Agradecimientos:
Hilmymoreno gracias por tu review, la miel va a comenzar a fluir formando una extraña cataplasma de hemoglobina y carbohidratos jejeje, algo pegajoso pero espero que les sea interesante ;D
I. Enuve :De verdad agradezco tus comentarios, como les dije en una ocasion, los reviews son el cielo pero tambien el piso de escritor, y ojalá sigas dandome tus opiniones.
Espero sus reviews, y espero les guste este capitulo.
Ah si... ADVERTENCIA
un poquito de gore
Capitulo 55
—Wilhemina tenemos que irnos ahora— insistió siguiéndola por las escaleras, al parecer una energía distinta se había apoderado de ella que subía veloz los escalones.
— ¡Voy por los núcleos que nos hacen falta!— informó entrando al dormitorio principal.
Cuando por fin la alcanzó, vio como ponía de pie a la mujer con un conjuro, rígida y con un gesto de terror en los ojos miraba el cadáver en la cama en medio de un charco de sangre, abierto de la espalda y el palpitante núcleo verdoso en un frasco, apenas se filtraban las luces del amanecer.
— ¿Ahora que?— no entendía los planes de la muchacha.
—vete al colegio, por favor— le pidió dulcemente –avisa que vine a Londres por cosas para el baile, cualquier pretexto—
— ¿Pero que piensas hacer?— acaricio suavemente la mejilla, delineo con el dedo índice la mandíbula y dejó su mano en el cuello, sintiendo el acelerado latir de la vena carótida.
—Justicia, para las victimas de estos monstruos, para vengar a mi padre por su traición, y pienso obtener más núcleos para…— guardó silencio tomando la mano sobre su cuello y besándole tiernamente –vete, no va a pasarme nada—
—princesa, no quiero que te arriesgues, no quiero que seas como… — susurró, ella le sonrió.
—Gracias por llamarme así— le hizo un guiño –ahora vete, corres más riesgo que yo—
No le dijo nada más, la atrajo de la nuca y planto en los labios rosados un cálido y apasionado beso, algo en su interior era más poderoso que la poción, era ese algo que lo hacia añorar a Lilly, que le hacia desear el delgado cuerpo que se aferraba a él; la soltó y sin más salió a la calle.
Entro al castillo al mismo tiempo que Albus salía a tomar un poco de sol.
— ¿paseo matinal Severus?—
—no, acompañe a Wilhemina a San Mungo, al parecer las emociones del baile y todas esas banalidades la han agotado— Albus buscó a la chica –se quedó por este día, van a darle algunas clases de nutrición y charlas sobre adolescencia—
—al menos no vas a pasar por los bochornos de hablarle de esos temas a una jovencita— opino Albus con unas risitas picaras – y por la manera en que la busca su amigo del colegio, muy oportunas van a resultar esas orientaciones—
— ¿Su amigo?— recordar al muchacho le provocó una contracción en el estomago — ¡ah si, el semigigante!— retomó su camino al aula de pociones— como sea, tengo clase que impartir, voy a recogerla más tarde—
—Si gustas puedo pedirle a alguna de las profesoras…— era obvio que Albus no le creyó mucho el cuento de san Mungo.
—Te lo agradecería mucho— aceptó de inmediato –aunque… tengo asuntos pendientes en casa ¿podrían enviar también a Jumble? Hay una lista de ingredientes que no he completado, tal vez Aurora pueda ayudarme—
— ¿Ayudarte?— la aludida bajaba por uno de los tantos pasillos, Severus la había visto exactamente al momento en que Albus hacia su sugerencia –sabes que soy pésima para la compra de tus cosas— suspiró –además mis chicos están preparando sus TIMO'S y EXTASIS, así que dudo mucho tener tiempo libre—
—Si los prepararas desde el inicio del curso como lo hago yo, tu trabajo sería más sencillo— se burlo de su compañera, Dumbledore solo los miraba.
—De hacerlo me odiarían tanto como a ti— sonrió sarcástica –así que prefiero dejarlos tranquilos por un tiempo y…—
— ¡Suficiente!— les interrumpió el director –Aurora tiene razón Severus, todo el profesorado está preparando a sus alumnos, eres el único que los ha preparado para sus exámenes desde un principio… lo mejor es que vayas por la muchacha y te encargues de tus pendientes—
— ¡vaya! Creí que tendría la tarde libre— gruño aparentemente molesto –entonces si me disculpan— y haciendo una ligera caravana se alejó de ellos.
Entró al solitario salón, los alumnos llegarían en unos minutos, que aprovechó haciendo una nota de advertencia para la joven "les dije que estabas en san Mungo por problemas de estrés y nutrición" esperaba que la chica se hiciera a la idea para tener un buen argumento al momento de volver; en su dormitorio tenia un enorme búho mal encarado al que ató el mensaje.
Lo dejó salir por una pequeña ventana oculta en su dormitorio, solo Harry que vagabundeaba por la torre de astronomía vio al enorme animal partir.
Las horas de clase transcurrieron terriblemente lentas, los alumnos no se daban abasto a las exigencias de su profesor que parecía más gruñón y fastidiado que otros días; entre todos los grupos, de primero a séptimo de cada casa, perdieron de 30 a 60 puntos cada una, los contadores de gemas no se habían visto tan vacios en esa época del año.
El búho volvió antes de las cinco de la tarde "ven por mi" decía la nota, terminó la ultima clase del día y tras avisarle a Dumbledore abandonó el castillo.
De nuevo el hechizo desilusionador, invisible entró al domicilio que al parecer no tenía nada extraño… en cuanto cruzó la puerta se dio cuenta que estaba muy equivocado y que realmente debía tener mucho cuidado la próxima vez que dejara a la muchacha sola.
A manera de tapete, la piel ensangrentada y llena de moscas del perro se encontraba en el recibidor, la carne del animal, así como los dos elfos domésticos, presentados en charola como si fuera un banquete, atraían a más moscas al comedor, los cuerpos sin piel a la mesa, dispuestos de manera que aparentaban esperar el momento de comer.
La piel de cada integrante de la familia colocada a manera de banderín, estaban pegados al muro adyacente a la escalera; subió con cautela pues no escuchaba a la chica y temía que alguien la hubiera descubierto.
—Todos lo merecían— el murmullo de la dulce voz lo sobresalto, Mina salía de la habitación de la adolescente, se había puesto uno de los vestidos más bonitos que encontrara en el armario, largo y de color lila, ajustado a su cuerpo la hacia lucir hermosa.
— ¿incluso los niños?—
—ya lo veras— una torcida mueca, similar a una sonrisa diabólica curvó los delgados labios cuando le mostró varios envases con recuerdos en ellos –el ministerio ha sido notificado de los que ha sucedido y no tarda en llegar— suspiró avanzando, llevaba una maleta con ella –tuve que hacer un traslador especial –le extendió la mano –pero quería que vieras esto antes de irnos— le extendió la mano –es mejor irnos—
Salieron al patio trasero, se encontró con más elfos domésticos, unos tres por los restos que contó, diseminados en el pasillo de salida, desmembrados y con claras señales de tortura más se abstuvo de hacer alguna pregunta.
El traslador brillaba en una tonalidad naranja, se trataba de un espejo de mano con mango de plata, ambos lo tocaron y desaparecieron en el mismo instante que por la puerta delantera un contingente de seis aurores, tres inefables y un escribano aparecían.
Aparecieron fuera de San Mungo.
—Dijiste que Albus te pregunto sobre mí— él asintió –decidí venir al hospital— sonrió metiéndose en la boca un pedazo de dulce— por favor no dejes que caiga…— susurró al momento en que se desmayaba.
La levantó en vilo y entró a las instalaciones, de inmediato un grupo de sanadores le recibió a la muchacha, no estaba preocupado por su salud, sabia que estaba bien; lo que le preocupaba era lo sucedido recientemente.
Mató a toda la familia, tuvo la enferma idea de montar todo un show escalofriantemente morboso para que el Ministerio se preocupara ¿pero ella se preocupó por no dejar pistas?
En eso pensaba cuando una enfermera se le acercó.
— ¿Profesor?— le llamó en voz baja –su hija se encuentra mejor, ya ha despertado— sonrió –si gusta puede pasar a verla—
No tuvo que escucharla dos veces, la siguió hasta un pasillo bordeado por cubículos cerrados por biombos, Mina estaba sentada en una camilla, algo pálida.
— ¿Qué le sucedió?— miró al sanador, un joven que años atrás había sido su alumno — ¿se encuentra bien?—
—Me dice su hija que ayer tuvo un problema en Hogwarts— suspiró –me imagino que ser organizadora del baile de los tres magos la está agotando—
—Solo quería dar un paseo profesor— balbuceo de la manera más inocente que por un segundo le creyó –necesitaba salir del colegio, por eso le dije que estaría aquí, en el hospital—
— ¿Puedo saber a donde fuiste?— le siguió la charada pues el joven sanador estaba muy atento a la charla.
—A Diagon y… a Knockturn— utilizó el mismo tono –un… un hombre me dio una bolsa de dulces e insistió en que tomara uno frente a él, me dio mala espina y… como quedaste de venir por mi creí que era buen momento para comer uno, tengo hambre—
—Ya la enfermera va a traerte la comida— intervino el muchacho sonriente –recuerda que Knockturn no es un lugar para una chica tan linda—
—gracias— susurró mirándolo con dulzura –voy a tomarlo en cuenta—
—profesor, me permite un momento— solicitó el chico a Severus que por dentro reventaba ante el obvio coqueteo de los jóvenes.
— ¿Dígame?— se alejaron unos pasos del sitio donde estaba Mina en el preciso momento en que la enfermera llegaba con una charola y cerraba las cortinas para que la chica comiera tranquila.
—Me imagino que su hija es muy rebelde— sonrió sacando un folleto –considerando la situación en que se encuentra— Snape lo miró mal – me refiero a que es media elfa y media bruja, además de no tener con una figura femenina que la oriente— le entregó el folleto –contamos con un excelente grupo de sanadores psicólogos y orientadores que podrían ayudarle a controlar esa rebeldía—
—ya tiene orientador en el colegio— contestó secamente.
—si, ya me comento Mina— carraspeo ante la mala cara que le hacia Snape – es decir, la Señorita Wilhemina, como sea profesor, durante el tiempo que su hija permanezca en Hogwarts sería saludable para ella venir al menos una o dos veces por semana a charlar con nuestro equipo—
—Voy a planteárselo— le arrebató el folleto — ¿puedo llevármela ya?—
—Por supuesto profesor— respondió el sanador ya intimidado –solo firmo los papeles de salida— y se alejó hacia en control de enfermeras, Severus volvió al cubículo donde la muchacha comía.
— ¡Esta delicioso!— murmuró sin dejar de comer — ¡moría de hambre!—
—Termina pronto, tenemos que volver al colegio— ordenó secamente, seguía molesto por la manera en que el sanador se refirió a la chica, con mucha familiaridad.
—Bien, bien— respondió ella apurando sus bocados –ya ¡termine! ¡Delicioso!— en ese instante entró la enfermera, dio unos documentos a Snape que firmó de inmediato y tiró del brazo de la chica muy molesto, ya quería salir de ahí.
Aparecieron fuera de los jardines del colegio, literalmente la llevaba a rastras aunque ella parecía muy divertida.
— ¿Qué te pasa profesor?— logró decir entre risas ahogadas mientras subían las escalinatas principales, pasaron a un costado de la carroza de Beauxbatons y los alumnos, entre ellos Fleur y Erick los miraron extrañados.
—Tal como representaste tu papel de chica débil e incomprendida en el hospital, voy a representar mi papel de padre furioso por tu escapada— soltó en un gruñido apenas audible –además de todo tuve que ver como le coqueteabas a ese mocoso—
— ¿Estas celoso?— murmuró sorprendida — ¿en serio?— algo más estaba por decir pero llegaron en ese momento al área Slytherin y Albus los esperaba en el pasillo — ¡oye me lastimas!— se quejo tirando de su brazo.
— ¿Todo bien?— Albus se guardó muy bien de mirar a la chica a los ojos que literalmente lo atravesaban.
—¡nada!— soltó Severus al borde de la histeria —¡resulta que como ayer las cosas no salieron bien, decidió mentirme y escaparse a Diagon!— respiró con fuerza —¡y luego meterse a Knockturn sabiendo que se lo tengo prohibido!— abrió la puerta del dormitorio arrojándola junto con la maleta sustraída de la mansión –Estuvo a punto de ser secuestrada por un tipo que le dio dulces de la inconsciencia— suspiró cerrando la puerta, los gritos y reclamos de Mina aporreando la puerta se escuchaban apagados.
—Afortunadamente llegaste a tiempo— suspiró Dumbledore tratando de calmarlo –la niña esta bien y…—
—esta bien porque quedé de verla temprano, si no, habría comido los dulces sola y no la hubiera descubierto, además… sacó dinero de Gringotts sin mi permiso— le entregó el reporte de San Mungo –el sanador que la revisó dijo que estaba bien— el viejo director leyó detenidamente el contenido de los pergaminos del hospital –voy a entregarle esto a Maxime para su expediente clínico—
—Le espera un duro castigo entonces— Albus al parecer estaba satisfecho con lo sucedido –por ahora creo que no debería salir del colegio—
— ¡si por mi fuera, ni en mil años!— espetó Severus entrando a su oficina — ¿deseabas algo?— le gruño desde la puerta.
—No…solo pasaba por aquí cuando escuche el barullo— contestó Albus alejándose con una sonrisa oculta por su barba.
Snape espero todavía treinta minutos, estaba ya tranquilo pues la charada había resultado y Albus se había tragado todo el cuento, o al menos eso parecía; de todas maneras si, estaba molesto, furioso por no saber que demonios platicaría Wilhemina con el sanador como para que este se sintiera con la libertad de llamarla por su diminutivo… Mina… Mina… solo él podía llamarla así, con ese tono extraño, tan intimo, sintiendo la vibración del nombre dentro de sí, suspiró y decidió salir de su oficina, la chica tenia que explicarle mil y un cosas, debían terminar con la pesadilla de la cadena que día con día era más fuerte y lo ataba más a ella.
