Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es una adaptación.
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Charlie y Renée Swan recibieron la llamada del fiscal del distrito a última hora de la tarde del miércoles.
Habían estado jugando al golf pero lo dejaron después del noveno hoyo porque Renée no se encontraba muy bien.
Charlie se dio cuenta de que tal vez había sido un error presionar a las autoridades para que acusaran abiertamente a Edward Masen de ser el responsable de la muerte de Bella. Los periodistas estaban encantados de tener una historia tan jugosa y habían sacado a relucir hasta el último detalle de la vida de Bella que habían averiguado.
Ahora los periódicos se referían a ella como «la pobre niña rica», «la desamparada», «la rebelde fumadora de marihuana». Los detalles de la vida privada de la familia se deformaban y se difundían para el escarnio y la diversión públicos. Renée estaba deshecha, humillada y amargada.
—Tal vez debimos dejarlo, Charlie. No podíamos hacer que regresara y ahora están destrozando su recuerdo.
Al menos la investigación judicial aclararía las cosas, pensó Charlie mientras preparaba los martinis de las cinco y sacaba la bandeja a la terraza, donde descansaba Renée.
—Es un poco pronto, ¿no? —preguntó ella.
—Un poco —corroboró él—. Ha llamado el fiscal. El juez de Orleans va a convocar una vista preliminar para el lunes por la tarde. —Ante la expresión de alarma de ella, agregó—: Al menos se aclararán las circunstancias de la muerte. Es una audiencia pública y, después de que se presenten los hechos, nos interesa que el juez se pronuncie en uno de estos tres sentidos: sin indicios de proceder desleal; sin indicios de negligencia; sin indicios de negligencia criminal.
—Y si el juez decide que no hay indicios de negligencia ni de proceder desleal —dijo Renée—, habremos soportado toda esta publicidad para nada.
—Para nada no, querida. Ya lo sabes. Oyeron que dentro de la casa sonaba un timbre y un momento después la criada se asomó a la puerta con un teléfono inalámbrico.
—Es el señor Stevens. Dice que es importante.
—Es el investigador de la compañía de seguros que está vigilando a Masen—dijo Charlie—. Le insistí en que me informara inmediatamente si descubría algo.
Renée Swan observó a su marido escuchar atentamente y luego disparar una andanada de preguntas rápidas. Cuando colgó, parecía entusiasmado.
—Stevens está en Florida, en Boca Ratón. Ahí es donde pasó Edward este invierno. Al parecer, lo fue a ver varias veces una morena espectacular llamada Tanya. La última visita fue una semana antes de que viniera aquí para casarse con Bella.
