John Stark estaba en su oficina, su reunión con el estado mayor había resultado bastante bien, estaban felices por los resultados preliminares del desempeño de los Lancelot Alpha, esperaban tener para el próximo año los Lancelot Beta en operación, además las naciones aliadas con Reino Unido habían tenido éxito en crear sus primeros prototipos de armaduras de combate anti-mágicas, probablemente en menos de dos años los principales países de la OTAN también tendrían sus propias unidades totalmente operativas, por otro lado el equipo de investigación mágica analizaba el horrocrux en la diadema, comparándolo con el anillo, una vez obtenidos todos los datos posibles serian destruidos, miró su reloj eran las 6 de la mañana, no había dormido en toda la noche terminando de revisar unos informes, pero por lo menos todo parecía ir bien por el momento, pero las tormenta suelen aparecer justo cuando el mar está en calma, una llamada desde el teléfono de su oficina sacó de la lectura de documentos al jefe del MI7.

-Stark al habla.

-Señor Stark, soy Ractok de la división financiera, desde hace una hora a empezado un gran movimiento en el banco, muchos magos sangre pura están viniendo a vender sus posesiones y lo sacaron todo.

-¿Como que todo?-

-Pues..TODO..hasta el último Knut, el banco puede que quede con déficit de un quinto del capital total si esto sigue así.

-Inyecte de inmediato más capital, no podemos permitir que la economía mágica se venga abajo, haga lo que sea necesario, quiero los nombres de todos quienes sacaron el dinero, en una hora me comunicaré con usted.

-Si señor.

John tomó su reloj presionó uno de sus botones y habló.

-Estamos en alerta roja, repito alerta roja, hay movimientos grandes de capital en el banco Gringotts, los principales sospechosos son familias sangre pura, todos a sus puestos de combate.

Esto le daba mala espina, cuando un barco se hunde las ratas son las primeras en huir, tomo su teléfono celular y llamó, esperaba que le hubiesen explicado como usar correctamente el aparato a quien necesitaba contactar.

-Director Dumbeldore, soy John Stark tenemos una emergencia...

David despertó, reconoció el techo, era su habitación, la luz del sol entraba por la ventana,a su mente volvieron rápidamente los recuerdos de lo que pasó hace unas noches atrás.

-Daniel...

Salió de su habitación, rápidamente fue a la habitación de Elizabeth, no la encontró a ella ni a su hermano, su nariz detectó un olor a fritura, le era muy familiar.

Bajó rápidamente por las escaleras, se dirigió a la cocina y vio una escena que muchas veces soñó, Daniel preparaba huevos fritos mientras Elizabeth miraba atenta.

-Aun no entiendo porque tus huevos fritos siempre te quedan tan deliciosos, llevo años intentándolo y nunca me quedan igual.

-Es un secreto familiar mi amor.

-¿Y por que no me lo dices?, soy tu esposa y por ende de la familia.

-Lo siento, es un legado que solamente se pasa a los varones de la familia, aunque si me das un beso puedo prepararte todos los que quieras.-dijo seductoramente.

Elizabeth quiso ponerse molesta con su marido, pero la mirada que le puso hizo que sus mejillas se pusieran coloradas como las de una quinceañera, no pudo evitarlo y se acercó a los labios de su marido, pero fueron interrumpidos por su cuñado.

-Aquí estaban, me preocupe de no verlos.

"Maldito seas David, siempre apareces en el peor momento".-pensó la mujer.

-Hola David, me alegra verte, espero que hayas descansado con tu siesta, te preparé huevos fritos estilo Anderson para la cena, ¿nos fuiste a buscar a la pieza nuevamente?.

-Si, sigo sin creerme que todo esto es real.

-Soy tan real como el sublime sabor de estos huevos fritos, no te preocupes hermanito, ya no te dejaré nunca más, ahora siéntate y come antes de que se te enfríen.

Justo David iba a probar un bocado cuando una cuchara le robó parte de su platillo.

-Hey, eso era mio!.

-Esto te pasa por interrumpirnos.-dijo la cuñada del muggle haciendo un puchero.

Daniel sonreía al ver la "discusión" entre las dos personas que más amaba en el mundo, seguía sorprendiéndole la habilidad de su hermanito para llegar he interrumpirlos cuando se querían poner "cariñosos", le sorprendía el haber tenido la suficiente intimidad para concebir a...Sofia...al momento del ataque él no sabia que su esposa estaba embarazada, cuando eran novios una vez hablaron sobre los nombres que les gustaban, fue él quien dijo que le encantaría ese nombre para una hija, el pensamiento de todo lo que tuvo que vivir su esposa sin él lo atormentaba.

"¿Como puedo ser un buen padre para una niña que no conozco?".

-Hey David, ¿me puedes hablar un poco más sobre Sofía?.

-Bueno, como ya habrás visto en las fotos es físicamente igual a Eli, excepto que tiene el color castaño de pelo de nosotros, es una excelente alumna y muy dulce como persona.

-¿Que cosas le gustas?, ¿que cosas no le gustan?.-dijo de manera un poco apresurada.

David vio un poco de temor en su hermano, los últimos días le habían hablado de su hija, pero parecía que no era suficiente, parecía que quisiera absorber casi 11 años en el menor tiempo posible.

-No te sientas culpable Dani, ella te quiere, nosotros siempre le contábamos historias sobre ti, te iba a ver a menudo al hospital.

-Lo se, me lo han dicho muchas veces, pero...me siento culpable de no haber estado junto a ella, ni junto a Eli o a ti, quiero hacerla feliz, pero tengo miedo de no ser el tipo de padre que ella espera que yo sea.

Las manos de Daniel temblaban un poco, tu tradicional sonrisa cambió a un semblante de preocupación, no sabia que decirle a su hermano, el tenia una relación cercana con su sobrina, pero no sabia que podría servirle.

-Nadie nos enseña a ser padres mi amor, tengo que admitir que fue duro para mi, pero fue tu amor lo que me mantuvo con la fuerza de voluntad para seguir, a medida que la veía crecer veía más y más de tu luz en ella, era un recordatorio constante de que no tenia que perder la esperanza, es normal que tengas miedo, pero ahora estamos juntos, se tu mismo, te darás cuenta de que ustedes dos se parecen mas de lo que tu crees, ella me contó que el sombrero pensó en enviarla a Slytherin, pero quiso ser una orgullosa tejona como su padre.-dijo Elizabeth mientras tomaba cariñosamente las manos de su marido.

-Eli...gracias, siempre logras animarme.

-Sabes que eres nada sin mi.-dijo alegremente.

-Podrías partir enviándole una carta primero, será más fácil plasmar tus ideas en escrito que hablando, al menos así tanto ella como tú estarán más preparados.-dijo David.

-Tienes razón, voy por pergamino y tinta.

Daniel empezó a escribir apasionadamente, no le gustaba lo que escribía y volvía a empezar, su esposa miraba divertida y le iba dando ideas, David por su parte miraba feliz la escena,luego de varios minutos la carta ya estaba lista, Elizabeth la ató a la lechuza de su familia y esta partió a Hogwarts.

-La recibirá mañana para el desayuno.

-Estoy seguro que le encantará Dani, no te preocupes.

-Ojalá así sea.

La familia se dirigió a la sala de estar, prendieron la televisión y buscaron una película, Elizabeth hubiese preferido una película romántica, pero los hermanos prefirieron una de acción, aunque siguiendo la tradición dejaron a David en el medio del sillón, así lo hacían cuando veían una película cuando era un bebe, Daniel notó que tanto su esposa como su hermano se quedaron dormidos, con un movimiento de su varita hizo aparecer una manta lo suficientemente grande para los tres, se acomodó y durmió abrazando a las dos personas que más amaba en el mundo.

Cerca de las seis de la mañana un ruido despertó a los Anderson, este venia desde David, este miró su reloj que brillaba con una luz rojiza.

-Oh no...-dijo el cazador número 7.

El director Dumbeldore y los profesores habían cancelado los exámenes finales, hecho que habría generado mucha felicidad en cualquier otra circunstancia, pero ahora un momento feliz, aún había muchos alumnos de Gryffindor en las tiendas de campaña, la torre de los leones aún seguía inutilizable como dormitorio, por lo cual los alumnos fueron trasladados a camas colocadas en las salas comunes de Hufflepuf, Ravenclaw y Slytherin, Neville Longbotton se había quedado durmiendo las últimas noches en la casa de las serpientes y para molestia de algunos sangre pura estaba desayunando junto a sus amigos en la mesa verde-plata.

-Maldito imbécil, me la pagará..¿quien se cree que es?.-dijo molesto Harry Potter mientras apuñalaba a su trozo de tocino.

-Harry deja de darle vueltas al asunto , el tipo simplemente fue superior a ti en esa ocasión.-dijo Tracey.

Pero las palabras de su amiga solo hicieron sentir más molesto a Harry.

-No puedo Tracey, su actitud sigue molestándome, más aún cuando tengo que beber esta poción para sanarme.-dijo señalando un frasco con un liquido de color azul transparente.

-Deja de quejarte, estás actuando igual que Malfoy el año pasado, te molesta la situación pues tu ego se vino abajo Harry Potter.

Todos miraron anonadados a la castaña-rojiza, Neville y Daphne no sabían que responder, el primero no se atrevía a criticar a Harry, pues lo había salvado en su primera clase de vuelo, además de ser su primer amigo de verdad, por otra parte Daphne no quería llevarse mal con quien a ella le gustaba, por suerte para ambos Tracey no tenia ninguno de los anteriores inconvenientes, el niño que vivió abrió los ojos estupefacto, por un instante se quedó viendo a su amiga con la boca abierta, para luego golpearse fuertemente las mejillas con sus manos.

-HARRY!-exclamaron preocupados Daphne y Neville.

-Gracias Tracey, me hiciste darme cuenta de algo, me abofetee a mi mismo por mi arrogancia, el arte de la guerra siempre recomienda que un comandante no puede dejarse llevar por la ira o la frustración, sino ya perdió la batalla porque estará vulnerable a lo que haga el enemigo, te agradezco tu franqueza amiga.

-De nada bobo, para eso estamos los amigos.-dijo sonriendo la muchacha.

La conversación de los chicos fue interrumpida por múltiples lechuzas que llegaron a dejar el tradicional correo, para extrañeza de todos, en El profeta no hubo ninguna noticia de lo ocurrido durante los días después de la batalla, ni siquiera en la parte de chismes de Rita Skeeter.

"Probablemente el ministro usó su influencia para que esto no fuese una bomba política".

A las chicas y a Harry les cayeron sus respectivas ediciones del diario, en la portada se escribía:

BATALLA EN LA TORRE DE GRYFFINDOR

EL SEÑOR OSCURO VUELVE A SER DERROTADO

Empezaron a leer rápidamente, era muy notaria la mano del ministerio en la redacción, pues se mencionaba cosas como que el ministerio envió rápidamente aurores y medimagos al colegio (aunque llegaron una vez la batalla estaba ganada) , básicamente lo hacían ver como que fue gracias al ministerio que se ganó la batalla, también se mencionó la participación de un grupo de muggles que ayudaron, aunque sin mayores detalles al respecto, el resto de la nota fue simplemente relleno.

-¿Que opinan?.-preguntó el oji-verde.

-Que es pura basura, no refleja ni un cuarto de lo que paso.-dijo Tracey.

-Creo que el ministro no quiere tener a la opinión pública encima.-comentó la rubia del grupo.

-Es verdad, creo que podremos esperar más de esto a futuro, ¿que opinas tu Neville?...¿Neville estás bien?.-dijo preocupado Harry.

-Neville Longbotton lloraba mientras sujetaba firmemente una carta, Harry pudo ver en una de las esquinas la insignia de San Mungo.

-¿Neville que ocurrió?.-preguntó Harry.

-Mis...mis padres...-dijo acongojado.

-¿Que les ocurrió?.-preguntó muy preocupada Tracey.

-Ellos...están sanos...

Los tres Slytherin no podían entender a que se refería su amigo, pero otro sonido de llanto los distrajo,era en la mesa Ravenclaw, en las otras mesas también habían chicos y chicas que se pusieron a llorar, en la mesa de Hufflepuf, Sofia Anderson tenia lágrimas en sus ojos mientras terminaba de leer una carta.

Querida Sofia:

El escribirte esta carta a sido una de las acciones más difíciles que he tenido que hacer en mi vida, no porque no quisiera escribirte, sino por el peso emocional que tienen, pero siguiendo el concejo de tu madre no buscaré discursos rebuscados, sino que te seré sincero y hablaré desde el corazón, cuando ocurrió el ataque de los mortifagos a la casa de tus abuelos Louis y Camila, no sabíamos del embarazo de tu madre, yo caí en un largo sueño sin tener esa noticia, no sabes la alegría de poder ver y abrazar a tu madre cuando desperté hace unos días en el hospital, ahí ella me puso al día con todo lo que había pasado en estos casi doce años, sobre la muerte de tus bisabuelos, como tu madre cumplió su sueño de convertirse en medimaga, como David creció para convertirse en todo un hombre, pero la noticia que más me impacto...fuiste tú, cuando tu madre me dijo que estaba embarazada y te tuvo...yo me desmaye, debes perdonar a tu padre por esa reacción, aunque legalmente tenga treinta años mi mente aun sigue teniendo dieciocho, al despertar sentí una alegría enorme, tenia una hija con la mujer de mi vida, tu madre me mostró fotografías tuyas de bebe, no paré de reír y llorar al mismo tiempo, fue un torbellino de emociones, luego me mostró más imágenes de ti, como lentamente ibas creciendo, hasta convertirte en la bella jovencita que eres ahora, eres la viva imagen de tu madre, exceptuando por el color de tu cabello castaño (que es totalmente Anderson), siendo una pena muy grande hija y tengo que decírtela, siento culpa, mucha culpa de no haber podido estar contigo todos estos años, revivo en mi mente los sucesos del día en que me separé de tu madre, en lo que pude haber hecho mejor, tengo miedo de no poder ser el padre que tu esperas que sea, esa idea me aterra, tú te mereces ser feliz, pero hay algo que puedo decirte sin ningún temor, que desde el primer momento que mis ojos vieron tu pequeña carita de bebe en las fotografías...yo te ame, pase lo que pase te amaré hija mía, haré todo lo posible para ser el mejor padre del mundo para ti, deseo conocerte pronto.

Te ama con todo su corazón

Daniel Anderson

-Pa...pá-dijo con el rostro lleno de lágrimas de felicidad.

Al igual que Sofia y Neville, muchos otros alumnos recibieron cartas de San Mungo, diciéndoles que sus familiares que estaban internados ahora estaban sano, Albus Dumbeldore recibió también una carta desde el hospital, pero esta era de Nicolas Flamel.

Querido Albus:

Todo a salido de maravilla, no solo he podido sanar a Daniel Anderson, sino a muchas otras personas, como por ejemplo a los Longbotton, ahora están observación, pero están bastante bien por el momento, también me he tomado algunas ciertas libertades con su tratamiento, te las comentaré con más calma en persona, hay un tema importante que tienes que saber, una de las mujeres muggles, Petunia Dursley dijo algo sobre que Harry Potter es su sobrino y que él la había atacado, considero prudente que cuando puedas vengas con el muchacho para esclarecer los hechos, lo que menos necesitamos es tener problemas con los muggles.

Saludos.

"Parece que salimos de un problema para entrar en otro, al menos muchos niños podrán reencontrarse con sus familiares".

Pero los pensamientos del director fueron interrumpidos por el ruido de un pequeño aparato que estaba guardado en el bolsillo derecho de su túnica, sacó el "teléfono celular", al día siguiente de la reunión entre el director y el jefe del MI7 le hicieron llegar a través del ministro de magia el aparato, además de una explicación sencilla de como usarlo.

-Hola, aquí habla el director Dumbeldore.

-Director Dumbeldore, soy John Stark tenemos una emergencia.

-¿Que ocurre?-dijo preocupado.

-Me han informado de que muchas familias sangre puras han vendido todas sus posesiones y luego retirado todos sus ahorros del banco Gringotts, hemos dado la orden de inyectar fondos para reemplazar los que se perdieron y que la economía no se venga abajo.

-Esto...no tiene sentido...-dijo totalmente anonadado el profesor Dumbeldore.

-Profesor, temo que esto sea el preludio de algún ataque más grande, puse a mi gente en alerta, estamos recabando información, cuando sepa algo más se lo haré saber, tenga extremo cuidado.

-Entendido señor Stark, tomaré las precauciones necesarias, muchas gracias por el aviso.

El director miró el pequeño aparato por un instante, luego miró a sus profesores y les dijo:

-Que los jefes de casa lleven junto a sus prefectos a los alumnos a sus salas comunes, no saldrán hasta nuevo aviso, el resto viene conmigo, activaremos las defensas del colegio, nadie entre o sale si no lo autorizo.

-Albus, ¿que sucede?.-preguntó Minerva Mcgonagall.

-Guerra.-dijo tristemente mientras veía la silla vacía de Severus Snape.

Muy lejos del colegio, específicamente en la isla de Azkaban una bruja miraba hacia la fria pared como lo hacia todos los días de su cautiverio, las constantes tormentas del lugar no dejaban pasar rayos de sol por la pequeña ventana de su celda, pero a pesar de las precarias condiciones en las que vivía, sonreía de forma desquiciada, pues el tatuaje en uno de sus antebrazos brillaba como no lo hacia desde que su amo estaba en su máximo poder, sabia que su fe seria recompensada, que su esperanza había valido las constantes torturas de los dementores, pensando en estas abominables criaturas la mayor de las tres hermanas Black, notó que sus carceleros no vinieron a robarle la felicidad ese día, de hecho no escuchaba ningún movimiento, era extraño, de repente se escuchó una explosión en los pisos inferiores, la mujer se acercó más a sus barrotes para poder escuchar mejor, los dos únicos aurores que andaban ese día pasaron corriendo por la celda de Bellatrix con varitas en mano, se dirigieron hacia la dirección de donde provenían las explosiones, hubo ruidos de...un combate, si era un duelo mágico, ella podía reconocer perfectamente ese sonido, luego de unos minutos se detuvieron, el silencio volvió a reinar, hasta que el techo de su celda se empezó a fracturar, primero lentamente y luego de forma más violenta, haciéndolo caer estrepitosamente, el polvo inundó toda la habitación, la bruja tenebrosa tosió por unos instantes, luego su mirada se elevo, rayos de luz entraban como perfectas lineas recta y desde una parte del techo veía a su amo, a Lord Voldemort, la mortifaga sentía que estaba a punto de llorar, para sus ojos tenia un Dios frente a ella.

-Ven conmigo Bellatrix.-dijo mientras le extendía la mano.

Mientras esto ocurría, desde afuera de la prisión se podía observar como los demás mortifagos liberaban a sus hermanos cautivos, junto con reducir la prisión a polvo.

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