.


CAPÍTULO 51:

"Viviendo"


.

Varios meses han transcurrido desde aquella plática entre Blaine y su padre, meses en los que han tratado de ir superando el pasado, sin embargo, por cuestiones de trabajo se mantienen algo alejados. A pesar de eso, James trata de estar en contacto todo el tiempo y es algo que el ojimiel aprecia y valora mucho.

Adiós papá, cuídate… También te quiero.

- Me alegra que las cosas estén mejor entre ustedes mi amor – mencionó el ojiazul abrazando a su esposo – que tu papá llame todos los días es bueno.

- Es como un sueño, a veces me cuesta creer que esto está pasando.

- Lo sé, pero no es un sueño, es algo que sí está ocurriendo y que mereces – le sonrió.

- Te amo cariño.

- Y yo a ti – colocó una pierna entre las de Blaine y él lo envolvió con sus brazos. Los dos se miraron a los ojos y sonrieron.

- No me quiero levantar.

- No tienes que hacerlo, descansa amor.

- No quiero que te levantes tampoco, quedémonos en la cama todo el día.

- Seguro, podemos hacerlo y besarnos mucho.

- Eso me gusta, pero quiero hacer algo más que besarnos.

- ¡Oh! ¿Y qué es lo que quieres? – preguntó el ojiazul con picardía.

- Hacer el amor muchas veces, probar cosas nuevas, tal vez otras posiciones.

- Sr. Anderson, ¿me está haciendo propuestas indecentes?

El ojimiel sonrió y miró con adoración al hombre entre sus brazos – te adoro y me vuelves loco.

- No has contestado mi pregunta.

- No, no te estoy haciendo ninguna propuesta, te estoy afirmando que voy a ser muy indecente contigo – empezó a darle pequeñas mordidas en el cuello.


.

- ¿Entonces crees que sea buena idea llevarlos?

- Claro que sí Blaine, me voy a Roma por cinco meses y quiero que tú y los niños vengan conmigo. No deseo estar tanto tiempo alejado de ustedes.

- Se van a emocionar tanto y tengo que agregar que me alegra estar libre para poder acompañarte.

- A mí también me alegra amor.

- Papi Blaine… papi Kurt…

- Estamos en la habitación cariño – respondió el castaño.

Una hermosa niña con el cabello oscuro y rizos hasta los hombros saltó en la cama con una gran sonrisa.

- Mary me invitó a su casa para jugar. ¿Puedo ir?

- Seguro mi princesita – contestó el moreno.

- ¿Y me puedo quedar a dormir allá?

- No cariño, eres muy pequeña para eso.

- Papi Kurt no soy pequeña, tengo 4 años – mostró sus dedos indicando la cantidad.

- Cuatro años es ser pequeña todavía.

- No, no, no – negó con la cabeza moviendo sus rizos, los cuales taparon sus ojos – mi papi Blaine dice que soy una niña grande y él no dice mentiras.

- Claro que no dice mentiras, pero hay cosas para las que ya eres grande y otras para las que todavía eres pequeña, y ésta es una de esas.

La niña lo miró de esa forma que le derretía el corazón. Kurt la contemplaba, Elizabeth era el vivo retrato de Blaine, incluyendo los ojos en su color y forma. A eso se le sumaba que cuando quería algo le ponía la mirada de cachorrito "marca Blaine", que seguramente había heredado o aprendido a hacer, pensaba siempre el castaño.

- Oh no, no me pongas esos ojitos Elizabeth, no me vas a convencer.

- Pero papi, yo soy grande, papi Blaine lo dice.

El ojimiel reía en silencio, apretando los labios para que su hija no se diera cuenta.

- Papi Blaine, creo que tienes una pequeña plática con tu hija – dijo el ojiazul mirándolo con esa forma "tan Kurt" y alzando una ceja.

- ¿Verdad que soy grande y puedo ir? – miró suplicante.

- Princesita, tu papi Kurt te dijo que no porque eres pequeña para eso y es verdad. Vas a ir donde tu amiguita y jugar con ella todo el día, pero en la noche debes venir a casa.

- ¿Por qué?

- ¿Te sabes bañar sola?

- Un poco.

- ¡Exacto! Un poco y necesitarás darte un buen baño, y luego secar muy bien tu cabello y ponerte esa crema que huele a… ¿naranja? No, era a… ¿algodón?... ¿a tomate?...

La niña soltó una sonora carcajada – no papi, a fresa, huele a fresa.

- ¡Eso! ¡A fresa! Bueno, tienes que ponerte la crema de fresa en tus rizos para que se mantengan tan bonitos, y también tienes que ponerte el pijama, acostarte a dormir… y no habrá cuentos o canciones, además tendrás que taparte tú solita. ¿Puedes hacer todo eso?

- Mmm – puso un dedo en su labio y miró al techo mientras pensaba – algunas cosas, un poco, pero no todo.

- Es porque eres pequeña para esas cosas, amor. A eso se refería papi Kurt.

- ¡Ah!

- ¿Entendiste por qué no te puedes quedar a dormir donde Mary?

- Sí papi – le sonrió.

- ¡Esa es mi niña! ¡Tan inteligente! Ahora ven acá y dame un abrazo fuerte – la niña se levantó, lo cubrió con sus pequeños bracitos y le dio varios besos. Luego fue donde Kurt para hacer lo mismo y éste en un descuido le empezó a hacer cosquillas.

Blaine observaba feliz la escena. Amaba a su familia más que a nada en el mundo y se sentía dichoso de tener lo que tanto había soñado - ¿Dónde está tu hermano?

- En el… patio – contestó entre risas – jugando… con el… tío… Coo… Cooper.

- Voy a buscarlo para que hablemos con ellos lo del viaje – le dijo a Kurt sobando su espalda cuando se levantó de la cama, quien asintió sin dejar de hacerle cosquillas a su pequeña.


.

- ¡Oh no! ¡No vas a entrar así a la casa Devon! ¡Mírate!

Blaine llegó y escuchó a su esposo exasperado y fue a ver lo que sucedía. Salió al patio y caminó siguiendo la voz, nunca se imaginó lo que encontraría, su hijo estaba completamente cubierto de tierra mojada y sólo se veían sus enormes orbes azules. No pudo evitarlo y comenzó a reír.

- ¡No te rías de las cosas que hace tu hijo! ¡Míralo!

- Vamos Kurt, es un niño. ¿Me vas a decir que a su edad nunca te ensuciaste con tierra?

- ¡Jamás! No me gustaba ensuciarme y en cambio él… – negó con la cabeza.

- Eres adorable – contestó el ojimiel abrazándolo y depositando un beso en su mejilla. - ¿Y Elizabeth?

- Tu mamá la está bañando.

Observó a su hijo por un instante – No podemos dejar que se bañe en la ducha o en la tina porque se taparían definitivamente – dijo Blaine – pero, ¿qué tal un baño aquí en el patio?

- ¿Y cómo?

- Con la manguera – dijo el niño con una gran sonrisa.

- Sí, ¡es una buena idea hijo! Te voy a sacar toda esa tierra con la manguera y luego ya podrás entrar para bañarte bien. Así no ensucias la casa y a papá Kurt no le da un ataque.

- Muy gracioso Anderson, muy gracioso – le palmeó la espalda.

- Te amo tanto – contestó con una sonrisa y lo besó.

Kurt entró para empezar a preparar la comida mientras que Blaine se quedó con Devon lavándolo. Era impresionante la cantidad de tierra que al contacto con el agua se convertía en lodo.

Sonreía con dulzura al ver lo idéntico que su hijo era a Kurt. Indiscutiblemente era una copia exacta de él, de pies a cabeza. Con excepción de que al ojiazul nunca le había gustado ensuciarse, en cambio Devon parecía que vivía para eso.

- Cuéntame, ¿cómo terminaste cubierto de tierra?

- Estaba jugando a los piratas y tenía que encontrar los tesoros escondidos.

- Entiendo eso, pero…

- Es que los piratas entierran sus tesoros en la tierra, así que empecé a cavar en las macetas para buscar.

- Espera, ¿sacaste la tierra de las macetas? ¿Tu papá sabe que le hiciste eso a sus plantas a las que tanto adora?

- No.

- Cuando se entere no quiero ni imaginarme como se va a poner.

El niño bajó la cabeza y cerró los ojos – yo sólo estaba jugando, no quería hacer nada malo.

- Lo sé amor, nadie dice lo contrario.

- Pero papá se va a enojar o a poner triste.

Blaine se arrodilló para quedar a la altura de su hijo - ¿Qué te parece si recogemos toda la tierra y acomodamos las plantas antes de que entres a bañarte? Tu papá no sabrá lo que pasó, es nuestro secreto.

Devon levantó la cara y miró emocionado a su papá, asintió con la cabeza y estiró sus brazos, pero luego los bajó.

- ¡Gracias papá!

- ¡De nada campeón! ¿Pero por qué bajaste los brazos? Quiero mi abrazo.

- Te voy a ensuciar.

- ¿Te cuento un secreto?

- ¡Sí!

- A mí también me encanta ensuciarme – le guiñó el ojo.

El pequeño sonrió y sus ojos brillaron con ilusión, se lanzó sobre Blaine abrazándolo fuertemente – te amo papá.

- También te amo hijo, mucho.


.

Los siguientes meses la familia disfrutó de su estancia en Roma y aunque Kurt había ido por trabajo, tenía el suficiente tiempo libre para disfrutar de su esposo y sus hijos, por lo que estaba más que feliz de que hubiesen ido con él.

- Me gustaría vivir aquí – dijo el niño con una enorme sonrisa.

- Estoy de acuerdo hijo, a mí también me gusta mucho – contestó el moreno – tal vez en algún momento podamos mudarnos.

- ¿Tanto así les gusta?

- Sí papá Kurt. Aquí es muy bonito – respondió antes de salir corriendo mientras era perseguido por su otro papá y su hermana.

Los ojos del castaño se nublaron ante la escena. Soñó tanto con tener una familia algún día y la tenía. Cuando su relación con Blaine se volvió seria, podía imaginarse todo el futuro a su lado, casados, con hijos y siendo muy felices. No tenía duda alguna que él era el amor de su vida, su alma gemela y definitivamente iban a envejecer juntos.

Amaba intensamente a aquel hombre de cabello rizado y ojos dorados que corría feliz en el parque junto a sus dos hermosos hijos, a quienes amaba con todo su ser.

Ambos tenían carreras exitosas, un matrimonio maravilloso, dos hijos sanos e inteligentes, familia y amigos que los amaban y apoyaban incondicionalmente. ¡La vida no podía ser mejor sin lugar a dudas!

Y fue un día antes de regresar a su país cuando recibieron una llamada que cambió todo.