.

Cambiare o moriré en el intento (Por mi Felicidad)

.

Capítulo 50 -Soledad y deseos recónditos

.

No entendía porque había sentido una especie de conexión con esa joven que tenia cabellos rubios y rizados, y que además estaba esperando un hijo. Sonreía encantada, se sentía confusa, pero sospechosamente contenta. Para Candy también fue una sensación agradable, a pesar de no conocerla sentía que era una persona pura e inocente. Una que no dejaba de desearle éxito con su embarazo, y de decir muchas recomendaciones, no supo porque sintió que esa mismo se lo diría una madre cariñosa. Sus ojos brillaron al mismo tiempo. Les era sencillo entablar conversación, y así lo hicieron amenamente.

Christine no comprendía porque algo dentro de ella le decía que debía de cuidarla.

"Quizá porque mis hijas ya deberían cada quien casada o cerca de estarlo… Diecinueve años…" – Pensó la mujer castaña, sus ojos se oscurecieron, para después sonreírle a Candy. –"No, no volverán por mas que les llore... Simplemente debo de… Ser fuerte, jamás los olvidaré, nunca... James, por favor no sufras. Yo estoy bien. Y quizá algún día hare justicia, aunque tú no lo querrías. Pero… ¡No fue justo! No lo fue… "Christine trato de no quebrarse, ese recuerdo aun le dolía, le quemaba las entrañas cada que pensaba en lo que según ella podía haber sido.

.

Un joven se escabullo y logro irse, no sin antes mirar a la mujer castaña, que conversaba con la señora Graham.

Su "tarea" era sencilla, aunque tediosa. Pensó en otra mujer castaña que estaba interesada en el dato del paradero de Alphonsine.

-Gaby. –sonrió mientras marcaba el numero. –Hola, Gabrielle, soy yo…

-Dime, Alex… Espero sea algo bueno. –se escucho la voz de la mujer que tomo esa llamada.

-Creo saber donde podría estar, pero en caso la encuentre… ¿Qué quieres hacer con esa mujer?

-¿Qué hare con esa mujer? No es tu asunto, solo debes de hallarla. ¿Alguna vez viste un fantasma? Pues es parecido… Jajajaja…

-¿Qué harás con ella?

-Nada, solo la quiero para manipular al señor Beckett. Solo eso… Lo cual no será difícil.

El joven no le dijo nada, después de oír que posiblemente estaría en New York por cosas del trabajo y que para eso ya quería que apareciese la mujer desaparecida.

-Aparecerá, Gaby. Aparecerá, no te impacientes….

-¡eso espero! Es mi jugada final…

-¿Por qué? No pensaras seducir a tu jefe ¿o sí, querida Gabrielle?

-Y si fuera así ¿Qué?

-Ya veo, Gaby… Ten buen viaje cuando vengas… New York te espera….-"será un condenado revoltijo, Jajajaja" Pensó él.

.

.


.

.

Trascurrieron días, días en los que no estaba tranquilo Terrence. Karen había prometido ayudarles a reunir pruebas en contra de Alexander, y eso haría….

Los ensayos eran cada vez más extenuantes. Pero eso no era nada en comparación con la incertidumbre que le producía esto al castaño. Le había dicho a Candy que no se angustiara por eso, por lo que no mostraba su preocupación. Su esposa pensaba que eran por los nervios de la próxima obra.

-No debes estar nervioso, mi amor. –decía Candy, cuando le ayudaba a repasar sus líneas, cuando estaban en su habitación. –Sé darás todo de ti, y el publico te amara. –dijo guiñando un ojo de manera traviesa. –Yo lo sé. –lo miro con una sonrisita que le indiciaba que todo saldría bien.

-Con que me ame mi esposa es suficiente. –Terry dejo sus líneas para recorrer sus manos en ese cuerpo delicado que se deshacía ante sus candentes caricias, esa cercanía. Notaba que su esposa lo recibía siempre de manera cariñosa, incluso cuando lo desvestía con las mejillas sonrojadas, entendía que era por el embarazo. Algo de lo que disfrutaban, cada entrega, cada roce, cada beso, cada sutil, pero insinuante caricia sobre su ropa era un juego previo antes de reclamarse como suyos, entre jadeos, y te amos que se escapaban cuando separaban sus labios.

Empezó a besar ese cuello níveo, enloqueciendo con su delicioso sabor. Candy se echo para atrás disfrutando de aquella caricia.

-Eres hermosa. –la admiro recorriendo con sus manos sus curvas. Escuchó el gemido de su mujer, de su esposa. Lo que lo animo a continuar, antes de alzar con la otra mano la falda del vestido de la rubia, para acariciar sus piernas, y llegar a sus fibras sensibles, que sintieron la intromisión de uno de sus dedos.

-Tu también. –Candy se entregaba a esa sensación de placer.

-¿A sí? Candy…-deslizo la ropa que la cubría, lo primero que se fijo fue en su vientre que crecía, lo beso, antes de continuar donde comenzaba, besando, degustando cada parte de su piel, acariciando esa área sensible que hacia que la rubia se arqueara por la agradable sensación placentera. Quería más, más. Indudablemente esa mujer que respondía con ímpetu ante sus caricias y que ponía en su cuerpo otras, estaba hecha para él. Trataba de relajarse, de no pensar en sus problemas por ese mágico instante que gozaba al lado de su esposa. Se amaban con deseo, con ganas, con pasión, una que no se extinguía. Una que nacía una y otra vez. Cuando la sintió lista se introdujo en ella, tomando su mano, besando su frente sudorosa, sus cabellos desordenados. Aunque era más cuidadoso por su embarazo, no olvidaba al ser que crecía en la matriz de su esposa. Empezaba a apreciar los cambios en el cuerpo de su esposa, si acaso le habían salido más pecas. La sentía vibrar, estremecerse, enterrar sus uñas en su espalda, decir su nombre de manera entrecortada, agitada, deseosa.

Después de amarse de esa forma, descansaban rendidos, de no ser por ello hubieran seguido amándose, entregándose.

Terrence recordaba las palabras de su padre, su compañero del Teatro sí era sospechoso, no había duda. Su suegro se lo confirmo. Lo que no se tenía claro era que motivos lo movían. Pero algo ser debía ser, algo. Algo inquietante, parecía que estaba ahí para incomodarles, para ser un tipo de acoso sutil, sí.

Volviendo a lo de Karen, ella tuvo que ser menos severa con el joven, incluso se reía de algunas de sus palabras.

-Karen, pero si te ves radiante hoy.

-¡Oh! Muchas gracias, Alexander. –la actriz se acomodo el cabello de manera despreocupada. –Lo mismo podría decir de ti, te ves bien.

-¿En verdad? –el joven sonrió negando con la cabeza. –Pensé que estabas molesta conmigo. –la miro fijamente.

-¿Molesta? ¿Por qué debería de estarlo, Alexander?

-Por lo que paso con…

-¿Susanna? No, eso paso hace mucho. –dijo Karen, sintiendo que era lo único sincero de toda esa conversación fingida. –No ando mirando el pasado. ¿Y tú? ¿Te iba bien en tu antiguo trabajo? Yo me sentí tentada a ir, pero me di cuenta que mi lugar es aquí… en New York…

Alexander le conto aquello, cuidándose de hablar de mas, pero con lo poco que decía la actriz podía tener de donde indicar que investigaran, no entendía porque había bajado la guardia y le decía algunas cosas. Aunque no decía nada sospechoso aun.

-Aun. –menciono Karen, al ver que se iba. –Pero ya es algo. Cuantas mentiras he dicho en un solo día, Sally. –toco su vientre, suspirando. –No sospecha, eso espero…Sam… -pensaba en su esposo, confiaba en ella. Aunque no, tenia que presionar más al actor, debía de admitir algo difícil.

.

.


.

Sin que nadie supiera como corrió un mes. Candy no dejaba de ir a visitar a Christine, ninguna sospechaba nada extraño. Disfrutaba de su compañía, de sus conversaciones, sin entender la causa. La rubia preparaba algún tipo de postre y se lo enviaba cuando se encontraba con la mujer castaña, iba a la iglesia. Se lo decía a su esposo, quien al verla tan contenta no se lo podía negar. Aunque ya empezaba a picarle la curiosidad de saber quien era la señora Chris de la que tanto comentaba Candy. Estaban en el enorme patio, bajo unos arboles que hacían sombra.

-¡Muy bueno! –decía esta con verdadero placer. –Exquisito, Candy. ¿También te gusta el chocolate?

-Sí, me gusta mucho…-decía Candy con emoción.

-Jajajaja… Dicen que alegra el corazón… No, ese es el vino… ¿Sabes? Mi visión era casi nula, pero desde que sé que tengo que esperar, estoy aliviada. He decidido que no puedo dejarme vencer por todo esos fantasmas de mi pasado que cargo conmigo. –refiriéndose a lo padecido. –Aunque dudo que puedo abrir mi corazón a amar nuevamente…

-Cuanto lo lamento, por todo lo que le pasado. ¿Pero se siente mejor? –Candy la miraba atentamente, mientras observaba como la mujer comía con mueca de agrado, era como si sus ojos brillaran de emoción. –Creo que recuperara su vista y podrá ver como antes, verá que no todo puede ser malo…

-Sí. –dijo la mujer castaña, mientras le refería que estaba viendo a un medico que llevaba su revisión esporádica de su vista, aparte de su reciente convalecencia. –Lo recomendó la Madre Superiora, solo por eso confió en el doctor. En realidad detesto a los médicos. Pero puedo hacer excepciones supongo –

Candy abrió los ojos sorprendida.

-¿En serio, señora Chris?

-Sí, ellos…-Christine apretó un puño. –…Son terribles. No tienes ni idea de lo mal que me trataron. –sus ojos brillaban, era enfado, destellaban. –Es por eso que no creo que sean buenas personas. No les temo, solo no… no me agradan. Aunque al medico que te mencione parece serio. Bueno más o menos. –se toco la barbilla la mujer. – Creo que solo busca motivos para venir a visitarme.

-¡Oh! Eso quiere decir que tienes un admirador, señora Chris. –se rio Candy, antes de llevarse u trozo de tarta a la boca. Omitiendo que ella misma estaba estudiando para ser enfermera –¿Qué le hace creer eso, señora Chris?

-Pues… no sé, quizá solo este figurándome cosas, Candy. –se encogió de hombros Christine, como si no entendiera bien. –Pero no me gusta. Dime terca, quizá sean muchos años, pero… yo… no creo que olvide lo que tenia. Se podría decir que soy huérfana… Pero tú me agradas mucho. De verdad, me llena de felicidad que dispongas un momento de tu tiempo para venir a verme, a pesar de que nada nos una. Pero sabes qué estoy segura de que si hubiera tenido hijas serian igual de atentas que tu. –busco la mano de Candy, y la acaricio sonriendo. –Por lo que… Gracias… por interesarte en mí. También me alegra ver a este pequeño. –toco el vientre de Candy. –También te quiero a ti, pequeño. ¿Eres un pequeño, verdad? Aunque recuerdo que me confundí en mi embarazo, así quizá seas una niña… Ya sé, seria pésima abuela, si es que lo fuera.

-No digas eso, señora Chris. Creo que usted hubiera sido una buena madre, y una abuela muy tierna. –sonrió Candy, sujetando la mano de Christine. –Si no cree estar lista para intentar algo romántico con otra persona, pues no se fuerce. Usted no fue culpable de lo que paso con su familia… -Candy apretó los ojos, sin saber porque decir aquello le dolió. –Creo que es muy valiente que quiera sobreponerse a su dolor.

-Solo lo lograre… haciendo justicia… Pero pasando a algo…-La castaña sonrió, antes de decir –Mi vista esta mejor… Digo ahora puedo percibir formas… Aun es oscuro, pero…-unas lágrimas se escaparon de sus ojos. –Pero… ay es mucho… para lo que antes no podía…

-¡Eso es bueno, señora Chris! ¡Me siento tan contenta por usted!

-¡Gracias! Yo… Arreglaré mi situación cuando haya recuperado la vista, porque me enfrentaré a mis problemas, pero…. Pero no puedo presentarme así, no. Tendré todo fríamente calculado. –dijo con aire serio, e inflexible.

-Señora Chris…-Candy se sorprendió, creyó que buscaría capturar al culpable, por si misma. Se preocupó.

-…cuando tenga mi cita con el destino. –Se refería a que buscaría a Frank, y buscaría hacerle pagar por todo, y muy caro. Así tuviera que fingir, estaba decidida a darle su merecido. Nunca había deseado algo como en ese momento, deseaba causarle en mismo tipo de sufrimiento, el recuerdo de su familia, por un lado la alentaba y por el otro era su punto débil.

La venganza no era buena, su conciencia la condenaría después, y también el recuerdo de su esposo. Pero no, con mirada firme, se resolvió, tomar cualquier cosa y usarla en lo que necesitara. –Y esta vez me llevare la victoria.

-Señora Chris, no busque a esas personas… Solo se lastimara al hacerlo… ¿No podría perdonarlos? –Candy sujeto el hombro de la mujer, que no agacho el rostro, solo se aclaro la voz, y la endureció.

-No. –Christine cerró los ojos, y sonrió de manera triste. –Agradezco tu preocupación por mi, Candy… pero… Lo he decidido. Así tenga que sacrificarme a mi misma en el camino, es lo que quiero.

.

.

.


.

.

-¿Estas segura de que quieres enviar esta carta, Cristi?

-Sí, Madre Superiora. La firme como Alphonsine, pero solo lo hice para fastidiarle. –sonrió de manera aterradora. –Planeo enloquecerlo. –puso mirada seria. –De verdad…

-¡ángel, te estarás exponiendo! –la monja sujeto los hombros de Christine, que dejo caer la carta que había pedido que la monja le ayudara a redactar, porque ella aun no veía bien. –No busques a ese tipo. Tu lo dijiste, si te lo encuntras querrás deshacerte de él. ¡No quiero que seas condenada por insensateces! ¡Vamos, ángel!

- Por favor no me pida que me retracte. Porque yo…

-¡Basta! –La monja la sentó en la cama. –Te prohíbo que lo hagas. Si sigues con esas ideas tendré que decirle al Padre Bernard que deseas cosas oscuras. Te excomulgaran de la iglesia.

-Esa no era mi… intención. –bajo la vista. – Si le digo que acepto las proposiciones del doctor Lewis, ¿usted estaría tranquila?¿A que sí? Prefiere que yo me ocupe de asuntos "amorosos", en vez de que reclame la honra que merece mi familia. Entienda que yo no tendré descanso hasta verlo pagar… -hizo un puño.

-Sí, mucho. Le tengo mucho aprecio al doctor, y no dudo de sus buenos deseos. Además ya de esa desgracia que casi pasan dos décadas… Tal vez tu…

-No le quiero. –admitió, de manera firme. –Y sé lo deje claro, puedo ofrecerle mi amistad, solo eso.

-Por ahí se empieza. –dijo la monja. –Así fue como ¿te enamoraste de tu esposo?

-No es tan simple, él me gusto desde siempre, es solo que entendí que lo amaba con el correr del tiempo. –sonrió sonrojada. –Nos mirábamos de manera furtiva en las misas de los domingos cuando éramos chiquillos… Jajajaja…. Me admiraba cantando… Y después decía de manera natural… "eres un ángel, solo que ya te olvidaste de ello."… , pero lo decía sin coquetería, era un cumplido sin proponérselo y yo me reía por su ocurrencia … Nos quisimos en secreto, sin estar enterados de nuestros respectivos sentimientos, no sabe todas nuestras confesiones de casados... Y sí creo de seguir así hubiéramos terminado siendo amores secretos y cómplices…

-¿Te refieres a amantes? ¡Vaya! ¿Tanto le querías como para pasar lo correcto y moral? –la monja se persigno. –No sabes lo que dices, Christi.

- Me dijo: "Te mereces más, se feliz porque yo lo seré por el simple hecho de haber coincido en esta vida contigo. Te quiero, y por eso te lo digo."… Ah… ah… ah… Me dolió, pero se que no podía ser distinto, por eso fui dichosa al llamarme por su apellido… al ser su esposa….

- Pasaron por mucho… Por eso te lo diré nuevamente a tu esposo no le gustaría verte en prisión si estuviera entre nosotros, creo que estaría mas tranquilo si reiniciaras tus sentimientos, y te enfocaras en dejar ir ese dolor dentro de ti…

-¿Olvidarlo? –lo pregunto con incredulidad. –¿Casarme con otro? –retorció las manos como si quisiera estrangular a alguien. – ¿Decir "amor" a otro hombre? –su voz sonaba disgustada. –No, se que él preferirá verme vistiendo santos a verme de la mano con Fulano. Lo conozco bien, mejor dicho lo conocí bien. Si acepto al doctor Lewis será… seria solo un error, terminaría llamándole por el nombre de mi esposo cuando este dormida…Porque para mi solo han pasado pocos días… Es decir que es como si lo hubiera perdido ayer…

.

.


.

.

En el Teatro, era otro día de ensayos. El estreno seria en menos de un mes, todos corrían contra el tiempo. Dos los coprotagonistas eran a lo que más presionaban en esos momentos. Terrence estaba aliviado de que su padre hubiera podido saber ciertos detalles sutiles del muchacho investigado. Richard Grandchester haciendo uso de su influencia había logrado rastrear la filiación de Alexander, siendo reconocida Gabrielle E. Thompson como otra probable sospechosa. Con esto alertaron a James, quien ya empezaba a notar cosas extrañas con su secretaria, comenzando porque se le empezó a insinuar de manera poco sutil, después de que cerraran un oportuno contrato con una empresa neoyorkina, solo faltaba pactar ciertas cosas de manera presencial, pero solo eran detalles, y claro la presencia de ambos jefes.

Amelia estaba dichosa, aplaudió el apoyo de Rodrigo con eso al reiterar mediante cartas los beneficios en los mejores términos, utilizando el poder de persuasión o lo que rayos fuera para convencer. Pero no se daba el crédito para si mismo, solo se consideraba un peón en servicio de la reina, por así decirlo.

-Amelia, eres la reina de este juego de ajedrez. –le dijo Rodrigo, de manera metafórica. –No lo olvides nunca, señorita Beckett. Tienes todo el poder para despedirme si te place. –no era un reto, solo una indirecta de que no consintiera que nadie nunca quisiera pasarse de listo con ella. Se preocupaba por ella, era lo más cercano que había conocido a una hermana.

Pero volviendo a lo de la secretaria, esta había pecado de impaciente, y por oportunista. James estaba advertido, pero su prima le dijo que se detuviera antes de querer someterla a un intenso interrogatorio, y de paso reclamarle por haberse confabulado con Alexander, quien estaba al servicio de Frank. En esto ayudo el hecho de que el recluso recibido una carta del joven, que fue interceptada por Rodrigo al leer el remitente con suspicacia. Se repetía el nombre de Alphonsine, pero pensaba mencionarlo a su tío, por precaución. Pero su madre se le adelanto a ello, después de haber logrado "convencer" a Frank de decirle lo que ella deseaba, se reservaba el cómo lo había logrado, su mirada oscura no admitía responder dudas.

-Que crea que no sabes nada. Porque si esa mujer esta confabulada con ese joven, y por consecuencia con… Frank… Solo le estarás alertando de manera innecesaria. –Dijo Emily, al saberlo. Se toco la cabeza, antes de mencionar. –Hazle creer que ha ganado, que confías plenamente en ella, y… averigua lo que puedas. Que yo pude averiguar esto de Frank… y… ha tenido a una mujer en un Hospital en New York, pero según me dice ha perdido el juicio.

-¿Él o quien?

-La mujer, ella ha perdido el juicio… Pero Rodrigo creía que podía ser más serio aun, y yo no lo dudo.

-Sigo sin comprender, Emily. ¿A que mujer se refiere Rodrigo? Por como se llama pareciera ser esposa de Frank, pero sinceramente no sé qué podría creer. Solo conjeturas ¿verdad?

-Mira, querido primo, lo que debes de hacer es seguirle el juego a Gabrielle.

-Sí, seguirle el…. ¿¡Qué!? Emily, ¿qué clase de consejo se supone que es ese? ¿Seguirle el juego? ¿Ignoras que quiere… Que quiere… a cómo de lugar qué yo le haga caso…

-¿Ya se te insinuó? ¿Y qué respondiste?

-Que se retirara, antes de gritarle algo impropio. Por eso le dije con firmeza: "Vete".

-Discúlpate, y busca que te diga lo que sepa. No te digo que consientas todo... Solo aparenta un poco. –menciono con aire misterioso, le lanzo una mirada cómplice. –Has un esfuerzo, sé que eres muy sensible siquiera ante el simple hecho de que quieran "aprovecharse" de ti. Lo sabrá mi mejilla. –se alejo rápido, era una alusión a años atrás.

-¿Eh? ¿De que hablas… ¡Emily!

.

.

.


.

.

En un restaurante ostentoso, una joven se jugaba mucho por solo tener pruebas.

-¿Por qué acepaste comer conmigo, Karen?

-¿Qué una ya no puede ir a ver a los amigos? Quería verte, es todo. ¿Qué te parece tan extraño?

-Tu… no es nada… ¿Por qué no te pones cómoda? ¿Qué quieres comer, Karen.

-Cualquier cosa, estoy hambrienta. El estreno es dentro de menos de un mes... Ya sabrás como me siento.

-¿Y tu esposo no esta dándote su apoyo?

-¿Qué? –abrió los ojos. –No. –mintió, sabia que su esposo estaría no muy lejos. –Esta ocupado…-no dijo mas porque no era cierto, solo quería sacarle información al joven.

-Lamento eso. –sintió que tomo su mano. La castaña solo hizo como si buscara su servilleta que tenia en su regazo, apartando sin mucho sobresalto su mano. –Pero descuida, Karen, serás la mejor Julieta de todas.

-Pero dime ¿Qué era de ti? ¿Lograste independizarte de Standford?–pregunto, parecía tener mucho interés. –Dicen que a la compañía donde fuiste le ha ido muy bien estos últimos años… ¿es verdad eso?

-No, querida Karen. –sonrió al llamarla así, lo había dicho con burla solapada. –Te han mentido, pero bueno no quiero hablar mal de ningún lugar. Así que pasemos a ti.

-¿Entonces te explotaban y por eso renunciaste? ¡Ah! Pero que personas… Pero eso solo demuestra que por despreciar a Robert casi te quedas en la calle… Jajajaja. –se rio Karen de manera casual. –¿Y que otras aspiraciones tienes? Según recuerdo no puedes estar tranquilo sin tener algo en mente.

-Me conoces bien. Y sí vine aquí a New York por un asuntito… Uno que tenia la imperiosa necesidad de resolver.

-¿A sí? –Karen quería oírle decir algo comprometedor, no espero que el joven sujetara su mano y la acercara más a él. "¡Demonios! ¿Qué diantres se propone?" Pensó la castaña, pero se calmo, mientras se estiraba hacia atrás, alejándose un poco. –Y ¿Cuál fue el motivo?

-Venir a ver Julieta… ¿Qué más? –alzo la mano de la actriz y la beso. -¿Qué le echas a tu piel que esta tan… tersa?

-Nada. –dijo Karen, apartando su mano de un tirón, no supo como se resistió el querer abofetearlo por permitirse esas libertades. "Julieta… Pero no, lo dice en dos sentidos. Uno la obra y el otro debo de saberlo…" Pensó la castaña. –Seguro ¿Qué solo es el motivo? Porque recuerdo que una vez dijiste que no tenias nada que hacer en Manhattan… Lo ¿olvidaste?

- He venido por Julieta, y claro por mi trabajo. ¿Quieres que continuemos esta conversación en mi apar –

-¡En el parque! –advirtió a donde iría esa proposición. Tenia que manejarlo, además que le era vergonzoso, sabia que estaba siendo observada, incluso su esposo estaría por ahí escuchando. –Perdón por gritar…Pero es que el medico me ha dicho que me hace bien caminar… ¿Quieres? –"A menos que quiera que Sally se quede sin padre por… ¡Por las cínicas proposiciones de Alexander!" Pensó la castaña.

.

.


.

.

Mientras buscaban descubrir las intrigas de Alexander. Candy estaba pasando su embarazo entre sus estudios, las atenciones cariñosas de Eleanor, y sus visitas a la simpática Sra. Chris. Y claro sin olvidar que todos estaban encantados con la noticia de su embarazo. Un niño es algo que tare mucha felicidad, ¿Quién no estaría contento? ¿Quién?

Se despertaba muy temprano, por recomendación de Christine contrato a una muchacha que le ayudara de manera temporal con el cuidado de su casa.

-No debes de agitarte, evita hacer esfuerzos innecesarios. –le advirtió esta. –En tu primer embarazo debes ser aun más cuidadosa.

Christine deseaba conocer a Terrence porque quería convencer al Sr. Graham de que ella seria una buena niñera para su hijo que estaría próximo a nacer. Lo único que la detenía de hacerlo, era el hecho de que aun no regresaba del todo su vista, había tenido un avance notorio. Distinguía la silueta de las personas, casi podía saber quienes eran por la forma. Aunque estaba a casi a tientas, porque aun no se aclaraba su visibilidad.

-Paciencia, señora Christi… Paciencia… -decía el medico, después de hacerle otra visita. –Esta mejor, mucho mejor…

-¿Cuándo? ¿Cuándo podre ver bien, doctor? Quiero saberlo, no sabe lo importante que es para mi recuperar mi vista, hay tantas cosas que deseo hacer… tanto que….

-Descuide, señora… Esto no será por mucho… Veamos... Dígame ¿Qué es esto? –le extendió una hoja colorida, era una entrada para el estreno de la obra "Romeo y Julieta", color rojo. Pero no le dejo tocarla, solo se la puso frente a su rostro. La mujer entrecerraba y abría una y otra vez los ojos.

-¿Eso? Ah, pues… pues… No estoy segura…. ¿Una hoja? ¡De papel! Sí, le he acertado, doctor Lewis… Dígame que sí…. ¿Es así?

-En parte... –el medico sonrió mientras sujeto su mano. –Sí es un tipo de hoja de papel…

-¡Ah! ¡Lo sabia! –hizo un puño en señal de triunfo. El medico solo rio al ver esa conducta de su paciente. Le fascinaba sus actitudes espontaneas.

-Es una entrada… Sera en menos de un mes…

-Ya recuerdo, doctor…. Yo conozco a una jovencita que es esposa de un actor… ¡De verdad! No miento… Así que me lo dijo…. Jajajaja… Dijo que seria especial…

-Es porque lo será, y por eso yo… quería…

-Sí, vaya a ver esa obra, doctor. Seguro que le fascinara. A mi en verdad me encanta, ese era mi libro preferido… Incluso se me algunas líneas… Pero no, solo las citaba para mi…

-Ya veo. –la corto el medico. –Quiero invitarte, señora Christi… ¿Christine, verdad? Es un nombre precio –

-¡No! –grito la mujer tapando sus oídos, el medico se sorprendió. –De todos los cumplidos que puedan existir o ser creados no me diga ese…

-¡Ah, bien! Bello entonces… Sé que no quiere que la vea con otros ojos que no sean estrictamente profesionales.

-Y así debe ser.

-Pero… quiero invitarla al estreno.

-¿Qué? –los ojos de Christine se agrandaron. –Nunca fuimos a un teatro…-recordando a su esposo. –Nos falto… No.

-Quisiera ganarme su amistad, por ahora…

-¿Y después qué? No, doctor… Le soy sincera, si me caso con usted terminare por hacer que me desprecie… Entienda que enviude hace muy poco…-así lo sentía ella. –No puedo verme a mi misma en una situación como esa, no sabría como manejarlo… Además tengo otros planes en mente…que no involucran ponerme un ajuar y vestido blanco…

-Por favor déjeme ayudarle en lo que necesite…

-Llamar la atención…

-¿Cómo dice usted?

-Quiero atraer la atención de una persona en específica, de un asesino…

-¿Qué? ¿Por qué? ¿Acaso ha perdido el juicio, señora Christi? –la sujeto de los hombros sacudiéndola un poco. –No puede hablar en serio.

-El cielo no lo quiera. –negó con la cabeza. –Y sí, es muy en serio. –aparto las manos del medico. –Pero no se como hacer eso con exactitud…

- Yo la presentare ante quien quiera… se lo prometo… Olvide lo de mis intenciones, solo seré un amigo ayudándole. ¿Esta bien? Primero… La presentare como….

-Le diré mi nombre completo después… Entonces usted ¿me quiere ayudar, doctor? No tiene que hacerlo. Ademas ya me habían dado una invitación al estreno… La tierna jovencita que viene a verme… Se quedebe ser linda…

-Lo hare con gusto … Y si usted en algún punto cree que podría ser algo mas, pues me lo harás saber. ¿De acuerdo? ¿Acepta mi ayuda? Se la ofrezco a cambio de nada…

-Que quede claro que eso no seria una… cita. ¿Esta bien, doctor?

-Sí, solo es su oportunidad de hacerse notar…. ¿Quiere que de parte a las autoridades?

-No, porque me querrán voltear el problema. Golpee a una mujer, seguro que desean encerrarme por eso…

-¿Quieres… vengarte? ¿Es eso? Entiendo, yo haría lo mismo si hubieran aniquilado a mis seres queridos… Tendrás mi total apoyo… Solo dispón de mi ayuda y veré que sea así. –estrecho la mano de Christine que se estremecio y retiro la mano sintiendo inseguridad. Algo le decía que debía andar con cuidado, pero aun así se arriesgaría a darle el lujjo de la duda, quería vengar a los suyos y lo haría cayera quien cayera en el camino. No miro al doctor como un amigo, sino como un medio de lograr lo querido, después si todo salía bien veria la forma de recompensarle por su colaboración, pero después…

.

.


.

.

En la casa de la famosa actriz Eleanor Baker.

-¿Cuándo pensabas decírmelo, Richard? –Eleanor estaba seria. Richard la observo de brazos cruzados y mirada inquisitiva. Aun enfadada conservaba su encanto natural, se concentro en responderle.

-¿De que estas hablando, Eleanor? –se mantuvo tranquilo.

-Lo de ese joven que quiere hacer peligrar el matrimonio de nuestro hijo. –Había utilizado nuestro cuando sentía que la responsabilidad era de ambos como sus padres. La de cuidarlo, ayudarlo, estar ahí, hacer lo que no habían podido antes, velar por el bienestar de Terrence y de Candy, por consecuencia. –Arthur….

-Se llama Alexander… -la corrigió, pero observo como la actriz se sorprendía.

-¿Entonces si hay alguien?

-¿No lo sabias antes de que me confrontaras?

-No, solo sospechaba, pero al ver que no lo has negado como esperaba…. ¡Richard, eso esta mal!

-¿Crees que no lo sé? –no quería que la rubia se exaltara. –Pero por desgracia sin delito no hay condena…

-¿Qué?

-No se le puede acusar solo por confabular, Eleanor. Eso hasta un abogado lo sabe bien. Incluso Beckett me dijo lo mismo con preocupación cuando le puse al corriente de todo este asunto….

-¿Beckett? ¿James también lo sabia? ¿Por qué ninguno me dijo nada? ¿Me creen tan inservible? Podría hacer algo por…

-Podrías hacer que te relacionen con Terry, y así solo te expondrías. Deja de lado tu orgullo, lo primero es la seguridad.

-¿De quien?

-La seguridad tuya, de mi hijo, Candy y mi nieto.

-Pero ¿Por qué se empeñan en excluirme en esto?

-Por eso mismo, tu amor materno te haría ir a querer gritarle al ese joven…

-No solo eso. –apretó los puños. –Es a mi hijo a quien quiere perjudicar, a su esposa… No podemos permitirlo… Terry esta a las puertas del estreno de su obra…

-Y tú también, pues tiempo después tú estrenaras la obra que escribiste. ¿Lo olvidas?

-¡Entonces al demonio con mi obra, Richard! –el aludido se sorprendió por escucharla maldecir. –Terrence es primero.

-Seria sospechoso, por lo que no lo puedes dejar. ¡No tiraras todo tu esfuerzo por terceros! Me encargare de que nada le pase a Terry…

-De acuerdo, pero… pero si…

-No, me ayuda mucho que tú no pierdas la seguridad que te caracteriza.

-Richard. –esperaba que todo saliera bien. Estaba ofuscada, nerviosa, le ponía ansiosa que la mirara fijamente. No por temor, sino por la impresión de que también había sufrido, a su modo, pero también le había salido cara su mala decisión para con ella. Ambos representaban para el otro lo que nunca pudo ser por cosas de la vida misma, por ellos si acaso no habían luchado lo suficiente. Estaba segura de haber superado todo eso, pero al verlo su firmeza la sentía tambalear, era como si quisieran derrumbar sus convicciones, sus luchas internas, sus sueños que tuvo que ahogar para no herirse más. Su culpabilidad porque el que más había sufrido por ellos dos habían sido Terrence.

.

.


.

.

No entendía porque las personas de su entorno, casi la mayoría terminaba decepcionándole. Empezando por Frank, años de amistad que no significaron nada. Solo mentiras, años que tuvo a Gabrielle como su secretaria, pero solo significo para esta ponerse a tramar contra lo que amaba, su familia. Eso jamás se lo perdonaría.

Tras recibir la visita de Henry Britter, quien estaba también pendiente por todo eso.

-Nunca me fie de esa mujer. Pero tienes que hacer que te cante todo. No estas casado así que no creo que aquello suponga un problema.

-No, aun quiero ver que se propone con esa mujer que escapo del Centro Psiquiátrico. Frank es un desalmado.

-Es un maldito bastardo.

-Por eso creo que podría ser….

-¿Una victima mas en su colección de mujeres? También lo creí, pobre mujer… caer en manos de ese repugnante sujeto.

-Por eso no puedo descubrir a Gabrielle, no sin antes haber ido a New York…

-¿Por esa señorita con la que sales?

-¿Eleanor? –la recordó. –En realidad la excusa seria de la firma presencial del contrato con la otra empresa…

-Claro, y ella como tu secretaria tendría que ir…

-Amelie también vendrá… No olvides que ella esta tomando dominio de todo, y es lo que anhelo. Descubriré a Gabrielle después de saber unas cuantas cosas…

.

.

.


.

.

No entendía que quería de ella, le dejaba intranquila saber que estaba siendo otra vez cortejada, sin su consentimiento. Pero supo hacer mantenerle lejos delegando funciones que hacían que no le viera tanto.

-¿Crees que será si siempre, Amy? –se preguntaba Julián, observando una fotografía de la rubia oji-azul. En eso marco el numero de una personita que le contesto rápido.

-¿Si? –sonaba al otro lado de la línea telefónica. -¡Hable de una buena vez!

-Eliza….

-Ah… Eres tu… ¿Lograste algún avance significativo?

-Pues…

-Eso es un no…. ¡Estúpido! ¿no puedes hacer nada bien?

-No es tan fácil, ella…

-Nada, Niel se regreso a Chicago solo para poner dudas en Anthony… ¡¿Qué mas quieres?! Solo debes de hacer que todos crean que tiene un romance… ¡SOLO ESO!

-No cede, como ya esperaba…

-Entonces fuerza eso, pero has algo… ¡algo!

-¿Cómo qué?

-¡Llévatela a la cama!, ¿tan difícil es hacer eso? Si lo haces Anthony la despreciara… Jajajaja… Nunca le perdonaría eso…

-Me va a odiar….

-Es un riesgo, sí. Pero… ¿Qué prefieres?

.

.


.

Anthony había estado con el alma agitada, lo que había dicho Niel había sido contundente. Le querían tender una trampa a su novia. No lo podía permitir, iría a cerciorarse que estuviese bien. Después de todo, ella le había dicho: "Si un día vienes, serás bien recibido". Moría de ganas de verla, de verla bien. Pero sobretodo de protegerla. Por eso sin dejarlo pasar mucho pidió permiso a su tío Albert para ir a Ohio. El rubio mayor entendió sus motivos, y le recomendó ser suspicaz. Ignoraba que Niel mismo se había marchado casi a la par a Ohio también. Claro solo le faltaba lanzarle cizaña a Amelie.

Anthony estuvo pensativo durante todo el viaje. Su padre le había dicho, tras recibir su llamada tiempo atrás, que debía de luchar por las cosas que amaba, y que no rindiera nunca.

Agradecía su oportuno consejo, en eso descendió del tren tras recibirse en la ciudad que lo esperaba ansiosa.

-Amelia…-murmuro al poner un pie fuera del tren, con una pequeña maleta en mano.

.

-¡¿Qué demonios hace Anthony aquí?! Eso no era parte del plan –se preguntaba una voz de un joven, que lo miro oculto en una esquina. –Jajajaja… Debo darme prisa, o Amy será de Julián…

.

.

.

En la Florida….

-Señora Phillips…

-¿Qué quieres, Samanta?

-Su esposo me dijo que quería que fueran al medico juntos esta tarde…

-¿esta enfermo?

-No, señora….

Eliza solo se fue a cambiar algo pomposo, sabía que era una especie de adorno en esa casa.

.

.

.

-Eliza, no entiendo porque no puedes tener hijos.

-Bueno, Ethan… esas cosas a veces pasan… y…

-Por eso iremos con el medico, Eliza… Esas cosas las solucionan los profesionales…

-Pero…-no quería ir al medico, esperaba de verdad ser estéril. De eso dependía que quisiera darle el condenado divorcio cuando esta se lo pidiera. Eliza entro a esa sala de consulta, deseando felizmente divorciada.

Odiaba a Ethan, siempre la andaba presumiendo como su esposa de adorno, como su trofeo, le controlaba todo, el tiempo que le tomaba salir a básicamente cualquier sitio. De no ser porque sobornada a Samanta, esta la hubiera delatado con su esposo. Nunca tomaba en cuenta sus opiniones, por lo que prefirió aplaudir hipócritamente todo lo que su marido decía. No admitía un no cuando deseaba estar a solas con ella en la intimidad. Solo dejaba que la tocara imaginando que lo hacia Anthony, por lo que tenia que evitar decir el nombre del rubio. Y si por alguna razón se le escapaba su nombre decía alguna cosa para cambiar de tema.

Para su esposo estaba claro los síntomas de la predilección de Elizabeth por Anthony Brower. Pero creyó que se le olvidaría con el venir de los hijos, que no venían.

Sara tenia razón al decir que los hijos ataban a las personas.

-¿Y bien, doctor? ¿Por qué mi esposa no puede quedar encinta?

-¿Qué? No, señor Phillips. Al contrario… Es lo que ustedes deseaban…. Debe de tener por lo menos como un mes…

-¡¿Qué?! –Eliza se sobresalto. –Eso no puede ser cierto…. ¡Usted esta mintiendo, doctor!

-¿Lo dice en verdad, doctor?

-Sí, señor Phillips… Felicidades…

-¿Qué no estas feliz, Eliza? Por fin…

Eliza estaba pálida, eso no le podía estar pasando, no. No supo porque estaba segura no era de su esposo, sino de su amante.

-Julián. –susurro con perplejidad. Él no la había buscado, de hecho había sido ella. La culpa era sin duda de ella. Lo maldijo en su mente. Ese niño solo era un estorbo, fuera el hijo de quien fuera, lo que le ardía es que esa criatura no fuera de Anthony.

-Debemos regresar a Chicago, para que estés tranquila, Eliza. Ahí esta tu madre…

-…-Eliza no dijo nada, y solo asintió. Ya pensaba en aleccionar a Julian para que todo diera resultado, y en cuanto a esa criatura que no deseaba, ya pensaba en la forma de deshacerse de lo que considero seria un estorbo.

.

.

.


.

.

.

Candy iba a encontrarse con Chrisitine cuando en eso se encontró con el medico que ya se iba saliendo. Después de reiterar su apoyo en los planes de Christine.

-Buenas tardes, señora. –la saludo el galeno, pero al verla se sorprendió mucho. –

-Buenas tardes, señor… -saludo Candy. –Usted es el medico que atiende a la señora Chris ,¿verdad?

"Ese tono de cabello… Si sus ojos fueran azules claros diría que es hija de… Pero no… Y no se porque me recuerda a Cristi... Es como si fuera su… ¿hija? No.. eso no puede ser cierto. Esa joven no puede ser hija de Christi… Porque si es así eso significa que ella es verdad… Chrsitine ¿¡ Beckett !?… No, claro que no… no puede ser la misma mujer… ¡no puede! Porque hace años que autorice su entrada en un… Hospital Psiquiátrico… Esa mujer no es Christine Beckett…¡No lo es! Esa es otra mujer, es otra… es otra que se le parece mucho…No lo es, esta estaba ciega… Por… medicación… ¡excesiva! ¡Carajo, sí es ella!" Pensó el medico, con cierta palidez.

-¿Cree que la señora Chris recupere por completo su visión o cree que requerirá de un tipo de operación, doctor?

-¿Operación? No, solo lo que ya le indique… Con permiso, que tenga buena tarde, señora –"Quiere vengarse de Frank, cuando sepa que yo le ayude me querrá matar también… ¿Por qué tuve que dejarme tentar por el maldito dinero? ¡Maldita sea! Si Beckett la ve… Pero no… Él esta en Ohio… Jamás la vera, jamas lo sabrá… ¡Jamás!" Pensó el medico. Era por eso que Christine tenia problemas para confiar en él, porque presentía algo.

-¡Ya has llegado, Candy! –exclamo Chrstine al ver la silueta de la rubia. Se tapo los ojos y camino hacia ella. –Lo sé, porque vi tu forma… Jajajaja… ¿Conversabas con el doctor Lewis? ¿Te dijo que estoy bien, verdad?

-Sí. –dijo Candy. –¿Vendrá al estreno? Se que su vista no esta del todo bien, pero le aseguro que podrá escuchar todo… Los diálogos, será como si…

-Los viera por sus diálogos…. Sus melodiosos versos… ¡Ahhh! Es mi obra preferida, ire… -dijo la mujer castaña, para desúes jugar con sus manos. –Pero yo… veras me da pena decírtelo, pero…. No tengo que usar para ese día, solo mis vestidos de fieltro, pero… pero no creo que sean apropiados para ese tipo de eventos…

-Por eso no se preocupe, señora Christi… Le consiguire uno muy bonito…

-¡Oh! No, no te preocupes por esta mujer… Eres muy linda al querer cumplir un gusto mio, pero….

-Pero… Vera que no se arrepentirá… Y así aprovecho y le presento a Terry…

-¿A tu esposo? Sí, ¡es verdad! Así yo le convenceré de contratarme como niñera de tu pequeño… Y así podre prepararte muchos postres, te ayudare con la administración de tu casa, se como ahorrar… Es curioso el doctor Lewis me invito también, pero le dije que ya había aceptado ir contigo…

-¿El doctor la invito? Entonces sí esta interesado en usted, señora Chris.

-Uhm, pero le dije que no le veo así, y espero lo halla entendido.

-¡que bien usted ira al estreno! Me pone muy contenta…. La presentare con Terry,con la señorita Eleanor...

-¿Quién?

-Mi suegra.

-¿Ella te trata bien, verdad?

-Sí, ha sido como una madre para mi, porqu yo no tengo…

-¡Oh, Candy! Entonces es muy buena mujer ella… -Sonrió Christine. –Seguro que a ella también la convenzo de que me ayude a persuadir a su hijo de que acepte… ¿Tienes hermanos, Candy?

-Sí, una hermana…

-Deben ser igual de dulce como tu,¿verdad? También quisiera conocerla… ¿Tienes a tu padre contigo?

-Sí.

-¡Ah! Cuidalo mucho… Solo te queda él…

-Sí, es cierto… ¡Jajajaja! Estoy feliz de que usted vaya al estreno….

-Casi me parece romántico, si mi esposo estuviera con nosotras , seria perfecto para mi….-Se estremeció, antes de llevare las manos a los ojos.

"Solo recuerda que no importa que hagas, ¡él no volverá! ¡nunca! ¡nunca!" esas palabras que se repetían en su mente la hicieron desvanecerse ante la mirada preocupada de Candy, que la sostuvo apoyándola a ella.

-No… por favor no te vayas…-decía Christine entre susurros, cerrando los ojos. –Querido… No me dejes con ese condenado….

-¡Señora Chris!

-James…-dijo con voz queda , Candy estaba tan preocupada que no la escucho.

.

.


.

.

En el Teatro…

-¡Lo tengo, Terry! Su obejtivo no es desaparecer a Candy, sino a…-Karen se congelo al ver la habitación vacía donde se suponía que debía de estar su compañero. –Pero… ¿Por qué no hay nadie aquí? ¿Terry?

.

.

.

Continuará...


¡Hola a todas!

Espero no haberles confundido mas...

Y eso que faltan algunas otras cosas mas...

¡Ay!

Nos vemos...

Selenityneza

.

.