Casi me había olvidado que mañana se cumpliría un año de que empezaba este proyecto, y pensaba en realidad poner el capítulo mañana, pero prefería no arriesgar de que lo servers de FanFiction caigan de nuevo.
En fin, nada más agregaré de que estoy contento de haber llegado hasta este punto, y más aún que tengo muchas intenciones de seguirlo.
Capítulo cincuenta y tres
Infierno Bendito
Nebula Chain!
(¡Nebula Chain!)
Shun se quitó la capa, dejando al descubierto una camisa negra, que ocultaba las heridas debajo de las mangas.
Las cadenas se manifestaron enroscadas sobre sus muñecas, y salieron a una increíble velocidad disparadas hacia aquella bestia llameante que galopaba hacia ellos, encabritada, furiosa.
"No pensé que Fudo tuviese un alcance de Cosmos tan largo, desde aquella vez que peleamos en el Templo de Virgo, se ha vuelto mucho más fuerte."
No le dio más vueltas al asunto. Los metales giraron en torno al camino ardiente. Shun no tardó en materializar nuevas e infinitas cadenas, que acompañaron a las otras dos, abrieron su paso, los danzarines de fuego aceptaron el reto. Comenzó el baile frenético de metal y fuego.
Shun sufría con cada cadena nueva que liberaba para volver a tapar el fuego que, aún apagado, volvía a renacer entre los huecos de los eslabones, y estallaban en una llamarada que devoraba las cadenas, dejaba menos que cenizas, y avanzaba de nuevo.
– ¡Souma, vete ahora mismo!
– ¡No, espera, te ayudaré…!
– ¡Las cadenas de Andrómeda apenas resisten el fuego de Fudo, si te atrapan a ti, morirás al instante, sal de aquí ya, Souma!
– ¡Pero…!
– ¡AHORA!
La voz de Shun amedrentó al Santo de León Menor, y no supo qué hacer, más que lanzarse al agua e ir en busca de Yuna, quien estaba más cerca. A rápidas brazadas, llegó, Raki y Aria ayudaron a que llegase al bote, entró un poco apretado, pero a salvo del infierno contra que el Santo de Andrómeda estaba peleando ahora.
– ¡Tienen que seguir adelante sin mí, solo remen con todas sus fuerzas, y llegarán a la costa, los veré allí! – dijo Shun, mientras incontables cadenas abrazaban el fuego, y este rehusaba quedarse con ellas. Vio a través del fuego que se acercaba, que los jóvenes no se movían, estaban quietos, mirándolos– ¡RÁPIDO! ¡¿Acaso quieren morir?! ¡Muévanse, en media hora ya estarán allí!
– Vamos – dijo Ryuuhou, sin vacilar.
– ¿Estás loco, Ryuuhou? – contestó Kouga. Yuna, en tanto, se acercaba con el resto.
– No nos queda otra, Kouga… No podemos hacer nada contra ese Cosmos tan grande.
– A mí me gusta la idea menos que a ti, Kouga, pero tenemos que irnos – comentó Souma.
– Shun estará bien, ¿acaso no confían en él? – Raki señaló al Santo, que se deshacía de una nueva llamarada que se abría entre las cadenas de Andrómeda. Esta vez, otra no volvió a aparecer.
"El poder que Fudo puso en ese ataque se agotó, pero no por eso se quedará quieto. Yo tampoco."
Shun volvió a lanzar su cadena a lo lejos, salió en un tramo recto y que pasó incluso por encima de los otros dos botes.
– ¿A dónde…? – Kouga vio hundirse la cadena bajo la línea del horizonte, sin fin.
– ¡Solo sigan la cadena! ¡Yo me quedaré aquí! – Les indicó Andrómeda.
– ¡Pero si Fudo ya no ataca, ven con nosotros, Shun! – Replicó Souma.
– Fudo no está atacando. Pero es porque no lo voy a dejar.
…
– Shun de Andrómeda. Podrás abundar en pecados contra los dioses, pero tu amor por la vida es… Envidiable.
Fudo estaba sentado sobre sus piernas, con una espada media en su mano derecha, y una larga reata de color rojo oscuro, con puntas de oro. Sobre su espalda descansaban mantas de color naranja apagado, cubriendo su morena piel. Mantenía los ojos cerrados constantemente, privándose así de un sentido para poder fortificar su propio Cosmos al límite.
– No imaginé que sabrías como sellar mi Cosmos con tus cadenas, te has vuelto increíble, Andrómeda–. Fudo se puso de pie, y las mantas cayeron bajo sus pies descalzos.
Su espalda revelaba un impresionante tatuaje. Aunque, más bien, era una precisa marca de quemadura, con forma de un sol, justo en su espalda. De él, brotaban pequeños pétalos, como una flor de fuego. En sus muñecas, un trazo ardiente daba vueltas por su brazo, finalizando a la altura de los hombros.
– Estas cadenas… No se extinguirán por más fuego que arda a su alrededor, ¿verdad, Shun? – Fudo acarició el metal sonrosado que brillaba con el sol, rodeaba todo su torso, ataba sus manos hasta la muñeca, y las rodillas estaban también rodeadas, el movimiento era muy reducido. En especial, con la cadena apuntando justo bajo su cuello–.Entonces, deberás arder tú.
Puso su espalda recta, sin volver a sentarse, respiró profundamente, su largo cabello aguamarina era masajeado por el viento.
– Aaaauuumm… aaaauuumm… aaaauuumm… – decía, lenta, y pacíficamente, con grandes espacios de respiración, una y otra vez.
Om Vajrasatva samaya
Manupalaya
Vajrasatva 'tvenopatishta
Drdho me bhava
Sutosyo me bhava
Suposyo me bhava
Anurakto me bhava
Sarva siddhim me preecha
Sarva karma sucha me
Chittam shreyah kuru hung
Bhagavan sarva tathágata
Vajrama me muncha
Vajri bhava
Mahasamayasatva
…
– ¿La ves, Ryuuhou?
– Sí, creo que ya nos estamos acercando, en cualquier momento llegaremos a la isla donde está Kiki.
Ryuuhou había puesto las manos dentro del agua, y usando su Cosmos, trató de extenderse a través del mar, buscando donde chocaría con la tierra, según calculaba, en diez minutos llegarían. En el horizonte, podían ver la isla abriéndose dentro del agua.
Hasta allí seguía la cadena de Andrómeda, tensa, y apuntaba al punto más alto que podían ver de la isla.
– Fudo debe de estar allí arriba–. Apuntaba Ryuuhou a una gran elevación que rasgaba los cielos. Parecía construida por los herreros del viento, la tierra, y el agua. Su forma era sinuosa y deforme, con extrañas ramificaciones por doquier. Y allí, a la punta donde la cadena de Andrómeda estaba sujeta, podían ver un gran destello de oro.
– Cielos, su Cosmos es… Increíble– reparó Souma, sorprendido–. Ni siquiera se compara con el de Mykene.
– Eso fue porque Mykene ni siquiera nos tomó como verdaderos oponentes. Fudo ahora está luchando contra Shun… Eso es algo totalmente diferente.
– Pero Shun dijo que no era más Santo de Bronce que nosotros–. Souma admiraba a todos los Santos Legendarios, aunque Shun no era de sus favoritos, si él mismo decía que no era muy fuerte, pues de seguro no lo era.
– Shun es una persona humilde, Souma. Jamás aceptaría decir que es más fuerte que nosotros, pero lo es. ¿No recuerdas que te hizo huir para que no murieses?
– Sí, pero…
– Si no fuese capaz de enfrentar esto solo, ¿crees que seguiría peleando ahí, en vez de huir?
– ¡Yuna! ¡Eso! – Aria había estado callada hace largo rato, no se sentía muy cómoda en el mar, y se quedó aterrorizada al ver las llamas que intentaban atacarlos. Pero ahora, señaló con un dedo a aquel resplandor dorado que se manifestaba en la cima de la formación rocosa.
– ¿Qué pasa, Aria, qué…? – Yuna se quedó sin palabras cuando prestó atención a qué se refería la niña. Todos estaban atentos a la conversación, que dejaron de mirar al fulgor amarillo que se extendía por sobre las nubes.
– ¿Qué demonios es eso? – Kouga quedó perplejo, dejó de remar, al igual que el resto.
– ¿El Cosmos de Fudo…?
– No. ¡Shun!
Ah!
Demasiado tarde. Un encolerizado grito de fuego dispersó las nubes grises que tapaban el cielo, alas llameantes las devoraron, y ocuparon su lugar. Una nueva figura emergió de aquel Cosmos dorado. Era gigantesca, las llamas parecían formar una suerte de rostro humano, un rostro enojado, con ojos fieros. Levantó sus manos, y blandió sus armas, la espada explotó en aros de fuego, y la reata estalló.
De repente, la figura se desvaneció. Y el Cosmos también.
– ¿Qué pa…?
Hung!
Una nueva explosión llameante inundó sus ojos. Las cadenas fueron devoradas por el fuego, miles de espadas ardientes se abrían paso en busca del pecador. Tres explosiones más siguieron, nuevos látigos de fuego lamieron el aire y descendieron, como águilas por su presa.
PHAT!
El mar ardió… Todos sus ojos ardieron.
– ¡Shun…!
– Tío Shun…
– No, ¡no…!
- ¡R-Ryuuhou! – La pequeña embarcación se partió a la mitad Dragón fue llevado al agua junto con las llamas, que no se apagaban.
Kouga se encabritó como el caballo alado que era, no pudo soportarlo más, era demasiado, demasiado. Su Cosmos estalló por sobre su cuerpo, y antes que lo supiera, su Cloth lo estaba protegiendo. Ella también lo sabía, también sabía qué acababa de ocurrir, las lágrimas que derramaba Kouga eran de Pegaso también, el dolor que sentía se reflejaba hasta en las estrellas.
TOBI SARU... PEGASUS!
– ¡Kouga!
El caballo había emprendido vuelo antes de que intentasen encadenarlo. Atravesó los mares con un batir de alas furioso, y fue en busca de aquel dios venido a demonio. Surcó los cielos de una pequeña playa, pasando por sobre las miradas de cientos de guerreros de negro. Pero solo le importaba Fudo, voló hacia él.
Pero su ira no fue mayor que su poder. Antes de elevarse más, su Cosmos se desvaneció, y Kouga aterrizó en el suelo, frustrado, gruñó y golpeó el piso. En cuanto se puso de pie, se vio en vuelto en sombras negras y filos rojos.
– ¡Atrapen al intruso!
– ¡FUERA DE MI CAMINO!
Sus puños brillaron sobre la sangre de sus enemigos, apretó los dientes, y soportó el dolor de su piel al quebrar el acero negro. Por detrás venían, hacia tras caían. Por arriba saltaban, contra el suelo estallaban. Kouga no tenía tiempo para unas basuras como esas, no tenía tiempo para nadie más que Fudo.
PEGASUS RYUUSEIKEEEEEEN!
Una brutal lluvia de estrellas fugaces cayeron sobre los ojos de los Martian, y el único que deseo por el que pudieron pedir fue un castigo menos doloroso en el infierno. Kouga lanzaba los golpes en distintas direcciones, hasta que en sus ojos no había más que un ejército de cadáveres. El Cosmos de Kouga se estaba consumiendo tan rápido como crecía, su luz de color celeste claro se había empañado de una oscuridad entintada con púrpura. Volvió a buscar a Fudo con sus ojos, pero sus ojos no podían encontrarse a sí mismo.
"¿Qué…? ¡¿Qué me está pasando?!" – Cayó sobre sus rodillas– "Pegaso… ¿Qué es esto? ¿Por qué tienes tantas ganas de…? ¡PARA, NO!"
…
– ¡Ryuuhou! ¿Estás bien?
– Sí, logré saltar a tiempo, pero algo me preocupa más. La Cloth de Kouga no estaba blanca como siempre… Su Cosmos tampoco. Esto no me gusta.
– ¡Entonces, rememos rápido hasta allá, Yuna, o no llegaremos a ayudar a Kouga!
– Demonios, Kouga… ¿Qué te está pasando?
…
"¡PEGASO, NO! ¡Esto no es lo que tenemos que hacer…! ¡Debemos rescatar a Kiki!"
"¿A quién le estás hablando?"
"Pegaso, tú…"
"¿Crees que estás hablando con tu Cloth? Pobre idiota. Mira, te enseñaré quién soy, aunque suena un poco tonto. Sería como presentarte a ti mismo."
