Capítulo 50: ¿Dejarte ir? Parte I

—¿Él te hace feliz, Yuuri? ¿Se quieren lo suficiente?

¿Cuánto tiempo llevaban abrazados, sentados en la cama? La noción del tiempo se esfumó de sus mentes, incluso lo que pasaba afuera de esa habitación. Por tan solo esos instantes, solo fueron Víktor y Yuuri en su pequeña burbuja. En algún momento, en medio de los desesperados abrazos, los esporádicos llantos, el sentimiento de locura, cambiaban lugares y le tocaba al otro ser el soporte que su compañero necesitaba. Las palabras sobraron y lo único, además de los sollozos, que se podía oír, eran arrullos. Suaves, tranquilos, nostálgicos. En labios de quien los cantara, sonaban como sonaría una caricia a un alma destrozada.

Estaban ahí, porque la pérdida de uno de los seres que más amaban los estaba consumiendo en una espiral de culpa y dolor. Pero… ¿ese era el único consuelo que necesitaban? ¿Sabría el otro que el dolor no había nacido con la muerte de su bebé, sino que había aumentado? Darían todo lo que estaba en sus manos para aminorar ese primer golpe que hizo que sus mundos se vinieran abajo. Y con esas dos preguntas, Víktor estaba haciendo el primer esfuerzo por entender y soltar. Si Yuuri decía que sí, eso le bastaba. Ese era su concepto de amor, y sería la forma más sincera en que podría demostrárselo. Dejándolo ser feliz y, en algún momento, buscar él mismo lo que necesitaba. Pero… ¿y si Yuuri decía que no?

—Víktor, yo… ¿porqué me preguntas eso justo ahora? —quiso saber, sujetándose más fuerte a la espalda del ruso.

—Sólo quiero… quiero saber si hice bien —le acarició la nuca, enredando sus dedos entre las hebras negras y despeinadas, que despedían un aroma tan…confortable —Yuuri… ¿sabes lo mucho que significas para mí? —un leve asentimiento de un sonrojado y lloroso japonés le dijo más de lo que esperaba —Entonces… entiende que quiero saberlo. Necesito saber que, por lo menos, en eso si estás bien.

—Sé que… que Brendan me quiere…

—Yo creo que va más allá de eso.

—Tal vez, pero… es diferente de… de lo que estaba acostumbrado —Yuuri se separó de él y trató de huir a sus ojos, pero decidió no soltar la mano que lo tenía sujeto.

—¿Y es eso lo que quieres? ¿Lo quieres, Yuuri?

Las palabras no solo se atoraron en su garganta, sencillamente no había palabras porque no sabía como responder a eso. Decir "Sí, lo quiero", no era suficiente. Lo hacía, claro que sí. Pero también estaba seguro de que era lo que Víktor quería saber. En todo caso, la pregunta estaba mal formulada, y la respuesta lo estaría todavía más.

—Yo… sí… lo quiero, pero…

Unos golpes fuertes en la puerta interrumpieron cualquier cosa que quisiera decir o confesar. Primero estuvo consternado, pero la preocupación lo invadió cuando los toques se volvieron insistentes, o más bien desesperados. El japonés se levantó inmediatamente de la cama, corriendo a la puerta antes que Víktor. Si el tema de sus hijos ya lo ponía sensible, se sintió derrumbarse al ver el estado de Yukie.

—¿Yukie? ¡Yukie! ¿Qué sucede? —la chica parecía estar en estado de shock, y por reflejo, Yuuri la tomó de los hombros para hacerla reaccionar. Odió con todas sus fuerzas ver a su niña llorando desconsoladamente, temblando como una hoja, lastimándose la garganta cada que trataba de hablar y las palabras le fallaban.

—Pero… ¿qué sucede? —Víktor se quedó pasmado al ver la escena, y lo único que su mente pudo procesar es que estaba pasando algo realmente malo para tener a Yukie en ese estado.

—Es… es… —un fuerte dolor se implantó el pecho de ambos padres, como si sintieran la desgracia acercarse.

—¡Yukie! ¡Habla ahora! —exigió el pelinegro, a quien el miedo ya lo corroía.

—Viktoria… —fue lo único que salió de los labios de la joven japonesa, pero ese nombre, el temblor con el que fue dicho, hizo que los nervios atravesaran el cuerpo de ambos hombres y, antes de que pudieran haberse dado cuenta, apartaron a Yukie de su camino y corrieron hasta el otro lado de la casa, en el último rincón, donde se encontraba la habitación de la joven peliplateada. El camino se hizo eterno y cada segundo provocaba que pensaran en una serie de catástrofes. ¿Algo le había pasado? ¿Su condición estaba cobrando una consecuencia inesperada y devastadora? ¿Se había lastimado? ¿La ansiedad había vuelto y la estaba haciendo delirar de nuevo?

Y aún con mil pensamientos, su mente quedó en blanco y las posibilidades fueron insuficientes cuando abrieron con fuerza la puerta de la recámara. De todos los escenarios fatídicos que se pudieron imaginar con su hija, el no verla ahí fue el más inesperado y el que más los llenó de angustia, haciéndolos flaquear.

—¿Dónde está tu hermana? —Víktor exigía la respuesta de Yukie, mientras Yuuri se internaba en la habitación hacia la cama, donde descubrió un par de cosas.

—Vik… Viktoria… ella se fue…

—¡Víktor! —Yuuri corrió a su lado, a tiempo de ver cómo el rostro de su ex pareja se tornaba pálido, como si un fantasma se hubiera hecho presente frente a él. Yukie se echó a llorar todavía más y el japonés no supo que hacer, así que se decantó por abrazar a su hija por los hombros mientras le tendía al ruso lo que llevaba en las manos. Apenas podía hablar sin tartamudear —Esto… estaba… estaba en su… cama.

Víktor recibió el relicario que había regalado a sus hijas el día de su cumpleaños. Como su corazón en cuanto lo vio, la joya como el cristal que cuidaba la foto estaban hechos trizas. Apenas tenía el vago recuerdo de que, el día que discutieron en la pista, ella arrancó el collar de su cuello y lo estrelló contra el hielo. No pensó que el daño fuera tanto, pero tampoco había siquiera imaginado que Viktoria sería capaz de ellos, que podía sentir tanto rencor.

—¿Era lo único? —preguntó en un hilo de voz.

—No. También… están sus patines —respondió Yuuri, señalado el calzado que reposaba en la cama arreglada —Están sus… sus cosas del patinaje… No creo que las haya dejado solo porque sí.

—No está su maleta —indicó Víktor, después de un rápido vistazo —Pero… pero hay muchas cosas aquí… Su ropa…

—Tal vez… tal vez solo se fue al hotel… —pensó Yuuri, aunque algo dentro de él le gritaba que era demasiado sencillo —Quizás fue a… buscarme o quería quedarse allá…

—Deberíamos ir a ver ahora —Víktor caminó con prisa hacia la sala, en donde recogió las llaves de su auto, su celular y un abrigo. Ya estaba por salir de la casa, cuando la mano de Yuuri lo detuvo —¡Yuuri! Tenemos que asegurarnos de que nuestra hija esté…

—¿Qué pasó entre ustedes? —inquirió el japonés, serio y con un deje de molestia en su voz.

—¿De qué hablas?

—¡Mi hija no hace estas cosas porque sí! Algo tuvo que haber sucedido para que… se fuera… ¡Víktor! —Yuuri se abalanzó sobre él para sacudirlo por los hombros cuando vio que este se quedaba en silencio.

—¡Yuuri! ¡Contrólate! ¡Vas a lastimarte!

—¡No me importa! ¡Dime lo que sucedió!

—La retiré del patinaje, ¿de acuerdo? —el peliplateado apartó con cuidado a Yuuri, quien se había quedado estático ante la confesión —Ayer avisé a la Federación y la ISU que no va a volver a competir.

—¿Pero qué diablos…? ¿Porqué? —fue lo único que pudo articular.

—¡Porque está mal! ¡Si sigue por esto se va a lastimar! ¡Es una testaruda para entender que la estaba limitando por su bien! Después de lo que pasó en el Mundial, todos concluimos que lo mejor era que no se expusiera a más peligros.

—Todos, ¿quiénes? Yo no sabía de esto.

—Perdón, Yuuri. Pero estabas muy ocupado con el doctor y acusándome de todo lo malo que sucedía como para que te dieras cuenta —espetó el ruso, ante lo cual Yuuri inmediatamente se enfadó —Ibas a actuar justo como ahora.

—¡Pero claro que sí! ¿Cómo no lo haría si estás provocándole tanto dolor?

—¡Y lo haría mil veces más si con eso me aseguro de que estará a salvo!

—¡No era necesario! ¡Tú eres el que no quiso una alternativa!

—¿Para qué? ¿Para qué ella se arriesgara más y una vez más fuera mi culpa? ¡No me perdono por cada vez que ha sufrido! ¿Cómo querías que permitiera que se lastimara otra vez?

—¡Es que no lo sabes! —gritó Yuuri, y el eco se hizo presente en toda la casa, despertando a más de uno y haciendo temblar a la chica que veía todo desde una esquina, tiritando de angustia —¡No puedes saber lo que pasa si no lo intentas!

—¿Y tú me dices eso? Carajo, Yuuri. ¿Cuántas cosas nos habríamos ahorrado de pensarlo de ese modo? Pero no funciona así, y ya no quería que otro más resultara afectado por decisiones estúpidas.

—¿Estúpidas?

—Sí, eso. Porque eso es lo que es todo el jodido problema que hemos armado —vociferó, haciendo que el hervor en la sangre de Yuuri aumentara y dándose la vuelta para salir de la casa.

—O tal vez son los estúpidos los que hacen que las cosas sean así.

Víktor ya se disponía a darse la vuelta para encarar al japonés, cuando el cuerpo de Yukie se estrelló contra el suyo, impidiéndole moverse.

—No… ya no, por favor. Te lo suplico. Ya no sirve que se sigan gritando —dijo, lo suficientemente fuerte para que Yuuri la escuchara y Víktor detuviera en seco las palabras que apuraban por salir.

—¿Yuuri? ¿A dónde vas, Víktor? Escuché gritos… —Sasha, enfundado en su pijama, apareció, manteniendo la distancia de todos y reflejando miedo en su mirada café —¿Están… están peleando?

—No… es… una diferencia —Yuuri fue a reunirse con él y se agachó hasta quedar a la altura de su mirada —Sasha… ¿Viktoria te comentó algo extraño este día? ¿Algo que planeaba hacer o parecido?

Yuuri pensó que, solo tal vez, a su hija se le había escapado un poco acerca de sus decisiones. Si estaba en Yutopia, lo descubriría dentro de poco y podría cuestionarla lo necesario. Pero si hacía caso a sus presentimientos, iba a ser necesaria toda la información disponible. Un poco de su esperanza se esfumó cuando Sasha negó con la cabeza.

—Tenemos que irnos ya, entonces —pidió Víktor, con lo ofuscado aún grabado en su tono de voz.

—Quiero ir con ustedes —dijo Yukie, halando del brazo de su padre ruso, quien asintió casi imperceptiblemente.

—¿Qué pasa con Viktoria? —Sasha quiso saber al recordar haber visto el cuarto vacío de su hermana cuando salió del suyo, y notando su ausencia en ese momento.

—Nada, bebé. Quédate aquí, ¿está bien? Le diré a tu tía Mari que venga a pasar la noche contigo y con Kenji —indicó Yuuri después de dejar un beso en su cabellera, sorprendiéndose de ver como el niño se apartaba y se cruzaba de brazos.

—No quiero —dejó ir, exasperando al instante a Víktor.

—Sasha Vladik, hazme el favor de hacer caso de lo que tu padre te dice —ordenó Víktor, sintiendo que colapsaría cuando su hijo negó con la cabeza —¿Qué?

—¡No soy un bebé y no quiero que me trates así! ¡Quiero saber qué es lo que pasa con mi hermana!

—¡Sasha!

—¡No le grites! —demandó Yuuri, fulminando a Víktor y luego dirigiéndose a su pequeño hijo —Necesitamos que cooperes con nosotros porque…

—¡No! Ustedes siempre hacen lo que quieren y no nos dejan decir nada. ¡Yo quiero saber!

—¡No es el momento!

—¡Nunca lo fue y terminaron divorciándose! ¡Ya basta! —reclamó Sasha, resistiendo las ganas que tenía de llorar para verse fuerte ante los hombres que ya estaban colmando su fuerte paciencia.

Yuuri y Víktor se miraron, enojados entre ellos, desesperados por su hija, sorprendidos por la determinación que la molestia brindaba a alguien que era tierno la mayor parte del tiempo. El ruso terminó por resoplar, pues sabía que no ganaba nada y perdía demasiado si seguían deteniéndose por cosas como esa.

—Alguien vaya por Kenji, que no lo vamos a dejar solo.

En menos de un minuto, Yuuri fue al cuarto de su bebé y volvió con él en brazos y aún dormido. El japonés se sintió culpable cuando vio la tranquilidad de su pequeño al dormir, cuando sabía que su pequeño corazón sufría por la ausencia de su padre. Aunque no era el momento especial para eso, se prometió no separarse de Kenji, hacerle saber todos y cada uno de los días que lo amaba con todo lo que era.

La familia, reunida a excepción de su integrante desaparecida, subieron al auto de Víktor y sin perder un solo momento, se dirigieron hacia el hotel.

—Debería llamar a mamá para que la busque mientras estamos ahí —propuso Yuuri, sacando el celular de su bolsillo sin molestar al niño que seguía durmiendo en su regazo.

—No creo que sea buena idea. No se ha encontrado bien de salud, ¿no? —Yuuri lo miró sorprendido y asintió, pues no esperaba que supiera que la siempre vivaz energía de Hiroko comenzaba a flaquear —No la asustes. Tu novio está ahí, él podría revisar mientras llegamos.

Yuuri no dijo nada, pues notó que el ambiente se había vuelto tenso entre ellos, así que solo marcó el número que se encontraba dentro de su lista de favoritos.

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Su respiración se volvió desacompasada al final de ese momento. Mientras el agua fría caía sobre su espalda, a pesar de que eran altas horas de la noche, su cuerpo se mantenía caliente, tembloroso por la intensidad que lo había recorrido momentos atrás hasta que la excitación en su vientre y entrepierna fue incontenible. Observó su mano antes de que el agua hiciera desaparecer los resultados de pensar en él, de esa forma.

Brendan siempre pensó que el hecho de que fuera doctor y de ser la mente maestra detrás del Procedimiento Detroit hacía que los demás lo percibieran como una persona extraordinaria, alguien que no sentía o pensaba lo mismo que cualquier otro humano. Incluso él solía olvidarse de que necesitaba vivir un momento como si no fuera el hombre ocupado que siempre era. Abandonarse a los estragos del placer era una de esas maneras de sentirse normal, y la más deliciosa.

Aunque a veces se sentía un poco culpable cuando trataba con tanta ternura a Yuuri, la fantasía de ese japonés desnudo bajo su cuerpo, gimiendo su nombre y siendo uno en cuerpo mataba cualquier sentimiento o sensación que no fuera la excitación. Paciencia, solo rogaba paciencia para que Yuuri y su relación estuvieran listos para ese momento.

Respirando para tranquilizarse, se secó y enredó una toalla alrededor de su cadera, dejando su torso al descubierto para salir y solo ponerse un bóxer. El calor de esas ápocas en Japón era sofocante en muchas de las ocasiones y él, que venía de climas templados, necesitaba la menor ropa posible para poder dormir tranquilo. Aunque el cuerpo de su novio también servía.

Estaba por llamar al hospital para asegurarse de que todo estuviera en orden o lo necesitaran para de una buena vez irse a dormir, ignorando el hecho de que su parea estaba en la misma casa que su ex, cuando el nombre del japonés apareció en la pantalla, y todo su sistema lo hizo pensar que algo malo sucedía.

—¿Amor? ¿Qué pasa? Pensé que seguías con…

"Brendan no… no hay tiempo. ¿Has visto a Viktoria en el hotel?

—¿Eh? No, pero he estado en mi cuarto —se dio cuenta de que la voz de su novio sonaba alterada, como si algo malo estuviera sucediendo —Yuuri… ¿qué sucede?

"Te lo digo después. Solo… por favor, revisa Yutopia y hazme saber si ella está ahí. Llegaré en unos minutos."

—Lo haré. Pero sea lo que sea, mantente tranquilo. Ya te dije que alterarte solo…

"¡Brendan! Solo ve a eso, después me dices lo que quieras."

—Bien, bien. Nos vemos en un momento.

Mientras se calzaba con un pantalón y una playera sencilla, Brendan resopló en más de una ocasión. No era la primera vez que se topaba con el lado molesto o ansioso de Yuuri, y siempre pensaba que necesitaba hacer algo para corregirlo o terminaría por volverlo loco.

Pero dejó de pensar en eso cuando, a medida que avanzaba por los corredores y espacios de Yutopia, no encontraba rastro o presencia de la joven plateada. Incluso revisó el ala del hotel que estaba reservada para la familia, pero solo estaba seguro de que quienes se encontraban descansando en ese lugar eran los señores Katsuki y Mari. Tuvo el impulso de ir a ver el área de las aguas termales que servía para las mujeres, pero sabía que no podía, así que decidió esperar en el recibidor a que Yuuri llegara y le explicara que era lo que estaba pasando.

No tuvo que esperar mucho, pues en un lapso menor a cinco minutos, escuchó con claridad el sonido del auto deportivo de Víktor estacionándose fuera del hotel, junto con algunas palabras que sonaban apresuradas.

—Y yo te digo que no es posible que se haya ido a otro lugar. No solo porque sí o sin… dejar una explicación —Víktor detuvo sus palabras del golpe cuando vio a Brendan esperándolos en la recepción, claramente sorprendido por lo que estaba aconteciendo.

—Yuuri, Víktor… ¿pueden ya decirme que es lo que…?

—Viktoria escapó de casa —dejó ir de golpe Yuuri, dejando estático al americano —La mayor parte de sus cosas están en su habitación y… no dijo nada. Eso me hace pensar que se fue lejos, porque de lo contrario

—Ella… ¿qué? —Brendan apenas podía procesar esa sencilla frase, pero algo le pareció extraño al ver a Yukie morderse los labios y bajar la mirada, como si algo la estuviera molestando —¿Sólo así?

—Sí… —dijo Víktor, mostrándole su mano, en donde seguía el relicario roto —Es lo único que dejó claro. Pero yo no creo que esté aquí. Viktoria es impulsiva y cualquier idea extremista se le puso haber ocurrido.

—Te repito que habría dicho algo o… lo que sea. Sabe que nos preocuparíamos por ella si… si hiciera algo tan atrevido. No puede solo ir y hacer locuras sin que… —Yuuri bajó la mirada inmediatamente al notar que la molestia volvía a refulgir en los ojos de Víktor.

—No voy a ahondar en ese tema de nuevo. Solo diré que esta conversación ya la habíamos tenido y llegáremos de nuevo a lo mismo —Víktor se mordió la lengua para no espetarle a Yuuri que estaba renegando del comportamiento de su hija, cuando el de él era exactamente igual.

—¡Víktor! ¡Yuuri! —la oportunidad de que cualquiera siguiera la discusión terminó cuando Mari se hizo presente en la estancia, con claras señales de haber dado vueltas por todo el hotel.

—¿Mari? —Yuuri no supo si refunfuñar u otra cosa cuando la vio acercarse a Víktor antes que a él —¿Qué tienes?

—Estuve buscando a mi sobrina, pero en el hotel no está —Brendan asintió ante esa afirmación —Ni en su habitación, ni en la de Yuuri o en las aguas termales. Simplemente no ha pasado por aquí. Viktoria debe estar en algún otro lado.

—¿Pero en dónde?

—Brendan… tu celular lleva un rato prendido —hizo notar Sasha, señalando el aparato.

—Denme un momento —mientras los demás comentaban las posibilidades del paradero de la joven rusa, el doctor fue a contestar su aparato, sorprendiéndose al notar que era una de las enfermeras que estaban a cargo del cuidado de Dimitry. Marcó el número y no tuvo que esperar casi nada a que la mujer le respondiera —¿Señorita Tomoe?

"¡Doctor Fitzgerald! ¡Por fin puedo comunicarme con usted! He estado marcándole desde hace media hora.

—¿Sucedió algo con el bebé Nikiforov? —ante la sola mención de su hijo, Víktor y Yuuri se pusieron completamente alerta, caminando hasta el doctor con la prisa de un par de padres angustiados.

"No, doctor. El bebé está muy bien, lo fui a revisar hace un par de minutos. Era para otra cosa."

—Señorita, por favor, dígame lo que está pasando. No estoy de los mejores ánimos y…

"Era la señorita Viktoria Nikiforova. Estuvo aquí hace un rato y parecía muy ansiosa por querer ver a su hermanito".

—¿Viktoria? —Brendan se apuró a poner el aparato en altavoz para que la ex pareja escuchara lo que estaba pasado, pues ambos palidecieron al escuchar el nombre de su hija —¿Qué hacía ella ahí?

"No lo sé, señor. Dijo que necesitaba ver a Dimitry lo más pronto posible. Pero por supuesto que se lo negué, porque no son horas de visita y el bebé se encontraba dormido."

—¿Le dijo algo más? ¿Ella sigue ahí? —preguntó, al tiempo que Víktor alistaba las llaves de su auto.

"No paró de insistir y hasta suplicar que se lo permitiera, pero usted sabe que no podemos ser condescendientes. Además, ella no tiene la mayoría de edad para esos permisos. Pero, como la vi muy afligida, le dije que lo llamaría a usted para preguntar si era prudente. Me dijo que estaba bien, debe estar afuera del hospital porque ya no la veo en la sala de espera."

—¡Demonios! Iré inmediatamente, si la encuentra, reténgala tanto como pueda, y dígale al guardia que la busque.

"Pero doctor…"

—¡Es una orden! Dile lo que te estoy diciendo al doctor Kagamine.

Apenas colgó, Víktor asintió a la fugaz mirada de Brendan, y antes de que alguien pudiera darse cuenta, tanto ellos como Yuuri salieron corriendo del hotel hacia el auto del ruso, sin notar que, detrás de ellos, además del desconcierto de Mari y los niños, Yukie soportaba con fuerzas las ganas de echar a llorar.

¿Porqué no estaba diciendo nada? Ni ella misma lo entendía, las palabras sencillamente se negaban a salir.

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—No está aquí, señores —informó el doctor Kagamine en cuanto los tres hombres llegaron a la recepción del hotel —Yo mismo ayudé a buscarla en todas las áreas posibles, pero al parecer la señorita ya se marchó.

—¿Es que acaso nadie la vio? ¿Qué traía? ¿A dónde iba? —la desesperación de Víktor era más evidente a cada momento, y hasta Brendan podía darse cuenta de ello.

—Solo un guardia —dijo el médico japonés, después de pensarlo un poco —Llevaba una maleta y dijo que volvería cuando le hubieran llamado al doctor Fitzgerald. Pero, ahora que lo pienso, no volvió.

—Algunas dicen que la vieron abordar un taxi, pero no estamos seguros de la dirección que tomó —intervino la enfermera que siempre acompañaba a Brendan —¿La señorita… está huyendo o algo así?

—No quiero creer que sea eso. No quiero creer que ella pueda hacernos eso —Víktor sacudió sus cabellos, tratando de despejar su mente y obtener un pensamiento claro, pero nada llegaba.

—Mi… mi Viktoria… Ella no me dejaría… no así… —en medio de los cuestionamientos, nadie se dio cuenta de que la tez de Yuuri se veía más pálida a cada minuto. Hasta ese momento, ya le daba igual la razón por la que su hija tomara esas decisiones. Él lo único que quería era saber que estaba bien y decirle lo mucho que lo amaba. Un pensamiento doloroso invadió su pecho, y se extendió al resto de su cuerpo como una ola furiosa, nublando su mente y su vista de a poco. Se negaba a perder a otro de sus hijos. No se perdonaba que uno de ellos estuviera en una tumba y no se perdonaría que a otro le sucediera algo —Viktoria… Viktoria…

—¡Dios mío, Yuuri! —para fortuna del japonés, Brendan se encontraba a un lado de él cuando sus piernas flaquearon y fueron insuficientes para sostenerlo. El americano apenas tuvo tiempo de sostenerlo por la cintura en el momento en el que lo vio desfallecer. Víktor y el doctor Kagamine también se apresuraron a asistirlo, mientras la enfermera palpaba su frente y muñeca —Yuuri, amor, tranquilo. Quédate aquí, tranquilo.

—Es una descompensación. Su presión está muy baja. Deberíamos internarlo por esta noche —sugirió la enfermera, secundada por Kagamine.

—No… no… quiero ir a mi casa… debo encontrarla… mi Viktoria… no puede estar sola… —murmuró el pelinegro, buscando asirse con escasa fuerza al brazo de su novio.

—Yuuri, nosotros podemos buscarla. Pero no puedo arriesgarte. Quédate en el hospital solo esta noche, ¿está bien?

—No… no quiero…

—Por favor. Tu recuperación aun no se completa y…

—Víktor —Yuuri buscó con desespero la mirada del ruso, quien no estaba seguro de lo que debía hacer y se sintió más presionado cuando el par de ojos marrones se posaron en él, esperando que lo ayudara —Víktor… ¿tú me… me entiendes? Quiero a mi hija… quiero buscarla…

—Pero Yuuri…

—Mi niña…

Los tres especialistas en medicina se giraron al mismo tiempo para pedir a Víktor que los apoyara. Brendan, con especial énfasis, hizo un gesto con el que quiso darle a entender que debía apoyarlo. Sin embargo, algo extraño sucedió en el interior de Víktor en ese momento, al ver la súplica desesperada de Yuuri y sus lentos pero insistentes intentos por mantenerse de pie, rechazando la ayuda que le estaban ofreciendo. Estaba… ¿luchando? Eso parecía, y, como una vez especial, Víktor también quiso luchar a su lado. Tal vez Yuuri no se encontraba en la mejor disposición, pero lo estaba intentando, porque la fuerza por saber de Viktoria podía más que una recaída. Entonces, si Yuuri estaba esforzándose, ¿porqué él no hacía lo mismo? ¿Porqué no en vez de ser un obstáculo, se ayudaban?

—¿Crees que puedas recuperarte mientras vamos de regreso al hotel?

—¡Víktor!

—¡Señor Nikiforov!

Casi podían jurar que escucharon un resoplido de los otros tres, pero la mirada que en ese momento compartieron, dijo más que todo lo que estaba además de ellos. Quizás, después de todo, aún estaban el uno para el otro.

—Sí, sí puedo… —susurró Yuuri, juntando toda su fuerza para ponerse de pie.

—No, me niego. Debes quedarte aquí —replicó Brendan, poniendo una mano en el pecho de su pareja.

—Brendan, por favor, si no vas a ayudarme, entonces déjame ir con Víktor —espetó Yuuri, para sorpresa del americano —Yo decido si me quedo o no, y mi respuesta… es no. Voy a averiguar donde está mi hija y… y si no cuento contigo… lo haré yo solo.

—Lo mismo va para ti, Yuuri —Víktor lo tomó del hombro para que le prestara completa atención, solo a él —Te necesito fuerte, pero no te vas a exigir de más. Si necesitas quedarte para que yo… yo la encuentre. Lo harás, también quiero que estés bien.

—Ya, ya. Basta. Está bien —Brendan se dio cuenta que no habría poder que detuviera a esos dos padres en ese momento, y sabía que tenía que ayudarlos y no ser un estorbo, pues de lo contrario, sería como decirle a Yuuri que no lo apoyaría en las situaciones en las que no estuviera de acuerdo. Y eso… era algo que Víktor, su aún esposo, si hacía —Iré con ustedes, pero Yuuri… Víktor tiene razón. Si algo no está bien, me lo dirás inmediatamente y te voy a priorizar.

Yuuri no dijo nada más y solo asintió, pidiéndole a los otros hombres volver a Yutopia para pensar que es lo que debían hacer, en donde debían empezar a buscar, dejando atrás al doctor y la enfermera contrariados y angustiados. A pesar de que estaba viendo un poco nublado a pesar de los lentes y de que su cabeza aun no le permitía deshacerse del mareo, sabía que contaba con el hombre de cabellos arena que, aunque recitente, lo tomó de la mano para conducirlo de nuevo al auto.

El viaje fue silencioso pero apresurado. Su razón estaba tan alterada, que apenas se detendrían a pensar como un papel con palabras sinceras y dolorosas podían dividir, una vez más, las opiniones en dos bandos algo inesperados.

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Hiroko y Toshiya estaban despiertos cuando los tres hombres volvieron del hospital, enterados de todo por su hija. Entre los brazos de su abuela, Yukie bebía una taza de té verde, en tanto que Sasha y Kenji estaban dormidos en uno de los sofás. Cuando Yuuri llegó de la mano de Brendan, ambos seguidos por un Víktor que parecía a punto de explotar de los nervios, todos se pusieron de pie, a excepción de la joven japonesa. Bastó una simple negación del ruso para que todos sintieran su alma caer a los pisos, y para que el cuerpo de Yukie temblara como no lo había hecho en todo ese tiempo.

—Pero no puede haber ido muy lejos. Es de noche, tal vez solo se fue a otro hotel —alentó Toshiya, esperando que lo que dijera fuera una abierta posibilidad.

—No lo creo, papá. No necesitaba llevarse toda una maleta para eso —contradijo Mari, a quien se le hizo sospechosa la manera en la que su sobrina se hundía más en el sillón.

—Pero yo insisto que Viktoria no es capaz de irse solo así, sin avisar o decir una sola palabra —Yuuri se sentó en una silla por indicación de su novio mientras recibía un vaso de agua de las manos de Víktor.

—Yo creo lo contrario —le dijo el ruso a Yuuri —Ya sabemos como es, también es impulsiva y si… si es por la discusión que tuvimos en la tarde, pudo haberlo como una manera de… contradecirme.

—¿Pero a esos extremos? ¿A dónde puede haber ido para que tu palabra no tuviera valor? —inquirió Yuuri, que observó a su hija después de que Mari le hiciera un gesto señalando a Yukie.

—No es posible. Si… si la retiré del patinaje, no podrá hacer nada para cambiarlo… —Víktor notó que, una a una, las miradas se posaban sobre la pelinegra, y aunque no entendía, le pareció extraño.

—O, tal vez, ella si sabe cómo. Si tan solo hubiera dicho algo… —Mari posó una mano sobre el hombro de su sobrina, sintiendo a la perfección que dio un saltito, asustada —¿Están seguros de que a nadie le dijo algo, algún detalle?

—Todos dijeron que no, ¿verdad, Yukie? —Yuuri entendió en el instante en el que los ojos castaños de su hija se inundaron de lágrimas, aunque se negaba a dejarlas correr por sus mejillas —Yu... ¿quieres decirme…?

—Papá… no…

—¿Sabes algo, amor? —el pelinegro se levantó de donde estaba y fue a hincarse frente a ella. Casi podía palpar los deseos que tenía Víktor por correr a su lado y obtener una confesión de ella a fuerza de exigencias, pero el japonés sabía que así solo lograrían alterar más a todos y saldrían aun más escaldados. Les hizo una seña a todos para que no se movieran de donde estaban. Retiró la taza de las heladas manos de Yukie y las tomó, mientras que, con la otra, tomaba su mentón y lo levantaba para que los mismos tonos de chocolate se encontraran —Yukie… creo que entiendes la preocupación de todos por saber que pasa con tu hermana.

—Ella va… va a estar bien…

—Pero necesitamos saber donde está. Quiero entender porque… porque hizo esto. Quiero ayudar a tu hermana, Yu.

—¡No! ¡Ella ya no quiere que la ayuden! ¡Solo déjenla en paz!

—Yukie…

—Yo la vi… yo traté de… de detenerla… pero no pude ¡No la busques! ¡Papá, por favor! —Yukie terminó por quebrarse en los brazos de Yuuri. El japonés apenas entendió el momento en el que su hija olvidó todos los problemas pasados y se arrojó a su regazo, llorando como si la vida se le fuese en ello. A pesar de que las manos de Yuuri trataron de tranquilizarla, acariciando su melena negra con ternura, su propio corazón parecía a punto de explotar, porque ya no entendía el cúmulo de emociones que estaba sintiendo —No… no la busques, papá…

—¿La viste? —Víktor llegó al lado de ambos y tocó el cabello de Yukie para atraer su atención —¿Viste a tu hermana irse?

—Sí… sí la vi. ¡Pero no… no habría hecho nada para… que no se fuera! ¡Ella quería hacerlo! Dijo que… que no le necesitaba…

—¿Qué lo necesitaba? —Yukie bajó la mirada al suelo cuando el grito de Víktor terminó por hacer sentir la responsable de eso.

—¡Víktor! No estás ayudando —Yuuri se sintió enojar de nuevo, pero no quería comenzar a gritar y armar un escándalo con su familia presente. Volvió a dirigirse Yukie, que había parado de llorar ante el grito de su padre —¿Viktoria te dijo a donde pensaba ir?

—No… no iba a venir aquí. No lo sé… pero… —Yukie metió su mano en el bolsillo de su abrigo y de ahí sacó un sobre blanco, con arrugas hechas cuando sus manos se prendieron a él con desesperación —… me… me dijo que era para ti… para ambos…

Yuuri le dio un beso en la frente antes de pedirle a Mari que se ocupara de ella. Víktor fue al lado de ella mientras su ex pareja observaba el sobre como si de una bomba se tratase. "Para papá Yuuri y papá Víktor" ¸ estaba escrito en el lomo, en esa perfecta caligrafía que Víktor le había enseñado.

Con cuidado, lo abrió y de el extrajo una carta en un papel azul, casi idéntico al color de ojos de padre e hija. Ambos se sorprendieron cuando les llegó el aroma a lilas, pues era algo que siempre había caracterizado a Viktoria. No era la carta más extensa, pero lo que había en ella era suficiente para entender.

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Víktor, Yuuri:

Antes que nada, lo siento. Por todo y por ahora. Sé que no he sido una hija ejemplar, y hasta hace un tiempo me he portado como una niña caprichosa. Lamento que me haya dado cuenta de eso hasta ahora. Las consecuencias de mis actos han alcanzando a personas que jamás me perdonaré haberles hecho daño. Kujo tal vez estaría dormido con Dimitry en este momento si yo hubiera sido más sensata. Yuuri… lo que escuchaste en la pista, lo que dije, sabes que no es cierto. Eso no es lo que siento y solo hablé porque estaba enojada. Él y yo lo estábamos.

Ayer también estaba muy enojada, no solo con él, sino también conmigo. Víktor… sé que sabes de que hablo, y que el patinaje no es lo que más me molesta de lo has hecho.

Desde que caí, una vez más, en el Mundial, no he parado de pensar que ya no puedo estar más destruida. No los culpo de todo a ustedes, pero algo dentro de mí murió cuando escuché a Víktor gritar que no podía continuar. ¿Es esto lo que me espera? ¿Detenerme cada vez que piense que no puedo? Me niego mil y un veces.

Es por eso por lo que lo lamento, una vez más. No me voy por mis errores. Me voy por mí, porque la Viktoria que ustedes tienen por hija no soy yo. Esta no es ni de cerca quien quiero ser, quien se que en verdad soy. No sé si la voy a encontrar allá afuera, pero tengo que intentarlo.

Víktor, sé que no me dejarías hacerlo por mi cuenta. Si te hubiera dicho que quería irme, me habrías hecho quedarme, así como detuviste mi carrera. Eres mi papá, pero no puedo aceptar que hagas esto conmigo. Has sido el mejor entrenador de todos, siempre lo serás. Sé que ahora que me voy, es posible que no regrese. Siento no poder hacer lo que quieres. до свидания.

Yuuri, yo también sé que tú sabes lo que significa tocar fondo, llegar a un punto de tu vida en donde ya no sabes que hacer y porque lo haces, como si fueses un robot sin alma, sin un propósito. Sé que te asusté por mi decisión, pero espero que me entiendas y me dejes encontrar a la Viktoria que tú quieres, a la que te mereces. Lo siento, papá. Perdóname por no estar ahí. Dile a Dimitry que lamento lo de su hermano. さような.

Yukie, Sasha, Kenji, Dimitry… ustedes también merecen una hermana mejor, y saben por qué. Les prometo que trataré de ser ella y ser yo. Cuando los vuelva a ver a todos, a ustedes, a mis abuelos, tía Mari, Yuko, Minako, Takeshi… a todos, les prometo una mejor Viktoria.

No me busquen, les haré saber que estoy bien.

Hasta la próxima.

Viktoria Svetlana Nikiforova-Katsuki

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—¡No! ¡De ninguna manera! ¡Víktor! ¡Brendan!

Yuuri trató de detenerlos a ambos, pero tanto ruso como americano lo rechazaron. Iban a salir hacia la estación de Hasetsu, y si Viktoria no estaba ahí, se irían directo al aeropuerto en Fukuoka.

—¡No me pidas que deje que mi hija haga lo que quiera! —gritó Viktor, ya sin importarle que la familia o el resto de sus hijos lo escuchara.

—¿Es que acaso no leíste lo que ella piensa? ¡Yo sé de lo que habla! ¡Si ella piensa que es lo mejor...!

—¡Es una niña!

—¡No! ¡Nosotros la hemos tratado como una niña todo el tiempo!

—Yuuri… entiendo el punto de Víktor —Brendan trató de no alterarse, pero sentía que no podía darle la razón a su novio por más que quisiera —Viktoria tiene problemas, y lo sabes. No podemos dejar que simplemente se vaya y se arriesgue de más.

—¡No hace eso! ¡Ella puede cuidarse por sí misma! Y… sé que recurrirá a nosotros si nos necesita…

—¡Carajo, Yuuri! ¡Se largó! ¡No vino a ti, aunque te necesitaba, solo se fue!

—¡Es que no nos necesita! ¡La estamos lastimando! —de una manera que Víktor nunca se esperó ver de el japonés, este lo tomó de la solapa de su abrigo y sostuvo su mirada demasiado cerca para el gusto de cualquiera —¡Déjala! ¡Deja ir a mi hija! ¡No quiero que le hagas más daño!

—Lo que quiero es protegerla.

—¿Haciéndolo infeliz? ¿Qué termine por odiarte? ¡Porque eso va a hacer si vas en busca de ella y la regresas!

—Te dije que los iba a cuidar a cualquier precio. A cualquiera, Yuuri. Y si ya me costaste tú y Kujo… puedo soportar lo demás —Víktor separó al pelinegro de él con tranquilidad, como si fuera la última palabra en ese tema. Quiso decirle muchas cosas, pero muchas ya no tenían sentido y no había tiempo para ninguna —Brendan… ¿irás conmigo?

—Por supuesto —el médico casi podía jurar que el desprecio que refulgió en los ojos de Yuuri hacia él le iba a costar mucho, pero no podía solo quedarse ahí y dejar que todo fluyera. Viktoria no podía irse solo así y el no podía dejar que su inacción formara parte de un desastre mayor —Lo siento, amor. Tienes que entender.

Yuuri se quedó en estado catatónico en medio de la recepción, sin poder atender a las palabras de su madre y escuchando como un eco lejano la insistencia de Yukie de que, tal vez, era lo mejor. Si al principio de esa fatal noche rogaba porque su Viktoria volviera a su lado, en ese momento solo podía pensar en una cosa completamente diferente.

"Corre, Viktoria, corre".

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¡Hola! Alguien por ahí tuvo razón, la organización de la Navidad es un desastre y quita más tiempo del que pensé. Como pueden notar, esta es la primera parte del capítulo, en la siguiente verán lo que pasó desde que Víktor y Brendan se fueron hasta que Viktoria dio señales de vida. ¿La alcanzarán? ¿Sabrán donde está? ¿Les ganará y se les perderá por tiempo indefinido?

Dejaré que ustedes elijan si quieren que la próxima actualización sea el punto de vista de Viktoria o seguimos con los que la están buscando. Pueden dejarlo aquí en los comentarios o en el grupo de Facebook.

Bien, creo que es todo. Espero que les esté gustando. Y sí, ya rebasamos la mitad del fic. Lo cual me hace temblar. Sin embargo, en próximos días, ya sea por el grupo o por aquí, les dejaré un adelante del fic omegaverse que quiero iniciar, así ustedes podrán decirme si les gusta o no.

¡Saludos a todos! ¡Los amo con la vida!

Ethavisell: ¡Oh! Me siento halagada. En este caso, mil gracias por tu comentario. Sí, yo sé que esto es dramático, pero como lo puse alguna vez, YoI me dejó una sensación de que todo es demasiado perfecto. Quise darme a la tarea de demostrar aquí que merecen amarse, y eso solo queda fiel cuando las condiciones adversas los ponen a prueba. De cualquier manera, ya había puesto en otro cap que este fic es Viktuuri y así va a ser el final, no hay más, porque tampoco puedo con la idea de que no estén juntos. Ojalá que lo sigas leyendo y te vea por aquí con más comentarios. ¡Un abrazo gigante!

Aizawa-Hana: Yo te dije que, si iba a pasar, nada más que me tuvieras paciencia. Mi sueño es que siempre me comentes jaja. Habrá que ver cuales si se vuelven realidad.

Haru: ¡Casi me ahogo de risa! No es mal plan, pero es que apenas estoy entrando en razón de que en verdad tienes algo muy serio contra Viktoria, cuando en Wattpad medio mundo dijo que era lo mejor. Pero te prometo que le van a sacar sangre, sudor y lágrimas para que aprenda su lección. Mis bebés ya están rotos lo suficiente, así que ya espero que no se me salga partirlos más, salvo por un hecho que vendrá mucho, mucho después, pero no pensemos en eso ahora. Yo adoro como adoras a Laryssa, pero ten en cuenta que el único amor sincero de esa mujer es por Kenji, ni siquiera por Víktor. A los demás solo quiere verlos caer y mira que tendrá una genial actuación en el próximo capítulo. Ya, calma, que Yuuri ya va a empezar a sacar sus garras. Respira antes de que te hiperventiles. ¡Saludos y un enorme abrazo cuidadoso!