Ranma ½ no me pertenece.

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Fantasy Fiction Estudios presenta:

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RAGNAROK

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XXXIII

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La saga infinita, capítulo trece

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El cuerpo de Dainn traspasó el muro y los dos siguientes de las casas del otro lado de la calle, dejando una estela de humo, polvo y pequeños focos de fuego dorado en su camino. Millia corrió se dejó caer de rodillas al lado de la valquiria. La tomó por los brazos, aterrada al verla en tales condiciones.

—Dama Nina, ¡dama Nina! —la llamó suplicando con angustia.

Nina reaccionó volviendo en sí, tosiendo dolorosamente. Desesperada por respirar, se acurrucó de costado sin dejar de toser y tragar aire haciendo un sonido agudo, por su garganta lastimada, y en su dolor se aferró fuertemente de los brazos de la chica de cabellos de plata, como si no quisiera que la dejaran sola.

—Mi… Millia —Nina susurró con la voz ronca y lágrimas de dolor en sus ojos enrojecidos.

—Ya estoy aquí, dama Nina —Millia derramó lágrimas de alegría al ver que Nina se encontraba con vida—. Lo siento, lo siento, siento tanto haberme demorado, yo no debí… De verdad que lo siento, por poco usted…

—¡Ya…! —tosió—, ya es… suficiente. ¿Dónde te habías metido? —Nina, más repuesta, se sentó en el suelo ayudada por la chica. Luego reparó en la sombra de su salvador, un alto joven que tenía al frente—. Tú… ¡¿TÚ?!

Kapsuo le dio una fría mirada, y ante la exclamación de sorpresa de la valquiria, respondió desviando el rostro con indiferencia.

—Millia, ¿qué hace él aquí? —preguntó Nina, confundida, no sabiendo si debía sentirse aliviada o más aterrada.

—Yo lo traje —respondió Millia.

—¿Hiciste qué…? —Nina volvió a toser, no pudiendo contener su sorpresa.

Millia trató de explicarle para que se calmara:

—Me enteré gracias a sus cartas que se encontraba otra vez en Japón y tenía la esperanza de que nos ayudara a proteger a Iris. Me alegra de que hayamos llegado a tiempo.

—¿Cartas, como que cartas?... ¿Desde cuándo tú te relacionas con este sujeto? —Nina la miró acusadoramente, pero cambió su semblante dejando caer los hombros—... Bah, eso no tiene importancia ahora, el problema no es con quién te hayas mandado correspondencia.

—¿Dama, Nina? —preguntó Millia esperanzada.

—¡El problema es él! —gritó Nina, enronqueciendo otra vez, apuntando a Kapsuo con el dedo.

Kapsuo no la miró, tampoco respondió a pesar que de reojo notó el insolente gesto, pero tuvo un casi imperceptible tic bajo el ojo izquierdo.

—¡Es un monstruo! —acusó Nina más respuesta—, un asesino. Como si no nos bastara con Dainn se te ocurre traer a su psicópata discípulo.

—Nos ayudará, está de nuestro lado…

—¡Bah! No me vengas con esas idioteces, ¿acaso estás tocada de la cabeza? —ante los descargos de la valquiria, Millia únicamente pudo sonreír apenada—. Dime, ¿por qué razón en el universo entero crees que este tipo querría ayudarnos?

—Porque yo se lo pedí —respondió con directa inocencia.

Nina la miró fijamente.

—Definitivamente eres tonta—sentenció Nina. Millia, acongojada, no supo cómo responder.

—¡Silencio! —ordenó Kapsuo con voz autoritaria y poderosa. Ambas chicas se estremecieron y obedecieron sin pensar.

El humo y el polvo ya se habían disipado en su mayoría. Los escombros al final de la larga zanja se remecieron y las piedras más pequeñas rodaron por la pila hasta el suelo. Kapsuo desenfundó lentamente su flamante espada Gram.

—Millia —habló con mortal seriedad.

—¡Sí! —respondió atenta, como si una conexión entre ellos los hiciera estar coordinados, cosa que Nina, para su asombro, notó.

—Saca a esa inútil de aquí.

—¿Có-cómo me dijiste? —Nina reaccionó ofendida.

—Inútil —repitió Kapsuo con total e hiriente indiferencia.

Nina se quedó con la boca abierta, sin palabras y una rabia que le revolvió las entrañas. A pesar de ello cerró la boca y observó detenidamente a Kapsuo. Algo dentro de ella se negaba a aceptar lo agradecida que estaba de haber sido salvada, y que además la imagen del joven le inspiraba una gran sensación de seguridad. Le recordó a Ranma…

—Yo tenía todo bajo control, no tenías por qué haberte entrometido —dijo Nina con terco orgullo.

Kapsuo giró un poco la cabeza para mirarla, y sus ojos azules como el cristal más frío la traspasaron.

—Si quieres encárgate de Dainn —respondió Kapsuo con tranquilidad y una frialdad que le decía que hablaba en serio—, yo escaparé con Millia.

Nina ahogó un quejido.

—Perfecto —dijo Kapsuo comprendiendo la respuesta—. Millia, váyanse de aquí.

Millia elevó sus ojos preocupada.

—Kapsuo…

—Hazme caso.

Millia quiso protestar pero recordó la promesa que le hizo a Kapsuo y contra su voluntad se decidió a obedecer. Ayudó a Nina a levantarse abrazándola y pasando un brazo de la chica por encima de su hombro.

—Cuídate, por favor —susurró Millia tras cruzarse por el lado de Kapsuo.

Kapsuo perdió la frialdad en su rostro y, en respuesta a la dulzura de Millia, sonrió confiado. Nina se quedó perpleja ante esa mirada que unió a los jóvenes.

—Millia, ¿pero qué rayos te traes con ése? —preguntó la valquiria.

—Después le explico, señorita Nina —respondió Millia, más preocupada por el bienestar del joven Saotome.

Del montón de escombros apareció un brazo, luego el otro, entonces la cabeza, con los ojos inyectados de sangre negra.

—Oh, niño, niño mío, ¡niño entrometido! —Dainn alzó la voz, con un hilo de sangre negra brotando de la comisura de sus labios—. ¿Cuántos días han pasado desde que me perdonaras la vida? Dainn, Dainn quiere devolverte ese favor.

—¡Fuera! —ordenó el joven separando las pierna y empuñando la espada a la altura del rostro, con la hoja de metal horizontal al suelo y la punta hacia el frente.

Millia asintió y comenzó a caminar más rápido llevando a Nina al interior de la casa.

—Niño, niño, niño… niño… —el cazador no parecía enojado por el ataque que recibió, más bien estaba complacido, a pesar de la sangre que recorría también el costado de su cabeza—, esperé tanto tiempo este momento. Sí, tanto, tanto… ¡Oh, malnacido niño, malagradecido niño, miserable niño!... tanto… sí —siseó relamiéndose los labios—. Desearás no haber molestado a Dainn, no, no, no.

—Dainn, no me dejas otra opción —dijo Kapsuo muy seriamente, en un tono de voz bajo y oscuro que llamó la atención del exaltado cazador—, por más que trate de protegerla no podré mantenerla a salvo si me concentro sólo en ocultarla. No, lamentablemente bestias como tú seguirán existiendo y amenazando todo aquello que ahora me es importante. Dainn, maldito cazador, tu existencia ya no me interesa en absoluto, pero has vuelto a poner en peligro mi tierra y mi gente.

—Oh, así que ahora al niño le importan muchas cosas —la mirada de Dainn brilló de la malévola emoción—, podría entonces complacerme mucho más, sí, mucho más en esta incursión, sí. ¿Qué te parece si comienzo, comienzo por esa hada que tanto parece interesarte, ah? Ella, ella será la primera que despedace con mis manos. ¡Oh, oh sí, sí! Qué emoción, emoción, sí, esa miserable mosca será la primera a la que Dainn devorará. ¡Sí, sí! Arrancaré su piel con mis uñas y sus labios se teñirán del rojo de la sangre. ¿Quién sabe, sí, quién sabe qué más podría hacer Dainn con ese frágil cuerpecillo antes de devorar su vida? ¿Qué dices, niño, qué dices qué deba hacer Dainn para disfrutar tan tierno banquete? —la sonrisa de Dainn fue grotesca—. ¡¿Ah?! ¡Responde, niño, responde a Dainn!... ¿Niño, me escuchas, ah, me escuchas, sí?

Kapsuo, adivinando la intención de Dainn, no se mostró afectado en lo más mínimo, ni siquiera variaron sus ojos, que seguían mirándolo como un témpano eterno y estático. Ahora fue el cazador el que se sintió contrariado ante la falta de reacción del joven, al que siempre estaba acostumbrado a ver descontrolado o reteniendo con dificultad la ira que sentía hacia él. Dainn no se detuvo y maldita boca escupió obscenas y grotescas escenas de lo que haría con Millia, con la familia Saotome, y a todo lo que podía saber que le interesaba a Kapsuo. Pero nada del veneno que escupía parecía tocar el corazón del joven, que se mantenía con una seriedad que bordeaba la paz. Dainn terminó por exasperarse y gritó babeando como un perro enloquecido.

—¡Voy a destriparte, voy a arrancar tus ojos y con ellos colgando de mi cuello los haré ver todas las maravillosas cosas que haré con esa ramera de los bosques!

El joven reaccionó levantando una ceja.

—Entonces me veré obligado a destruirte —respondió el joven Kapsuo, con una indolencia que era insultante para el cazador—, aunque me desagrade perder mi tiempo con alguien tan aburrido como tú.

La furia y descontrol del Dainn eran de temer, jamás había sido tan humillado, en especial por un ser inferior, que debía haber sido su presa mucho tiempo atrás. Vociferó maldiciones, escupió sangre y baba, golpeó el suelo con las manos como una bestia enloquecida y apretó los dientes mostrando su lado más bestial; pero ante la atemorizante ira y la intensa aura oscura que rodeaba al cazador, Kapsuo se mostró apacible, con una pequeña sonrisa triunfal apenas dibujada en sus labios.

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Akane estaba frente a Rays y acercó su pequeña mano, temblando, débil, a centímetros del rostro sonriente del joven. Eran tan parecidos, casi idénticos, comenzando por su voz… sino fuera por el cabello gris en vez de negro, y por la manera de sonreír, manipuladora y siniestra en lugar de esa sonrisa algo arrogante pero sincera, tan transparente que la enternecía secretamente. Y sus ojos que veía por primera vez sin la máscara o los lentes, eran negros en lugar de esos ojos azules tan intensos que antes la miraban a ella de una forma que nadie más podría… mucho menos ese impostor.

La fuerte bofetada hizo eco más allá de la calle por toda la manzana.

Rays, con los labios temblando y confundido, al enderezar la cabeza con la mejilla enrojecida se encontró con la más férrea voluntad decidida a odiarlo en los ojos de Akane Tendo. Se sintió engañado y en su furor reaccionó tardíamente intentando tomar la espada. Mas la mano de Akane se había adelantado desde mucho antes, con mente fría en un osado plan, empuñó a la poderosa espada Skirr que arrebató de la funda de Rays, y con un rápido movimiento la blandió amenazadoramente lanzando un corte al aire, que obligó al falso Ranma a retroceder de un rápido y corto salto. Al detenerse Rays deslizando el pie por el suelo, no alcanzó a tomar un segundo aire porque una parte de la muralla, al costado de la callejuela, explotó a sus espaldas. Entre los escombros volando y girando, apareció cargando con el hombro la figura de un enorme guerrero samurái vistiendo una portentosa armadura negro y dorada, armado con dos gigantescas katanas, una en cada mano, arrastrando las puntas por el suelo, sacando fuego por el roce con el asfalto.

El samurái giró el cuerpo, terminando el movimiento que comenzó del otro lado del muro, levantando ambas espadas que sacaron llamaradas al separarse del suelo y lanzó un feroz corte con las armas juntas.

Rays se movió con gran destreza retrocediendo otra vez, evitando el golpe, pero no del todo. Sintió como el acero mordió una parte de su piel en el costado rasgando el abrigo y el fuego dorado quemó su cuerpo dolorosamente hasta el rostro. La sola fuerza del poderoso ataque lanzó al hombre girando por el aire envuelto en llamas doradas, y cayó al suelo dando un rebote para girar apagando las llamas con su cuerpo. A pesar del terrible ataque que recibió, rápidamente se levantó apoyando una rodilla, tomándose con una mano el costado herido, donde una línea carmesí en el abrigo y en la camisa interior comenzó a ensancharse manchando la pura tela de un rojo intenso.

Gruñó por su descuido, dejarse engañar por la cara bonita de esa chica estúpida era humillante. Con un poco de apoyo de su mano sobre la rodilla consiguió ponerse en pie, y miró a la chica como si todo el odio que sentía estuviera depositado únicamente en ella. Pero Akane no se amedrentó, la determinación que poseía era respaldada por el resplandecer dorado, más intenso que nunca ahora que estaba en su poder, de la gran espada divina de los Yngvi que empuñaba con ambas manos, y también en el poderoso guardaespaldas que con fiera lentitud, marcando los pesados pasos, se cruzó delante de su señora extendiendo hacia los lados ambas katanas, cada una del tamaño de un hombre. El dragón dorado K'Zun Fei en su forma humana, con el largo cabello áureo, los ojos alargados como de serpiente y algunas marcas como de escamas en la frente y las mejillas pálidas, no quitó los ojos de encima a Rays.

—Akane —el nombre de la chica destilaba veneno en labios de Rays—, tú…

—Tomaste la espada de Ranma —ella respondió inclinando el rostro—, tomaste el nombre de Ranma y quisiste también tomar el destino de Ranma… Pero hay algo que jamás podrás poseer —se llevó la mano abierta al corazón y agarró con fuerza el vestido arrugándolo en el pecho, levantó el rostro y lágrimas de orgullo dibujaron los contornos de los ojos color miel—, ¡este corazón que únicamente le pertenece a Ranma!

Rays chasqueó los dientes conteniendo la rabia. Luego hizo una mueca extraña acompañada por una triste sonrisa.

—¡Qué injusto!... —suspiró con exageración—, ¿ahora me dices que pierdo contra un muerto?

—Humano arrogante —K'Zun Fei habló sorprendiendo a Akane, la que dio un pequeño brinco al sentir la potente voz—, magnificas tu importancia y no eres más que una pobre sombra de la ira de Hel.

—No nombres al monstruo que me quitó a Narami.

—A la tal Narami la perdiste mucho antes de que Hel robara su vida —habló K'Zun Fei con arrogancia—. ¿No volviste a tu reino sabiendo que había rechazado tu amor después de la guerra?

—Modera tus palabras, lagartija, no sabes de lo que estás hablando —escupió Rays en tono amenazador.

—Lo sé, sí, claro que lo sé. ¿Olvidas que yo he estado contigo desde ese día hasta el momento en que cruzaste tu camino con Belenus de Praga? Conozco tus secretos, tu locura y tu caída en la más miserable oscuridad. Tras enterarte de la muerte de Narami comenzaste tu demente viaje por buscar igualar a los dioses, derrotarlos, vengar la muerte de la sacerdotisa, y después tu mente ya enferma soñó con poder resucitarla mientras comenzaste a aprender sobre las artes nigrománticas de Nifhel. Pero tú, pobre mortal, ¿alguna vez fuiste digno del corazón de Narami, como para creerte merecedor de ser el portador de su venganza?

—Dragón, te asesiné una vez, puedo hacerlo cien veces de nuevo si tanto deseas provocarme —la voz de Rays fue ronca y raspada con una ira que brillaba en los ojos oscuros.

—¿Desear? —K'Zun Fei resopló exhalando un poco de fuego dorado de sus labios—. No eres digno de mi atención, el guerrero que una vez me enfrentó y consiguió superarme ya no existe más. Tú no eres más que un pobre peón en el juego de Loki Laufeyiarson. Así es, conozco como operan los dioses y manipulan las emociones humanas. Si no, ¿por qué sirves a Loki?

Rays trató de sonreír con una arrogancia y dominio propio que el temblor de su cuerpo acusaba ya había perdido.

—Lo estoy utilizando…

K'Zun Fei rio a fuertes carcajadas. La ira de Rays podía palparse en el aire, en la oscura aura que emanaba y que hacía estremecer las piedras del suelo y agitaba las hojas de los árboles, marchitándolas. Notándolo, Fei aprovechó la oportunidad y por debajo le susurró a Akane, instándola a marcharse.

—Mi señora, yo le distraeré. Lamentablemente ese hombre de alma maldecida posee el poder para sustentar sus grandes palabras, pero juro que podré detenerlo.

—No, K-chan, no te dejaré atrás.

—¡Pero, mi señora, usted…!

—No, esto ha de terminar ahora —dijo Akane—. Yo puedo vencerlo…

—Señora, no dudo de sus capacidades —expetó K'Zun Fei con sabiduría—, pero no me perdonaría jamás que su alma pura sea mancillada, al deber ensuciar sus manos con la sangre de un ser con el alma podrida como la de él.

—Tengo que hacerlo, debo hacerlo, por Shampoo y Cologne, y por toda esa gente inocente que él ha asesinado. Ese hombre pertenece al linaje de Ranma; también todo lo que lo mueve es la obsesión que tiene por mi antecesora. Él, aunque me cueste aceptarlo, es parte de nuestras familias.

—Usted no es responsable de la maldad de Kyoshiro, mi señora.

—Pero sí soy responsable de terminarla —replicó Akane.

El portentoso dragón gruñó lenta y profundamente, el honor de esa chiquilla era de acero y despertó en él orgullo y admiración. No obstante, sabía que no podía arriesgar la vida ni mucho menos el corazón de su señora recordando una vieja promesa que le hizo a un moribundo joven antes de desaparecer. Además conocía a Akane, esa niña poseía un corazón fuerte pero a la vez frágil, para ella asesinar a un oponente sería lo mismo que morir, no lo soportaría y la culpa la destruiría; era una noble guerrera, no una asesina, y en ese preciso momento se necesitaba a un asesino para dar cuenta de otro asesino.

—Mi señora, debe partir —insistió el dragón.

—No…

—Admiro su determinación pero no su carencia de sabiduría —la interrumpió K'Zun Fei—. Mi señora, ¿ha olvidado sus responsabilidades hacia su clan?

—¿Mi clan?... Mi familia… ¡Dainn! —Akane recién recordó que el peligro no solo la rondaba a ella—. ¡Oh, no! Dainn puede atacar en cualquier momento, yo…

—Me encargaré de detener a este sujeto. Mi fuerza quizás no sea la suficiente como para vencerlo, pero le aseguro que ya no la estorbará en su regreso a casa. Por favor, le ruego que atienda primero a los suyos.

Akane dudó, todo el valor del que se había alimentado hasta ahora, se perdió en el vacío del miedo que le despertaba el pensar en el peligro que corría su familia. Mas, al mirar a K'Zun Fei, temió también por él.

—Él quiere tu alma, no puedo permitir que se apodere otra vez de ti —dijo Akane, con una mirada de temor.

—Mi señora, confíe en su humilde servidor. Este dragón no caerá si usted se lo ordena, pero permítame defender su honor.

La chica se mostró conmovida ante la poderosa confianza de K'Zun Fei, de cierta manera le recordaba a Ranma, y saber que el dragón estuvo junto a su prometido durante los momentos más difíciles, la hacía sentir que a través de Fei compartía un vínculo con Ranma, especialmente en ese momento de peligro.

—Gracias, Ka-chan —murmuró Akane—. Por favor, no vayas a perder, no dejes que se quede otra vez con tu alma. Apenas puedas debes retroceder.

—Su deseo es mi voluntad, mi señora Akane.

Rays había escuchado atentamente toda la aburrida conversación, pero había aprovechado el tiempo para reponer sus fuerzas, las heridas comenzaron a sanar misteriosamente borrándose toda marca de ellas, cerrándose la carne y dejando solo una mancha de sangre como testigo de su dolor. Se irguió tan fuerte como al principio.

—Discurren y discurren en mi presencia sin prestar los debidos respetos a mi persona —reclamó Rays—. ¿Realmente imaginan que pueden salirse con la suya así sin más?

Akane lo miró airada, pero K'Zun Fei cruzó el brazo delante de su señora, ella comprendió el mensaje y sin perder más tiempo aferró con fuerza la gran hoja de la espada Skirr contra su pecho, y dando media vuelta comenzando a correr en sentido opuesto alejándose de ambos.

—¡No, niña estúpida, no lo harás! —dijo Rays separando las piernas como si fuera a correr.

—¡Atrévete! —el dragón hizo lo mismo, moviendo las piernas, anteponiéndose de manera amenazadora, levantando las espadas como si se convirtiera en un muro que cerraba toda la callejuela.

Rays sonrió con malicia y levantó una mano resplandeciendo en una energía rojiza, un círculo mágico apareció a sus pies y ordenó con voz poderosa:

—Por el rey de Muspellheim, Surtr, señor del fuego; ordeno que se alce la ira y el tormento: ¡Mar de llamas!

La chica no miró hacia atrás, no debía dudar sino confiar en K'Zun Fei, pero sintió una poderosa oleada de energía que la hizo temblar. Apenas consiguió detenerse cuando delante de sus ojos apareció un muro de fuego que consumió las paredes de los terrenos aledaños, emitiendo un calor tan intenso que apenas podía respirar a pesar de encontrarse a varios metros de distancia cubriéndose el rostro. Las llamas subían como una columna hasta el cielo y no tenía por donde pasar.

—¡Mi señora, no tema!

El dragón apareció detrás de Akane y cruzándose por su lado abanicó ambas katanas golpeando el aire. Produjo una corriente de viento con forma de un poderoso huracán que avanzó a ras del suelo chocando contra el fuego, y como si la ráfaga fría se alimentara del intenso calor del muro, lo atravesó arrastrando las llamas consigo, en un torbellino que avanzó levantando el asfalto, pero como resultado extinguiéndolas. Akane se sintió impactada al reconocer la similitud de aquella técnica, porque el dragón no había utilizado magia, sino que había canalizado su aura naturalmente fría de dragón.

—El dragón volador —murmuró Akane.

—Solo un truco que aprendí de un inútil muchacho —K'Zun Fei rio, apenas un momento, antes de dar media vuelta y cruzarse detrás de Akane al ver caminar hacia ellos al malvado Rays—. ¡Corra, señora, corra ahora!

Akane asintió y retomó la desesperada carrera. Rays gritó de furia volviendo a levantar la mano preparando un nuevo hechizo, cuando vio una de las katanas volar en dirección de su cabeza, el hechizo se interrumpió cuando Rays se arrojó de espalda al suelo evitando que la espada lo atravesara, la que se clavó en la pared a pocos metros de donde se encontraba. Cuando Rays enderezó la cabeza ya no vio a Akane, la que se habría perdido doblando en algún callejón.

—Maldito K'Zun Fei, acabas de cometer tu último error al interponerte en mi camino —bramó.

K'Zun Fei solo sonrió complacido.

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Millia dejó descansar a Nina en el suelo y miró perpleja al resto de la familia. Todos se encontraban nerviosos y reunidos en la habitación que las chicas compartían, en torno a un círculo mágico dibujado en el suelo que comenzaba a emitir una suave luz y un vibrante sonido.

—¿Un portal? —se preguntó Millia.

—Son órdenes de la dama Freya —dijo Nina—. Ustedes se marcharon y no me dieron tiempo de explicarles nada.

—¿Órdenes, pero cuándo, cómo? —insistió la hada.

Nina sonrió con un toque de orgullo.

—Parece que ustedes no son las únicas que se guardan secretos —dijo.

—Pero no podemos marcharnos ahora y abandonarlos —Millia miró angustiada a la familia Tendo.

—Es para todos —aclaró Nina—, toda la familia de Akane debe abandonar Midgard, esa fue la orden de la dama Freya.

—¡¿Todos?! —Millia se sorprendió—. Pero viajar a Asgard con la familia de Akane, no lo sé, es algo osado… y peligroso.

—Dainn es una situación bastante incontrolable y más peligrosa que todo Asgard, a mi parecer —replicó Nina—. ¿Tienes una mejor idea?... Espera, ¿dónde se metió Akane?

—¡Aquí! —Akane asustó a todos cuando apareció jadeando en el borde de la entrada de la habitación, con una mano se apoyaba del marco de la puerta y con la otra sostenía la espada Skirr.

—¡Skirr! —Nina dio un grito que casi dejó a Millia en el techo—. Akane, ¿de dónde sacaste esa espada?

—¿Te has encontrado con él? —preguntó Millia, temblando por su amiga.

—Tranquila, Millia, todo está bien —respondió Akane, tras tomar un poco de aire y un vaso de agua que Kasumi le ofreció, recién notó que su hermana mayor repartía bocadillos en la habitación como si se encontraran en un picnic. Sacudió la cabeza para concentrarse en lo importante—. Ka-chan me salvó y se quedó entreteniendo a ese sujeto.

—Akane —Kasumi, tras recibir el vaso que su hermana se bebió de un solo trago, la abrazó con fuerza—, nos tenías preocupados, ¿estás bien?

—Sí, sí, lo estoy —respondió librándose del fuerte abrazo de su hermana.

—¿Segura?

La mirada directa de Kasumi hizo que la joven inclinara el rostro. Estaba pálida y con la marca de las lágrimas en la mejilla. Los últimos acontecimientos no dejaban de atormentarla, recordaba vívidamente las palabras de Rays hablándole de que el alma de Ranma no era más que una creación de Freyr. Si eso fuera cierto ¿qué sería del alma de su prometido, habría una verdadera posibilidad de revivirlo? Y si así fuera, ¿se obsesionaría ella al igual que Rays? Por más que dijera estar segura de su determinación por hacer lo correcto, su corazón flaqueaba como la hoja de un árbol seco azotada por el viento ante el tormentoso deseo de no sucumbir a la aceptación de haberlo perdido para siempre.

—Segura —mintió. Kasumi lo notó y con tristeza en los ojos no volvió a preguntar.

—¿Cómo llegaste hasta aquí? —preguntó Nina—, ¿acaso no te topaste con Dainn?

—Dainn… ¡Dainn! ¿Él ya está aquí?

—¿Cómo, qué no lo viste?

Millia suspiró e interrumpiendo el diálogo entre Nina y Akane agregó.

—¿Entraste por la puerta del frente?

—Pues claro que sí, ¿por dónde más iba a entrar?

Eso lo explicaba todo. Se escuchó una explosión que sacudió el suelo e Iris corrió a brazos de Akane. La chica dejó caer la espada y de rodillas la acurrucó contra el pecho.

—Calma, Iris, calma, todo estará bien.

—Mamá.

—Quiero que te quedes con tus tías, yo debo ver qué está sucediendo afuera.

—No, mamá, no te vayas.

—Pero, Iris, estaré bien.

—¡No!

La niña comenzó a llorar y Akane recordó recién que la pequeña ya había pasado por una situación similar cuando perdió a su verdadera madre. Se sintió culpable entonces de querer dejarla.

—Akane, ya no hay tiempo, debemos marcharnos.

—¿Nina, de qué hablas? —recién entonces se percató del círculo dibujado en el suelo, estuvo por preguntar qué era cuando lo observó detenidamente y le resultó familiar de sus estudios en magia Vanir—. Un portal.

—Órdenes de la dama Freya —repitió Nina como aburrida de tener que explicarlo de nuevo—, ella quiere que toda tu familia nos acompañe a un lugar seguro en Asgard.

—¿Asgard un lugar seguro? —Akane se sintió engañada porque su maestra no tuvo la deferencia de decirle a ella el plan en primer lugar, y por recordar que el país de los dioses no era un campo de rosas donde quisiera llevar a su familia.

—Pero, Akane, si es para bien será mejor obedecer a la señora Freya, porque esa tal Freya es tu maestra, ¿no es verdad? —dijo Nodoka no muy segura de comprender del todo la situación.

—No, no está bien, tía Nodoka. Si vamos a ese lugar sería muy difícil después regresar. Además que está prohibido para los humanos hacerlo, si nos descubren… ¡Ah! ¿Ella en qué estaba pensando?

—Bueno, Akane, si tanto te molesta yo podría quedarme a cuidar la casa —dijo muy valientemente Genma Saotome sintiendo el peligro en los huesos.

—La dama es sabia, ella debe haber preparado un sitio idóneo para nuestra seguridad —agregó Nina.

—¿En Asgard?, ¿y en qué lugar de Asgard estaremos seguros? —Akane enfrentó a la valquiria, luego volvió a preguntar más calmada pero con una seriedad que congelaría el desierto del Sahara—. ¿Adónde lleva este portal?

Nina fue a abrir la boca pero se quedó muda.

—No lo sabes —sentenció Akane.

Nina no respondió.

—Lo que me faltaba —las fuerzas de Akane comenzaron a flaquear—. Primero ese sujeto diciendo cosas de Ranma y ahora tengo que llevar a toda mi familia a otro universo sin siquiera saber dónde caeremos. ¿Algo más de lo que no me haya enterado?

—¿De Ranma? —Nabiki se mostró sospechosamente curiosa.

—Después te lo explico —Akane no estaba de humor—. ¿Puedes decirme por qué ahora y no antes? La casa ya ha sido atacada en otras ocasiones y nunca nos ofreció ir a Asgard.

—No lo sé —respondió honestamente la valquiria. No quería confesarlo pero tenía tantas aprensiones como la chica—. Pero me dijo que si queríamos sobrevivir tendríamos que utilizar este portal y que no importando la situación en que nos encontráramos ya no nos podíamos quedar en Midgard.

—¡Dainn!, lo olvidaba. Nina, Millia, ¿qué hacemos aquí entonces?

—Kapsuo está luchando con él.

—¿Kapsuo? —Akane tardó unos segundos en procesar toda la información—, ¿llamaste a Kapsuo?

Millia se mostró nerviosa, pero para su sorpresa Akane saltó de alegría.

—¡Eso es grandioso, Millia! Al fin tenemos un poco de verdadera ayuda.

—Espera, ¿y qué hay del portal de la dama Freya? —preguntó Nina como insultada.

—No te ofendas, Nina, pero tengo mis dudas al respecto.

—Niñas, disculpen que las interrumpa, pero cuando nombran a Kapsuo, ¿será acaso que él…?

—Así es, señora Saotome —la interrumpió Millia, que respondió con fervor—. Su hijo Kapsuo está aquí protegiéndonos.

Nodoka se llevó la mano al rostro, lágrimas de felicidad borraron todo el temor que había tenido hasta ese momento.

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Dainn observó detenidamente al joven Kapsuo, las manos le temblaban de impaciencia pero supo contener el ansia para gozar del placer como si deseara hacerlo eterno.

—Me burlaste.

Cargó la guadaña con una mano y con la otra acarició lentamente la superficie del bastón, al llegar hasta donde le alcanzaba el largo brazo giró el arma cambiándola de posición y la sujetó con ambas manos posicionándola verticalmente, con el afilado extremo inferior contra el suelo.

—Me humillaste.

Los ojos del cazador miraban fijamente uno a cada lado del bastón como si deseara cortar el alma del joven. Movió los dedos abriéndolos y cerrándolos muy lentamente, cerrando la mano con firmeza levantó otra vez el arma sosteniéndola agresivamente por sobre la cabeza. Deslizó un pie por el suelo separando un poco las piernas.

—Me perdonaste.

Con la voz rasposa siseó en un tono que no era propio de un humano, sino que fue la voz de un demonio nacida desde lo más profundo de su odio.

—Niño, tienes una deuda con la muerte que hoy, sí, hoy tendrás que zanjar.

En respuesta el joven movió la espada flameando en un aura dorada por delante de las piernas antes de levantarla, empuñándola con ambas manos. La hoja de acero reflejó la determinación en ojos de Kapsuo Saotome.

—No necesito huir. Si la muerte se atreve a cruzarse en mi camino la partiré en dos con mi espada.

Dainn se agachó un poco como si se estuviera agazapando.

—Oh, niño, ¿acaso estás desafiando a la muerte?

Kapsuo sonrió con tal arrogancia que molestó al cazador.

—Hoy no tengo motivos para volver a perdonarte la vida.

Dainn recibió aquellas palabras como un recuerdo vívido de la humillación que había vivido y juró que arrancaría la lengua de Kapsuo y la colgaría como un trofeo. Giró la guadaña muy lentamente llevándola hacia la espalda, inclinando el cuerpo hacia un costado. Kapsuo se preparó.

—¡Muere! —Dainn desapareció en una estela de polvo.

Kapsuo dio un paso hacia atrás cuando sintió al cazador en su espalda, con una diestra maniobra levantó la empuñadura de la Gram y antes de que el cazador ejecutara su golpe se encontró con que el joven había retrocedido acercándose a su cuerpo y levantando los codos lo golpeó con el afilado pendón de la espada en el mentón. El sonido de huesos retorciéndose a gran velocidad fue seguido por la cabeza de Dainn retrocediendo producto de un impacto brutal, Kapsuo deslizó el pie y sin detener el movimiento de los brazos giró el torso y al pendón lo siguió la hoja de la espada en un brutal giro. Pero la espada chocó contra el bastón de la guadaña, el joven reaccionó sorprendido cuando Dainn, bajando el brazo en menos de un segundo con la gran mano abierta de monstruo tomó la cabeza de Kapsuo. El cazador enderezó la cabeza haciendo tronar otra vez los huesos del cuello y le propinó un brutal golpe a Kapsuo en la frente.

El joven rodó por el suelo, el cazador saltó sobre él con la guadaña en alto pero en el giro Kapsuo había soltado la empuñadura de la espada y con la mano libre la alzó.

—¡Oscuridad del alma! —el rayo fue bloqueado por la guadaña de Dainn, que se dispersó en todas direcciones, pero Kapsuo no se detuvo y dando un giro más en el suelo alzó la otra mano.

—¡Luz del alma!

El segundo impacto volvió a golpear la hoja de la guadaña, pero Dainn sintió una fuerza muy superior a la del hechizo anterior y la sonrisa fue borrada de su rostro cuando la hoja de su arma se trisó antes de ceder y estallar en varios fragmentos de metal. El rayo pasó por encima de la cabeza del demonio. Dainn hizo una pirueta antes de caer de pie y arrojando el bastón de su arma furioso se abalanzó con ambas manos en alto como si se tratase de un animal. Kapsuo alcanzó a poner un pie en el suelo y retrocedió inclinando el cuerpo hacia atrás para evitar el primer golpe del cazador, que con la garra de demonio trató de despedazar su rostro. Alzó la Gram que a corta distancia le causaba muchos problemas para moverla mientras detenía los cada vez más rápidos golpes de la garra de Dainn.

El cazador babeaba como un animal rabioso y reía como un demente sintiendo ya que el joven no podía más que retroceder, cuando Kapsuo lo volvió a sorprender. Al golpear la hoja de la espada sintió que ésta no oponía resistencia, llevándosela consigo cuando cayó empujado por su propia fuerza, notando recién que Kapsuo había soltado la empuñadura intencionalmente y con las manos libres tenía un puñetazo esperándolo justo delante del rostro. Otro choque que hizo retumbar la tierra fue el golpe que deformó el rostro de Dainn. Con el cuerpo inclinado Kapsuo tenía la otra mano ya empuñada y girando el torso le propinó un segundo golpe que inclinó la larga cabeza del cazador hacia el otro lado. Dainn contraatacó al instante como si ignorara el dolor, moviéndose para atraparlo, pero Kapsuo fue más rápido y evitando la garra demoniaca, que pasó rozando su hombro, la atrapó girando el cuerpo, dándole la espalda a Dainn, y con ambas manos dobló el brazo del cazador contra su hombro escuchándose los huesos quebrarse por la fuerza.

Kapsuo sintió entonces el golpe que Dainn le propinó con el otro brazo, pero en vez de caer aferró los pies y bloqueando con los brazos detuvo el segundo golpe que hizo que sus pies se deslizaran por el suelo. El cazador, enfurecido y con su brazo de demonio inerte, arrojó una rápida serie de golpes con la otra mano, pero Kapsuo, atrapándolo por la muñeca, se impulsó en el brazo del cazador para levantar el cuerpo y con una asombrosa pirueta estiró la pierna volviendo a esculpir el dolor en el rostro de Dainn con una mortal patada. El joven aprovechó el momento y no soltó al cazador empujando su cuerpo a base de golpes de puño y patada, giros conectando rápidos codazos, todos pensados para destruir el cuerpo del oponente solamente con uno de los letales golpes, pero Kapsuo no se detuvo y continuó castigando el cuerpo del demonio con una furia y velocidad que contrastaba la frialdad de sus ojos.

Dainn reaccionó y detuvo con la mano el puño de Kapsuo atrapándolo. El joven miró sorprendido, no podía creer que ese monstruo a pesar de tener el rostro deformado por los golpes y bañado en sangre se moviera y sonriera como si nada le hubiese sucedido. Kapsuo sintió entonces el repentino dolor al sentir como el cazador apretaba su mano empuñada haciéndole crujir los huesos de los dedos.

—Niño, has mejorado, pero no aún, no aún. Doscientos años más, doscientos años muy joven para desafiar al cazador.

—Lo siento —respondió el joven soportando el inhumano dolor, la fuerza de Dainn era la de un gigante y podía sentirla en su mano como si una máquina industrial estuviera aplastándola. A pesar de ello sonrió confiado, desafiándolo, lo que Dainn no se esperaba—, pero no tengo paciencia para dejarte vivir tanto tiempo.

—¡¿Cómo osas, niño?!

Kapsuo lo interrumpió llevando la mano libre hacia la espalda y sacó una daga oculta del cinto, sin dudar la enterró en el antebrazo del cazador traspasándolo. Dainn dejó de sentir el brazo por un momento en el que el joven se liberó y reuniendo las manos delante de su cuerpo invocó:

—¡Luz del alma!

El cazador fue empujado por el ataque mágico que recibió de lleno en su cuerpo, volviendo a estrellarse contra un muro. Kapsuo jadeaba, estaba comenzando a agotarse, pero vio entonces que desde el humo apareció Dainn corriendo como la encarnación viva de la ira, con los dientes se arrancó la daga del brazo y la arrojó al suelo mientras corría. Kapsuo lo recibió evitando el primer golpe, pero Dainn fue más rápido, ahora hundiéndole el estómago con un poderoso rodillazo, entonces lo golpeó con el puño. Kapsuo cayó rodando, en ese segundo el joven vio su espada en el suelo y consiguió empuñarla otra vez, pero al levantarse el cazador lo volvió a golpear inclemente, luego le conectó una patada recta en el cuerpo que arrojó a Kapsuo de espalda contra la pared, y sin esperar el cazador apareció delante de él atrapándolo por el cuello, presionándolo en un poderoso intento por estrangularlo. Kapsuo había levantado una mano tratando de separar el brazo de Dainn pero sin éxito.

—¡Siente la muerte, huele la muerte, sí, niño, escucha el cantar de la muerte!

A pesar de la presión que amenazaba con romperle el cuello en cualquier momento, Kapsuo sonrió. La risa del cazador se borró lentamente cuando bajó la vista y vio la otra mano del joven sosteniendo la empuñadura de la espada Gram. Miró por encima de su hombro y vio como la flamante hoja de acero reflejaba la luz saliendo por su espalda.

—Maldito… ¡Maldito!

Dainn aumentó la fuerza en la mano queriendo destrozar el cuello del joven pero sintió entonces una fuerza mayor a la suya presionándole el antebrazo, sintió como sus dedos cedían y vio incrédulo como su brazo retrocedía lentamente siendo retenido por la mano de Kapsuo.

—Te lo advertí, cazador, este será el precio que pagarán todos los que se atrevan a amenazar lo que es mío.

Dainn cayó de rodillas, el cuerpo del cazador vibraba y los ojos se le revolvían como si quisieran escapar de la cabeza, como si deseara seguir luchando pero ya su cuerpo no respondía a sus órdenes, encadenado por el poder de la espada Gram que domina a las almas. Maldijo, amenazó, provocó al joven con toda clase de palabras, pero Kapsuo se limitó a observarlo caer en silencio.

—¿Qué harás, niño, qué harás, destruirme? ¡Mi alma, sí, mi alma regresará a Hel y volveré entonces para cazarte! La muerte es eterna, la muerte no puede ser detenida, ¡te atraparé, niño, te destruiré a ti y a toda esta basura de mundo, sí, todas las vida serán mías, serán mías!

—Para haber sido el dueño de la espada Gram por un tiempo nunca aprendiste de su verdadero poder.

Los ojos de Dainn se abrieron y luego rió.

—¿Vas a convertir a Dainn en tu esclavo? Tendremos una gran eternidad juntos, sí, juntos, mi niño.

—No —respondió bruscamente—, la espada Gram no sólo puede capturar almas.

El joven se inclinó doblando las piernas acercándose al rostro del paralizado cazador.

—También puede destruirlas.

Entonces Dainn reaccionó dando un grito de ira y terror.

—Adiós, Dainn, espero que te agrade la no existencia.

La hoja de la Gram resplandeció en un intenso color plateado y la luz envolvió el cuerpo del desesperado cazador que movía los hombros como si quisiera correr. Los gritos agónicos y terroríficos se grabaron en el corazón de todo aquel que tuvo la mala suerte de escuchar el último lamento de existencia del desalmado cazador de almas.

Kapsuo se inclinó y levantó la espada lentamente de entre una pila de cenizas, cuando lo percibió. Giró bruscamente empuñando la espada en alto.

—¡Sal de tu escondite!

Entonces Rays entró en el jardín saltando por encima de algunos escombros, se acercó al joven lentamente mientras chocaba las manos aplaudiendo suavemente. Cuando Kapsuo notó el rostro de Rays se quedó en silencio observándolo detenidamente.

—Ha sido sorprendente —dijo Rays dejando de reír y guardándose las manos en los bolsillos—, dominaste a ese animal de Dainn con mucha facilidad, ¿qué edad tienes en realidad, diecinueve, veinte años, veintitrés? Es difícil saberlo para cualquiera que como tú haya vivido tanto tiempo en Asgard bajo su mágica influencia, aún así aunque tuvieras cien años vencer al cazador es algo más que loable. Haces que me sienta orgulloso de mi linaje.

—¿Quién eres?

—Disculpa mi descortesía pero venía tan ocupado en mis asuntos que olvidé por completo que es la primera vez que nos conocemos. Mi nombre es Rays, aunque algunos me conozcan como Kyoshiro Saotome, fundador de la escuela de combate libre entre muchas otras artes de muerte distintas que inventé.

Kapsuo lo pensó detenidamente sin quitarle los ojos de encima a ese sujeto.

—¿Qué quieres?

—Algo de esta casa, mejor dicho a alguien. Estuve tratando de convencer a uno de sus habitantes de que me la entregaran pacíficamente para que nadie saliera herido, de hecho, esperaba hacerlo a cambio de protegerlos del cazador, pero por lo que veo acabas de destruir mi gran móvil comercial. ¿Qué haré ahora, dispondré de mi propia fuerza para zanjar este asunto? En realidad me encuentro algo desilusionado, esperaba encontrarme con un puñado de hermosas chicas guerreras con las que jugar, y en cambio me encuentro contigo, que aunque parece ser que eres mi descendiente no dejas de ser un joven aburrido y bastante molesto. ¿Qué hacer?

Kapsuo movió los ojos hacia la casa y entonces los volvió a fijar en Rays, levantó un poco más la espada y se mostró firme.

—No te llevarás a la hija de Azarel.

Rays se mostró sorprendido.

—Ya veo, así que también lo sabes, ¿eh? Eso complica un poco más las cosas, ¿sabes?… para ti —Rays sacó las manos de los bolsillos, separó las piernas y levantando los brazos se puso en guardia al estilo de la escuela Saotome—. Lamento decirte que no puedo dejar cabos sueltos, menos a alguien que sirvió a Loki y que conoce mi verdadero propósito. Espero que no te lo tomes como algo personal.

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Continuará

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Nota de autor: Hoy he llegado muy tarde del trabajo, de hecho, ya estoy sobre la medianoche, así que no podré comentarles más. Saludos a todos en especial a Revontulett y Ranma84. Y sobre la duda de Rays, es sencillo, Rays fue anterior al linaje de los Yngvi en la familia Saotome. De hecho, la sangre de Freyr llegó a Japón por medio de Belenus de Praga. Algo de eso alcancé a contar en la historia incompleta de Belenus, y cómo salvó y se casó con una princesa japonesa de apellido Saotome. La historia cuenta que terminó viviendo en Japón, cosa que ya se ha dicho por allí en la saga, y adoptó el apellido Saotome. Por eso es Belenus Saotome. Como dato extra, Rays como mortal es en realidad el abuelo de la esposa de Belenus, por ello no tiene sangre Yngvi, pero sí legó la espada con el alma de K'Zun Fei, al que derrotó en la historia de Narami, a sus descendientes. Espero se haya aclarado el enredo… ¡Ah! Ya me atrasé, hora de actualizar.

Un día menos antes de la desaparición de toda la vida…

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Noham Theonaus

Espadachín mago de Idavollr

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