¡Tengo una gran noticia para contar! ¡Y es aún mejor que lo que ocurrió el sábado! Pero antes, un poco de introducción…
Tuve Geografía en la primer hora, ¿puede haber algo peor? No lo creo. La profesora hablaba pero yo sólo la observaba mover la boca, sin oír una palabra de lo que decía. Flotaba en mi nube de pensamientos sobre "la noche de la aventura", como la voy a llamar de ahora en más.
Kelly me hizo volver a la Tierra, tocándome el brazo y entregándome un papelito. Con una seña le pregunté de parte de quién era y, dando a entender que era obvio, señaló hacia atrás. Volteé y me encontré con un rubio que me miraba sonriente. Me contagió y sonreí también. Abrí el papel y leí "Tengo una sorpresa para ti". Tomé mi lapicera y escribí en el reverso "¿Y qué esperas para dármela?". Un instante después recibí el segundo: "En el recreo la tendrás". En ese momento me cuestioné por qué Niall tenía que sentarse atrás mío. De otra forma, podría observarlo toda la clase. Se lo comenté a Kelly y me retó por no estar prestando atención.
Escuché el timbre sonar y me puse de pie a toda velocidad.
— ¿A dónde va, Tomlinson? —preguntó la profesora.
— ¿No tocó el timbre? —inquirí señalando la puerta.
—Sí, pero dije que nadie se levanta hasta que termine de dictar los deberes para la semana que viene. Eso le pasa por estar mandándose mensajitos con Horan todo el día.
Esto provocó que todos mis compañeros hicieran comentarios y se burlaran de nosotros, lo que hizo que me pusiera roja como un tomate de la vergüenza que sentía. .
Genial. No sólo no había escuchado las órdenes de la profesora, sino que ni siquiera me había enterado que había estado dictando algo. El año pasado no tenía problemas con prestar atención en clase, pero tampoco tenía a alguien con quien mandarme papelitos, supongo que eso lo explica todo.
Así que tuve que esperar a que la odiosa mujer se retirara, y ahí sí, disparé hacia el pasillo. Atrás mío salió Niall.
— ¿Y mi sorpresa? —extendí mis brazos, con las manos abiertas, esperando que me diera algo.
—Así no. Tienes que cerrar los ojos —respondió sonando divertido.
Los cerré y besó mi mejilla. No lo esperaba para nada, y me puso algo nerviosa. Volví a abrir los ojos y sonreí al ver su hermoso rostro tan cerca del mío.
—No era eso —confesó riendo—. Tengo hambre, vamos al kiosco.
Protesté pero igual lo acompañé.
— ¿Se puede saber a dónde estamos yendo, Niall? —le pregunté ansiosa, una vez que terminamos de comprar.
—A un lugar secreto —dijo elevando sus cejas—. Ayer encontré una puerta por la que se va al sótano, me dijo Zayn. ¡No nos va a pasar nada! —agregó enseguida al ver mi cara de desaprobación.
Definitivamente no me convencía mucho la idea pero, ¿qué más daba? Estaba con Niall, a punto de ir a un "lugar secreto", no podía desaprovechar la ocasión.
Así que, siguiendo sus instrucciones, nos sentamos en el piso, apoyando nuestras espaldas contra esa puerta, y cuando no pasaba nadie, la empujamos y entramos. Niall tenía razón, nadie nos encontraría ahí, porque de afuera parecía estar cerrada. Puedo afirmar que estas cosas no tenían lugar en mi vida el año pasado.
Bajamos por la escalera y nos encontramos con un sucio sótano. Y oscuro, muy oscuro. Incluso más que el camino por el que caminamos el otro día. Quise alumbrar con el celular pero Niall me lo quitó con la excusa de que sería menos emocionante. Pero no soporto no ver qué estoy pisando. Se lo expliqué, pero no me hizo caso.
Encontramos un espacio en donde la pared estaba descubierta, así que nos sentamos contra ésta. Empezamos hablando de cosas sin sentido como el clima y otros temas de los que la gente habla cuando no sabe qué decir. Pero rápidamente, alcanzamos ese punto en el que comienzas a revelarle secretos íntimos al otro. No soy de confiar en la gente en tan poco tiempo, pero con Niall siento que no corro ningún riesgo al contarle acerca de mis cosas.
Le dije que creo que es muy afortunado por tener todo lo que quiere: una casa hermosa, una familia perfecta, puede viajar cuando quiera, tiene más amigos que cualquiera que haya vivido en Holmes Chapel toda su vida.
—Sí, pero así y todo, siento que me falta algo… O alguien, mejor dicho.
¿Niall me estaba insinuando que me necesita para ser completamente feliz? Pensé que había entendido mal, pero luego agregó:
—Me gustas, Hayley. Mucho.
Juro que hice mil esfuerzos por contestarle que él también me gusta a mí, ¡pero no pude! Entonces recordé la última y única vez que besé a alguien, y la forma en que lo arruiné completamente. El miedo a volver a fracasar que sentí hoy fue el doble que el de aquella vez, porque sabía que era probable que todo saliera mal.
Pero, de repente, todos esos sentimientos negativos se alejaron de mí como por arte de magia. O, vamos a decir, como por arte de un irlandés maravilloso. Niall tomó mi cara con ambas manos y se acercó hasta unir nuestros labios. Esta vez no me reí, aunque tenía ganas de hacerlo, porque me sentía increíblemente feliz. No quería separarme de él por nada en el mundo, pero tarde o temprano tuve que hacerlo. Y en ese momento sonreí, y también lo hizo él.
—Tú también me gustas mucho, Nialler —solté finalmente, y me sentí aliviada de que todo salió bien.
Niall me posó sobre su pecho y me rodeó con sus brazos. Nos quedamos en esa posición hasta que volvió a sonar el timbre. Nos perdimos una clase por estar escondidos en ese lugar, pero no me importó. Vuelvo a decir, el año pasado lo habría pensado dos veces, pero nadie me habría ofrecido acompañarlo al sótano para estar solos.
Salimos cautelosamente, igual que cuando entramos, y luego de hacer unos pocos pasos me encontré con Matt. Al verme caminando con Niall de la mano, me guiñó un ojo y pretendió seguir su camino, pero yo lo tomé de la manga del sweater.
—No te preocupes, nadie notó que no estaban en el aula —fue lo primero que dijo, como si supiera que era eso lo que iba a preguntarle—. Kelly y yo escondimos sus cosas para que la profesora no se diera cuenta, ¡y funcionó! —se alegró.
Le agradecí y le dije que era un gran amigo. Luego nos separamos, Niall y yo nos dirigimos al aula, y allí le agradecimos también a Kelly.
A la hora de la salida, el rubio, mi rubio, me invitó a almorzar, pero le recordé que los jueves como con Harry, sin excepciones. No se molestó en lo absoluto, o al menos no lo demostró.
Apenas me encontré con mi mejor amigo, le conté lo de la aventura del sótano. Hizo su mejor esfuerzo por mostrarse interesado, pero no le salió del todo bien. No entiendo por qué sigue sin agradarle que salga con Niall…
Fuimos a comer a un restaurante chino. Probé una comida cuyo nombre no recuerdo, pero era rara y a la vez rica. Harry debe ser la única persona en el mundo que logra convencerme de probar cosas nuevas. Y lo agradezco, porque sino me perdería de mucho.
— ¡No te conté, Hales! —Gritó en un momento, casi escupiendo lo que tenía en la boca—. ¡Me eligieron para la obra de teatro de la escuela!
Todos los años, el colegio realiza una obra protagonizada por los alumnos. Me dijo Harry que se presentó en cada oportunidad que tuvo, pero nunca lo elegían con la excusa de que era muy chico. Me muero por verlo, haciendo payasadas arriba de un escenario, ¡ya me lo estoy imaginando!
Me acordé del sábado y lo interrogué sobre Evelyn. Me juró que sólo la tomó de la mano porque ella tenía miedo. Aunque yo no lo creo.
