Capitulo 52. Fin del trato
- ¿Dónde estoy?... ¿qué pasó? - murmuraba una confundida castaña - Mi bebé, mi bebé… ¿está bien? - preguntaba preocupada conforme recuperaba el conocimiento.
- ¿JANE? - Draco despertó con un pequeño salto al escuchar aquella voz - Mi vida… estás despierta.
El rubio se incorporó de inmediato, feliz de que su amada despertara al fin.
- Mi bebé… quiero ver a mi bebé - decía ella con desesperación.
- Tranquilízate amor… no te preocupes, nuestra hija está bien - le aseguró Draco mientras trataba de tomar su mano para calmarla.
- SUELTAME… NO ME TOQUES - sentenció de Herm de inmediato - Quiero ver a mi hija, quiero ver a mi hija.
- Jane por favor…cálmate - le suplicaba él preocupado.
- No, no quiero calmarme… quiero que tú te largues - expresó la castaña al tiempo que las lágrimas inundaban sus ojos - No quiero verte Malfoy.
- Pero amor… yo...
- ¿Qué sucede? - intervino una enfermera que acababa de entrar - ¿Sra. Malfoy se encuentra bien? - se acercó a ella rápidamente para examinarla.
- Quiero que se vaya… quiero que se vaya - imploraba Hermione.
- Sr. Malfoy por favor… ella no debe alterarse - le recordó la enfermera y a continuación se dirigió a la mesita para buscar una poción.
- Pero, yo… está bien - murmuró y salió cabizbajo de la habitación.
Unos minutos después el medimago entró a la habitación para evaluar el estado de la castaña, pasó un rato antes de que este saliera y le informara a Draco sobre la salud de su mujer.
- Aparentemente no presenta ninguna secuela del traumatismo, sin embargo, estaba muy alterada y… tuvimos que sedarla - le comunicó el sanador.
- ¿Estará bien? - indagó aun preocupado por la reacción de la castaña.
- Por supuesto… poco a poco se irá recuperando - le explicó - Sr. Malfoy, yo… no se lo que ocurra entre ustedes, pero… su esposa debe estar tranquila.
- Claro, entiendo… no se preocupe - dijo con resignación - Gracias.
- Por nada - dijo el hombre y enseguida retiró.
El rubio no tuvo otro remedio que irse a la sala de espera, por un momento había pensado e incluso soñado con la posibilidad de que Hermione despertara, lo perdonara por lo que no había hecho y que todo volviera a la normalidad, pero por lo visto no sería tan fácil.
Tomó asiento y esperó, los empleados del Ministerio de Magia estaban por terminar su turno, por lo que en cualquier momento llegarían los amigos de la castaña a hacerle compañía…
- ¿Alguna noticia Draco? - preguntó Luna apenas llegaron.
- Si… Jane recobró el conocimiento hace un rato - le informó con una ligera sonrisa apenas perceptible.
- Y ¿está bien? - indagó Harry temeroso a la respuesta.
- Parece que si… el sanador dice que se recuperará de a poco.
- Mmm… no pareces del todo feliz - se aventuró a decir Blaise - ¿Qué sucede?
- Me odia… no quiere verme, sigue creyendo que la engañe con Pansy - les contó - Se alteró y tuvieron que sedarla - dijo abatido.
- Ten calma, tarde o temprano las cosas van a solucionarse - le aseguró Ginny al tiempo que le frotaba la espalda para reconfortarlo.
- Tienes razón - aceptó - Pero se solucionen o no… de cualquier manera me alegra mucho que este bien.
- Así se habla - dijo la excéntrica rubia - Todo se arreglará.
- Mi mujer tiene razón - coincidió el ojiverde mientras la tomaba por la cintura y la besaba.
Todos lo presentes comenzaron a reír ante aquella escena, logrando que el rubio olvidara por un momento el arduo camino que les esperaba para recuperar a su esposa.
- Herm ¿cómo te sientes? - preguntó la pelirroja, ella y Blaise llevaban varios minutos en la habitación, esperando que despertara.
- Ginny… mi bebé, dime que está bien - le suplicó apenas despertó.
- Claro, esta perfectamente bien - le aseguró.
- Y es muy hermosa… - comentó el moreno que se encontraba al otro lado de la habitación.
- ¿De verdad? - comenzó a sollozar - necesito verla… quiero verla.
- Lo se Herm, pero… por ahora no será posible - se lamentó Ginny - Tienes que estar tranquila, descansar…
- Yo estoy bien - aseveró, sin embargo aun estaba débil y faltaban algunas leves heridas por sanar.
- No te desesperes… pronto podrás tenerla entre tus brazos - dijo él con una sonrisa.
- ¿Cómo es ella? - indagó con ternura mientras la pelirroja la ayudaba a incorporarse un poco.
- Idéntica a su padre - se apresuró a contestar Blaise, olvidando la situación.
- ¿Ah si? - su rostro entristeció nuevamente al recordar la supuesta traición de su marido.
- Si… bueno… es rubia y tiene los ojos grises - agregó su amiga apenada.
- Pues así Malfoy no tendrá dudas ¿no? - trató de sonar indiferente.
- No seas tan dura… yo creo que Draco dice la verdad - expresó Ginny.
- Ginevra tiene razón… él te ama - dijo sinceramente el moreno - Debe tener una buena explicación, es el padre de tu hija… ¿no se merece una oportunidad?
- NO - respondió la castaña tajantemente - No quieran tratarme como una tonta, se lo que vi y tengo otros motivos para dudar… por favor no intervengan.
- Esta bien Hermione… no te enojes - le suplicó la pelirroja - No te hace bien ponerte así.
El resto de la visita hablaron de otras cosas, Blaise salió de la habitación para acompañar a su amigo, mientras su mujer platicaba con Hermione. Las chicas decidieron hablar, entre otras cosas, de la pequeña Malfoy y de maravillosa luna de miel que los Zabini tuvieron que interrumpir apenas supieron lo del accidente.
- Tengo que irme Herm… necesitas descansar - Ginny se puso de pie - Además supongo que Harry y Luna quieren verte también.
- Ok… gracias por venir - esbozó una sonrisa.
- No tienes nada que agradecer - respondió ella - Por cierto, ahora mismo voy a escribir a tus padres para contarles la buena nueva… han estado muy angustiados los pobres - caminó hacia la puerta.
- Salúdalos mucho de mi parte por favor - pidió la castaña
- Claro… lo haré.
- Oye Ginny…
- ¿Si? - dio media vuelta para mirarla.
- Me gustaría hablar con Ron… ¿Crees que pueda venir?
- Pues, se fue a una misión… tal vez regrese mañana, yo le digo Herm - fue lo ultimo que dijo la pelirroja antes de salir.
Como era de suponerse, inmediatamente después de que Ginny saliera de la habitación, aparecieron el ojiverde y su esposa en la puerta, entusiasmados por poder visitar y saludar a su amiga.
- Que gusto que estés bien Herm - de inmediato la rubia se acercó a ella para abrazarla.
- Luna tiene razón… si que nos asustaste esta vez - dijo Harry que se aproximó también.
- Lo siento… lamento que interrumpieran su luna de miel por mi culpa - se disculpó.
- No digas eso… ya habrá tiempo para que viajemos después - le aseguró el pelo azabache.
- Y ¿cuándo podrás ver tú nena? - indagó la distraída Sra. Potter.
- No tengo idea, pero… deseo mucho conocerla - expresó.
- Es muy linda Herm… hace apenas unos horas Luna y yo pudimos sostenerla - el ojiverde sonrió de oreja a oreja.
- Se parece a Malfoy ¿no? - sus ojos entristecieron un poco.
- Pues… si - respondió él - ¿Qué querías?... es su padre.
- ¿Por qué no quieres verlo? - inquirió la rubia como si nada - Ha estado muy preocupado por ti… apenas comía y dormía el pobre, de milagro no ha enfermado.
- Mmm… supongo que lo hacía porque se siente culpable - comentó irónica.
- Tal vez, pero… yo no creo que sea su culpa - intervino su amigo - fue un accidente.
- Si, pero… si no se hubiera revolcado con esa zorra esto no hubiera pasado - la castaña comenzó a exaltarse.
- Entiendo que no quieras perdonarlo ahora Herm… pero por lo menos permítele acercarse a ti y a la bebé - por primera vez durante la conversación Luna parecía estar seria y concentrada.
- Ella tiene razón - coincidió nuevamente Harry con su mujer - acaban de ser padres… te estas recuperando y tanto la bebé como tú lo necesitan, por lo menos ahora.
- Chicos en verdad no creo que sea tan fácil - aceptó - ¿Cómo pretenden que lo vea y olvide su traición?... Si tan solo con mirarlo me viene a la mente aquella escena.
- Yo no digo que sea fácil - reconoció Luna - Pero ¿Cómo es que puedes estar segura de que en verdad te traicionó si no le das la oportunidad de aclarar las cosas?
- No quiero hablar de eso… en estos momentos lo que mas me importa es ver mi hija y asegurarme de que está bien - dijo con firmeza.
- Precisamente por ella… te propongo algo Herm - le dijo Harry - Dale la oportunidad a Draco de cuidarlas a ambas… si quieres no le dirijas la palabra, solo permítele estar aquí - planteó él.
- ¡Ja! Entonces ¿qué pretendes? - preguntó a la defensiva - ¿Que permita que se acerque, y… a la vez que ignore su presencia?
- Pues… se que Malfoy no es un santo - aceptó - pero no creo que merezca tanta dureza de tu parte.
- Herm no tienes que ignóralo… pueden dejar el tema de Parkinson y el accidente para después… ¿Por qué no hablas con él? - le aconsejó la chica.
- Por favor… ya no me presionen - imploró la castaña con enfado - les repito que ahora solo mi hija es importante… ya después veré que hacer con lo de Draco.
- Está bien - suspiró Harry, sabía que no tenía caso insistir.
- Bueno… pues es hora de que descanses - anunció Luna - Solo pasamos a verte por un momento.
- Si… muchas gracias chicos - sonrió.
- Por nada… te veremos mañana - se despidió el ojiverde.
- Adiós - la rubia hizo un gesto con la mano y a continuación salieron de la habitación.
Minutos después de que los Potter se retiraron, entró el sanador para examinar nuevamente a Hermione y posteriormente ordenó a la enfermera que le administrara un par de pociones, basto un momento para que la castaña se quedara dormida.
Draco por su parte, había decidido irse a la Mansión Malfoy, Ginny y Blaise le habían hecho saber que era la mejor opción, debido a que tenía que descansar y de cualquier manera Hermione estaba mucho mejor y no quería verlo…
A la mañana siguiente el rubio se levantó muy temprano, una ligera sonrisa dibujaba su cara, Jane estaba mejorando y eso era lo único que debía importarle. Tomó un rápido baño, se vistió, desayunó algo ligero en su casa, por primera vez en varios días, y enseguida salió camino al San Mungo, independientemente de que su esposa no quisiera verlo, sentía la necesidad de estar lo más cerca posible de ella.
- ¡Buenos días! - saludó al Sr. Weasley.
- ¡Bueno días Draco! - contestó él amablemente.
- La Sra. Weasley… ¿no vino? - indagó entrañado, mientras la buscaba con la mirada.
- Claro… ya está con Hermione - dijo sonriente - Estaba impaciente por verla desde que se enteró que había despertado… Mírala, ahí viene - señaló.
- Draco, Draco - lo llamaba Molly que caminaba aprisa por el pasillo - Hijo, que bien que estés aquí… Hermione quiere hablar contigo - anunció en cuanto llegó hasta donde se encontraban él y el Sr. Weasley.
- ¿Qué? ¿Está segura? - se sorprendió el rubio - Apenas ayer no soportaba verme.
- Por supuesto que estoy segura - aseguró ella - precisamente vine a ver si habías llegado ya.
- Anda ve, VE - Arthur le hizo señas para que acudiera al llamado de su esposa.
- Adelante - ordenó la castaña, Draco acababa de llamar a la puerta.
- Amor, me da gusto verte… yo… - dijo él mientras caminaba hacía ella.
- No digas nada… no te llame para escuchar tus mentiras - interrumpió Herm.
- Jane por favor… permíteme explicarte - le suplicó él.
- He dicho que no - dijo con firmeza - Los chicos me hicieron pensar algunas cosas… no voy a impedirte estar aquí y acercarte a mi hija…
- ¿Pero? - se adelantó Draco.
- Pero... se acabó el trato Malfoy, mi hija nació ya y aquí termina todo - Herm hizo un gran esfuerzo para no llorar.
- Amor tu no entiendes… las cosas cambiaron - le aseguró - Te amo.
- ¡Jaja! - rió con sarcasmo - No tiene caso sostener esta mentira… eres libre para revocarte con Parkinson.
- ¡Por Merlín Jane! - el rubio trataba de no exaltarse - Entiende que estas equivocada… Pansy no significa absolutamente nada para mí.
- Pues como sea… sabíamos que el trato terminaría con el nacimiento del bebé - le recordó - ¿Olvidas que fue tu idea?
- No… no lo olvido y desde hace tiempo me he arrepentido una y mil veces de como empezó todo - confesó él.
- Si… si - dijo con indiferencia - Terminó… anularemos el matrimonio tan pronto como sea posible, de ahora en adelante mi hija será lo único que nos una.
- Ok… no tienes idea de lo mucho que me duele tu equivocada reacción - expresó Draco con tristeza, lo que menos quería era discutir - Pero estás bien… es lo que realmente importa y me jure alejarme de ti despertabas y era lo que querías.
- Ahí lo tienes… no hay razón para no cumplir tu juramento - la castaña temblaba ligeramente tratando de contener la furia y el llanto.
- Cierto… entonces, estaré contigo durante tu estancia en el hospital y tu recuperación - recapitulo, decidido a cumplir su promesa - En cuanto estés mejor cumpliré mi palabra… me alejaré ti, claro está… sin dejar de lado mis obligaciones de padre.
- Me da igual… no quiero tu dinero - alegó Herm - Reconocerás a mi hija y… solo por eso acepte este jueguito.
- NUESTRA HIJA - recalcó él y no pudo evitar apretar ligeramente el puño - Ella e… incluso tú, tendrán lo que le corresponde como Malfoy.
- No necesito nada que venga de ti - la castaña se llevó la mano al vientre, comenzaba a dolerle la herida de la cirugía.
- Eso lo veremos después - apuntó el rubio tratando de tranquilizarse - Ahora trata de calmarte… no te hace bien - se había percatado de la molestia de su esposa.
Hermione estaba a punto de alegar cuando apareció el medimago, por lo visto para examinarla nuevamente, para enterarse de como había amanecido.
- ¡Buenos días! - se dirigió a Draco que se limitó a contestar con un amable gesto - ¡Buenos días Sra. Malfoy! - saludó el sanador, esta vez a Herm.
- ¡Buenos días! - respondió ella con enfado, ahora menos que nunca le apetecía de la llamaran así.
- Veo que cada vez se encuentra mejor - dijo el jovial hombre - le tengo buenas noticias, pero antes voy a examinarla.
- ¿Podré ver a mi bebé ya? - indagó esperanzada.
- Ya veremos, ya veremos - respondió el medimago y a continuación comenzó a revisarla.
El rubio decidió permanecer en la habitación, contemplando a su amada sin decir nada. En unos minutos el sanador hizo lo suyo y a juzgar por su expresión Hermione mejoraba a paso agigantados. Después salió, no sin antes decirle a ella que regresaría pronto con buenas noticias.
- He vuelto - anunció el hombre - Tengo una sorpresa para usted - sonrió.
- ¿Es mi… - los ojos de la castaña se iluminaron imaginando lo que le esperaba.
- Así es - interrumpió el medico - Alguien vino a visitarla.
En ese momento entró una de las enfermeras con la princesa Malfoy en brazos, el medimago ayudó a Hermione a adoptar una posición cómoda para sostener a su pequeña hija, mientras Draco con una enorme sonrisa, que hacía días no aparecía en su cara, se acercaba un poco para observar aquella conmovedora escena…
- Mi amor… tan pequeñita, tan linda - esta vez la castaña no pudo evitar derramar algunas lágrimas (n/a obvio de felicidad), por fin y después de todo lo que había pasado, podía sostener a su hija…
