Solo les pido una cosa, mantengan la mente abierta a todo, no esperen nada de nadie... mucho menos de mi, para así no defraudarse. No quiero que lleguen aquí con esperanzas de que pase algo, y que luego no suceda nada en absoluto. Créanme, lo he visto miles de veces, y cada vez duele como la anterior, aún cuando lo esperamos de todos modos. Este es un Fic sobre Sasuke Uchiha, lo que pase en su vida amorosa que no las desespere, es un consejo a las fans de Sasusaku. Quizás encuentres un hermoso amor eterno entre ellos, uno epico, o quizás no. Las cosas no pasan siempre como lo planeamos, y aunque haya planeado el que Sakura se quede con Sasuke, cosa que admito desde ya, quizás pasen algunas cosas en el camino que los hagan cambiar para siempre, y que los separen... sin vuelta atrás.
Una de las cosas más útiles que había logrado hacer últimamente aparte de cambiar mis ojos a un intenso color negro era ocultar por completo mi presencia, aunque eso era de una forma más literal, y difícil de creer. Si nadie podía verme, nadie podía encontrarme. Y por lo tanto estaba a salvo. Que era lo que había que demostrar.
Esta tarde, tras dejar a Mario sano y salvo en su casa, me había marchado a este lago solitario para tener un árbol donde refugiarme. No era que me importara lo que la demás escoria pensara de mí sí me veían descansando en un árbol del pueblo. Eso sería como preocuparse por lo que un pollo pensase de mi justo antes de que le retorciera el pescuezo. Y de las cosas que menos me importaban, la opinión de los parásitos del pueblo ocupaba el número uno. No quería llegar a la mansión Uchiha, no quería ver a Sasuke hoy. Así que me había retirado del pueblo, pensé con amargura, al único refugio que me hacía sentir en paz. Aunque eso era ridículo, ya que podía haber pasado la noche en el mejor hotel de Okutama (su único hotel). Pero me sentía en un estado de ánimo malsano, y únicamente quería estar sola. Y en lo único que era capaz de pensar era en desgarrar y hacer pedazos, y en hacer que alguien se sintiera muy, pero muy, desdichado.
Quizás podía simpatizar con algún amigo de Sasuke, ese rubio de Naruto Uzumaki... no. Este es el momento en que me gustaría hablar con Young, contarle las estupideces que hacen en este pueblucho, que todos son unos buenos para nada, que estos jóvenes se creen faroles flotando en el cielo.
¿Puedes creerlo? Los faroles japoneses son un símbolo de dejar atrás el pasado, eso tú me lo enseñaste. Bueno, tengo una noticia... Yo no soy japonesa. ¿Sabes lo que son? Niños. Como si encender una vela fuera a hacer que todo vaya bien. O incluso decir una oración, o pretender que yo no acabare como el resto de los huérfanos en este mundo. Sola. Estúpidos, delirantes, y exasperantes niños. Ya sé lo que dirías... "Les hace sentir mejor, Corinne" ¿Y qué? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Un minuto? ¿Un día? ¿Qué diferencia hay? Porque al final, cuando pierdes a alguien... cada vela, cada oración, cada estúpido farol lanzado al cielo no va a compensar el hecho de que lo único que te queda es un agujero en tu vida donde esa persona que te importaba solía estar. Y una roca. Así que, gracias, padre. Gracias por dejarme aquí para cuidar niños. Porque hace tiempo que debería haberme marchado. Ya no conseguí al chico, recuérdalo. Ahora estoy atrapada aquí luchando silenciosamente contra todos y cuidando niños. Me debes una enorme.
Malditos momentos para pensar, mientras estoy reclinada sobre una rama, y deseando que Sakura Haruno, al menos, hubiese sufrido alguna clase de lesión dolorosa y permanente mientras se iba a su casa, ellos aparecen. Surgidos de la nada, al parecer, Sasuke y Sakurita, tomados de la mano, flotando en una nube de amor, como una pareja de felices amantes alados shakesperianos, como si este lago fuera de ellos. Al principio no había podido creerlo.
Y entonces, justo cuando estaba a punto de invocar truenos y sarcasmos sobre ellos, habían iniciado su escena de amor.
Justo delante de mis ojos.
Justo en mi lago, como para restregármelo en la cara. Habían empezado a besarse y acariciarse y... más cosas.
Me habían convertido en un mirón involuntario, aunque enojada seguí aquí mientras transcurría el tiempo y sus caricias se volvían más apasionadas. Tuve que apretar los dientes cuando el comenzó a besarle el cuello. Había querido gritar que hubo un momento en que aquel muchacho hubiera sido mío si así lo hubiese querido yo, dos veces pude haberlo besado aún más intensamente que ella. En que él hubiese obedecido mi voz de una forma instintiva y el sabor de mis labios lo hubiera hecho alcanzar el cielo en mis brazos.
Como evidentemente le sucedía ahora en los brazos de Sakura Haruno.
Aquello fue lo peor. Tuve que clavarme las uñas en las palmas de las manos cuando Sasuke la rodeo con sus brazos, como una serpiente larga y llena de gracia, y apretó sus labios en el cuello de ella, mientras el rostro de Sakurita se inclinaba en dirección al cielo, con los ojos cerrados.
Por el amor de todos los demonios del Infierno, ¿por qué no acaban de una vez?
Fue entonces cuando advertí que no estaba sola en mi bien elegido y espacioso árbol.
Había alguien más aquí, sentado tranquilamente justo a mi lado en la enorme rama. Debía de haber aparecido mientras contemplaba absorta la escena de amor y mi propia furia, aunque, pese a todo, eso lo convertía en muy, muy bueno. Nadie se había acercado a mí a hurtadillas de ese modo en más de seis años. Siete, tal vez.
La impresión me hizo caer de la rama... sin poner en acción mi destreza.
Un brazo largo, delgado y a la vez musculoso se alargó para atraparme, para traerme a lugar seguro, y luego me encontré mirando un par de risueños ojos marrones.
- ¿Quién diablos eres tú? - Le pregunte, sin preocuparme la posibilidad de que los enamorados captaran la conversación. Nada que no fuese un dragón o una bomba atómica podría atraer su atención en aquellos instantes.
- Soy Yahiko - Respondió el otro muchacho. Su cabello era de un notable anaranjado, liso y brillante. Cada punta de su cabello indicaba una dirección diferente, era desordenado e irregular. Por otra parte su piel era blanca, se veía perfecta a la luz del sol. Tenía una nariz perfecta y puntiaguda, y sus labios eran de un rosado pálido.
- Casi todo el mundo me llama solo Yahiko - Añadió con seriedad, mirándome, dejando que aquellos ojos se arrugaran un poco para demostrar que no era una broma - Ahora que tú sabes mi nombre, ¿quién eres tú?
Yo solo me limite a contemplarlo en silencio, era un ángel.
Corinne Uchiha
