DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
AMOR DE VERANO
EPÍLOGO
- ¿Cómo hiciste para conseguirla? – preguntó Bella recostada entre sus brazos y piernas con la espalda pegada a su pecho, mientras la hamaca suavemente se balanceaba frente al mar.
- Lo mío me costó – sonrió Edward recordando todo lo que había tenido que hacer para lograr llevar a cabo sus planes.
Desde que Bella le había dado el sí, había sabido que no podrían tener otra luna de miel que no fuese en Formentera.
Poco a poco la idea fue tomando forma en su cabeza, y finalmente supo que no había otro lugar donde alojarse.
Tenía que alquilar la cabaña en la que siete años antes habían vivido los mejores momentos de su vida hasta entonces.
Aquel lugar donde se habían conocido y amado, aún siendo dos desconocidos.
Aquel lugar donde probablemente habían engendrado a su hija. El precioso tesoro que Bella le había regalado.
Aquel lugar donde esperaba finalmente engendrar al hijo que tanto anhelaban ambos.
Los últimos meses habían estado haciendo el amor sin ningún tipo de protección, pero Bella no había resultado embarazada, y eso había llegado a preocuparle.
Recordaba con temor las palabras que María le había dicho a su mujer, hacía ya tantos meses atrás.
Tal vez la chica tuviera razón y él fuese estéril.
Tenía una hija increíble a la que amaba y sabía que no le reclamaría nada a la vida si Nessie continuaba siendo hija única; pero la idea de tener un nuevo hijo con Bella, de poder vivirlo junto a ella desde el embarazo y el parto, había enraizado tan hondo en su interior, que le entristecía pensar que pudiera no ser así.
Bella le había restado importancia cuando le había transmitido su temor, pero aún así, no dejaba de pensarlo.
- Es increíble que lo hicieras, – dijo ella sacándolo de sus tristes cavilaciones – no creo que hubiera podido imaginar un lugar mejor para nuestra luna de miel.
- Ni yo – concordó – Aquí te hice el amor por primera vez.
- En realidad… – le corrigió ella divertida – la primera vez me lo hiciste en la arena frente al mar.
- Digamos que era siete años más joven y más audaz, y aún no te tenía atada a mí, así que tenía que darme prisa para que no huyeras.
- ¿Y ahora crees que me tienes atada a ti?
- Esta vez no te me vas a escapar – prometió – Ahora eres una Cullen.
- No es que tenga intención de escapar, pero si crees que estás demasiado mayor para hacerme el amor en la arena…
- Usted, señora, se ha convertido en una descarada – le regañó burlón
- Lo crea o no, caballero, mi actitud se ha vuelto descarada desde que me he reencontrado con usted.
Edward se carcajeó estrechándola contra él.
- Supongo entonces que tengo cierto estatus que mantener – susurró junto a su oído, mientras bajaba sus labios por el cuello de la joven.
Sus manos se colaron bajo los triángulos de lycra que cubrían los pechos de la chica y comenzó a estrujarlos entre sus dedos.
Bella llevó sus manos a las de él y las removió sobre sus pechos endureciéndolos y excitándolos.
Desde que habían desembarcado en la isla cuatro días antes, se sentía excitada y completamente sexual.
Estos días se habían parecido mucho a aquellos de su primer encuentro, cuando habían hecho el amor en cada escenario disponible. Pero esta vez era mucho más tranquilo y sosegado, con la paz que les daba saber que esos días no tenían fecha de finalización.
Sus pechos se endurecieron y su sexo se humedeció con las caricias delicadas y constantes de su esposo.
Su esposo.
Aún era difícil de creerlo. En esos siete años que habían pasado, cientos de veces se había imaginado reencontrándose con Edward. Pero su única aspiración había sido poder darle a su hija el padre al que tenía derecho.
Siempre había imaginado que Edward habría hecho su vida con alguna otra mujer. Probablemente hubiese tenido más hijos y Ness tuviera más hermanos.
Pero nunca, ni en sus más locos sueños, había creído que también habría una oportunidad para ella.
Y ahora, allí estaban.
En la misma cabaña en la que se habían conocido y en la que le había entregado su cuerpo, su alma y su corazón, aún sin saber que lo estaba haciendo.
Los dedos de Edward bajaron por su vientre hasta colarse bajo la tela de su biquini.
Excitada separó las piernas para darle mejor acceso a su interior.
La respuesta de Edward no se hizo esperar y la penetró con sus dedos.
- Hazme el amor, Edward – gimió asiendo su mano por la muñeca para acompañarle en las embestidas.
- Siempre, cielo – prometió antes de retirar sus dedos y ayudarla a voltearse y sentarse a horcajadas sobre él.
Bajando su bañador y deshaciéndose del de ella, la penetró suavemente.
Hacer el amor en esa hamaca era, además de excitante, sumamente placentero.
El vaivén de la hamaca facilitaba el roce de sus ingles y el clítoris henchido de Bella se restregaba contra él acercándola al clímax.
Edward levantó sus manos hasta los inflamados pechos de su mujer y la enloqueció sobándolos.
- Voy a correrme, Edward – gimió sintiéndose repentinamente ansiosa
- Vamos, nena.
- Quiero que lo hagas conmigo – pidió
- Estoy muy cerca, preciosa – aseguró tomándola por la cintura y obligándola a moverse más rápidamente contra él.
Bella comenzó un baile alocado y estrujó el saco de sus testículos cuando lo sintió acercarse.
Con un gruñido se descargó en su interior mientras presionaba su clítoris para arrastrarla junto a él rumbo al precipicio del clímax…
Se adormecieron agotados para despertarse cuando la suave brisa fresca les estremeció.
Edward la levantó en sus brazos para llevarla al interior de la cabaña y la recostó en la amplia cama, antes de tumbarse junto a ella.
Los dedos de Edward, acostado a su espalda, acariciaban su vientre cuando el sol de la mañana la despertó.
Posó sus manos sobre las de él deteniendo su movimiento.
- Buenos días, preciosa
- Buenos días – saludó desperezándose
- Has dormido mucho – sonrió él
- ¿Sí?
- Sí. Ya es casi mediodía.
- ¿De verdad? – indagó sorprendida
- Ajá. Así no podré cumplir mi propósito – comentó intrigante
- ¿Tu propósito? – preguntó Bella volteándose a verle realmente curiosa – ¿Cuál es tu propósito?
- Repetir exactamente nuestra semana de hace siete años.
- ¿Ah, sí? ¿Y no vas a pedirme mi número esta vez tampoco?
- Será lo único que cambiaré – corrigió haciéndola reír.
- ¿Y puedo saber por qué quieres repetir esos días?
- Tal vez podamos engendrar el hermanito de Ness de la misma forma que la engendramos a ella.
- Oh, cariño – sonrió comprensiva apretándose contra él
- Tengo que confesarte que temo que María pudiera tener razón. Temo realmente ser estéril.
- Oh, Edward, no tienes que preocuparte por eso…
- Lo sé, pero no puedo evitarlo.
- De todos modos no creo que vayamos a engendrar el hermanito de Ness aquí en esta isla.
- Nunca se sabe.
- Creo que no – sonrió enigmática
- ¿Por qué no?
- Porque lo hemos hecho hace al menos tres semanas – sonrió ganándose la sorprendida pero exultante sonrisa que su marido no reprimió.
Ahora sí, se acabó este AMOR de VERANO.
Espero que lo disfrutárais y lo sigáis disfrutando.
Gracias a todos por leerme, por sus reviews, alertas, favoritos y recomendaciones.
Recordad que tenemos un hermoso TRAILER, para quienes se lo perdieran, y también algunos OUTTAKES, a los que tal vez agregue alguno más, así que no le perdáis la pista.
Sabéis también que nos podemos comunicar en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki.
Sé que muchos esperáis que DETRÁS del OBJETIVO, sustituya los días de publicación de Amor de Verano, pero de momento no será así.
Mi agenda se ha complicado para publicar tan a menudo y no quisiera descuidar los fics que tengo en proceso así que de momento no habrá fics nuevos, pero... (siempre hay un pero) tengo dos proyectos para el futuro.
Los proyectos son RANCHO MASEN y PERVERSAMENTE PROHIBIDO.
Cómo no sé cuál publicaré primero, en el grupo de FB hay una encuesta para votar por las dos opciones, con una breve reseña de cada fic.
Si tenéis cuenta en FB os podéis pasar por allí, y si no, si queréis os puedo pasar las reseñas por mail.
Ahora sí, me despido, enormemente agradecida por la oportunidad que me habéis dado.
Besitos enormes y hasta la próxima!
Barbara Varga: Aún me resulta increíble saber que tu hermano me lee también, me sorprendo cuando sé que hay hicos que también me leen, me siento honrada. Gracias
