Penny suspiró por enésima vez. Odiaba estar sin hacer nada. Era superior a sus fuerzas. Jamás había estado quieta en toda su vida y verse obligada ahora a guardar aquel reposo era una auténtica tortura. Es cierto que había abandonado el hospital hacía sólo cinco días, pero al parecer ya se encontraba lo bastante recuperada como para aburrirse mortalmente con aquella tediosa rutina. Al menos ahora le permitían levantarse de vez en cuando de la cama. Se hubiera vuelto loca si hubiese permanecido esos cinco días acostada. Sin embargo, debía reconocer que todavía le dolían las costillas. Pero prefería aguantar el dolor y fingir que todo estaba perfectamente si con ello lograba escabullirse un poco.

La joven camarera emitió otro suspiro con un mohín. Miró a su alrededor. Sonrió al ver la bandeja del desayuno. Se sentó en su cama. Bueno, más bien en la cama de Sheldon. Sí, desde que le habían dado el alta, el joven físico había insistido vivamente en que debía recuperarse y reponer sus fuerzas en el apartamento 4A, donde todos podrían estar más pendientes de ella. La chica se abrazó complacida. Nunca se había sentido tan cuidada y… mimada. Por un lado no le gustaba demostrar ningún tipo de debilidad, aunque por otro… ¡Era genial que te cuidaran! Todos se portaban maravillosamente con ella. Bernie y Ames siempre iban a verla en cuanto podían. Mary y Meemaw se habían quedado esos días y no hacían otra cosa más que malcriarla. Sonrió feliz. Incluso su padre, Wyat, había llegado desde Omaha dos días antes de que le dieran el alta y habían podido recuperar un poco su casi inexistente relación padre-hija. La chica rió divertida al recordar cómo su padre había sido recibido por una furiosa Mary Cooper que le increpó no haber llegado antes sabiendo que su hija estaba en la UCI. Fue la primera vez que vio a su padre quedarse sin palabras ante el inconfundible genio Cooper. Y también fue la primera vez que alguien, concretamente una mujer, se enfrentaba a su padre para decirle unas cuantas verdades. Penny suspiró. Su madre nunca lo había hecho. Se había resignado a vivir un matrimonio vacío que sólo existía como una mera fachada, como una costumbre arraigada y desgastada por el paso de los años. La chica se quedó sumida un momento en sus pensamientos y se estremeció al pensar en sus padres. Al menos, había vuelto a hablar con su padre. Hacía años que no tenían una verdadera conversación y, a pesar del resentimiento acumulado, verlo de nuevo allí, en la habitación del hospital, angustiado y preocupado, hizo renacer una llama de esperanza en el corazón de Penny. Es posible que, después de todo, las cosas pudieran ir solucionándose poco a poco.

Se recostó un momento en los almohadones, reprimiendo una mueca de dolor y paseó la mirada por el impecable orden del dormitorio. Sonrió al contemplar la infinita colección de cómics, todos perfectamente alineados, sin que uno sólo sobresaliera más que otro. Abrazó la almohada, apretándola contra su pecho y hundió el rostro en ella, aspirando el inconfundible y delicioso aroma de Sheldon. A veces tenía la sensación de estar viviendo un sueño del que no quería despertar jamás. Incluso había llegado a pensar que tal vez se había muerto en el hospital y ahora estaba en el cielo. No había otra explicación a todo aquello. Sheldon no se separaba de ella. Incluso había pedido permiso al doctor Gablehauser para realizar su trabajo desde casa mietras Penny convalecía. La cuidaba sin descanso, le llevaba el desayuno a la cama, jugaba al ajedrez y a Halo con ella, le cantaba Soft kitty por las noches y ella se dormía en sus brazos para despertar a la mañana siguiente rodeada por la deliciosa calidez de su pecho. Si aquello no era estar en el paraíso, Penny no tenía ni idea de qué podría serlo. Y lo más maravilloso de todo era que, después de cantarle Soft Kitty y desearle buenas noches, Sheldon susurraba un casi inaudible "te quiero". Penny se sentía morir cada vez que se lo decía. Y ahora lo hacía todos los días, como si quisiera ponerse al día después de tanto tiempo.

Apretó con más fuerza la almohada contra su corazón y permaneció un momento quieta. Después volvió a resoplar. No podía seguir más tiempo sin moverse. Apartó la sábana y la colcha y se levantó despacio, aún insegura sobre sus propios pies. Se apoyó trabajosamente en la cómoda y avanzó hacia la puerta. La abrió y miró a ambos lados del pasillo. Todo estaba en silencio. Avanzó casi de puntillas hasta que alcanzó el salón. Se mordió el labio. Sheldon estaba sentado en su mesa, trabajando en su portátil con la más absoluta expresión de concentración. La chica avanzó un silencioso paso. Tal vez podría alcanzar el sofá, sentarse y leer el periódico o una revista sin que él pudiera…

- ¿A dónde diablos crees que vas, Penny?

La chica dio un respingo. Maldito oído vulcano. Se volvió lentamente hasta quedar frente a él. Sheldon ya se había levantado de su sitio y estaba junto a ella, mirándola con una ceja alzada. Penny resopló.

- Sólo quería sentarme un rato en el sofá. Estoy harta de estar en la cama.- vio que el joven físico iba a abrir la boca y lo detuvo, alzando un dedo.- Y no se te ocurra decirme que tengo que descansar.

Sheldon la miró con una cara entre resignada, seria y un tanto reprobadora.

- Tienes que descansar.

Ella entrecerró los ojos.

- Te dije que no se te ocurriera decirlo.

- Lamento decirte que no eres demasiado amenazante con dos costillas rotas.- un brillo de diversión lució en los ojos azules.

Penny le miró desafiante.

- No te confíes, Moonpie. Todavía podría ganarte en una pelea. Sobre todo si es en la cama.- dijo guiñándole un ojo travieso.

Sheldon tragó saliva, sin perder su pose de digno orgullo, luchando contra esos malditos escalofríos. Penny le dedicó una risita divertida.

- Penny, el doctor dijo que debías guardar el más absoluto reposo durante al menos una semana.

- Pero es que me aburro muchísimo…- el puchero en su rostro hizo maldecir a Sheldon por lo bajo.- Me aburro tanto que hasta me he leído tus cómics.- terminó, con cara de espanto.- ¡Y lo peor de todo es que me han gustado! ¿Te das cuenta? Esto es grave.

Sheldon la estaba mirando con cara de no haberle hecho ninguna gracia.

- ¿Has tocado mis cómics?

Penny reprimió una risita. Le encantaba que Sheldon le dijera que la quería, pero le encantaba todavía más ver que jamás iba a cambiar, por mucho que la quisiera.

- Sí, así es.- ella se cruzó de brazos, mirándolo fijamente.- Y de ti depende que no dibuje caritas sonrientes en ellos la próxima vez. Así que, por la integridad de tus cómics, te sugiero que me dejes sentar en el sofá y distraerme un poco.

El físico apretó los dientes.

- Tengo que trabajar, Penny.

- Oh, no te preocupes, ni siquiera te enterarás de que estoy aquí. Sólo quiero leer el periódico.

Sheldon suspiró.

- Está bien. Pero no quiero oír ni un solo ruido.

La chica asintió feliz y le tiró un beso, divertida. Después se sentó y empezó a hojear el periódico. Sheldon reprimió un suspiro y volvió a su tarea. Con bastante esfuerzo, logró continuar escribiendo, maldiciéndose a sí mismo y a la causante de que su cerebro no se concentrase completamente en su trabajo. Pasaron unos cuantos minutos en absoluto silencio y Sheldon pudo sentirse más a gusto. Penny cerró el periódico y se estiró con cuidado, algo más satisfecha. Después su atención fue irremediablemente atraída por el delgado físico, que tecleaba sin pausa. Lo contempló. Le encantaba ver a aquella mente maravillosa en plena ebullición. Era un auténtico espectáculo. Además, siempre había creído que Sheldon se veía insoportablemente guapo cuando estaba tan concentrado, con aquella fulminante mirada azul clavada en sus cálculos. No se cansaba de mirarlo. Y de pronto, se encontró irremediablemente presa de aquella poderosa fuerza que siempre la atraía hacia él. Se levantó muy despacio, acercándose con el más extremo cuidado para no alertar su fino oído. Su cautela funcionó. Se situó detrás de él y reprimió una risita divertida y pícara. Miró el galimatías de ecuaciones en la pantalla, por encima de su hombro.

- Mmmm, interesante…- susurró en su oído.

Sheldon casi soltó un grito por el susto. Pero el sobresalto se evaporó en cuanto sintió el cálido aliento de Penny en su oreja y sus manos deslizándose atrevidas por sus hombros. Ahogó un jadeo cuando la mano derecha de ella jugueteó con el cuello de su camiseta. Sheldon se volvió.

- Penny… te he dicho que…

- Ya, ya, ya lo sé. Tienes que trabajar, yo tengo que descansar, bla, bla, bla...- la chica rodó los ojos, mientras se sentaba en su regazo.- ¿Sabes qué? No tengo precisamente ganas de descansar.

La joven le guiñó un ojo, divertida, y se mordió sensualmente el labio inferior, deslizando un dedo por la camiseta de Supermán. Sheldon sentía que sus barreras caían antes de que pudiera levantarlas de nuevo.

- Penny…- jadeó.- Por favor, todavía estás convaleciente de tus… heridas.

La chica sonrió. Sentía la poderosa erección presionando en su regazo. Le encantaba hacerle perder el control. Ser capaz de doblegar el férreo dominio de nada más y nada menos que Sheldon Cooper era embriagador. Podía ver esos ojos azules abrasándola, mirándola con un deseo incontenible. Había pasado demasiado tiempo desde que habían hecho el amor y ambos sentían que no podían soportarlo más. Sheldon tragó saliva como un moribundo al sentir las manos de Penny acariciando su pecho sobre la tela de sus camisetas. La aferró por los brazos y apeló a todo su control para separarla.

- No… debemos, Penny…

- ¿Por qué no?- preguntó ella, como una niña pequeña a la que le niegan su juguete favorito.

- Porque te repito… que estás convaleciente y…- Sheldon respiró hondo, procurando tranquilizarse. La miró fijamente.- Si cedemos a esto, te estamparé contra la puerta para hacerte el amor y no creo que eso sea muy adecuado para que tus costillas se suelden correctamente.

Penny se estremeció ante semejantes palabras.

- Podríamos ser… cuidadosos…- susurró, perdiéndose en aquellos ojos infinitos como el océano.

- Lamento comunicarte que no.- el joven físico tomó otra bocanada de oxígeno.- Te aseguro que después de varias semanas de abstinencia sexual, mi cerebro está produciendo la suficiente artillería hormonal como para no ser en absoluto cuidadoso.

Penny sentía que el suelo se movía bajo sus pies. Jamás había visto el insospechado y oculto lado salvaje de Sheldon Cooper y ahora que aparecía, no podía existir nada más… atrayente. Se mordió el labio hasta que casi se hizo sangre.

- A la mierda las costillas.- dijo antes de abalanzarse sobre él y devorar su boca.

Sheldon jadeó contra sus labios y la aferró con fuerza, devolviéndole el beso con la misma pasión. La chica gimió por el avasallador ímpetu. Enseguida, Sheldon supo que había sido un gemido de dolor. El joven físico rompió el beso y aflojó la presión sobre ella, abrazándola con muchísima suavidad, haciendo un esfuerzo tan sobrehumano para controlarse que empezó a temblar. Penny se derritió ante semejante muestra de amor. Ningún hombre antes había renunciado a sus deseos por su bienestar. Todos ellos la habían presionado a tener sexo aunque ella no se sintiera ni anímica ni físicamente bien para ello. Todos, excepto Sheldon. La chica le devolvió el abrazo, acariciando suavemente su cabeza hasta que sus temblores empezaron a disminuir. Permanecieron unos minutos inmóviles, abrazados. Finalmente, se separaron. Penny le miró triste.

- Lo siento… Moonpie.

- Soy yo el que te ha hecho daño.- Sheldon la miró, un tanto confuso.- No entiendo por qué me pides disculpas. Soy yo quien debería hacerlo.

Penny sonrió, con infinito amor.

- Cariño… A los hombres no les gusta nada que…- vio que Sheldon la miraba con una mezcla de curiosidad e incomprensión. Meneó la cabeza. Sabía que por más que se lo explicase, no lo entendería. Se repitió a sí misma por enésima vez que él no era un hombre normal. Y se sintió infinitamente dichosa y agradecida porque no lo fuera. Acarició con ternura la mejilla de él.- Es igual, olvídalo.- añadió.- Te quiero, Moonpie.

Sheldon la miró fijamente, bajando vulnerable los ojos.

- Yo también te quiero, Penny.

Ella sonrió.

- Lo sé.

Después de unos instantes de silencio, Penny le sonrió.

- ¿Cuánto dices que tardan en soldar estas malditas costillas?

Sheldon meneó la cabeza y esbozó una leve sonrisa.

- El tiempo suficiente como para que, cuando estén perfectamente unidas, pueda romperte otras dos en el proceso del coito.

La chica emitió una risita.

- A lo mejor soy yo quien te las rompe a ti, Moonpie…