Descargo de responsabilidad: Nosotros (Kyubi1, PepeFernandez, Víctor, María, Ellis, Carmen y yo, KanadeSilver) no somos dueños de Date A Live ni nada relacionado con él, solo la historia y los OCs.
Capítulo Especial. Parte 9: Algún día de estos.
Miku hizo una tontería al correr con zapatillas, el tacón se quebró y ella tropezó para impactar con violencia en el suelo, incluso se dobló parte del pie. Sangre salió de su nariz ligeramente, sus ropas de marca se arrugaron y sollozó con fuerza.
—Oye, ¿estás bien, preciosa? —Miró que un joven le estaba ofreciendo la mano con una sonrisa seductora, ella lo reconoció de inmediato, el acto del "chico bueno"—. ¿Te lastimaste? Sería una lástima con tan bello rostro.
—Aléjate —dijo fríamente y con el ceño fruncido, incluso usó sus poderes—. Déjame sola.
El joven obedeció y ella se puso de pie con cierto dolor. Se limpió las lágrimas y tomó su zapatilla con la mano, para luego pedir un taxi.
Hay algo que hizo clic en su cerebro y le hizo sentar cabeza, dejó de llorar y dio la dirección de la casa de su amado Shidou. Se limpió la sangre de la nariz, el dolor físico y emocional no se detuvieron, pero gracias al joven que trató de ayudarla con coqueteos, entendió algo que, desde hace mucho, sabía.
Pero eso mismo, que todos los hombres tienen, no podía verlo en Satou, y era demasiado confuso, incluso Shidou tenía segundas intenciones cuando se acercó a ella, como lo era sellarla. Todos los chicos solo la veían con ojos pasajeros, como sus fans que después la traicionaron cuando vinieron los rumores hacia su persona.
¿Tendría la fuerza para hacer lo que iba a hacer?
«Kotori-san, sé que estás enojada conmigo, debes ver cosas que yo no. Y quiero… Quiero creer en lo que me has dicho. Por eso, debo hacer esto, perdóname, pero ya no quiero sentirme así, tal vez Satou-san me odie, no importa… Será mejor así».
Miku se puso tan seria como si fuera a dar malas noticias en un hospital, cuando Tohka le abrió la puerta, se alegró de verla ahí, pero antes de que la invitara a ver la televisión como en otras ocasiones, ella habló antes.
—Alto, por favor. —Dicho esto, la chica hambrienta se quedó sin habla—. Por favor, Tohka, dime donde está Satou-san.
—En su cuarto.
—No quiero que me molesten —dijo al entrar a la sala—. Ninguna de ustedes, solo miren la televisión, sin importar nada, no dejen que nadie me moleste mientras hablo con él.
—Sí, lo haremos —respondieron las gemelas Yamai, Tohka y Yoshino.
—Por favor, Darling… —dijo de espaldas a la cocina, donde el chico de cabello azul estaba preparando los ingredientes para la cena.
Shidou se acercó por la espalda, ella no pudo girarse, pero estaba temblando ligeramente, como si hubiera un frío abrumador. La tomó de los hombros y le acarició la cabeza.
—No sé qué vas a hacer con Satou, pero no importa si no me lo dices. Sea lo que sea, tú puedes hacerlo. —Le movió la cabeza de un lado a otro con cariño, ella sonrió con un sonrojo.
—Gracias, Darling.
Satou estaba en su cuarto, justo como le habían dicho, Kanade y Hikari habían salido a hacer un mandado, así que estaba sola, justo como había pedido. Le seguía doliendo el pie y caminaba con dificultad y pesar, pero no importaba, tenía que hacerlo ahora.
—Perdón por la intromisión —dijo al abrir la puerta, Satou estaba sentado en su cama, revisando las fotos de su teléfono.
—¿M-Miku? —preguntó con un leve sonrojo.
—Satou-san, espero no molestarte… —El chico se dio cuenta que venía sin una zapatilla puesta y arrastraba el pie al caminar, por lo que observó detenidamente a sus ojos.
—No, solo estaba viendo unas fotos… Pero llevo haciéndolo bastante, no es molestia, Miku —contestó con una sonrisa melancólica al ver su celular, ella se acercó con cierto dolor—. Miku, espera.
Pero ella le negó con la mano, sin aceptar su ayuda, pero no dejó de verlo a los ojos; esos que estaban llenos de preocupación, que solo la veían a ella, y no la estaba desnudando como otros hombres, tampoco estaba diciendo cosas lindas, ni mucho menos tenía segundas intenciones.
—¿No te duele? —preguntó cerca de ella, alejando su mano porque había sido rechazado—. Te puedo ayudar… ¿Por qué no quieres?
—Satou-san… Tengo una pregunta.
—¿Cuál? —Ella agachó la cabeza.
—Pero… Quiero que seas sincero conmigo, ¿puedes hacerlo? —Ahora vio a sus ojos azules con decisión, él se sonrojó por la cercanía de la chica, sin saber por qué.
—Sí, pregunta lo que quieras.
—¿Qué piensas sobre mí?
Hubo silencio, era una pregunta un poco extraña y complicada para él. Últimamente había estado sintiendo cosas por los demás y estaba recordando cosas sobre su infancia, sobre su madre que tanto amaba. Esos bellos recuerdos que lo hacían feliz. Había tantas emociones en su corazón.
Se sentó en el suelo y pensó en ayudarla, pero ella se sentó también. No paraba de verlo, intentando buscar alguna trampa, pero él no estaba mintiendo.
—No lo sé. —Ella quedó con la boca abierta al oír eso, Satou se puso pensativo—. Lamento no recordarlo bien, pero creo que me has gustado desde hace mucho tiempo, de todas las cosas que me gustan de ti, tu voz es mi favorita. Antes y ahora… No he podido conocerte fuera de los escenarios, me siento afortunado de poder conocerte y de estar así de cerca de ti, aunque… Creo que tú no quieres estar cerca de mí.
Eso fue dicho con cierta tristeza que ella pudo notar, ciertamente, no había dado la mejor impresión de todas, incluso cuando fingió, él se dio cuenta, vio a través de sus encantos.
Le dio su celular para que revisara sus fotos, ahí estaba ella, solo que más joven que ahora, de hecho, fue cuando tenía el nombre de Tsukino. Revisó un poco más para ver la foto de un Satou más pequeño, junto con dos adultos a su lado. Se le veía realmente feliz, como nunca lo había visto en su vida, hasta parecía otra persona.
«Son sus padres».
—Está bien, Miku. No te sientas culpable por alguien como yo. —Miku dejó de ver el celular para verlo, con eso y escucharlo, ya sabía cómo seguía esto—. Les hice daño a todos, incluso a ti, aunque no quería hacerlo, aun así… Lo hice. Y te lastimé, a pesar de que nunca hemos hablado, tú tienes… Algo especial.
—¿Especial? —susurró sin creérsela.
—Sí, no sé qué sea, pero cuando te veo, siento una presión en mi pecho, cuando hablas con Shidou y con las demás, sonríes… No estás seria como ahora, tampoco tienes miedo, no estás nerviosa, ni piensas en cosas negativas como ahora… Conmigo.
Miku no podía entender cómo es que él lo sabía, ¿cómo la entendía tan bien?
—Quisiera verte así siempre, Miku. —Ella se estaba quedando sin palabras poco a poco, pero a él también le dolía el pecho al decir esas cosas. En el fondo, sabía que él nunca podría hacer eso—. T-Tal vez estoy siendo molesto… Pero me molesta verte así, quisiera arreglarlo, como cuando estás con Shidou… No quiero verte sufrir, no quiero que te lastimen… Y no es porque seas un espíritu, sino porque te quiero… Sí, es eso. Te quiero, Miku, siempre me has hecho feliz, siempre has sido especial, por eso… A ti no te olvidé, sé que no podrás perdonarme, sé que no puedo hacer nada para ayudarte porque yo solo sé… Yo tengo poder, pero no sirve para nada, yo no sé qué hacer con lo que siento, no sé qué hacer ya para ser perdonado… Aun así, te quiero, esa es mi… Respuesta.
Satou tomó su celular de regreso, ella sonrió un poco. Él seguía culpándose por todos sus pecados, incluso si fueron muy pocas veces, fueron suficientes para darse cuenta que él era excluido, que para él no había sonrisas de su parte, era una relación vacía.
Y a pesar de saberlo, no la odiaba, la quería mucho, más de lo que podía entender.
—¿Sabes… lo que estás diciendo? —preguntó con una sonrisa llena de lágrimas, él no entendió eso.
—Miku, estás… —Ella se limpió las lágrimas, pensando en lo ingenuo que era al no saber que estaba enamorado, pues no le había dicho "te amo" para resumir todo lo que había dicho—. ¿Hice algo malo?
—No. —Puso la mano encima de su cabeza y se la acarició un poco, esta vez no estaba asustada, ni nerviosa, es como si hubiera ganado algo importante.
Le habían dicho que no era una estúpida, y vaya que no lo era, ahora sabía que Satou estaba enamorado de ella, no era una broma, ni mentira, era de verdad. Pero ella no podía responder a eso, no quería lastimarlo.
Sí, no quería lastimar a ese chico que la había lastimado tanto. Pero tampoco podría engañarlo, ahora él sonreía por la acción de la chica, además de que se estaba sonrojando un poco, ella ladeó la cabeza con una media sonrisa.
Estaba a su merced, a sus pies, tenía completo control sobre él, y ahora sabía que su más grande sueño, desde que empezó a cantar, se volvió realidad: una persona la quería por su voz, por su música, por sus canciones, y lo había hecho en el tiempo en el que no era un espíritu.
—¿Qué tanto me quieres, Satou-san? —Se atrevió a preguntar, solo para asegurarse de que no le estuviera mintiendo.
—No lo sé. —Ella ahogó una risa, si fuera como los demás chicos, podría pensar en varias cursilerías como: "de aquí a la luna"—. Pero te quiero mucho.
—¿De verdad? ¿Nunca vas a… lastimarme?
—Te prometo que nunca voy a lastimarte y te protegeré de quien lo haga.
Mana frunció el ceño ante lo que estaba haciendo Miku, se le notaba en el rostro que solo lo estaba preguntando para convencerse de lo que ya era obvio. Reine veía que los números del chico estaban en 87%.
—Y si… Perdiera mi voz, ¿me seguirías queriendo? —Esta vez, fue seria en su pregunta, él parpadeó un par de veces.
No estaba seguro de que responder, porque no sabía lo que sentía. No solo era su voz, era el verla esforzarse y brillar en un escenario, eso era antes. Ahora que la conocía en persona, había una razón más para querer a la idol.
—Bueno, sí… Si pierdes tu voz… —Ante sus dudas, Miku se mostró más expectante—. No creo poder hacer algo si eso pasa, Miku, porque sé que te gusta mucho cantar, si no te gustara, no lo harías.
—Sí, pero… Si eso llegara a pasar…
—No pasará —respondió con una pequeña sonrisa, porque había algo, de todos sus poderes, que agradecía a dios, el poder de salvar vidas a costa de la suya propia, y si era por Miku, no importaba—. Eso nunca va a pasarte, Miku. No vas a perder tu voz, y si fallo… Haré todo lo que sea para verte feliz, porque esa es la Tsukino Yoimachi y la Miku Izayoi que he visto dentro y fuera de los escenarios, y así quiero que sea siempre.
—Entonces… —Ella le tomó de la mano, él sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo, la mano de ella era muy suave, pero estaba fría, tal vez era por los nervios—. Yo también te lo prometo… Voy a protegerte.
—Gracias, pero quisiera que no lo hicieras, no quisiera que fueras lastimada por mi culpa. —Ella sonríe porque él no entiende lo que está diciendo, aun así, le muestra su meñique para que selle el pacto.
—No me refería a eso, Satou-san, por favor, no me preguntes por qué. Ya te lo diré, un día de estos. —Satou quería saberlo, pero confiaría en ella, como en años pasados, confiaba en la persona que amaba más y que seguía amando: a su madre, ahora ese lugar era de Miku.
—Gracias, Miku. ¿De verdad puedo? —Ella usó sus manos para que cerrara todos los dedos, excepto el meñique, él se sonrojó notablemente. Entrelazaron sus meñiques, ella sonrió con la verdad y él fue feliz por ese gesto.
Mana se quitó la manta para ponerse de pie y ver más de cerca los números que habían llegado hasta el 94% de un golpe.
«Te protegeré de mí, Satou-san. No voy a lastimarte, no es porque Kotori me lo haya pedido, ni porque me has salvado la vida, sino porque me quieres de verdad, quisiera decir lo mismo, pero amo a alguien más, pero no puedo decírtelo así… Algún día voy a decirte porque soy así, algún día te diré todo lo que siento, algún día también yo… Diré las cosas de frente, sin mentiras, sin nervios, ofreciendo todo lo que tengo que ofrecer y diciendo todo lo que debo de decir… Como tú lo hiciste y como lo has hecho siempre, Satou-san». Ella lo abrazó y lo mantuvo junto a su pecho, como si estuviera tratando de protegerlo. «Algún día también voy a decirte todo lo que yo siento, y cuando lo haga, te pediré disculpas de verdad, te pediré que me entiendas, tal vez no me escuches, tal vez me odies, porque sé lo que sientes por mí y espero poder decirte lo mismo… Algún día».
—Miku… ¿Te puedo abrazar yo también? —preguntó con cierta timidez.
—¿Quieres? —preguntó con cierta diversión, él dijo que sí—. Bueno, solo porque hoy es especial, por ser fiel desde antes que me cambiara el nombre.
—¿¡De verdad?! —preguntó con felicidad, Mana ya no podía hablar de ver como subió hasta el 96% en la escala emocional.
—Claro que sí.
Satou la abrazó también, sintiendo todo su cuerpo cálido, ahora sí no dudaba de las acciones de Miku, y ella no estaba con sentimientos negativos, podía sentirlos con ayuda de sus habilidades. De todos los abrazos recibidos, este era el más reconfortante, el más protector y el que mejor se sentía. Reine se acomodó los lentes al ver como ahora tenía un 97% en las lecturas. Kotori las miraba también en su tableta, lejos de ahí, con una sonrisa.
Cuando llegó al 98%, Satou deseó que esto no se acabara nunca o que, mínimo, se repitiera alguna vez más.
—Miku… Dime, ¿habrá otro día especial como este? —Necesitaba saberlo, aunque él mismo sabía que tal vez abusaría del cariño que tal vez no volvería a sentir después.
—¿Por qué?
—No quiero que esto termine. —De nuevo, su sinceridad la hacía sonreír, se preguntaba cómo había sido tan ciega para no darse cuenta que él nunca mintió—. Es la primera vez que me abrazas así…
—Tal vez lo haga otra vez, porque eres especial, Satou-san. —Más afortunado y bendecido no podía sentirse, 99% y Mana escupió parte de su café por la impresión—. No haría esto si no lo fueras. Pero tampoco puedo hacer esto todo el día, ¿sabes?
—Lo siento… —Se separaron, él se sonrojó por sus deseos de tenerla ahí para él; Miku no le pertenecía y así debía de ser, lo entendía. Ella le acarició la cabeza un poco más—. Bueno, solo hay algo que quiero pedirte, Miku, por favor, Miku, por favor…
Se movió muy rápido para ir por un plumón y le dio eso y su celular, luego le miró con determinación.
—Por favor. —Ella entendió todo y le hizo un autógrafo en su celular con el plumón negro, luego se lo devolvió con una sonrisa—. ¡Gracias por todo! Por favor, Miku, no dejes de cantar… A menos que de verdad quieras hacerlo. Y si eso pasa, bueno, lo entenderé.
Ella se acercó a su oído derecho, él pensó que iba a ser abrazado una vez más, pero no sucedió.
—Es hora de descansar, Satou-san. —Estaba tan embobado que bajó totalmente la guardia, Miku usó a Gabriel para dominar al chico con bastante simpleza—. Y sueña conmigo, Satou-san, sé feliz.
—Ya lo soy.
Se fue a acostar tal y como le ordenaron, ella notó extraño lo último dicho por él, pensó que no había controlado por completo su mente, de todas formas, no importaba, estaba feliz por lo que había hecho.
Y así se fue de su habitación, dejándolo dormir y soñar con otro día especial con ella. Se encontró con Kotori al cerrar la puerta, por lo que se sorprendió, pero la comandante la abrazó enseguida.
—Misión cumplida, Miku.
—Kotori… —dijo con lágrimas—. Perdóname.
—Estás perdonada y gracias… Gracias por todo.
