Capítulo 44.

Múnich.

Cuando Lily vio a Genzo tuvo como primera reacción el separarse de Ëkdal, a pesar de no haber estado haciendo algo malo. Mentalmente repasó lo que acababa de decir para tratar de discernir si había dicho algo que Genzo pudiera malinterpretar y maldijo en su interior al recordar que le soltó a Ëkdal que no necesitaba a Wakabayashi para tener una vida de ensueño. ¿Sería que Genzo se tomaría esas palabras de mala manera? Ella realmente creía que su novio no se presentaría a la fiesta así que verlo ahí, con un gesto de ira en el rostro y los puños apretados le causó una impresión muy grande.

"¡Caramba, Gen, pudiste haberme avisado que vendrías!", pensó, ofuscada. "¡No le habría dado oportunidad a Ëkdal de explicarse de haber sabido que podrías llegar en cualquier momento!".

– No tienes por qué golpearlo, Wakabayashi, Ëkdal ya estaba por… .- Lily trató de calmar a su novio antes de que el asunto pasara a mayores.

Por supuesto, no le funcionó pues Wakabayashi pasó a su lado como una ráfaga y estampó sus puños en el rostro de Ëkdal, cual si fuera balón de fútbol. El noruego, que fue tomado con la guardia baja, se estrelló contra una de las paredes externas del local; tanto su nariz como su boca sangraban profusamente, al parecer Genzo le tumbó varios dientes con el primer golpe y le desvió el tabique de la nariz con el segundo.

– O puedes ignorarme y hacer lo que se te venga en gana.- bufó Lily, poniendo los ojos en blanco. Si no se tratara de Ëkdal, ella se habría inquietado por la cantidad de sangre que había pero en ese momento estaba tan enojada que no le importó.

– Menos mal que te moviste, doctora.- Genzo pareció no haberla escuchado.- Si no ataqué a Ëkdal en cuanto lo vi fue porque no quería lastimarte, pero ahora estoy en la posibilidad de darle su merecido.

– ¿Quieres dejar de lado el "macho mode" por un momento?.- la muchacha se estaba exasperando.- ¿Realmente crees que es una buena idea el desaparecer durante tanto tiempo y después dejarte caer en una fiesta para "darle su merecido" a alguien?

– Hablaremos de eso después.- Genzo se puso en guardia pues Alder se levantó con actitud belicosa.- ¿Ya tuviste suficiente, Ëkdal, o quieres más? Más te vale que esta vez te quede claro: No quiero que te vuelvas a acercar a mi novia. Vamos a ponerle punto final a esto aquí porque no voy a tolerar que vuelvas a acosarla.

– ¿Ahora sí soy tu novia, cabrón?.- soltó Lily, en español.- ¿Y por qué no lo aclaraste cuándo los reporteros de tu país empezaron a decir que Hana Aizawa es tu nueva conquista?

El portero no la habría escuchado ni aunque ella hubiese hablado en alemán porque se enfrascó en una pelea con Ëkdal, quien a pesar de sus heridas decidió contraatacar. Genzo, sin embargo, lo esquivó sin mucho problema y le encajó otro par de golpes en el rostro. A Alder le habría gustado reaccionar pero, a diferencia de su rival, él ya llevaba algunas copas de alcohol encima y eso lo hacía perder estabilidad.

– ¡Por el amor de dios, ya paren con esto!.- exclamó Lily, enojada.- ¡Están actuando como un par de machos rellenos de testosterona! ¿Qué mi opinión no cuenta o qué carajos? ¡Los dos son un par de imbéciles!

– ¿Qué es lo que esperas que haga?.- cuestionó Genzo, en una pausa.- ¿Qué permita que siga acercándose a ti para que te diga que deberías de estar con él y no conmigo?

– ¡Como si yo fuera a hacerle caso!.- replicó Lily.- ¡Ëkdal puede decir lo que le venga en gana, eso no significa que vaya a ser verdad! Y gracias por confiar en mí, por cierto.

– ¡No se trata de eso!.- comenzó a decir Wakabayashi pero fue interrumpido por Ëkdal, quien se le fue encima con los puños en alto.

Los dos machos testarudos se enfrascaron en su segunda pelea a golpes aunque, a diferencia de la primera, ésta estaba muy desequilibrada pues Genzo se encontraba en mejores condiciones que Alder (con todo y que el japonés debía de estar agotado por el rápido cambio de zona horaria). Lily intentó detenerlos una vez más pero pronto se dio cuenta de que ninguno de los dos iba a hacerle caso.

– ¡Pero qué par de idiotas, caramba!.- la chica miró a su alrededor para buscar a alguien que pudiera ayudarla ya que ni loca se metería a tratar de detenerlos, ellos estaban tan concentrados en su pelea que no le quedaba duda de que podrían darle un porrazo por accidente.- ¿Qué no hay guardias en este bar? ¿O alguien que no traiga tacones y que me pueda ayudar con estos idiotas?

– ¡Ey! ¿Qué está sucediendo?.- para su buena fortuna, Leonardo y Marie iban llegando al lugar y se pararon en seco al ver lo que ocurría.

– ¡Leo!.- exclamó Lily, aliviada.- ¡Ayúdame a separar a estos dos!

– ¿Es Genzo el que se está peleando?.- preguntó Marie, atónita.- ¿A qué hora reapareció?

– Hace como diez minutos y lo hizo para golpear a Ëkdal.- farfulló Lily, ofuscada.- ¡Haz algo, Leo, caramba!

– ¡Ya voy!.- Leonardo se quitó la chaqueta que llevaba puesta y se la arrojó a su hermana.- ¡Ya deténganse ustedes dos!

– Voy a buscar a mi hermano para que nos ayude.- Marie decidió entrar al bar sin esperar respuesta de su cuñada.

Leonardo ya había conseguido separar parcialmente a Genzo de Ëkdal, quien se veía mucho más lesionado que su oponente. Wakabayashi, sin embargo, estaba lejos de sentirse satisfecho y buscaba la manera de quitarse de encima a su cuñado.

– Muévete, Del Valle, no quiero pelear contigo.- le dijo Genzo, inesperadamente tranquilo.- Es a éste a quien le voy a partir la cara.

– ¿Más?.- Leonardo miró al noruego.- Ya está bastante apaleado, su rostro parece carne para hamburguesas. ¿Por qué tanta saña?

– Todavía puedo ganarle.- farfulló Ëkdal.- No te metas a menos que quieras recibir una buena tunda también.

– Estuvo acosando a tu hermana hace unos minutos.- respondió el portero, serio.- Tú me dirás si ya quieres que lo deje en paz.

– Por ahí hubieras empezado, compadre.- Leonardo lo soltó.- ¿Quieres que te lo detenga para que le tumbes los dientes que le quedan?

– ¡Leonardo!.- Lily protestó.- ¡Se supone que debes contenerlo, no animarlo! ¡Y tú, Wakabayashi, ¿no has tenido suficiente?!

– De verdad, doctora, no puedes esperar que me mantenga tranquilo si después de regresar de un viaje tan largo me encuentro con que un imbécil ha estado hostigando a mi novia.- respondió Genzo, iracundo.- Yo sé que tú no has dado pie para que él te siga buscando, lo que empeora la situación porque este desgraciado no ha hecho caso y sigue molestándote.

En ese momento salieron del bar Schneider, Sho, Levin, Kaltz y sus respectivas novias, además de Marie, para contener a los que peleaban. Karl y Hermann detuvieron a Genzo mientras que Sho y Levin hacían lo propio con Ëkdal. Ambos contendientes siguieron lanzándose insultos mientras trataban de zafarse de los que los inmovilizaban.

– Cálmate ya, Wakabayashi.- le dijo Karl.- Ëkdal ya tuvo suficiente.

– Bienvenido de regreso, Gen.- se mofó Kaltz.- Veo que no pierdes el tiempo.

– Suéltenme ustedes dos.- Genzo hablaba con una helada calma.- Voy a terminar con Ëkdal aquí mismo.

– Entiendo que estés enojado y que quieras defender a Lily pero ya hiciste suficiente.- repitió Schneider.- Vas a meterte en problemas si alguien nos ve.

Esto pareció tranquilizar un poco al portero, quien acordó en que se quedaría quieto si sus dos viejos amigos lo soltaban; Schneider y Kaltz se miraron con duda durante algunos segundos antes de que el primero conviniera en soltarlo. Genzo, fiel a su palabra, no atacó a Ëkdal pero continuó mirándolo con rabia. Por el contrario, Sho y Levin seguían batallando con el noruego, quien no quería entender que el asunto debía acabar ya.

– ¿Por qué carajos no nos dijiste que este idiota estaba dándote problemas otra vez, Lily?.- quiso saber Débora.- ¿Y cómo fue que llegaron a este extremo?

– ¿Y a qué hora llegó Genzo?.- quiso saber Elieth.- No me pareció verlo adentro.

– Apareció justo en el momento indicado, como suele suceder.- Lily bufó.- Me encontró hablando con Ëkdal y fue todo lo que necesitó para darle rienda suelta a su testosterona. ¿Por qué los hombres quieren arreglarlo todo peleando?

– Porque piensan con eso que les cuelga entre las piernas y no con la cabeza.- Nela puso los ojos en blanco.- Tú misma lo dijiste, Lily, es pura testosterona.

– ¿Qué está sucediendo aquí?.- el entrenador Rudy Frank hizo acto de presencia.- ¿Alguien va a explicarme por las buenas el por qué dos jugadores del Hamburgo se están agarrando a golpes en una fiesta privada del Bayern Múnich? ¿O tendré que sacarles la información por las malas?

– Válgame.- el doctor Stein quedó desconcertado al ver la escena.- Ese pobre muchacho va a requerir atención médica.

– No será necesario.- fue Lily la que respondió.- Sucede que Alder Ëkdal, aquí presente, no entiende lo que es la palabra "no" y mi novio ha querido hacérselo saber.

– ¿A base de porrazos?.- el entrenador alzó las cejas.

– Usted es hombre, ¿realmente se lo tengo que explicar?.- Lily resopló.

– Bueno, no.- Rudy Frank esbozó una sonrisa pequeña.- Pero me parece que el muchacho ya ha tenido suficiente. Margus, ¿podrás curarlo?

– No creo que sea necesario.- volvió a contestar Lily.- Ëkdal se puede ir a un hospital, si no lo mando yo primero con la policía por acoso sexual.

– ¿Estás loca?.- Alder al fin se hizo escuchar.- ¡No te atrevas, maldita perra!

– ¡Vuelve a llamarle perra y haré que te tragues tus palabras!.- bramó Genzo, furioso.

– ¡Ya es suficiente, Ëkdal!.- Kaltz cortó el asunto por lo sano.- ¿Qué no ves que tu presencia no es requerida aquí? ¿Qué tanto más te tienes que denigrar para que aceptes que la doctora Lily no se va a fijar en ti? ¿No tienes dignidad?

– ¡Mira quién habla de dignidad!.- se mofó Ëkdal a carcajadas.- ¡El que acepta andar con una chica por dinero!

– ¡Quítense, yo sí le doy!.- Bárbara hizo el intento de lanzarle una bofetada al noruego pero Kaltz se le adelantó.

Sin aviso previo ni ceremonia, el alemán le estampó el puño cerrado a Ëkdal en la mandíbula, empeorando una lesión que ya le había hecho Wakabayashi. Alder aulló de dolor, maldiciendo a todos en noruego. Sho y Levin no vieron la necesidad de auxiliarlo así que se alejaron de él, mirándolo con lástima.

– Ya vete, Ëkdal, no me hagas tener que repetirlo.- le ordenó Lily.- Y te lo dije en serio: voy a denunciarte por acoso, como tuve que haber hecho desde hace mucho tiempo. Así que, ¿te vas o tendré que llamar a la policía?

– Lárgate, como vas.- añadió Leonardo, tronando los dedos.- O me uniré a los que te golpearon esta noche.

Ëkdal, por respuesta, le lanzó a Lily una mirada asesina, tan intensa que Wakabayashi instintivamente se puso delante de ella para protegerla; ignorando al japonés, Ëkdal decidió marcharse, empujando a Schneider y a Kaltz en el proceso. Éste lo miró irse y movió negativamente la cabeza.

– No entiendo qué es lo que le pasó, siendo tan buen jugador como es no debería de causar esta clase de líos.- comentó el joven.

– Sus habilidades futbolísticas nada tienen que ver con las decisiones que tome a nivel personal.- replicó Karl.- Que seas un buen jugador no te exime de ser un imbécil.

– Amén.- farfulló Bárbara, quien se acercó para besar a Kaltz en la frente.- Una vez más me has vuelto a defender, mi caballero de brillante armadura.

Kaltz se ruborizó hasta la punta de las orejas, pero no dudó en abrazar a Bárbara con fuerza para después besarla. Schneider sonrió con cierta complacencia, después de lo cual decidió acercarse a su padre para preguntarle quién lo puso sobre aviso. A su vez, Lily y el doctor Stein trataban de hacer un recuento de los daños aunque a esas alturas el único lesionado era Wakabayashi.

– ¿Deberíamos de llamar a la policía?.- comentó Levin, pensativo.- Este lío pasó a mayores desde hace mucho.

– ¿Cuál es la necesidad de hacer un escándalo mayor?.- cuestionó Sho.- Si Lily desea poner una denuncia, la hará a su debido tiempo pero no creo que desee hacerlo ahora.

– Supongo que tienes razón.- Levin se encogió de hombros. Con la mirada buscó a Débora y ésta le devolvió una expresión combinada de duda y alivio.

Marie, que desde que regresó se había mantenido apartada del grupo, captó un movimiento sospechoso a su izquierda y, al dirigir la mirada hacia allí, vio a un muchacho con gorra café que tomaba fotografías del suceso. La chica de inmediato comprendió que, quien quiera que fuese ese tipo de la gorra café, les iba a dar muchos problemas a todos si hacía públicas esas fotos así que sin pensarlo dos veces se dirigió hacia él (en vez de comentarlo con los demás, que habría sido lo más prudente).

– ¡Oye, tú!.- gritó ella.- ¡Deja de tomar fotografías!

El tipo de la gorra café se detuvo por un momento, lo suficiente como para mirarla de arriba abajo y continuar tomando fotos. Era claro que no consideraba a Marie como una amenaza, lo que hizo que ella se enfureciera.

– ¿Qué no me escuchaste?.- manifestó Marie.- ¡Deja de tomar fotos!

– Lárgate y déjame en paz.- le respondió el otro de mala manera, para después dirigir su cámara hacia ella.- ¿No ves que estoy haciendo el reportaje del año? ¡Una nueva pelea entre Genzo Wakabayashi y Alder Ëkdal, ocasionada porque aquél encontró a su novia siéndole infiel con éste! ¡Va a ser algo sensacional!

– ¿Qué? ¡Pero si no fue eso lo que ocurrió!.- Marie no estaba muy segura de qué fue lo que desencadenó la riña pero sí sabía que Lily jamás engañaría a Genzo con otro hombre.- ¿Estás loco? ¡La gente va a pensar cosas que no son!

– ¿A quién le importa mientras se venda bien el artículo?.- el tipo de la gorra café continuó sacando fotos.- El triángulo amoroso, aunque a estas alturas es más bien un cuadrado, entre Alder Ëkdal, la doctora del Bayern Múnich y Genzo Wakabayashi ha gustado mucho a la gente que nos lee, ¡seguro que esas personas querrán saber cómo termina esta historia! Actualízate, niña, lo que vende son los dramas de novela, no la realidad.

Marie, por supuesto, no comprendió de primera intención el por qué un periodista querría deformar la historia hasta ese extremo sólo por vender pero entonces casi de manera instantánea lo comprendió. ¡Al fin veía el rostro de la persona que había estado atormentando a sus amigos durante los últimos meses!

– Tú eres el reportero de Blind, ¿no es así?.- Marie estaba indignada.- ¡Tú eres el infeliz que ha estado haciendo artículos malintencionados sobre mis amigos!

– Eh, cuida tu lenguaje, niña, que el infeliz no soy yo sino la sarta de idiotas que se creen mis tonterías.- replicó el tipo, con sorna.- No es mi culpa que la gente de este continente sea tan fácilmente influenciable.

– ¿Y qué no te importa el daño que haces con tus reportajes?.- cuestionó la alemana.- Has lastimado a mucha gente y a ti no parece importarte.

– Porque no me importa.- el hombre se encogió de hombros.- ¿Qué quieres, que me ponga a llorar? No me voy a compadecer de ellos, son personas famosas y como tal siempre estarán expuestas a esta clase de situaciones.

– ¡Eres un cínico!.- Marie enfureció con la actitud del tipo e intentó arrancarle la cámara.- ¡Personas como tú deberían de estar en la cárcel!

– ¡Ten cuidado con lo que haces, zorra!.- soltó el hombre de la gorra café.- ¡Esta cámara es muy cara!

El sujeto pateó a Marie en el estómago, lo que hizo que ella trastabillara y cayera con dureza al suelo. El escándalo que se hizo fue tal que la atención de los que aún estaban afuera del local se dirigió hacia ellos.

– ¡Deja en paz a mi hija!.- Rudy Frank saltó hacia el reportero de Blind.- ¡No te atrevas a ponerle un dedo encima!

– ¡Quítese, entrenador chapucero!.- gritó el sujeto, dándole un puñetazo en la mandíbula al señor Schneider.- ¡Ni se le ocurra a usted el intentar ponerme un dedo encima porque lo destruyo!

– ¿Qué carajos les haces a mi padre y a mi hermana?.- como era de esperarse, Karl se fue sobre él.- ¡Voy a hacer que te arresten, infeliz!

– ¡No te atreverás!.- replicó el otro.- Porque, si lo haces, saldrá un artículo detallado sobre ti en donde dejaré expuesto los malos manejos que han hecho tu padre y tú en el club.

– ¿Qué?.- exclamó Karl.- ¿De qué demonios hablas? ¡Eso es mentira!

– Él es el reportero de Blind que hizo los artículos falsos.- musitó Marie, poniéndose en pie con ayuda de Elieth.- Estuvo tomando fotos del pleito entre Genzo y Ëkdal con la intención de deformar la historia.

– ¡Ah!.- exclamó Lily.- ¿Así que tú eres ese hijo de puta que se ha divertido de lo lindo a mis costillas? ¡Voy a enseñarte modales, majadero!

– No te metas, Yuri.- Genzo la detuvo por el brazo.- Mira que este desgraciado no se contuvo para lastimar a Marie, podría dañarte a ti también. Deja que yo me haga cargo, que Ëkdal me ha servido bien de calentamiento.

– Ah, no, éste es mío.- intervino Kaltz, con los puños en alto.- Ya tuviste tu diversión, Gen, ahora me toca la mía, no le voy a perdonar lo que le hizo a mi Babs.

– Ninguno de ustedes va a ponerme una mano encima.- el reporterillo continuaba tomando fotos a diestra y siniestra.- Me hacen algo y los destruiré con mis artículos. ¡Ya muchos de ustedes experimentaron en carne propia el alcance del "cuarto poder"!

– Eso le podrá funcionar a ellos pero no a mí.- Sho señaló a los Schneider con la cabeza.- Y me están entrando ganas de darte una buena, sólo para variar.

– ¿Seguro que quieres meterte conmigo?.- el reportero lo miró con burla.- No se les olvide que a cualquier deportista puede destruírsele la carrera con un escándalo de acoso sexual, basta con que diga que has estado abusando de tu fama como jugador del Bayern Múnich para hostigar a una estudiante de psicología del Hospital Universitario de Múnich. ¿Te gustaría eso?

– Oye, ya estás llegando demasiado lejos.- intervino Levin.- ¡No puedes amenazarnos después de que has golpeado a nuestro entrenador y a su hija!

– Por supuesto que puedo.- replicó el sujeto de la gorra café.- ¿Quién más quiere dárselas de héroe para tratar de detenerme? Tengo suficientes fotos de ustedes que pueden ser usadas en un buen reportaje falso.

Levin sintió que alguien lo empujaba y vio pasar a Leonardo Del Valle, con andar decidido; el mexicano, sin decir palabra, se acercó al tipo de Blind y le plantó un puñetazo en pleno rostro. El crujido que se oyó fue un indicativo de que el golpe le fracturó la nariz, un eco que sonó muy satisfactorio a los oídos de los que alcanzaron a escucharlo.

– Yo.- expresó Leonardo, con tranquilidad.- Soy un pobre diablo así que poco importará que hagas un artículo sobre mí, a nadie le va a importar.

Sin esperar a que el hombre respondiera, el mexicano tomó la cámara con parsimonia y la estrelló con fuerza contra el piso, rompiéndola al instante. No conforme con eso, Leonardo pateó los restos, asegurándose de que ninguna pieza quedara servible. La tarjeta de memoria cayó a los pies de Nela, quien no dudó en hacerla trizas con los tacones de sus elegantes botas.

– ¿Quieres seguirle jugando al pendejo o aquí le paramos?.- Leonardo miró al reportero con asco.- Te crees muy bueno por meterte con una chica y con su padre, ¿no? Veamos cómo te desenvuelves con un bueno para nada que sabe pelear tan sucio como tú.

– Oh, no, aquí le va a parar porque tengo material suficiente como para hundirlo bien profundo en el lodo.- intervino Bárbara.- He estado grabando todo con mi celular y en él se ve claramente cómo nos amenaza, además de los ataques que les propinó a los Schneider. Entrenador Rudy Frank, si quiere demandarlo, aquí tengo suficientes pruebas.

– ¡Ésa es mi chica!.- exclamó Kaltz, eufórico.

– Bien pensado, Babs.- dijo Débora, mientras atendía al entrenador Schneider.

El corresponsal de Blind se puso en pie con mucha dificultad, recogió los restos de la cámara y se puso a balbucir que iba a exigir que se la repusieran. Wakabayashi, sin inmutarse, sacó algunos euros de su cartera y se los aventó a la cara.

– Ya lárgate de una vez.- le dijo Genzo.- Realmente no te conviene seguir metiéndote con nosotros.

El hombre de la gorra café recogió los billetes del suelo y se marchó, en medio de una lluvia de maldiciones. Los demás se quedaron sin saber qué hacer, hasta que la atención se desvió hacia los Schneider, padre e hija. Por suerte, el golpe que le propinó el reportero al entrenador no fue muy fuerte y no necesitaría más que un poco de hielo, el cual seguramente podría ser donado por el bar. Con respecto a Marie, a ella se le haría un moretón en el vientre y quizás sería necesario realizarle un ultrasonido al día siguiente pero era altamente probable que sus órganos abdominales estuvieran bien.

– ¿Cómo estás?.- le preguntó Marie a su novio.- ¿Te lastimaste?

– Es lo mismo que te iba a preguntar.- Leonardo la miró con preocupación.- ¿Te duele mucho?

– Sólo cuando me río, así que procura no contarme chistes.- ella sonrió a medias.- Estuviste genial, nunca antes había sentido tanta satisfacción al ver cómo alguien recibe un puñetazo.

– No hice más que mi deber: defender a mi hermana y a mi novia.- él suspiró. "Y a mí suegro", pensó.- ¿Cómo está tu papá?

– Oh, no lo sé.- Marie miró hacia el sitio en donde se encontraba Rudy Frank.- Creo que se pondrá bien.

El señor Schneider volteó a verlos en ese momento pero su mirada permaneció fija en Marie; era obvio que él quería acercársele pero temía que, a pesar de lo ocurrido, ella lo rechazara. Leonardo, al notar este gesto, revolvió el cabello rubio de la muchacha con cariño y le dio un beso en la frente.

– Ve con él.- le dijo.- Es tu papá, después de todo.

– ¡Oh! Pero se supone que estoy enojada con él.- Marie se mordió el labio inferior.- Es mi protesta contra tu despido injustificado.

– Mi pequeña niña, es tan tierno que quieras defenderme pero por experiencia propia puedo asegurarte que no es buena idea que estés enojada con tu padre.- insistió Leonardo.- Yo estoy peleado con el mío y por eso te aseguro que no está bien que lo rechaces, te arrepentirás después de no haber hecho las paces antes. Ve con él, anda, no se te olvide que eres una de sus princesas y es seguro que quiere saber cómo estás.

Marie lo miró durante unos segundos más con expresión de duda, tras lo cual esbozó una sonrisa hermosa. Ella le echó los brazos al cuello y lo besó en los labios, sin importarle lo que pensaran los demás.

– Deseo que mi padre pueda ver lo maravilloso que eres.- musitó Marie.- Sé que algún día lo hará.

– Tal vez sí, tal vez no.- Leonardo se encogió de hombros.- Anda, no lo hagas esperar más.

La alemana le hizo caso y salió corriendo hacia su padre, quien ya estaba siendo revisado en segunda ocasión por el doctor Stein. Rudy Frank miró a Marie con preocupación y Leonardo pudo ver que le preguntaba por su estado de salud, como cualquier padre haría con su hija. Karl, ajeno al intercambio de palabras entre Leonardo y Marie, se unió a su familia y tapó la vista del mexicano, el cual volvió a encogerse de hombros antes de marcharse, ahora que su propia hermana estaba intentando arreglar sus problemas con Wakabayashi.

Lentamente fue regresando la tranquilidad y los invitados decidieron volver al bar, dado que la refriega había acabado y que nadie tuvo el tino de llamar a la policía (cabe la pena señalar que los guardias del bar se limitaron a ver la riña, sin intervenir, quién sabe si por conveniencia o por prudencia). Cuando ya casi no quedaba nadie en la calle, Lily miró a Genzo con actitud expectante; éste, a su vez, esbozó una sonrisa leve sin saber muy bien qué decir.

– Vamos a ver si tienen algún botiquín aquí.- sugirió ella, al ver los golpes que Ëkdal consiguió propinarle.- Debemos curarte esas lesiones.

– De acuerdo, doctora.- respondió él.- Lo que tú digas.

Ella se dirigió a uno de los guardias para preguntarle si podían prestarle un botiquín, a lo que éste respondió que tenían uno en un pequeño cuarto a donde solían llevar a la gente que se ponía enferma por el exceso de alcohol. Lily pidió que los llevaran a Genzo y a ella a dicha habitación y el guardia no se negó, quizás porque sentía remordimientos por no haber intervenido en la trifulca. Wakabayashi se dejó conducir por Lily, quien no hizo comentarios hasta que los dos estuvieron sentados a solas, en un cuarto de paredes desnudas y varias sillas y mesas viejas como único mobiliario. Ella lo curó en silencio, dándose cuenta de que no tenía idea de cómo comenzar una conversación y al parecer él estaba pasando por lo mismo.

– Gracias por defenderme.- comentó Lily, al fin.- Aunque podía haberlo hecho yo sola y no estoy de acuerdo en que hayas actuado como gorila enfurecido tras haber estado desaparecido durante tantos días; sin embargo, de verdad agradezco que te sigas preocupando por mí.

– ¿Gorila enfurecido?.- Genzo enarcó las cejas y después se echó a reír.- ¿Es lo que opinas sobre mí?

– Opino muchas más cosas, Wakabayashi, después de haberme ignorado durante tanto tiempo, así que agradece que no te haya dicho algo peor.- Lily frunció el ceño.

– Recalcas mucho que te dejé de lado, como si lo hubiese hecho a propósito y no fue así.- negó Genzo.- Tuve una razón de peso para no haberme comunicado contigo pero es tan tonta que considero que no debería de decírtela.

– Intenta hacerlo.- replicó Lily, echando abundante alcohol a un montoncito de algodón para aplicarlo sobre la mejilla derecha de Genzo, en donde tenía una pequeña herida.

– ¡OUCH!.- gritó el portero, desprevenido.- ¡Eso duele, doctora! ¿Me lo tengo merecido?

– Sólo hago mi trabajo.- ella le sonrió con dulzura.- ¿Vas a decirme o le agrego yodo al asunto?

– Para allá iba antes de que me atacaras con alcohol. ¡Dame un respiro!.- Wakabayashi se echó a reír.- Lo que sucedió fue que dejé mi teléfono en la mansión de Nankatsu y, dado lo mal que terminó la charla que tuve con mi padre, no consideré prudente pedírselo de regreso. Pude haberme comprado uno nuevo pero pensé que podría esperar hasta que regresara a Alemania. Y es una tontería aceptarlo pero cada vez que quería hablarte para saber cómo estabas, alguien o algo se cruzaba en mi camino y no podía hacerlo. Pensé que no faltaba mucho para verte y que entonces podría explicártelo en persona pero no contaba con que se haría un pandemónium de ese nivel.

– ¿Cómo terminó el asunto con tu padre?.- había miles de preguntas que Lily quería hacerle pero ésa era la más urgente. O casi.

– No como me hubiera gustado.- respondió Genzo, con suavidad.- Tengo malas noticias, Yuri, es la verdad, pero antes de arruinarte la velada primero quiero que me cuentes cuál es la razón por la que estamos aquí. En tu mensaje me dijiste que si quería saberlo tendría que venir en persona.

– ¡Ah, eso!.- Ëkdal la había enojado tanto que ella casi había olvidado lo de su contratación.- ¡Voy a formar parte de la plantilla oficial del Bayern Múnich! ¡Seré contratada para trabajar, como médico permanente, en el FC Bayern Campus!

– ¿De verdad? ¡Genial!.- Genzo apretó los puños en un gesto de victoria.- ¡Felicidades, Yuri! ¡Vaya que no mentiste cuando me dijiste que te ofrecieron una excelente oportunidad!

Él no esperó a que ella respondiera y la abrazó con fuera, impulsado por sus sentimientos. Lily casi deja caer el algodón cuando fue invadida por ese amor que siempre experimentaba cada vez que Genzo estaba cerca de ella. La doctora se dijo que no habría nada de malo en permitir que el portero la acariciara así que se dejó querer, deseando que desaparecieran como por arte de magia todos sus problemas. Lily lo abrazó con cuidado, apoyando la cabeza en su hombro. No había pasado tanto tiempo desde la última vez que estuvieron así pero de cualquier manera Lily notó que lo había extrañado más de lo que creyó.

– Lamento no haber estado aquí cuando te avisaron lo de tu contrato, Yuri, pero sí que estoy muy orgulloso de ti.- murmuró Genzo, a su oído.- Me da gusto saber que sigues dando lo mejor de ti, aunque yo no esté.

– Tú y yo somos personas que funcionaban bien por separado antes de conocerse, Gen.- musitó ella.- No tienen por qué cambiar las cosas ahora que estamos juntos.

– Te doy toda la razón.- Genzo suspiró.

– ¿Vas a decirme ahora qué pasó con tu padre?.- cuestionó Lily, en voz baja.

– No.- negó él.- No voy a arruinarte esta noche, en donde mereces ser el centro de atención por lo que has conseguido. Ya tendremos la oportunidad de hablar de eso después.

– O sea que es algo muy malo.- el rostro de Lily ensombreció.- Muy malo en verdad.

– No lo es tanto.- Wakabayashi esbozó una mueca.

– Mientes y lo sabes.- Lily se separó para mirarlo a la cara.- Si no fuese tan malo no esperarías a después para hablarme sobre eso. Y tampoco habrías perdido tu teléfono porque habrías regresado por él en cuanto te dieras cuenta de que no lo tenías o le habrías pedido a tu padre que te lo enviara.

– Eres muy observadora, doctora.- la sonrisa de él fue de disculpa.- Aunque supongo que yo también he sido muy obvio… De verdad que quisiera poder darte mejores noticias pero…

– No las hay.- completó Lily, agachando la cabeza.- Ya me habías dicho esto antes, Gen, no esperaba que la situación cambiara.

– Ey, lo arreglaremos.- Genzo le acarició el rostro con ternura.- Y lo haremos juntos.

– De acuerdo.- ella sonrió. En ese momento, Lily notó que la camisa blanca de manga larga que Genzo se puso para acudir al evento estaba salpicada de sangre.- Te has ensuciado la ropa, qué mala suerte que se te haya ocurrido venir de blanco.

– Tendré que tirarla o comprar otra.- Wakabayashi se encogió de hombros.

– ¿Estás loco?.- ella puso cara de espanto.- No es necesario que hagas eso, yo la limpio.

– ¿De verdad?.- él abrió mucho los ojos, sorprendido.- Las manchas de sangre son imposibles de limpiar.

– No para mí.- Lily tomó un algodón limpio y lo empapó de agua oxigenada, con el cual se puso después a limpiar las manchas de la camisa de Genzo.- Es un truco muy útil que se aprende cuando trabajas con sangre.

– ¡Vaya!.- Genzo miró con asombro cómo las manchas desaparecían con un burbujeo.- Tienes que enseñarme a hacer eso después, doctora.

– Por supuesto.- Lily le lanzó una mirada de engreimiento.- Aunque primero tienes qué aclararme algo, Genzo Wakabayashi: ¿Quién carajos es Hana Aizawa y por qué la prensa japonesa dice que es tu nueva novia?

– Ah, sí, se me estaba olvidando eso.- el portero esbozó una mueca.- Aunque no lo creas, es culpa de una fotografía que es más inocente de lo que parece.

– ¿La de Gino Hernández y tú?.- replicó Lily.- Sí, la vi. Yo no entiendo qué fue lo que se derivó de ella pero no la tomé como algo negativo hasta que Ëkdal y tus compatriotas empezaron a decir que la chica japonesa de esa foto es tu novia. ¿Qué pasó ahí?

– Eso es algo que yo no puedo responder, Yuri, porque no tengo idea de en qué pensaron los reporteros de mi país cuando vieron esa imagen.- contestó Genzo, fustrado.- Aizawa apareció detrás de mí porque por su puesto en la Selección debía estar presente en la enfermería cuando nos tomaron la foto y ella no pudo hacerse a un lado porque la zona no era muy grande. Quiero suponer que, como la otra joven que aparece en la fotografía sí es pareja de Hernández, la prensa quiso creer que Aizawa era la mía.

– ¿Y qué puesto dijiste que tiene Aizawa en la Selección?.- Lily enarcó una ceja, suspicaz.

– Es asistente del entrenador Kira.- respondió Wakabayashi.- Y es mi amiga, además, pero no por su puesto, Aizawa y yo nos conocemos desde que éramos niños pues tenemos una prima en común. Como hacía mucho tiempo que no nos veíamos, ella quería ponerse al tanto y por eso se nos vio hablando varias veces. Creo que eso también influyó en que los reporteros creyeran que había algo entre nosotros pero te aseguro que sólo somos amigos.

– ¿Así que es familiar de una familiar tuya?.- Lily frunció el ceño.- Eso es curioso en cierto modo. ¿Ella también es una Wakabayashi entonces?

– No.- negó Genzo.- ¿Eso importa realmente? Aizawa es una buena persona y sabe que tú eres mi novia, nunca tuvo intenciones de acercarse a mí de manera romántica.

– Te creo.- dijo Lily, mirándolo a los ojos durante algunos segundos, tras los cuales se echó a reír.- Ay, dios. ¡Y yo pensando cosas estúpidas sobre ella!

– ¿Qué fue lo que pensaste?.- quiso saber él, confundido.

– ¡Qué Hana era la chica que tu padre escogió para ser tu futura esposa!.- contestó Lily, sin dejar de reír.

– ¿Qué cosa?.- exclamó Genzo.- ¿Cómo fue que llegaste a esa conclusión?

– Soy una estúpida, lo sé.- Lily se tapó la cara con las manos.- Pero tenía la idea de que tu padre iba a conseguirte una esposa japonesa y que la mejor manera para convencerte de elegir a su candidata era ponértela en algún sitio en donde pudieras verla a diario para, ya sabes, conocerla y enamorarte. O que te gustara lo suficiente como para que decidieras darle una oportunidad. En base a esto, llegué a la conclusión de que el lugar ideal para meter a la candidata era en la Selección de Japón dado que en Alemania tu padre no podría introducir a una asistente en el Hamburgo, pero supuse que en Japón le sería mucho más fácil hacerlo. Creí, pues, que Hana era esa chica y que su labor era acercarse a ti.

Genzo la miró con perplejidad durante algunos instantes, tras los cuales se echó a reír a carcajadas. Lily simplemente se encogió de hombros.

– ¡Qué quieres! Soy mexicana, llevo en la sangre eso de inventar novelas con trama estúpida y barata.- dijo ella, a modo de excusa.- Y más cuando no me hablas para despejar mis dudas.

– Doctora, aplaudo tu imaginación, de verdad que es enorme.- respondió él, sin dejar de reírse.- Jamás pensé que alguien podría armar un drama de esa magnitud en base a un rumor. ¡Deberías de trabajar para Blind!

– Con lo que sabemos ahora sobre sus reporteros, seguro que me pagarían bien.- Lily rio también.

– Mi padre tiene poder e influencia en Japón, no lo voy negar, pero no al extremo de influir en las decisiones de la JFA.- explicó el portero.- Aizawa está ahí porque conoce al entrenador y, si bien también conoce a mi padre, éste no la elegiría a ella como una opción para esposa.

"Aunque, si lo pienso con detenimiento, no encontraría un motivo tangible para asegurar que mi padre no querrá casarme con Aizawa en algún momento", pensó el muchacho.

– Eso tú lo sabías, yo no.- Lily suspiró.- Ahora que te lo he contado en voz alta, me doy cuenta de lo increíblemente estúpido que suena.

– Y aunque así hubiese sido, Yuri, yo no habría elegido a Aizawa en vez de a ti.- Genzo la miró con cierta ternura involuntaria.

– Supongo que no.- Lily se ruborizó.

Ella terminó de limpiar la camisa de Genzo y botó el algodón en un bote de basura. Él se sacudió ligeramente las zonas humedecidas por el agua oxigenada, comprobando que las manchas habían desaparecido.

– Listo.- anunció Lily.- Obviamente quedó mojado pero servirá.

– Se secará.- rebatió él.- Vayamos a celebrar. No soy muy partidario de las fiestas pero es algo que te mereces y por ti lo haré con gusto.

– Gracias.- ella sonrió, emocionada.- Es bueno que estés de regreso.

– Lo es.- Genzo concordó.- Pero espera, casi olvidaba algo.

Lily iba a preguntar de qué se trataba cuando Genzo la tomó por la cintura y la besó. Fue hasta ese momento que ella cayó en cuenta de que no habían tenido un reencuentro como tal así que le echó los brazos al cuello y le correspondió.

– Es bueno saber que me ves como un compañero y no como un proveedor.- murmuró Genzo, cuando se separaron.

– Ay, ¿me escuchaste decirle eso a Ëkdal?.- Lily se mordió el labio inferior.- No malinterpretes mis palabras, lo que quise decir fue…

– No es necesario que me lo expliques, doctora.- la interrumpió el portero.- Comprendí bien lo que quisiste decir, no me ves como alguien que puede mantenerte porque no esperas que yo me haga cargo de ti de esa manera, ¿no es así?

– Lo siento, Gen, pero yo no nací para sólo ser la esposa de alguien.- Lily sonrió con disculpa.- Tengo mis propios sueños y metas, me gusta ser independiente y ganar mi propio dinero, nunca he esperado que un hombre me mantenga. Sé que hay mujeres que se conforman con ser la señora de un hombre exitoso pero esa vida no es para mí.

– No tienes por qué disculparte.- Genzo la besó en la frente.- Yo no podría estar con una mujer cuya única meta en la vida sea el matrimonio. No te estreses, Yuri, que nos complementamos bien así.

La pareja salió de la habitación y Lily les dio las gracias a los guardias de seguridad. En el área del bar, ella y Genzo fueron abordados por sus amigos, quienes se habían preocupado al no verlos por ahí. Para esas alturas, si bien el doctor Stein ya había determinado que el entrenador Schneider no necesitaba atención médica, éste decidió que ya había tenido suficiente por una noche y avisó que se retiraría. Marie, una vez hechas las paces con su papá, quiso marcharse con él para cuidarlo y para suavizarle el golpe a su madre.

– Aunque de cualquier manera voy a levantar una denuncia contra Blind.- anunció Rudy Frank.- Ese tipo no puede lastimar a Marie sin pagar por ello.

– Yo tengo el vídeo de la agresión, servirá bien para la denuncia.- intervino Bárbara.- Voy a encargarme de quemar a ese tipo en todas las redes sociales que existan.

– ¿De verdad?.- preguntó Nela.- ¿No resultará contraproducente?

– Todo lo contrario.- negó Bárbara.- Porque claramente se ve que fue él quien inició el pleito. Además, ¡merezco mi venganza!

– Genzo, ¿ya estás mejor?.- Marie se acercó al portero.- Veo que ya te atendieron bien.

– Estoy como nunca.- respondió Wakabayashi, con una sonrisa.- Los golpes de Ëkdal no me dolieron nada. ¿Y tú cómo estás?

– Me duele el vientre pero no muy fuerte.- Marie también sonrió.- Me hará bien el descansar un poco.

– De cualquier manera, no olvides ir al médico mañana.- señaló Genzo.

– ¡Mira quien habla! El que manda al cuerno a los doctores cuando está lastimado.- se burló Marie, para después dirigirse a su cuñada.- Lily, ¿podrías por favor decirle a Leonardo que me llame? Se marchó sin despedirse.

– Justo estaba por preguntarte si no lo habías visto.- contestó la mexicana.- Actuó como el héroe y desapareció.

– Fue genial lo que hizo, ¿verdad?.- Marie se veía orgullosa.- Y así es él, no le gusta ser el centro de atención.

– Sí, tienes razón.- Lily esbozó una sonrisa.- No te preocupes, yo le diré que te hable.

– Gracias.- Marie la abrazó.- Y felicidades por formar parte de la familia del Bayern Múnich.

– Espero que eso no signifique que el entrenador Schneider tenga planes de casarte con su hijo, doctora.- Genzo frunció el ceño.

Las otras dos se echaron a reír.

Poco rato después, el festejo ya había regresado a la normalidad y los presentes continuaron bailando, riendo y, sí, también bebiendo, porque en un país como Alemania el no beber es un crimen. En algún momento a alguien se le ocurrió armar un karaoke improvisado y, gracias a la cerveza, no hubo alguien que no quisiera cantar alguna canción. Tras insistir por menos tiempo del que le hubiera tomado de haber estado Genzo sobrio, Lily lo convenció de cantar a dueto, interpretando ambos "Don´t you want me?", de una manera suavemente erótica que demostraba que la conexión entre ellos seguía siendo muy fuerte. Tras ellos, Schneider y Kaltz se apoderaron del micrófono y cantaron "Wind of Change" a todo pulmón, dejando en claro que el Káiser tenía muy buena voz (Kaltz no tanto aunque hizo lo que pudo para estar a la altura, cosa que realmente a nadie le importaba). Débora pidió su turno e interpretó una canción en español llamada "La gloria eres tú", del compositor cubano José Antonio Méndez, una melodía tan melosa y romántica que evidentemente le dedicó a Levin. Elieth, que se paró junto a éste, le tradujo la letra y en el rostro del sueco, habitualmente impasible, se fue formando una sonrisa de felicidad; una vez que Débora acabó, Elieth y Bárbara cantaron "Because the night" en una versión electrónica muy movida. Sólo Nela y Sho prefirieron mantenerse al margen, quizás porque ninguno de los dos era buen cantante (aunque Débora tampoco lo era y aun así cantó), o quizás porque preferían ver a los demás.

– ¿Te lo estás pasando bien?.- quiso saber Sho, durante una pausa.

– Mucho mejor de lo que crees.- Nela sonrió.- Fue una buena idea venir, el espectáculo de medio tiempo ha sido de los mejores que he visto en mi vida.

– Sin duda que lo fue.- Sho rio, aunque después se puso muy serio.- Nela, te confieso que me perturbó un poco la idea de ese tipo de escribir un artículo dedicado a mí, que hable sobre el acoso del que te hice víctima. ¿Es así como me vi, Nela? ¿Cómo un hombre que te persiguió hasta acorralarte?

– Ay, Shunko, ¿por qué demonios le haces caso a ese sujeto?.- la inglesa puso los ojos en blanco.- ¿O es otra de tus bromas?

– No lo es.- el chino habló en voz baja.- Sé que fui muy insistente, estoy consciente de que incluso presioné a Lily para que me diera tu número de teléfono pero no pretendía acosarte… Es decir, nuestra primera cita se dio gracias a que hicimos una apuesta para que salieras conmigo porque tú no querías ni verme y…

– Ya basta.- Nela lo cortó de tajo y lo tomó de las manos.- No eres un acosador, ¿sí? Sólo eres un hombre que no sabe obtener un "no" por respuesta pero eso no es malo.

– Te obligué a salir conmigo.- insistió él.- Con ese gol que anoté.

– Querido, nadie hubiera podido obligarme a salir contigo, por muchas apuestas que hubiéramos hecho.- Nela lo miró con dulzura.- Si me hubieses parecido tan detestable, ni siquiera habría aceptado la apuesta en primer lugar, en ese momento habría encontrado la manera de mantenerte a raya. Sí, es cierto que de momento no quería ni verte pero no fue porque me parecieras un acosador abominable sino porque quería enfocarme al cien por ciento en mi carrera y no deseaba distraerme con un hombre.

– ¿No me lo estás diciendo para hacerme sentí mejor?.- insistió Shunko.

– No.- Nela fue honesta.- De hecho, voy a confesarte lo que no quería que supieras: muy en mi interior, quería que anotaras el gol que me obligaría a salir contigo porque tú me parecías un hombre interesante de conocer pero soy tan terca que se lo negué a todo el mundo.

– Nunca pensé que escucharte decir algo así me haría sentir tan bien.- la sonrisa de Sho fue luminosa.

– Pues aprovecha porque nunca más volveré a hablar de eso.- Nela suspiró teatralmente.

– Me basta con que lo hayas dicho una vez.- Sho le acarició el cabello con ternura.- Sigamos divirtiéndonos un rato más, antes de que mi abuelo decida mandar al ejército chino a buscarnos.

Nela aceptó el trato, a pesar de que la mención del abuelo Huan-Yue hizo que ella recordara el temor que tenía de llegar al departamento de su novio y encontrar con que el abuelo había hecho sopa de gato. Mientras tanto, Stefan y Débora se habían ido a refugiar a un rincón ya que ella había notado que él estaba muy nervioso.

– ¿Qué te sucede, Stefan?.- Débora al fin se estaba animando a llamarlo por su nombre de pila.- Desde que canté para ti te he notado de lo más extraño. ¿Me propasé?

– Nada de eso.- Levin sonrió.- Es sólo que me incomoda la presencia de Lily.

– Es curioso que lo menciones, considerando que es por ella por quien estamos aquí.- Débora enarcó las cejas.- ¿Discutieron o qué pasó?

– Nada de eso.- él se avergonzó.- Es sólo que cuando nos distanciamos tú y yo la primera vez, ella se molestó por haberte lastimado, lo cual no es para menos pues es una de tus mejores amigas y me advirtió varias veces que si no quería algo serio contigo debía dejártelo en claro, cosa que no hice.

– No sabía que Lily andaba jugando a ser mi nana.- Débora frunció el ceño.

– Se preocupa por ti, es lógico.- el sueco suspiró.- Y tienes que admitir que tiene razón.

– Da igual.- Deb se encogió de hombros.- ¿Qué te estresa, que nos vea juntos y, no sé, te salte encima y te arañe la cara?

– Eso lo habría hecho en cuanto me vio, ¿no crees?.- Levin soltó una breve carcajada.- Más bien, creo que debería de hablar con ella y decirle que esta vez no pienso cometer errores contigo.

– Hmm, y tal vez yo debería de preguntarle por qué anda actuando como si fuera mi madre.- replicó Débora.

– No te enojes, eso significa que se preocupa por ti.- señaló él.- ¿No harías tú lo mismo si hubiese sido verdad que Wakabayashi la dejó por la asistente de la Selección de Japón?

– De haber sido cierto eso, le habría pateado las manos a ese portero hasta dejárselas inservibles.- bufó la chica.- Que, por lo que sé, me habría bastado con dos patadas.

– A mí me costó sólo un disparo.- replicó Stefan, con cierta petulancia.

– Sí, pero no todos somos futbolistas profesionales "destroza porteros".- Débora se echó a reír.- Ya hablando en serio, no te estreses por Lily, que si quisiera decirte algo lo habría hecho desde hace mucho. Ya hablaremos los dos con ella después, ¿vale?

– De acuerdo, pero si no te molesta prefiero hacerlo por separado.- pidió Levin.- Es más una cuestión de orgullo.

– Hombres.- Débora puso los ojos en blanco aunque después sonrió.

Ya más tranquilo, el sueco aceptó regresar a la zona principal del bar. Cuando la fiesta comenzó a decaer, Lily vio que Genzo hacía esfuerzos por no bostezar y se dio cuenta de que él debía estar agotado por el viaje y por la famosa descompensación horaria, así que le sugirió llevarlo a descansar.

– ¿Tienes en dónde dormir o te llevo a mi departamento?.- preguntó ella.

– Me estoy quedando en el De Angelis de siempre.- contestó él.- ¿Pero no habrá problemas si te marchas?

– Oh, creo que ya hemos hecho suficiente aquí.- Lily sonrió.- Vamos a descansar, Gen.

Ella se acercó a Schneider y a Elieth para despedirse; Genzo la imitó y el alemán insistió en saber si ya había tomado una decisión con respecto a su club. El portero se limitó a darle largas, como había hecho antes y continuaría haciendo durante mucho tiempo después.

– No comas ansias, Schneider.- le dijo, con una sonrisa de burla.- Algún día te enterarás de mi decisión.

– Espero que eso sea antes de que me retire del fútbol.- suspiró Karl.

Wakabayashi quería tomar un taxi solo para que su novia se marchara a casa junto con Elieth, pero Lily insistió en ir con él porque estaba demasiado cansado y temía que se quedara dormido en el vehículo y fuese víctima de un atraco. Para convencerlo, la doctora le sugirió que podrían dormir juntos para compensar el tiempo perdido, asegurándole que cuando decía "dormir", lo hacía de manera literal. Genzo acabó aceptando porque la idea era muy prometedora y prefería descansar bien acompañado a hacerlo en una cama enorme y vacía. Durante el camino, Wakabayashi hizo un gran esfuerzo para no quedarse dormido pues comenzaban a hacer efecto en él los partidos jugados, las largas horas de viaje, la diferencia horaria, la pelea con Ëkdal y las cervezas que bebió.

– ¿Ves cómo tenía razón?.- se burló Lily, cariñosamente.- Si no te cuido yo, ¿quién más lo hará?

– Nadie, eso es verdad.- aceptó Genzo.- Como te dije hace tiempo, solía pelear mis batallas solo pero me gusta tenerte protegiendo mi espalda, doctora.

Ella sonrió, emocionada, era la primera vez que Genzo le hacía un comentario de ese calibre. Al llegar al hotel, Wakabayashi dejó que Lily lo guiara hasta el dormitorio, en donde lo ayudó a desvestirse y a acostarse sobre la cama, entre risas. Genzo dormitó durante un rato hasta que Lily regresó y se dejó caer a su lado; él sintió cómo las manos suaves de la doctora lo abrazaban y lo hacían apoyar la cabeza sobre el pecho de ella, para después darle un beso en la cabeza.

– Te extrañé, Yuri.- murmuró Genzo, antes de quedarse dormido.- Volver a ti fue como regresar a casa…

Lily no contestó aunque sonrió ampliamente. Bien, que a pesar de la intervención de Ëkdal y el asunto con el reportero de Blind, la noche terminó muy bien.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

A pesar de estar acostumbrado a beber, Karl despertó con una ligera resaca. También era cierto que el estrés oculto de la cita con Lims lo hizo beber más de la cuenta y olvidó hidratarse adecuadamente, así que en ese momento tenía un leve dolor de cabeza que amenazaba con empeorar. Se incorporó en la cama, la cual a esas horas ya sólo lo tenía a él, y buscó en la mesita de noche su teléfono celular, encontrando junto a éste una tableta de un medicamento para el dolor, una jarra llena de jugo de naranja, un vaso y una nota, escrita del puño y letra de Elieth.

"Aunque sé que usted, mi querido Emperador, es inmune a los efectos de la cerveza, le ruego que se tome esta pastilla pues cortará cualquier malestar que lo de anoche le haya ocasionado. Así también, el jugo te hidratará y te quitará cualquier mal sabor de boca que te haya quedado, pero dudo mucho que tengas mal sabor de boca porque yo me encargué expresamente de evitarlo.

Je t'aime".

Schneider sonrió y se sirvió un vaso de jugo, el cual apuró en un instante. Repitió la acción dos veces más antes de ingerir la tableta, tras lo cual decidió levantarse para hacer una visita rápida al baño. Sabía bien que a Elieth no le importaría que se diese una ducha así que se metió en la regadera (después de todo ya estaba desnudo), dejando que el agua fría cayese sobre su cabeza y sus músculos duros, sintiéndose mucho mejor después de eso. Cuando salió del cuarto de baño, con una toalla alrededor de la cintura y el cabello rubio goteándole agua, Karl captó el aroma del café recién preparado y lo aspiró con satisfacción, aunque antes de ir a la cocina debía pasar al dormitorio de Elieth para vestirse. Por fortuna, él ya había tomado la precaución de dejar ropa limpia en uno de los múltiples cajones del enorme clóset de ella para ese tipo de situaciones en donde decidiera quedarse toda la noche a su lado.

Cuando Lily se llevó a Genzo a su hotel, Karl le dijo a Elieth que era momento de retirarse también y ella estuvo de acuerdo. Se suponía que él sólo iba a llevar a la francesa a su departamento para después irse a casa de sus padres para ver cómo estaban Rudy Frank y Marie, pero Elieth lo convenció de que a esas horas ya debían de estar dormidos y que lo mejor era dejarlos descansar. Karl tuvo intenciones entonces de irse a su propio departamento a dormir pero acabó deseando a Elieth con una intensidad feroz así que se quedó para hacerle el amor salvajemente hasta que ambos cayeron rendidos (¡Qué consideración la de Lily por haberles dejado el departamento!). Él pensó, antes de quedarse dormido, que descansaría un par de horas antes de ir a buscar a su familia pero cuando despertó ya estaba bastante avanzada la mañana. Por fortuna, ese día no tenía que ir a entrenar así que nadie, más que su propia familia, notaría su ausencia.

Mientras se secaba el cabello, el cual mojado resultaba ser más largo de lo que aparentaba (benditos peinados a lo "me estalló el calentador de agua en la cara"), Karl aprovechó para revisar los mensajes de su teléfono, muchos de los cuales fueron enviados por Marie y otros más por el doctor Stein. El mensaje de ambos era el mismo: Rudy Frank no tenía fracturada la mandíbula (el hombre se hizo una radiografía por consejo del galeno), pero tendría que descansar un par de días ya que le dolía hasta para hablar, así que se la pasaría comiendo papillas y licuados para aliviar su molestia. Con respecto a Marie, su ultrasonido había salido bien pero también necesitaría reposo. Mientras le contestaba a su hermana menor, Karl recordó que su padre le contó alguna vez que, cuando era joven, solía pelear a puño limpio con los muchachos de su cuadra y que él conseguía salir sin un rasguño.

– El tiempo pasa para todos.- musitó, con ligera melancolía que desapareció en un instante.

– ¿Estás despierto?.- en ese momento Elieth entró en la habitación, tras haber dado dos golpecitos en la puerta.- ¡Ah! Ya te bañaste.

– Tenía que hacerlo, sentí que olía peor que los calcetines de Kaltz.- Karl se veía muy atractivo con la camiseta azul oscuro que se había puesto y que resaltaba sus ojos.- Espero que no te haya molestado, meine Kleine.

– Lo único que me molesta es que no me hayas avisado para tallarte la espalda.- Elieth suspiró.- ¿Vienes a desayunar? He preparado bagels con queso crema y café.

– Iré en un momento, sólo termino de responderle a Marie.- asintió Karl, sonriendo.- Me ha dicho que mi padre necesitará de un buen descanso, el reportero de Blind lo lastimó más de lo que creíamos pero por fortuna no le fracturó el hueso.

– Ese tipo es un desgraciado de poca monta.- la francesa frunció el ceño.- ¿Va a denunciarlo con la policía?

– No estoy seguro pero sí debería de hacerlo, es lo mínimo que ese sujeto se merece.- respondió el alemán.- Creo que no tengo el número de celular de tu amiga Bárbara, tendré que pedírselo a Kaltz para solicitarle que me pase copia del vídeo que grabó.

– Oh, tómalo de mi teléfono.- sugirió Elieth, dándose la vuelta para regresar a la cocina.- No es necesario que se lo pidas a su novio. También es mi amiga, ¿recuerdas?

Schneider respondió con algún monosílabo y Elieth siguió preparando el desayuno. No pasó ni un minuto cuando Karl apareció en la cocina, con el rostro sombrío y el Smartphone de la chica en la mano.

– ¿Qué sucede?.- preguntó ella, inocentemente.- ¿No lo encuentras?

– ¿Quieres explicarme qué es esto?.- soltó Karl, con rabia.

– ¿Qué es qué cosa?.- Elieth no entendió.

El alemán le tendió el aparato, el cual ella tomó con extrañeza. Sin embargo, el alma se le fue a los pies a la chica cuando vio que lo que aparecía en pantalla era la conversación que mantuvo con Schweil Teigerbran por Whatsapp.

– ¿Me quieres decir desde cuándo estás viéndote a mis espaldas con Teigerbran?.- soltó Karl, sumamente celoso.

A pesar de todo, Elieth tuvo ganas de golpearlo por sugerir que lo estaba engañando con otro. ¡Ellos sólo mantuvieron una conversación por Whatsapp y ella lo rechazó!

Notas:

– "Cuarto poder" es la expresión con la cual se le conoce a la prensa, haciendo alusión a la enorme influencia que tienen los medios de comunicación. Se le llama así porque los otros tres poderes originalmente eran la nobleza, el clero y los políticos.

"Don't you want me?" es una canción del grupo británico The Human League y "Wind of Change" es de la banda alemana Scorpions. Esta última canción ha estado fuertemente ligada a la caída del Muro de Berlín y del socialismo, y no sé por qué pero siento que sería una de las canciones favoritas de Schneider, a mi parecer le queda bien. "Because the Night" es originalmente de Patti Smith pero la versión que Elieth y Bárbara cantan es de Cascada.

– Confieso que me encanta poner a los personajes a cantar, es algo que he metido en muchos fics, ja.