Capítulo LIII

Los mas pequeños se preguntaban porque el tren iba tan silencioso. Solo se escuchaban las voces de risas de los primeros vagones que pertenecían los alumnos de primero y segundo y algunos mayores de Slytherin. Pero el resto del alumnado iba en un silencio sepulcral. Nunca había sido tan fantasmal el tren como ese fin de curso. Además que los alumnos de séptimo no estaban ya que debían quedarse para la celebración de fin de curso, con sus familiares.

En el fondo del tren se había realizado un hechizo para unir a todos los vagones y de esa forma los pertenecientes del ED podían conversar sin tener que preocuparse del espacio. El grupo de Ron estaba reunido en la unión de dos vagones, casi ninguno decía nada pero era demasiado obvio que era lo que les pasaba a todos por la cabeza: la batalla final.

"Yo quiero hacerlo" – La voz de Diana, se escucho en el gran vagón haciendo que todos voltearan a verla, pero ninguno de los ocupantes tenía en sus rostros el semblante de desconcierto o duda. Todos sabían perfectamente a que se refería con esa simple frase.

"Hay que pensarlo bien, Di" – respondió un chico de nombre Kevin. Del mismo año que ella.

"Creo que lo mejor será hablarlo con nuestros padres"

"Vamos, Fredrik. Saber perfectamente lo que van a decir ellos ¿no?" – Una niña de sexto de Ravenclaw que había estado observando por la ventana se volteó para enfrentar al Slytherin de quinto. – "además tú corres con la suerte de ser serpiente, si ellos se enteraran no volveríamos a saber de ti"

"Mis padres no son lo que tu dices..." – Pero sonó débil y cabizbajo. Todos los Slytherin tenían la misma fama y aquel que se atreviera a desafiar el destino de las serpientes no acababa muy bien.

"De todos modos, no me importa lo que mi madre diga. Ella es Muggle, no puede entender lo que es vivir de esta forma" – volvió a pronunciar Diana.

"Hay que pensarlo muy bien..."

"Deben poner los pro y los contra de la situación, y ver que es lo que pesa más en la balanza. Además que deben ser realistas y objetivos. No es seguro que todos sobrevivan. No soy pesimista ni sádica, solo realista" – Ninguno se había percatado de la presencia de Luna Lovewood en el vagón y fue por eso que algunos se sobresaltaron.

"Lovewood. ¿qué te hizo a ti unirte a la lucha?" – Preguntó Fredick, el chico Slytherin.

"Mis padres son magos. Mi madre murió cuando era pequeña pero mi padre aún está conmigo y es lo más importante de mi vida. nunca nadie me prestó atención y mucho menos vieron que podía ser buena en algo. Cuando tuve la oportunidad de ser yo y demostrar mis habilidades no desaproveché el momento. De esa forma conocí a excelentes personas y mi vida cambió de una forma drástica. Pero eso no quiere decir que todo sea color de rosas." – Luna suspiró y se puso de pie para caminar hacia la puerta. Pero se detuvo y volteó a verlos. – "La guerra no es algo agradable. No he estado en esto tanto como ustedes creen y ya no me agrada, pero se que al hacer este sacrificio podré lograr algo mejor para los que vendrán." – Sin más se giró y salió del vagón.


Hermione observaba como los padres de los alumnos de tercero se acomodaban en sus lugares para poder ver mejor la ceremonia próxima a comenzar. Junto a ella, estaba Harry, Draco, Susan Bones y Terry Boot, representantes de las cuatro casas, con sus mejores promedios. Los cinco estaban observando el parque del colegio, e intentando determinar cual era el padre de quien. Cinco cabezas rojizas estaban sentados casi a primera fila, junto a algunos miembros de la Orden, como Tonks y Moody. Hermione sintió la mano de Harry aprisionar la suya e forma de apoyo y pudo sentir una rebelde lágrima recorrer silenciosa su mejilla.

"es hora de ir yendo" – Anunció Terry que se había aproximado a la puerta en cuando Minerva McGonagall apareció. Él salió primero seguido de Susan y Draco.

"Estoy muy orgullosa de ti Guin" – Dijo la mujer con una sincera sonrisa.

"Gracias madrina."

"Me gustaría que estuvieran aquí" – Dijo Harry en un susurro que tuvo intención de no ser escuchado.

"Vamos, es hora de comenzar"

"...Todos los alumnos de esta generación han sido especiales a su manera y forma. Cada uno ha brindado su cualidad para crecer un poco más cada día, cada año. Pero aquí se bifurca el camino. Después del día de hoy, cada uno de estos chicos será un adulto, deberá velar por si mismos y respetar cada una de sus decisiones. Dejarán de ser respaldados por sus amigos y casas como hasta el día de ayer, aunque nunca deben olvidar que siempre serán lo que aquí fueron. Ravenclaw, Hufflepuff, Slytherin y Gryffindor. Cuando salgan al mundo, esas palabras nombres o distinciones serán parte de una sola, Hogwarts." – Dumbledore hizo silencio y sonrió a su lado. Estaba de pie frente al atril, detrás suyo, cada uno de los profesores, los jefes de las casas en el centro. Pero los lugares del centro estaban vacíos, ambos pertenecientes a los directivos del colegio, Albus Dumbledore y Minerva McGonagall. – "como he dicho antes, todos son especiales a su manera, y estoy de acuerdo en que deberían ser premiados por sus cualidades especiales. Pero si así fuera, el día no alcanzaría ni tampoco las menciones. Desafortunadamente, solo entregaremos los premios generales que corresponden a los mejores promedios de cada casa, a los premios anuales y... uno más que será descubierto a su debido tiempo." – Sonrió el director. – "ahora voy a pedir que por favor, ingresen los representantes de cada casa."

McGonagall ingresó primero, y detrás de ella los cinco chicos. Harry se colocó detrás de todo, junto con Hermione y no subió al escenario con los otros cuatro. Él era el premio anual pero no era el mejor promedio de Gryffindor. Hermione, Draco, Susan y Terry cargaban cada uno su impecable uniforme con el emblema de sus respectivas casas y una bandera de la casa con su mástil. Instantáneamente los presentes se pusieron de pie para aplaudir a los abanderados.

"He aquí a los mejores promedios de cada casa. Para Hufflepuff, leales, justos y pacientes... Susan Bones. Para Ravenclaw, inteligentes y con una gran capacidad de memoria... Terry Boot. Para Slytherin, Astutos por sobre todas las cosas, pero amigos reales... Draco Malfoy. Para Gryffindor, Valientes, de gran corazón y leales a sus principios y sentimientos... Hermione Granger."

Cuando iban siendo nombrados, dejaban sus respectivos mástiles sobre el césped que quedaban de pie como por arte de magia, y se acercaban a sus jefes de casas para recibir un pequeño cuadro con sus nombres, la casa y su escudo, el promedio y una frase.

Los aplausos se agravaron cuando Hermione fue nombrada a último lugar. Algunos de los presentes se pararon sobre las sillas, (léase gemelos Weasley). Cuando los aplausos se comenzaron a desvanecer, cada uno de los nombrados dejó su y luego se sentaron en sus respectivos asientos. Hermione entre Harry y Draco.

"Estas más hermosa que nunca" – Le susurró Harry al oído sin dejar de ver a Dumbledore que continuaba hablando.

"Gracias mi vida" – Le respondió ella, tomando su mano que reposaba en la pierna de ella.

"... Bien, el segundo premio que se será entregado es para los dos premios anuales. Harry Potter y Hermione Granger" – Ambos subieron al escenario donde no solo los esperaba Dumbledore sino que todos los profesores esperaban para estrechar sus manos con esos dos ejemplos. Minerva y Dumbledore eran últimos de la larga cola de profesores. Increíblemente, Snape estrechó fuertemente la mano de Harry, pero esta vez sin deseos de lastimarlo.

"Bien hecho Potter." – Pronunció entre dientes. Al parecer le había costado decirlo.

"Gracias profesor" – Dijo Harry continuó aceptando las felicitaciones de los demás profesores.

"Te felicito Harry, tus padres estarán muy orgullosos de ti, y yo me siento honrado de ser tu amigo..."

"Eres mi familia Remus" – Respondió Harry.

"Harry Potter, eres un orgullo" – Minerva se había permitido decir el nombre del chico sin problemas y se había atrevido además a abrazarlo. – "Eres nuestro orgullo, Harry" – Y por una extraña razón, Harry entendió a que se refería esa mujer. Y sonrió aceptando el abrazo.

"Harry, yo le entregué el mismo premio a tus padres hace tiempo ya. Y estoy muy orgulloso y honrado de poder hacerlo también contigo. Ha sido un placer tenerte como mi alumno y bajo mi cuidado" – Dijo el viejo pero alegre director de Hogwarts. Acto seguido le tendió una pequeña caja con diminuta bisagras, y la tapa abierta, que dejaba ver una gran medalla de oro del tamaño de un puño cerrado.

"Muchísimas gracias, señor"

En cuanto los aplausos volvieron a cesar, esta vez con un poco mas de entusiasmo y alegría al ver quienes eran los premiados, fue Minerva la tomó la palabra.

"Ahora, nombraremos a los estudiantes para que se acerquen a recibir sus diplomas. Tal y como fueron nombrados la primera vez, que ingresaron al colegio." – Sacó un pergamino y acomodando sus anteojos comenzó a nombrar uno por uno. – "Abbot, Hannah; Bones, Susan; Boot, Terry; Brown, Lavander; Bulstrode, Milicent; Corner, Michael; Crabbe, Vincent; Finigan, Seamus; Finch-Fletchley, Justin; Goldstein, Anthony; Goyle, Gregory; Granger, Hermione; Jones, Megan; Le, Su; Longbottom, Neville; MacMillan, Ernie; Malfoy, Draco; Nott, Theodore; Patil, Padma; Patil, parvatil; Potter, Harry; Smith, Zacharias; Thomas, Dean; Weasley, Ronald; Zabini, Blaise."

A medid que iban siendo nombrados se acercaban a recibir el diploma de manos de sus respectivos jefes de casa. Cuando el último nombrado volvió a su asiento, McGonagall enrollo nuevamente el pergamino y regresó a su lugar. Entones Dumbledore se puso de pie nuevamente para volver a hablar.

"En verdad es una generación especial" – Agregó en voz baja, como si fuera un pensamiento en voz alta pero que era lo bastante fuerte como para que se escuchara con el hechizo sonorus. – "Ahora que ya todos tienen sus respectivos diplomas creo que es momento de llamar al vocero de este año. Damas y caballeros, Harry Potter" – Una vez más y si pérdida de entusiasmo, los aplausos volvieron a escucharse.

"Gracias." – Pronunció el chico, luego de acercarse la varita a su garganta y pronunciar el mismo hechizo que Dumbledore para que todos fueran capaces de escuchar sus palabras. – "Para serles honesto, he estado trabajando en mi discurso bastante tiempo, y debo decir que fue una de las tareas más difíciles, y créanme que es mucho decir cuando tienes a profesores como la profesora McGonagall o el profesor Snape, sin ir más lejos" – Los alumnos se rieron con ganas al igual que algunos profesores, incluida McGonagall. – "Pero bien, como iba diciendo, me ha sido difícil escribir algo que pudiera servir para esta ocasión. Todos aquí presentes sabemos que es lo que nos espera en cuanto salgamos por última de Hogwarts. Quizá algunos vuelvan, pero no como estudiantes, tal vez otros, sean recordados por mucho tiempo y puede ser incluso que muchos sean olvidados por las próximas generaciones. Desde que entré a Hogwarts, he vivido siempre con una filosofía que me ha servido bastante y me gustaría que ustedes también la tengan en cuenta. La vida es hoy, y no debes dejar que otros te hagan sentir menos. Eso me ha ayudado, sí, pero creo que no lo hubiera descubierto de no haber sido por dos personas que hasta el día de hoy me acompañan, y que espero nunca deje de ser así. Ellos fueron mi inspiración y aún lo crean o no, no sería quien soy sin ellos. Son mi esperanza y mi soporte. Y eso lo encontré solo aquí. Sé que todos han encontrado lo mismo aquí, tal vez apenas ingresaron en el colegio, como yo, tal vez cuando ya lo estaban terminando. Lo importante es haberlo encontrado." – Hizo una pausa y fijo su mirada donde Hermione y Ron y luego sobre Draco. – "Hoy estoy aquí como un estudiante más, porque eso es lo soy, y lo que fui. Nunca dejé de ser Harry. Y los que de verdad me conocen saben quien soy más allá de la publicidad que tengo desde mi primer año de vida. Hoy quiero decirles, que a partir de este momento y como Dumbledore dijo, saldremos al mundo como uno solo, y que debemos ser fuertes contra las adversidades que vendrán, tengan fe en ustedes mismos y nunca, nunca dejen derribarse, porque no se sabe quien puede caer por tu caída. Felicitaciones, generación 2004... ahora vamos por nuestro destino." – Sin mas, se giró y con una sonrisa hacia su director y jefa de casa se retiró hacia su asiento. No terminó de sentarse que Ron ya le estaba despeinando el cabello y Hermione lo besaba tiernamente en los labios. Los aplausos volvieron a escucharse una vez más e incluso se pusieron de pie para acentuar el entusiasmo.

"Ahora sí, el último premio, será para la casa que ha ganado la copa en los últimos siete años consecutivos. Que por supuesto no es otra que Gryffindor" – Los estudiantes de la casa se acercaron a recibir la gran copa. – "Muchas felicidades leones, se la han ganado"

Luego de la recepción los padres de los alumnos tenían permitido conocer el colegio de su hijo o hija, claro está, aquellos que no lo conocían. En cuanto la multitud se disolvió para diferentes sectores Ginny comenzó a observar entre las pocas personas para ver si él estaba aún allí. Efectivamente, allí estaba, su cabellera rubia era inconfundible y su elegancia resaltaba de entre todos como una rosa roja en medio de un montón de margaritas. Ginny sonrió para sus adentros, quería acercarse y abrazarlo con mucha fuerza, pero no podía, sus padres estaban ahí y a pesar de todo, no quería su amor quedara mal parado frente ellos. Así que respirando hondo y arreglando las inexistentes arrugas de su vestido de raso verde pálido, comenzó a acercarse a ellos. Un par de pasos antes inhaló todo el aire que pudo, levantó su barbilla y enderezó lo más posible su espalda.

Draco estaba hablando con sus padres, o mejor dicho, escuchaba a su madre hablarle a su padre sobre la cena familiar que quería organizar para homenajear a su pequeño adulto. Draco se giró apenar para ver si ella estaba cerca y algo le hizo sonreír. La vio acercarse a donde él estaba, la vio levantar su barbilla y tomar una bella pero elegante pose antes de terminar sus pasos, la vio inhalar mucho aire, estaba más que nerviosa.

"Madre" – Llamó Draco. Narcisa, al instante dejó de hablar para prestar atención a su hijo, y Lucius también lo hizo. El hombre, a pesar de su pierna las timada y su apoyo con el bastón se lo veía impecable y mas que elegante. Lucius era una persona que no importaba como se encontraba, tenía la capacidad de sobresalir de entre los demás, algo que Draco había heredado sin lugar a dudas.

"Dime hijo" – Sonrió la mujer con encanto.

"Quiero presentarles a alguien." – En cuanto terminó de decir la frase, Ginny ya estaba junto a ellos. Draco sonrió un poco más al notar que se encontraba un poco pálida.

"buenas tardes, y felicitaciones por el egreso..." – No supo saber si debía decirle, Malfoy, Draco o Mi vida. así que no dijo nada.

"Gracias." – Muy despacio, sintió como una mano fría pero tan cálida para ella se hacía dueña de la suya propia. – "Madre, Padre, ella es Virginia Weasley..."

"Ya lo sabemos querido" – Narcisa no tenía ningún problema con los Weasley, Lucius era el de la eterna rivalidad, y cuando vio que Draco no solo la presentaba sino que también la tomaba de la mano delicadamente, temió por Lucius. Así que mientras ella hablaba, observaba de reojo la actitud de su esposo.

"¿A que viene la presentación?" – Lucius sonó desconfiado, pero extrañamente sereno. Algo que su familia sabía distinguir a la perfección cuando quería sonar sarcástico o sorprendido, aunque no muchas veces se lo haya visto de esa forma.

"Es que..." – Draco no sabía como decirlo. Y observaba como Ginny se iba poniendo cada vez más pálida. Aumentó la presión en su mano y entrelazó los dedos con los de ella. – "Virginia y yo, estamos... saliendo" – Terminó la oración, rogando a Merlín y a todo aquel que lo escuchara para que su padre no reaccionara de la peor forma.

"Saliendo." – Susurró Lucius, no pudiendo creerlo. Miró a Ginny de arriba abajo, llevaba un vestido verde pálido de seda ajustado al torso y flojo en la falda, larga hasta la rodilla. Con dos tiras gruesas que le sujetaban el vestido a los hombros. Llevaba unas sandalias delicadas, verde oscuro y el cabello suelto, con pequeños destellos dorados en él que hacían relucir el hermoso color rojo fuego. Era muy bella, aún con sus pecas decorando toda su nariz y parte de sus mejillas y sus ojos azules oscuros y en forma gatunos le daban la imagen misteriosa y seductora perfecta.

"Padre..." – Draco quiso decir algo antes de que Ginny comenzara a quejarse por la forma escrutadora de su padre.

"¿Puedes tener hijos?" – Dijo Lucius Malfoy interrumpiendo a su hijo y ganado un leve golpe en la costilla del lado en que se encontraba Narcisa.

"¿Disculpe?" – Fue todo lo que Ginny logró decir.

"Que si puedes tener hijos. Si vas a ser la novia de MI hijo, necesito que puedas darme nietos"

"Aún no estamos pensando en eso padre" – Respondió Draco, pero Ginny apretó la mano de él para que no interrumpiera. Ya no le tenía miedo, lo había conocido en su época de colegio. ¿no?"

"Le aseguro que sí puedo tener hijos. Pero le pediría que no acara ese tema relucir. Considero que somos muy jóvenes para estar pensando en ese tipo de cosas, aún no he terminado el colegio y primero pienso en el casamiento. Uno decente y sin rumores por ahí."

"Entonces me estas diciendo que quieres casarte con Draco" – Respondió Lucius, en este momento, tanto él como Ginny se habían olvidado de sus respectivas parejas.

"Eso, sería cuando ambos estemos preparados, listos y por sobre todas las cosas enamorados como para hacerlo..."

"Entonces no estas enamorada de él como para casarte ahora, interesante"

"Esas palabras nunca salieron de mi boca. Yo amo a su hijo, y lo respeto por sobre todas las cosas. Lo que menos deseo es hacerle algún mal a él. Soy una persona con principios y pretendo continuar teniéndolos hasta el día que me case, y después también."

"Suponiendo que se dé la posibilidad de que Draco te elija como su esposa..." – Ginny vio venir la siguiente pregunta de Lucius como quien ve venir la tormenta cuando levanta la vista al cielo.

"Si fuera así, no dejaría mi vida por él. Fui Virginia Weasley antes y lo seré aún cargando con el apellido Malfoy. Tengo una familia y amigos ahora y los tendré entonces. No dejaré tampoco de seguir mi sueño que es el de convertirme en la mejor sanadora de todo el mundo mágico, con o si esposo, con o sin hijos."

"Virginia Weasley" – Lucius se aproximó tanto a ella que por un momento creyó lo peor. Lucius al escuchar esas palabras recordó a aquella niña que le iluminó la vida, que le hizo ser una mejor persona, aquella que amor primero y que amará por siempre. – "Bienvenida a la familia Malfoy" – Sin mas extendió la mano para tomar la de ella, y besarla delicadamente.

"Gracias, creo"


Hermione y Harry estaban platicando con la familia Weasley presente cuando el indeseado tema surgió en la conversación. Harry estaba totalmente de acuerdo con la señora Weasley de no dejar a ninguno de ellos participar en la guerra, pero Hermione opinaba lo contrario, ella quería estar allí, necesitaba hacerlo y no iba a recibir un no como respuesta y Ron estaba exactamente en la misma situación que ella.

"Hermione, querida, debes comprender que es muy peligroso que estén allí..."

"con todo respeto, señora Weasley. Pero yo DEBO estar allí, como reencarnación que soy. Y créame que lo que menos quiero es que haya personas lastimadas o peor..." – Hermione estaba muy seria, aunque era común verla sería en situaciones que ameritaban estarlo. Parecía estar distinta, y Harry lo había notado completamente. Hermione estaba cambiada, madura... porque a pesar de ser más que responsable en la escuela y con asuntos referidos a Voldemort, ella seguía siendo una niña. Pero ahora, había madurado y era toda una adulta y aunque no quisiera aceptarlo, no era la única. Ginny estaba madurando también, incluso Luna era más seria y coherente la mayoría del tiempo. Ron, que era temerario pro bastantes cosas, había optado por hacer a un lado esos temores, enfrentarlos y vencerlos en lugar de huir de ellos. Ya no hacía cosas precipitadas como solía hacer con Harry, era una persona pensante. Y Draco Malfoy. Valla si había cambiado. Era, pues, una persona.

"Harry, debemos irnos" – Pronunció Ron. Harry volvió de sus pensamientos para observar su entorno. Molly Weasley estaba seria y se notaba en su mirada una mezcla de temor y enfado. Los Gemelos Weasley, ya no hacían sus acostumbradas bromas, pero su rostro denotaba seriedad y aún así orgullo por su pequeño hermano. El señor Weasley estaba tan serio como su esposa pero su mirada era indescifrable.

"¿qué sucedió?" – Preguntó Harry.

"Debemos ser informados de los sucesos" – Explicó Hermione, detrás de ellos, a un par de pasos solamente, se acercaban Ginny y Draco. Un poco más lejos, estaban Tonks, Remus y Susan Grim, platicando muy juntos.

"¿Dónde está Dumbledore?" – Preguntó Harry otra vez.

"Nos espera en la oficina." – Respondió Draco que había llegado a escuchar la pregunta de Harry, que al parecer había sido algo más alto que la anterior.

Sin mas, Harry se encaminó hacia la oficina del director. Minerva McGonagall se les unió en el último pasillo, y se sorprendió al notar la forma en que el grupo se movía. Harry al frente y detrás de él, el resto de las personas pertenecientes a la Orden del Fénix, como si se tratara de un líder y sus seguidores. La mujer sonrió triste, esto iba a ser la última vez que vería esta situación. Muchos de ellos caería, muchos de ellos terminarían mal.

"El director nos espera en la oficina"


Esa noche, luego de tanto meditar, caminar en círculos y discusiones entre los seis miembros del ED, cientos de lechuzas volaron a diferentes direcciones de todo Gran Bretaña. Ya no había marcha atrás. Ya no debía haber duda en las decisiones. Aquel que esté dispuesto a darlo todo, aquel que no tenga deseos de ser esclavo de la oscuridad vendría al encuentro. Dentro de dos días, Hogwarts, el colegio más prestigioso de todo el mundo mágico sería readaptado como campo de entrenamiento para los jóvenes del ED.

No hubo mucha plática durante la cena, ninguno podía hablar mucho luego de la decisión. Los jóvenes miembros de la Orden volvieron a sus hogares prometiendo volver para la hora del entrenamiento. Luna había ido con su padre y no pudo asistir a la entrega de diplomas de Ron, pero sí estuvo en la discusión sobre si era bueno o no dejarlos participar, claro que lo hizo vía chimenea.

Ron y Ginny no necesitaron volver a su casa para estar con sus familias, porque toda ella estaba involucrada en la Orden y por lo tanto en aquella silenciosa cena. Hermione, era otro tema. Y Harry... bueno, no quería volver a casa de sus tíos. Ya no quería volver a verlos, nunca mas en su vida.

Hermione se puso de pie y se alejó del salón comedor llamando la atención de todos los presentes. Sin embargo, no le importó que la observaran. Harry la vio, siguió cada uno de sus pasos y en cuanto Hermione atravesó las puertas volvió su mirada al plato casi intacto y regresó a su rutinario movimiento del tenedor sobre la comida.

"Necesitas comer algo" – La voz sonó lejana, y sin embargo se volvió a ver quien había hablado.

"No me importa" – Respondió seco Harry.

"¿Te sientes mal?" – Sonaba inocente pero Harry sabía perfectamente que no lo era, todo menos inocencia poseía esa pregunta.

"¿Tu que crees?" – El silencio que era corrompido por el sonido de los cubiertos sobre el plato se volvió solemne. Todos se dedicaron a observar y escuchar la conversación.

"No se. ¿por qué no me lo dices?"

"Me gustaría que por un momento, dejaras el sarcasmo. Estoy arto, de todo ¿oíste? TODO. ¿Por qué tiene que ser ella. Porque el mal nacido tiene que venir a fastidiar nuestras vidas solo por su estúpido e insulso deseo de gobernar al mundo¿QUE DIABLOS GANA CON ESO? A SÍ, YA RECUERDO, MATARNOS A TODOS, HACER QUE VIDAS INOCENTES DEJEN DE EXISTIR PARA QUE NO LE HAGAN LA CONTRA, MATAR A HERMIONE." – Harry golpeó tan fuerte la mesa que los vasos se volcaron los platos saltaron y varios cubiertos cayeron al suelo.

"Esa es exactamente la misma reacción de James ¿lo sabes?"

"YA NO QUIERO SER COMO ÉL, YA NO QUIERO QUE ME DIGAN QUE ME PAREZCO A ÉL PORQUE NO SOY NI UNA PIZCA COMO ÉL... YO TIENGO MIEDO, mucho miedo"

"el miedo no es malo Harry. El miedo te hace humano" – Respondió sereno.

"Disculpa que no te crea Albus." – Harry se encaminó hacia el pasillo. – "Hace un par de horas acabo de convocar a cientos de niños para una batalla perdida" – Y sin mas salió dejando al resto sorprendidos o asustado y algunos las dos cosas.

"Temo decirlo pero siento que por alguna razón Tagus tiene razón" – Fue lo que murmuró Draco.

"No comiences Grim. Harry tiene un serio problema de autoestima en este preciso momento." – Restó Ron, pero se notaba por su mirada que sentía que Harry tenía razón. La guerra parecía estar del lado contrario.

"Yo creo, que Harry va a estar mejor cuando lleguemos a la isla. Si eso no lo hace sentir mejor, entonces..." – El director se silenció un momento. Sus rasgos se envejecieron de pronto a gran velocidad y la luz de su mirada se apagó.

"¿entonces señor?" – Preguntó Ginny

"Entonces, no quiero pensar en eso."


Harry llegó a su cuarto en tiempo record. Ya no quería pensar en nada... y sin embargo todo lo que tenía en la cabeza era Voldemort.

"maldito seas" – Dijo descargando su furia contra la puerta. Golpeándola con tanta fuerza que se salió de su lugar.

"¿Harry?" – La voz de Hermione vino desde la habitación y con ella se escuchó el llanto de uno de los mellizos.

"Lo siento" – Se disculpó Harry. Se dejó caer sobre el sillón con las manos cubriendo su rostro. – "Ya no puedo mas Mione" – Fue un susurro, casi inaudible, pero Hermione pudo escucharlo de todos modos.

"Lo sé Harry. Tampoco yo." – sintió el llanto del bebe más cerca de él y cuando levantó la mirada se encontró con su esposa y le pequeño James en brazos. – "¿Lo sostienes un momento? Creo que Lily también se despertó." – Harry no respondió pero estiró los brazos para tomar al pequeño. Casi al instante James se tranquilizó y comenzó a jugar con los dedos de la mano de Harry.

"Hola pequeño" – Saludó Harry. – "¿Papá te despertó?" – El pequeño lo observó con seriedad a los ojos y luego con su pequeña manita acarició la mejilla de su padre.

"Abi" – dijo juguetonamente.

"Como lo siento Jimmy"

"Harry, por favor" – Pidió Hermione que efectivamente cargaba con Lily en brazos y caminaba hacia los dos hombres de su familia. – "Por favor, los niños sienten todo"

"Si, tienes razón. Es que... me siento tan impotente, tan... me siento peor de lo que creí que iba a sentirme luego de enviar las cartas"

"También yo Harry, pero fue elección de mi abuelo también, pero en especial de ellos. No tiene obligación de venir y lo sabes..."

"Pero vendrán."

"Eso me temo. Lo que debemos hacer en ese caso es prepararnos lo mejor posible para el hecho que sucederá sin remedio"

"Por ellos" – dijo señalando a los pequeños.

"por ellos"


El día no era el mejor para comenzar con el entrenamiento. Pero aún así, ya no se podría volver a dormir. La luz del crepúsculo era muy débil y mostraba que faltaba aún un par de horas para que el sol iluminara el día. Se desperezó en la cama, tenía pensado quizá quedarse un poco más en ella, abrazar a su compañera hasta cansarse y luego bajar a desayunar. Pero allí estaba ella, tan tranquila descansando, y se lo merecía. Toda la noche en vela, por culpa del temor y los nervios que tenía. No pudo dormirse hasta pasadas las tres de la mañana y no sería justo de parte de él que la despertara solo porque él no podía dormir más.

Besó delicadamente la frente de ella, acomodó un mechó que cubría su rostro y salió de la cama, directo a la sala que compartía con el resto de sus amigos.

Cerró la puerta muy despacio para no despertarla y acomodándose la bata de cama firmemente se acercó a la sala. No había nadie allí, claro que no. era domingo, y aún no amanecía. Se dejó caer sobre el sillón y colocó sus piernas sobre la pequeña mesa de café frente a él. Suspiró profundamente y cerró los ojos, estaba cansado. Cansado de la presión, del trabajo, del continuo escrutinio. Estaba cansado del aparentar y ya no quería hacerlo. Cansado de luchar por lo que deseaba tanto para él como para ella. Y aún así no podía rendirse. Era una promesa que se había hecho hacía tiempo.

Estiró sus brazos en el aire y abrió los ojos hacia la ventana. ¿cuánto tiempo había estado allí con los ojos cerrados?

Una puerta que conducía a uno de los dormitorios estaba entreabierta y de allí se podía escuchar el murmullo mas que conocido para él. Muy despacio se acercó a la puerta abriéndola lentamente para que no hiciera ruido. Sonrió al descubrir que sus oídos no estaban equivocados, allí estaba ella sonriendo al pequeño juguete que colgaba desde la cabecera de la cuna.

"¿qué pasa pequeña? Tus padres son unos descuidados" – susurró mientras tomaba en brazos la pequeña Lily y la sacaba de la habitación. Antes de salir tomó su varita y con un par de movimientos unas chispas de luces se dirigieron a la cuna de Lily. – "será mejor que vayamos fuera"

La niña sonrió a su padrino con alegría mientras jugaba ahora con el cabello platinado y largo.

Para las siete de la mañana el sol ya estaba iluminando la sala común y todo el cielo. En ese momento Draco decidió que ya era hora de desayunar. Colocó a una tranquila Lily sobre el sillón y llamó al elfo doméstico que se encargaba de cuidar a los niños.

"Dobby" – llamó con cuidado. Un plop poco después dio la señal de que el elfo había llegado ante el llamado.

"Señor Draco Malfoy¿en qué puede ayudarlo Dobby?" – preguntó algo tímido

"¿Podrías traer el desayuno para mi y la niña?" – Pidió amable.

"Claro señor Draco Malfoy, Dobby lo hará enseguida"

"Oye¿por qué no me despertaste?" – La voz de Ginny se escuchó poco después de desaparecer Dobby.

"Hola vida, no quería hacerlo. Te vi tan cansada anoche" – Ginny besó los labios de Draco y escuchó las quejas de Lily a su lado.

"No, niña. Él es mío primero" – Bromeó Ginny alzando a la beba. – "¿Por qué estás aquí y no en tu cuna durmiendo?" – La bebé pronunció un par de palabras ininteligibles que solo hicieron reír a Ginny. "¿No me digas?" – Ginny se volteó a ver a Draco quien estaba sentado con una pierna sobre la otra formando un cuatro, y los brazos estirados sobre el respaldo del sillón, observando atentamente y con una pícara sonrisa la interacción entre su ahijada y si novia. – "¿Pediste el desayuno ya?"

"Solo para mi y Lily. En cuanto vuelva Dobby, le pides el tuyo."

"creo que pido el de todos... no creo que puedan dormir mucho más" – En cuanto terminó de decir eso, Ron apareció rascándose la nuca aún con el pijama puesto.

"Diablos, últimamente odio las noches" – Resopló acercándose a donde los demás. – "¿Harry y Hermione siguen durmiendo?"

"Eso parece... pero creo que Harry le ha ayudado a dormir a Hermione."

"¿Por qué lo dices?"

"Lily estaba despierta cuando me levanté y hacía ruido aunque no lloraba. Y Hermione suele despertarse ante la menor inquietud de los niños."

"Si Hermione estaba mal ni me quiero imaginar como estará Harry"

"Estoy bien, al menos mejor que ayer" – Dijo el aludido con Jimmy en brazos. – "pero es verdad, le di a Hermione una poción para dormir. No se veía nada bien"

"Me imagino. La pobre debe estar peor que cualquiera de nosotros." – Ron quitó a james de los brazos de Harry y se sentó con él en el otro sillón simple. – "En verdad estoy muy preocupado por ella, pero también lo estoy por ti, Harry"

"Estoy bien. Ya les dije. Es que a veces tengo esos ataques de impotencia que no puedo controlar y Albus no ayuda para nada."

"¿Creen que mañana vendrán los chicos?" - Preguntó Ginny con cuidado y unos minutos después del silencio que había empezado a reinar.

"No lo sé. Y en verdad no quiero pensar mucho en eso ahora" – Respondió Harry.

El desayuno vino rápidamente e instantes después Dobby regresó con el del resto. Aún así Hermione no despertaba y Harry no quería despertarla tampoco. Se la veía muy plácidamente dormida, como un ángel caído del cielo, pensaba Harry.

Para la media mañana, Harry pidió a los demás que si por favor podían quedarse con los mellizos mientras él repasaba unos nuevos hechizos y contra maleficios para practicar el día siguiente.

Sentado en el escritorio de la habitación que compartía con su familia, Harry no podía concentrarse mucho en esos hechizos y contra maleficios. De vez en cuando se giraba para ver a Hermione respirar pausadamente o moverse suavemente. Cuando ya no pudo resistirlo, dejó l oque estaba haciendo y se acercó a la cama doble en donde Hermione reposaba dormida. Se sentó en su costado de la cama y encaró a Hermione que para ese momento, tenía el rostro hacia él. Muy despacio, acercó su mano más próxima hacia su mejilla y corrió un mechón castaño del rostro tostado de su esposa.

"Eres lo más importante que tengo Mione." – Le susurró delicadamente. Se acercó a ella le besó la mejilla con cuidado de no despertarla.

En cuanto se separó de ella, la puerta se abrió casi sin hacer ruido. Sin embargo Harry logró oírlo sin problema. Se volteó para ver quien era la persona que entraba a la habitación y pudo descubrir que no era otro que Dumbledore. Harry dejó escapar un suspiro y se levantó de la cama luego de volver a acomodar el mismo mechón castaño.

"Harry, necesito hablar contigo" – Dijo el anciano. Harry no respondió pero lo siguió fuera del cuarto, en donde, por actos del destino, la sala común estaba desierta.

"Te escucho" – Dijo de forma despreocupada.

"Harry, cuando viajemos al EGEO, las personas que allí verás..."

"Sé que allí están mis padres, y mi madrina" – Completó Harry.

"¿No te sientes extraño al saber que ellos están vivos?" – Preguntó el director de Hogwarts. Al parecer, y para desconcierto de Harry, estaba sorprendido.

"En realidad, ya no hay mucho que me sorprenda. ¿No le parece? A los once años, cuando creí que mi vida no tendría un vuelco ni nada nuevo, de pronto aparece Hagrid y me dice que soy un mago. ¿Cómo cree que podría caerme eso a mí. Que mis padres no eran unos malos padres que se mataron en un accidente de autos, sino que eran excelentes personas, poderosos magos y a quienes mató un loco sediento de poder?" – Harry miró por la ventana y volvió a suspirar. – "No, creo que para esta altura estoy curado de sustos, Albus"

"Harry, uno nunca está preparado para todo... aunque puedo decir claramente que tu pareces llevártelas bastante bien"

"Ese crédito no es todo mío. Escucha, dentro de un par de días viajaremos al EGEO, allí podré ver a mis padres, pero si ellos estuvieran tan dispuesto a verme ¿no crees que estarían aquí? Al menos yo considero eso"

"Ellos no podían ser vistos Harry. Se suponía que estarían muertos y..."

"Y dentro de una semana o el tiempo que sea hasta el día D, ellos serán vistos por muchas personas, demasiadas. Además, estamos solos aquí, solo está la Orden del Fénix, a la que casualmente ellos pertenecen."

"¿qué quieres decir, que ellos no quieren verte?"

"Yo no lo dije, pero da a pensar ¿no crees?" – Sin más se puso de pie y se dirigió nuevamente a la puerta de su cuarto a terminar con unas cuantas cosas. – "Sé que mantienes contacto con ellos Albus, te pido por favor que les hagas saber que al menos tienen dos preciosos nietos."

"Harry, son tus padres..."

"Hasta donde yo y el mundo sabe, ellos están muertos y no he visto nada que confirme lo contrario. El único que puedo considerar un padre es Remus Lupin." – Nada más. eso fue lo último que dijo, y en ningún momento aumentó el tono de voz o habló de forma agresiva o defensiva. No. El tono era monótono y despreocupado.

Harry cerró despacio la puerta del cuarto y se encontró con su pequeña lechuza blanca esperando del otro lado de la ventana, paciente por que alguien le abra y poder entregar la carta que cargaba con ella.

"Hedwig. ¿Traes algo de Luna?" – Preguntó en cuanto la lechuza entró a la habitación y se posó rápidamente en el hombro de Harry. La lechuza picoteó orgullosa la oreja de Harry y luego extendió la pata en donde colgaba el pergamino. – "Gracias amiga, toma esto" – buscó entre uno de los cajones del escritorio hasta dar con una bolsa de gomas para lechuzas. – "Disfrútalas" – Sin mas Hedwig salió del lugar.

Harry se sentó nuevamente en el escritorio y extendió el pergamino.

Querido Tagus, encontré la forma, ya sabes donde y cuando. Solo tú.

Mole.

No decía más, y no necesito hacerlo para que Harry comprendiera a la perfección de que hablaba su amiga.

"Eres excepcional" – susurró para él mismo. Tomó su varita y su capa y salió del lugar directo a Hogsmead.

En cuanto llegó a las calles se dirigió a La Cabeza de Cerdo, para usar la chimenea. Al ingresar saludó con la mano al barman y caminó directo hacia una de la habitaciones para utilizar viajar. Tomó un puñado de polvos Flu e ingresó al a chimenea. Arrojó los polvos y dijo fuerte y claro el lugar de encuentro.

"Te tardaste" – Sonrió Luna frente a la chimenea.

"Lo siento, estuve hablando con Albus."

"Comprendo." – Luna se volteó y caminó hacia la primera puerta de la habitación en que estaban ambos. – "Vamos, tenemos poco tiempo"

"¿Qué fue lo que encontraste?"

"Debemos ir a la habitación." – En cuanto los dos chicos salieron de esa pequeña habitación Harry tuvo que agudizar la vista dada la oscuridad del pasillo.

"No recordaba tanta oscuridad aquí"

"mi amigo, es Grimmauld Place. ¿qué esperabas?"

"Tienes razón" – Caminaron despacio por el Hall de entrada en donde de seguro podría despertar la señora Black si no tenían cuidado. Subieron las escaleras hasta el segundo piso, y de allí a la ultima habitación. La de Sirius.

"Hay que tomar tres cosas. Una de ellas es un poco de ropa, su varita y los espejos." – explicó la chica recorriendo la habitación con la mirada mientras Harry sentía débilmente y buscaba las cosas requeridas.

"¿Algo más?"

"no. ahora hay que irnos." – Harry y Luna salieron del lugar y se dirigieron a la cocina. – "Harry, esto es difícil. Encontré el hechizo del que Hermione habló." – Luna hizo silencio. – "Esta noche a media noche, debemos ir al sector de misterio, a la habitación del velo, en la primera campanada hay que beber la poción, entre la tercera y quinta hay que recitar el hechizo y luego, en la sexta hechizar el espejo y arrojarlo al velo."

"¿Y luego que?"

"Sirius tendrá seis campanadas para volver. En cuanto el espejo ingrese, deberás llamarlo..."- Otro momento de silencio. – "El resto depende de él" – Harry simplemente asintió.

"espero que funcione."

"También yo, porque no hay otra forma Harry"