Con gran velocidad y puntualidad el invierno llegó a Equestria, las primeras nevadas no se hicieron esperar por lo que muchas de las actividades como la agricultura estaban totalmente detenidas.

En la granja de la familia Apple, decidieron mudar la habitación de Ian en el espacio reservado dentro del granero a la casa para que no tenga la necesidad de salir en su condición al intenso frío tras una lenta recuperación por sus heridas después de la gran carrera.

Era cerca del mediodía y se encontraba en la biblioteca del castillo de Canterlot buscando información de ruinas antiguas y artefactos mágicos, aún no había desistido de regresar al mundo humano. Estaba tan concentrado en su lectura y tomando apuntes que perdió completamente la noción del tiempo.

"Buenos días." Saludó Selena a Ian.

Al sorprenderse por la repentina aparición de Selena perdió el aire por unos instantes teniendo que sujetarse el pecho y respirar un poco por la boca.

"¿Aún no te sientes bien?" Preguntó algo preocupada.

"Dos perforaciones en un pulmón no son broma." Respondió Ian. "Solo pasaron unas semanas, aunque las heridas sean sanadas con magia su recuperación es natural."

"¿Y qué hay de tu magia?" Volvió a preguntar Selena.

"La siento muy distorsionada aún, por algún motivo el flujo no es correcto y me genera mucho malestar y dolor." Respondió Ian poniéndose la mano en el pecho. "Además Celestia me prohibió usarla hasta que ella lo decida."

Salieron caminando por uno de los pasillos, a través de la ventana se apreciaba como toda la ciudad de Canterlot se encontraba teñida de blanco a causa de las nevadas. Cada varios metros tenía que reducir su marcha para recuperar el aliento.

"¿Qué… qué pasó con Aingcel y su tripulación?"

"Fueron recompensados por la Princesa." Respondió Selena. "Y sus crímenes eximidos por los dos reinos, ahora navegan con el aval de Equestria y Griffonia protegiendo a las embarcaciones de algún ataque pirata."

La caminata por las calles de Canterlot fue lenta hacia la estación del tren, se veían muchos ponis caminando y varias decoraciones por las próximas festividades.

"Por cierto..." Balbuceaba Selena. "Ya que tenemos un poco de tiempo..." Agregó tímidamente. "Podemos ir a comer algo y..."

Volteó para ver que clase de propuesta podía darle pero sin terminar de decirle nada notó que ya no estaba a su lado. Giró su cabeza en todas direcciones pero no podía verlo por ningún lugar.

Por una de las calles lo encontró siendo empujado por Spitfire, galopó hacia ellos tan rápido como pudo para evitar perderlos de vista.

"Tienes que cumplir con lo que me debes..." Decía Spitfire.

"D-de acuerdo, so-solo espera que tome un poco de aire..." Dijo Ian algo agitado.

"Oye, ¿No estás más dócil que de costumbre?"

"¡Spitfire!" Exclamaba Selena. "¿Qué crees que estás haciendo?"

"Llegó la agenda ambulante." Mencionó Spitfire cruzando sus patas delanteras. "Ian tiene que compensarme, espera tu turno."

"Pero yo estaba con él primero."

Ambas pegasos discutían sobre qué iba a hacer cada una, voltearon de repente para que Ian decida qué prefería pero ya no estaba allí parado. Empezaron a buscarlo nuevamente con la mirada y lo vieron sentado en una banca junto a Trixie.

"Oye Grandiosa y Poderosa Pirata." Bufó Spitfire. "¿Qué estás haciendo?"

"¿¡Cómo te atreves a llamarme pirata!?" Chilló. "Ustedes no tienen derecho sobre mi ayudante."

Las tres peleaban en medio de la calle, algunos de los que pasaban los observaban mientras que Ian solo quería regresar a Ponyville, a su cómoda y tibia cama para poder dormir.

Se concentró tanto como pudo y realizó un hechizo de teletransportación lejos de allí antes de que lo notaran. Al aterrizar sintió que su magia se distorsionaba mucho, cosa que le causó un gran dolor y mareo, haciendo que se arrodille sujetándose el pecho intentando tomar aire.

Estaba en los jardines del palacio, comenzó a caminar nuevamente hacia el interior puesto que el frío ya era intenso. Pasando entre varias estatuas aún sentía que su magia se salía de control, unas llamas negras comenzaron a salir de su mano derecha haciendo que los músculos de los dedos, mano y antebrazo se pongan muy tensos.

"He, he, he..." Se oía a alguien reír. "Hace siglos que no veía una criatura como tú."

"¿Qui... gah... quien eres?" Preguntó Ian intentando controlar su magia.

Aunque su brazo estaba aún tenso y con las llamas negras, observó en todas direcciones para intentar ver de dónde provenía esa voz.

"No te preocupes." Dijo. "Digamos que ambos tenemos algunas cosas en común."

No tenía en ese momento la capacidad de saber quién estaba cerca con su magia, tampoco había algo o alguien que pueda ver.

"Apuesto que no estas en este mundo de forma voluntaria."

"¿Tú... ah... tú qué sabes?" Preguntó Ian.

"Sé que si no te calmas y controlas el elemento oscuro que emerge de ti, las cosas se pueden poner feas." Respondió.

Tomando aire por la boca intentó calmarse concentrando su magia, lentamente el flujo de las llamas oscuras empezaron a desaparecer. Aquella voz había desaparecido y aún así seguía sin saber quién había sido.

Ingresó al palacio por una gran puerta de vidrio, al cerrarla quedó observando el jardín y las estatuas que había allí, movió su cabeza negando lo que había pasado pero al voltear se encontró a Celestia observándolo fijo con una muy seria expresión.

"Ehm… yo…"

"Sabes que las excusas no sirven conmigo." Interrumpió Celestia. "Te había prohibido usar magia para que tu flujo se recupere naturalmente." Continuó. "Ese hechizo de oscuridad que usaste contra Orión es muy fuerte y tienes suerte que no consumió tu alma también."

"Lo sé, tengo el poder suficiente para hacerlo pero mi inexperiencia casi…"

"Solo prométeme que harás lo que te pedí." Volvió a interrumpir Celestia dando un suspiro.

Por algún motivo el comportamiento de Celestia era diferente, no se burló, no lo regañó ni tampoco insinuó nada hacia él. Pero dadas las circunstancias pensó que era mejor dejar las cosas así y no abrir la boca.

Aún le parecía extraño estar caminando tranquilamente a su lado sin que ella lo moleste mientras charlaban de magia, inclusive pidió a dos guardias pegaso de la tercera división que lo llevaran en carruaje a Ponyville para evitar cruzarse con Selena, Spitfire o Trixie.

"Oye, ¿dónde quieres que te dejemos?" Preguntó uno de los guardias mientras volaba.

"Solo... solo déjenme frente a la biblioteca… tengo que hablar con mi maestra."

El carruaje aterrizó delante del gran árbol, al ingresar había muchos libros flotando por doquier como era costumbre y Twilight reorganizando sus tareas. Caminó unos cuantos pasos hacia el interior pero antes siquiera de llegar a saludar volvió a sentir que su magia se salía de control.

"¿Ian? ¿Qué te sucede?" Preguntó Twilight al verlo caer de rodillas.

"N-no te acerques… ya… ya estoy bien…" Contestó Ian. "Aún no... no estoy del todo recuperado."

Todo lo que necesitaba era descanso fueron las palabras de Twilight, su intención era la de intentar estudiar un poco los libros de magia o buscar más pistas que lo lleven a su mundo pero ella lo envió directo a la granja sin posibilidad a réplica.

Logró llegar con algo de dificultad a la casa, nunca antes le había parecido tan larga esa caminata. Lo primero que hizo fue desplomarse en la cama sin oír nada de lo que Applebloom le decía o los regaños de Applejack por haber ido a Canterlot.

Quedó profundamente dormido casi al instante, al poco tiempo comenzó a tener un extraño sueño. Caminaba por un arroyo no muy profundo, el agua apenas alcanzaba sus pantorrillas.

"Veo que al fin podemos charlar tranquilamente." Se oyó una voz.

"¿Quién eres?"

"¿Ya me olvidaste?" Preguntó con indignación. "Nos conocimos hace tiempo ya, cuando intentaste abrir la puerta a otro mundo."

El arroyo comenzaba a ensancharse a cada paso que daba, al elevar la vista al cielo notó que se encontraba dividido en dos, del lado izquierdo estaba el sol radiante con un cielo azul y al derecho la luna brillaba en un oscuro cielo lleno de estrellas.

"¿Aquel dragón…?" Dijo Ian.

"Y eso no es lo peor…" Agregó. "Esta tarde fue la primera vez que cruzamos unas palabras, que poca memoria tienes…"

"¿Qué quieres?"

"Preguntas, preguntas… Me haces recordar a una unicornio que lo cuestionaba todo." Dijo bufando.

"¿¡Qué quieres de mi!?" Volvió a preguntar Ian con más firmeza.

"Eres muy insistente, en ese caso te lo contaré." Dijo campantemente. "Ambos somos prisioneros de la misma yegua, yo en mi oscura y fría celda, luego tú sin poder regresar a tu tierra. ¿Pero todo lo que te ha dicho es cierto?" Agregó. "Tal vez sí hay una forma de cruzar pero te la han ocultado, tu poder ha sido usado y ahora se encuentra desgastado, ya no eres de utilidad."

"No sé de qué estás hablando."

"Eres lento, no ves lo que se encuentra bien claro frente a ti…" Dijo. "En tu actual condición no eres de utilidad y dejarte regresar no es ya una opción…"

"Pero… ¿por qué lo dices?"

"¡Ay rayos!" Bufó. "Mira, siempre existió una forma de volver a tu mundo pero la princesa te lo ocultó, te usaron y ahora eres inútil. Ya no le sirves, solo que es demasiado tarde para permitirte regresar."

"¿Celestia?" Preguntó Ian. "¿Por qué dices que es demasiado tarde?"

"Lo siento… creo que la próxima vez te lo diré, si se me antoja."

"¡Espera!"

Con su brazo derecho en alto se despertó a punto de caerse de la cama, Big Mac abrió la puerta de golpe junto a Applejack haciéndolo caer del sobresalto. Era pasada la medianoche y fueron alertados por sus gritos.

"¿Estabas teniendo una pesadilla terroncito?" Preguntó Applejack.

"Solo un mal sueño… nada más…" Contestó Ian sentándose en la cama.

El resto de la noche fue casi imposible volver a dormir, en ocasiones sentía que su magia se descontrolaba ocasionándole un poco de dolor, solo pensaba en aquellas palabras que esa criatura le dijo en su sueño.

Demasiado tarde para volver a su mundo fue lo que más le quedó retumbando en la cabeza al igual que Celestia le ha ocultado cosas. Lentamente empezó a quedarse dormido mientras por la ventana se notaba que comenzaba a amanecer.