Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Temas fuertes (violencia, violaciones, lenguaje, etc), que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.
Los vampiros de la resistencia llegaron al trono un jueves pasadas las cinco de la madrugada. Carlisle se había encargado personalmente del jefe del clan Vulturi, Aro, y después, el sol fue su mejor aliado aquel día, eliminando a todos aquellos vampiros del clan Vulturi y Denali, que quedaron heridos y moribundos después de semanas de intensa batalla. Nada que limpiar, sin rastros, salvo algún que otro humano curioso y drogadicto que había merodeado por ahí. Edward estaba seguro de que sin cuerpos, nadie nunca les creería, después de todo así eran los humanos, incrédulos. Necesitaban ver para creer.
—¡Cullen, Cullen! —Los bramidos y aplausos por parte de los vampiros mestizos y los, contados con una mano, vampiros de raza pura, no se habían hecho esperar.
Carlisle había sonreído con alegría, saliendo a agradecer a la multitud que lo nombraran como el nuevo jefe del clan. Edward nunca olvidaría el rostro lleno de orgullo de Esme al igual que él, ni tampoco la admiración en los ojos de su hermana. Su padre era el indicado para liderar a la raza, para comenzar un nuevo y prometedor futuro. ¿Y el detalle de que él se hubiera vinculado a una humana, ahora vampira? Bueno, era la cereza en el pastel para muchos, la prueba más clara y patente de que su padre no cambiaría de opinión respecto a los vampiros mestizos, y respetaría el acuerdo entre vampiros. El macho sonrió recordando esos días, hacía ya un par de meses.
Suspirando, sintió contra su espalda suaves y redondeados pechos. Edward se dio la vuelta, su hembra tenía los ojos cerrados, y respiraba acompasadamente, seguía dormida pero aún en sueños, siempre lo buscaba, algo que nunca terminaría de colmar su corazón de felicidad. Mirando a Bella acostada a su lado, el macho recordó cómo había decidido que la experiencia que había adquirido con el sexo, al lado de su hembra, sería realmente la pérdida de su virginidad. Aunque su cuerpo había tenido relaciones sexuales de muchas formas diferentes, sin su consentimiento y con muchos vampiros distintos a lo largo de años, para él aquello no significó nada. Tanya estaba loca y necesitaba ejercer su dominio, ese que lo dejaba muchas veces atado a una mesa o la pared, para hacerle cosas horribles, mientras estaba indefenso, sin expectativas de… nada, en realidad.
Su hembra había llegado para borrar de una vez y para siempre eso, ella lo sacó de la oscuridad y le mostró que la bondad todavía existía, así como la compasión y el amor. Y como si eso no fuera suficiente, le había dado el mejor regalo: su vida y la de su pequeña Gianna. Los párpados de Bella se abrieron de pronto, y se incorporó mirándolo de arriba abajo, una de sus manos voló inmediatamente a su rostro.
—¿Qué pasa, Edward, te ocurre algo? —Los colmillos del macho descendieron por sus encías mientras respiraba ese aroma frutal de su hembra.
—Solo estaba pensando en ti.
—Vaya. —Un suave ronroneo brotó de su garganta—. Me resulta todavía de lo más extraño percibir tus emociones, lo mucho que me deseas, el aroma de tu necesidad de alimentarte…
—¿Te molesta eso? —Deslizó la mano entre los muslos de su hembra, acariciando su hinchado sexo.
—No puedo estar más agradecida con estos nuevos sentidos. Solo hay algo… —suspiró cuando él introdujo un par de dedos en su intimidad.
—¿Qué cosa es?
—Es difícil hilar un pensamiento cuando haces eso —gruñó, el sonido casi lo puso frenético, pero obligó a sus instintos a calmarse—. ¿Es que esta ansia se acaba alguna vez?
—Con el tiempo, yo me supongo. Aunque para mí, no sé si acabe alguna vez.
—Es bueno saber que no soy la única ninfómana aquí.
—¿Qué es una nin…? —La hembra colocó un dedo en sus labios.
—No preguntas por un rato, ¿sí?
Él sonrió inclinándose sobre ella, la besó lentamente, disfrutando que siempre le permitiera llevar el control, abriendo sus piernas para acunarlo, y cuando se deslizó lentamente entrando en ella, ambos gimieron al unísono. El macho se quedó quieto, permitiendo que se acostumbrara a su tamaño y peso, mientras le susurraba palabras de amor y reverencia al oído.
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A Bella no le costó mucho tiempo acostumbrarse a ser una vampira. Sobre todo porque, hasta donde había podido ver, no había una gran cantidad de inconvenientes. Mirando su reflejo, no se sintió exactamente segura de qué estaba esperando al convertirse en otra cosa… no humana. Los colmillos eran largos, impresionantes. La energía adicional, la fuerza y la velocidad eran algo de lo que, sin duda, jamás se quejaría. Solo los ojos. Bella no estaba acostumbrada a que esos ojos ambarinos le devolvieran la mirada en el espejo, o… esos deseos irrefrenables de beber sangre que quizás deberían de resultarle asquerosos.
Suponía que tenía que acostumbrarse a todo ello con el tiempo, al menos ya se había acostumbrado a que al estar cerca de Edward, aspirar su aroma, o detectar su excitación, siempre se le haría agua la boca. Estaba empezando a discernir cuándo su hambre podía esperar y ser una… vampira civilizada, de cuándo le daba largas y entonces lo atacaba como si no fuera más que un enorme saco de alimento.
Había otra cosa que la tenía inquieta, además de todos esos cambios y esos eran sus mejores amigos, Alice y Jasper.
El día de dar explicaciones finalmente había llegado, Bella hubiera querido esperar un par de meses más para verlos, por temor a querer lanzarse sobre sus cuellos, pero Edward le dijo que definitivamente eso no pasaría porque estaba correctamente alimentada, aun así, la joven no quería correr riesgos. Cuando el timbre de la casa retumbó en el pequeño espacio, Edward le sonrió cálidamente, atendiendo la puerta como si supiera que su ansiedad no disminuía, si no que por el contrario, se acrecentaba. Alice fue la primera en entrar, caminando lentamente a través de la habitación hasta que estuvo a pocos pasos de ella, Jasper por su lado, mantuvo una mirada acusadora en Edward, sin embargo, gradualmente la alternaba entre ambos.
—¿Bella? —preguntó Alice.
—Soy yo, de verdad. Lo siento, siento tanto verlos hasta hoy…
—¿Estás bien? —le preguntó en tono exigente.
—Pues más que bien, en serio. ¿No me ves?
—Edward nos llamó, nos dijo que había sido... necesario. Que te estabas muriendo.
—Bueno, ustedes me vieron… cuando estaba embarazada.
—¿Qué pasó con el bebé? —inquirió Jasper, pareciendo un tanto alarmado.
—Ella está aquí, duerme, ¿quieren conocerla? —preguntó Edward en tono bajo, su voz inconscientemente aterciopelada y llena de reverencia, le robó un escalofrío a Bella.
—¿Es una ella? —preguntó Alice antes de sacudir la cabeza—. Sí, por favor, quiero conocerla.
Edward sonrió, sin disimular ni un poco su velocidad fue a la habitación, trayendo a la pequeña niña todavía dormida, y colocándola en los brazos de Alice.
—Dios, ella está… pesada.
Bella puso mala cara, no esperaba eso como primera impresión, además su hija nunca se le había hecho pesada, de hecho era liviana como una pluma, aunque dada su repentina fuerza, incluso para mover a Edward, debería de decirle algo.
—Eso es estupendo —canturreó Jasper acariciando su mejilla sonrosada—. Debes ser fuerte para aguantar toda esta locura… por cierto, es la niña más bonita que he visto en mi vida, ¿cómo se llama?
—Gianna.
—Gianna —tarareó Alice—. Es hermosa, ¿sus ojos son tan extraños como los suyos?
—Son cafés, como solían ser los míos —aseguró riéndose.
—Gracias a Dios —espetó Jasper.
Bella sonrió, viendo en el rostro de sus amigos cómo iba creciendo el cariño por su niña, con tan solo un par de segundos, ya los tenía embrujados a los dos, ¿y cómo no iba a hacerlo si era adorable? En la casa de los Cullen, siempre se peleaban por el turno de tenerla en brazos. Sobre todo Rosalie, quien los visitaba más seguido.
—¿Podemos volver mañana? —preguntó Jasper, sorprendiéndola.
—Claro que sí, ustedes son humanos de valía —aseguró Edward, provocando que una risa entre dientes escapara de los labios de Jass.
—Mierda —suspiró pasándose una mano por el cabello rubio—. Está bien, supongo que nos iremos acostumbrando. Gracias por dejarnos saber que están muy bien.
—Gracias a ustedes, sé que las cosas han cambiado en muy poco tiempo, yo misma estoy teniendo dificultades para acostumbrarme, por lo que agradezco mucho que vengan… ya saben —se encogió de hombros—, me ayudan a mantenerme cerca de… del mundo como lo conocía.
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—¿Extrañas tu mundo? —preguntó el macho esa tarde cuando estaban recostados en la cama, antes de dormir.
—Difícilmente, ¿por qué? —Bella estaba acariciando en lentos círculos su pecho.
Al ser un macho imprimado, Edward se estaba muriendo por meterse en su interior, pero trató de controlar sus instintos más básicos. Por favor, antes tenían que hablar un poco. De verdad. Respiró profundo.
—Por lo que le dijiste a Alice. —Su hembra suspiró.
—Me gusta estar en contacto con esa parte de mí que perdí, pero eso no significa que necesite más, me gusta estar aquí. Sería absurdo quejarme cuando ahora lo tengo todo.
—A mí también me gusta lo que tenemos, pero estaba pensado que tal vez podemos hacer otras cosas en, ¿cómo se dice?, ¿tiempo libre?, podríamos introducir a nuestra cría en el mundo humano.
—Eso sería… sería hermoso, Edward, gracias. —Sus ojos bailando llenos de emoción.
—Gracias a ti por escogerme y permitirme quedarme contigo, Bella. Te juro que voy a velar tu sueño y el de Gianna, con la espada en la mano.
—Todo ese comportamiento de cavernícola no debería resultar tan atractivo. Pero, qué va, me siento complacida. —Acercándose a él, ahuecó su mejilla en su cálida palma—. Aunque, si insistes en agradecerme… —Se onduló bajo el contacto de sus dedos, provocando que dejara escapar un ronroneo de aprobación.
—Se cómo dar las gracias, que no te queden dudas, ama. —En otro tiempo, en otro lugar, esto hubiera sido una horrible obligación, ¿ahora? Podía aceptar la obligación con gusto.
—Bueno, por esta vez, aceptaré de buena gana esas formas tuyas de dar las gracias, Edward.
Él sonrió haciendo justamente lo que mejor sabía hacer. Una y otra vez. Y después, mientras yacían juntos en un enredo de extremidades, supo con certeza, que nunca podría agradecerle lo suficiente, o de la manera correcta.
Pero estaba condenadamente seguro de que lo intentaría cada día del resto de sus vidas.
Bueno ahora si llegamos al final, gracias a todas por sus comentarios y todo su apoyo! Fue muy grato leerlas y que les gustara. Hasta pronto.
