Capítulo 54 Infierno en la Tierra

"Dios da las advertencias antes de que ocurra algo malo, ¿no?"

Tori estaba seguro de ello. ¿No hay como una regla o algo? ¿Cómo un par de días de advertencias antes del apocalipsis? Ella había sido abandonada por sus padres cuando era una niña y se crió en una iglesia a vivir la vida pacífica y aburrida de una monja. El hecho es que ella no podía recordar los conceptos básicos de la Biblia mostrando lo mucho que ella tomó las lecciones de corazón. Por otra parte, ella nunca había querido esa vida de todos modos. Su iglesia había sido una de las primeras en evacuar de Londres cuando... sea lo que fuera, que pasó. Se había escabullido a Cheddar, prefiriendo la emoción de la delincuencia y las drogas. Unirse a la tripulación de El Cíclope había sido la mejor decisión de su vida.

"O al menos lo era, hasta que Dios decidió joder a Cheddar"

La primera advertencia había sido hace unos días, cuando el envío de armas fue tomado por los cobres. Entonces la gente del Ciclope empezaron a desaparecer alrededor de la ciudad, como si hubiera alguien en su contra. La única cosa era que los policías no fueron los que los atraparon a ellos, y no se han hallado sus cuerpos. Luego de que la ventisca había golpeado, y todos, incluso los policías no se habían atrevido a salir a las calles.

Por supuesto nadie, incluyendo a Tori, podría tiza que hasta coincidencia, hasta esta noche cuando aparecieron zombis malditos en las calles.

-A la mierda los Cíclopes- Ella murmuró mientras se apoyo contra una tienda de electrónica. La lealtad de la pandilla solo fue hasta ahora, y en unas pocas horas la ciudad ya se habría ido al infierno. La Policía estará centrada en sacar a la gente, y los criminales de la ciudad que tomaran rienda suelta.

Ella camino a través de los cristales rotos y comenzó a vaciar la caja registradora. Fue un premio dulce y ella empezó a rellenar sus bolsillos con dinero. Fue entonces cuando se dio cuenta del propietario de la tienda en el lugar.

-No eres un feo- Ella sonrió ante el cadáver andante. Él era lento, tratando de ponerse en pie desde el suelo, la mitad de su rostro mordido. -¿Tienes amigos por aquí que tenga que preocuparme en pelear?- Ella miró alrededor de la tienda.

El zombi simplemente respondió con un gemido cuando él comenzó a rastrarse hacia ella.

"Estos fenómenos sólo son peligrosos si se cuelan en mí"

Tori agarro un tablón de madera del suelo y sin contemplaciones destrozó la cara del monstruo. Los huesos se rompieron como la madera contrachapada, y la cabeza salio limpiamente, el cuerpo estrellándose contra el suelo.

-Jaja, sangrienta impresionante- Ella se echó a reír al ver la cabeza rompió la ventana y rodar hacia la calle. Se acercó a la ventana, para comprobar las otras tiendas y ver cómo todos los demás estaban haciendo.

Era difícil de creer que todo había sido pacífico aquí hace unas horas. Ahora había autos chocados entre sí, semáforos derribados y algunos edificios aún estaban en llamas. Montículos de nieve eran de color rojo de la sangre y había un coro interminable de gritos y disparos en la distancia. No sólo eran los zombis que la gente tenía que preocuparse, sino el uno la otra. Sin el brazo fuerte de la ley alrededor, la gente estaba robando tiendas de izquierda y derecha, y ajustando cuentas viejas. Añadiendo el temor completa todos tenían excedentes de armas en Cheddar, y era el infierno en la tierra.

Tori nunca había tenido tanta diversión.

-Mierda- Tori oyó un aullido demoníaco a pocas cuadras de distancia, mezclado con gritos humanos y el sonido de los disparos. Era uno de esos monstruos más rápidos que controlan a los zombis. Podía golpear cabezas de zombis durante todo el día, pero Tori no estaba preparada para hacer frente a una de esas cosas.

"Unas pocas tiendas más y me voy de aquí"

Se apartó de la calle y salió por la puerta trasera de la tienda. Esto condujo a un callejón que esperaba que la llevara lejos del tiroteo. Tal vez ella había dado a un centro comercial en la parte más bonita de la ciudad, probablemente un montón de cosas buenas allí. Estaba a mitad de camino por el callejón cuando se encontró con una chica en su camino.

-Necesito su ayuda- La chica dijo suavemente, su cabeza estaba inclinada hacia abajo, escondiendo sus ojos debajo de su pelo rubio corto.

-Escucha, chica- Tori no tenía tiempo para esto. –Ya eres toda una mujer ahora- Ella sin contemplaciones empujó a la chica rubia al pasar, haciendo su camino hacia la calle. La chica no era tan joven. ¿Tal vez 19 años? Ella podía cuidar de sí misma, y si no, entonces no era el problema de Tori.

-Estás con la tripulación del Cíclope, ¿verdad?- La chica le preguntó detrás de Tori.

-Sí- Tori respondió con un dejo de orgullo como hizo un gesto hacia el tatuaje del ojo en la nuca -Así que mejor te pierdes si sabes lo que te conviene-

Ella siguió caminando hacia la calle, cuando de pronto nuevas figuras emergieron para bloquear su camino.

-Ah, mierda- El callejón estaba oscuro, y las farolas sólo sirvió para emitir las siluetas de las figuras. Aun así, Tori podía decir por la forma en que estaban que eran más zombis. No se movieron, en su lugar taparon cerca su huida como marionetas con demencia en las cuerdas.

"Voy a aplastarlos con..."

Tori vio un martillo medio enterrado en la nieve. Ese haría el truco. Ella mantuvo sus ojos en los zombis mientras se arrodillaba para agarrar el arma.

"Qué raro. Están allí de pie"

Su mano se cerró alrededor del eje de la maza y ella lo levanto, sólo para que se atasque rápidamente en la nieve.

"El infierno"

Se dio la vuelta y vio a la chica que tenía su pie sobre la cabeza del martillo. Tori tiró de nuevo, molesta por la interferencia de la chica. Fue sólo cuando ella miró a la cara de la chica rubia y se dio cuenta del peligro que estaba realmente.

Los ojos de la chica, eran de ancho y azules, se llenaron de una ira profunda. No era sólo que Tori estaba dispuesta a dejarla morir, pero la chica tenía una rabia que impregna su ser mismo. Entonces Tori vio la boca de la chica, sus dientes reemplazados por colmillos como navajas afiladas.

-Oh Dios- Tori logró dar un par de pasos hacia la tienda antes de ser levantada por una fuerza sobrehumana. El viento soplaba y ella podía sentir los huesos agrietándose, como ella era sostenida contra la pared del callejón.

-Por favor no me mates- Tori rogó mientras infructuosamente trató de liberarse de las garras del monstruo. La chica ahora estaba flanqueando por un enjambre de zombis. Tori había encontrado su titiritero, y un nuevo temor se apoderó de ella al reconocer algunas de sus caras. Todos ellos llevaban el mismo tatuaje en su cuello como ella lo tenía.

"Ella es la que ha estado recogiendo la tripulación!"

-Tú sabes, hay una pequeña parte de mí que no quiere matarte...- La chica inclinó la cabeza hacia un lado como si reconsiderara su decisión.

-Entonces escucha a esa parte de ti!- Tori suplicó con los ojos abiertos.

-¿Escuchaste eso, cuando mataste?- Preguntó la chica. -Yo sé cómo la pandilla del Ciclope mata a las personas ¿Cómo está todos los asesinos?-

"Oh Dios. ¿Ella sabe de eso? Ella va a matarme. ¡Mierda! Esta perra me va a matar!"

La chica hizo una mueca, miró lejos de Tori, cerró los ojos y frunció el ceño como si enfocara profundo. Fue sólo por un momento antes de que ella volvió a mirar a Tori.

-Hay más de ellos... es difícil de encontrarlos...- dijo la chica como si esperara que Tori entendiera. -Responde a mi pregunta, y yo no te voy a hacer uno de ellos- La chica inclinó la cabeza hacia los zombis detrás de ella.

-Hija de...- Tori se dio cuenta de lo que quería la chica. -Sí, lo que quieras!-

-¿Dónde está El cíclope?- La chica dijo lentamente. -Ninguno de tus amigos sabía dónde estaba escondido-

Este era él! Una probabilidad de sobrevivir. Atrapada por el miedo, Tori estaba ansiosa por decirle al monstruo lo que quería saber.

-Está escondido en el estacionamiento subterráneo en el límite del norte de la ciudad- Tori dijo sin dudarlo ni un instante. -Él ha estado allí desde que tomo el cobre llamado Hastings-

Todavía quedaba la duda en el rostro de la chica, y si ella no le creía, entonces Tori estará bien muerta.

-Lo sé porque yo lo ayudé a llegar!- El miedo la hizo casi gritar. -Yo estaba observando a los policías, mientras que agarraron a Hastings atándolo ahí abajo-

El agarre se aflojó y Tori se desplomó en suelo. Ella luchó para levantarse, siendo consciente de los monstruos que la rodeaban. Todos la miraron con los ojos vacíos, bloqueando su escape.

-Así que, vas a dejarme ir ahora?- Ella dijo, esperanzada.

-No-

-Pero...- Tori se respaldo, sólo para darse cuenta de que estaba apoyada de espalda contra la pared. -Te estoy diciendo la verdad. Por favor, no me mates!-

-Oh, no te preocupes- La voz de la chica ahora era tranquila, suave y siniestra mientras ella se aparto de Tori y lentamente se alejó. -Yo no te voy a matar-

Los zombis se abalanzaron sobre Tori como perros hambrientos liberados de una correa. Tori no se convertiría en uno de ellos, ya que a los pocos minutos no sería nada.