¡Capítulo nuevo recién salido del horno! :D

Para quienes leyeron el anuncio que hice semanas atrás, estaré actualizando sin descanso este fic hasta terminarlo… lo que no tardará mucho en realidad porque…

¡SON LOS ÚLTIMOS CAPITULOS!

En fin, espero que lo disfruten… este capítulo está un poco más largo que el anterior.


CAPITULO 54: El Inicio del Fin

— ¡Todos preparados!—Anunció desde la espalda de Chimuelo, alzando su espada encendida como señal para todos sus aliados—. Esto termina hoy…

.

¿Cómo evitaremos que Ash controle a nuestros dragones?—Se atrevió a preguntar uno de los muchos vikingos que se presentaron esa noche en el Gran Salón para escuchar los ajustes del plan que su Jefe y sus colegas habían estado desarrollando.

Necesitamos a los dragones, sin ellos no podremos ganar—Se quejó otro más y las voces del resto se alzaron a su favor.

¡Tranquilos todos!—Pidió el joven jefe y bastó su grito junto al rugido de su Furia Nocturna para recuperar el control de la situación—. Los dragones nos respaldarán pero estarán a una distancia prudente hasta que logremos quitarle a Ash la gema—Trató de explicar—. El plan es el mismo, las ubicaciones son lo que ha cambiado.

Aunque algunos aun no estaban convencidos o de acuerdo, todos permanecieron en silencio escuchando a detalle lo el Jefe tenía que decir.

Los dragones estarán en la parte de atrás junto a los barcos rodeando toda la línea que divide las costas de Berk con el resto del océano—Reanudó su explicación—. Aquellos que cuenten con un jinete estarán al frente de la flota. Nosotros seremos la primera línea de defensa para recibir a Ash, y el Equipo A nos respaldará—Declaró señalando a su equipo y al respectivo grupo auxiliar—. ¿Alguna pregunta?

¡Yo!—Fue Brutacio, quien a dos personas lejos de él, alzaba su brazo y saltaba en busca de atención—, ¡yo, elígeme!

¿Qué ocurre, Brutacio?—Le cuestionó en un suspiro sabiendo que podría arrepentirse por preguntar.

Más que una duda, es una sugerencia—Inició el gemelo carraspeando con seriedad—. ¿No se han puesto a pensar que nuestro equipo también necesita un nombre? Algo más allá de un simple "nosotros"—Sugirió adoptando esa faceta de pensador que pocas veces sacaba a relucir—. Es decir, ellos tienen un nombre—Señaló al Equipo A—, ¿por qué nosotros no?

Muy cierto, hermano—Palmeó Brutilda su espalda como muestra de apoyo—, ¿qué nombres se te ocurren?

Uh qué tal… ¡Equipo Hipuelo!—Exclamó con los brazos alzados—. Ya sabes, por Hipo y Chimuelo, nuestros líderes—Detalló cuando notó que no había sido comprendido, pero su sugerencia fue desechada por su hermana con un simple y rápido movimiento de cabeza—, o mejor… ¡Equipo Alfa!

Ohhh ese me gusta—Alzó ambos pulgares para después golpear su cabeza contra la de su hermano entre risas.

El resto del grupo solo los observó con cansancio, rendidos ante la idea de tratar razonar con ellos pues sabían que algo como eso era imposible.

Hipo negó entre suspiros para después girarse nuevamente a su pueblo expectante y que, al igual que sus amigos, observaban con desaprobación al par de hermanos que ahora eran reprendidos por Astrid haciéndolos callar de inmediato.

¿Alguien más tiene alguna duda o sugerencia?—Habló Hipo retomando la conversación inicial.

Una mano se alzó con lentitud entre la multitud y el fornido hombre castaño de antes volvió a hablar.

¿Hacer esto evitará que Ash controle a nuestros dragones?

Mientras estén lejos de la gema esta no tendrá poder sobre ellos—Aclaró sacando a relucir el control y seriedad que había heredado de su padre—, mantenerlos alejados es la mejor opción que tenemos hasta que logremos quitársela a Ash.

¿Y qué pasará con sus dragones?—Señaló otro hombre también inseguro por la decisión del Jefe—, ustedes estarán más cerca.

Estarán bien mientras se mantengan cerca de Chimuelo—Tranquilizó con voz suave y pausada—, el poder de un Alfa es más fuerte que el de la gema. Chimuelo puede dirigir a los dragones en la batalla, pero con la amenaza de la gema tener el mando sobre todos los dragones puede ser imposible… mientras más grande es el grupo es más fácil perder el control.

Por eso al frente solo estaremos nosotros—Concordó Astrid con la mano sobre el hombro de Hipo—, será más sencillo así.

Así es—Asintió el castaño regalándole una brillante mirada a su pareja antes de volver el rostro hacia los espectadores—. Además, ya que la gema no afecta a los dragones Alfa, Chimuelo es el único que puede acercarse a la gema sin riesgo y será así como se la quitaremos a Ash.

Tras esa última revelación todos se mantuvieron en silencio. Las miradas viajaban de una persona a otra, como si se cuestionaran mentalmente unos a otros sobre confiar o no en el plan de su líder.

No era que dudaran de las capacidades de Hipo como Jefe, ya le había demostrado a todos en varias ocasiones que tenía buen porte de líder y, por si fuera poco, él era quien más conocía sobre dragones; claro, también estaba su madre Valka, pero el conocimiento con el que Hipo contaba era diferente gracias a la experiencia de combatir contra dragones subyugados y contra las mismas personas que los dominaban a base de amenazas y el poder de terceros.

Fueron él y su dragón quienes los salvaron del Muerte Roja, fueron también ellos quienes detuvieron a los Cazadores de Dragones… y fue gracias a ellos que sobrevivieron al ataque de Drago Bludvist.

Después de todo eso, de los enormes sacrificios y riesgos a los que se había sometido el joven Haddock, no existía ninguna razón para dudar de él pues aunque sus planes lucieran descabellados, al final siempre funcionaban y eso era algo que debían reconocer.

Entenderé si alguno de ustedes no está seguro de que este plan funcione—Volvió a hablar el castaño con tranquilidad y firmeza, necesitaba demostrarles que podían confiar en él y sus planes—, y si deciden no luchar serán libres de decirlo, no les reclamaremos nada.

En el pasado Hipo siempre había tenido a su padre para apoyar sus ideas y hacerle frente al pueblo, pero ahora ya no era así, de hecho, esta era la primera vez que dirigiría a su gente en una batalla. Darles órdenes sobre la pesca y el cuidado de los cultivos era una cosa, pero una muy diferente era darles órdenes sobre cómo luchar.

Aun así era su deber como jefe protegerlos y no siempre podría hacerlo sólo, a veces para lograrlo era necesario de la ayuda del mismo pueblo al que había que proteger.

Confiamos en usted, Jefe—Habló una de las vikingas al frente del grupo.

Sus palabras y las voces que se alzaron como apoyo resonaron no solo en el recinto, sino también en su interior enviando una oleada de calor por todo su cuerpo.

Muchas gracias—Susurró sonriente el joven jefe, por segunda ocasión no sabía cómo reaccionar ante su pueblo y el gran apoyo que este le brindaba—. Triunfaremos en esta batalla, somos Hooligans, tanto vikingos como dragones…—Carraspeó tratando de recobrar el control de su voz y su cuerpo—. Berk es nuestro hogar y lo vamos a proteger.

.

Hizo a Chimuelo girar para encarar a su gente y así poder verlos a los ojos cuando dijera lo siguiente.

— ¡Hoy ganaremos!—Gritó con la espada alzada en una mano, mientras con la otra sostenía su casco a medio camino de su rostro—. ¡Le enseñaremos a Ash que los Hooligans son de temer!

Se giraron nuevamente a la par en que el casco cubría su rostro, la frialdad del metal contra su piel lo relajó embriagándolo de un sentimiento de seguridad, no solo por la protección que le podría dar, sino porque ocultaba la duda y miedo que podría llegar a expresar su mirada.

—Padre dame fuerza—Susurró contra el metal que ahogó su voz evitando que fuera escuchada en el exterior.

Solo entonces encaró la flota enemiga que comenzaba a aparecer entre la niebla.

El silencio reinó por varios minutos conforme los barcos se acercaban al punto que lo definiría todo. La nube de dragones dominados volaba alrededor de la flota gruñendo de vez en cuando, siendo ese el único ruido perceptible entre tanto silencio… o al menos lo fue hasta que la primera catapulta fue disparada.

La inmensa esfera en llamas fue lanzada en su dirección y con ella el ataque comenzó.

— ¡Todos a mi señal!—Anunció Hipo a toda voz alzando su mano libre con la palma abierta.

La atención de todos los aliados estuvo sobre el Jefe y el proyectil que se acercaba con rapidez a ellos. Algunos pacientes, otros un tanto desesperados, pero al final todos aguardaban a que el castaño hiciera el siguiente movimiento.

Cada uno de ellos conocía la señal, pero eran los guerreros veteranos quienes al ver al joven en esa posición y con ese porte no pudieron hacer nada más que recordar a Estoico el Vasto; era en momentos como ese cuando se podía ver la similitud que siempre existió entre padre e hijo.

El corazón de todos latió con fuerza cuando sus dedos se movieron cerrándose en un puño. El Alfa rugió y sus compañeros lo secundaron justo antes de dispararle a la roca en llamas haciéndola volar en cientos de pedazos que cayeron al mar dejando una estela de humo a su paso.

A partir de ese momento el tiempo que había parecido detenerse momentos atrás ahora comenzaba a correr con mayor velocidad, las catapultas de ambos lados disparaban rocas una y otra vez; en ocasiones acertando y en otras perdiéndose en el mar.

Un grupo de dragones enemigos se lanzaron contra ellos, embistiéndolos sin limitarse, lanzando fuego y aruñando a quien se le pusiera enfrente.

Todo era un caos. Un terrible caos.

.

.

.

— ¿Aun no los localizan?—Jadeó Hipo levantando la careta de su casco y deteniéndose un momento junto al par de hermanas que hacían lo posible por esquivar las flechas que eran disparadas contra ellos.

—Deberían estar por aquí—Dijo esperanzada Alina sujetándose a la cintura de su hermana y hojeando el área sobre su hombro, en su voz se percibía el miedo a que creyeran que había mentido.

—Tal vez están en el centro o final de la flota—Sugirió Celeste justo antes de que Luna girara y se elevara para esquivar un nuevo ataque—. Si nos acercamos un poco más tal vez…

—No—Cortó Hipo agachándose justo a tiempo cuando una flecha voló por encima de su cabeza—, es muy arriesgado.

—Pero…—Trató de reclamar Celeste observándolo con suplica.

— ¡Ahí están!—El grito animado de Alina atrajo la atención de ambos, principalmente de la castaña cuyo oído adolorido silbaba por el alto volumen de su voz.

Ambos se giraron para observar el punto que la menor señalaba ansiosa.

Ahí, justo a un costado de la flota oculto entre el humo y la niebla estaba un barco robusto con dos catapultas en los costados y una vela gris hinchada por el viento en cuyo centro se exhibía el dibujo de un casco atravesado por una espada.

— ¿Estás segura?—Cuestionó Hipo dudoso sacando un catalejo para observar mejor la pequeña nave en la distancia.

—Por supuesto—Aseguró irguiéndose en su sitio con confianza—, reconocería ese barco donde sea. Mi pa…Khanor me lo regaló—Se corrigió y el agarre en la cintura de su hermana se hizo más fuerte.

Sin temor a equivocarse, Celeste podía asegurar que había un sentimiento de pesar y lamentación en ese agarre.

—No podrán vernos desde aquí—Carraspeó Celeste tomando el control de la situación—, debemos acercarnos para hablarles.

Hipo lo meditó por un momento. Observando el escenario frente a ellos y las flechas que eran disparadas a su alrededor.

Sin duda significaba un riesgo enorme, pero dada la situación que enfrentaban no tenían muchas opciones. Si lo que Alina había dicho era cierto, contar con el apoyo de los Darveks marcaría una diferencia en esa batalla. No podían desaprovechar esa posible ventaja.

—Está bien—Exhaló rendido—, vuelen bajo para evitar ser vistas y sumérjanse cuando la distancia sea peligrosa—Aconsejó y acto seguido bajó la careta de su casco preparándose para regresar con el resto al combate—. Tengan cuidado—Se logró escuchar antes de que se alejaran con rapidez.

—Andando, Luna—Palmeó su frente y la dragona comenzó el descenso con rapidez.

—Espera, ¿a qué se refería con "sumergirse"?—Cuestionó con temor la menor ocultando su rostro contra la espalda de la castaña.

Pero la pregunta no alcanzó a llegar a sus oídos debido al silbido del viento al ser cortado por el cuerpo veloz de la Furia Nocturna.

— ¡Sujétate si no quieres caer!—Sugirió la mayor y Alina pudo jurar que notó una sonrisa en su voz.

Algo le decía que después de ese día –si sobrevivía– no volvería a volar en un dragón.

.

.

.

Volaron bajo, las alas y cola de Luna rozando el agua y salpicándolas con las gotas saladas que saltaban con el ligero impacto de las escamas contra el océano.

Hasta ese momento la distracción del resto de los Jinetes estaba surtiendo efecto y el enemigo no parecía percatarse de su presencia. Pero la distancia se hacía corta y con ello la probabilidad de ser vistas aumentaba, así que, siguiendo la indicación de Hipo, se prepararon para el siguiente movimiento.

— ¿Listas?—Gritó contra el viento inclinándose sobre el cuello de Luna.

Alina asintió, sujetándose con mayor fuerza a la cintura de su hermana e igualmente inclinándose sobre la espalda de esta. Cerró los ojos e inhaló una gran bocanada de aire al mismo tiempo en el que escuchaba a la mayor hacerlo.

Una palmeada en el costado de Luna fue suficiente señal para lo que seguiría.

La velocidad de la dragona aumentó haciendo silbar el viento al impactar contra su cuerpo justo antes de sumergirse en el agua con un rápido movimiento.

El barco al que se dirigían estaba a varios metros lejos de ellas, el nado ágil de Luna fue suficiente para llevarlas hasta él en un par de segundos antes de que el oxígeno en los pulmones de ambas vikingas se agotara.

Los brazos de Celeste envolvían su cuello cuando se impulsó hacia la superficie justo frente al barco Darvek. Se dejó caer con pesadez sobre la superficie de madera, la tos ahogada de ambas hermanas alertó sus oídos incluso más que las exclamaciones de la tripulación y el deslizamiento de sus armas preparadas para la defensa.

—Tranquila… estamos bien—Calmó su jinete palmeando su frente, desde siempre habían podido leer sus pensamientos con tan solo estar cerca la una de la otra, y desde siempre un simple toque había logrado relajarlas en situaciones como esa; pero en esta ocasión era diferente pues el frio contacto de sus dedos temblorosos no sirvió de mucho para apaciguar su preocupación.

— ¡Furia Nocturna!—Se escuchó la exclamación del que parecía ser el capitán del barco, un hombre de barba corta y negra con grandes ojos aceitunados y piel bronceada.

—No, no, tranquilos—Se apresuró Alina saltando del lomo de Luna hasta el suelo de madera posicionándose justo entre ellas y los Darveks—. No ataquen—Ordenó con las manos alzadas en son de paz, el agua fría rodaba por su piel causándole escalofríos—, y no griten, alertarán a Ash.

—Alina…—Susurró el mismo hombre dejando caer su espada y caminando a tropezones hasta ella—, usted… Sabía que volvería a nosotros—Alzó la voz con emoción sujetándola por los hombros con firmeza.

Al sentir el frio a través de su ropa mojada se apartó para retirar la corta capa de piel que colgaba de sus hombros para después acomodarla sobre los de ella.

—Cuando Ash dijo que nos traicionó, ninguno de nosotros lo creyó. Era imposible, usted no podría hacer algo como eso—Relató el fornido hombre tras ajustarle el abrigo y recordando con cierta ira las palabras de su hasta ahora aliado.

—Hicimos un juramento—Habló esta vez la castaña con una sonrisa temblorosa por el frio—, no podía romperlo.

El azabache asintió satisfecho y con una sonrisa, misma que se esfumó cuando se topó con la mirada verde de Celeste que seguía todos sus movimientos desde la montura de Luna.

—Alina—Llamó de nuevo, volviendo a concentrar su atención en ella—, si no nos traicionó… ¿entonces por qué está con ella?—Señaló a la otra castaña que mantenía su distancia en el otro extremo del barco sobre un charco de agua salada.

—Hola—Alzó una mano, fingiendo tranquilidad—, ¡Harek! Cuánto tiempo sin verte… Desde aquella vez en la que tu antiguo líder intentó arrastrarme en su acto suicida.

Alina se giró con rapidez para fulminarla con la mirada en busca de silencio, la mayor le restó importancia con un mohín y un encogimiento de hombros.

—Estas últimas semanas descubrí algunas cosas que han cambiado todo—Trató de explicar regresando su mirada al ahora conocido Harek, el segundo al mando de la tribu Darvek—. Se los explicaré todo después, lo prometo—Aseguró con voz firme—. Por ahora lo único que deben saber es que el único traicionado será Ash.

La interrogante se hizo presente en el rostro de toda la tripulación.

Inhaló en busca de valor, preparándose para su siguiente anuncio.

—Lucharemos del lado de Berk—Reveló observando a todos y cada uno de ellos con detenimiento.

— ¿Esa es su orden?—Cuestionó Harek no muy seguro, tratando de descifrar sus intenciones a través de su mirada.

—No—Respondió ella sosteniéndole la mirada—, es una petición. Solo confíen en mí, por favor.

Harek se giró para observar a sus compañeros que mantenían sus armas abajo pero listas en caso de que él diera orden de atacar. Bastó un asentimiento por parte de todos para saber que concordaban con la decisión de su segundo al mando quien se giró nuevamente al encuentro de su joven líder.

—Nuestra lealtad está con usted—Declaró con solemnidad llevándose una mano al pecho.

Tras esas palabras no pudo evitar sonreír satisfecha y con emoción, sabía que podía contar con su ayuda y se regañó mentalmente por haber dudado por ese pequeño momento.

Con ellos de su lado, sin duda podrían ganar.

.

.

.

— ¿Dónde está el resto?—Lanzó la pregunta al aire tras exprimir su cabello mojado, vio cómo su hermana hacia lo mismo para después agitarlo y salpicar gotas heladas a la dragona que trataba de secarse de la misma manera.

Rio por lo bajo al ver la pelea infantil del par de amigas antes de girarse para encarar a Harek quien trataba de evitar su mirada con nerviosismo.

—Harek…—Llamó en advertencia.

No hubo necesidad de decir nada más, su mirada penetrante fue suficiente para obligarlo a hablar en cuanto este logró encararla.

—Ash los envió a la Isla Dragón.

Fue su rápida y nerviosa contestación lo que atrajo la atención de la otra castaña que tras un último salpicón a su amiga, se acercó hasta ellos en busca de respuestas.

— ¿Por qué?—Indagó con cierto toque de alerta en su voz.

El hombre tragó duro antes de hablar. Sin duda la respuesta no le gustaría a ninguna de las dos chicas que lo observaban con severidad y urgencia.

—Quiere destruirla—Exhaló apresurado.

Un grito ahogado escapó de los labios de Celeste ante tal revelación. Su mirada se perdió en el vacío y un estremecimiento recorrió todo su cuerpo. ¿Qué podría obtener Ash al destruir esa isla? Por más que lo pensaba no lograba encontrar una respuesta, porque quizá no la había.

Ash era un demente, justo como su mentor, tal vez solo quería destruirla por el placer que le produciría el caos. Tal vez…

— ¿Cómo planea hacerlo?—La voz de Alina, presurosa e inquieta, la trajo de regreso a la realidad.

Parpadeó un par de veces para recobrar el control, Luna y Alina estaban a su lado observando al hombre frente a ellas que se movía nervioso en su lugar.

—No lo sé—Suspiró rendido, en el fondo se sentía inútil por no poder brindarles más información—, no se lo dijo a todos, solo a los que envió allá.

En ese punto ya no importaba cuál fuera la razón, ni cómo planeara cumplir su objetivo. Al final de cuentas lo único, y lo más importante, que debían hacer era detenerlo.

—Hipo tiene que saber esto—Murmuró subiendo de un salto a la montura de Luna, preparándose para partir.

A pesar del juramento interno que se había hecho minutos atrás, Alina no dudó en subir tras ella, sujetándola por la cintura y suspirando en busca de autocontrol.

No había tiempo que perder.

— ¡Espere!—Detuvo el Darvek justo cuando Luna se elevó en el aire—. ¿Qué quiere que hagamos ahora?

Una sonrisa cruzó por el rostro de la menor que lo observaba por encima del hombro de su hermana.

— ¡Solo sigan el plan que acordamos!—Exclamó con un ademán de despedida antes de inhalar otra bocanada de aire, lista para el siguiente movimiento de la dragona.

De un salto desaparecieron salpicando agua salada cuando se sumergieron iniciando su trayecto de regreso hacia su grupo.

*O*O*O*

—Están tardando demasiado—Murmuró Astrid deteniéndose a un lado de él con hacha en mano.

— ¡No podremos contenerlos por más tiempo!—Se quejó Patapez jadeante y temeroso.

Esquivaban los ataques de las catapultas enemigas y arremetían contra los dragones que se aproximaban, tratando de evitar que ganaran terreno. Pero eran demasiados y cada vez aparecían más, a ese paso no lograrían quitarle la gema a Ash a tiempo y si eso ocurría no podrían ganar.

— ¡¿Dónde demonios están?!—Gritó Patán desesperado sobre su dragón en llamas.

Hipo no tenía palabras de aliento para decirles, buscaba con la mirada al par de hermanas, esperanzado y deseoso de que esa parte del plan funcionara.

—Hipo…—Llamó Astrid con preocupación en la voz—, no podemos seguir esperando.

Apartó la careta para poder verla mejor, frunció sus labios, reflexionando sus palabras y la decisión que debería tomar.

Pero no hubo ninguna, pues justo en ese momento se escuchó un estruendo y tras eso el silencio se extendió por varios segundos hasta que fue roto por el sonido de una nueva catapulta siendo disparada, pero el objetivo no eran ellos, sino los mismos barcos enemigos que ahora recibían sus propios ataques.

Los gritos y el crujido de la madera rompiéndose hicieron eco en todo el lugar trayendo consigo el aviso que tanto habían esperado.

—Lo lograron—Suspiró Hipo aliviado.

Por ese pequeño momento todos se detuvieron para observar lo que ocurría, notando un veloz manchón negro que se aproximaba a ellos.

— ¡Hipo!—Llamó Celeste atrayendo la atención de todos, ninguno pareció notar el temor y la preocupación que había en su mirada.

— ¡Bien hecho!—Celebró él recibiéndolas con una radiante sonrisa—. Ahora puedo decir que lamento dudar de ti, Alina.

La nombrada se movió nerviosa tras Celeste, apretando las manos alrededor de su cintura con nerviosismo.

—Hipo…—Insistió Celeste y al fin su preocupación fue notada.

La sonrisa del castaño de desvaneció poco a poco, reemplazándola con una expresión confusa y una silenciosa interrogante que se apoderó de su mirada.

—Tenemos otro problema…—Logró decir ahogándose con sus propias palabras.

—La Isla Dragón será destruida—Habló Alina en su rescate terminando por ella la oración.

— ¿Cómo?—Logró articular Astrid acercando más a Tormenta hacia ellas al mismo tiempo en el que el resto hacia lo mismo.

—No lo sabemos—Lamentó Alina sujetando ahora los hombros de su hermana—, enviaron a una parte de los Darveks a hacerlo.

Las miradas viajaron del par de hermanas hacia Hipo a espera de la siguiente indicación.

— ¿Crees que podrás detenerlos?—Cuestionó esperanzado el castaño con la mirada verde fija en Alina.

—Por supuesto—Afirmó con toda la seguridad que le era posible—, todo está en que logremos llegar a tiempo—Dijo esto último con voz pausada.

—Bien—Murmuró entonces él ideando un nuevo plan.

Debían actuar rápido si querían tener la menor cantidad de pérdidas posibles.

— ¡Equipo A!—Los llamó y estos acudieron con rapidez irguiéndose con seguridad listos para recibir las nuevas órdenes de su Jefe—. Ustedes, Celeste y Alina vayan a la Isla Dragón—Declaró—. El resto nos encargaremos de Ash.

Un asentimiento y todos se movilizaron hacia los objetivos asignados.

—Suerte—Deseó Celeste viéndolos por última vez antes de apresurar el vuelo de Luna.

—Ustedes igual—Devolvió Hipo y los vio partir a la par en que la careta volvía a cubrir su rostro.

.

.

.

Con la llegada de la noche, un fuerte rugido se escuchó desde la niebla, los dragones de ambos bandos se alteraron perdiendo el control del vuelo por un momento; aturdidos y nerviosos.

Ellos conocían ese rugido, sabían lo que significaba y lo que era peor, provenía del lugar al que Celeste y compañía se había dirigido.

— ¿Acaso es…?—Alargó Astrid temerosa.

*O*O*O*

Se detuvieron de forma inmediata en cuanto el inmenso dragón blanco apareció ante ellos con sus profundos ojos rojos observándolos fijamente.

—Tranquila, Luna—Jadeó la castaña tratando de contener los bruscos movimientos de la dragona.

Podía ver en la mirada de sus compañeros que ese dragón les era conocido y eso solo lograba preocuparla.

*O*O*O*

—Grito Mortal—Susurró Hipo con la mirada puesta en la niebla.


Es todo por hoy e.e

No hay mucho que decir al respecto esta vez, solo quiero preguntarles… ¿Llevamos buen tiempo con estos dos últimos capítulos? ¿No sienten que va muy rápido? ¿Preferirían que fuera más despacio en el siguiente? No quiero que piensen que trato de terminarlo de golpe para deshacerme de este fic, porque no es así… bueno, sí quiero acabar con este fic porque ya no lo tolero xD pero quiero acabarlo bien tal y como lo he planeado desde que decidí escribirlo.

Por eso su opinión me es muy importante, así que soy toda ojos, ¡quiero leerlos! XD ok ya

Esta vez no hay Reviews u.u

A todos los que leyeron hoy… GRACIAS