Descargo cualquier tipo de responsabilidad respecto a los personajes. Ninguno me pertenece y el relato es totalmente ficticio.
46. Under the water.
Sábado 24 de Septiembre de 2016.
Nueva York.
Pasaste: Del verbo pasar, sinónimo de olvidar. O al menos en su mundo.
La había borrado por completo. Ya nada de ella quedaba dentro, solo una pequeña señal en su cuerpo en forma de alguna cicatriz. En vano era intentar que se quedara cuando jamás lo deseó de tal modo, inclusive ni siquiera había pensado en entrar por un minuto.
¿A que se debía tanto miedo? ¿A ella? ¿A si misma? ¿A lo que pudiese pasar?
Aún padecía el dolor que su despedida había generado. El temor en sus ojos, el vacío en su mirada. Esa vulnerabilidad que lograba generarle cuando nadie más podía hacerlo. Ella, que todo lo llenaba de vida, se llevó la ajena con simples palabras.
¿De que servía que siguiese ahí? Caminar por esas calles desconocidas sin saber hacia donde ir, tampoco servía. Ya nada traería de vuelta lo que algún día fue. O a lo mejor, lo que jamás alcanzó a serlo.
Pasaste: Del verbo pasar, sinónimo de olvidar. Aunque para sus adentros rogaban que también fuese un sinónimo de volver a empezar.
Para Santana, sin dudas lo era. Verse vestida de ejecutiva, con lentes, un auto último modelo y dueña de su propia empresa, la llevaban a entender que ese era un volver a nacer.
Siempre buscó esa vida llena de esperanzas, en la cual no todo tenía porque salir bien o mal, pero en la que al menos había una razón por la que luchar.
Y esa razón se encontraba frente a sus ojos.
Queens no era el mejor sitio para frecuentar a solas pero debía hallarla. Debía dar con ella después de un año y dos meses. Quizás no la recordaría, quizás la odiase inmensamente, quizás. Para poder seguir hacia adelante debía transformar esa duda en certeza.
Hay cosas en la vida que simplemente no son para uno, o no estás predestinada a obtenerlas. Acontecimientos que se cruzan en el camino y aún sabiendo que te pertenecen, los dejás ir.
Ese destino caprichoso que sitúa miel sobre tus labios jugando con tus ilusiones para luego arrebatarlas y hacerlas añicos sin piedad. Ese juego absurdo donde enamorarse es el tópico principal y los sentimientos son los medios para llegar a él. Esa negativa a progresar, a abandonar el mundo que siempre te rodeó.
Esa necedad de creer que los ciclos no se cierran y pueden perdurar por años.
Las etapas de la vida así lo determinan, aunque circules por ella de forma tambaleante. Santana ya no jugaba a enamorarse. Hacia tiempo que jugaba a soñar y, de una vez por todas, convertir esos sueños en realidad.
Hoy su vida dependía de ella. Y se dirigía hacia donde el corazón indicaba: Brittany.
Verla deslizarse por esas rampas junto a su skate era una imagen que lograba llenarla de vida. Era esa pieza faltante para que su felicidad fuese absoluta. Apreciarla, analizarla, disfrutarla al verla reír a carcajadas sin tapujos. Eso era lo que quería para ella.
Ella lo era.
Brittany concluyó un truco y se detuvo en la superficie de la rampa. Varios skaters se acercaron a chocar sus manos en señal de aliento y múltiples carcajadas se hicieron oír. Retirando los mechones de su rostro, volteó sobre su eje para esperar su nuevo turno y ahí la vio. A lo lejos, distante y temerosa. ¿Sería ella? Después de todo, hacia más de un año que no sabia de su persona.
Descendió de la rampa y sobre el skate se deslizó hacia aquella mujer, sin retirarle los ojos de encima. Estaba vestida inusual y ese aspecto era lo que la plagaba de dudas.
¿Santana? – Indagó deteniéndose frente a ella.
Sonrió de medio lado. - ¿Tenés tiempo para un café? – Elevó la mano sujetándolo. – Más leche que café con tres cucharadas de azúcar… - Desvió la vista. – Aún lo recuerdo.
Eso veo… - Miró hacia el piso, sonrojada.
El sol de la tarde de ese cálido y tenue otoño las acompañaba a la vera de la acera. Sentadas en el bordillo que la conformaba, disfrutaban del café que ambas compartían. Santana observaba hacia el horizonte, mientras Brittany jugaba con el skate en sus pies.
El silencio coronaba aquel rencuentro. Silencio incapaz de silenciar las pupilas enamoradas de la latina, quien de reojo analizaba cada gesto al natural de esa mujer junto a ella. Su mujer.
¿Qué? – Consultó Brittany luego de un sorbo. - ¿Qué pasa? ¿Qué tengo?
Meció el rostro con timidez y sonrió. - Nada, solo… Solo te miraba. – Volvió su visual al frente. - Estás… Distinta.
¡Normal Sista! – Dejó escapar una carcajada. - Pasó un año y dos meses... La gente cambia.
Sí, eso lo tengo en claro... Pero hablaba de algo más además de los años. – Inspiró profundo. - Algo en vos, dentro tuyo... Estás... no lo sé, ¿Más madura? – La observó.
Elevó los hombros, desinteresadamente. - Puede ser, dentro de un mes cumplo los veintiuno.
¿Ya?
Claro, tenía 19 en la gira… Terminó en julio, los cumplo en octubre. – Enarcó las cejas. – Generalmente después de Septiembre, llega ese mes… Ya sabés.
Santana guardó silencio y miles de recuerdos la golpearon. Buenos, malos, magníficos, desagradables, repetibles, ingratos, de todas las variedades posibles pero con algo en común: Imborrables.
Nuevamente sonrió. - Igual hay cosas en vos que no cambian... Y creo que nunca lo harán.
Brittany, simplemente, agachó la cabeza evitando demostrarse sonrojada. - ¿Y vos? ¿Qué tal te fue? ¿Qué hiciste en este tiempo? – Analizó su aspecto. – También estás cambiada.
Bebió un sorbo y meció la cabeza a modo de afirmación. - Compré el bar.
¿Qué bar?
Resopló. - El bar, Britt... ¿Junto con este cambio te hicieron una lobotomía? – Notó el desconcierto en el rostro de la skater. – Donde trabajaba.
Oh... ¡Oh! – Gritó al memorizar. - ¡El bar! ¿Y porque ese bar mugriento? – Frunció el ceño. - Podías haber comprado uno mucho mejor, ganamos dinero suficiente.
No es más mugriento y será la envidia de todos los bares de Nueva York. – Se autoconvenció. - Simplemente, lo quería... Más allá de todo lo que tardé en obtenerlo.
¿Tardaste mucho? ¿No te lo querían vender? No me digas que peleaste con el tipo ese… No merecía la pena, era un maldito frustrado y fracasado. - Fue interrumpida.
¡Claro que lo quiso vender! – Contuvo la risa. - Nadie en su vida le pagaría lo que yo le pague por él... Si se venia a pedazos. – Carraspeó y recordó los detalles. - Tardé unos meses en conseguir los papeles del traspaso... Ya sabes, deudas del dueño anterior y esos papeleríos de los que se encargó mi abogado. – Retiró unos papeles del traje. – El mes que viene lo abrimos, por eso vine.
¿Para que te ayude a cortar el cordoncito de inauguración? – Sujetó la invitación entregada. - ¿Como estrella principal?
Rió estrepitosamente. - No, solo... – Carraspeó y recobró la seriedad. - Solo quería invitarte personalmente.
¿Y como se supone que me encontraste?
Contactos...
La miró en silencio y generó una mueca con los labios. - Cierto, ahora sos una importante mujer de negocios.
Esa carcajada simultánea las infundió de una complicidad que creían inexistente. Los años matan a la rutina y estar juntas se había vuelto una. Después de tanto tiempo, después de seguir con sus vidas, ninguna imaginó conectar de tal modo con la otra.
Se observaron por un instante hasta que Brittany carraspeó y desvió su atención hacia el skater.
¿Sabés algo de Lucy o Rach?
Negó con el rostro. - Con Lucy no volví a hablar y con Rachel... – Generó una pausa seguida de un suspiro. - Rachel se fue a Los Ángeles.
¡Estamos en vivo transmitiendo desde el Aeropuerto "J.F.K." lo que es el regreso de una eminencia para nuestra ciudad! Rachel Berry vuelve a Nueva York luego de separarse de la banda que la lanzó al estrellato. – Corrió hacia ella. - ¡Señorita Berry!
Rachel observó al periodista y le regaló una sonrisa a la cámara. Miles de flashes la cautivaron y encandilaron junto a cientos de preguntas.
Señorita Berry, ¿Cómo fue el vuelo de vuelta a Nueva York?
Señorita Berry, ¿Está nerviosa por su nuevo disco?
Agradezco a todos los presentes, como sabrán, esta noche me estaré presentando en el show de David Letterman, por lo que pido comprendan mi apuro. – Se mostró apenada.
Varios guardaespaldas la rodeaban, mientras con delicadeza le indicaban el camino correcto hacia la limusina. Escasos segundos donde el barullo, los flashes y el trajín comenzaban a enloquecerla. Jamás imaginó esa repercusión, como jamás imaginó que después de un año todavía hubiese alguien capaz de recordar su pasado.
Señorita Berry, ¿Supo algo de sus ex compañeras de banda?
Se detuvo en seco y miró al entrevistador. Troian, quien caminaba detrás suyo, la empujó dentro del auto sacándola de ese ensimismamiento en el que había ingresado de forma repentina.
¡No más preguntas! – Chilló antes de subir al auto. – Gracias por su tiempo.
Troian... Creo que hablamos muchas veces sobre esto. – Presionó el entrecejo. - No sos mi manager, ni siquiera sé porque demonios estás acá. – Sonrió por la ventana polarizada y saludó con amabilidad. - Soy agradable con los periodistas, ¡Están haciendo su trabajo!
Estoy acá porque, por si no lo recordás, tenés un contrato de exclusividad con la "Rolling Stones". – Indicó al chofer que arrancase. - Fue mi ganancia por haber sido intermediaria, demasiado que cedí con el asunto de la entrevista con David.
Rachel la miró por un instante y de inmediato giró su rostro hacia el cristal. Bienvenida a casa, Rachel Berry.
¡Guau! – Exclamó Brittany absorta. - Así que la morocha se nos fue para arriba
Santana afirmó con el rostro. – Así parece, o al menos así lo dicen las revistas y canales de televisión.
Cada una sujetaba el vaso de plástico que contenía el café que degustaban. Cada una siendo una sin rastros de lo que un día intentó ser un "nosotras". Cada una ensimismada en sus pensamientos sin reparar en su par.
Cada una en su mundo.
Entonces... – Irrumpió Santana. - ¿Vendrás?
¿A dónde?
Al bar...
¡Ah! No lo se... Estoy bastante complicada. – Humedeció los labios. - Estoy preparándome para una competencia mundial. – Carraspeó. - Y tengo a los chicos y… Eso.
Frunció el ceño. - ¿Competencia mundial?
Sí, de skate. – Sonrió para sí misma. - Estoy entrenando, es en tres meses pero... Debo estar preparada, es importante. – La miró con dulzura. - Es una gran oportunidad para mí.
¿Y tu familia que dice? – Se focalizó en las pupilas sinceras de Brittany. - Creía que... Bueno, que ellos no lo aceptaban. ¿También mentiras en esto?
En un mes seré mayor de edad y puedo marcharme... Posiblemente me saquen del testamento pero me da lo mismo, de todas formas pensaba renunciar a él. – Explicó, golpeando suavemente el vaso. - Tengo ahorros, todavía no toqué el dinero de la banda.
Deberías venir de todos modos. – Retomó la conversación luego de analizar cada palabra. - Me genera ilusión que lo hagas... Podrías traer a tus amigos.
San… - Suspiró y esperó sentir la atención en ella. - ¿Podemos hablar claro?
Su mirada se focalizó en ella y en esos dedos entrelazados entre sí. El anular estaba vacío, sin marca aparente. Intacto.
Te sacaste el tatuaje...
Si, de eso exactamente quería hablar. – Dejó a un lado el café consumido y miró al frente. - Después de que nos separamos y de todo lo que dijimos en el vuelo, yo pensaba... Pensaba que vendrías a buscarme. – La miró de reojo. - O que querrías al menos saber de mí… Pero no lo hiciste.
Vos tampoco. – Arrojó con rapidez.
Yo hable primero, te toca explicarte.
Inspiró profundo. - No sabia como seguiría mi vida, no sabia nada de nada... Nos acabábamos de separar como banda, tenia dinero suficiente pero no sabia hasta cuando. – Buscó su mirada. - ¡Tenias 19 años Britt! Y me mentiste.
Sus pupilas se encontraron. - Sé que te mentí, pero te pedí disculpas y te dije... – Nuevamente miró al frente y una lágrima muda rodó por su mejilla. - Te dije que te amaba, ¿Y que hiciste? Nada… Como si fuese poco, pediste el divorcio.
No puedo estar casada con una menor y más siendo mujer. – Chocó las palmas contra sus muslos. - ¿Que dirían tus papás? ¡Estabas muerta de miedo! No me cargues culpas que no me pertenecen.
No te cargo nada. – Recobró la postura. - Solo te explico mis motivos.
¿Vamos a pelear? ¿Otra vez? ¿Como los viejos tiempos? – Se acercó a ella, endulzando el tono. - Acá estoy, después de todo ¿No? ¿Acaso esto no es suficiente?
¿Sinceramente? No. – Se apartó. - Porque pasó un año y dos meses, porque en mi vida ocurrieron muchas cosas, porque muchas noches me preguntaba donde estarías o que seria de vos… Si estarías bien, si estarías mal, si quizás estabas muerta... ¡Que se yo! – Presionó el ceño con dureza. - ¿Que pretendés? ¿Que seamos amigas? ¿Así, como si nada?
Enarcó las cejas. - ¿Estás en pareja?
¿Y eso porque te importaría?
Porque claramente mis intenciones no son de una amistad.
Silencio mutuo.
Silencio rotundo por parte de Brittany ante la sorpresa de tal confesión y silencio cómplice por parte de Santana a la espera de una respuesta favorable.
Respuesta que no llegaría.
Mira Britt, ahora estoy segura que puedo darte una vida digna, una buena vida. – Se adueñó de sus manos. - Ahora sé que puedo mantenerte como te lo mereces, sin arrepentirme de mi pasado, disfrutándote y viviendo el presente… Ahora lo sé, no hace un año. – Contuvo el llanto. - ¿Me condenarás de por vida por eso?
No te estoy condenando, solo me mantengo a salvo. – Nuevamente se soltó y situó de pie. – Estuve muy mal Santana, fue duro ver como todo desapareció de golpe. ¡Yo disfrutaba con la banda! Disfrutaba con ustedes, disfrutaba con... – Titubeó por un instante. – Disfrutaba con vos. ¿Y que pasó? Todo se esfumó.
Podemos recuperarlo... – Giró hacia ella. - Lo nuestro.
No me estás entendiendo. – Se alejó unos pasos. - Yo amaba a esa Santana, a la de hace un año, con sus marcas y cicatrices… Te amaba, golpeada, dolida, furiosa. ¡Me daba igual! Te quería igual, porque eras pura, real. – Dejó caer el skate al suelo y se dispuso a abordarlo. - No quiero una versión mejorada de vos misma… Me alegra saber que sos mejor persona, que tenés tu negocio y que las cosas te van bien… Me alegro, muchísimo, pero esto no es la mujer de la que yo me enamoré. – Generó una mueca y se dispuso a partir. - Lo siento, tengo que seguir entrenando… De todos modos siempre es bueno volver a verte.
El ruido de las ruedas sobre la acera le indicaba a la latina, quien aún permanecía de espaldas, como lentamente Brittany se alejaba.
Otra vez se iba. Otra vez se separaban. Otra vez, la alejaba de ella.
Sabés que no me cansaré de esperarte, ¿No? – Arrojó sin más y el ruido se detuvo.
Brittany giró sobre su eje, sin descender de la tabla y la miró. Santana también volteó y ambas se miraron con nostalgia. A lo lejos, respetando la distancia entre sus cuerpos.
Ahí estaré, en el mismo lugar, cada día, cada mes, cada año... Para cuando decidas volver. – Expresó tragando saliva con dificultad.
La skater afirmó con el rostro, generó una mueca con sus labios y continuó su trayecto.
A veces es preferible callar.
¡Bienvenidos una vez más! Esto es Late Night y como todos saben, mi nombre es David Letterman. – Sonrió hacia la cámara. - Hoy tengo el placer de presentarles a una de las bellezas más talentosas de Nueva York. Una estrella, una luchadora, un orgullo para esta ciudad… ¡Rachel Berry!
Aplausos, gritos y alaridos le daban la bienvenida al show. La puerta se abrió ante Rachel, quien con total sutileza y feminismo ingresó. Llevaba un vestido de gala sobradamente corto, dejando poco para la imaginación pero suficiente para cubrirla.
¡David! – Rió inmensamente al verlo. - Que bueno es estar de vuelta. – Lo abrazó con confianza.
Devolvió el gesto. – Es un gusto tenerte con nosotros, Rachel. – Incrementó la sonrisa comercial y se dirigió hacia los sillones. – Siempre es un placer disfrutar de tu presencia.
Ambos ocuparon sus respectivos lugares y David se hizo con el manojo de papeles sobre el escritorio.
Recién llegada de Los Ángeles, ¿No? – Indicó para romper la tensión.
Así es, hace prácticamente nada. – Explicó pausadamente. - La gente me recibió que da gusto volver. ¡Me malcrían! – Rió con jolgorio. - Estoy tan emocionada por estar acá.
Eso veo, nada que ver con la niña tímida que entrevisté hace poco más de un año. – Le guiñó un ojo coquetamente.
Son otras épocas… Uno crece, madura. – Efectuó una mueca. - El mundo te lleva a eso… Estar en Los Ángeles es la mejor experiencia de mi vida, codearme con grandes artistas como lo hago es mi sueño desde pequeña. – Inspiró profundo. - Ya sabes, desde grandes productores a increíbles cantautores… Uno jamás deja de absorber conocimientos de eminencias.
Asintió con el rostro tras cada palabra de la morocha. - Aún así... Fue algo arriesgado dejar un grupo de gran éxito como "The Pretty Reckless", que anunció su separación en este mismo programa, para comenzar una carrera como solista. – Generó una pausa comercial. - ¿Qué te llevo a tomar esta decisión?
Creo que los ciclos se cierran y nosotras habíamos cerrado uno. – Respondió como si se tratase de un discurso ya armado. - Si, sé que recién empezábamos y teníamos un futuro prometedor por delante pero a veces las cosas no son tan sencillas como uno cree… Hoy por hoy, puedo afirmar que mi decisión fue la correcta.
No lo pongo en duda, en Los Ángeles sos toda una estrella y fueron muy reconocidas tus presentaciones en varios locales de la ciudad. – Ojeó la siguiente pregunta. - ¿En qué se diferencia la Rachel solista de la Rachel de "The Pretty Reckless"?
Creo que no hay demasiada diferencia… Sacando los pantalones de cuero. – Todos rieron, incluyéndola. - Es otro estilo de música, si bien es rock, la forma de transmitirla es de otro modo. – Movió las manos intentando ser clara. - En la banda también componía y eran mis temas los que se tocaban pero la intensidad que puedo darles a estos, siendo solista, es impagable.
¿No componés ahora?
¡Claro! – Rió estrepitosamente. - Moriría si no lo hiciera.
¿Cuántos temas tuyos hay en este disco?
Todos, incluso los retoques y las revisiones están hechas bajo mi mirada… La música también ayudé a componerla. – Humedeció los labios. - Soy demasiado perfeccionista y me gusta saber que si algo triunfa es gracias a mí y si fracasa también lo es.
La observó por un instante, absorto. - ¿Ya te felicitaron tus ex-compañeras por tu inminente nuevo disco?
No. – Indicó con seriedad y carraspeó. - ¿Querés que te cuente en que me inspiro para componer?
David observó detrás de cámara, algo desorientado. - Bueno... Si querés.
Pienso en muchas cosas. – Comenzó, ensimismada. - Mi pasado, mi presente, mi futuro… Anécdotas, historias, fracasos, amores… - Fue interrumpida.
¿Cómo compones mejor? ¿Triste? ¿Feliz? ¿Melancólica?
Un cincuenta y un cincuenta entre triste y melancólica. – Se focalizó en él. - ¿Es una opción valida?
Claro. – Sonrió ampliamente. - Después de la separación de la banda y, tras ese artículo tan polémico en la "Rolling Stones", corrieron rumores de que mantuviste un romance con la guitarrista... Lucy. – Golpeteó los papeles. - ¿Cómo te afectó lo publicado y estos rumores?
Rachel palideció de repente y chocó nerviosa con los dedos en el sillón. Mala pregunta.
¿Podrían… - Carraspeó, prácticamente, sin aire. - ¿Podrían traerme agua?
Tráiganle agua a la señorita Berry. – Arrojó David hacia detrás de los decorados.
La asistencia fue inmediata, por lo que Rachel se ahogó en ese vaso ante ella. Valga la redundancia. Lucy, otra vez Lucy. Tanto tiempo sin oír de ella y nuevamente sus nervios le jugaban una mala pasada. Aún no la había superado y cada músculo en ella lo dejaban entrever.
Lo tomé como lo que son, rumores… - Carraspeó y situó el vaso a un lado. - Y sobre el artículo… No siempre todo es como los medios lo muestran, a veces algunas cosas pueden estar creadas con dobles intenciones.
Aclarado el asunto… - Incrementó la sonrisa. - ¿Con qué tema nos vas a deleitar esta noche, Rachel?
"Under the water" – Le devolvió el gesto facial. - Es el single del álbum que voy a estar lanzando mañana, un día muy importante para mí no solo por este hecho sino por lo que supuso en mi vida hace ya seis años. – Se situó de pie. - Digamos que... Que es un día dónde todo volvió a empezar... Al igual que en este caso.
El agua todo lo cura, todo lo limpia.
Un baño relajante después de un duro día de trabajo era la mejor manera de alejarse del estrés y la monotonía de lo cotidiano. Cuando cada día es igual que el otro y que el anterior y que el anterior al anterior, si no tenés unos minutos para vos mismo es prácticamente imposible no volverse loco. O, al menos, así pensaba Lucy.
Lentamente fue desprendiéndose de cada prenda de ropa mientras su bañera iba llenándose de ese líquido incoloro capaz de hacerla sentir como en casa. Lo único que lo lograba.
Distraídamente encendió el televisor en su baño y siguió con la preparación de su único momento de paz diario. Introdujo su mano en el agua y cerró el grifo al ver que ya estaba a su gusto.
Un pie, otro pie y se sumergió en el agua templada dejándose envolver por las burbujas. Cerró los ojos, con la mente completamente en blanco, e inspiró profundo.
Pero un nombre la sacó de su ensimismamiento.
Esta noche en directo y en exclusiva, ¡Rachel Berry y su single: "Under the water"!
Se movió rápidamente de manera casi inconsciente, como hacía siempre que escuchaba aquel nombre en cualquier radio o canal de televisión.
Abrió los ojos, buscó el control remoto para subir el volumen y vio ese rostro tan conocido pero igualmente hermoso. Sonriente, lleno de vida. Estaba preciosa, aún más de ser posible. Los Ángeles sin duda le habían sentado de maravilla. O, tal vez, alejarse de todo. Alejarse de ella.
Siguió mirando ensimismada la pequeña pantalla. Hipnotizada, inmóvil. Y esa voz, esa que tanto añoraba y con la que nunca más había vuelto a soñar desde hacía un año y dos meses, comenzó a cantar.
Lay my head, under the water
(Coloca mi cabeza, bajo el agua)
Lay my head, under the sea
(Coloca mi cabeza, bajo el mar)
Excuse me sir, am I your daughter?
(Disculpe señor, ¿Soy su hija?)
Won't you take me back? Take me back and see.
(¿No me llevás de vuelta? Llevame de vuelta y mira.)
Los ojos de Rachel se clavaron en la cámara y Lucy pudo sentir como algo que creía olvidado se rompía en su interior. Una congoja, una presión llena de fantasmas añejos, la golpeó de nuevo.
Esta vez con más fuerza, penetrando en cada uno de los músculos de su maltrecho y dolorido cuerpo. Sabiendo, conscientemente o no, que cada letra de ese tema compuesto iban hacia su persona.
There's not a time, for being younger
(Ya no queda tiempo para ser más joven)
And all my friends, are enemies
(Y todos mis amigos, son enemigos)
And if I cried unto my mother
(Y si pudiese llorar junto a mi madre)
No, she wasn't there, she wasn't there for me
(No, ella no estaba, ella no estaba ahí para mí)
Don't let the water drag you down
(No dejes que el agua te arrastre hacia abajo)
Lucy sintió como su rostro se volvía húmedo por algo que, sin duda, no era agua. Lagrimas incontrolables rodaban por sus mejillas transmitiendo en su mutismo la pena que intentaba aplacar. Sin más, cerró los ojos y sumergió su cabeza en ese elemento capaz de transportarla a tiempos mejores.
De nada servía secarse, de nada servía intentar remendarse. Ya de nada servía cualquier intento.
Don't let the water drag you down
(No dejes que el agua te arrastre hacia abajo)
Cantó Rachel cerrando los ojos. Una mirada, un verde esperanza, una sonrisa llena de calidez llegó a su mente de inmediato.
Sin duda esa canción la había escrito para ella, como cada una de las que integraban el disco, como cada cosa que salía de sus dedos cada vez que tenía un bolígrafo y una hoja en blanco.
¿A quien quería engañar? Jamás la olvidaría. Lo había intentado, con todas sus fuerzas, sin embargo ese esfuerzo parecía en vano.
Broken lines, across my mirror
(Líneas rotas a través de mi espejo)
Show my face, all red and bruised
(Muestra mi cara toda roja y con moretones)
And though I screamed and I screamed, no one came running
(Y aunque gritaba y gritaba, nadie vino corriendo)
No, I wasn't saved, I wasn't safe from you
(No, no estaba a salvo, no estaba a salvo de vos)
Don't let the water drag you down
(No dejes que el agua te arrastre hacia abajo)
Don't let the water drag you down
(No dejes que el agua te arrastre hacia abajo)
Don't let me drown, don't let me drown in the waves
(No dejes que me ahogue, no dejes que me ahogue en las olas)
I could be found, I could be what you had saved
(Puedo ser encontrada, puedo ser lo que habrías salvado)
Suspiró y dio paso a que la música hiciese lo suyo. Venia la estrofa con mayor intensidad de todo el tema.
Saved, saved, saved
(Salvado, salvado, salvado)
Gritó Rachel desgarradoramente y, automáticamente, Lucy salió del agua casi sin poder respirar.
¿Qué había pasado? ¿Qué había hecho? ¿Pretendía ahogarse a sí misma? ¿Quería volver de nuevo a esos cinco segundos de ensueño?
Con las manos temblorosas buscó el control remoto del televisor y apagó esa voz que la había traído de vuelta a una realidad que quería dejar atrás de forma casi obsesiva. Ese amor, esa mujer, estaban llevándola al borde de la locura.
Rachel, completamente quebrada, seguía emitiendo cada palabra aferrada a ese micrófono como si su vida dependiese de ello. Tal vez porque así lo hacía.
El sonido de una guitarra hizo que viajara a tiempos no tan lejanos pero que así lo parecían. Una guitarra que no era tocada por sus manos, una guitarra que no la portaba esa hermosa mujer a la que añoraba con cada fibra de su ser.
De nuevo cerró los ojos. No quería ver, solo quería terminar esa canción de una maldita vez y huir.
Lay my head, under the water
(Coloca mi cabeza debajo del agua)
Aloud I pray, for calmer seas
(En voz alta ruego por calamidades)
And when I wake from this dream, with chains all around me
(Y cuando me despierto de este sueño con cadenas alrededor de mí)
No, I've never been, I've never been free
(No, nunca fui, nunca fui libre)
Lucy, aún con el pelo mojado por aquel baño que lejos había estado de ser relajante, tomó una muda deportiva de su armario. Vistiéndose rápidamente como si tuviese prisa por salir de ese apartamento, se puso sus zapatillas para correr, se adueñó del Ipod y, metiendo las llaves en el bolsillo, cerró de un portazo.
Necesitaba aire, necesitaba oxígeno, necesitaba callar esas voces que esta vez no provenían de labios ajenos sino producto de sus propios pensamientos. Necesitaba correr.
No, I've never been, I've never been free
(No, nunca fui, nunca fui libre)
Rachel abrió los ojos y sintió como las lágrimas finalmente rodaban por sus mejillas.
Olvidado, creía que la había olvidado. Sin embargo su recuerdo estaba más presente que nunca.
No, I've never been, I've never been free
(No, nunca fui, nunca fui libre)
Millones de aplausos sucedieron el silencio generado por su voz al finalizar la canción. Detrás de cámara, su equipo se encontraba igual de eufórico que los espectadores.
Aquel camerino lleno de personas que poco le importaban y que nada decían que pudiese resultar de su interés, comenzaba a asfixiarla.
¿Qué le había pasado? ¿Por qué se había roto de esa forma? ¿Por qué de nuevo? ¿Acaso no lo había superado? ¿No había encontrado la felicidad en su nueva vida?
Volver a Nueva York había hecho que viejos fantasmas la llevasen a tiempos donde el dolor y el desconcierto gobernaban su vida. Tantos kilómetros recorridos intentando hacerla desaparecer y aún podía recordarla de forma clara y perfecta.
A Lucy. A esas alturas, ya prácticamente no había ni rastro de Quinn.
Dos personas que eran una sola. Una sola persona que había hecho de sus pensamientos su propio reino.
Tomó su bolso y, sin decir absolutamente nada ni a su manager ni a ninguno de los que allí se encontraban, salió por la puerta sin saber exactamente a donde ir.
Creía haberla borrado por completo. Pensaba que ya nada de ella quedaba dentro suyo, a lo mejor solo una pequeña señal en su cuerpo en forma de alguna cicatriz. Sin embargo, por mucho que le doliese reconocerlo, estaba lejos de ser así. Necesitaba huir, necesitaba agua, verdadera y no en canciones, que sanase sus penas.
Pasaste: Del verbo pasar. Una vez más, sinónimo de volver a suceder.
