Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, provienen de la bella imaginación de la hermosa Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, ya que a mi loca cabecita le encanta soñar despierta.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)
Cada 25 de diciembre, el pueblo se reunía en un almuerzo comunitario justo después de la misa de Navidad en la Iglesia del King's College, una cita a la que los Swan no faltaban. Solo hubo una ocasión, hacía un año, cuando... sí...
Hacía dos años llevaron a Edward, Liz y Maggie, por lo que esta vez sería... interesante. Sí, interesante, a falta de una mejor palabra para describir las habladurías que ocasionaría Bella apareciendo sola... ¡Dios! Por eso no le gustaba ir a Cambridge, si no fuera porque sus padres se negaban a mudarse a Londres...
Al bajar del auto en el estacionamiento de la universidad, Bella miró a sus costados, percatándose de las miraditas que estaba recibiendo. Inmediatamente se sintió cohibida, era como si le estuvieran recordando lo desastrosa que era su vida personal vista desde el exterior. Ya nadie hablaba de Edward, sino de su nuevo novio, ese que presentó en Toronto, Nueva York y Los Ángeles, pero que no pudo llevar a Cambridge...
La misa pasó sin mayor novedad, todos estaban muy concentrados en su devoción como para interesarse en Bella y la falta de una pareja.
El problema vino cuando salieron de la iglesia y se reunieron en el centro comunitario para el almuerzo. Las pláticas se concentraron en Bella, solamente, en nadie más.
Como en cada almuerzo navideño, Bella fue una de las voluntarias para servir la comida, algo que hacía desde que tenía doce años y que no iba a cambiar ahora que era una celebridad internacional.
Al terminar de servir a todos tomó su propio plato y fue hacia la mesa en la que estaban sus padres. Poco antes de llegar, un par de mujeres que hubiera reconocido más rápido si no tuvieran un reciente viaje a Londres para una nueva sesión de botox, se acercaron a ella.
—¿Dónde está tu novio? Queremos conocerlo.
Bella les sonrió. Eso les tomó más tiempo del que esperaba.
—No pudo venir, tiene que trabajar. Es interno en un hospital de Los Ángeles.
—Ah —exclamó una de ellas—. Qué pena.
—Sí, ya será en otra ocasión. Con permiso —dijo, sonriéndoles. Rodó los ojos, caminando hacia la mesa.
—¿Qué pasó? —preguntó Tanya, entre risas. Bella dirigió una rápida mirada a los padres de sus amigas.
—Nada. Ya sabes...
Tanya asintió, dedicándole un vistazo a Angela. Las chicas ya comenzaban a sospechar que Bella estaba ocultando algo, a decir verdad lo hacían desde la boda: Edward se alejó de Bella, ambos desaparecieron cerca del final de la fiesta y cuando Bella regresó estaba... extraña, solo se despidió de James y Victoria y se fue, sin mirar a nadie, justo como hizo Edward minutos después.
Eso no era todo. Bella se quedó en el pueblo por más tiempo del que debería. Sí, claro, hizo esa visita a la escuela de Renée, pero considerando que en Los Ángeles debía tener trabajo y universidad, se veía muy dispuesta a no irse de casa de sus padres en un tiempo.
Algo dentro de ellas les decía que era grave, pero también sentían que hacer preguntas era como traicionar toda la confianza que Bella les tuviera. Estaban aprendiendo que la vida de su amiga era complicada y que a veces era mejor esperar a que ella quisiera contar sus problemas en vez de presionarla a hablar.
Bella estaba bien en ese momento, mejor de lo que todos esperaban, así que no había razones para molestarla con sus sospechas que quizás eran totalmente infundadas, solo exageraciones de un par de chicas que se preocupaban por su amiga.
El almuerzo duró lo suficiente para que el pueblo se pusiera al corriente con los nuevos chismes, que incluían más y más nominaciones para Bella. El tema pasó de mesa en mesa, llegando a la de James, Victoria y sus familias para el momento en el que Bella, como una de las responsables de la comida, ayudaba a recoger los platos utilizados.
—Realmente no sé por qué festejarlo —decía Mathilde. James intentó callarla ante el rostro inexpresivo de Bella—. No es un gran logro como el de nuestros muchachos que ya están graduados y con trabajos estables —soltó, al tiempo que Bella tomaba el plato que la mujer había utilizado. Mathilde fingió que no la había visto—. Oh, Isabella. Estás aquí —rio.
Bella le sonrió.
—Sí, justo a tu lado, Mathilde, escuchándote ser una verdadera ignorante que no sabe que la universidad en Estados Unidos se estudia en cuatro años —respondió. Sus dos amigos reprimieron unas risitas. Bella rodó los ojos con diversión y se alejó, echando un rápido vistazo a sus botas negras para asegurarse que el celular no se cayera con el movimiento. Lo metió ahí de forma que lo tendría cerca pero no en la mano. Truco de Jessica en época de finales.
Al dejar los platos en la mesa de servicio, escuchó un silbido muy conocido que le hizo sonreír. Salió corriendo, a pesar de sus altos tacones, y saltó a los brazos de Dimitri.
—Guau. ¿Qué está ocurriendo allá adentro? —rio él, dejándola en el suelo.
—Mathilde —masculló Bella.
Dimitri torció el gesto.
—Entonces vine en buen momento.
—Muy buen momento. Pero, ¿qué haces aquí?
—Carmen me envió por ustedes. Ella, Vera y Vladimir están en tu casa.
—Genial. Iré por mi bolso y mis padres —dijo. Al girarse, vio salir a Tanya y Angela corriendo, la primera con el bolso de Bella en la mano.
—Pero ¿qué...?
—Será mejor que no vuelvas ahí —le dijo Angela—. En realidad que no salgas de tu casa hasta que tengas que regresar a Los Ángeles.
—Me suena a que James abrió su gran bocota —soltó Dimitri.
Bella abrió los ojos de par en par al entender el comentario de Dimitri.
James y Victoria habían estado posponiendo la llamada a sus padres en la que les darían la noticia de que estaban viviendo con Bella y que él ahora trabajaba para ella en vez de buscar un empleo en política; el problema era que a Bella también le ocultaron el hecho de que aún no hablaban con ellos. ¿De verdad tenían que hacerlo frente a todo el pueblo?
—Oh, por Dios —murmuró Bella.
—Vete ya, antes de que suelten a las perras —le dijo Tanya, empujándola suavemente hacia la calle.
—Muévete, Bells.
Bella bufó, dando un vistazo hacia el lugar del almuerzo. Estaba cansada, muy cansada de eso. De tener que cuidarse de lo que Mathilde fuera a pensar o decir acerca de ella, o si todas las decisiones que tomaran James y Victoria que a ella no le gustaran, se las atribuyera a sus "malas influencias". Estaba cansada de que en el pueblo un día la amaran y al otro la consideraran el peor de los males. Estaba cansada de tener que guardar secretos, de que le guardaran secretos...
Pero era Navidad, así que tenía que cerrar la boca y, por última vez, resguardarse del odio de Mathilde Whiterdale.
—Está bien. Vamos. Pero... —masculló, encaminándose hacia la puerta.
—Oh no —musitó Dimitri, tomándola de la cintura—. No estás vacunada contra la rabia. Andando. Nos vemos en la fiesta, chicas.
—Adiós —rieron ambas. La referencia de Dimitri no hizo más que sacarles unas carcajadas porque, bueno, era cierto.
Caminaron hacia la casa, Dimitri haciendo bromas todo el tiempo con tal de distraer a Bella de lo que pudiera estar pasando en el almuerzo. Y funcionó. Bella llegó riendo a la casa de sus padres, sorprendiendo a los visitantes.
—Mírate. Pensábamos que ibas a estar de mal humor por la fecha y todo esto, pero aquí estás, sonriendo —musitó Carmen, realmente feliz por su niña—. Feliz Navidad.
—Feliz Navidad, mamá saltamontes.
—¿Dónde están tus padres?
Bella torció el gesto.
—Ocurrió algo...
Carmen la miró, frustrada. ¿Es que no la podía dejar sin vigilancia unas horas?
—¿Qué hiciste?
—¡Yo nada! ¡Fue James!
—Creí que ya habían hablado con sus padres.
—Sí, yo también. ¡Y fue frente a todo el pueblo, Carmen! —chilló, dejándose caer en uno de los sillones con los brazos cruzados.
—Bueno, bueno, bueno. Deja a la actriz fuera de esto y cálmate.
—Mamá saltamontes, no le puedes decir que deje a la actriz fuera cuando está vestida de esa manera. ¿Acaso Jacob te elige la ropa antes de que viajes o qué? —inquirió Vladimir.
Bella sonrió, modelando el vestido camisero verde, el cárdigan mostaza, ambos de punto, y las medias y botas negras.
—¿Me creerías si te dijera que solo lo tomé y ya? —rio.
—¡Patrañas!
Se desató una divertida discusión en la que participaron todos menos Carmen, acerca de si era cierto que Bella era capaz de elegir ropa al azar y lucir bien. Las It Girls tenían a sus estilistas día y noche escogiendo looks por ellas, pero Bella parecía haber aprendido bien, además de que mostraba un talento innegable para la ropa. Tal vez debería intentar con el diseño. O Tal vez no. Era lo que todas hacían.
—Bueno, basta. ¿Sabes, niña? Me sorprende que aún no hayas decidido largarte de aquí y llevarte a tus padres. Este pueblo es una pesadilla.
—Mathilde es una pesadilla, sino fuera por ella iríamos a esa preciosa cafetería que tiene los más deliciosos cupcakes de red velvet —masculló Vera.
Bella ya no los estaba escuchando, se quedó en el consejo de Carmen. Ya había intentado convencer a sus padres de irse a Londres, pero era en Cambridge donde tenían sus vidas hechas. No podía sacarlos de aquí solo porque ella no quería seguir viéndole la cara a Mathilde. Sin embargo...
—Es una excelente idea —exclamó. Sus visitas, que habían descubierto que la dichosa cafetería tenía entrega a domicilio, la miraron.
—¿Pedir pastel de calabaza? Bella, tú lo odias más de lo que odias a Jane, y mira que eso ya es mucho decir —comentó Dimitri.
—No, no, no. Escuchen: ya quise llevarme a mis padres a Londres, el caso es que ellos quieren quedarse aquí.
—Entonces, consíguete un departamento en Londres y que ellos te vayan a visitar cuando vengas al país. Asunto arreglado.
—Déjame terminar, Carmen. No sé exactamente qué fue lo que dijo James, pero si Mathilde se puso a ladrar tanto como para que Tanya y Angela tuvieran que salir a decirme que me fuera, obviamente les dijo todo.
—¿Y eso qué...?
—Que es momento de que me vaya de Pasadena.
Los cuatro la miraron como si le hubiera salido un tercer ojo.
—De acuerdo, perdiste la cabeza —soltó Carmen.
—Carmen, estoy hablando muy en serio.
—Cariño, esa resolución llega siete meses tarde; además, es la peor razón que pudiste encontrar para hacerlo. James y Victoria tienen la culpa, no tú. Son ellos los que tienen que irse de Pasadena.
—¿Ahora quieres que me quede? Estuviste insistiendo nuestras dos últimas semanas en Irlanda.
—Y tú me dijiste que preferías quedarte.
—¡Porque no sabía que sería tan difícil... —Charlie y Renée llegando a la casa la interrumpieron. Bella abrió los ojos como platos, cambiando la continuación de su respuesta— decidir si quiero pastel de migas o de chocolate! Déjenme ver —dijo, sentándose junto a Dimitri, quien tenía la página de la cafetería en el celular. Dimitri y ella se miraron con complicidad.
—¡Feliz Navidad, señores Swan! —exclamó Vladimir.
—Feliz Navidad —respondió Renée, riendo—. ¡Qué sorpresa!
—Fue idea de Dimitri. Esperamos no molestarlos.
—En lo absoluto, Carmen, saben que son bienvenidos cuando quieran —aseguró Charlie—. Entonces, ¿qué les parece si vamos por los pasteles? Será más rápido que la entrega.
—Yo me quedo —dijo Bella.
—Por supuesto que tú te quedas. En los siguientes dos días lo mejor será que ni te asomes por la ventana —soltó Renée. Bella apretó los labios y miró a Dimitri de reojo.
—Eso suena aún peor que el nombre de James en medio de un "yo no hice nada" de Bella —rio Vera.
—Recuérdenme golpear a James en la fiesta de Año Nuevo —soltó Bella—. Un pastel de migas y uno de esos deliciosos brownies en vaso, por favor.
Carmen rodó los ojos, riendo.
—La señorita azúcar ataca de nuevo —dijo. Bella le enseñó la lengua.
—Muy bien, entonces vayamos.
—¿Qué les parece si yo me quedo? Así la señorita azúcar no ataca el refrigerador —propuso Dimitri.
—Cállate.
—Bien. Ya volvemos —rio Charlie.
Antes de salir, Carmen asintió hacia una esquina, mirando a Dimitri. Ese gesto no se le escapó a Bella y entrecerró los ojos, con sospecha.
Dimitri se dio cuenta.
—¡Dios! Eres demasiado observadora —se quejó, poniéndose de pie. De un hueco entre uno de los sillones y la pared, sacó dos cajas, una grande y otra pequeña, ambas envueltas en negro mate con moños grises mate—. Con uno de estos regalos tendríamos que dar cientos de explicaciones de por qué te lo estoy dando yo y no él, así que por eso me quedé. Tú atacando tu refrigerador o la alacena de dulces no es algo que nos preocupe.
Bella bufó.
—Eso quiere decir que uno es de Edward.
—Sí, pero comenzaré con el mío —dijo, entregándole la caja más pequeña—. Cuando Edward me pidió ayuda con tu fiesta, me dijo que no escatimara en oro rosado, así que asumí que ese era tu color favorito, por lo que llamó mi atención que no lo has usado desde que salimos de Irlanda. Creí que sería un buen detalle.
Mientras Dimitri daba su diatriba, Bella abrió la caja, encontrándose con un brazalete de oro rosado conformado por una delicadísima cadena y un dije con una forma extraña, aunque familiar de sus años de la secundaria.
—¿La molécula de la serotonina*?
—Así es. Leí que es la hormona de la felicidad. Creí que después del año tan horrible que tuviste, y ahora que volviste a sonreír de verdad, a ser la misma Bella que todos queremos, conocemos y a veces no soportamos, sería algo que necesitarías: recordar que la felicidad es lo único que importa.
Bella le sonrió. No había conocido mucho a Dimitri antes de todo este drama. Por supuesto, lo contaba como parte de sus amigos antes de lo que ocurrió, pero ahora, después de que había estado con ella apoyándola durante todo esto, ya no era un amigo más, era su mejor amigo. Alguien en quien podría confiar, en quien depositar hasta su propia vida.
—Gracias. Es... perfecto —le dijo. Dimitri asintió—. ¿Me ayudas? —le preguntó, extendiendo el brazo derecho con el brazalete en la otra mano.
—Por supuesto —respondió él. Tomó la joya en sus manos y la aseguró alrededor de la pequeña muñeca derecha de Bella—. Ahora... —musitó, acercándole la caja grande. Bella torció el gesto.
—¿Tengo que hacerlo?
—Me temo que sí —bromeó—. Vamos, Bells, no será tan malo, te lo aseguro. Creo que hasta te gustará. O eso fue lo que me dijo él.
Con lentitud, Bella deshizo el moño gris y quitó la tapa de la caja, descubriendo un bolso de rayas blanco y negro.
—Oh, por Dios —exclamó. Dimitri apretó los labios, reprimiendo una sonrisa—. Jacob y yo pasamos todo el año pasado buscando este bolso, pero estaba agotado. Edward... él...
—Él lo encontró. Hay algo más, dentro —la animó. Bella frunció el ceño, pero metió la mano al bolso, llegando a una pequeña bolsita de organza, la que sacó. Los diamantes del conocido anillo brillaron bajo los destellos de la luz de la sala. Eran quince: seis blancos y nueve rosas, que juntos formaban una flor—. Es el anillo que usaste en...
Bella asintió, de repente afectada por lo que había recibido. Sabía lo que Edward estaba haciendo, dándole esos regalos que él sabía que ella quería, ahora y no antes. Una parte de ella se entusiasmaba con la idea de que él no se estaba rindiendo, que seguía luchando por ella, pero la otra, la más grande, estaba enojada con él. ¿Por qué no le podía dar más tiempo? ¿Por qué no la dejaba en paz, pensando si valía la pena dejarlo continuar? Solo estaban peleando juntos contra Jane, era lo único que los unía en ese momento. Lo único.
—Necesito irme de Pasadena —murmuró—. No del vecindario, de Pasadena.
—Bien. Trae tu laptop. Es hora de que busques departamentos.
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Charlie y Renée supieron ese día de la decisión de su hija. Aunque los sorprendió, no pudieron hacer otra cosa más que apoyarla, al igual que Carmen, quien terminó contándoles a los padres cómo Bella tomó la valiente decisión de quedarse al volver de Irlanda. Bella casi la ahorcó cuando lo mencionó. ¡Eso no era lo que una "ruptura en buenos términos" incluía en sus cláusulas, Carmen!
James y Victoria se negaron por horas a aceptar la casa de Pasadena como un segundo regalo de bodas, pero cuando Bella los amenazó con promover a James como celebridad, igual que Marcus y Liam hicieron con ella, lo reconsideraron... ¡Vamos, esa era su peor pesadilla!
Tenía lista una pequeña maleta con su ropa para la fiesta de Año Nuevo que Dimitri organizaba en Londres; como se quedaría en el departamento de Tanya, entonces llevaba también ropa para el día siguiente, además de un bolso con su alaciadora y sus utensilios de maquillaje.
Solo terminó de vestirse con un par de calentadores grises y botas negras. Había nevado, así que se colocó un gorro rosado, bufanda rosa y una gran chamarra negra. Con una mano tomó los guantes y el bolso, mientras que la otra se hizo cargo de la maleta. Así bajó a la sala, encontrando a sus padres con los abuelos Higginbotham preparando la cena.
—Bueno, estoy lista —anunció—. Ya me voy.
—Todavía hay hielo en el pavimento. Puse las cadenas en tus llantas, pero aun así maneja con cuidado en la carretera —le dijo Charlie.
—Okey —respondió ella, con una sonrisa. Se despidió de sus padres y sus abuelos con besos en las mejillas—. Hasta mañana.
—Hasta mañana. Diviértete.
—Gracias —canturreó, colocándose los guantes. Al abrir la puerta, el aire frío y algunos copos de nieve lograron meterse a la casa. Bella lanzó unas risitas ante los temblores que esto le provocó. Se cubrió la nariz y la boca con la bufanda y corrió hacia su auto, metiendo los bolsos a los asientos traseros.
Llegar a Londres le tomó más tiempo del esperado, pero si se atrevía a manejar con su velocidad de siempre, probablemente terminaría estampada en la primera superficie que se le atravesara, así que no. Mejor llegar tarde.
La estaban esperando. Tan pronto como entró a Londres tuvo pegados a los paparazzi, siguiéndola en motocicletas. ¿Es que ni siquiera en Año Nuevo la iban a dejar en paz?
Se estacionó frente al edificio donde vivía Tanya. Tomó un respiro hondo y salió de su auto rápidamente, con algunas de sus cosas en las manos, y los paparazzi pegados a su cara. El portero le abrió en cuanto pisó el primer peldaño de las escaleras.
Le asintió en agradecimiento, abalanzándose contra el elevador abierto.
—¿Cómo te fue? —le preguntó Angela. Bella suspiró.
—Están afuera —respondió, corriendo a la ventana.
—¿Quiénes?
—¿Quiénes crees? Mis amigos imaginarios.
Tanya y Angela lanzaron unas risitas.
—Te dijimos que te vinieras con nosotros —masculló James, saliendo de la cocina con Victoria y Lauren.
—¿Y yo qué iba a saber que no descansan en Año Nuevo?
—Son los días en los que menos descansan —rio Lauren. Bella, que aún no se percataba de su presencia, la miró sorprendida—. Hola, Isabella.
—Lauren...
—Necesita ayuda —dijo Victoria. Lauren rodó los ojos.
—Tú... ¿vendrás a la fiesta?
—Rebecca Newmann está en pláticas para protagonizar la adaptación de mi libro y ella me invitó...
—Pero Rebecca canceló —dijo. Sacudió la cabeza y alzó las manos, mostrando las palmas—. Olvídalo. ¿En qué necesitas ayuda?
—En nada.
—Quiere usar un mini vestido con leggings —soltó Victoria. Bella lanzó unas risitas.
—¿En serio? —inquirió. Sus amigas apretaron los labios, reprimiendo sus sonrisillas de burla—. Bien. Algo se nos ocurrirá. Tienes suerte que Carmen no sea tu representante y Jacob tu estilista. Si yo les digo que quiero hacer algo como eso, además de reírse en mi cara, renuncian y después se aseguran de que sea incontratable.
—Estás diciendo que tengo que cambiar todo de mí.
—Lo que estoy diciendo es que no puedes seguir vistiéndote como cuando estabas en la secundaria. Y me sorprende, Lauren, porque cuando comenzamos en Hollywood tu estilo era impecable, ¿o es que te afectó tanto que dejaran de buscarte?
Lauren se rio.
—A ti te buscaban porque eras novia de Edward Cullen. Y ahora porque eres el ligue de Dimitri Tilson. No te adornes.
El rostro de Bella se puso severo. ¿Ligue de Dimitri, dijo? ¿Eso era lo que la prensa y los fans veían?
—Lauren, creo que fue suficiente —le dijo James.
—Déjenlo. No importa. Lauren, usa lo que te dé tu maldita gana. Yo no voy a ser el hazmerreír en una fiesta de Hollywood —soltó Bella.
Tomaron una rápida comida antes de comenzar a arreglarse para la fiesta.
Dimitri llegó, en jeans, camisa de cuello alto y blazer. Se paró en la puerta de la habitación donde Bella se estaba arreglando. Ella le sonrió por el reflejo del espejo.
—¿Y...?
—¿Qué? —inquirió ella. Dimitri dio unos golpecitos a su reloj—. No presiones, ¿quieres?
—Uy, que humor. ¿Qué hizo Jane ahora?
Bella abrió los ojos como platos. Corrió hacia él, lo jaló hacia el interior de la habitación y cerró la puerta, asegurándose de que nadie lo hubiera escuchado.
—No fue Jane —masculló, volviendo a su lugar en el tocador. Dimitri la siguió, ofreciéndose como el asistente.
—¿Entonces?
—¿Puedes creer que todos piensan que soy tu ligue?
Dimitri lanzó unas risitas, sosteniendo la alaciadora por ella.
—No me sorprende, pero ¿cómo supiste?
—Lauren Mallory me lo dijo.
—¿Quién?
—Exacto —rio ella—. La ganadora del concurso en el que me descubrió Marcus.
—¡Ah, ella! —exclamó Dimitri—. Vamos, Bells, esa chica está verde de envidia porque tú lograste lo que ella no.
—Sí sabes que tu verdadero ligue está por protagonizar la película del libro de Lauren, ¿no? Y que ella la invitó.
—Algo mencionó sobre ambas cosas. No hablamos mucho.
—Por supuesto, ¿porque quién puede hablar sin ropa a las tres de la mañana?
—Exclamó la monja del club.
Bella sonrió.
—Eres un idiota.
—Gracias.
—¡IZZY! —gritaron Tanya y Angela, abriendo la puerta.
—¡Chicas, les dije que no! —reclamó James.
—¿¡Qué!? —preguntó Bella.
—Tienen que ver esto —dijo Angela.
—No, no tienen. Y mucho menos quieren.
—James, cállate —masculló Bella, tomando el celular de Tanya. En la pantalla estaba la fotografía de un artículo. Eran Jane y Edward saliendo de una fiesta pre víspera de Año Nuevo, en Nueva York, ella mostraba tan animada y cínica un pequeño anillo de oro con diamante negro...
Era su anillo. Bella podía reconocerlo incluso con la fotografía tan granulada como estaba. Era su anillo, y no sabía cómo sentirse. Confiaba ciegamente en que Edward no estaba detrás de eso, él no podía haberle dado a Jane su anillo de promesa; ella tuvo que haberlo encontrado y tan inteligente como era, decidir usarlo. Eso ya era caer bajo, incluso para Jane.
Dimitri devolvió el celular. Ambos amigos se dirigieron una mirada cargada de complicidad, que James pudo ser capaz de entender en poca medida, pero las chicas estaban completamente confundidas.
—De acuerdo, chicas. Andando —les dijo James.
—Izzy... —musitaron ambas.
—¿Por favor? —pidió Bella. A regañadientes, sus amigas salieron de la habitación. James cerró la puerta detrás de ellas, recargándose en esta.
—Tiene el suvenir que toda fan desea...
—Eso ya es de temer, Bells.
—Ya sé —respondió Bella.
—¿Y ahora? ¿Qué harás?
Bella se encogió de hombros.
—Fuego con fuego —dijo Dimitri.
—Esa es la idea más peligrosa que has tenido en tu vida.
—Tengo tus orejitas de gato —agregó. Bella frunció el ceño—. La metiche de Jessica las encontró debajo de las escaleras y me las dio. Recuérdale a Jane su peor Navidad.
Bella suspiró. Era una idea pésima, pero no se podía quedar sin responder. Lo miró con los ojos entrecerrados. Dimitri, tan experto como se había vuelto en leer a Bella, sonrió con victoria.
—Estás demente.
—Bien. Ya vuelvo —exclamó Dimitri, saliendo de la habitación.
James lanzó unas risitas.
—¿De qué me perdí?
—Solo que ya no voy a dejar que Jane maneje esto a su antojo.
—¿Maneje qué?
—¿Qué te dije acerca de preguntar? No olvides cerrar la puerta, por favor —le pidió, descolgando el mini vestido azul marino estilo saco militar del clóset. James sonrió asintiendo y salió, cerrando la puerta.
Bella se quitó la bata de satín, revelando su lencería negra, además de las medias patronadas del mismo color. Se metió en el vestido, abotonándolo justo cuando Dimitri volvió con las orejitas de oro rosado que Edward le regaló a Bella en su última Navidad juntos.
—Listo —dijo. Cerrando la puerta. Se giró, por fin enfrentándose a Bella—. Guau.
—Aún no termino. Lánzalas —pidió—. ¡CHICAS, ES HORA, MUÉVANSE!
La puerta se abrió, empujando a Dimitri. Era Lauren, usando un vestido gris de profundo escote en V.
—Isabella...
Bella la miró con la exasperación pintada en su gesto.
—Tienes que estar bromeando —masculló, con los dedos entre sus cabellos lacios, alborotándolos. Lauren torció el gesto—. Entra. Dimitri, ella es Lauren. Lauren, él es Dimitri —presentó, abalanzándose sobre su maleta rosada.
—Hola, Lauren.
—Hola.
—Déjame verte —ordenó Bella. Lauren se envaró, mostrándole su atuendo. Bella asintió y sacó un par de medias tornasoladas—. No preguntes, solo apresúrate —le dijo, señalando el baño con las medias. Lauren asintió, pasó por su lado, recogiendo la prenda y se metió al cuarto de baño. Bella le rodó los ojos a Dimitri al tiempo que él lanzaba unas risitas.
—Siempre caen.
—Cállate. Ayúdame, por favor —musitó, pasándose una enorme cadena negra por el cuello. Dimitri le ayudó a asegurar el broche en su nuca.
Terminó de alborotar su cabello antes de colocarse las orejitas sobre la melena rojiza.
Al salir Lauren, Bella la hizo sentarse frente al tocador. Le sostuvo el cabello en una coleta alta y la maquilló con llamativos ojos smokey y labios discretos, muy diferente a ella, que llevaba ojos sencillos por el labial negro que escogió.
—Nuestra It Girl favorita sabe de lo que está hablando —dijo Dimitri cuando Bella terminó de arreglar a Lauren.
—Aprendí de los mejores —rio Bella—. No le digas a Jake, Sa y Lottie que dije eso.
—¿Bromeas? ¿Sabes cuánto tiempo tendremos que soportar sus humos si se enteran?
Bella bufó unas risas, guardando sus cosas.
—Gracias, Isabella —le dijo Lauren. Bella asintió.
—¿Lista? —le preguntó Dimitri.
—Lista.
Salieron en grupo, cubriendo a Bella y Dimitri tanto como pudieron de los flashes de los paparazzi, pero lo que no sabían era que ellos querían ser fotografiados. Bella no se había puesto esas orejitas de gato por diversión...
¿Jane quería guerra? Pues guerra iba a tener.
*Serotonina: También conocida como la "Hormona de la felicidad". Es una sustancia de neurotransmisión responsable de la felicidad. Su producción se reduce con el estrés.
Hola a todas, ¿como están? Antes que nada, ¡FELIZ AÑO NUEVO! Espero que tengan un 2019 increíble. ¿Qué tal el primer capítulo del año? ¿Les gusto? Bella tomo una decisión muy importante, ¿creen que debió hacerlo antes?
Gracias a jupy, Yoliki, saraipineda44, Maryluna, LucyGomez, torrespera172 por sus reviews en el capítulo anterior y al resto de ustedes por leer. Nos vemos en los reviews y en el siguiente ;)
Annie. xx
