CAPITULO 44

(Pov Hannival)

Estaba sentado en el sofá, Anny jugaba por la sala al escondite con

Judit, Troy se había tenido que ir no sé dónde y me había dejado a su cría.

No quise mirarle demasiado el pelo, las dos jugaban entretenidas.

Verio entró con su mujer.

-¿Qué tal?- dijo sentándose a mi lado, desde que estaba casado estaba mucho más relajado-.

-Bien, estoy en la guardería-.

-Entiendo-.

-¿Sabes algo sobre el cargamento del negocio?- pregunté-.

-Sí, está todo bajo control-.

-Bien... ¿has hablado con tu hermano?-.

-¿con cuál de los dos?-.

-Sé lo que te pasa Verio, estás celoso de Scorpion-.

-¿Lo estoy?-.

-No se dímelo tu-.

-Si lo estoy- suspiró-.

-¿Por qué?-.

-Quizás ahora que... él es tan parecido a ti... no sé, quizás quieras tenerlo a él como heredero-.

-Eso no va a pasar nunca ¿me oyes?, tu eres mi heredero-.

-Es importante para mí serlo-.

-Estoy muy orgulloso de ti Verio-.

-Gracias-.

-Ahora ve por la merienda de tu madre y de Judit-.

-¿Que será esta vez?-.

-No se... Havers lo ha dejado todo en el mostrador de la cocina-.

-Vale...-.

(Pov Scorpion)

Después de pillarla viendo porno no dijo nada, solo se sentó en la cama y se puso a llorar.

-¿Qué pasa?-.

-Yo no quería ver eso-.

-Bueno, no te preocupes-.

-Pero yo no quería-.

La abracé.

-Tranquila, no es para tanto-.

-¿De verdad?- susurró-.

-De verdad-.

-¿Podemos ir por un helado?-.

-Claro que si ¿de qué lo quieres?-.

-De chocolate y menta-.

-Bien, vamos por ese helado-.

La tomé en brazos y me fui con ella escaleras abajo.

Me crucé con Verio que iba con una bandeja hacia el salón.

-¿Es helado?- le preguntó Fanny-.

-Si...- contestó- ¿Quieres?-.

Se limpió las lágrimas y tomó el helado.

-Ve al salón, está papá y mamá, también Judit jugando ya sabes-.

Asentí y dejé de pie a Fanny que comía el helado.

-¿Quieres jugar?-.

Asintió.

-Ve entonces-.

-Vale- susurró y me besó en la mejilla dejándola pegajosa por el helado, tuve que reírme-.

Al entrar vi a Hannival, y a Verio sentados en perfecta sincronización, esto daba casi miedo.

Me senté a su lado y suspiré, tomé un cigarrillo.

-¿Que tal la vida de casado?- me preguntó mi padre-.

-Está bien- fumé-.

-¿Solo bien?-.

-Está muy bien- rectifiqué-.