Capitulo LIV

"Horneando al amor, Dulce Alma gemela"

Nueve años después…

Konoha se mostraba tranquila esa mañana. Los primeros albores del sol veraniego a penas rozaban el horizonte. Las cortinas de la alcoba se mecieron con delicadeza, dando paso a un aroma dulzón que pareció impregnarse en el aire.

Hinata se giró en la cama y escudriño con temor el otro lado de la misma. Las sabanas emitieron un leve sonido de ausencia y desconsuelo. La chica aún entre dormida sujeto la almohada de su compañero atrayéndola más hacia su cuerpo. Podía percibir su fragancia, su calor y las mismas exquisitas emociones que solían enloquecerla cada noche. La muchacha suspiró y derramó unas cuantas lagrimas entre dormida.

Una delicada calidez rozó su mejilla, esa ternura reconocida pareció trasportarla a un mundo mágico he inocente en donde él aún existía.

-Te quiero… -suspiró entre dormida. –Te quiero… -volvió a repetir al notar el inconmovible silencio.

-Yo también te amo Hinata Hyuga… -Sentenció una voz masculina.

-Entonces quédate conmigo… -susurro a media voz.

-¿Sabes porque nos encontramos amor mío? –pregunto la voz interrumpiendo el silencio.

-Yo… no… -profirió llorisqueando.

-Por que nuestras almas siempre fueron una, al unirnos fuimos un solo ser, una conjunción tan perfecta que envidaría hasta el mismísimo Universo.

-¿Entonces por que? –Inquirió ella abrazando la almohada.

-Sabías que sería así… ese fue el trato… solo un tiempo limitado… un extraordinario tiempo a tu lado… -Acariciándole con ternura el renegrido y largo cabello el cual se desparramaba con finura sobre la almohada.

-No es justo… yo te amo… no es justo… -repetía entre sollozos.

-Las injusticias no existen amada mía… solo nuestra concepción sobre algo las crea, pero lo que a ti te puede parecer un sinrazón en verdad no lo es.

No me arrepiento de lo vivido ni me arrepiento de haberte elegido y si bien hay cosas que hice mal las reharía solo para estar un efímero segundo a tú lado.

-Quédate… conmigo…

-Ya debo irme… el amanecer llegará… debemos despedirnos…

-No, no te vayas… -Agonizando en llanto.

-¿Sabes que es lo más maravilloso de hallar a un alma gemela? ¿Lo sabes? –Inquirió.

-No…

-Que el amor que sentimos nos unirá por toda la eternidad y además ese lazo no se cortará jamás.

-Sasuke… -llorisqueo la chica.

-Él volverá… ahora es su tiempo… así lo acordamos mucho antes de regresar… lo amo, pues me ha regalado esta extraordinaria vida creada junto a ti Hinata; porque, que esta maravillosa conjunción cósmica ocurra en el Universo solo se puede dar una vez en infinitas vidas…

-Sasuke…

-Volverá y tú renacerás… por que así lo pactamos los tres en la eternidad… por que "las almas que son gemelas, no son solo dos"… -Dijo desvaneciéndose el susurro completamente.

-¡SASUKE! –Grito aferrándose de las sabanas e incorporándose en la cama de golpe.

-¡Mamita! –Dijo una tierna voz a su lado.

-Sayuri ¿Qué pasó? ¿Qué haces aquí? ¿Qué hora es? –Dijo buscando el reloj despertador sobre la mesa de luz de su recamara.

-¡Ya es año nuevo! –Exclamó la niña contenta subiéndose a su cama.

-¡Ahh! Claro y prometí llevarlos al templo a orar ¿verdad? –Intentando sonreír y secarse las lagrimas que empapaban su rostro.

-¿No estas feliz? –Pregunto la niña mientras la pelinegra le daba un beso y disponía a vestirse.

-¿Feliz? ¿Por que iremos al templo? Seguramente será un maravilloso día. –Aseguró abriendo las cortinas de par en par.

-No por eso… -Dijo la niña de siete años sentada sobre su cama.

-¿Y entonces? –vistiéndose.

-¿Si estas feliz de que te haya visitado mi papá? –La chiquilla de cabellos negros, largos, lacios y ojos oscuros la miró con ternura y satisfacción provocando que la pelinegra volviese a derramar las lagrimas que había logrado secar.

-Sayuri tú… -Hinata se contuvo, sabía de las asiduas apariciones que la pequeña solía vislumbrar pero no quería fomentar en ella esa clase de visiones. –Será mejor que vayas a despertar a tú hermano dile que se cambie y tú también iré a preparar el desayuno.

-¡Si, mami! –exclamo la niña con felicidad.

Hinata se sentó al borde de su cama y se tumbó en el lado que pertenecía a Sasuke. Podía jurar que su perfume estaba impregnado en las sabanas, su aroma… su exquisito aroma.

Flash Back…

Un año antes…

-Hinata amor ¿Dónde estas? Ya me voy. –Grito la voz masculina desde la entrada de la casa.

-¡Ya voy! -Bajando con rapidez de la planta alta. –Lo siento estaba juntando las cosas de los niños. –dándole un tierno beso en los labios.

-¡Adiós Papá! –Grito Sayuri bajando de las escaleras y abalanzándose sobre el pelinegro.

-Adiós mi princesita… vas a cuidar a tú mamá mientras no este ¿verdad? –Inquirió alzándola en sus brazos y besándole la mejilla derecha.

-¡Si, yo y el señor Dazou la protegeremos! –Esgrimió con alegría.

-¿Señor Dazou? –Preguntó Sasuke mirando confuso a su esposa.

-No me lo preguntes a mi yo no tengo idea… -Dijo Hinata con desconcierto. -¡Minato tú papá se va ven a saludarlo! ¡Minato! –insistió.

-¡Adiós papá! –Exclamó el chico quien apareció del living y lo saludo con pocas ganas.

-¿Esa es la manera de saludar a tu padre? –Inquirió Hinata algo enojada.

-¿Recuerdas lo que hablamos ayer Minato? –Dijo él, bajando a Sayuri quien corrió a la sala.

-Si… -Exclamó el pequeño Minato desviando su mirada.

-¿Y recuerdas lo que te dije? –Posando su mano derecha sobre el hombro izquierdo del niño.

-Si… -respondió.

-Entonces no estés así. La mayoría de las veces los adultos no sabemos bien como explicarnos y como debemos actuar. Nosotros también nos ponemos tristes y nos echamos a llorar cuando las cosas no resultan como las queremos y también es cierto que cuando nos equivocamos nada podemos hacer y tratamos de vivir mejor intentando que en un futuro no nos vuelva a pasar lo mismo.

-pero… -Minato hecho a llorar.

-Sabes que yo te quiero y para mi eres y serás mi hijo Minato, siempre, sin importar que pase lo serás ¿Entiendes? –Abrazándolo con fuerza. –Y yo te quiero tanto como a tú hermana y para mi ustedes tres son lo más importante que me ha dado la vida. –Mirándolo a los ojos.

-¿Y el tío Itachi? –Inquirió el chico tratando de sonreír entre tanto sollozos.

-Al tío Itachi también lo quiero… -Sonriendo y mirando a Hinata quien solo le acarició el cabello a su pequeño hijo.

-¡PAPÁ! –Lanzándose a los brazos del pelinegro.

-Cuida a tú mamá ¿Sí? Yo estaré de regreso en una semana. Recuerda que mientras yo no esté tu deber es protegerla y a tú hermana.

-¡Si lo haré!

-Bueno ahora ve a jugar… -dándole una palmadita en la espalda y viéndolo perderse tras la puerta de la sala.

-¡Ahh! Se que lo que menos deseas es oír esto Hinata pero el chico merece conocer a su padre.

-Lo sé… -Dijo suspirando.

-¡Te amo! –Dijo abrazándola y sujetándola fuertemente por la cintura.

-Yo también Sasuke… -Besándolo en los labios.

-Hablaremos de esto cuando regrese ¿Esta bien? –Dijo soltándola.

-Si… -No muy convencida.

-Descuida Naruto no te odiará. –Recogiendo su bolso del suelo.

-Eso espero… Regresa sano y salvo ¿Me oíste? –Señalándolo con el dedo.

-Si, eso haré; estaré aquí para navidad. –Volviéndola a besar y escapando tras la puerta de calle.

-Cocinaré algo delicioso.

-¡Mas te vale! –Grito tras subirse al coche. Hinata lo vio perderse en la esquina.

-¡Cuídate! –murmuro.

Una semana después…

La muchacha había estado cocinando toda la mañana. Un exquisito aroma perfumaba toda la casa. Minato y Sayuri jugaban en la sala y adornaban un reno hecho precariamente con alambre y varias tiras de papel brillante.

Un fuerte golpe en la puerta la trajo a la realidad. Hinata se lavó las manos y corrió presurosa a abrir la puerta de su hogar.

-¡Itachi! ¿Cómo estas? adelante pasa –Dijo con alegría pero el muchacho permanecía impávido y taciturno en la entrada.

-Hinata… -Dijo finalmente derramando algunas lagrimas.

-¿Qué… ocurre Itachi? –Exclamó preocupada.

-Lo siento… -Dijo el pelinegro echando a llorar.

-¿Lo sientes? ¿Itachi? –Inquirió Confusa y nerviosa.

-Sasuke… Sasuke… ya no está él… él… ¡murió! –Expresó con desconsuelo.

-¿De que hablas? –Apartándose de la entrada

-Algo falló en la misión… no se que fue… algo estallo a su lado… él no… sobrevivió.

-¡QUE! No es verdad… no puede ser él…

-Lo siento Hinata… Sasuke… Sasuke ya no regresará… -Expresó desconsolado.

-No… NO… ¡NOOOO! –gritó desesperadamente y llorando de impotencia.

Fin del flash back…

Los fulgurosos e incipientes rayos de sol entibiaban aquella mañana veraniega. La brisa matutina se dejaba percibir, a través, de un suave arrullo de las hojas pertenecientes a unos coloridos árboles del jardín.

Un exquisito aroma a jazmines y rosas pululaba por el ambiente extasiando el aire y acrecentando el fastuoso espectáculo desplegado en aquel vivaz jardín de la mansión Uzumaki.

Una preciosa pérgola atestada de flores coloridas que caían sobre el entramado de la misma, circundaba una preciosa mesa hecha de mármol blanco y cristal. No muy lejos de allí el gorgoteo de una antigua fuente de mármol negro, sobre la cual posaba una antigua dama de amplia y amena sonrisa; acrecentaban el atractivo y belleza de aquel amplio espacio que se situaba no muy lejano a la casa.

Las risas de dos mujeres y el cuchicheo de una voz juvenil, le dieron al joven amo de aquella fastuosa residencia, una calurosa bienvenida.

-¡Buenos días Naruto! –Exclamó Sakura sonriente.

-Buenos días hijo –sonrió Kushina mientras la brisa abanicaba su largo y rojizo cabello.

-¡PADRINO! –Grito una jovencita de unos siete años de edad que corrió presurosa a su encuentro.

-¡Buenos días a todas! –Expresó alegre mientras alzaba a la pequeña entre sus brazos. –Vaya estas pesada Lina eso quiere decir…

-¿Qué estoy gorda? –Inquirió la jovencita algo ofuscada.

-¡No! –Echando a reír a carcajadas –Significa que has crecido desde la última vez que nos vimos.

-¡Pero eso fue ayer padrino! –Mirándolo extrañada.

-Por eso, hoy ya has crecido otro poco. –Bajándola y colocando su mano izquierda sobre la cabeza de la niña.

-¡Lina deja que Naruto venga a desayunar! –Sentenció Sakura con voz severa.

-¡Eso hago! –arrastrándolo de la mano hasta la mesa del jardín donde se sentó.

-Muchas gracias joven dama… -Dijo él caballerosamente provocando que la niña se sonrojara.

-Y así todas las mujeres caen redondas a sus pies. –Río Kushina.

-No estas exagerando mamá. –Mirándola con gracia.

-¿Te casarás conmigo cuando sea grande Naruto-sama? –Pregunto la pequeña.

-Y después dice que exagero… -Expresó con algo de agobio Kushina mientras bebía un sorbo de té.

-¿No crees que seré un poco vejete para ti Lina? –Inquirió el rubio mirándola detenidamente con una sonrisa en su rostro.

-Claro que ¡NO! –expresó con seguridad.

-Pues yo creo que a tu padre no le gustará nada esa decisión. –Afirmó Sakura quien se apodero de una galletita de aquel apetitoso desayuno.

-Papá lo aceptará, además también lo quiero a él y a ti mamá, así estaremos juntos por siempre. –Sentenció la niña con entusiasmo.

-No puedes apoderarte de las personas Lina, tienes que entender eso. –Dijo Sakura ofuscada.

-Mamá… -haciendo puchero.

-Eres muy ruda con ella Sakura. –Rió Naruto.

-La realidad es la realidad. Además tú padrino tiene derecho a casarse con una mujer de su edad.

-Pero aún no la ha encontrado y me alegro que se haya alejado de esa chismosa con la que estaba. –Aseveró.

-¿Chismosa? –Kushina la miró absorta.

-Chouji lo dijo… -Lina se encogió de hombros pues algo le decía que se había ido de boca.

-¡Chouji lo dijo! –Naruto hecho a reír a carcajadas. –Bueno quizás tenga razón –Sonriendo y provocando que la niña lo observará fascinada.

-Lina por que no vas a jugar por el jardín un rato tengo que hablar con tu padrino. –Dijo seriamente Sakura provocando que la niña la mirara enfadada y se alejara haciendo puchero.

-¡Esta loca por ti hijo! –Kushina rió.

-Pues es una niña muy linda. –Sonriendo.

-¡Ni se te ocurra Naruto Uzumaki! –Dijo Sakura espantada.

-Tranquila solo bromeo además es mi ahijada preferida –Naruto sonrió

-Pues es la única ahijada que tienes... –Kushina deposito su taza sobre la mesa de cristal. –Si me dispensan iré a prepararme para ir al templo. –Alejándose del lugar.

-¡Ahh este lugar es precioso Naruto! Yo no se por que no decides venir a vivir otra vez aquí. –Sakura respiro muy hondo para percibir el dulce aroma de las flores.

-Supongo que Konoha ya no es un lugar al que pueda llamar hogar… -suspirando.

- Ya veo… -Notando el triste semblante de su amigo ¿Y a propósito como te fue anoche Naruto? –Inquirió suspicazmente la pelirosa cambiando literalmente de tema.

-¿Por qué lo preguntas? –Bebiendo un poco de té.

-Por que te vino a buscar una muchacha muy bonita a la casa y además debo decir que estaba vestida muy provocativamente. –Recordando la escotada blusa y la corta minifalda de la extraña.

-¡La verdad se veía algo infartante! –Babeando mientras recordaba su última conquista.

-Sin contar que llegaste muy tarde a la casa… -Dijo la muchacha observándolo pícaramente.

-¿Y tú como lo sabes?

-Por que los sirvientes me lo dijeron esta mañana.

-Ya veo… -Bebiendo otro sorbo de té.

-¿Y piensas seguir así toda la vida?

-¿A que te refieres? –Mirándola algo ofuscado.

-Me refiero a que ya tienes treinta años Naruto es hora de que busques una buena mujer y que tengas tu propia familia, estoy segura de que Kushina anhela tener un nieto. –Dijo con algo de emotividad.

-Lo sé, mi madre desea vivir lo que no vivió conmigo pero yo no estoy interesado en eso por ahora, además si tanto desea un niño por que no adopta uno. –Exclamó entre risas.

-Por que no es lo que desea Naruto… -Dijo con tristeza la pelirosa.

-Lo sé… -cambiando drásticamente el semblante y perdiendo su azulina mirada en la pequeña que jugaba en su jardín.

-Es una lástima que él no éste ahora con nosotros… -Dijo Sakura ensimismando su mirada.

-Pues… si… -Volviendo a tomar otro sorbo de té.

-No entiendo por que Hinata no nos dijo nada, y tampoco Itachi; habernos dejado de lado como lo hicieron es frustrante y doloroso. –Exclamó la chica enfadada. –Después de todo nosotros fuimos sus mejores amigos. –Sentenció Sakura. Naruto la miró y volvió a beber de su té. -¡No es justo! –comenzando a llorar.

-Tranquilízate… supongo que habrán tenido sus motivos. –Naruto le toco el hombro, lo que no paso desapercibido para la pequeña pelirroja que jugaba a la distancia.

-Supongo… de todas formas no fue nada agradable enterarnos por terceros y sobre todo un año después. –Sakura volvió a derramar unas cuantas lágrimas que no pudo ocultar.

-Sakura…

-No se los voy a perdonar… -limpiándose rudamente las lágrimas.

-Seguramente a ti no te dijeron nada por mi causa…

-¿Qué dices? –Sakura lo miró asombrada.

-Esta claro que ni Itachi ni Hinata quieren volver a verme, así que evitaron comunicarte a ti sobre la muerte de Sasuke; sabían que si te hablaban al respecto tú me lo contarías sin dudarlo.

-¿Pero que motivos tendrían Itachi y Hinata para no querer verte? –Inquirió la pelirosa confusa.

-Bueno no lo sé… imagino que Itachi me tendrá cierta desconfianza por lo ocurrido en el pasado con su hermano; y en cuanto a Hinata pues… supongo… -pensando unos instantes -supongo que prefiere evitarme. -Formuló con tristeza.

-Naruto…

-¡Pero no me importa, si ellos no desean verme yo tampoco los veré! –Exclamó con satisfacción.

-Es muy raro. Sasuke iba a verme a casa y jamás menciono algún posible rencor o algo por el estilo. –Dijo Sakura pensativa.

-¿Pero tampoco iba Hinata con él o si? –Inquirió el ojiazul.

-No… eso me extrañaba bastante… aún que siempre me evadió con respecto a esa pregunta, supuse que sería algún posible recelo de Hinata para conmigo.

-No lo sé, pero nos excluyeron completamente… pues bien, haya ellos, no pienso amargarme por algo como eso. –Dijo el rubio con desprecio.

-Veo que ya están riñendo desde la mañana temprano. –Exclamó una voz masculina acercándose a ellos con un celular en la mano.

-¿Pudiste aclarar el asunto amor? –Inquirió Sakura mirando como embobada al pelirrojo que la beso en los labios y se sentó a su lado.

-Si, no fue nada serio, se lo encargue a Kankuro. –Dijo sirviéndose un poco de té. –Buenos días Naruto. –Dijo apaciblemente.

-Hola Gaara ¿siempre trabajando ehh? –inquirió graciosamente.

-No más de lo acostumbrado, además es bueno tener una recompensa en casa. –Abrazando a su mujer quien lo miró alagada. -¿Y de que hablaban?

-De la muerte de Sasuke… -Sakura volvió a afligirse mientras algunas gotitas humedecieron sus ojos.

-No deberían buscar razones o culpables, más bien creo que lo mejor es que vayan a hablar con Hinata e Itachi ¿no les parece? –Sugirió el pelirrojo limpiando con sus dedos aquellas delicadas lagrimas de su mujer.

-¡NO! –Exclamaron a coro.

-¡Papito! –Lina tiró sus juguetes y corrió a los brazos del recién llegado.

-Buenos días mi princesa. –Dijo Gaara con voz suave, rememorándole un distante pasado al rubio.

-Sabias mi padrino y yo nos vamos a casar –Sentenció contenta.

-Sobre mi cadáver… -Dijo el chico malhumorado.

-¡Papá! –La niña lo miró algo apesadumbrada.

-¡Si suegro acéptalo! –Naruto hecho a reír con ganas.

-Más que reír podrías ir a hablar con tu única princesa. –Dijo Gaara con algo de severidad provocando que Naruto dejará de reír y que Lina los mirara expectante.

-¿Tienes una princesa? –Dijo Lina con tristeza.

-Así es… y era muy bonita. –Sentenció Sakura con satisfacción notando la cara de fastidio de su pequeña hija.

-¿De verdad Naruto-sama? –Lina gimoteo intentando dar lastima.

-Se olvidan acaso que esa princesa se quedo con otro príncipe y tuvo hijos con él. Sin mencionar que ese príncipe era mi mejor amigo, mi hermano.

Además ella puede haber cambiado, he incluso ahora puede pesar unos doscientos kilos y haberse convertido en un ogro pestilente y con mal carácter. –Dijo Naruto algo enfadado mientras Lina se imaginaba toda la escena.

-Seguramente debe ser horrible. –Lina río.

-¿Y no la querrías igual? –Inquirió Gaara, serio, bebiendo una taza de té.

-¿La querrías padrino? –Lina lo miró perpleja.

-Por supuesto que no; además hace ya bastante tiempo que no me interesa nada de ella; es más, si la viera me daría exactamente lo mismo. –Aseveró -Hinata no me provoca nada… ni siquiera un breve latido de corazón… mi amor por ella murió hace mucho tiempo. –Ratifico con desprecio esquivando las miradas de sus dos amigos, quienes, se contemplaron algo tristes y dubitativos.

-Naruto-Sama… yo si me quedaré contigo. -Lina corrió a abrazarlo.

-Bueno supongo que tienes razón, un amor simple no vive mucho tiempo. –Sentenció Gaara suspicazmente. Naruto lo miró pero prefirió evitar comentario alguno.

-¡Naruto, hijo! ¿Ya están listos? –Inquirió Kushina batiendo su mano en el aire desde las escalinatas de la casa que daban al jardín.

-¡Ya vamos! –grito éste contestándole.

En el templo…

Año nuevo era una de las celebraciones más esperadas en Konoha. El templo de la ciudad lucía preciosamente engalanado. Varias lámparas de papel, que aún no estaban encendidas, recorrían todo el amplio parque del templo. Las flores, los azahares, claveles, rosas, amapolas, jazmines y demás le daban un precioso colorido al vasto lugar.

La gente pululaba entorno a los puestos de chucherías, golosinas, comidas, bebidas y otras atracciones más. Muchas eran las personas que preguntaban al oráculo como estaría su fortuna en el nuevo año y cuales eran los consejos que el mismo les regalaba.

Naruto, Sakura, Gaara, Kushina y Lina caminaban contentos por aquel agraciado lugar. Naruto acompaño a la pequeña Lina a probar su suerte y a curiosear en la suya con los Omikujis.

-¿Qué dice Lina? –Inquirió el ojiazul acuclillándose junto a la pequeña que lo miró sonrojada.

-Dice… -leyendo despacio pues aún no tenía tanta agilidad en la lectura. –Que tendré buena… fortuna…

-¡Excelente hijita te ha tocado uno bueno! –Exclamó Sakura sonriente mientras miraba su papel y fruncía el seño.

-¿A ti no te toco uno tan bueno verdad? –Exclamó Gaara notando el apesadumbrado rostro de su ángel.

-¡Noo! -gimoteando.

-Descuida compartiremos la mía. –Sentenció el chico quien le entrego su papel.

-¡DAIKICHI, GRAN FORTUNA! –grito la chica al ver aquel pequeño anuncio y desencajaba la mandíbula de la impresión.

-¿Qué más dice tú papel Lina? –Inquirió Naruto pero la niña hacia grandes esfuerzos por pronunciar correctamente las palabras. –Déjame leer por ti. –Tomando el papel entre sus manos.

-Gracias… -dijo la niña suspirando.

-¡Veamos! Buena fortuna… estudia mucho para afrontar con éxito tu futuro. También que el buen carácter logra más que la mala predisposición.

-Eso siempre le digo yo. –Sakura suspiro y Naruto solo sonrió.

-También dice que tú verdadero amor está junto a ti y lo verás cuando menos lo esperes. ¡Vaya te salió un excelente consejo! – el rubio sonrió y la pequeña pareció desprender chispas de colores por los ojos.

-¿Y a ti que te toco hijo? Preguntó Kushina.

-Veamos… Daikishi Gran Suerte, por supuesto… -Sentenció con mirada autosuficiente.

-¡De verdad! –Lloriqueo Sakura. -No es justo… -Sakura bajo su cabeza resignada.

-Dice que ampliaré mi economía y alcanzare mis metas en este nuevo año. –leyendo el trozo de papel.

-¿Y en el amor? –Pregunto la madre ansiosa.

-Que… -el chico guardo silencio por unos instantes.

-¿Qué dice? –Inquirió Sakura.

-Que escuche a mi corazón…

-¡Que emocionante! –Sentenció la pequeña Lina satisfecha.

-¡Ahh estupideces! –exclamó con sarcasmo. –Bueno colguemos estos papeles para que podamos orar en el templo y pedir nuestros deseos. –Sentenció el joven. –Además el cocinero prepararía ramen hoy… -Casi babeando.

-¡Si vamos! –Grito Lina con alegría saltando con júbilo y alejándose un poco del grupo.

-¡No te alejes tanto hija! –Grito Sakura quien iba conversando con Gaara y Kushina.

-Yo iré con ella… -Exclamó Naruto adelantándose.

Lina correteo canturreando contenta hasta las escalinatas que la conducirían al tradicional ritual "Shintoísta" de pedir deseos tocando el gran cascabel del templo.

Había algunas personas esperando su turno en aquel lugar, así que Lina se posicionó lo más cerca que pudo esperando con ansias que los dioses escucharan sus ruegos, y ella algún día, pudiese cumplir ese tan ansiado amor infantil, después de todo, así se lo auguró su Omikushi.

Dos personas adelante pidieron su deseo y cuando la pequeña se disponía a posicionarse junto al cascabel, otro niño la empujo tomando su lugar.

-¡OYE TU GUSANO! –gruño de mala manera.

-Es mi turno… -aseguro el pequeño pelinegro sin siquiera mirarla.

-¡Claro que no, yo estuve esperando mucho antes que tú! –dijo enfadada.

-No es así, tú llegaste después que nosotros ¿no es así hermana? –Mirando a una pequeña pelinegra de la misma edad de Lina que sostenía un conejo de peluche blanco entre los brazos.

-¡Ahh no lo sé! –dijo la pequeña dubitativa quien miró a la pelirroja de ojos verdes con sorpresa y luego sonrió.

-¿Tú que me ves? –Inquirió Lina ofuscada ¿Acaso esos dos eran bichos raros?

-Eres muy bonita. –Expreso la niña quien entrecerró sus ojos con simpatía y la miró con expresión alegre.

-¡Ehh! –La pelirroja retrocedió algo sonrojada.

-Que va a ser bonita más bien diría que se ve horrible… -El niño la miró con atención y Lina pudo notar la azulina mirada de su rival la cual parecía traspasarla. –Mírale el cabello ¿Acaso te bañaste con salsa de tomate? –Dijo riendo a carcajadas.

-¡Tú! Gusano… -Lina pareció ofuscarse más. Nadie en su corta vida se había atrevido a llamarla así. Una Sobaku era símbolo de respeto y señorío pero este pequeño mocoso parecía no tener ni idea de con quien estaba hablando.

-Tú y tu pelo de tomate. –Río.

-No deberías llamarla así hermano…

-¡Aquí estaban! –exclamó otro niño de cabello negro y ojos del mismo color.

-Keita, Minato está molestando a esa niña. –Exclamó Sayuri mientras los dos aguerridos contrincantes llevaban a cabo un duro duelo para ver quien sería el próximo en pedir sus deseos.

-No puedo creer que Minato pelee con una niña, él jamás se molesta por nada. –Sentenció el chico asombrado. –Será mejor que intervenga. –Dijo Keita al ver a la niña tan enfurecida.

-¡No! –exclamó Sayuri sujetándolo de la ropa con fuerza mientras miraba la escena estupefacta.

-¿Por qué no prima? Se van a matar –Sentenció contrariado.

-No intervengas… así debe ocurrir…

-¡Ehh! –Keita la miró con seriedad –pero Sayuri…

-No intervengas… -volvió a insistir y el pelinegro posó su mirada sobre los dos niños a su lado que discutían.

-¡Yo estaba primera! –Sentenció Lina.

-¡No es verdad! Yo llegue aquí antes que tú. –Bufó.

-¿¡QUE OCURRE AQUÍ! –gruño con rostro amenazante una alta figura de cabellos dorados, los cuales, eran reflejados por el sol eyectando destellos luminosos sobre el rostro de ambos pequeños. -¿¡COMO TE ATREVES A MOLESTAR A LA NIÑA, PEQUEÑO RENACUAJO! –Volvió a gruñir como poseído.

-¡Naruto-sama! –expreso Lina corriendo junto al joven y colgándose de su cintura mientras llorisqueaba falsamente.

-¡¿DIME NIÑO! –Inquirió en voz alta, más el chiquillo permanecía algo retraído y agazapado tras aquella acechante aparición.

-¿Qué ocurre Naruto? –Preguntó Sakura acercándose a la escena.

-Será mejor que busque a papá. –dijo Keita en voz baja apartándose de Sayuri.

-Lo único que falta, molestando a un niño. –Exclamó Sakura frustrada.

-¡Estaba importunando a Lina! –Naruto la miró fijamente por unos instantes.

-¿¡QUE! –acercándose a los dos. Minato miró a la niña y esta aprovecho para sacarle la lengua en señal de victoria.

-¡OYE NIÑO COMO TE ATREVES A MOLESTAR A MI HIJA! –Mirándolo con atención.

-Yo no se cual de los dos es más infantil… -Suspiró Gaara.

-¡YO NO LA ESTABA MOLESTANDO ELLA SE ADELANTÓ A LA FILA METIENDOSE ANTES QUE NOSOTROS! –expresó enojado Minato con cierta altanería, mirando con sus dos portentosos zafiros a Sakura quien se quedó algo pasmada.

-¡Ohh por Dios! –llevándose la mano a la boca en señal de asombro. Naruto la miró y luego observó la causa de su reacción.

El pequeño de no más de diez años los contemplaba estático con los brazos cruzados y con cierta posé de arrogancia.

Naruto sintió una poderosa opresión en el pecho. Lo miró con atención, la forma de su cabello, la actitud, el color de ojos; si no fuese por el color del cabello y por la edad de aquel sujeto en miniatura juraría que se hallaba frente a su difunto padre.

-¿Qué les ocurre hijo? –Dijo Kushina acercándose a la ronda, pero al percibir aquella diminuta imagen su corazón pareció acelerarse y agitarse descontroladamente. -¡MINATO! –grito antes de desmayarse en los brazos de Gaara.

-¡Señora Kushina! –Gaara intento socorrerla pero la mujer ya había perdido el conocimiento.

-¡Mamá! –Naruto soltó a Lina y se acuclillo junto a su desvanecida madre.

-Descuida estará bien… -Sentenció Gaara después de asistirla un poco.

Sakura no reaccionaba. Lina miraba a los presentes algo confusa ¿Acaso conocían al gusano? Naruto se paró nuevamente frente al niño y lo contemplo con fijeza a los ojos.

-Tú… -exclamó consternado provocando que el chico se asustase y retrocediese un paso hacia atrás.

-¡Hola! –Dijo adelantándose y colocándose frente al niño una pequeña de piel blanca ojos negros y cabello azabache que sostenía en sus brazos un conejo blanco.

-¿Y tú quien eres? –Dijo Naruto despertando de su prisión hipnótica tras la extraña aparición.

-¡No puede ser! –Sakura miraba algo pasmada toda la escena.

-Hola Naruto-Kun… -dijo la pequeña sonriéndole.

-¿Por qué? ¿Quién? –no pudiendo formular con coherencia aquellas preguntas.

-Ahora me ves así… -Expresó la niña sonriendo con elocuencia. Naruto abrió los ojos como dos platos y la miró atónito.

-¿Qué dice? –Sakura miró a su amigo confusa.

-Tú… eres… -Naruto pudo recordar, como un flash, un distante sueño en donde una hermosa mujer onírica le profesaba ciertas confidencias que en su momento no supo entender.

-¿Cómo me veo? –Dijo la niña dando una vueltecita con alegría para que él la apreciara mejor. Lina la observó con cierto enojo al notar la fija mirada de su querido padrino sobre los dos niños y luego lo tomó de la mano como queriendo llamar su atención, más aquel acto fue completamente inútil.

-Sa… yu… ri… -Exclamó tartamudeando.

-¿Sayuri? –Sakura le toco el hombro intentando comprender toda aquella locura.

-Sí… ¿me recuerdas verdad? – La niña volvió a sonreír.

-¿La conoces? –Inquirió Gaara confuso mientras sostenía en brazos a Kushina.

-Yo…

-¡SAYURI, MINATO! –grito con fuerza una voz masculina que se acerco con rapidez.

-Hola tío… -Dijo la pequeña avistando al recién llegado que jadeaba un poco por la carrerilla apresurada.

-Mi… Mi… na… to… -Naruto volvió a concentrar su mirada sobre la del pequeño quien lo observó con algo de enojo y luego posó su mirada sobre el recién llegado.

-¡NARUTO! –Exclamó el joven al verlo parado como un poste.

-¡ITACHI!

-Eres tú… -Sakura lo miró con detenimiento.

-Sakura, Gaara… -dijo Itachi tras notar a todos los presentes.

-Papá… ¿los conoces? –Pregunto Keita que llegó corriendo a su lado.

-Si… ellos… eran amigos de tú tío…

-¿Amigos del tío Sasuke? –El niño los miró entusiasmado.

-¿Por qué? ¿Cómo es que estas? ¿Ellos? –Naruto miró a Itachi y este suspiró algo contrariado.

-Hola Naruto… -dijo el pelinegro mientras se colocaba frente a los pequeños.

-Hola Itachi… -Expresó el rubio confuso.

-No sabía que estabas en Konoha… -volviendo a suspirar.

-De hecho vinimos antes de ayer al enterarnos de que Sasuke había muerto –Sakura tomó la palabra -¿Y sabes que es lo peor de todo Itachi? Que nos enteramos de la muerte de nuestro mejor amigo por parte de Tenten y Neji Hyuga. –Sentenció la pelirosa molesta.

-Sakura…

-Sakura nada… se que eras su hermano Itachi y que tienes más derecho que nadie en decidir que hacer, pero fuiste un completo egoísta en ocultarnos una cosa así ¿Acaso nunca pensaste en nuestros sentimientos, en lo que nosotros significábamos para él y él para nosotros?

-Lo lamento chicos… pero no fue mi decisión…

-¡Entonces fue de Hinata! –grito la chica algo nerviosa.

-Cálmate Sakura, estas en un lugar público. –Sentenció Gaara.

-Entiendo que ella era su esposa pero no tenía derecho a ocultarnos algo así, no lo tenía ¿Y por que? ¿Por qué nos hizo sufrir de esta manera? Ella estuvo con él y nosotros nos mantuvimos al margen para que ambos fuesen felices, pero no es justo que nos haya alejado de Sasuke; que no nos haya permitido despedirnos como correspondía, tuvimos que hacerlo un año después ¡UN AÑO! –expresó la chica con exaspero -¿Porqué Itachi?

-¡Cálmate Sakura! Además habrás notado el porque… -agachando la cabeza y apartándose de los dos niños.

-Itachi… -contemplándolo con atención.

-Déjenme presentarles a Sayuri y Minato… -Atrayendo a ambos niños delante de él y colocando una mano en el hombro izquierdo de Minato y otra en el hombro izquierdo de Sayuri. –Ellos son los hijos de Hinata y Sasuke… -expresó algo cabizbajo.

-¿Sus hijos? –Sakura volvió a mirar a la pequeña quien tenía los claros rasgos de un Uchiha, pero y el niño.

-Itachi… -Naruto a penas podía digerir todo lo que veía. -¿Cómo es posible? –El rubio sintió un profundo sofoco en su corazón ¿Realmente todo aquello que vivía era cierto?

-Debes hablar con ella… -Dijo Itachi mirándolo a los ojos y luego apartando su mirada en un punto focal posterior al muchacho, quien solo lo miraba consternado.

Ante estas palabras, Naruto, pudo percibir con claridad los atolondrados latidos de su corazón encajonado en el interior de su pecho. El joven notó la mirada perdida de Itachi tras él y eso lo puso mucho más nervioso, a tal punto que no era capaz si quiera de respirar con normalidad. Lina que aún permanecía a su lado sujetando su mano izquierda lo miró con atención; jamás había visto así a su querido padrino.

La pequeña observó a la estática figura de una delgada mujer que vestía con un hermoso Kimono color azul, salpicado de flores blancas, cabello negro recogido con dos palillos y unos titilantes y hasta casi espectrales ojos perlados.

La mujer permanecía inmóvil con ambas manos sujetadas con fuerza a la altura de las caderas y una expresión un tanto melancólica y taciturna.

Lina volvió a observar a su querido Naruto-sama. El joven parecía hasta asustado de voltearse pues pudo jurar que por un momento sus manos temblaban. La niña lo miró mejor y pudo notar el leve temblequeo de todo su cuerpo seguramente producto de aquella fantasmagórica visión ¿Acaso esa mujer era la princesa de su querido padrino? ¿Tendría ella algún influjo hipnótico sobre él? La pequeña lo soltó y se acercó a su madre aferrándose de su falda.

-Hola… Naruto… -Dijo una dulce voz.

El rubio respiró hondo intentando no desfallecer ¿Por qué se sentía así? ¿Acaso él no la había olvidado? ¿Por qué le temblaba el cuerpo? ¿Por qué no lograba controlar el ritmo acelerado de su corazón? ¿Por qué aquella misteriosa y dulce voz lo trasportaba al pasado inundándolo de recuerdos casi vividos?

Naruto se giró con lentitud y pudo apreciar, con sus poderosas gemas azules, la figura de su princesa parada a pocos pasos delante de él.

La chica se veía preciosa; no pesaba ni doscientos kilos ni lucia como un espantajo, muy por el contrarío su belleza no había menguado ni un céntimo. Si bien ya no era una muchachita y tendría unos veintiocho años, se veía como un autentico ángel. Sus ojos titilaban compungidos y nerviosos; presionaba sus manos disimuladamente, y desde su posición podía jurar que los labios le tiritaban. Su cabello, su rostro y cada delicado trazo de su silueta la hacían ver mucho más atractiva, femenina y sexi, a tal punto, que Naruto sintió desfallecer. Sus piernas comenzaron aflojarse, el cuerpo no le respondía, y su garganta se rehusaba a emitir sonido alguno ¿Acaso aquella exquisita visión le provocaría un ataque?

Había salido con muchas mujeres desde que ambos se separaron y si bien cada una de ellas era hermosa y hasta cierto punto sexualmente "sugestivas" ninguna se asemejaba a la estática figura que se posaba frente a sus ojos.

"Ninguna"

Esta palabra resonaba en su mente provocando un aturdidor eco que confundía sus oídos y sus otros sentidos ¿podría soportar aquella extraordinaria presencia?

-Yo… no sé… que decir… yo… -Hinata aparto la mirada no entendía por qué aun no lograba hacer frente a aquella impactante mirada sin perder aquel desquiciado duelo de poderes desatados entre ambos. Minato la observó contrariado; ni siquiera con su padre su mamá había actuado como ahora lo hacía.

Naruto intentó con desespero retomar el control de su cuerpo. El chico tomó brío y comenzó a caminar en dirección de la muchacha.

Hinata lo miró nuevamente a los ojos y por un segundo le costo respirar correctamente ¿Qué le diría Naruto ahora y después de tanto tiempo? Esta idea la intranquilizó.

El chico aceleró el paso y desvió la mirada con rapidez. Su figura la evito sin disimulo y se alejó con premura de su posición. Hinata permaneció estática ¿Qué significaba toda aquella acción?

-¿Naruto a donde vas? ¿Qué pasara con tu madre? –Inquirió Sakura más el chico no le contesto, alejándose de toda aquella muchedumbre.

Hinata se volteo y lo miró perderse varios metros más adelante. La joven tomó un respiro y comenzó a perseguirlo, primero caminando y al notar lo precario de su persecución, comenzó a correr tras él.

-¡Mama! –Grito Minato quien salió corriendo tras su madre.

-¡Minato espera! –Exclamó Itachi intentando ir tras su sobrino más un fuerte apretón en su brazo lo detuvo.

-Déjalo ir, esto les incumbe a los tres Itachi. –Sentenció Lara quien se había mantenido al margen tras llegar con Hinata. Todos perdieron su vista en aquel curioso he inesperado "Acto"

-Naruto se alejo molesto… -Exclamó Gaara depositando a Kushina en una banca cercana.

-Solo espero que no se marche en el coche y nos deje a pie. –Gruño Sakura quien conocía a la perfección el carácter de Naruto.

-Mi papá no lo dejará marchar –Sayuri sonrió con felicidad. Itachi la miró pasmado al igual que todos los presentes quienes no entendían aquella breve pero contundente frase. -¡Vamos a jugar Orochi! –La niña agitó su conejo de felpa elevándolo hacia el cielo para después abrazarlo con ternura.

Naruto camino nervioso hacia el estacionamiento ¿Por que tenía que encontrarse otra vez con esa mujer? ¿Y por que su sola presencia aún lo alteraba tanto? ¿Acaso aquel extinguido amor brotaba otra vez de sus cenizas como aquel apestoso pájaro mitológico?

¡No lo permitiría! Eso sería imperdonable; además ese niño ¿Acaso ese pequeño era la causa por la cual Itachi y Hinata no le informaron de la perdida de Sasuke? ¿Sería por eso que ni el propio Sasuke lo había contactado en todo ese largo tiempo?

Naruto camino ofuscado hasta llegar a su lujoso coche. El chico revolvió sus bolsillos hasta dar con el llavero, el cual, extrajo con rapidez. Necesitaba alejarse de allí, tomar un poco de aire y sin dudarlo comprar un pasaje de ida a cualquiera de sus mansiones en el extranjero. Estaba claro que regresar a Konoha era lo peor que había hecho en su vida; jamás debió haber permitido que Sakura lo convenciera de visitar la tumba de Sasuke para mostrar sus respetos. Ahora toda aquella descabellada idea le jugaba una mala pasada del destino.

El chico suspiró y creyó que en verdad estaba maldito. Espero ver aquella figurilla con cola, cuernos y tridente sobre sus hombros, después de todo, que ser más vil podía enfrentarlo de nuevo a un doloroso pasado en donde la mentira era el entremés.

Naruto colocó la lleve en la puerta del coche y la giró pero para su "mala suerte" la puerta no se abrió ¿Acaso estaría fallada? Acometió nuevamente en su hazaña pero el resultado fue el mismo. El joven comenzó a desesperarse ¿Acaso no había algo que le saliera bien ese día?

-¡Ábrete maldita puerta! –Grito fastidiado intentando forzarla. -¿Pero qué diablos? -El muchacho extrajo la llave y la miró con detenimiento, no parecía dañada o rota por ningún lado ¿Se habría equivocado de coche? Lo miró con atención pero no había duda el automóvil era el suyo -¿Qué mierda tienes? –forcejeando nuevamente. -¡Por que mierda tuve que venir a esta estúpida ciudad! ¡MALDITA SEA! –grito fastidiado golpeando la puerta de su auto y arrojando las llaves con furia hacía la calle.

La alarma del vehículo comenzó a sonar con fuerzas tras el fuerte pateo y sacudón propinado por su dueño. Naruto golpeo el capot del mismo y se recostó con los brazos entre cruzados sobre el techo apoyando su cabeza sobre ambos brazos.

-¡MALDITO SASUKE, MALDITA HINATA! -Gruño enfadado.

La alarma del coche produjo el clásico tintineo al ser apagada; Naruto se sobresalto nuevamente ¿Acaso Sakura o Gaara habían corrido tras él?

-No has cambiado Naruto… -Dijo la dulce voz de Hinata provocando que el chico se paralizara y se girara con rapidez para verla. Los ojos de ambos nuevamente se encontraron pero esta vez fue el ojiazul quien apartó su mirada.

-¿Qué quieres Hinata? –Expresó de mal humor.

-¿Que quiero? ¿No es obvio? Hablar contigo un momento. –aproximándose a él con las llaves en la mano.

-No tengo absolutamente nada de que hablar contigo -apoderándose de las dichosas llaves con brusquedad, pero el leve roce de sus manos con las de Hinata le produjo una intensa punzada en el corazón.

-Claro que si… hablaremos de Minato… tú hijo… -Exclamó ella mirándolo con atención. Naruto la contempló confuso, apesadumbrado y agobiado; realmente ese niño era su hijo. El parecido con su padre, el color de ojos… todos aquellos rasgos eran evidentes al igual que la sensación que ahora le opacaba el alma.

-¿Cómo es posible Hinata? Tú hijo era de Sasuke… -Observándola con agobio mientras se dejaba caer sobre el coche.

-Naruto… recuerdas cuando estuvimos juntos… -la muchacha se sentó a su lado.

-Pero Hinata ni siquiera terminamos, es decir… tú… -Naruto apoyo su cabeza sobre las rodillas.

-Lo sé… pero supongo que la vida da muchas vueltas… ni yo me esperaba tal desenlace Naruto.

-¿Por qué no me dijiste nada? ¿Por qué? ¿Tanto me odias? –preguntó cabizbajo.

-Jamás te odiaría Naruto… pero lo cierto es que cuando Minato nació yo no supe que hacer… Sasuke se enfado mucho conmigo estuvimos a punto de separarnos…

-¿Separarse? –El ojiazul la miro confuso.

-Él creía que ambos estuvimos juntos después de pelearnos; era obvio que eso era más que ridículo pero aún que él fuese capaz de controlar, físicamente sus emociones, no lograba hacer lo mismo con sus actitudes. –Hinata sonrió. –Pasé una mala racha pero siempre tuve esperanzas de que él volviera…

-¿¡TE DEJO SOLA! –Inquirió sorprendido y furioso.

-No lo culpo yo no se como hubiese reaccionado si hubiese sido a la inversa, pero luego las cosas se aclararon… Sasuke siempre quiso que te dijera la verdad… -Ahora fue la pelinegra la que bajo la cabeza.

-¿Entonces por que no lo hiciste Hinata? ¿Por qué te callaste todos estos años?

-Tenía miedo de que me odiaras… tengo miedo de que me quites a Minato. –Dijo sollozando.

-Jamás apartaría a Minato de tú lado…

-¡Naruto! –Hinata se dejo caer sobre su regazo mientras lloraba amargamente por su pasada decisión. –El rubio se sorprendió ante esta insólita acción.

-Así que le pusiste el nombre de mi padre… y a la pequeña el de tú madre… -El chico le acarició el renegrido y sedoso cabello. Aquel aroma desprendido del mismo lo trasporto al pasado, diez años atrás, ha aquel mes en el cual Hinata fue su mujer.

-Es que quería que tuvieran algo de sus abuelos… -la chica se mordió los labios. –él… -¿Cómo le diría a Naruto aquella descabellada idea? ¿Sería mejor callar cierta información? –Su nombre es Minato, Minato Takeshi Yugi… -Volviéndolo a mirar.

-¿Yugi? –Naruto la miró extrañado.

-Mi padre no ha querido devolverme mi apellido y yo opté por que fuera así, en cuanto a Sasuke… después de nuestra, casi separación; Fugaku expidió una orden impidiendo que el niño lleve el apellido Uchiha así que decidí anotarlo con mi actual apellido. –La chica sonrió.

-¿Pero por que Sasuke no intervino? él claramente podría haber solucionado ese problema…

-Sasuke prefirió no darle su apellido… como castigo a mi terquedad… -Hinata suspiró.

-Sasuke no quiso que fuese un Uchiha… -Naruto perdió su vista en el asfalto mientras permanecía pensativo.

-Él… siempre espero que yo tomase la decisión de hablar contigo, después de todo Minato era mi hijo, pero el dejar pasar tantos años no fue fácil para el pequeño…

-¿Hinata él sabe que soy su padre? –Inquirió Naruto sobresaltado cayendo en cuenta de aquella clara deducción.

Flash Back…

Hace un año atrás…

Hinata tarareaba una cancioncita mientras terminaba de preparar un poco de té y la merienda para sus hijos, quienes llegarían cualquier instante, cuando alguien se asomo tras la puerta.

-Sabes que te amo… -profirió una voz masculina a sus espaldas mientras la estrechaba con fuerzas entre sus brazos.

-Pensé que dormirías un rato más. –suspiró ella al sentirse presionada por aquellos cálidos brazos.

-Ya dormí bastante… además quiero pasar un rato más con mi familia ya que mañana debo ir nuevamente a trabajar. –Sentenció ofuscado apartándose un poco de la chica.

-Me gustaría que dejases esa vida Sasuke… -Hinata apoyo su cabeza sobre el torso del chico. –Creo que nos iría bien con el restaurante, después de todo también es tuyo, tú me ayudaste con el capital.

-Crees que yo tendría buena madera de Chef. –Sasuke rió a carcajadas.

-Bueno no sé… pero si podría ponerte de mozo estoy segura de que las clientas acudirían encantadas a verte. –Ahora fue Hinata quien rió.

-Me encantaría… pero sabes que aún no puedo…

-¿Pero cuanto falta? ¿Cuánto más deberemos esperar? –La chica lo miró angustiada.

-Bueno las leyes están casi aprobadas… yo creo que en uno o dos meses seré un hombre completamente libre, pero no deberías preocuparte por mi ¿acaso no soy tú súper agente secreto? –El chico le acarició con delicadeza el rostro.

-Si… es solo que tengo una opresión en el pecho y no se a que puede deberse… te quiero conmigo Sasuke… no me disgustaría pelear con el rey y con toda Konoha por ti. –la ojiperla la abrazó.

-Pues sería muy divertido verlo –Sasuke hecho a reír imaginando aquella picaresca escena bosquejada en su mente.

La puerta de calle se abrió con rapidez y una pequeña de cabello negro y corto, corrió por todo el pasillo hasta la sala. Hinata y Sasuke la observaron con suma atención mientras desparramaba sus cosas en el piso.

-¡Llegué primero Dazou! –Exclamó sonriente.

-¿Qué haces Sayuri no piensas saludarnos? –Inquirió Hinata.

-¡Hola mami, hola papi! –Abrazando a ambos adultos con rapidez y volviendo a la sala.

-¡Cielos esto me preocupa! –Dijo Hinata al ver el desparramo que la niña hizo en unos pocos minutos.

-¿Dónde esta tú hermano Sayuri? –Preguntó el pelinegro.

-Aquí estoy… -contesto el chico quien se veía más serio que de costumbre.

-¿Qué ocurre Minato? –Sasuke lo vio demasiado desanimado.

-¡Te duele algo! ¡Tienes fiebre! ¡Peleaste con algún compañerito! –Hinata se acuclillo junto al chico y lo escudriñaba con detenimiento como un halcón hambriento que circunda a una presa. Esto causo risa en el pelinegro pero enseguida notó el poco ánimo del niño.

-¿Por qué yo no soy un Uchiha? –pregunto serio mirando a ambos padres.

-Minato… -Hinata sintió que le temblaban las piernas, aquel fatídico día había llegado por fin.

-Déjame hablar con él, Hinata. –Exclamó Sasuke quien lo miró y le hizo señas de que lo acompañara al jardín.

-¿Pero Sasuke? –Inquirió la chica preocupada.

-Descuida Minato y yo nos entenderemos muy bien… -Sentenció sonriendo.

Hinata los miró angustiada alejarse de su lado e internarse en el jardín frontal de la casa. Minato seguía cabizbajo, intuía que su padre quería confesarle algo serio e importante pero que podía ser. A su escasa edad el chico era muy maduro, pero el digerir a diario ser menospreciado por su familia o sus propios compañeros por no ser un Uchiha le causaba un fuerte dolor en el alma.

-Sabes Minato –mirando al pequeño quien se sentó a su lado en una mesa de jardín. –Hay una razón particular por la cual no seas un Uchiha.

-¿No me quieres papá? ¿Es por eso que no soy como Sayuri? –Exclamó el chico melancólico.

-Por supuesto que no, tú ante mis ojos eres igual que tu hermana.

-¿Pero por que soy distinto? es decir mi mama tiene ojos claros y tú ojos oscuros y mis abuelos también ¿Por qué mi color de ojos no es igual al tuyo? Se que hay algo que mamá no me dice pero no se que es… ¿no soy un buen hijo? ¿O me encontró en la calle? –El niño comenzó a llorar desenfrenadamente.

-¿De donde sacas esas ideas Minato? –Intentando calmarlo.

-Mis compañeros lo dicen… que mi mamá me encontró en la calle y que tú no me quieres; por eso, no llevo tu apellido. –Exclamó mientras se frotaba los ojos.

-No Minato… tú eres hijo de Hinata y sabes que ella te ama más que a nada ¿Lo sabes? –tocándole el rostro he intentando que el chico lo mirara.

-Si… -dijo tras un largo rato de desahogo.

-Minato quizás esto no te agrade y quiero que entiendas que yo te amo tanto como a Sayuri, pero yo no soy tu verdadero papá… -Minato lo observo con los ojos casi desencajados y enrojecidos por tanto llorar. Parecía como si algún roedor se hubiese apoderado de su lengua por que el niño no emitía ni un solo sonido.

-Cuando tú mamá y yo nos conocimos, éramos muy jóvenes, y para esa época ella salía con otro hombre. –Dijo algo dubitativo. –Esa persona… era tú verdadero papá… -Debería decirle a Minato la identidad de su padre. Sasuke se sintió demasiado presionado como para revelarle tantos datos de sopetón.

-¿Mi mamá tuvo otro novio antes que tú? –Inquirió el pequeño.

-Así es… ellos pelearon un tiempo después… hubo muchos problemas en nuestras vidas en ese tiempo y toda esa situación de alguna manera desencadeno esa separación; algún día te contaremos en detalle lo ocurrido, pero aún eres muy joven para comprender…

-¿Y por que mi papá no me quiso? ¿Por qué se fue?

-Tú padre y yo éramos muy amigos, casi como hermanos. Cuando ellos comenzaron a salir yo estaba muy enamorado de tú mamá. Creí que lo soportaría, que podría vivir con ese sentimiento pero no fue así. Un tiempo después tú mamá y él pelearon, había muchos problemas con tu abuelo y con la familia de tu papá ellos se odiaban.

-¿Se odiaban?

-A veces los adultos cometemos tonterías creyendo que estamos actuando bien pero el engañarnos solo nos lastima tarde o temprano. En fin, después de que ella y él se separaron yo le dije a tú mamá que la amaba y si bien, Hinata no me quiso en un principio como a él, se fue enamorando de mi y yo aún más de ella. -Sasuke suspiro, la confesión no le estaba resultando fácil. –¡Escucha Minato! –Tras tomar cierto coraje para confesarle lo más importante.

-¿No querías dejarla ir papá? –lo interrumpió el pequeño cortando aquella revelación.

-Así es, la amaba tanto que temía perderla pero no quería que ella estuviese conmigo si en realidad no me amaba. Hinata me fue demostrando que su cariño era sincero y real y cuando tú llegaste al mundo yo pensé que eras la parte más sublime de nuestro amor…

-Entonces ¿Ahí fue cuando empezaste a odiarme?

-No Minato… ya dije que no te odio, yo me enfade con tú mamá pero me di cuenta que sin importar de quien seas hijo yo te amaría igual por sobre todas las cosas; y así lo hice… por eso estoy aquí contigo y con tú madre y tu hermana.

-¿De verdad me quieres? –Inquirió angustiado.

-Claro… pero sabes que papá trabaja para su familia y allí no me dejan poner mi apellido a los niños que no son legítimos como tú, pero un tonto apellido no te hace mi hijo, lo importante es lo que yo siento aquí –señalándose el corazón –Y lo que tu sientes aquí –señalando el corazón del chico. -¿Tú me quieres? –Pregunto el pelinegro sonriendo.

-Te quiero papá… -abrazándolo con fuerzas.

-Yo también te quiero tanto, tanto que daría la vida por ti Minato. Entiende que no importa lo que hagas yo soy tu padre y te amaré por siempre.

-¿Hasta en el cielo? –Pregunto con inocencia.

-Si, hasta en el cielo.

Fin de Flash Back…

-Sasuke no le contó mucho más… Minato no pregunto nada más acerca de ti y creí que lo mejor era dejar pasar un poco el tiempo y hablar primero contigo Naruto.

-Entiendo…

-Pero no quería ser egoísta y que tu dejaras tu vida y a tú familia para volver a vernos, no sabía cuan difícil sería para ti o para mi y Sasuke y sinceramente eso me ha aterrado todos estos años. Antes de que Sasuke… -Hinata comenzó a lagrimear

-¿Hinata? –El rubio la contemplo con cuidado realmente se veía muy triste.

-Antes de que Sasuke muriera él y yo hablamos mucho con respecto a ti y a Minato. He querido contarle a mi hijo toda la verdad y a ti por supuesto; pero después Sasuke falleció y yo quede muy shokeada. No era mi intención herirte ni a ti ni a Sakura pero no tenía las fuerzas como para ocuparme de dos problemas a la vez.

-Lamento lo de Sasuke… -sentenció él apesadumbrado. –Y no tienes que disculparte supongo que yo hubiese hecho lo mismo en tu lugar.

-Naruto… -la chica lo miró boquiabierta este hombre a su lado había cambiado muchísimo y ya no se asemejaba a aquel muchacho a quien tanto amo en el pasado.

-La verdad… -poniéndose de pie y ayudando a la chica a hacer lo mismo –nunca pensé que me convertiría en padre de la noche a la mañana. –Suspirando.

-Lo siento Naruto…

-¡No lo sientas!

-¿Qué? – la chica lo miro confusa.

-Si con alguien me hubiese gustado formar una familia hubiese sido contigo Hinata.

-Gracias Naruto… -intentando sonreír.

-Por otra parte creo que sería mejor que nos presentaras… -Sentenció el chico mirándola a los ojos y sonriendo.

-¡Ahh! Si, claro… podemos arreglar un día y

-¡No Hinata, ahora! –mirando hacia un lado de la calle. Hinata desvió su mirada para encontrarse con los azulinos ojos de su hijo que la observaban con tristeza.

-¿Entonces tú nunca supiste de mi verdad? –Exclamó el chico acercándose a él.

-¡Minato! –Hinata lo miró estupefacta ¿cuanto hacia que el chico los espiaba?

-No…

-¿Y estas enojado?

-Claro que no… por que lo estaría… -Naruto sonrió.

-¿Y quieres ser mi papá? –Inquirió muy seguro de si, lo que causo risas en Naruto.

-Si, lo deseaba desde el mismísimo momento de tú concepción Minato. –Naruto se acuclillo y lo miró de frente mientras que Hinata sintió un leve calorcillo florecer por sus mejillas.

-¿Concep que?

-Bueno cuando las mamás y los papás encargan los hijos a la cigüeña… -Hinata rió nerviosamente.

-¡QUE! –Gritaron los dos al unisono.

-¡No me miren así por Dios!

-¡Hay mamá… los abuelos te mintieron, los bebes no se encargan a la cigüeña! –Aclaró el chico negando rotundamente con la cabeza como si su madre hubiese mencionado una barbarie.

-¿Y tú como lo sabes? –Exclamó espantada.

-Por que lo aprendimos en clase de biología.

-¡Ahh! claro, claro –riendo tontamente.

-Bien haremos un trato –Exclamó Minato extendiéndole la mano al rubio quien sonreía de felicidad

-Lo que tú digas… -estrechando su mano.

-Prometerás ser mi papá para siempre, pero serás mi segundo papá por que Sasuke es el primero. –Dijo con inocencia y simpatía.

-¡Trato hecho! –Naruto lo miró entusiasmado y luego lo abrazó.

-¡Ahh una cosa más! –acotó el niño.

-Dime…

-No te robarás a mamá…

-¡MINATO! –Dijo la ojiperla avergonzada.

-Jamás te la robaría.

-Lo juras… -Señalándolo con el dedo.

-Es una palabra de honor. –llevándose la mano al corazón.

- - - - - - - - - - - - - - - -oo-o- oo –o-o- o - oo-o-o-o-o—oo—oo—o-oo o- o- o- o- o –o –o- o

-Por supuesto no cumplió tal cosa… -Exclamó Minato ofuscado frunciendo el seño.

-Eres un iluso Minato. –Una voz masculina muy simpática hizo acto de presencia en la habitación. –Además no te la robe ustedes me adoptaron. –La figura sonrió complacida

-¡Ahí estas papá! –Naruhito volvió a pararse de sopetón del sofá.

Un hombre de cabellos casi blancos, ojos azules y varias arrugas en su rostro se apoyó en el marco de la puerta y los miró con algo de gracia.

-Lo siento Naru… yo quería quedar bien con tu madre y pues… ¡Lo lamento! -Haciendo una reverencia.

-¡Papá tú nunca has cocinado en tú vida! –replico molesto pero luego se sentó ya estaba acostumbrado a esas monerías por parte de su padre.

-¡Abuelito! –Mitzuko y Kasumi saltaron a su encuentro y lo abrazaron con fuerza.

-¿Saben que son mis nietas favoritas? –mirándolas con complacencia.

-Son tus únicas nietas… -refunfuño Minato.

-Bueno son las jóvenes princesas y es por ello que su abuelo les trajo un regalo. –Sonriendo satisfecho.

-¿En verdad? –Dijeron ambas sonriendo de felicidad.

-¡Así es, dos muñecas Barbi para cada una! –extendiendo los brazos con felicidad.

-¡QUE! –gritaron las niñas.

-Y a mi nieto le traje un disfraz de ninja con armas completamente hechas de plástico, así que quédate tranquila Sayuri no se lastimará. –Afirmando tontamente con la cabeza y cruzándose de brazos.

-¡No lo puedo creer! –Sayuri se llevó la mano a la cabeza ¿Acaso Naruto no entendía que sus nietos eran adolescentes?

-Papá las niñas ya no juegan con muñecas… -Naruhito agitó su cabeza negativamente.

-Y Sasuke no juega con armas de plástico entrena para usar unas de verdad. –Dijo Sayuri ofuscada.

-¡Lo sabía! –Echando a reír –Por eso les compre un Ferrari a cada uno.

-¡¿DE VERDAD ABUELO! –los tres adolescentes se le abalanzaron encima.

-Claro están en la entrada. –haciendo señas con sus manos.

-¡PAPÁ! –gritaron sus tres hijos al unisono.

-Tranquilos no podrán usarlos hasta cumplir dieciocho años. –Naruto sonrió.

-¡NOO! –gritaron los tres desparramándose en el suelo de la sala.

-¡No permitiré que Kasumi tenga un coche escogido por ti Naruto-sama! –Sentenció una voz femenina.

-Vamos Lina no seas aguafiestas.

-Al menos deberías regalarme uno a mi no crees, después de todo eres mi padrino. –Sentenció molesta una joven mujer de largo cabello rojizo y ojos color verde.

-Ya le regale uno a Minato –Acotó con parsimonia.

-¡PERO YO NO SOY MINATO! –grito enfadada.

-Tranquila princesa, tranquila… -exclamó algo espantado pues el carácter de su ahijada y nuera era bastante escalofriante a veces.

-¿Por qué? ¿Ahora no te gusta pasear conmigo? –Inquirió Minato alegre.

-¡TONTO! –Dijo sentándose a su lado y dejando que el joven hombre la besará.

-Bueno basta de chácharas he venido a buscarlos niños… -Dijo Naruto tomando una pose más seria.

-¿A nosotros? –Inquirieron a coro.

-Si, es hora de que hablen con su abuela y conmigo por supuesto.

-¿Nos contarás el resto de la historia? –Preguntó Sasuke.

-Así es… después de todo han llegado hasta aquí

-¿Pero abuelo por que nos han planteado la situación de esta manera? –Inquirió otra vez Sasuke.

-Por que… queríamos que ustedes entiendan muchas cosas de su actual vida, el por que yo soy hoy su abuelo por ejemplo, que descubran que nuestras vidas no fueron color de rosa y por supuesto que sus vidas no serán tan sencillas pero eso se los explicaremos con su abuela. Sus padres han estado de acuerdo con nosotros en esta decisión.

-¿Que pasará?

-Nada malo quédense tranquilos pero acompáñenme ¿no querían conocer a su abuelo Sasuke? –ilustrando una hermosa sonrisa en su rostro como en antaño.

-¡SI! –gritaron a coro.

-Bueno vámonos entonces, tú también vienes Shikaku quiero que conozcas a quien fue un gran amigo. –Haciéndole señas al joven para que también se sumara.

-En cuanto a los demás los veré en un rato para almorzar. –Los cinco se despidieron con una reverencia y partieron de la habitación.

-¿Quién lo hubiese dicho? Realmente Naruto se ha vuelto muy protector con todos sus polluelos. –Dijo Sakura con gracia.

-No me siento bien por tener que compartir su cariño. –Exclamó Lina –pero me sentiría peor si tuviera que compartirte Minato. –Abrazando y besando a su pareja.

-No has cambiado nada Lina… pero le dirás a Kasumi que deberá compartirnos muy pronto con su hermanita o hermanito. –Sonriendo.

-¡QUE OTRO NIETO! –Sakura los miró impactada.

-¡Felicidades! –Todos se acercaron a felicitar a la pareja por su nuevo y alegre estado.

-Gracias… -exclamó Lina en general pero luego miró a Minato directamente a los ojos. –supongo que no es muy difícil enamorarse de un pequeño gusano. –Acariciándole el rostro y acurrucándose en sus brazos.

-Pues yo siempre amé el Kétchup. –Minato sonrió feliz.

Naruto condujo a los cuatro adolescentes por un intrincado y revuelto camino, hasta llegar a una habitación cubierta por un techo de cristal que permitía el paso de los cálidos rayos de luz solar. Por debajo del mismo varias telas a manera de cortinas oscuras, resguardaban la habitación del intenso calor.

Las ventanas eran amplias y había una puerta de doble hoja corrediza hecha de vidrio, que permitía acceder a un pequeño invernadero con salida al jardín principal de la casa.

Dentro de la habitación los cuatro jóvenes pudieron apreciar con claridad varios cuadros y fotos engalanando sus paredes. Los muebles eran más bien escasos pero unas cuantas estanterías parecían lucir varios recuerdos y otras tantas fotos. En el centro del salón una mesa ratona rodeada de dos amplios sofás color blanco y un precioso sillón de amplio respaldar del mismo color haciendo juego.

Los cuatro miraban extasiados todo aquel maravilloso lugar parecía extraído de un baúl de recuerdos, pero llamó poderosamente su atención dos cortinas color rojas que cubrían dos cuadros ubicados en la pared lateral izquierda de aquella sala.

-¿Qué hay ahí abuelo? –Inquirió Kasumi.

-Ahí se guardan dos de mis valiosos recuerdos… -Dijo una voz algo cansada pero que aún conservaba su toque de dulzura y misticismo.

-¿Abuela? –Mitzuko corrió con prisa tras el sillón blanco que estaba frente a ellos dado vuelta, para encontrarse con una bella figura femenina de cabellos desteñidos, ojos perlados y algunas arrugas, pero que a pesar de los años y todas las experiencias vividas, aún conservaban el brillo y la esperanza de la juventud.

-Mis nietos… -dijo la mujer al contemplarlos a todos colocarse en ronda torno a ella.

-Hola abuela… -Dijo Sasuke abrazándola con fuerza. -¡Feliz cumpleaños! –mirándola a los ojos.

-Gracias querido… me alegra que estén hoy aquí.

-¡Feliz cumpleaños Abuelita! –Kasumi y Mitzuko imitaron a Sasuke y cada una la beso en la frente.

-Le deseo un muy feliz cumpleaños Hinata-sama. –Shikaku hizo una respetuosa reverencia frente a ella más la mujer la miró con atención y luego extendió sus brazos para abrazarlo.

-No te veía desde que eras un pequeñito Shikaku, veo que te has convertido en todo un hombrecito muy guapo.

-Muchas gracias Hinata-sama…

-¿Son todos preciosos verdad? –Inquirió tomando la mano de su amado esposo quien se sentó junto a ella en aquel sillón.

-Pues yo diría que lo son, y no solo eso, son el más grande orgullo de las cuatro familias, Uzumaki, Uchiha, Sobaku, Hyuga. –Exclamó Naruto besando a Hinata tras mirarla dulcemente.

-Abuela ¿Nos contarás la historia? –Inquirió Mitzuko quien se sentó en uno de los sofás.

-Bueno supongo que es hora de terminar de contarles nuestra historia Naruto…

-Así es ¿Están todos muy atentos verdad? –Pregunto con gracia.

-¡Si! –Exclamaron los tres al unisono.

-Después de que Naruto se enterará de que Minato era su hijo –prosiguió la ojiperla –ambos se mostraron un tanto ansiosos por conocerse; así que después de casi tres semanas del evento en el templo Naruto envió a uno de sus coches a buscarnos.

Minato se mostraba un tanto extraño ese día no sabía si era por las ansias de conocer a su padre o de lo que podría encontrarse en aquella gigantesca y fantasmagórica mansión, en la cual, según su abuelo Hiashi Hyuga, moraban espectros y bestias de lo más aterradoras.

O o o o oo ooooooooo- - - - - - - - - - - - - - - -ooo –o-o—o-oo o- o-o

-¡Sean bienvenidos! –Exclamó con júbilo una mujer mayor. –Mi nombre es Matilde y soy el ama de llaves de la mansión. –Permitiéndoles ingresar a la casa.

-Muchas gracias –se apresuró a decir Hinata –nosotros somos…

-Si, lo sé… -adelantándose a aquella confesión –El señor los esta esperando permítame ser su guía jovencita.

-Gracias… -Hinata tomó de la mano a Sayuri y a Minato y los tres siguieron a la mujer a través de la enorme residencia.

Caminaron un largo trecho hasta encontrarse con una amplia puerta que daba a un balcón ancho y a unas escaleras de piedra que conectaba el jardín con la casa. La mujer los guio a través del jardín hasta llegar a una enorme piscina donde se hallaban un concurrido grupo de visitantes.

-¡HINATA! –Grito una voz femenina dejando entrever unos cabellos castaños algo ondulados deslizarse con finura en el aire.

-¿TENTEN? –Inquirió la ojiperla.

-Te extrañe tanto amiga… -Corriendo a abrazarla.

-Pero Tenten nos vimos hace tan solo dos meses… -correspondiendo aquel abrazo.

-Pues igual te extrañe… -sonriendo.

-¿Y como están mis dos ahijaditos? –Abrazando a ambos niños.

-¡Hola Tía! –Dijeron ambos con entusiasmo.

-Hola Hinata –Exclamó una voz masculina.

-Neji estas aquí y la pequeña Áyame. –Viendo a la niña de tan solo cinco años corretear hacia ella y abrazarla.

-Me da gusto verte. –Comentó él

-¿Cómo es que estas aquí? –Inquirió asombrada.

-Y no solo él. –Sentenció Hanabi contenta.

-¿Cómo es que ambos están… es decir?

-Los Uzumakis y los Hyugas nos perdonamos hace tiempo, aun que sigamos siendo rivales comerciales. –Exclamó su hermana con alegría.

-Y no solo estamos nosotros. –Dijo Kiba contento quien condujo a Hinata hasta el centro de aquella reunión.

La piscina era enorme y sus aguas cristalinas eran alterada tras los chapoteos incesantes de los niños. Un poco más distanciado de la misma una amplia mesa y varios cómodos lugares habían sido dispuestos para pasar todo el día disfrutando de un embriagador día de verano.

Hinata miró a los presentes; Itachi y Lara junto con el pequeño Keita, Kurenai y Azuma junto con su Hijo Azuma jr, ambos la miraban felices y un poco emocionados, Sakura y Gaara junto con su pequeña Hija quien la miró con algo de recelo y luego esquivo su mirada, Sasori e Ino con dos pequeñas niñas una pelirroja la otra rubia y otro más en camino pues la muchacha revelaba un amplio y pronunciado vientre. Deidara disfrutaba de una bebida y a su lado Konan quien realizó una pequeña reverencia; Chouji, Shino, Sai y Rock Lee realizaron también un respetuoso saludo y finalmente Kushina y Naruto Uzumaki quienes se veían más felices que los demás.

-¡Me alegra que vinieran! –Sentenció Naruto con alegría.

-Gracias a ti por invitarnos aún que no pensé que habría tanta gente.

-Todos tenían ganas de verte y supuse que te sentirías menos incomoda así, al igual que Minato. –exclamó el rubio con suspicacia. –Ven Minato quiero que conozcas a tu abuela –aproximándose a la pelirroja quien solo lo miraba y llorisqueaba un poco.

-Hola Minato soy Kushina –Tratando de contener las lagrimas.

-Hola… -El chico la miró fijamente por unos instantes -¿Te duele la panza? -Pregunto al notar el estado calamitoso de la mujer.

-No… es que te pareces… -reflexionando unos instantes.

-¿A quien? –Inquirió el pequeño ante la mirada atenta de su padre.

-A alguien a quien quise mucho pero que ya no esta… -Exclamó algo triste.

-Descuida yo te querré más abuela… -Dijo abrazándola con fuerza y provocando que la mujer llorara aun más desconsolada.

- - - - - - - - -o –o—oo- o-o—o—o—o –oo-o o o – o- o-o- o- -o –o – o- o-o-o- -oo - -o –o-o- o-

-Pobre bisabuela, mi papá la hizo llorar… -Sentenció Kasumi algo angustiada.

-No pequeña… digamos que se sentía muy feliz de tener a alguien que había sido parte importante de su vida. –Aclaró Hinata

-¿Y que pasó luego? –Inquirió Mitzuko.

-Pues después de aquella pequeña reunión exactamente diez meses después –prosiguió Naruto –Su abuela me visitaba o yo a ellos. Decidí que lo mejor era que Minato llevase mi apellido así que se hizo todo ese traspaso y papelerío.

-¿Pero ustedes como terminaron juntos? –Inquirió Shikaku.

-Yo sabía que Hinata aún amaba a Sasuke y que no sería fácil para ella dejar ir su recuerdo. Por otro lado no estaba completamente seguro de que ella aún me amaba.

-¿Pero tú si la querías? –Cuestionó el pelinegro.

-Claro que la quería, no solo eso, la amaba, pero como confesarle a la mujer que más amas que quieres que pase el resto de tú vida junto a ti. –Exclamó Naruto. –cuando ha perdido a un gran amor, al hombre de su vida; pero entendía que no podía seguir dilatando más aquella situación.

-¿Por qué abuelo? –Inquirió Mitzuko ante lo cual Naruto solo sonrió.

- - - -o o-o – o-o o-o—oo- -o –o-o-o o –oo—o-o-oo—o-o- -o o- o- o- - -o o—o –o –o- -o- o –o- -

Naruto curioseaba la sala de aquella casa. Hacía muchos años que había vivido allí pero a pesar del tiempo transcurrido nada había cambiado en ese lugar, salvo algunas curiosas imágenes.

El chico se aproximó a uno de los aparadores de la sala y pudo avistar en ellos varias fotos de Sasuke y Hinata acompañados por ambos niños. El rubio suspiró y se sentó en uno de los almohadones dispuestos alrededor de la pequeña mesa ratona.

¿Qué haría? El aún amaba a Hinata y sentía poderosas contracciones en su corazón cuando la muchacha estaba con él. Si bien entre ellos dos no había ocurrido nada, más allá de casuales charlas y varias cenas, siempre había sido en presencia de los niños; y con dos seres que amaron tanto a Sasuke sería aún más difícil confesarle a Hinata que aún la quería.

El joven agacho la cabeza y se tornó pensativo, lo mejor sería dejar la situación tal y como estaba, evitar cualquier clase de contacto más íntimo con la chica y suprimir aquellas desfachatadas ideas enlazadas en su mente.

-Ya se durmieron… -Dijo Hinata apareciendo en la sala con una jarra de té y algunas galletas dulces.

-Me alegro… -Dijo él parándose de sopetón y ayudándole a depositar la bandeja sobre la mesa.

-Gracias por ayudarme a traerlos Naruto; podría con Sayuri pero con Minato también dormido es algo complicado para cargar.

-Supongo que él no piensa eso. –Exclamó él riéndose un poco.

-¿Te ha gustado la cena? –Inquirió ella mirándolo con atención.

-Pues la verdad ha estado exquisita gracias por haberme invitado a cenar a tu restaurante. –Naruto se sirvió una taza de té.

-¿En verdad te gusto? –Pregunto Hinata emocionada haciendo que Naruto se ruborizara un poco.

-Pues el sabor de la comida es exquisito y son recetas poco comunes de saborear.

-Si, son inventos míos, pero dime ¿crees que tenga potencial? –Inquirió ella entusiasmada.

-Si, lo creo…

-¿Y bien lo has pensado?

-Veo que estas interesada. –Sonrió y bebió otro sorbo de té.

-Por supuesto Naruto, hace tiempo que quiero expandir el restaurante y abrir uno a las afueras de Konoha. Creo que la mayoría a concentrado sus negocios en la zona central y sería buena idea llevar esa clase de servicio a zonas más distante de esa manera la gente no viajaría tanto y dispondría de servicios más próximos y económicos.

-Lo has pensado todo…

-Pues si me gustaría intentarlo Naruto por eso quiero saber si estás interesado en convertirte en inversionista. –Hinata lo miró expectante, estaba tan concentrada en aquel beneficioso negocio que no noto jamás las ruborizadas mejillas de su acompañante y las elusivas miradas del chico ante sus encantos.

-Te seré sincero Hinata…

-Si… -la muchacha tragó saliva.

-El negocio es bueno y creo que puede llegar a tener potencial si trabajas con ahínco y esmero.

-Pero… -Hinata se sintió desilusionada veía irse por la borda sus esperanzas de ampliar su negocio y su económica.

-Las empresas Uzumaki no apuestan a la industria gastronómica; he intentar incursionar en ese medio ahora sería muy poco provechoso para nosotros. Debes de entender que yo lidero la compañía pero hay varios accionistas menores que trabajan conmigo y no puedo pasar por alto sus pretensiones ¿Me explico?

-Si… entiendo… -Hinata agachó la cabeza y se sintió fatal ni Naruto ni su hermana Hanabi creían en aquella apuesta ¿Acaso tan tonta parecía que no mostraba dotes como para llevar a cabo un buen plan?

-Hinata… -Naruto la observó algo petrificada y sintió que se le estrujaba el corazón.

-Descuida conseguiré el dinero por otro lado. –Exclamó algo enfadada bebiendo su té.

-¿Estas enojada? –Profirió algo asustado por el rostro de la chica.

-No –contesto secamente.

-Pues no lo parece… -Naruto la miró con insistencia pero la joven a penas si lo miraba.

-Ya dije que no… -levantándose de su almohadón intentando ir hacia la cocina.

-Hinata los negocios no son algo sencillo y por lo cual debas enojarte entiende. –Naruto no supo que decir ¿Había metido la pata? –Hinata… -Naruto se paró con rapidez y la sostuvo por un brazo.

-¡Ya dije que no estoy enojada Sasuke! –Exclamó en voz alta.

Naruto permaneció inmóvil y la soltó con rapidez. Hinata se percató de sus palabras lo cual genero un incontenible llanto por su parte ¿Cómo podía cometer semejante error?

-Será mejor que me vaya… -Dijo el rubio algo taciturno.

-Lo siento Naruto…

-Descuida no tienes que disculparte conmigo. –Naruto recogió su chaqueta del piso y sus llaves y se aprontó para huir de allí, estaba claro que el recuerdo de Sasuke estaba muy vigente aún. –Saluda a Minato de mi parte y a Sayuri… -Exclamó caminando hacia la puerta –Buenas noches…

El chico no recibió respuesta y por otra parte Hinata ni lo miró. Caminó hacia la entrada, se dispuso a abrir la puerta y escabullirse con rapidez de allí pero volteo a ver a la muchacha quien no se hallaba presente en aquella escena. El chico cerró con llave y volvió sobre sus pasos para encontrarse a la pelinegra semi tumbada sobre la mesa ratona, llorando desconsoladamente.

-Hinata… -El chico se aproximó a su lado.

-¡Me mintió entiendes! Dijo que volvería en una semana y jamás regreso… -Sentenció entre lagrimas.

-Hinata… -Naruto se inclinó a su lado y le acarició el cabello. –Estoy seguro de que hizo todo lo posible para regresar a tú lado –intentando consolarla.

-Faltaba tan poco… sino se hubiese ido, si se hubiese quedado a mi lado, nada malo le habría ocurrido. –Mirándolo a los ojos.

-Hinata por mucho que hubieses querido evitarlo ese era su destino y cuando alguien debe vivir algo no importa cuanto intentemos impedirlo… -Abrazándola.

-Lo siento Naruto… no he querido que nadie me vea llorar pero supongo que el hacerme la fuerte frente a mis hijos no me a ayudado mucho a superar todo esto. En verdad lo siento… -Intentando secarse las lágrimas de los ojos. Naruto alzó su rostro por su barbilla y enjugo con ambas manos sus ojos para después contemplarla con intensidad.

-No has cambiado nada Hinata Hyuga… -aproximando su rostro al de ella.

-Naruto… no… -Exclamó ella pero no hubo demasiado tiempo de respuesta, el chico la beso con ternura y pasión.

Hinata intento repelerlo pero por mucho que no hubiese concebido aquel beso en su mente, su corazón aún recordaba aquel mágico sentimiento que elevaba mariposas multicolores en su estomago y una creciente alegría en todo su interior.

Naruto se sentía como en el cielo. Ahora recordaba lo que era besar a su ángel, a su princesa, a su mujer; como se había atrevido si quiera a intentar comparar los labios de otras con los de su amada, ella era única al igual que el sentimiento que le corroía el alma. Podía sentir el palpitar de su corazón, la tenue respiración de ella sobre su rostro y los elevados suspiros que los envolvían a ambos.

El rubio sentía que le faltaba el aire pero no estaba dispuesto a liberar a su presa por esa nimiedad además el estrecharla contra su cuerpo, el abrazarla nuevamente, lo hacia sentir querido otra vez.

-Espera Naruto… -Exclamó a media voz la muchacha al sentir que era tumbada sobre el piso de la sala.

-Te amo Hinata… -Suspiró él.

-¿Amor? –Suspiro al sentir que le besaba con dulzura el cuello. De pronto uno de los portarretratos cayo destartalado al piso de encima de una repisa acortando aquella escena y provocando que ambos contemplaran por un momento el incidente

-Hinata… -El chico la miró a los ojos mientras la joven respiraba con dificultad. –Lo siento… -Levantándose con rapidez mientras ella permanecía tumbada sobre el suelo de madera respirando con dificultad. Había pasado tanto tiempo que a penas recordaba aquella sensación de ser amada.

-Será mejor que me vaya yo… lo siento no quise incomodarte… -Llevándose la mano al rostro e intentando esconder su vergüenza. –Disculpa fue una estupidez… -Naruto tomó sus cosas y se escabullo con prontitud de la casa ¿Qué rayos había hecho? Se había dejado llevar por un tonto arrebato echando todo a perder.

-Naruto… tú aún me amas… -profirió la chica aún tumbada sobre el piso de la sala.

Tres días después…

-Mamá…. –Dijo Minato mientras terminaba de cenar. -¿Papá no vendrá a verme? –Inquirió preocupado.

-Debe estar algo ocupado Minato pero seguramente vendrá ni bien pueda…

-Tengo sueño mamá… -Dijo Sayuri bostezando.

-Por que no van ambos a cepillarse los dientes y a prepararse para dormir. Lamento que me haya retrasado en el restaurante prometo que mañana vendremos más temprano y jugaremos un rato ¿Qué les parece?

-Si –dijeron ambos con más animo.

-Buenas noches mamá. –Dijo Minato besándola en la mejilla y escabulléndose hacia su habitación.

-Buenas noches mami. –Sayuri la beso en la otra mejilla y la miró sonriente.

-¿Qué ocurre Sayuri? –Inquirió la ojiperla con gracia.

-Mamita… -acariciándole el cabello. –Papá dice que lo dejes ir…

-¿Papá? Sayuri ¿Puedes ver a papá? –Inquirió melancólica.

-Ya se fue… -Sentenció sonriente.

-Se fue ¿a donde? Puedes decirle que regrese… dile que quiero hablar con él. –Profirió angustiada.

-No puedo ya se fue… -Dijo la niña aún sonriente.

-Pero dile que necesito hablar con él que quiero que ¡venga aquí en este instante! –sentenció más alterada.

-Mamá… -Sayuri la miró algo asustada.

-Lo siento… mejor ve a dormir Sayuri… -llevándose la mano al rostro

-Si, buenas noches.

-Que duermas bien pequeña…

Sayuri siguió los pasos de su hermano hasta las habitaciones superiores. Hinata levanto la mesa con algo de lentitud, lavó los platos apagó las luces y se dirigió a darse una merecida ducha. La chica utilizo unas burbujeantes sales de baño para intentar calmarse y permaneció sumergida en ella varios minutos. Había actuado mal con su pequeña hija y por otro lado Sasuke hacía casi dos años que se había marchado de su lado.

-Sayuri tiene razón… -Dijo mientras se cambiaba de ropa.

La chica suspiró; la tristeza parecía haberse apaciguado en su corazón, era hora de que dejara ir a Sasuke ¿Pero sería fácil de cumplir aquella titánica tarea? Al menos el restaurante la mantendría ocupada pensó mientras apagaba la luz del baño.

Un rato antes…

Naruto se hallaba intranquilo. Hacia tres días que no veía a Minato y ya lo extrañaba. Había querido presentarse a verlo, aún que fuese unos instantes en la escuela, pero la idea de tener que enfrentarse con Hinata nuevamente y con aquel vergonzoso acto cometido por su parte le daba algo de escalofríos y pudor.

Ya eran casi las diez de la noche en Konoha; guardo algunos papeles en su oficina apagó las luces y se retiró silencioso. Caminó hasta el elevador cuando alguien se unió a su marcha.

-Te vas tarde hoy Naruto. –Dijo una alta figura peliblanca que lo siguió hasta el ascensor.

-Si es que tenía algunas cosas por hacer Jiraya. –Exclamó apoyándose en la pared de elevador mientras su padrino hacía lo mismo.

-Te ves algo deprimido… no me digas que otra chica te planto. –Echando a reír.

-No… -agachando la cabeza.

-¿Y entonces? –Inquirió el peliblanco.

-Es que no he ido a visitar a mi hijo en estos días…

-Creo que lo mejor sería que trajeras a Minato a vivir un tiempo contigo ¿No lo crees?

-¡Jamás! –Mirándolo con enojo. –No separaría a Minato de su madre, Hinata no me lo perdonaría.

-¿Y que temes? ¿No ver más a Minato o no ver más a Hinata? –Inquirió el anciano con suspicacia.

-Las dos cosas… -suspirando.

-¿Por que no hablas con Hinata Hyuga y le pides que se case contigo? Después de todo tú aún la amas Naruto. –Mirándolo fijamente mientras el chico bajaba la cabeza y fijaba su vista al suelo.

-Hinata aún ama a Sasuke Uchiha y yo no estoy a su altura Jiraya…

-Entiendo que no ha de ser fácil olvidar a alguien querido Naruto, pero si mal no me has contado ella perdió a ese joven hace casi dos años, creo que no sería bueno para ella ni para su familia postergar su dolor después de tanto tiempo.

-Y tú me aconsejas que… -El rubio lo miró.

-Que vayas y le digas que la amas más que a nada y que quieres que sea tu mujer por supuesto. –Jiraya suspiro con agobio.

-No es tan fácil Jiraya…

-Pues si no lo intentas no sabrás que pudo haber sido… -Saliendo del elevador –Además si tú no tomas la iniciativa quizás la tome otro.

-¿Otro? –Inquirió sorprendido.

-Si algún otro rival. Hinata Hyuga es una preciosa mujer crees que estará mucho tiempo sola ¡Iluso!

-NOO… es que… no puede ser…

-¡Háblale de una vez y cuanto antes!

-Pero mañana debo viajar al extranjero y puede que este unas semanas allí… y…

-Ve ahora… -Dijo Jiraya marchándose rumbo a su coche.

-¡Pero ya es muy tarde! -grito el ojiazul pero el anciano ya se había marchado.

Naruto condujo con reticencias hacia el hogar de Hinata; serían casi las doce de la noche ¿Estaría la muchacha despierta? Bajo del coche y camino algo silencioso y dubitativo hasta el umbral de la puerta. No podía escuchar nada, todo parecía estar calmo y taciturno; seguramente Hinata ya estaría durmiendo.

El chico emprendió la retirada pero antes de que pudiese alejarse de aquel pórtico la puerta de la entrada se abrió de golpe.

-Hola Naruto… -Exclamó una niña pelinegra algo seria parada estática frente a la puerta.

-Sayuri… lo lamento estaban durmiendo… -Exclamó algo nervioso y confuso al verla frente a él.

-En realidad te estaba esperando Naruto pasa… -dijo la jovencita pero con una voz algo profunda.

-¿Te encuentras bien Sayuri? –Dijo él acuclillándose y mirándola a los ojos.

-Claro que si –sonriendo y permitiéndole ingresar a la morada.

-Tú mamá esta durmiendo… -Naruto miró a su alrededor pero todas las luces permanecían apagadas.

-Se esta bañando pero puedes esperarla en la cocina… -Encendiendo las luces y conduciendo al chico al interior de la misma.

-Creo que es muy tarde y será mejor que pase en otra oportunidad podrías entregarle algo por mi… -Sacando algo del interior de su bolsillo. –Esto es un cheque dile a tú mamá que es para ella, para su restaurante… yo la llamaré cuando pueda y a Minato… -Dispuesto a marcharse pero la niña lo retuvo de la mano.

-No te vayas… siéntate por favor… -Exclamó la niña seria.

-Debo irme, mañana salgo en un vuelo para el extranjero y pasaré en unos días fuera…

-¡Dije que te quedaras Naruto! –Sentenció la niña con una voz más bien varonil sentándose en una silla.

-¿Quién eres tú? –preguntó algo asustado.

-Siéntate Naruto –Señalándole una silla.

-Ya es tarde… -Exclamó asustado.

-¿Acaso eres un miedoso Naruto Uzumaki? –Inquirió la voz a través de la pequeña.

-Sa… sa… sa… -Tartamudeando.

-¡Sasuke! –Dijo la pequeña riendo. –Si, supongo que si lo soy… pero solo en parte. –Naruto se sentó pasmado ¿Acaso estaba teniendo una experiencia extrasensorial y fantasmagórica?

-¡Ahh! ¿En verdad eres tú?

-¿Por qué estas aquí Naruto? –Inquirió a través de la pequeña.

-¿Cómo es que puedes? Es decir… ¿Esto es normal? –Pregunto pasmado.

-Sayuri es mucho más sensible que su madre. –Riendo -Es por eso que puedo hablarte ahora Naruto pero no es algo que piense hacer otra vez, amigo…

-Sasuke… lamento todo lo que te ha pasado. –Sentenció cabizbajo y extrañado.

-Como dijiste es algo que no se podía evitar y en parte Hinata lo sabía…

-¿Lo sabía? ¡Espera! ¿Nos estabas escuchando? –Preguntó algo asustado.

-Si… siempre estoy con ella.

-¿Y viste? –Naruto se mordió los labios.

-¿Por qué estas aquí Naruto? –Reiterando la pregunta.

-Quería traerle a Hinata el dinero, se que ella lo necesita y yo no fui muy cooperativo…

-No hablo de eso Naruto…

-Si te refieres a lo que pasó en la sala… lo siento… -Levantándose precipitadamente de su asiento.

-¡Siéntate Naruto! –Dijo con voz grave.

-No, no me sentaré, si quieres patearme el trasero hazlo pero no voy a quedarme aquí a escuchar tus regaños fantasmales ¡Lo siento! ¿Entiendes eso? Y descuida no volverá a suceder. –Sentenció algo enojado.

-¿Aún la amas, tanto como en el pasado? ¿No es así?

-Si… -contesto con la cabeza gacha y dispuesto a escaparse de aquella casa.

-Entonces quédate… -Naruto la miró. –Quiero que cuides a Hinata, ella esta muy triste desde que me fui y se que se rehúsa a dejarme ir…

-¡Pues ella te ama es lógico que no quiera olvidarte! –Exclamó con seriedad y algo exaltado. –Te ama Sasuke… -Exclamó cabizbajo y casi susurrando.

-Sabes algo… siempre temí que tú volvieras… que Hinata fuera tras de ti y yo me quedara solo y sin ella…

-¿De que hablas? –Le pregunto confuso.

-Digo que Hinata aún siente algo por ti… a mi me ama pero yo no estaré aquí, no quiero que pase el resto de su vida sufriendo por algo que debía suceder, no quiero que pase su vida amargada, quiero que sea feliz y quiero que este acompañada, por que cuando nuestros hijos crezcan ella estará sola… no deseo verla pasar por eso otra vez Naruto. –Dijo la pequeña levantándose de su asiento.

-Sasuke…

-No te patearé el trasero por que estés con ella Naruto… los fantasmas no somos rencorosos; bueno algunos lo son pero no es mi caso, además quien mejor para ella que tú. –Dijo escapando tras la puerta.

-Debo irme… -Dijo Naruto pero Sayuri volvió a asomarse al umbral de la puerta.

-Espera aquí, puedes preparar algo de café, te ves cansado. –La niña sonrió y se escabullo escaleras arriba.

-Sasuke… -Exclamó confuso ¿Qué debería hacer irse o quedarse allí? El chico regresó a la cocina y pudo apreciar el cheque sobre la mesa. –Esto es una completa locura –Sentándose nuevamente en una silla mientras se tornaba pensativo.

Hinata se vistió con un corto camisolín color verde agua, una bata corta del mismo color y unas pantuflas color blancas. La chica se peinó su largo cabello con cuidado y lo envolvió en una toalla pequeña. Salió del baño dispuesta a dirigirse a su habitación. Serían pasadas las doce de la noche y realmente ese día había sido demasiado largo.

La joven pudo apreciar las luces de la cocina encendida lo cual llamó su atención. Estaba segura de que las había apagado de eso no había dudas ¿pero entonces? Hinata se asusto; caminó con cuidado y destreza por el largo pasillo hasta ubicarse justo detrás de la pared de la entrada a la cocina.

La chica respiró hondo, necesitaba mantener la calma. Si algún estúpido ladronzuelo se había escabullido en su casa debía hacer todo lo posible por evitar que dañaran a sus hijos.

La ojiperla se puso en posición y se asomó con rapidez frente a la puerta de la cocina, pero una alta figura se dibujo sobre ella, lo que causo en la pelinegra, una rápida acción golpeándolo en el estomago y volteándolo con brusquedad sobre el piso, para posteriormente echarse sobre su atacante y sujetarlo con fuerza y rudeza presionando tenazmente el cuello de su débil victima quien se quejo a duras penas.

-¿Quién demonios eres y que quieres? –profirió con enojo.

-Hi… na… ta… -Exclamó la victima entre la penumbra del pasillo donde había sido arrojado.

-¡Naruto! –Exclamó la chica con asombro tras percatarse de la identidad de su prisionero.

-Lo siento Hinata… -Expresó mientras intentaba recuperar en el suelo el aire perdido tras aquel ataque.

-¿Qué rayos haces aquí y a esta hora Naruto? ¡Podría haberte matado! –Aún sentada sobre él.

-Quise traerte algo… y se que es tarde… iba a irme pero… -Naruto calló al darse cuenta que estaba viendo en vivo y en directo la ropa interior de la muchacha que yacía sobre él. –Sayuri me abrió… -dijo finalmente apartando su mirada.

-¿Sayuri? Pero ella esta durmiendo… -Hinata pudo notar la precaria situación en la cual estaba envuelta y se levanto con rapidez permitiendo que el chico hiciese lo mismo.

-¡Rayos golpeas duro! –Sujetando la boca de su estomago.

-¡Ahh! Disculpa es que creí que eras un ladrón o un asesino o vaya a saber que. –Lo que evocó en la joven un deja vu.

-¿Dónde rayos aprendiste eso? –inquirió confuso.

-Ser la esposa de un Uchiha requiere adquirir ciertas… técnicas. –Expresó sonriente tras ver el estado calamitoso en el cual lo había dejado. –Siéntate te traeré un vaso de agua -apoderándose de un vaso en la repisa y de un poco de agua fría de la heladera.

-Gracias… -Dijo el rubio intentando recuperar la respiración pero ensimismando su mirada en el corto y escotado camisolín de la joven mujer que ahora lo miraba algo sonriente. –Deberías… -Apartando su mirada y haciéndole unas breves señas para que la muchacha se cubriera el cuerpo.

-No verás algo que no hayas visto Naruto. –Hinata sonrió y Naruto la miro algo pasmado ajustarse la bata y atársela a la cintura. -¿Por qué estás aquí? –Pregunto por fin sentándose en una silla frente a él. –Minato te ha estado esperando desde hace días.

-Lamento no haberme presentado antes pero he estado algo ocupado en la empresa y por otro lado me daba un poco de vergüenza verte Hinata. –Apartando nuevamente su mirada de la chica.

-¿Y por que estas aquí y a esta hora?

-Quería entregarte esto… -Sacando el cheque de su bolsillo.

-Esto es… -tomando aquel papel mientras se le iluminaba el rostro.

-Esta en blanco… podrás colocar la cifra que necesites allí.

-¿Pero porque? Me dijiste que tú compañía no invertía en empresas gastronómicas y…

-Lo sé –interrumpiéndola. –Mi empresa no lo hace pero yo puedo hacerlo. –Bebiendo un sorbo de agua.

-¿Por qué haces esto Naruto? ¿Por qué me ayudas? Es decir no es que no te lo agradezca pero…

-Pero nada… eres la madre de mi hijo y por otro lado puedo hacer con mi dinero lo que yo quiera. –Levantándose de la silla. –Debo irme lamento todo este altercado nocturno, dile a Minato que lo llamaré; estaré un mes fuera por trabajo, me temo, pero estaré al pendiente de él a diario.

-¿Te vas? –Inquirió ella algo confusa por que le latía el corazón ¿Acaso ese acto la alteraba de algún modo?

-Si mi vuelo sale a las siete de la mañana y tengo una junta a las diez en Suna.

-Espera Naruto… -Exclamó al verlo intentar escabullirse de la habitación.

-¿Qué ocurre? –Al verla parada algo seria desviando su mirada en algún punto perdido.

-Lo que pasó la otra noche…

-Lo lamento Hinata prometo que no volveré a hacerlo… yo no quise… bueno si quise pero…

-¿Aún me amas Naruto? –Inquirió ella mirándolo a los ojos.

-Si… -Contesto él con rapidez.

-¿Por que no me lo dijiste antes?

-Porque no quería que te sintieses mal o que pensaras que estaba pisoteando el recuerdo de Sasuke… -Apartando su mirada.

-Quiero pedirte un favor…

-No hay necesidad de eso fui un estúpido lo siento y prometo que no pasará otra vez lo sien…

-¡Cállate! –Dijo ella con brusquedad lo que hizo que él la mirara. –Bésame Naruto… -Le pidió con algo de tristeza.

-No creo que sea…

-¡Bésame! ¿O no quieres hacerlo?

-Si, si quiero… -Contesto él sonrojado.

-Entonces hazlo… -lo increpó.

Naruto se aproximó a la chica con seguridad. Sentía como su corazón intentaba fugársele del pecho y caer redondo a los pies de aquella bella y sexi pelinegra que ahora le suplicaba que la besase.

El joven la tomó por la cintura y la atrajo hacia si mirándola con intensidad a los ojos. Acercó su rostro al de ella quien permanecía inmóvil y pudo notar como la muchacha cerraba con lentitud sus ojos como un claro acto de entrega hacia su persona ¿Acaso estaba soñando?

-Esto no puede ser verdad. –Dijo suspirando mientras respiraba con lentitud sobre el rostro de ella. Naruto la miró perplejo ¿Acaso estaba alucinando otra vez?

-Si lo es... es verdad… –Profirió ella abriendo sus ojos y apoderándose de los labios del muchacho quien se entrego sin reservas a aquel alusivo pillaje.

Hinata pudo percibir el claro calor emanar de su propio cuerpo. Pudo recordar la primera vez que los dos se conocieron en aquel cementerio, un lugar poco común para hallar al amor. Sus ojos en la penumbra, lo que la había hecho sentir en ese mismísimo instante, ese calor, ese fuego, ese éxtasis revivía en todo su ser quemándola viva. Podía sentir sus manos rozar su espalda presionándola con fuerza hacia él, los claros suspiros desprendidos de aquel beso, el suave aroma de su piel, el sabor deleitante de su saliva; ahora lo recordaba todo como si aquello hubiese sido empantanado en algún lugar de su corazón y yacía en su interior como un gigante dormido.

Esta vez fue ella quien volvió a tomar la delantera y a abrazarlo con fuerza arrinconándolo en la esquina de la habitación.

-Hinata… los niños… -Jadeo él al sentirse excitado de esa manera.

-Están durmiendo… -Desabotonando la camisa con algo de rudeza.

-Pero… -Naruto dejó que la chica lo besara y que incluso hiciese con él lo que desease. Esta Hinata era mucho más atrevida de lo que recordaba.

-Ya calla… soy mujer después de todo y hace casi dos años que no hago esto. –Murmuro mirándolo a los ojos. -¿No quieres? –Lo increpo otra vez.

-¿Estas segura?

-Si…

Aquel simple vocablo parecía liberar una fiera enjaulada que la presionó con fuerza contra la pared. La miró con lujuria quitándole la bata con rapidez. La sujeto con fuerza de ambos muslos no sin antes acomodarse con prontitud en su interior.

Ambos se besaban y acariciaban con deleite mientras el chico se movía rítmicamente en su interior. Hinata sentía desfallecer, no entendía por que pero no había culpa en ese acto, tampoco la tristeza residía en su corazón, solo había pasión, lujuria, entrega y un cálido sentimiento que resurgía como el sol en un delicioso amanecer. Lo sentía moverse en su interior con fuerza y cada embestida parecía sacarla de quicio y no solo a ella, él también parecía que iba a enloquecer.

-¡Rayos no me puse condón! –Suspiró él mientras se venía en su interior.

-Tranquilo tomaré pastillas… -Sentenció jadeando.

-¿Crees que funcione? –Mirándola consternado.

-¡Si, claro! –besándose otra vez. –Junta tus cosas… -Acotó con rapidez sujetándolo del brazo mientras respiraba con agitación.

-¿A dónde vamos? –Inquirió Naruto algo aturdido.

-A mi habitación… -dijo ella apagando la luz y arrastrándolo hasta el interior de la misma donde cerró la puerta con llave.

A la mañana siguiente…

La luz del sol entraba indiscriminadamente por la ventana. El canto de las aves parecía intentar desvanecer aquel delicioso sueño. Naruto despertó algo confuso y exhausto. Le costo un momento fijar la difusa mirada. No estaba en su habitación y un suave respirar a su lado le dio la clara pauta de que no estaba solo en aquel lugar.

El joven se giro sobre la cama. Las sabanas yacían algo desparramadas; a su lado, el cuerpo desnudo de una mujer que dormía de espaldas lo trajo a la realidad.

-Hinata… -suspiró.

La muchacha soñaba plácidamente. El rubio parecía haber caído en un influjo hipnótico mirándola. La amaba tanto y ahora recordaba con nitidez sus cuerpos fundirse en uno y amarse sin reservas sin reticencias casi hasta desfallecer.

Naruto le acarició la espalda con suavidad apartando un poco las sabanas hacia sus caderas. El chico sintió la irresistible necesidad de besarla y así lo hizo. Sus labios se deslizaban con dulzura besando y acariciando cada centímetro de su espalda. Volvió a mirarla, aparto con suavidad el largo cabello que caía hacia su rostro y la beso en la mejilla.

-Te amo Hinata Hyuga… te amo como jamás podría amar a otra mujer… Cásate conmigo. –Le suplico en el oído.

-Naruto… -susurro ella al sentir aquella dulzura en su piel y aquellas inesperadas palabras en su oído. –Naruto… -volvió a suspirar. –Házmelo otra vez… -Dijo con suavidad.

-¡Hinata! –El chico rió un poco pero la muchacha lo tomó del brazo y lo atrajo sobre ella, mientras permanecía de espaldas.

-Rápido… antes que…

-Hinata… -Exclamó sorprendido.

El despertador sobre la mesa de luz comenzó a sonar con fuerza. La chica se despabilo con rapidez y se incorporó un poco para tratar de apagar aquel molesto aparatejo.

-¡Rayos las siete! ¡Los niños! –Dijo la pelinegra arrojándose de la cama. Naruto pudo sentir el fuerte impacto y verla desaparecer en el costado de su cama.

-¿Estas bien Hinata? –Preguntó contento al ver aquella extraña maniobra desde temprano.

-¡No me mires! –Dijo acomodándose el pelo y gateando hasta su bata que estaba tirada en el suelo, en la cual se envolvió rápidamente.

-¿Siempre te levantas así? –Inquirió el ojiazul sonriendo de felicidad.

-Pues si lo quieres saber supongo que tendré que aceptar tú oferta. –exclamó sonriente.

-¿De verdad? –Mirándola mientras se posicionaba junto a él.

-Claro Naruto Uzumaki. –Hinata sonrió con algo de malicia.

-¿Qué ocurre?

-¿No tenías que tomar un vuelo a las siete am? –riendo.

-¡Rayos el avión! –Ahora fue el rubio quien se arrojo de la cama con prontitud.

-Nos casamos siete meses después. Ante la clara indignación de Minato quien pareció ofuscarse con la idea de que le habían robado a su mamá. Después de un tiempo en el cual tuvimos algunos agitados tramites y mudanza a la mansión llegó Naruhito. –Exclamó Hinata.

-¿Mi papá? –Inquirió Mitzuko.

-Así es, supongo que nos tomó por sorpresa. –Naruto se cruzo de brazos. -¡Malditas pastillas! –murmuró ante las risas de Hinata.

-¿Entonces el abuelo Sasuke realmente aceptó esa unión? –preguntó Kasumi.

-Pues podría decirse que si… -respondió Naruto.

-Es raro pero después de ese día Sayuri dejó de verlo asiduamente o ya no quiso hablar conmigo de él como antes. –Acotó Hinata. –Me costo dejarlo ir… pero tenía razón no podía seguir viviendo de un recuerdo.

-¿Nunca más lo vio? –Inquirió Shikaku.

-Sayuri… menciono algunas veces a Sasuke, como cuando cumplió quince años o cuando decidió ir a vivir sola a mi antigua casa, incluso lo mencionó en el momento de casarse; pero luego dejó de verlo… -Hinata se sintió un poco triste. –Supongo que todos debemos continuar; seguir adelante y deseo de todo corazón que él haya hecho lo mismo. –Mirando a el joven Sasuke quien le sonrió.

-Esta es nuestra historia y queríamos que cada uno de los participes en ella les dieran su punto de vista; les contarán sus vivencias en ella y eso les ayudará a entender él por que hoy ustedes provienen de cuatro linajes distintos que se unieron en el espacio tiempo para crear nuestra realidad, para forjar este futuro. –Sentenció Naruto.

-Queríamos, también, que al convertirse en todas unas señoritas y en galantes caballeros –Expreso Hinata mirando a los adolescentes. –Fuesen lo suficientemente adultos como para entender que el mundo esta plagado de tristezas, de pobreza y de desamor; pero que depende de ustedes mismos forjarse un futuro propio, crear su propia dicha y felicidad.

Queremos que entiendan que la vida puede mostrarles muchos reveces o caras y tirarlos varias veces al fango pero jamás deben darse por vencidos. Deben seguir por la gente que los ama y por sobre todo por ustedes mismos, por sus corazones -Mirando a Mitzuko –Por encontrar siempre la verdad –Mirando a Kasumi –Por el coraje y la valentía en sus almas –Mirando a Sasuke –Y por respetarse a ustedes mismos y a sus predecesores con orgullo y dignidad. –Exclamó finalmente mirando a Shikaku.

-¡Abuelita! –Dijo Mitzuko llorisqueando.

-Junto con su abuela y sus padres, hemos decidido que su herencia les será suministrada cuidadosamente en resumidas cuotas. Queremos que ustedes mismos forjen su propio destino. Sepan que los apoyaremos en todo pero no esperen solo depender de su dinero han sido criados para ser excelentes personas y si sus designios son el ser jugadores de futbol o reportera o modelo o lo que sea deben ir a por ello, por su futuro y por cumplir sus sueños y aspiraciones. –Sentenció Naruto serio.

-Vaya… -Kasumi se mostro algo extrañada.

-Sepan que no los obligaremos a que manejen las empresas obligatoriamente o a que sean un agente del gobierno. –Hinata miró a Sasuke –ustedes mismos deben decidir que quieren ser, no permitiré que ninguno de ustedes deba vivir forzadamente un determinado destino, a pesar, de las exigencias o deseos de sus padres o mayores.

-Gracias abuela… -Dijo Sasuke quien le sonrió con complacencia.

-Eso significa que puedo ser modelo. –Kasumi rió.

-Esa es la idea… -Naruto los contemplo con admiración realmente habían entendido su loco y elaborado plan.

-Bien ahora déjenme mostrarles a su abuelo Sasuke y les permitiré acceder a parte de mis memorias y los de su abuelo; junto con los recuerdos y momentos felices de todos los seres a quienes amé y aún amo.

Hinata descubrió las dos pinturas tapadas por aquellas cortinas en una de ellas tres niños posaban sonrientes con alegría y felicidad. Una muchachita pelirosa sonreía contenta, a su lado un niño de cabellos dorados y ojos azules abrazaba a un jovencito de cabellos negros, mirada seria, que posaba con su mano izquierda en el bolsillo y la derecha abrazando a quien fue su único y mejor amigo.

En la otra una fila de personajes queridos posaban junto a una cristalina pileta sosteniendo una copa en la mano y brindando por los momentos felices pasados, presentes y futuros.

Los cuatro adolescentes miraban entusiasmados aquellas figuras inmortalizadas en el tiempo que parecían vivir un momento único en sus vidas.

-¡Es la abuela! –Expresó Shikaku con júbilo al notar la joven presencia de su querida abuela Tenten.

-¡Es preciosa! –dijo Kasumi a su lado provocando que el muchacho se sonrojara.

-¡Miren esta! –Mitzuko circundaba junto a una de las repisas. -¡Son los abuelos cuando se casaron! –El rubio y la pelinegra sonreían felices vestidos los dos de blanco abrazados y posando para aquella toma.

-¡Esta es mi mamá! –Sasuke contemplo a la joven Sayuri de no más de dieciséis años que posaba con un diploma obtenido en un campeonato de natación.

-¡Y mi papito era solo un niño! –Exclamó al ver a tres personajes conocidos en esa foto; Sayuri de unos veinte años, Minato de veintidós y Naruhito de once.

-Él es Shikamaru… -Naruto le entregó la foto al pequeño pelinegro. –tú nombre fue heredado de esta persona, el mejor amigo que uno puede tener.

-Así que el es Shikamaru… -Shikaku sonrió ahora entendía por que su abuelo había tenido tantos problemas para conquistar a su abuela.

-Ella era Kurenai y a su lado Azuma mis dos protectores y a quienes les debo mi vida. –Dijo Hinata señalando la foto.

-Estos eran sus bisabuelos; Kushina Uzumaki, Minato Uzumaki, Hiashi y Sayuri Hyuga. –Mostrándoles las fotos. –Esté fue mi mentor y mi padrino Jiraya Jashou. –Profirió el ojiazul.

-¿Éste es? –Kasumi levanto una de aquellas fotos de la estantería.

-Ese era su abuelo Sasuke cuando cumplió veinticinco años. –Hinata los miró con algo de nostalgia.

-Quiero ver Kasumi… -Dijo Mitzuko apoderándose de la foto mientras su prima miraba estupefacta a su primo Sasuke Uchiha.

-¡Cielos santo! ¡Si se parecen! –Grito Mitzuko mientras que Shikaku le arrebataba la foto de entre las manos.

-¡Vaya es verdad! Eres tú Sasuke… es decir parecen dobles. –El pelinegro lo miró consternado.

-Puede que nos parezcamos físicamente pero eso no significa que sea él. –Exclamó sonriendo.

-¿estas seguro? –Kasumi lo escudriño de arriba a bajo.

-¡CLARO TONTA! –dijo haciéndole burla.

-¡Abuelo dinos algo! –Sentenció Mitzuko impostando una voz fantasmagórica y circundando alrededor del pelinegro quien lucia algo fastidiado.

-¡QUE NO SOY ÉL! –Grito ofuscado provocando que los presentes echaran a reír.

-Disculpe señor; la mesa esta servida y los están esperando. –Exclamó uno de los empleados

-Bien eso es todos mis niños… -Dijo Hinata.

-Gracias abuela por contarnos toda esta historia. –Kasumi la abrazo con fuerza.

-Entendemos que cada cual forja su propia felicidad. –Mitzuko abrazo al ojiazul.

-Sin importar la procedencia siempre estaremos unidos. –Dijo Sasuke quien también se sumo al cumulo de abrazos.

-Tendré una estupenda historia para contarle a mis hijos. -Rió Shikaku. -¡Ummp… Shikamaru! Me gusta ese nombre… -El chico suspiró contento mientras se alejaba pensativo.

-¡Espéranos Shikaku! –Kasumi y Mitzuko salieron de la habitación contentas tras el joven.

-Estas niñas no tienen remedio. –Profirió el pelinegro ofuscado mientras salió de la habitación con parsimonia.

-¿Estas feliz? –Pregunto Naruto mientras abrazaba a su querida esposa.

-¡Muy feliz! –besándolo en los labios.

-Sabes… -Dijo Naruto tomando una profunda bocanada de aire –Espero de corazón que Sasuke haya podido encontrar la luz.

-Seguro que si amor… estoy segura que así fue… -Abrazándolo.

-¿Crees que volvamos a encontrarnos nuevamente? –Naruto le acaricio el cabello y posó su mano bajo la barbilla de su amada princesa.

-Si… por que después de todo Sasuke tenía razón…

"LAS ALMAS GEMELAS NO SON SOLO DOS"

Ambos volvieron a besarse y a abrazarse con ternura rodeados de recuerdos maravillosos propios y de otras almas, con quienes habían elegido experimentar una vida colmada de aventuras, de emociones, de situaciones difíciles pero llenas de aprendizajes invaluables que atesorarían por siempre en sus corazones.

Mientras ambos se besaban una figura pelinegra permanecía oculta, tras la pared de la puerta que permitía el ingreso a aquella sala. El muchacho sonrió con felicidad y elevó sus ojos hacia el cielo permitiendo que se le llenará de regocijo el corazón, pues él, también había sido participe de todas aquellas andanzas; pero, claro está, eso formaba ahora parte de un distante pasado.

-Claro que nos volveremos a encontrar. –Exclamó en voz baja mientras entrecerraba los ojos. -¡Siempre nos reencontraremos "MIS ALMAS GEMELAS"!

-¡Sasuke! –Apresúrate o te dejaremos atrás. –Grito Kasumi agitando su mano en la distancia.

-¡Ya voy! –Grito perdiéndose en aquel vasto y largo pasillo.

Fin

Muchisimas gracias por haber seguido este fanfic muchas gracias a todos los que me han dejado sus comentarios a lo largo de los capítulos. Espero de todo corazón que les haya gustado esta novela tanto como a mi escribirla y la verdad creo que me ha quedado bastante bien y a mi gusto aceptable.

Los espero en mis otros fanfics y sin duda les traeré más historias de Naruto y sus amigos.

Besos Lady