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-Nos llevamos éste-dijo House señalándole un carrito de bebé a la dependienta.
-¡No!-replicó Cuddy tirando de la mano de su marido.-Discúlpenos un momento.
-¿No te gusta?-preguntó House cuando se hubieron alejado lo suficiente.
-Lo haces para fastidiarme, ¿verdad?
-Es el mejor carrito...
-Es un tanque del ejército.
-A mí me parece una idea estupenda. Un minitanque con su cañón y todo.
-No voy a meter a mi bebé ahí. Además, ¿qué pasa si es una niña?
-Es un niño.
-No lo sabemos aún. Estoy de mes y medio.
-A mi Bryan le va a encantar su tanque.
-¡No se llama Bryan!
-No me dejas escoger el carro y no me dejas escoger el nombre. ¿Qué pinto yo en todo esto?
-Por supuesto que no te dejo. Vas a hacerlo un desgraciado antes de nacer.
-Pues vamos a mirar cunas. He visto una que parece un...
-¡Basta! House, en serio, vamos a tomárnoslo con calma.
-Me lo estoy tomando con mucha calma.
-Estás histérico.
-Quiero que esté todo preparado.
-Faltan meses.
-No quiero que se nos olvide ningún detalle.
-House, para ti es tu primer hijo pero para mí no y...
-¿Qué tiene que ver?
-Pues que sé por experiencia que un crío no necesita tanta parafernalia.
-Pero el dinosaurio que cuenta cuentos sí que se lo vamos a comprar, ¿verdad? Eso es imprescindible.
-No, no lo es. Como tampoco es imprescindible ese horrible carrito de dos mil pavos que has estado a punto de llevarte.
-Soy rico, puedo comprar cosas estúpidas y no quiero que le falte de nada a Bryan.
-Va a ser una niña y se va a llamar Bianca Marie Susan Michelle Julianna Sarah Cecilia Amanda Kelly Mariah Dana Cornelia Lisa Cuddy.
-¿Y si es niño?
-Igual.
-Intentas fastidiarme.
-Sí. Igual que tú a mí con lo de Bryan.
-Quiero que se te ponga ya gorda la barriga, no parece que estés embarazada.
-¿Qué más te da? Me pondré horrible.
-Quiero presumir de mujer con bombo. Ya verás cuando nos vea el idiota ése que trabaja en el banco.
-Ya sabe todo el pueblo que estoy embarazada.
-Ya me he encargado yo de que se enteren.
-Lo sé.
-Tenemos que hacer obra en la casa.
-¿Para qué?
-Necesitamos una habitación para el bebé.
-No flipes, House. Nuestra habitación es enorme y, mientras sea pequeño, dormirá con nosotros.
-¿Y cuándo crezca?
-Si es niña, dormirá en la habitación de las niñas y, si es niño, en la de los niños.
-¿Tres en una habitación? No podemos masificarlos.
-Venga ya. Llevan años durmiendo los cuatro juntos. Es más divertido.
Aquella tarde, House se encerró en su despacho de la planta baja a observar la primera ecografía de su bebé. El feto era una simple habichuela sin forma humana pero él ya le veía cara de Bryan. Si Cuddy se negaba a llamar así al niño, pensaba ir a escondidas al registro. Después ya se las vería con ella.
No recordaba haber llorado tanto en su vida como el día en que Cuddy había llamado a la clínica de terminación para cancelar la cita. Todo lo relacionado con el embarazo le estaba afectando demasiado y estaba extremadamente sensible y quejica. Cuddy sólo estaba de unas cuantas semanas pero todo el mundo a su alrededor había decidido que el embarazado era él.
Estaba intentando arreglar un viejo aparato de radio que quería llevar a su sótano, cuando Alice entró en el despacho.
-¿De dónde has sacado ese horror?
-De la basura. Y no es un horror, es una maravilla.
-¿Puedes quedarte con los niños un rato?
-¿Cuddy se ha ido?
-Se fue con Rob al pueblo hace más de media hora para comprarle unas zapatillas. Le ha dado por morderlas.
-¿Rob muerde zapatillas?
-Las muerde y las destroza. Una manía nueva.
-Maldito crío chalado. ¿Dónde vas?
-Va a venir mi novio un rato y...
-¿Tienes novio?
-Claro.
-¿Cuánto llevas con él?
-Dos semanas.
-Te doy una semana más. ¿Dónde están los chicos?
-En el cuarto de los juguetes.
House subió a la primera planta. No le apetecía para nada estar con los niños, así que se asomó un momento al cuarto para avisarles de que estaba por allí y se fue al gimnasio, a utilizarlo por primera vez.
Estaba tumbado en el suelo, intentando hacer abdominales, cuando Rachel entró corriendo perseguida por Mike.
-Papi, Mike me quiere quitar mi móvil.
-¡No es un móvil, es un teléfono!
House se incorporó y vio como el chico le arrebataba a Rachel un móvil azul de las manos. La niña miraba a su supuesto padre con los ojos de llenos de esperanza.
-Lo siento, Rachel. No pienso interferir esta vez-dijo House volviendo a concentrarse en el ejercicio.
-Pero es mío-contestó la niña.
-No es tuyo-replicó su hermano.-Mamá dice que los juguetes son de todos.
-Pero no es un juguete.
-Claro que lo es.
-No. Estaba en una caja en el armario del pasillo. Sólo es juguete lo que hay dentro del cuarto de los juguetes.
-¡Eres tonta! Yo tengo juguetes dentro de mi cuarto. Y son juguetes.
-Bueno pero lo que hay en el armario del pasillo no son juguetes.
-Pues si no es un juguete se lo voy a decir a mamá.
-Pero lo tienes tú.
-Le diré que te lo he quitado para devolverlo al armario. Así yo seré un angelito y a ti te pateará el culo.
House no podía dejar de sonreír mientras levantaba el torso hasta las rodillas. La obsesión de Mike con el estatus angelical de su hermana le resultaba cómico. Sabía que en cuestión de minutos estarían jugando otra vez, aunque lo más probable es que Rachel se llevase unos cuantos guantazos antes de que eso ocurriese.
En efecto, un par de minutos más tarde, House tuvo que salir al pasillo para evitar que matasen a su supuesta hija.
Estaba recogiendo a la niña del suelo e intentando contener la furia del bestia de Mike, cuando sus ojos se posaron en el teléfono móvil que reposaba en el suelo. Estaba desconectado y parecía llevar mucho tiempo descargado.
-¡Espera un momento, Mike!-dijo rodeando el cuerpo del niño con un brazo en inmovilizándolo.
El chaval parecía deseoso de seguir la lucha con su hermana, así que lo cogió en brazos y lo metió en el cuarto de baño. Después atrancó la puerta con una silla. Ignorando las quejas del niño, volvió al lado de Rachel.
-Dime dónde has encontrado ese teléfono exactamente.
Rachel lo llevó hasta el gran armario empotrado que había en el pasillo de las habitaciones. House abrió la puerta y la niña señaló una caja de zapatos situada en la parte de abajo, bien al fondo. Estaba encajada entre otros trastos y House le pidió a Rachel que la sacase, puesto que a él le iba a costar un triunfo llegar hasta ella con su tamaño y el dolor de su pierna. La niña se deslizó entre las baldas del armario y sacó la caja.
House la abrió. Estaba llena de artilugios de costura que parecían viejos e inútiles.
-Indícame cómo estaba colocado.
Rachel revolvió los objetos y colocó el teléfono debajo de todos ellos, cubriéndolo de tal manera que, a simple vista, ni se adivinaba que estaba allí.
-¿Sabes de quién es este teléfono, Rachel?
-De mi mamá. No le digas que lo he cogido, ¿vale?
-¿Por qué? ¿No quiere que lo uses?
-No nos deja tocarlo.
-Vaya, que raro. Yo nunca la he visto utilizando este teléfono.
-Hace mucho tiempo que no lo usa. Tiene uno rosa.
-El que yo le regalé. Así que dejó de utilizar este móvil cuando yo le regalé el rosa...
-No sé. Ahora sólo usa el rosa porque éste lo ha guardado pero cuando estábamos en la casa chica, a veces usaba el rosa y a veces usaba éste.
-Interesante.
-¿Por qué?
-¿Crees que se habrá calmado ya tu hermano?
-Ya no grita.
-Bueno. Vamos a abrirle la puerta y os vais a ir los dos a jugar un ratito al cuarto, ¿de acuerdo?
-¿Tú vienes?
-No. Yo voy a bajar al despacho unos minutos a resolver un asunto pero te prometo que después subiré y jugaremos a lo que os apetezca.
House dejó a los niños en el cuarto de los juguetes y bajó a su despacho. En uno de los cajones del escritorio guardaba la tarjeta que Lucas Douglas le había entregado el día que había acudido a la clínica de fertilidad a realizarse unas pruebas que nunca hizo falta llevar a cabo.
-Lucas, soy House-dijo cuando el detective descolgó el teléfono.-¿Por dónde andas?
-Sigo en Carolina del Norte. ¿Y tú?
-También. Puede que tenga un trabajo para ti.
-Trabajo es lo que me falta. Habla.
-Quiero que saques información de un móvil apagado. No sé ni el número ni el pin.
-¿Te refieres a leerle los mensajes a alguien?
-Mensajes, llamadas realizadas y agenda.
-Eso es pan comido. ¿Qué buscas exactamente?
-Cuando conocí a mi mujer, antes incluso de que fuésemos pareja, le regalé un teléfono móvil para poder estar en contacto con ella porque me dijo claramente que no tenía ninguno.
-Y tenía.
-Pues por lo visto sí.
-Así que me llamas porque estás celoso.
-Te llamo porque quiero saber por qué me mintió. Y no sólo me mintió hace meses sino que ahora se ha molestado en mantener el teléfono bien escondido para asegurarse de que no lo vea.
-¿No te sientes mal invadiendo la privacidad de tu mujer?
-Ella me oculta algo y no se siente mal haciéndolo.
-¿Qué modelo es?
-Un Nokia azul antiguo. No te puedo decir el modelo. Las letras debieron borrarse hace tiempo.
-Me río de Nokia. Mándamelo por mensajero. En un par de días te daré una respuesta.
-Como quieras.
-Espero que los cuernos aún no te lleguen al techo.
-Que gracioso eres, Lucas. Que sepas que dejó de usarlo hace tiempo. Para tu desgracia, no hay cuernos que valgan.
-Te llamo en cuanto sepa algo.
House colgó el teléfono y subió a la primera planta para quedarse con los niños hasta que su mujer volviese del pueblo.
