Disclaimer: Obviamente, todos los personajes –excepto unos pocos- pertenecen a Stephenie Meyer. Yo sólo echo a volar la imaginación, disfrutando con el universo que ella ha creado.

Advertencia: No leer en horas de oficina...


Capítulo Cincuenta: "Como Último Recurso"

Pv Edward

Podía notar la tensión a mi alrededor, y la comprendía perfectamente. El viaje en barco había sido algo más largo de lo que habíamos pensado en un principio, y la tonalidad púrpura de nuestras ojeras clamaba a gritos por una buena y saciante caza.

Yo tenía aún más motivos para preocuparme. Como si la sed no fuera suficiente, nuestra indefensión añadía a mi mente otro punto más de ansiedad. Sedienta, Alice no podía concentrarse en sus visiones, y a mí me costaba más leer las mentes. Habíamos abusado del don de Kate, y no me hacía falta preguntarle a Bella para saber que su escudo sería más débil. No en vano, ella debía sentir aún más sed que nosotros, en pleno proceso de reacostumbrarse a la sangre no humana.

- Edward, relájate.- me llamó la atención Jasper cuando atracábamos.- Vas a levantarme dolor de cabeza.

Jasper. Él se habría visto invadido por mi desasosiego, sin poder aliviarlo como normalmente. Cerré los ojos y pellizqué el puente de mi nariz respirando hondo, y con la mirada de Bella atravesándome sin piedad.

- Edward.- oí a Alice.

Abrí los ojos y suspiré.

- De acuerdo. Garrett, Kate, id a por nuestros invitados. El resto iremos al garage a por los todoterreno. Cuando lleguemos a la casa, nos dividiremos y formaremos las partidas de caza.- instruí.

- Vamos, preciosa.- oí a Garrett a mi espalda.

Tomé la mano de Bella y tiré suavemente de ella para descender al muelle, tenuemente iluminado por las primeras farolas del atardecer. Ni bien habíamos avanzado unos metros, cuando sentí a Alice frenar en seco, y Bella apretó mis dedos en una presa férrea que me heló por dentro.

- ¿¡Qué demonios! ¡KATE!- bramó entonces la potente voz de Garrett.

Giramos en redondo en dirección al yate, y cuando vi la neblina cubrir los alrededores, creí que mis ojos saldrían de sus órbitas y el corazón huiría por mi boca. Poco me importó oír el chapoteo, porque cuando traté de acelerar la carrera, zafándome de la mano de mi princesa para estrecharla contra mi cuerpo, su voz casi me lo dijo todo.

- ¡NO ME SUELTES!- gimió asustada.

Jasper y Emmett abordaban ya el barco, cuando Kate afirmó desde el interior que estaba bien.

- ¿Bells?

- ¿Mamá?

- Bella, mírame.- supliqué, desoyendo a Jacob y a mi hija, con el rostro de la cautiva de mi mente entre mis manos.

- No me sueltes…- gimió ella nuevamente, temblando como una hoja.

- ¡Alice!, ¿Dónde vas?

- ¡Ayúdame, Rose!

- ¿Mamá? ¿Qué te ocurre?

Iba a volverme loco con todo ese caos alrededor, el grupo desperdigado, otros dos chapoteos más a un lado del yate, las voces de Kate y Garrett diciendo: "No están", y su delicado cuerpo violentamente estremecido ante mis ojos.

- Jake, llévatela y no la pierdas de vista.- acerté a ordenar, mientras clavaba los ojos en una aterrorizada Bella y en sus ojos puro azabache.- Bella, Bella, concéntrate en mí…

Tenía los puños tan apretados que no dudaba que tenía que estar clavándose las uñas en sus suaves palmas. A mi alrededor, Jake sujetaba a Nessie intentando cumplir mi encargo, y Alice llamaba a los chicos desde el agua… ¿Desde el agua? Capturé los labios de Bella en un intento desesperado por paliar su angustia, y ser de alguna utilidad intelectual para mi familia. Cuando sus labios respondieron al reclamo suspiré, liberado de la carga emocional que me había aplastado en un miserable instante.

- ¡Mierda!- exclamó Jasper.

Aquella blasfemia proveniente de los labios del siempre correcto Jasper me sacó de mi nube.

- Pero ¡¿Qué demonios?- preguntó Jacob, aturdido.

Tomando con firmeza a Bella de la cintura, nos hice girar en dirección al revuelo, y abrí los ojos. Bella ahogó una exclamación ante la absurda escena que se desarrollaba frente a nosotros. Alice y Rose aparecían empapadas mirando el cuerpo inerte de Claudia, rodeada de un charco de agua, que escurría de ella. Jasper comprobaba sus signos, mientras el resto no dábamos crédito a lo que veíamos.

- ¿La ha eliminado?- pregunté atónito.

- No.- respondió muy seguro mi hermano.- pero no tenemos mucho tiempo. No puedo creer que lo haya hecho… Garrett, hay que llevarla dentro.

Estreché aún más fuerte a mi esposa, mientras Garrett tomaba el cuerpo de Claudia y volvíamos al interior del yate.

- Esto es… Estoy… ¿Qué ha ocurrido?- pregunté anonadado, cuando la tumbamos sobre un sofá.

- ¿Mamá está bien?

Mi niña…

- Tiene sed, mi ángel.- aclaré, besando lo alto de su cabeza.- Hay demasiados corazones latiendo ahí fuera, y se ha visto sobrepasada. Siento no haber podido ayudar…

- Tonterías, Edward. Yo habría hecho lo mismo…- desechó Jasper.- Aún estamos a tiempo. Es increíble que lo haya hecho…

- ¿Hacer qué?- preguntó Emmett.- ¿No se la ha cargado? Porque a mí me parece… ¡Ouch! ¡Rose!

- La ha drenado.- contestó mi hermano.

- ¿Drenado? Tenía aún más que nosotros…- intentó razonar Garrett.

- Exacto. Todo su torrente era ponzoña.- contestó Jazz, o para ser más precisos, el Mayor Whitlock.- Apenass lo he experimentado un par de veces, debe ser el último recurso.

- Explícate.- rogué.

- Una sobredosis de ponzoña multiplica momentáneamente las fuerzas de un vampiro, es el equivalente a un subidón de adrenalina. Pero es extremadamente doloroso. Es como si el fuego te consumiera por dentro, abrasándote. En realidad no me extraña que la guardia Vulturi conozca el efecto, pero esto significa que debemos darnos prisa. Alec ya debe haber asesinado sin contemplación para recobrar la cordura, y si no queremos cabrear a Aro, Claudia necesita beber ya.

- Rose: Jacob, Nessie y tú os quedáis aquí con Claudia.- indiqué.- El resto nos vamos de caza.

- ¿Por qué ella?- protestó Emmett como un niño pequeño.

- Por Dios, Emmett… - me quejé, indicándole a Bella que abandonábamos de nuevo el barco.- Es increíble que tenga que volver a explicarte que estamos todos sedientos y que tu mujer es la única de entre nosotros que no ha probado jamás la sangre humana? Te compensaré.

- Edward, yo no puedo volver ahí fuera.- gimió Bella.

- Puedes y lo harás, amor mío.- la contesté, acariciando su nuca con mi nariz, y empujándola con decisión a caminar hacia la escalinata.

Todo mi interior se estremecía deliciosamente cada vez que Bella suspiraba con mi roce. Oí a duras penas la risita traviesa de Alice, mientras avanzábamos por el muelle. Yo también podía perderme en el aroma de la diosa a la que estaba engañando nada sutilmente para que siguiera caminando en dirección al garage de Irene.

- Perdóname, amor mío.- le susurraba mientras nos alejábamos del yate, nuestros dedos entrelazados alrededor de su cintura.- Debí prever que esto podía pasar, y te prometí que te ayudaría, que no permitiría que flaquearan tus fuerzas… Posees el alma más hermosa y pura de cuantas haya conocido, y haré cuanto esté en mi mano para que siga siendo así…

- Pero Edward, yo ya…- protestaba ella débilmente, mi aliento soplando suavemente detrás de su oreja, mis labios acariciando su lóbulo con el más leve de los roces.

- Shshshshh, no decidías tú, mi amor. Nunca quisiste hacerlo.

Me estaba sometiendo a una dulce tortura, seduciéndola implacablemente con tímidas caricias, regalando sus oídos con tiernas palabras impregnadas de mi adoración por el ser que suspiraba entre mis brazos. Iba a perder la poca cordura que me quedaba, porque sabía que no podría alejarla del resto y hacerla mía en los próximos minutos, como anhelaba con todo mi ser.

Oí gemir a Jasper en un par de ocasiones, mientras nos abríamos paso entre la gente. Pobre. Emmett bufaba incómodo y Alice había sacado de alguna parte una revista, que Jasper usaba para esconder su contagiado entusiasmo, ese que yo protegía estupendamente de miradas indiscretas, refugiado a la espalda de mi encantadora perdición.

- ¿Quién es Irene?- preguntó Bella, flotando en su propia nube.

- Es una muy larga historia. Casi tan larga como la de este país…- contesté.- Baste decir que es una muy buena amiga de Carlisle y Esme, y que cuida brillantemente de nuestras posesiones griegas.

Al llegar al callejón, Bella volvió a tensarse ligeramente, por lo apartado del lugar. Sonriendo, la conduje hasta la puerta del recinto y deslicé la yema del dedo por el camuflado lector de la pared, para que Bella pudiera ver el láser funcionando.

- ¡Ay, mi madre…!- musitó exactamente igual que la primera vez que la traje aquí, cuando la puerta nos permitió el acceso al edificio.

- Kalosorisma, Edward.- llegó su nítida voz hasta nosotros.

- Efeheristíes, Irene.- respondí.

- Isabel, ¡cuánto me alegro de te que hayas reunido con tu familia!- se dirigió a Bella, quien se removió mirándome con curiosidad.

- Irene siempre te ha llamado así, mi amor.- aclaré, divertido.

- Irene, ¿tienes lo que te pedimos?- preguntó mi hermana, mirando la bolsa que portaba nuestra amiga.

- No me habéis dado mucho tiempo, Alicia, pero sí. Aquí tenéis.- contestó ella, tendiéndole la bolsa.- ¿Puedo preguntar para qué queréis esto?

- Cuanto menos sepas, querida Irene, mucho mejor.- respondí derrochando sinceridad.

- Edward Cullen, siempre metiéndoos en líos.- medio reprochó ella, dando un atisbo de su verdadera edad.- Emmett, tu juguete está a punto.

El brillo de los ojos de Emmett no tenía precio cuando agarró al vuelo las llaves de su adorado Hummer. Destapó el vehículo de un solo tirón de la funda que lo cubría y se arrodilló teatralmente, abrazándolo.

- ¿Me echaste de menos, pequeñín?

La risa de Bella inundó el local, mientras ambos meneábamos la cabeza con incredulidad.

- Debemos irnos, Irene. Solo será por un par de horas o así, y seremos libres para ir a casa y charlar.- me justifiqué.

- Os esperaré allí, entonces. Y tendré todo dispuesto…

- ¿Todo?- traté de corroborar, incapaz de resistirme ante lo que aquello significaba.

- Todo.- insistió Irene.- Antío.

Un amplio todoterreno, siete personas. Y mi doloroso desvelo sentada en mi regazo. Todos mis músculos estaban en tensión por la anticipación de la caza, y por los botes que estábamos dando en nuestros respectivos asientos, gracias a la insistencia de Emmett en coger todos y cada uno de los baches de la carretera.

- Emmett…- gruñí por enésima vez, al sufrir una vez más el roce de su calor entre mis muslos.- ¿De veras tienes que pasar por encima de cada imperfección del camino?

Por toda respuesta, nos atronó con una sonora carcajada, y tomó otro de esos deliciosos agujeros del asfalto. No tenía que leer su mente para saber que se estaba vengando por haber tenido que dejar a Rosalie en el yate.

- Lo siento, Ed, en serio… Pero cuando Kate está sedienta, pierde un poco el control y da calambres sin pretenderlo… Mejor a un lado que entre mis piernas.- pensaba Garrett mortificado.

- Totalmente de acuerdo contigo, Garrett.- admití, algo estrangulado solo con el pensamiento de esa posibilidad.

Por su parte, Jasper había conseguido apaciguar un poco su ánimo con mayor fortuna que un servidor, Alice se concentraba en localizar algún rastro apetecible, y Bella… Bella lucía una enigmática sonrisa, de esas que me obligan a hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para no inmiscuirme en su mente y averiguar en qué está pensando.

- ¡Bella!- gemí, incapaz de controlarme con el último bachecito sufrido en mis más que sensibles carnes, máxime cuando mi diablilla personal decidió rectificar su posición para pegarse algo más a mi cuerpo.

- Lo siento…- musitó, mordiéndose el labio inferior.

Fui incapaz de contener mi ronco gruñido en respuesta a su minúscula y efectiva picardía cuya intención corroboró Alice, riéndose de forma nada disimulada de mi placentero sufrimiento.

Por suerte para mí, Emmett ya se había adentrado en el bosque, y unos pocos tortuosos minutos después, aparcaba casi con brusquedad en mitad de la foresta.

- ¡El oso es mío!- exclamó Emmett cogiendo al vuelo el recipiente que le lanzó Alice, y desapareciendo casi al mismo tiempo que el resto de los ocupantes del coche, menos nosotros dos.

Y no porque yo no deseara saciar mi sed, sino porque la mano que Bella había extendido sobre mi pecho, literalmente me estaba abrasando.

- ¡Dios!- gemí al darme cuenta de que su postura había cambiado, y ahora se encontraba sentada a horcajadas en mi regazo, cara a cara.

- ¡No en mi coche!- nos llegó el grito de mi hermano, en el mismo momento en que mi osada Afrodita me susurraba al oído:

- Nosotros tenemos otro asuntillo más urgente…

- Sigue soñando, Emmett.- gruñí, atacando sin piedad el cuello de Bella, mientras sus manos se ocupaban con presteza de mis pantalones, y yo jadeaba mi excitación.- Lo siento, princesa, pero esto va a ser demasiado rápido.

- No dudo que en otro momento me lo compensarás.- contestó ella, igual de apurada, alzándose lo suficiente para que yo deslizara sus ropas por sus suaves y tonificadas piernas con absoluta comodidad, gracias a la postura.

- Si tú mancillas mi piano, no esperes que yo respete tu adorado Hummer…- jadeé sobre la piel de Bella.

Si ya me había embriagado el aroma de su piel de alabastro y de sus cabellos durante el camino al garage de Irene, el que descubrí al desnudarla de cintura para abajo me enardeció, golpeándome con contundencia. Ahogué el rugido apresando con urgencia la boca de Bella, y sostuve férreamente sus caderas entre mis manos, sintiéndome estallar en el mismo instante en que su calor me rodeó finalmente.

Sin otra palabra que la que gritaban mis ojos clavados en los suyos, me deslicé hacia delante lo suficiente para que Bella me rodeara con sus piernas y me permitiera marcar mi propio ritmo, hundiendo sus manos entre mis cabellos.

No importa la urgencia que nos quemaba unos minutos antes. En el mismo instante en que nuestras bocas volvieron a fundirse, mi cuerpo recuperó su paz, y mi cerebro envió a mis brazos las órdenes de disfrutar de nuestro momento, de dilatar al máximo el tiempo entre sus brazos.

Una única estocada, lenta, profunda, sirvió para que todos nuestros movimientos se ralentizaran al unísono, iniciando una lenta tortura de nuestros sentidos. Nuestras miradas se sumergían en la del otro, nuestras bocas separadas jadeando alientos entrecruzados, mientras nuestra unión se deslizaba perezosa, estimulando cada pliegue de nuestra piel.

- Llevas demasiada ropa encima.- apunté, resbalando unos segundos mis manos por su deliciosa espalda, mientras ella continuaba con el ritmo que yo le había marcado.

- Yo podría decir lo mismo.- gimió ella cerrando sus ojos por un instante, amplificando la sensación.- Pero creo que no te gustaría la reacción de Emmett recién alimentado si nos pilla profanando a su pequeñín…

No se limitó a insinuarme esa desagradable posibilidad. Mi pícara diablesa se elevó lo suficiente sobre mi regazo, apretó sus ya de por sí estrechas paredes y bajó hasta el fondo sin previo aviso, dejándome en el filo y sin aire en los pulmones. Y no solo eso, sino que sus caderas cobraron vida, estableciendo el ritmo concreto para sonsacarme un gemido de auténtica lujuria que acompañó a la presa que mis manos hicieron contra sus nalgas, ayudándola a mantener el tiempo suficiente la enloquecedora fricción que nos haría estallar en muy escasos minutos.

Saciado, al menos en parte, porque podría pasarme la eternidad sumergido en su cuerpo, besé a mi diosa en el punto de su cuello donde hubiera latido su pulso, al mismo tiempo que la ayudaba a abandonar mi regazo.

- Amor, ¿estás segura de que aún no has recuperado la memoria?- insinué viendo cómo volvía a vestirse.- Esa forma de apretarte…

- Eres un mentiroso, Edward Cullen.- me espetó, empotrando mi espalda contra el cuero de los asientos del jeep.

- Tuya es la culpa de que nunca tenga suficiente de ti.- me defendí, creyendo que se refería a mi cambio de planes en cuanto a la velocidad de nuestro interludio.

- No, no…- canturreó en una felina posición, acorralándome y susurrando.- No es la primera vez que profanamos este intocable vehículo… Pero la última vez fuiste un poco más autóctono…

Mis ojos se abrieron de par en par milésimas de segundo después de registrar esa última frase, medio gemida, medio ronroneada a mi oído derecho, un jadeo antes de que saltara por encima de los asientos traseros y echara a correr hacia el bosque dejándome allí clavado… y nuevamente excitado.


A/N: ¡He vuelto!

Imagino que, después de siete meses y medio, este capítulo prácticamente pasará desapercibido... Algunas ya me dijeron que dejaban de leer esta historia porque estaba tardando demasiado en actualizar...

Yo prometí que terminaría esta historia -que tantas sonrisas y alegrías me ha dado-, y pienso cumplirlo.

Besotes a las que sigáis por aquí... Besotes y achuchones a las que además comentéis... y mis brazos bien abiertos para los que se asomen a esta aventura por primera vez.

Bella_Nympha.