contestó sin perder tiempo.

-¡Hola, mi amor...! ¿Ya terminaron? -sonrió de oreja a oreja-. Fantástico, nosotras también... Sí, la señora Rei nos mostró cosas maravillosas pero no puedo decirte de qué va... Ya sabes que el secreto debe guardarse en cada campo hasta el gran día... ¿Qué tal la unicornio? ¿Es tan amable como dijo nuestro amigo canadiense? -esperó un poco la respuesta-. Me alegro muchísimo. Apenas cojamos un taxi te mandaré un mensaje, ¿vale? Hasta más rato, Shinya. Yo también te amo.

Cortó y miró a la arpía y la humana.

-Eddie ya terminó su propia incursión por los pasillos de la alta costura -se incorporó-. Dado que ya es mediodía, contamos con el tiempo justo para llegar al restaurante antes de la una.

-Fantástico -sonrió Pachy-. Este sábado sí que pinta para bueno. A todo esto, también nos acompañará a comer la señora Caroline.

-¿Ella es la madre de nuestro flamante novio? -cuestionó Rei.

-La misma, señora. Llegó a visitarnos desde Canadá hará un par de semanas y se quedará hasta nuevo aviso. Créame que me alegra mucho tenerla en casa; la extrañaba mucho desde que la fuimos a ver en julio pasado a Toronto, donde mi amado aprovechó de mostrarme muchas cosas bellas en la ciudad.

-Me imagino que habrá sido una experiencia magnífica -sonrió la humana-. Bueno, mis queridas niñas, nuestro tiempo ha terminado. Permítanme acompañarlas a la salida.

-Gracias de nuevo por su asistencia y paciencia -dijo Tali-. Siempre me pregunté cómo funcionaría esta clase de negocio por dentro.

-Un placer, cariño. ¿Te parece si coordinamos esta semana una hora para dedicarme a tu caso? Pondré en ti la misma dedicación que con Pachy.

-Si las reuniones me dejan algo de tiempo, considérelo hecho, señora Hirosawa.

Para buena suerte de ambas, no tuvieron que esperar más de un minuto bajo el frío a la hora de hallar un taxi desocupado. Miraron por última vez a Rei y se despidieron de ella con un movimiento de brazos. Talirindë subió al final y se dio algunos segundos en acomodar su larga cola dentro antes de cerrar la puerta.

-Llévenos al 360 Grados en Ginza -pidió la arpía rapaz-. Tome la ruta más expedita posible.

-Ya nos vamos -replicó el chófer.

Más allá, en el ya mencionado distrito comercial, Eddie Maxon firmaba la orden de despacho del conjunto elegido entre los siete que Faraeta le recomendara. Se probó cada uno y hasta caminó de un lado a otro de la tienda para probar cómo le sentaban. No lo llamó modelaje aunque bastante se acercaba a eso. Shinya y Hidetaka le expresaron su aprobación (o la falta de ella) mediante gestos, mientras la unicornio, gracias a su estupendo sentido estético, se acercaba a él de cuando en cuando para hacer ajustes menores en las mangas o el dobladillo de la parte inferior de la chaqueta.

-Con un viaje a la tintorería quedará fresco e impecable -acotó la chica, mostrando su sonrisa más bella-. Dado que por fin se va a casar, señor Maxon, y por ser un cliente tan fiel, me permitiré el gusto de hacerle un regalo: dos camisas de seda en vez de una. La casa invita.

-¿De verdad? -él quedó para adentro; claramente no esperaba algo así.

-Nunca he sido más franca que ahora -Faraeta le tomó una mano con devoción-. Cuando mis clientes son felices, yo también lo soy. ¿Desea pagar ahora mismo o prefiere esperar hasta cuando deba enviarle todo?

-Ahora mismo.

-Bien, pase su tarjeta por aquí.

Los tres hombres se despidieron de la amigable dependienta y salieron al frío del mediodía, satisfechos por la sensación del deber cumplido y, en caso del mismo Eddie, de estar un paso más cerca del grandioso día en que miraría a Pachylene a los ojos antes de dar el "sí" más ansiado. Aunque el cielo encima de ellos aparecía acerado e incólume, una espesa capa de nubes daba bastante para recrear la vista.

-Lo bueno es que ahora tenemos toda la tarde por delante -Shinya inhaló hasta hartarse el aire capitalino-. Tali y Pachy estarán dentro de poco con nosotros para el almuerzo.

-Y mi madre tampoco faltará.

-¿En serio va a venir, viejo? -el rostro del primogénito se iluminó aún más cuando su amigo asintió.

-Lamentablemente no podré acompañarlos -Hidetaka dijo de repente, estrechando la mano del novio-. Tengo otro compromiso a la misma hora del que no puedo desatenderme.

-¿De verdad, señor?

-Carezco de razones para mentirte, Eddie -contestó el padre-. Sobra decir que fue un gusto ayudarte con esto porque por momentos me sentí como si volviera a tener 27 años -ajustó su abrigo-. Si surge cualquier cosa, ya sabes dónde contactarme.

El viejo dio media vuelta y se marchó en dirección opuesta a la del restaurante donde se reunirían ambas parejas y la señora Maxon. Eddie sólo despegó su vista de él cuando desapareció entre la marea de gente caminando en dirección transversal. Rascó su cabeza antes de mirar a Shinya, quien parecía bastante menos desconcertado ante todo ello.

-Qué raro -destacó el canadiense-. No se me ocurre que vaya a jugar golf con tanto frío.

-No va por los palos, si eso deseas saber -replicó su colega, animándolo a moverse rumbo al 360 Grados-. El asunto es que... tiene una cita.

-¿Una cita? ¿A su edad? No me malentiendas, Shinya, pero considerando la personalidad de tu padre y que tu madre no lleve ni un año muerta, esto es algo calificable de anormal o, en el peor de los casos, antiético.

-Yo también lo encontraba extraño al principio, Eddie, pero aprendí a aceptarlo. ¿Puedes guardar un secreto?

-Sabes bien que mi discreción sólo se compara a la de nuestra buena amiga Yuka -pensó en su amable y madura colega-. ¿De qué se trata?

-Verás, conforme mi padre y mi madre se fueron distanciando al punto de ver su relación irreparablemente dañada debido al asunto de TALIO, surgió alguien que lo cuidó desde las sombras sin que él se diera cuenta hasta febrero pasado, cuando vino y confesó en un torrente lo que sentía por él. Iré al grano, viejo: mi padre encontró en Iori alguien dispuesto a escucharlo y darle todo el amor que Arisa le negó debido a su obsesión por el poder, el alcohol y las malditas pastillas.

-No te puedo creer -silbó Eddie, aún más sorprendido que con lo de las camisas gratis-. Esto es casi de telenovela. No conozco tan bien a Iori como tú pero sé, a raíz de mis interacciones con ella, que es una estupenda muchacha; basta recordar lo mucho que te ayudó a ti cuando pasabas por problemas similares a los míos. Es una mujer cuyos sentimientos y principios la hacen incapaz de mentir o manipular para obtener una ventaja sucia. ¿Hace cuánto tiempo se enamoró del jefe? -mencionó esta última pregunta con el debido respeto por Hidetaka.

-Llevaba al menos un par de años absolutamente flechada a la fecha del suicidio de mi madre -comenzó el primogénito-. Entonces, un día de febrero, como te conté, nos llamó al comedor del departamento y entonces...

El cuento se extendió por espacio de cinco a seis cuadras, dejando a Maxon enteramente impresionado ante una línea argumental salida, como bien él dijera, de una telenovela o quizás de esas novelas históricas que tanto adoraba leer junto a Pachy. Nada más reconocer a Kari entre la multitud acudió a su encuentro seguido de su amigo y colega. Poco después se bajaron la arpía y la lamia del taxi. Si bien no dijeron nada respecto a los detalles del traje, el elogio a Rei Hirosawa por un lado y a Faraeta por otro no paró hasta que se sentaron a comer comida mediterránea con una vista magnífica de Ginza.


Nota del Autor: La boda de nuestra insigne pareja está cada día más cerca y nada supera, hasta ahora, verlos buscando la perfección a la hora de lucir bien. Para este capítulo, desde la abnegada labor de Rei y Faraeta hasta las sensaciones de Pachy y Eddie respecto a verse ad portas de un cambio crucial en sus vidas, me llegó la inspiración de un matrimonio al que Valaika y yo fuimos hace poco, donde el atuendo de los novios se robó todas las miradas y me dejó la vara bien alta a la hora de planificar la próxima entrega de esta cadena que se ha alargado mucho en estas 56 semanas. Algo parecido ocurrió al escribir otra historia publicada en FanFiction y que seguro recordarán bien si la leyeron de principio a fin; en caso contrario pueden echarle una mirada y comentar con toda libertad.

Es hora de cerrar el boliche hasta el próximo episodio, así que muchas gracias de antemano por darse el tiempo de continuar leyendo Eslabones. Valaika y yo quedamos de juntarnos con Nell y Falk (mis primos) para tomar un café y no queremos hacerlos esperar. ¡Adiosito! O como se dice en japonés, "como te ven te tratan".