Robando tu corazón

Epílogo

—Entonces, ya solo queda elaborar el informe con todos los datos que tenemos y enviárselo al cliente —decía Pichit ojeando una carpeta con documentos.

—Exacto —respondió Viktor— Y sobre el caso nuevo, creo que comenzare a reunir información desde el lunes

—Muy bien

Viktor miró hacia el reloj de la pared y de inmediato se sobresaltó al ver la hora.

—¡Ah! Ya es tarde, si no llego pronto Yurio me pateara —dijo mientras se ponía su abrigo— No lo olvides Pichit, a las ocho

—Claro jefecito, ahí estaremos

Rápidamente se dirigió hasta su auto y encendió el motor. El trafico a esa hora no era el mejor de todos, pero confiaba en que podría llegar a tiempo para salvarse de la reprimenda de su sobrino.

Debía ir por Yuuri y Yurio hasta el centro de patinaje en donde siempre entrenaban. Las practicas cada vez eran más intensas y estrictas ya que Yurio había impresionado enormemente en su debut competitivo y logró recibir un montón de invitaciones a distintos torneos. Nada a nivel internacional por el momento, pues su nacionalidad aún seguía siendo rusa y estando tan lejos le era difícil competir en representación de su país natal.

Por esa misma razón es que Lilia y Yakov estaban tramitando la adopción del pequeño ruso. Ellos dos ya tenían la nacionalidad estadounidense, por lo que simplemente habían optado por anular el divorcio. Yurio seguiría viviendo con su tío, la adopción solo era para darle la oportunidad de competir a nivel internacional, ya que uno de los representantes de la federación de patinaje estadounidense les sugirió la idea al ver el talento de Yurio.

Una pequeña sonrisa se le escapó cuando recordó la reacción que Yuuri había tenido al enterarse de las posibilidades de su sobrino. El japonés parecía más emocionado que el propio Yurio y no dudaba ni un segundo que su mejor estudiante llegaría lejos.

Paró en el rojo en un semáforo y miró más adelante. La hilera de autos parecía infinita frente a él. Y pensar que hace un tiempo manejó por estas mismas calles a una velocidad altísima.

Desde que Yuuri le confesó su verdadera identidad, las cosas habían cambiado bastante en su vida. Lo primero fue la mudanza. Él, Yurio y Makkachin se mudaron a la casa de su hermoso japonés.

Pichit se fue a vivir con Seung. Ellos dos lograron reconciliarse en tiempo record y ahora eran una feliz pareja comprometida. En unos meses más irían a casarse a Las Vegas. A Viktor le había molestado un poco que se comprometieran antes que él y Yuuri, pero ya vería que hacer para pedir la mano de su hermoso japonés.

El otro cambio importante fue su trabajo. Renunció a la policía, no fue fácil pues Yakov se molestó un poco con su decisión y Yuuri no dejaba de culparse por eso. A Viktor le tomó bastante tiempo hacer ver a su amado que era una decisión que había tomado pensando en sí mismo, y que él y su corta vida delictual no tenían nada que ver.

Una vez que Yuuri entendió sus razones Viktor se dispuso a montar su nuevo oficio. Hace mucho que lo venía pensando, necesitaba algo que le dejara más tiempo para pasar con sus Yuris y que a la vez no le afectara económicamente. La idea original fue de Chris, quien lo había mencionado en broma una vez, pero luego de pensar bastante al respecto no le pareció tan descabellado.

Ahora era uno de los pocos detectives privados de la ciudad y lo mejor es que gracias a su anterior fama en el cuerpo policiaco, los casos turbios se mantenían alejados de él. No tendría problemas con nadie y manejaba su tiempo como se le antojase. Incluso le ofreció trabajo a Pichit una vez que este se graduó. Así que ambos formaban parte de la mejor agencia de detectives privada. Las habilidades del tailandés eran usadas en su máximo esplendor y no necesitaba meterse en situaciones ilegales porque si requerían de alguna información confidencial, esta era facilitada por Seung. El coreano fue contratado por la policía para inaugurar una nueva brigada a cargo del cyber crimen, así que tenía pase libre dentro de todos los datos que la institución poseía y pudo borrar desde dentro cualquier evidencia de Eros que pudiese significar una pista viable. Ahora solo debían esperar a que el caso prescribiera, lo cual a esas alturas ya era una mera formalidad, porque con la poca información que había sobre los robos y Eros era prácticamente imposible que la policía lograse averiguar algo más.

Viktor ya no manejaba grandes casos como lo hacía cuando trabajaba en el cuartel de policías, pero de vez en cuando los agentes de la ley recurrían a él para que les ayudara, les diera algún consejo o los asesorara.

Y lo más importante de todo, es que notó que no había perdido ni un solo cabello durante todo este tiempo.

Dejó el vehículo estacionado cerca del centro de patinaje y se dirigió lo más rápido que pudo a este. Alcanzó a interceptar a sus Yuris cuando estos iban saliendo del recinto.

—¡Ya era hora! —reclamó Yurio en cuanto lo vio— Nos estábamos aburriendo de esperar

—Solo me tarde unos minutos de más —dijo mientras revolvía los cabellos de su amistoso sobrino y depositaba un suave beso en los labios de su hermoso japonés— Hola baby ¿Cómo estuvo tu día?

—Acaba de mejorar —decía Yuuri con una picarona sonrisa en su rostro mientras enlazaba sus manos con las de su novio.

—¡Ahg! ¿Por qué siempre hacen esas asquerosidades en público? Me provocan nauseas

Los tres se subieron al vehículo para ir hasta un supermercado. Debían comprar más ingredientes para la cena, ya que esa noche tendrían invitados.

A Chris lo habían ascendido e iban a celebrar el nuevo puesto del ahora conductor de las noticias. La idea original del reportero era haber ido a algún club y emborracharse, pero Viktor no quería que su lindo y bien tonificado novio terminara bebiendo de más y bailando semidesnudo en cualquier sitio, además Yurio todavía era menor y no lo dejarían entrar. Así que convenció a su amigo de tener una celebración aburrida en su casa, pero con el delicioso katsudon de Yuuri. Con la sola mención del platillo, Chris acepto de inmediato diciendo que podían salir a emborracharse cualquier día, pero no se iba a perder la oportunidad de comer la deliciosa comida que preparaba el japonés.

Una vez que volvieron Viktor ayudó a su novio en la preparación del platillo mientras Yurio tomaba un baño y luego arreglaba la mesa del comedor.

—Somos una bonita familia… —comento el ruso al ver a Yuuri concentrado preparando el arroz y a Yurio con el ceño fruncido mientras intentaba doblar las servilletas— Yuuri es la mamá, yo soy el papá, Yurio es nuestro problemático hijo adolescente y Makkachin nuestra linda mascota

—¿Mhn? ¿Qué fue lo que dijiste? —peguntó Yuuri cuando se dio cuenta que Viktor estaba hablando— Lo siento, no te escuche

—Solo decía que te vez hermoso —dijo acercándose por la espalda de su hermoso japonés y rodeándolo con los brazos para dejar un tierno beso en sus oscuros cabellos.

—Termine de… ¡Ya están haciendo cochinadas en la cocina! ¡Y frente al katsudon! —gritó Yurio al entrar en la cocina.

—¡N-no! Solo me está abrazando —decía Yuuri colorado hasta las orejas. A veces no le importaban las efusivas demostraciones de cariño del mayor de los rusos, pero otras, no podía evitar ponerse nervioso y avergonzado.

El insistente ruido del timbre los interrumpió y a regañadientes Yurio fue a abrir la puerta.

—Hola

—Hola Beka, entra —dijo disponiéndose a cerrar la puerta en cuanto Otabek obedeció.

—¡Espera Yurio! —gritó Pichit desde el otro lado de la calle— ¡No cierres la…

Sin esperar a que el tailandés se acercara o dijera algo más, con una sonrisa maliciosa Yurio cerró fuertemente la puerta de la entrada.

—Parece que el gatito está de buen humor —comentó Chris a sus espaldas.

—Si tú lo dices —dijo Pichit entrelazando la mano de Seung cuando este bajó del auto.

—Claro que sí, vamos a comer katsudon ¿Quién no estaría de buen humor por eso? ¿Verdad cariño? —habló Chris hacía su novio.

—Claro —respondió este. El castaño era de pocas palabras, a veces parecía que Chris hablaba por los dos.

Una vez que todos se reunieron nuevamente dentro de la casa, comenzaron a servirse la deliciosa cena que Yuuri había preparado con ayuda de Viktor. Como siempre que se reunían las risas y las bromas no faltaban, además de la tradición de hacer sonrojar a Yuuri. A veces competían por quien lograba hacer que el japonés se pusiera más rojo.

Viktor se tomó un tiempo para admirar la escena frente a sus ojos. Yurio hablando animadamente con Otabek. Cuando su sobrino llegó a vivir con él pensó que sería muy difícil volver a verlo sonreír de esa forma, pero ahí estaba charlando y bromeando con los demás como cualquier adolecente. Su amigo, con quien solo compartía a veces y más que nada por trabajo, ahora se encontraba totalmente arraigado en su vida y estaba logrando sus metas, no podía sentirse más orgulloso de él. Pichit, nunca pensó que trabajar con aquel chico fuese tan beneficioso, levantaba el ánimo de cualquiera con sus bromas y su buen carácter.

Su Yuuri, aquel hermoso japonés que llegó a su vida poniéndola patas arriba. El chico era una caja de sorpresas. Nunca imaginó que podría llegar a enamorarse de esa forma de alguien. Esperaba poder compartir el resto de su vida con él, tenerlo cerca, apoyarlo en los momentos difíciles, cuidarlo, mimarlo, descubrir poco a poco sus defectos, fortalezas, debilidades y sorprenderse aún más.

Enamorase día a día de Yuuri era lo que quería.

—Viktor ¿Ocurre algo? —preguntó su novio al verlo distraído.

—No es nada —dijo rodeándolo con un brazo para atraerlo hacía él— Solo pensaba en lo feliz que me siento

—Yo también me siento muy feliz —dijo Yuuri acercándose para darle un tierno beso en los labios— Tú me haces feliz, Yurio me hace feliz, nuestros amigos me hacen feliz

—Ah~ Yuuri, eres tan lindo —decía restregando su mejilla en los blanditos cachetes de su amado.

Ambos sentían que no podían pedir nada más, ya tenían todo lo que necesitaban en sus vidas.

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Hola! gracias por leer este fanfic!

Al fin les traigo el epílogo, lamento la demora pero justo estaba en semana de exámenes.

Bueno después de esto quedan los extras 7u7 intentaré no demorarme tanto.

Sin nada más que decir, me despido.

Cambio y fuera