Harry potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling


Tan solo somos una probabilidad,
de historias que se cruzan en algún lugar
es como algo imposible
hecho imposible hecho realidad
Y ahí los dos

Son tantos los caminos que puedes tomar
y tantas las personas que no miraras
tal vez fuimos solo capricho solo del azar
y ahí los dos

Andrés Cuervo/ Destino o Casualidad

Destino o Casualidad

Draco tenía la vista fija en su caldero del cual se elevaba un delicado aroma, tras él un hombre alto de cabellos castaños claros, piel clara y ojos almendrados lo observaba con ojo crítico. Finalmente el mago apagó el fuego donde el caldero había estado hirviendo y volteó el pequeño reloj de arena para poder esperar el momento justo para embotellar la poción.

Tras unos silenciosos diez minutos la poción tomo un color verde y Draco la embotelló para luego entregarla al castaño, el sujeto observó la poción con ojos críticos, abrió el vial y materializo una pequeña planta para probarla, una sola gota basto para que esta creciera el doble de su tamaño.

─¿Y, qué opinas? ─preguntó Serena que había estado observando silenciosamente.

─Debo admitirlo Serena, tenías razón y si él está dispuesto a darlo todo lo aceptare como mi aprendiz.

─¿Qué dices Draco? ─preguntó la chica.

─Que será un honor aprender con usted ─respondió el rubio.

─Bien entonces nos vemos en el Bosque de Plata a las diez de la noche, hoy hay luna nueva y quiero aprovechar para recoger algunos ingredientes.

─Entendido ─dijo Draco aunque no tenía ni idea de donde quedaba el Bosque de Plata.

─Nos vemos luego Serena, hasta la noche chico ─se despidió el hombre y se marchó.

Draco suspiró, dos días atrás Serena lo había llamado a su oficina ya que estaba francamente sorprendida por su talento para las pociones:

─Me ha sorprendido lo bueno que eres para las pociones y si tu quisieras serías un gran pocionista, yo te puedo presentar a uno de los mejores pocionistas, Draco ─el rubio miró la joven.

─Realmente no había pensado mucho en el futuro.

─Sí, supongo que con todo lo ocurrido realmente no ha sido tu prioridad, pero Draco, tú tienes talento y sería un desperdicio que no lo aprovecharas, puedes pensarlo y decirme si aceptas.

─Sí, entiendo.

Draco salió de la oficina y las puertas se cerraron tras él. Camino por los pasillos de la academia, se cruzó con algunos estudiantes y al salir a los jardines vio a Cassiopea haciendo esferas de fuego sin varita para entretener a sus compañeros. En aquel grupo de séptimo curso todos tenían una visión clara de cuál sería su futuro pero él aún estaba estancado preguntándose qué iba ser de su vida ¿sería siempre así, esperando a Harry cuidando de Rigel? ¿Qué había de sus sueños? Cuando era pequeño no hubo mucho tiempo para sueños pues estaban en un guerra siempre alertas pero entonces recordó cuando asistió a su primera clase de pociones con Snape, desde ese momento amó las pociones tanto como la magia, entonces en su segundo año Harry llegó con una poción imposible que él quería replicar. Una sonrisa de lado se abrió paso en su rostro, quería aquella oportunidad.

Dos días después conoció a Turar, un elfo de cabellos castaños y ojos almendrados con un gran ego que para aceptarlo como aprendiz le pidió que le preparara un zumo de naranja perfecto, Draco miró a Serena cuando el arrogante elfo lo miró desafiante.

─Hablo enserio Turar, esto no es un juego, Draco tiene talento ─dijo la rubia encarando al castaño.

─Está bien, si logras fabricar esta poción te aceptare como mi aprendiz ─cedió el elfo entregándole un pergamino con una serie de indicaciones.

Dos horas después Draco era el aprendiz oficial de un arrogante elfo que lo había citado casi a media noche en medio de un bosque. Serena sonrió.

─Turar es algo arrogante pero no es una mala persona y es uno de los mejores pocionistas que conozco.

─¿Es que hay otros? ─preguntó Draco.

─De hecho los naga son los mejores, crecieron usando venenos y creando pociones imposibles capases de frenar a la misma muerte, pero el problema es que son uno de los pueblos más orgullosos que existe y desprecian a los humanos, un naga nunca toma un aprendiz a menos claro que sea un maestro hablante como Harry ─explicó Serena.

─¿Harry fue aprendiz de un naga? ─preguntó intrigado el rubio.

─Oh Harry no tuvo un maestro naga, a él los naga le enseñaron sus secretos, su misma varita está prácticamente forjada por ellos, lo que no me parece muy justo ─explicó Serena haciendo una graciosa mueca.

Draco quiso preguntar más pero en ese momento Luna llegó y también una mujer de gran belleza y ojos azules.

─Te veré en la noche Draco ─dijo Serena despidiéndolo.

Horas después Draco dejaba dormido a Rigel y aún renuente a marcharse miró a Zafrina, la vampiresa le sonrió comprensivamente, era la primera vez que Draco no estaría junto a su bebe de noche ella entendía completamente al rubio.

─El estará bien, lo prometo ─dijo la vampiresa.

─Tal vez no debí aceptar.

─Tranquilo, el pequeño ni siquiera notará que no está aquí.

Aún renuente el rubio salió del castillo, en la puerta lo esperaba Seiya quien lo acompaño hasta el bosque que el elfo había mencionado. Cuando llegaron Draco entendió el nombre pues con la luz de las estrellas todo el lugar emitía un resplandor plateado, incluso las hojas de los árboles.

─Buenas noches chico ─saludó el elfo apreciando repentinamente.

─Hola Turar ─respondió Seiya.

─Buenas noches lobo, gracias por traer a mi aprendiz ahora ya puedes marcharte, yo me ocupare de él ahora ─dijo el elfo.

Seiya le lanzó una última mirada y después se marchó. Draco miró al elfo, sus orejas sobresalían por su cabello y su piel tenía un brillo ligero, se acercó un poco y también notó que él y su nuevo maestro eran de la misma altura.

─Vamos mago hay, que caminar un poco, espero que eso no te moleste ─dijo sarcástico.

─No tengo problema con caminar ─respondió el rubio mirándolo desafiante.

Minutos después Draco estaba arrepentido de sus palabras, seguir el ritmo del sujeto delante suyo estaba siendo todo un reto, sobre todo por qué Turar era tan sigiloso que apenas y parecía tocar el suelo al andar. Draco ya había rasgado su capa y tenía raspones en los brazos que gracias a la sangre de vampiro se curaron al instante pero eso no evitaba el dolor cuando un nuevo corte abría su piel.

─Eres muy ruidoso ─comentó Turar.

─Lo lamento ─respondió molesto el rubio sin detenerse.

─Los magos son tan torpes, son como niños dando tumbos sin dirección ni disciplina dependiendo todo el tiempo de la magia, toman todo de la naturaleza y jamás les es suficiente ─criticó el elfo moviéndose cada vez más rápido.

Draco estuvo a punto de responder pero se mantuvo en silencio, no quería echar a perder su oportunidad, sobre todo con lo que le había costado.

Turar por otro lado miraba de reojo al chiquillo que iba detrás suyo, cuando Serena mencionó a un mago con talento para las pociones no esperaba que fuese algo realmente interesante pero el niño rubio realmente era un diamante en bruto, con una buena guía este pequeño mago sería capaz de lograr grandes cosas pero Turar no iba a ponérselo fácil, si el chico quería aprender tendría que trabajar duro. Finalmente llegaron a un prado que por las profundas sombras dedujo que faltaban pocos minutos para que ocurriera lo que esperaba.

─¿Qué clase de plantas recogeremos? ─preguntó cuando se detuvieron frente al gran prado.

─Cállate y observa ─contestó Turar.

Draco iba a replicar pero de pronto un brillo plateado fue emitido por las plantas y entonces todas sin excepción giraron lentamente y mostraron sus pétalos hacia la luz de las estrellas, pero lo más asombroso eran los colores de aquellas plantas que tenían gran parecido a las rosas pero dentro de cada una parecía haber un pequeño universo de vivos colores que poco a poco se tornaron de un azul tan hermoso que competían con el color del cielo en verano.

─Son rosas estrella, se usan para algunas pociones y lamentablemente florecen sólo durante la primera noche de luna nueva y no duran más de veinte minutos antes de marchitarse y dejar las semillas, que es lo que buscamos principalmente ─explicó el elfo inclinándose y tomando una de aquellas peculiares flores entre sus dedos.

─Son hermosas ─susurró Draco extendiendo su mano para tomar una.

─Y por eso mismo sus espinas son las más venenosas así que no las toques ─le advirtió el elfo.

Draco percibió maravillado como las rosas desprendían un fragante aroma y observó a Turar recoger algunos capullos e ir colocándolos en una cesta, entonces el elfo se puso en pie y retrocedió, Draco quedo aún más sorprendido cuando las rosa que no habían sido cortadas se marchitaban con rapidez y del centro del botón dejaban caer una sola semilla mientras la mata moría.

─Ahora chico te toca recolectar las semillas ─dijo Turar entregándole un alargado frasco─ llénalo ─ordenó.

─Pero me tomará toda la noche ─protestó el rubio.

─Pues mejor empiezas pronto y no te preocupes, el veneno de las espinas muere junto a la planta ─agregó antes de coger la cesta con las rosas cortadas y alejarse del prado.

Draco había sido criado en una mansión, jamás había hecho cosas como recolectar o trabajar, de eso se encargaban sus elfos domésticos. Miró el largo recipiente más parecido a un tubo de lo largo que era y vio la tierra ahora llena de flores marchitas y semillas y entonces, para horror del rubio, las semillas empezaron a hundirse en la tierra por sí solas. Pensó en tirar el frasco y largarse a casa y estuvo a punto de hacerlo pero eso sería admitir su derrota, darle la razón al elfo egocéntrico en que los magos eran sólo ruidosos dependientes de su magia; no, él no iba a ceder. Coloco las rodillas en la tierra y sintió las pequeñas pierdas y la hierba humedecida traspasar su pantalón pero no daría marcha atrás así que empezó a recolectar las semillas.

Desde la copa de un árbol Turar observaba al pequeño mago con una sonrisa en el rostro, era un chico testarudo y eso le gustó.

Ajena a las penalidades que pasaba su primo Cassy tenía en sus manos dos cartas y sus ojos estaban acuosos, Luna era su compañera de habitación pero su hermana se hallaba terminando los deberes de alquimia en la sala común así que estaba sola.

¿Te encuentras bien? ─preguntó telepáticamente Fire posando su cabeza en la mano de su maestra.

─Sí, sólo que no sé qué me pasa ─dijo la chica con voz algo ahogada.

El fénix voló desde su percha y se apoyó en el hombro de la morena acercando su cabeza tratando de darle confort.

─Es una carta de Bella, mi madre biológica ─explico dejando los pergaminos y acariciando a sus familiares.

Fire miró el pergamino en la cama mientras su maestra pasaba su mano por el plumaje del fénix que ahora estaba posado en la cama. La dragona observo la delicada caligrafía de Bellatrix Black.

Querida Cassiopea:

Mi amada hija sé que no tengo derecho de llamarte así ya que nunca realmente estuve contigo, la mitad de tu vida la pasaste en un orfanato por mi descuido y la otra mitad has vivido como hija de mi primo más odiado, yo jamás estuve en tu cumpleaños ni te cuide cuando enfermaste, a mí no me contaste sobre tu primer amor aunque a Sirius le dio un ataque cuando se enteró, lo sé porque Elizabeth me lo contó. Me he perdido todo en tu vida a pesar de que tu padre se sacrificó para protegernos, fue un descuido mío lo que condujo a los aurores a nosotras, tu padre no te conoció Cassy pero nunca dudes de que su amor por ti era infinito y se aseguró de protegerte.

Quería que formáramos una familia pero cuando él murió mis descuidos causaron que me atraparan y cuando pienso en todo lo que me perdí de tu vida siento ira porque fue culpa mía que eso ocurriera y ahora también es culpa mía que no podamos estar juntas, como lo sabes en mi juventud seguí a un mago creyendo forjar un mejor mundo pero eso sólo me trajo infelicidad y a causa de eso ahora regresar a Gran Bretaña para mí sería volver a prisión y no me importaría pero no quiero que me visites allí ni que digan que eres la hija de una mortífaga, no quiero que cargues mis pecados ni que te señalen.

Por eso me alejo de ti mi niña, voy a desaparecer, aquí en donde estoy he recibido la ayuda más inesperada y despareceré pero antes quería verte más comprendo que es imposible, no me busques Cassiopea porque no me hallaras pero recuerda siempre que si alguna vez me necesitas yo acudiré a ti…

Con todo el amor que no te pude dar…

Bellatrix Grindelwald

Cassy se limpió las lágrimas que caían por sus mejillas, sabía muy bien que jamás podría estar junto a Bella pero eso no evitó que soñara con esa posibilidad, por un momento imaginó cómo sería su vida si uno de sus sueños de la infancia pudiera ser posible y no es que no quisiera a sus padres, era sólo que siempre quiso saber más y conocer más a la mujer que la trajo al mundo pero tal como ella lo decía en la carta aquello jamás podría ser.

─Sabes Fire, no sólo ella me escribió, también lo hizo el abuelo ─la dragona ladeó la cabeza intrigada─. Sí Fire, tengo un abuelo y fue un señor oscuro ─agregó con ironía y una sonrisa divertida.

Sobre la cama debajo de la carta de Bellatrix estaba otra, era muy corta y la letra era igual de estilizada y hermosa que la primera pero con las líneas más gruesas.

Querida Casiopea:

Aunque no te conozco en persona ya sé que te quiero, eres la hija de mi pequeño Gillian, eres parte de mi sangre, mi prolongación en este mundo que me ha intentado eliminar tantas veces, sé que no sabes quién soy, yo, Gellert Grindelwald soy tu abuelo y en mi tiempo también fui algo malvado pero como irás descubriendo tú misma son errores de juventud. Para ti mi querida niña sólo deseo lo mejor y un consejo: jamás dejes que la venganza guie tu camino.

Yo no tengo mucho que darte ni decirte ya que personalmente no nos conocemos y no creo que nos conozcamos, ya sabes, no creo que a los magos les haga gracia que me aparezca yo por allí para tomar el puesto vacante que dejo Voldy, seguro salen gritando en busca de quien los salve. Mi pequeña niña este viejo solo puede prometerte que nunca dejará que Bella sea lastimada, yo me encargare de cuidar de ella como me gustaría cuidar de ti y estoy seguro que tu padre estará orgulloso de la mujer que un día serás y de la jovencita que hoy eres…

P.D: Yo cuidare de tu madre no te preocupes por ella.

Cassy cogió las cartas y a pesar de las lágrimas conjuró un fuego blanco a sus manos para rodear las cartas y letra por letra las fue quemando, Fire observó en silencio.

─Es un hechizo de fuego por si alguna vez alguien encuentra de casualidad estas cartas, no podrá ver ni una sola letra y estas hojas solo parecerán un montón de pergaminos corrientes ─explicó antes de abrir un alhajero algo desgastado y colocar cuidadosamente las cartas dentro.

Luna en la sala común suspiró, hacer los deberes de alquimia era algo complicado pero quería llegar a ser tan grandiosa como su madre así que le estaba poniendo todo su empeño. Miró el cuarzo de color verde en su mano y suspiró, tener dominio sobre el aire y ser una hechicera de aire era un problema para ella que quería ser alquimista ya que su magia y la alquimia a veces eran algo incompatibles, su maestra le había dicho que la mayoría de alquimistas eran magos de fuego o de tierra. Ella era una hechicera de aire así que su única oportunidad de cumplir su meta era reconectar con su lado perdido, el lado de criatura, debía aprender cómo usar ese poder que estaba segura había heredado de Pandora.


Regulus miró a Remus, éste le devolvió la mirada algo molesto y ambos volvieron a ver hacia el frente donde Nick, su más rebelde estudiante, aquel que se pintaba el pelo de verde, azul o rojo suspiraba tendido en el sillón.

─¿Crees que se encuentre bien? ─preguntó Remus preocupado.

─Creo que sufre de imprimación ─respondió Regulus indeciso.

─Eso no es posible Reg, Nick no es un lobo puro.

─Saben que estoy aquí y los escucho ¿cierto? ─dijo el chico desparramado en el sofá.

─Entonces dinos que te pasa ─pidió Remus acercándose al sofá.

─No lo sé, sólo siento que no tengo ganas de nada ─respondió abatido.

─Creo que está enfermo ─opinó Regulus.

─Sólo extraña a Daniela ─los interrumpió Claire que desde hace un buen rato había estado viendo divertida a su amigo.

─¿La alfa española? ─preguntó Regulus sorprendido.

─Sí, ella prometió llamarlo pero han pasado cuatro semanas y media y de esa chica ni sus luces ─les dijo Claire.

─Creo que ella sólo jugaba conmigo, digo ¿que buscaría una sangre pura como ella con un laycan como yo? ─se lamentó el chico poniéndose su brazo sobre los ojos.

─¿Daniela?, ¿la misma Daniela amiga de Harry? ─preguntó Remus y recibió un asentimiento departe de Regulus─ ¿Sí sabes que Daniela estudia en Avalon y que no tiene teléfono y a menos que le hayas dado la dirección donde vives jamás podrá escribirte ni una carta? ─preguntó sonriendo.

Nick se enderezó horrorizado, él y su amada Daniela sólo habían intercambiado números de teléfono, con toda razón la chica no llamaba, además ahora que lo pensaba bien no sabía si aquel viejo teléfono que tenían en la casa funcionaba, después de todo sólo lo había usado un par de veces antes de que Sebastián, un chico un poco mayor, se pusiera a jugar con el aparato que Regulus modificó para hacerlo funcionar en un ambiente mágico.

Regulus y Claire se soltaron a reír mientras Remus sólo lo veía con una sonrisa comprensiva.

─Tranquilo Nick, te enseñare como poder mandarle una carta a esa chica ─dijo Remus.

─Sí, pero seguro que cuando ella te vea no te va reconocer, después de todo llevas un mes y medio tendido en ese sofá poniéndote como morsa ─agregó Claire. Nick fulminó con la mirada todos y después de asegurarse de que Remus no olvidara enseñarle la manera de enviar la carta a Daniela se largó al gimnasio.


Snape miró una vez más la casa donde estaba viviendo, fuera podía ver a varios hombres y mujeres caminado, miró la hora y notó que eran las cinco de la mañana, se dio la vuelta y volvió a su recamara.

Llevaba un mes en Bucarest, trabajaba directamente con la joven alfa preparando pociones y actuando como un sanador, los lobos le habían dado su protección y aunque en un principio pensó en volver a Gran Bretaña después lo descartó, estaba bien donde estaba ahora aunque fuera el único mago en aquel lugar, los lobos lo respetaban y nadie sabía de su pasado o si lo sabían no le daban importancia, además era un sitio tranquilo.

Se recostó en la cama dispuesto a dormir un poco más. Un aullido agudo resonó fuera y pronto otro le contesto, vivir en una ciudad controlada enteramente por lobos fue algo que ni en sus más locos sueños imaginó pero allí estaba y lo sorprendente era que estaba experimentando algo parecido a la felicidad.


Sirius estaba dormido mientras las luces del atardecer iban entrando por la ventana, Elizabeth salió de la cama haciendo que la sábana se deslizara como agua sobre su piel desnuda y su largo cabello rubio le cayó por la espalda, miró a su marido y sonrió, Sirius había dejado de usar los hechizo de glamour para ocultar su edad, la edad en la que su tiempo se detuvo, el juvenil rostro le hizo recordar cuando lo conoció en medio de una pelea y como con una sola mirada supo que él era al que amaría toda la eternidad. Para ella no hubieron dudas, había esperado y había sido paciente sin tener otros amantes por lo que no sabía qué se sentía eso y por esa razón en aquel momento no sabía cómo aconsejar a su hijo, aunque ella no lo trajo al mundo lo amaba como si hubiese sido así.

Harry, el moreno de ojos verdes le preocupaba al igual que el joven Malfoy, Harry era un misterio para todos, ellos lo habían hablado pero no sabían que hacer y cuando ella descubrió la verdad sobre el naga no supo que decirle, sólo fue conocer a Zealand y descubrió lo que aquel joven ocultaba. Entendía en parte a Harry ya que él fue bendecido, no esperó por su pareja como todos ellos, Harry había conocido a Draco antes siquiera de despertar y ella tenía miedo pues el moreno no sabía la suerte que había tenido, no tuvo que estar solo soñando con algún día encontrar a esa persona, no se había aferrado a la esperanza de que cuando su compañero naciera el estaría cerca y se podrían conocer, no. Harry no tenía ni idea de la suerte que lo había acompañado. Además esos dos chicos apenas y habían convivido juntos y ya tenían un hijo, el destino parecía encaprichado en jugar con ellos y los separo una y otra vez pero también los hizo forzar sus vínculos como pareja y sí, estaban destinados, sus almas eran gemelas y encajaban a la perfección ¿pero serían capases de permanecer así, juntos? era una pregunta que atormentaba a la condesa desde que supo que su hijo ya tenía una pareja destinada.

«Te estas preocupando demasiado» había dicho Amon.

«Estarán juntos, han sellado el vínculo» opinó Vald.

«Pero ambos son demasiado jóvenes e inmaduros, además ni siquiera se conocen bien, apenas y han tenido tiempo de convivir»

«Pero él es su pareja» insistió Vald.

«Cuando conociste a Morgana supiste que ella era tu compañera eterna y tu alma se llenó de gozo pues habías esperado tanto por ella que nunca más fuiste capaz de mirar a otra mujer; y lo mismo va para ti Amon, a Sakura la esperaste siglos soñando con conocerla y la viste crecer, fuiste primero su amigo, su protector y después de mucho recién la tomaste como compañera» ambos guardaron silencio.

«Pero tú y Sirius son más parecidos a Harry y Draco» objetó Vald.

«Incluso cuando transformé a Sirius y fuimos más pasionales supe que jamás amaría a otro hombre pues yo había hallado al que era perfecto para mí, al que esperé tanto» dijo Elizabeth.

«Lizy…»

«Me preocupa la relación de Draco con Harry, porque hay alguien más que ha elegido a Harry como pareja y temo que él lastime a Draco o que el mismo Harry lo haga sin darse siquiera cuenta porque creo que Harry no sabe apreciar lo que tiene, no sabe ni conoce ese sentimiento de sentirte incompleto»

La rubia cerró los ojos y se sumergió en la tina, el agua se agitó y se derramó un poco, estaba seriamente preocupada por su hijo y sobre todo por el joven mago, ambos eran demasiado jóvenes en su opinión y además Harry seguía comportándose como un chiquillo al que le gustaba la libertad dando por hecho que el mago siempre estaría allí para él.

─Sólo espero que madure y se dé cuenta de lo afortunado que ha sido…

─¿Quién quieres que madure? ─preguntó Sirius desde la entrada del baño, completamente desnudo.

─Tu querido hijo amor, ya es padre y aún anda por ahí lejos de su familia.

─Harry es joven, ya aprenderá ─dijo el hombre.

─Espero que sí, pero ahora por qué mejor no me ayudas a lavarme la espalda ─preguntó sonriendo, Sirius se rió y se metió también a la tina.


Turar cabeceó y casi se fue de cara al suelo, el sol ya había salido así que calculó que debían ser las seis. Volvió su vista al frente y observó con atención el prado, no había nadie, al final él había tenido razón. Soltó un suspiro y saltó del árbol cayendo de pie, en sus manos aún estaba la cesta con las rosas todavía frescas como si recién las hubieran cortado, estaba por irse cuando un frasco completamente lleno de semillas rojizas le fue puesto prácticamente en la cara, sorprendido vio al que sostenía el frasco, el mago rubio estaba despeinado sudoroso y lleno de tierra, su ropa estaba completamente estropeada y sus manos antes tan pálidas y blancas ahora eran una calamidad. Rápidamente se repuso de la sorpresa y sonrió.

─Bien hecho chico.

─Draco.

─¿Qué?

─Mi nombre no es «chico», es Draco Malfoy ─respondió desafiándolo con la mirada.

─Bien entones Draco, nos veremos en el aula de pociones ─dijo Turar sonriendo, Draco asintió y se marchó caminado lo más dignamente que le fue posible.

Dos semanas pasaron desde que el elfo y el mago se conocieron, Draco demostró ser un aprendiz brillante aunque Turar jamás lo admitiría.

─Ten cuidado con esas raíces, si las echas antes de tiempo el caldero explotará y si las echas después pues probablemente vueles la mitad de la academia ─indicó el elfo sujetando la mano de Draco que estaba a punto de echar el último ingrediente de la poción.

Draco volvió los ojos a su reloj de arena y vio que aún faltaba que cayeran unos granos, Turar soltó la mano del mago y una sutil sonrisa se dibujó en sus labios.

Otras dos semanas pasaron. Draco miró las cartas que había recibido de Harry y que siempre terminaban con la misma frase «no olvides que los quiero». Él no lo olvidaba pero el moreno parecía haberlo olvidado pues aún no volvía y ya habían pasado casi dos meses, los ojos verdes de Rigel le dieron una larga mirada y Draco suspiró, levanto al bebé y decidió salir a dar un paseo. Al principio pensó en ir a visitar a su madre pero al final decidió que mejor no y se encaminó hacia el borde de la isla, cerca de la playa. Rigel en sus brazos parecía estarse durmiendo finalmente, Draco llegó a la playa, estaba bastante lejos del castillo y en un lugar escondido.

─¿Qué haces aquí Draco? ─preguntó Turar dándole un susto al mago.

─¡Turar! –exclamó sorprendido girándose en redondo, tras él estaba el elfo, vestía más informal y no tenía ese aspecto temible con el que Draco lo conoció.

─¿Ese niño es tuyo? ─preguntó el castaño.

─Sí, su nombre es Rigel ─afirmó orgulloso, el elfo miro curioso al bebé que su aprendiz sostenía en brazos.

─Así que es cierto, estas emparejado con un chupa sangre ─suspiró sin mirar al chico.

─Sí, Harry es mi pareja.

─¿Y dónde está ahora ese Harry, Draco? ─preguntó Turar, los ojos del rubio vagaron por el horizonte mientras se mantenía en silencio.

»Me lo imaginaba, después de todo está en su naturaleza, los vampiros son posesivos pero una vez consiguen lo que quieren se cansan y se marchan en busca de nuevas emociones.

─Él va a volver ─afirmó el rubio.

─No sueñes niño, si ese vampiro vuelve no será por ti, lo hará porque jamás pueden dejar atrás un hijo, ese es un lazo mucho más fuerte que cualquier otra cosa.

Draco miró los ojos almendrados del elfo, había algo extraño en ellos, algo que hasta ahora no había notado. Repentinamente Turar alargó la mano y acarició la cabeza de Rigel que dormía.

Vio al elfo acariciar el cabello rubio del bebé, pero entonces la mano del elfo abandonó al niño y se trasladó a la meguilla del rubio. Draco sintió una suave caricia y rápidamente retrocedió, Turar sonrió divertido, le gustaba asustar a su aprendiz.

─Tranquilo Draco, sólo estoy jugando ─dijo el elfo riendo.

─No lo vuelva a hacer.

─Claro, como quieras.

En ese momento una mancha marrón apareció seguida de otra, ambas se detuvieron y Draco pronto se encontró con Chris y Hermione mirándolo intrigados, volvió la cabeza para despedirse de Turar pero el elfo ya se había marchado.

Turar vio a los adolescentes irse y suspiró, le gustaba su aprendiz y definitivamente se lo robaría a ese vampiro.

Los días fueron pasando y el elfo aprovechaba cada ocasión para tener pequeños roces con el mago, a veces lo sujetaba de la mano para corregirlo, otras ocasiones hacía que sus manos se tocaran accidentalmente pero Draco siempre se apartaba rápidamente.

El tiempo siguió y entonces el día que Turar había temido llegó: el vampiro había vuelto. Turar no tenía que ser un genio para ver el amor que el rubio tenia por el moreno pero él veía algo, un secreto en el vampiro, algo que no encajaba.

Cuando Harry junto con Carrie y Aurel aparecieron en Avalon lo último que Harry esperaba era encontrar a su novio sentado junto a un elfo, los ojos verdes del moreno cambiaron a carmín pero Aurel le dio un codazo y se tranquilizó.

─Draco ─dijo el moreno, el rubio giro rápidamente y se encontró con los ojos verdes que tanto amaba pero no por eso se iba a lanzar a los brazos del vampiro sino que elegantemente se puso en pie.

─Al fin volviste ─saludó arrastrando las palabras, Harry sonrió, ese era su Draco.

─Sí y te extrañe muchísimo, no sabes cómo muero por ver a Rigel ─respondió acercándose al rubio.

─Así que tú eres Harry ─dijo Turar mirando al vampiro de pies a cabeza, era como todos los nosferatu, de belleza sobrenatural y egocéntrico.

─Sí ¿y tú quién eres? ─preguntó celoso.

─Él es Turar Silvers, mi maestro de pociones. Turar este es Harry Black ─los presentó Draco.

A Harry no le agradó el elfo, sentía que aquel hijo del bosque buscaba algo más con su amado rubio. Aurel suspiró, apenas llegaban y ya veía nubes de tormenta; Carrie por otro lado sentía que Harry necesitaba tener un rival verdadero para que dejara de abandonar a Draco.

Unas horas más tarde en el Castillo Negro Harry estaba enfadado, Draco saldría a recolectar quien sabe qué con su maestro y si pasar la noche solo sin su novio no fuera suficiente Rigel parecía tenerle aversión pues apenas y él se acercaba a la cuna el bebé les hacía saber cuan potentes eran sus pulmones.

─Es normal que llore cuando te vea, él no te conoce Harry ─explicó James calmando el llanto de su nieto.

─Pero soy su padre ─protestó el moreno.

─Pero él no lo sabe idiota ─refutó Draco molesto, había discutido con Harry cuando le dijo que iría a recolectar algunas cosas con Turar.

─Deberías comportarte más acorde a las circunstancias ─sugirió Hermione acurrucada en el pecho de Aurel que miraba silencioso lo que ocurría.

─Esto es completamente absurdo, no me fui porque quería yo necesitaba…

─Siempre es lo que tú necesitas Black, siempre eres tú ─soltó de pronto Draco cortando lo que Harry iba a decir, Aurel suspiró y salió llevándose a Hermione, James hizo lo propio llevándose a Rigel.

─Eres muy injusto Draco ¡no estaba por allí jugando! ¡Intentaba crear un mundo más libre para evitar que alguien en el futuro lastime a Rigel o a ti! ─exclamó molesto.

─¡Claro! ¡Y por eso no regresaste aun cuando todo aquello termino hace más de dos meses!, no soy idiota Harry, sé que después del ataque a Hogsmeade tú no volviste a aquel consejo con los demás ─le respondió furioso el rubio.

─Estaba en otro lugar necesitaba…

─A eso me refiero Black, siempre eres tú, todo gira en torno a lo que tú necesitas, lo que tú quieres pero ¿qué hay de lo que yo quiero o lo que tu hijo necesita?, si era tan importante lo que estuviste haciendo dime dónde estabas ─cuestionó el rubio.

Harry desvió la mirada molesto, no era así como se había imaginado su regreso, no esperaba oír reclamos, tal vez sí enfrentarse a la molestia de Draco y los reclamos de Cassy pero una pelea con su novio no era lo que había esperado, además odiaba pelear con él porque cada que veía en los ojos de su pareja esa tristeza y desilusión su lado más oscuro rugía furioso y era una lucha interna la que se desataba en su mente y corazón, más por otro lado también detestaba los reclamos.

─Sí, eso supuse ─dijo Draco cuando vio a Harry quedarse callado.

Draco estaba frustrado, había dejado salir todo lo que había estado reprimiendo desde que supo que Harry no volvería hasta quien sabe cuándo. La frustración, la ira y los celos habían sacado a flote todo lo que el rubio había estado guardando pero ya no quería seguir con aquello, además se le hacía tarde.

─Volveré más tarde ─se despidió en un susurro y se marchó. Harry se dejó caer en el sofá.

James apareció poco después, ya no tenía al bebe en brazos y Harry suspiró aliviado porque no sabría qué hacer con el niño si no dejaba de llorar.

─Rigel está dormido, si quieres hablar ahora…

─No, estoy bien puedes irte. Seguramente Oriana está esperando su cuento, de todos modos gracias por tu ayuda ─dijo Harry sin mirarlo.

─Bien entonces nos vemos después Harry.

Draco conocía el camino y llegar al Bosque Plateado no fue problema, menos aún encontrar a Turar pero por más que lo intentaba no conseguía concentrarse en lo que estaba haciendo, repentinamente sintió las manos del elfo sobre las suyas, alzó la cabeza sorprendido.

─¿Qué te ocurre? ─preguntó el elfo preocupado.

─Nada, estoy bien ─respondió Draco.

Turar suspiró, no entendía muy bien qué le pasaba pero podría jurar que tenía que ver con el vampiro, se puso en pie obligando a Draco a imitarlo, el rubio desvió la mirada lo que hizo al elfo soltar otro suspiro y soltarle las manos pero no por eso se apartó, al contrario, se acercó más y rodeó al chico con sus brazos, Draco se puso rígido.

─Oye puedes confiar en mi ─le dijo al oído.

El rubio soltó un suspiro, no quería hablar de sus cosas, él no era de andar quejándose con otros y menos con su maestro pero se sentía tan frustrado.

─Black es un idiota ─susurró finalmente.

─Te dije que los vampiros son demasiado egocéntricos, sólo piensan en ellos ─dijo Turar─ y la verdad es que ellos no conocen lo que es el amor, sus corazones son fríos ─agregó.

─Harry es un idiota pero sé que me quiere, yo…

El elfo se separó de Draco, le frustraba la devoción que este chico tenía por el vampiro. Quería obligarlo a ver cuán oscuros eran los vampiros, quería enseñarle lo dañinos que eran antes de que Draco se hundiera y no pudiera apartarse ya como las otras parejas de los nosferatu, porque él odiaba a los vampiros. No le habían hecho nada pero los elfos y los vampiros eran enemigos naturales, los elfos pertenecían al bosque, eran preservadores de la vida; los vampiros sólo sembraban muerte y destrucción a su paso, los elfos eran luz y los otros oscuridad, dos lados opuestos y Turar lo que más deseaba era salvar a su pequeño aprendiz de las garras de esa oscura criatura.

─Ese nosferatu sólo te arrastrara a la oscuridad y llenará tu vida de tristeza. Ven conmigo, rompe los lazos que te unen a él, aún estas a tiempo ─dijo acercándose más, Draco miró sorprendido los almendrados ojos de su maestro y cuando menos lo espero sintió los cálidos labios del elfo sobre los suyos.

Harry se quedó de piedra al igual que Chris, ambos gemelos a insistencia del primero habían seguido al rubio y dejaron a Rigel al cuidado de Carrie, Harry había oído la conversación y por un momento estuvo a punto de ir a partirle la cara de niño bonito al arrogante elfo pero después de oír todo lo que le había dicho a Draco y ver al rubio titubear empezó a considerar que el estúpido hijo del bosque tenía razón, él hasta ahora solo le había causado dolor a la persona que decía amar, hasta ahora tal como se lo había dicho Draco sólo había pensado en lo que él quería y por culpa suya el mago estuvo en peligro desde que se conocieron. Las sombras se alzaron alrededor del moreno, Chris iba a hablar pero antes de decir nada Harry lo sujetó del brazo y ambos desaparecieron.

Draco primero se había puesto rígido al ser tomado por sorpresa pero cuando su mente registró lo que pasaba le dio un empujón al elfo.

─¡Nunca vuelvas a hacer algo así! ─le gritó antes de marcharse corriendo.

─Me gustas demasiado pequeño mago, demasiado como para dejarte con ese vampiro que solo te llevara a la oscuridad ─dijo Turar.

Harry había aparecido directamente en su habitación, Carrie tenía en brazos a Rigel que iba quedándose dormido nuevamente.

─Harry, estoy seguro que... ─el moreno alzó la mano y Chris se quedó en silencio.

─Quiero estar solo ─dijo el moreno y extendió los brazos para coger a su bebé.

─¿Estás seguro? ─preguntó Carrie, ella había sido testigo de que Rigel lloraba cada que veía a Harry.

─No te preocupes, procuraré no despertarlo ─dijo el moreno, con cuidado la chica puso al bebé en los brazos del moreno pero apenas el niño cambio de brazos abrió los ojos y al ver la cara de nosferatu abrió la boca para lanzar un tremendo alarido que nunca se oyó pues Harry desapareció junto al bebe.

─¡Harry! ─exclamó Chris.

─¿Qué pasó? ─preguntó la rubia.

─Una larga noche ─respondió.

Draco se alejó lo más que pudo del Bosque de Plata, había estado frustrado cuando entró a aquel lugar pero ahora estaba furioso, era cierto todo lo que había dicho Turar, Harry era eso y más pero a Draco le gustaba el idiota vampiro con todo y defectos, lo amaba a pesar de que la mayor parte del tiempo parecía que sólo él era quien luchaba por no dejar que su relación desapareciera en nada. Caminó lentamente seguro de que tenía impregnado el aroma de Turar y cuando llegara al castillo apenas el moreno lo sentiría iniciaría otra discusión pero qué más daba, aquella noche ya se había ido al demonio.

Draco ingresó al silencioso castillo y se dirigió a su habitación pero no había nadie, ni Harry ni Rigel y en el resto del castillo reinaba el silencio, parecía que nadie más estaba allí. Entonces le asaltó el temor de que Harry lo hubiera seguido y visto el beso con Turar y en venganza el moreno se hubiese largado llevándose a Rigel pero en ese momento Harry apareció en la habitación, tenía a su bebe dormido y con cuidado lo colocó en la cuna. Draco se puso tenso cuando el moreno se enderezo, sabía que el vampiro olería fácilmente la esencia del elfo más después de mirarlo a los ojos Harry suspiró.

─Buenas noches Draco ─dijo antes de salir de la habitación dejando al rubio plantado allí sin saber qué hacer.

Él salió poco después y vio por los pasillos pero no había nada ¿qué rayos acababa de pasar? Habría esperado cualquier reacción de parte del moreno pero no aquella indiferencia… ¿sería acaso que le daba lo mismo lo que pasara con él?

Draco se acostó muy confundido y de igual manera se despertó, además Rigel parecía haber dormido toda la noche sin despertar ni una vez, algo sorprendente a menos claro que el idiota de Black le hubiese dado una poción para dormir ¿sería capaz?, se preguntó pero al acercarse a la cuna Rigel jugueteaba con un montón de peluches que la noche anterior estaba seguro no estaban allí.

Harry por otro lado había cogido una habitación en el tercer piso del castillo, en una de las torres, la había oscurecido con sus sombras y ahora dormía, definitivamente le tenía un nuevo respeto a Draco, Rigel era toda una tortura para los oídos además el bebé parecía tenerle algo de miedo y sólo dejaba de llorar cada vez que le hacía un nuevo peluche y le hablaba con voz suave aunque aún soltaba un berrido cuando Harry lo cogía en brazos. La noche anterior antes de que el pequeño gritara él los había llevado hasta la casa de su antigua maestra Badi, la hechicera naga que le empezó a enseñar cuando aún era un niño y claro, Rigel había despertado a la mujer serpiente que había estado dispuesta a maldecir a Harry por la osadía pero antes que nada le había quitado al bebé de los brazos y lo había acunado con delicadeza susurrando un cantico que hizo que el niño se quedara dormido.

Draco como de costumbre estaba por ir a dejar a Rigel con Narcissa pero el bebé se había dormido y no quería despertarlo.

─Yo cuidare de él no te preocupes, no tengo nada más que hacer ─dijo repentinamente Harry a su espalda.

─Llora cada que te ve ─le recordó el rubio.

─Sí pero creo que poder solucionarlo ─respondió el moreno, Chris miró a su hermano y luego al rubio, se había acercado a la habitación en el primer piso para ver qué pasaba más después de ver a la pareja se alejó con rapidez.

Cassy se enteró del regreso de Harry aquella mañana cuando todos se volvieron a encontrar en las clases de Transformaciones, la morena se había enojado primero pero con el paso de las horas y con las palabras de Luna se fue clamando, para el final de la clase ya no quería matar a su hermano por abandonar a su familia y desaparecer pero aun pensaba mostrarle lo que opinaba de él.

Después de Transformaciones Draco, Hermione y Chris se reunieron fuera, tenían un periodo libre así que el rubio había pensado ir al castillo.

─Deja que Harry y Rigel se conozcan ─le dijo Chris.

─Creo que tiene razón, si tú siempre estas presente Rigel no dejará que Harry se le acerque ─opinó la castaña.

Harry por otro lado veía atentamente a Zafrina, la vampiresa le estaba enseñando como cambiar un pañal y preparar un biberón mientras Rigel lo miraba aún con temor, lo que causaba su completa frustración.

─No entiendo por qué me tienes miedo si yo jamás te dañaría ─le dijo.

─Tal vez el pequeño percibe el temor de Draco, después de todo ellos tienen un lazo más fuerte ─comentó la mujer.

─Jamás dañaría a Draco tampoco ─afirmó el moreno.

─Tal vez no conscientemente pero sí le has hecho daño desapareciendo sin decir nada, y ya está, así de fácil es cambiar un pañal aunque con magia es aún más fácil pero tendrás que practicar joven rey ─agregó divertida antes de marcharse.

─Tendrás que practicar ─repitió Harry mirando a su hijo.

Él bebe lo miró curioso, para ser un niño de dos meses era muy grande y Badi le dijo que más parecía tener cuatro o cinco meses, además las alas que en un principio tenía habían desaparecido por completo.

─Yo no volveré a lastimar a Draco, te lo prometo Rigel ─dijo en un susurro acercando su mano hacia el pequeño.

Las horas pasaron en la academia cada vez más rápido, se acercaba la hora de ver a Turar nuevamente, el rubio estaba nervioso pero entonces vio a Harry pasar en dirección a la oficina de Serena, lo siguió rápidamente pero no alcanzo a verlo.

Aún tenía clases así que no pudo ir a investigar. Las siguientes horas pasaron cada vez más rápido y finalmente llego la temida hora. Iba lo más lento posible y desde la ventana vio a Harry huyendo de Cassy mientras Luna reía abiertamente con Rigel en brazos, varios chicos se aproximaron a las ventanas y más de uno hacía muecas al ver al moreno escapando de su hermana que tenía fuego de colores en las manos.

─¡Vuelve aquí cobarde, da la cara! ─decía la chica.

─No soy cobarde Cassy sólo no quiero que dejes a Rigel huérfano, además no es justo, eres un pilar de Avalon ─alegó el moreno alzando otra sombra para esquivar a su hermanita.

─Y tú un jodido nosferatu ─respondió la chica.

─¡Cassy! Esas no son palabras de una dama ─la reprendió Harry enfureciendo más a la morena.

Una serie de clicks se oyeron y Draco supuso que era Creevey captando el momento para la posterioridad.

─Draco ─el rubio se puso recto y giró, tras él estaba Turar.

─Ya iba a la clase ─dijo.

─Vamos entonces ─lo apremió el elfo.

Caminaron hasta el aula y Turar abrió la puerta, después de que Draco ingresó la cerró, el rubio dejó sus cosas en la mesa y volteó para hablar con el elfo pero Turar no lo dejo decir nada pues lo sujetó de la nuca y lo besó, esta vez sí reacciono rápido, más aun cuando el elfo intento invadir su boca lo empujo con fuerza y se alejó.

─¡Te dije que no lo volvieras a hacer!

─¿Por qué no Draco, por qué no me aceptas si soy mejor que él? Míralo, aún es un niño que no sabe nada, tú sólo eres parte de su entretenimiento ─dijo mirando desde la ventana hacia fuera donde Harry tenía las manos levantadas en señal de rendición.

─No lo conoces, no sabes nada ─refutó furioso el rubio.

─Sé más de lo crees, los nosferatu sólo llevan muerte a donde van, todos los que los rodean mueren, son bebedores de sangre y ese mocoso te arrastrará al abismo, te consumirás en la oscuridad y no quiero que eso te pase.

─¡Ese no es tu problema! ─gritó furioso.

─Eres mi responsabilidad desde que eres mi aprendiz y me fastidia como te mientes y dejas que él juegue contigo ─dijo.

─Tú no entiendes, yo lo amo.

─Estás cegado por su belleza, lo que sientes no es amor, además a pesar de haber bebido de su sangre y haberte convertido en su supuesto igual no eres capaz de despertar al vampiro ¿cierto? ─las mejillas de Draco se tiñeron de rojo, era cierto, un par de veces habían intentado que aquella sensación que tuvo en Hogsmeade se repitiera pero no lo había logrado─. Lo sabía ─dijo Turar sonriendo y acercándose más al rubio─. Vamos, llama a tu sangre de vampiro si eres su verdadero compañero ─retó.

─¡Aléjate de mí! ─gritó empujándolo y entonces lo sintió, la oscuridad respondiendo.

─Ya oíste a mi pareja elfo ─gruñó una oscura voz a espaldas del rubio.

─Sí lo oí pero quiero ver qué piensa de ti una vez vea tu verdadera naturaleza.

Harry soltó una carcajada, una poción aterrizó a sus pies y un vapor verdoso se elevó rodeándolo, Draco miró al moreno cubierto por aquel vapor verdoso más sus risas se seguían oyendo y finalmente el vapor desapareció dejando ver a Harry sonriente pero sus manos ahora mostraban sus garras de color negro, la piel palida del vampiro estaba casi blanca y sus ojos se mostraban oscuros con un aro dorado en el medio pero lo que dejó sorprendido a Draco y a Turar fueron las alas cubiertas de plumas blancas que salían de la espalda del vampiro.

─Imposible ─dijo el elfo dando un paso atrás.

─¿Qué pasa hijo de bosque, tienes miedo de mí? ─preguntó el moreno sonriendo y dejando ver su blanca dentadura y sus colmillos.

─¿Es esta criatura lo que amas Draco? ─preguntó el elfo.

─No ─respondió el rubio, Harry lo miró con aquellos extraños ojos─, no es sólo esto él es mucho más ─el nosferatu sonrió y le tendió una mano que Draco la sujeto con confianza.

─Ahí tienes tu respuesta elfo ─sonrió Harry, abrazando al rubio sus alas los rodearon y la pareja desapareció.

Harry lo llevó lejos de Avalon y apenas aparecieron lo soltó y dio unos pasos atrás, Draco quiso hablar pero Harry tenía que hablar primero, decirle la verdad y dejar atrás los secretos pues la noche anterior después de mucho meditarlo se dio cuenta de que era un maldito egoísta y por eso mismo no le importaba lo que pensaran de él; sí, tal vez había lastimado a su familia y puesto a todos en peligro pero pensaba corregirlo, había prometido nunca más lastimar a Draco ni ser la causa de su tristeza e iba a cumplir esa promesa aunque para eso tuviera que dejar de lado su gran conexión con los naga y lo que la mayoría catalogaba como «lado oscuro de la magia», amaba Huvelgermir pero estaba seguro de que no volvería si Draco se lo pedía.

Una pequeña sonrisa floreció en los labios del moreno, tal vez era momento de dejar que la luz que poseía floreciera aunque sea un poco. Sólo por Draco, por ese mismo motivo no mató al elfo pero ahora tenía algo que decirle a su amado y temperamental mago.

─Lo siento Draco pero creo que ese elfo no te volverá a instruir en pociones ─el rubio hizo ademan de contestar pero Harry lo interrumpió─. Cuando volví me preguntaste donde estuve, no quería que lo supieras por qué nunca me pareció muy relevante ─soltó una pequeña risita y se alejó un poco─. La verdad es que Lilith me llevo a Huvelgermir y estuve allí hasta que volví. Draco, hay algo que no te dije a pesar de todo lo que pasamos pero cuando me fui la primera vez conocí a un joven naga, él es algo especial sobre todo por ser el hijo único de Medusa, mi antigua maestra.

─Ese es Zealand ¿verdad? ─preguntó el rubio mirando el rostro del moreno.

─Sí, Zea es hijo de Medusa.

─¿Estabas con él cierto? Todo este tiempo tú estuviste con él ─Draco ahora entendía porque su supuesta pareja no volvió, ahora comprendía mejor todo, Harry lo engañó, tal vez ni siquiera debían estar juntos. Retrocedió pues sentía algo romperse en su interior.

Harry iba a responder pero al ver la mirada dolida del rubio entendió que él estaba entendiendo todo al revés, en un par de pasos estuvo frente a Draco y lo sujeto de los hombros viéndolo directamente a los ojos.

─Escúchame Draco y escúchame bien, no importa lo que todos los demás piensen, no me interesa que crean que por mi juventud no voy a ser capaz de apreciar lo que tengo, mi madre y los otros nosferatu me lo han dicho en varias ocasiones y ayer mismo Badi me lo repitió pero te voy a responder lo mismo que a ellos, porque para mí solo existen tú y Rigel, desde que te vi en aquella tienda de túnicas no he podido ser capaz de pensar en nadie más por eso quiero que ahora ya no haya secretos, Zealand me escogió como su pareja, pero él sabe que jamás le corresponderé, tú eres para mí todo pero antes de volver me pidió una última cosa.

─¿Qué? ─preguntó Draco temiendo lo peor.

─Un beso… y yo no me pude negar ─respondió el moreno bajando la mirada.

Draco lo miró a los ojos sintiéndose traicionado porque aunque fuese sólo un beso Harry había estado de acuerdo.

─Quiero volver al castillo, llévame con mi hijo.

─No ─respondió Harry.

─¿Qué es que acaso crees que me voy a quedar aquí contigo y…? ─Harry calló a Draco con un beso, un profundo beso, el rubio intento alejar al vampiro pero el otro era más fuerte aunque eso no impidió que el rubio mordiera a Harry para liberarse─ ¿Cómo te atreves? ─dijo el rubio alejándose.

Harry empezó a reír dejando extrañado al rubio, tal vez ya se había vuelto loco.

─¿Qué te pasa? ─preguntó.

─Lo siento Draco es que recordé al elfo idiota, él me dijo que te dejara, que si te amaba te dejara libre, literalmente me dijo «eres dañino para Draco aléjate de él» ¿y sabes qué? Durante un buen rato lo estuve pensando, que era cierto, no soy la mejor opción como pareja, soy infantil, egocéntrico, egoísta y un completo desastre como Aurel suele decir o como sé que todos piensan y no se atreven a decírmelo pero, ¿sabes algo más?, no me importa, no interesa lo que piensen y creo que tampoco me interesa mucho lo que tú digas porque puedo sentir como tu corazón se acelera cuando me acerco y aunque te suene arrogante no te voy a dejar ir, no cuando sé que me amas tanto como yo a ti, es el destino Draco ─Harry terminó haciendo una dramática pose de pesar.

─¡Estúpido vampiro arrogante y egocéntrico! ¡¿Quién dice que yo te amo?! ¡¿Quién dice que te quiero cerca?! ─exclamó aunque sus mejillas se habían puesto rojas.

─Tu corazón me lo dice y él no es mentiroso ─rió antes de tomar nuevamente los labios del rubio.

Draco trató de alejar al moreno pero después de un momento dejó de luchar y se entregó al deseo afirmando lo que el moreno arrogante había dicho, amaba a aquel vampiro inútil y nada ni nadie cambiaría eso.


En una mansión en las afueras de la Toscana una mujer enfundada en un kimono corto mecía en brazos a un pequeño bebé rubio que se había quedado dormido.

─Al fin se durmió ─mencionó un hombre de piel oscura y felinos ojos de color azul eléctrico.

─Lo sé pero creo que sus padres están intentando darle un hermanito ─comentó la mujer sonriendo mientras sus nueve colas blancas se agitaban divertidas.

Unas horas más tarde Draco despertó y miró por la habitación, normalmente Rigel despertaba a esa hora pidiendo su comida pero no podía ver la cuna de su hijo, entonces oyó el leve ronquido de Harry que le hizo voltear y fulminar con la mirada al moreno, sin pensarlo mucho lo tiró al suelo.

─Eso me dolió ─se lamentó el moreno─ ¿qué pasa Draco, ya quieres iniciar otra ronda? ─preguntó pícaramente.

─Estúpido vampiro pervertido ¿dónde dejaste a nuestro hijo? ─preguntó con las mejillas encendidas.

─Pues está en la habitación continua muy bien cuidado ─declaró el moreno.

Draco se puso en pie y Harry hizo aparecer una bata sobre los hombros del rubio que se la acomodó y fue a ver al pequeño, apenas ingresó vio a un zorro de nueve colas dormido a los pies de la cuna y un leve gruñido amenazador se oyó en la habitación, entonces vio a un enorme animal alzar la cabeza y olfatear el aire para luego bajarla nuevamente y observar como el rubio se acercaba temeroso a la cuna.

─Te dije que estaba bien ─le susurró al oído Harry.

─Durante esos meses en que no volvías llegué a creer que el sería todo lo que me quedara de ti ─susurró

─Lo siento, lamento haberte lastimado ─dijo el moreno rodeando al rubio con los brazos.


Dos meses más tarde.

Una pareja bastante peculiar caminaba por la gran muralla china, uno de ellos llevaba en brazos a un bebé de un año que le quería quitar las gafas oscuras.

─No Rigel, lo ojos de papá son delicados y el sol no es de mucha ayuda ─protestó el moreno.

─Creí que el sol no te afectaba ─comentó el rubio.

─Y no lo hace pero con estas gafas me veo cool ─respondió.

Draco sonrió y movió la cabeza, sólo al tonto vampiro se le ocurriría una excusa tan tonta para ocultar una debilidad.

─Vamos hay que volver, tengo clases en veinte minutos ─dijo el rubio.

─Bien, dile «adiós» Rigel ─respondió Harry.

─Espera qué… ─un capullo de sombras se tragó a Draco.

─Me va a querer matar cuando volvamos ─dijo Harry sonriente.

Rigel balbuceó en respuesta y Harry se rió. Su hijo parecía tener un año, había crecido mucho preocupando a sus padres pero Hotaru les dijo que era normal, después de todo el pequeño era mitad vampiro y antes de nacer fue bañado con magia pura acelerando su nacimiento.

«No se preocupen, no creo que siga con el crecimiento acelerado mucho más, los residuos de magia están eliminados por completo» afirmó la joven oráculo.

Draco apareció en medio de la sala, maldijo al moreno y su estúpida forma de ser.

─¿Qué paso Dragón, Harry te jugo una nueva broma? ─preguntó un alto y fornido hombre de cabellos plateados.

─¿Y dónde está el chico? ─pregunto otro hombre pelirrojo.

─En China ─respondió Draco rodando los ojos.

─Jajaja está vez sí que está lejos ─comentó el pliplata.

─Y lo mataré cuando vuelva ─dijo Draco.

─Bueno, eso déjalo para después, ahora vamos a lo que nos concierne Dragón ─dijo el pelirrojo.

─Claro… ─respondió.

Draco miró a los dos naga, Harry se había encargado de conseguir un sustituto para su antiguo maestro de pociones, ahora Draco podía decirse que era el orgulloso aprendiz humano de un naga, específicamente de Mizuz, antiguo maestro de Harry, y tal como lo dijo Serena hacía tiempo los métodos de enseñanza de los naga eran muy diferentes a los que conocía y le costó un poco acostumbrarse pero lo logró con la ayuda del moreno.

─Eh Draco, tienes correspondencia ─dijo Mizuz mostrándole un manojo de cartas.

─Sabía que no debimos irnos tanto tiempo ─masculló el rubio.

─Oh, esta es de Avalon, Serena los invita a la fiesta de navidad ─dijo Salamander.

Draco miro la tarjeta blanca con copos plateados y rápidamente busco el calendario para su horror la fiesta de navidad seria en solo una semana y Harry estaba por algún lado del mundo junto a Rigel y no tenían forma de comunicarse ya que los espejos de obsidiana aun no llegaban o eso había dicho el moreno.

─Voy a matar a ese vampiro cuando vuelva ─dijo el rubio.


Aurel suspiró nuevamente. Dos meses, dos largos meses desde que Harry había desaparecido sin dejar rastro llevándose a Draco y al bebé, el ruso se sentía el peor guardián existente, no podía entender porque Harry no le dijo nada ¿acaso ya no confiaba en él?

Miró la nieve cayendo y vistiendo al Castillo Negro de blanco y volvió a suspirar. En dos meses varias cosas cambiaron, una de las principales fue que los padres de Hermione se marcharon al igual que las hermanas Black, la pareja Granger regresó a casa pero las hermanas Black decidieron alejarse de Gran Bretaña por un tiempo; Tonks, la hija de Andrómeda, volvió a trabajar con los aurores. Ahora en la casa cerca del castillo ya sólo quedaba James Potter y su pequeña hija, Chris los visitaba todos los fines de semana al igual que Hermione iba a visitarlo a él y a Carrie, otro cambio fue el que tuvo la joven rubia, su personalidad retraída había casi desaparecido y Aurel estaba seguro de que era debido a la convivencia de la chica con las hermanas de Harry. Un nuevo suspiro se escapó de sus labios.

─De tanto suspirar se te va escapar la felicidad ─dijo una conocida voz a su espalda.

─Harry… ─susurró el ruso, sus ojos se pusieron acuosos y se lanzó sobre su creador.

─Lamento haberte dejado atrás Aurel ─dijo Harry sonriendo.

─Ya, explíquenme ¿qué relación tienen ustedes dos? ─exigió Draco.

─Yo también quisiera saberlo ─apoyó una molesta castaña de ojos bicolor.

─Hola Hermi, bonitos ojos por cierto ─saludó el moreno.

─¡Esto es tu culpa! ─exclamó furiosa la castaña.

─¡Harry has vuelto! ─en segundos el moreno tenía a una llorosa Carrie encima.

─Hermano ¿nos quieres explicar qué pasa? ─preguntó Chris algo celoso pues a pesar de sus intentos con la joven vampiresa no lograba nada y ahora aparecía su gemelo y Carrie saltaba encima de él.

─¿Qué pasa, están celosos? ─preguntó inocentemente el moreno, tres pares de ojos lo fulminaron.

─Son por los lazos que unen a un nosferatu con los primeros vampiros que crea, su guardián y los condes son muy dependientes del nosferatu las primeras décadas ya que de alguna manera ellos son su única compañía y él es su único maestro en un mundo completamente nuevo y extraño ─explicó Amon apareciendo también junto con su bella compañera.

─Pero con Harry todo va diferente, él ya tenía una pareja y antes que preguntes porqué James y Chris no lloran cada que Harry desaparece pues es algo simple, tanto James como Chris son parientes sanguíneos de Harry para ellos no hace mucha diferencia que él esté o desaparezca cosa que no ocurre con Aurel y Carrie ─acotó Vald.

─¿Entonces Aurel no está enamorado de Harry? ─preguntó Hermione.

─Claro que no Hermione, es sólo que ellos aún son dependientes de mi ─dijo Harry encogiéndose de hombros.

─Vaya ya están todos reunidos, querido hijo no sabes cómo te extrañe ─intervino Elizabeth abrazando al moreno y apartando a los otros dos vampiros.

─Harry me alegra verte ─saludó Sirius mirándolo.

─Vamos, ya nos esperan ─apremió Lizy empujando a Harry.

En Avalon la noche iba cayendo, Cassy estaba sentada entre dos pelirrojos mientras Luna y el joven hechicero blanco conversaban sonrientes, entonces Amon hizo su aparición junto con su compañera, la pareja se disculpó pues no se quedarían mucho ya que Sakura iba cenar con su familia y Amon pensaba acompañarla.

Una nueva aparición atrajo la atención de todos, Sirius tenía varias cartas en las manos y las iba fulminado con la mirada mientras que Lizy sonreía divertida.

─No puedo creer la osadía de estos idiotas, mira que pedirme semejantes cosas ─se quejó el animago.

─¿Qué quieren? ─preguntó Cassy acercándose a su padre.

─ Nott y Zabini Quieren concertar un matrimonio entre sus hijos y ustedes chicas ─respondió el moreno.

Cassy sonrió y las cartas ardieron, Sirius miró sorprendido como los pergaminos se consumían hasta no dejar nada y entonces volteó a ver a su hija y se soltó a reír, la chica tenía el cabello en llamas y sus ojos parecían dorados.

Luna sonrió divertida y Ald rió. Narcissa y Andrómeda se acercaron a la pareja e iniciaron una conversación. Regulus llegó poco después junto con Remus y con ellos iba Nick, Daniela lo vio y se acercó rápidamente al joven laycan.

Y mientras los invitados seguían llegando.

En una casa en el corazón de Londres el hechicero de hielo y su mejor amigo Colin se ponían cada vez más rojos compitiendo con las luces que adornaban el enorme árbol navideño.

─Mamá ¿no crees que te estás pasando? ─pregunto Nadir mirando aquellos pequeños paquetes cuadrados con cautela.

─Nadir cariño, tú sabes que te adoramos pero después de lo que vi hace poco no puedes culparme por querer prevenir que te ocurra algo así, o a Colin, y yo que pensaba que por ser una pareja de chicos los problemas como embarazos adolescentes no estaban en la lista ─ambos hechiceros se miraron y luego a la enfermera─. Chicos tienen que entender que aún son jóvenes y un bebé a esta edad…

─Papá… ─Nadir pidió ayuda.

─Creo que tu madre tiene razón ─respondió el hombre.

─¡Pero mamá! ¡Colin y yo no somos nada más que amigos! ─protestó Nadir alejando los condones de él.

─No tienes que disimular con nosotros cariño.

─No señora Blake, Nadir y yo somos sólo amigos… ─intervino Colin.

─Y ambos tenemos novia ─declararon los amigos a la vez. Colin se apresuró a sacar una fotografía donde Nadir y una chica estaban abrazados.

─Oh, vaya ─dijo Juliane.


Turar miró los campos de rosas estrellas, jamás pensó que extrañaría al rubio pero esa era su verdad, al parecer se había enamorado de verdad del pequeño mago, era una lástima que él no correspondiera sus sentimientos.


Harry y Draco aparecieron en las afueras de la Casa de la Luna, el rubio tenía su mano entrelazada con la de Harry mientras que el moreno sostenía con la otra mano a su bebé.

─¿Vamos? ─preguntó el moreno.

─Sí ─respondió el rubio.

Junto a ellos también llegaron James, llevando de la mano a Oriana que miraba asombrada la enorme mansión, Chris, Carrie, Aurel y Hermione; el guardián y la chica rubia no querían perder de vista a su creador aunque aquello ocasionara algo de molestia en Hermione y Chris.

En lo profundo de la biblioteca de Avalon, Molly tenía sus manos extendidas mientras los libros negros flotaban en la habitación, dos lunas rojas, una más grande que la otra, se mostraron ante ella, entonces presenció como un séptimo libro aparecía, algo interesante ocurriría pero de momento ella vio como en el libro de Harry nuevas palabras se terminaban de incluir, los siete libros estaban en círculo mientras los tapices alrededor mostraban diferentes escenas pasadas pero uno de ellos mostraba algo diferente, dos lunas rojas ocultándose una detrás de otra y una figura oscura en medio del cielo teñido de rojo.

─El futuro es muy extraño ─se dijo la joven pelirroja tocando el tapiz, entonces volteó a ver a los otros y no pudo reprimir una sonrisa, ella, una humana a la que le confiaron la tarea de guardiana de los libros había visto el nacimiento y asenso de un nuevo rey de sangre y al parecer pronto dos más se les unirían despertando así las Seis Casas de la Luna Roja.

Fuera de aquella habitación Taiki y Neflyte se fulminaban con la mirada esperando a su amada niña de ojos verdes, era víspera de navidad y ellos habían preparado un interesante regalo para la pelirroja.


En el Ministerio de Magia Inglés Amelia Bones terminó de firmar el papeleo, era ya bastante tarde pero finalmente todo parecía empezar a ir por buen camino. Se puso en pie y salió de su oficina por una de las chimeneas estando completamente satisfecha, Azkaban al fin había reabierto sus puertas y los prisioneros que estaban en los calabozos del ministerio habían sido trasladados esa misma mañana así que al fin esa noche la mujer dormiría tranquila.


Albus Dumbledore y Cornelius Fudge podían oír el viento y el sónido de las olas rompiendo en la isla de Azkaban, ambos hombres sintieron el frío incrementarse y se estremecieron, los dementores que habían vuelto al control del ministerio volvieron a patrullar la prisión de los magos.

─Todo fue por el bien mayor ─se dijo Dumbledore en susurros.


Molly Weasley miró la mesa donde sin falta todos los años sus hijos se solían reunir en Navidad, ahora había dos asientos vacíos y el ánimo del resto se encontraba decaído. Arthur miró las sillas vacías de los gemelos, tal vez iba siendo hora de que él hiciera saber su opinión sobre ciertas cosas en aquella casa.


En algún lado de Londres un pequeño niño de dos años miraba como la nieve iba cayendo con lentitud cubriendo todo de blanco, en las calles las luces y la música inundaban el ambiente.

─Shoichiro ve a dormir ya es tarde ─dijo un hombre de aspecto severo el niño que se bajó de la silla y le dedico una silenciosa mirada a su padre.

El hombre se estremeció, no podía amar a su propio hijo pues cuando éste nació su hermosa Sora había muerto, no podía amar a ese niño a pesar de que era su hijo. Además el niño le provocaba escalofríos por esos ojos tan extraños que poseía y la manera silenciosa en que andaba, como una sombra, era un niño de dos años pero provocaba en él unas terribles ganas de huir.

La niñera del pequeño apareció en ese momento y se llevó al pequeño rápidamente, la mujer dio una mirada a su jefe y suspiró, no podía culparlo, hasta ella sentía una especial aversión hacia el pequeño al que cuidaba aunque no lograba entenderlo, era superior a ella, simplemente no quería estar junto al niño y después de arroparlo y salir de la habitación suspiró de nuevo, ese niño era muy raro.


Unos meses después

Al otro lado del mundo una niña de pálida piel de unos ocho años miraba sorprendida a la niña de ojos bicolor que acababa de ingresar a su clase de ballet.

─Lilith, toma un lugar por favor ─pidió la maestra encantada con la belleza de la pequeña de cabello rubio y brillantes ojos bicolor.

─¿Por qué tienes los ojos de colores distintos? ─se atrevió a preguntar la niña de cabellos castaños cuando la rubia se colocó a su lado.

─Para conseguir amigos interesantes ─respondió la pequeña sonriendo y dejando ver una dentadura blanca y perfecta, la pequeña castaña sin poder evitarlo sonrió también.

Fin

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Finalmente después de mucho esta historia llego a su fin a todos gracias por su apoyo y por seguir la hasta aquí espero les haya gustado J

Bey bey

jajaja

la verdad

Estoy pensando hacer una continuación pero aun es solo una idea aunque ya tengo un capitulo completo pero no sé si subirlo aún, no se, ¿a quien le gustaría una continuación? déjenme sus reviews