Super tarde, pero son 11500 palabras para compensar XD.

Que lo disfruten.

Capítulo 49

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Orilla del dragón

Dos meses habían pasado en un abrir y cerrar de ojos; desde el funeral de su esposa e hijo, Hiccup se había dedicado a hacer estrategias y a advertir a las tribus aliadas sobre los inminentes peligros, pues su instinto le dijo que no debía confiarse, no después de que Gustav y los jinetes auxiliares le informaran que no habían encontrado ninguna flotilla cerca de las islas que estaban por Axila lamida.

¿Qué era lo tramaba el enemigo? Era la pregunta que lo mantenía constantemente entretenido, y lo ayudaba a olvidar la cruda realidad a la cual se enfrentaba cada vez se iba a dormir solo a la cama.

A pesar de las advertencias de amigos y pueblo, se aventuró a ayudar a su amigo Alberick para recuperar la isla que le pertenecía, sólo bastaron unos cuantos días y dragones para deshacerse de los enemigos y liberar a los pocos que habían dejado como esclavos.

A partir de ese momento, indagó más, pues su curiosidad salió a flote cuando recorrió los barcos de los cazadores, lleno de trampas y muchas celdas de tamaños como meter un dragón; sin embargo, una peculiaridad llamó demasiado su atención; en cada cabina de capitán a la cual entró, encontró un tablero del popular juego mazas y garras.

—"Deben estar muy aburridos" —había comentado Tuffnut en aquella ocasión.

Todos le dieron la razón, el juego a simple vista parecía insignificante con todas sus piezas esparcidas, pero encontrarlas en todos los barcos, eso era demasiado extraño. Fue entonces cuando Hiccup recordó, que la misma noche en que se enteró de la muerte su esposa, había visto el mapa y las islas atacadas como movimientos estratégicos de ese juego.

¿Y sí esa era la estrategia del enemigo?

Fue el momento de jugar.

A pesar de las réplicas de los demás, Hiccup se empecinó en verlo todo desde la perspectiva del juego; fue considerado un loco, que desvariaba por su dolor; pero en cuanto acertó al siguiente movimiento del enemigo, empezaron a creer que no era una idea tan descabellada. Gracias a las predicciones del juego de Hiccup, habían logrado establecer nuevamente la paz en el archipiélago.

Pero ¿Realmente habían acabado con todos los enemigos? No lo creía; pues los cazadores de Berk habían nombrado a un tipo llamado "Drago", el cual describieron como un desalmado y sádico líder, pero hasta el momento no habían dado con alguien con esas características, habían acabado sólo con los peones del juego.

Sólo el tiempo se lo diría si realmente habían encontrado paz en el archipiélago…

—Ahora por el poder que me confiero como autoridad y porque así lo quiero… los declaro marido y mujer. —declaró Gobber cerrando ruidosamente el libro de plegarias. — ¡QUE VIVAN LOS NOVIOS!

La gente estalló en aplausos al momento que los novios cerraron aquel pacto con un beso; mientras que Hiccup, había despertado de un parpadeo, se había quedado dormido con los ojos abiertos durante la ceremonia matrimonial de Odalys y Tuffnut y para que nadie notara aquel descuido, aplaudió al compás de la demás gente de Berk e invitados de tribus aliadas.

Cuando vio que al parecer nadie se había percatado de su distracción, se permitió apreciar de verdad a los novios, que felices con su nueva unión, alzaban a la gallina quien revoloteaba en el aire con su pequeño velito blanco.

Estaba feliz por sus amigos, aquellos dos habían sufrido mucho, así que toda aquella felicidad se la merecían; claro que al verlos, no pudo evitar sentirse nostálgico por lo que a él le faltaba.

—Hey… —sintió una mano sobre su hombro que cubría con una armadura que amarraba la capa de jefe.

Al girarse vio a su amigo Gobber, ni cuenta se había dado cuando dejó a los novios, este estaba junto con Alberick y Mía, la nueva líder de los Silverhead.

— ¿Cómo te sientes?

—Contento… en paz. —respondió con simpleza.

—Te comprendo, siempre es bueno un momento de paz, después de todas esas peleas. —opinó Mia respirando hondo, recordando cómo había terminado todo.

Tanto ella, como las demás tribus aliadas que quedaban, habían sido enteradas de la separación de Berk/Eero con su respectivo "porqué"; y por motivos de intereses de algunos, amistad de pocos, optaron con seguir la alianza con el jefe "amo de dragones", como algunos lo llamaban.

Con la aprobación de casi todos sus aliados, consideraron nulo el matrimonio entre la princesa Bog Burglar y él; donde la única desprestigiada al final fue Camicazi, pues Harald consiguió hacerse la victima ante sus aliados, a quienes ofertó apoyo y tratados para que no hubiera represalias en su contra; algo que cayó bien a los que querían hacer tratados directos con el rey.

—Sí, aunque aún sigo creyendo que no es el fin… nuestro enemigo sigue por ahí ¡lo presie…

—Disculpe jefe Hiccup.

La conversación se pausó por la inesperada presencia de una chica rubia de ojos verdes; joven, de unos 19 años de edad, era la hija menor de Iggy, el jarl de una de las islas que también les había tocado ser atacadas por los cazadores y salvadas por los jinetes y milicia de tribus aliadas.

La chica hizo una reverencia rápida, y totalmente sonrojada, le entregó un presente, el cual era como una pequeña reliquia para poner inciensos.

—Un obsequio de parte de mi padre y por supuesto que mío también… me tomé el atrevimiento de venir a dejárselo personalmente

—Gracias. —Hiccup agradeció gentilmente el detalle y lo tomó sin poner ningún pero. —Dile a tu padre que gracias, y por supuesto gracias a ti.

—Siempre estaré muy agradecida con usted jefe, por haber salvado nuestra tribu, nuestras vidas… si hay algo que mi padre o yo pudiéramos hacer, háganoslo saber. —ofreció la chica con gentileza.

—Lo tomaré en cuenta… y una vez más, gracias por el presente. —contestó este diplomáticamente.

La chica sonrió afectuosamente, hizo otra reverencia y se alejó lentamente no sin antes ver de nuevo al jefe de reojo, quien se despidió con un ademán de mano.

— ¡Vaya! veo que es cierto…—comentó Gobber peinando su largo bigote con el gancho de su prótesis.

— ¿Qué? —preguntó Hiccup sin entender.

—Que todos nuestros aliados te están paseando a sus hijas frente a tu nariz para ver si te decides a escoger a una nueva señora Haddock. —contestó Alberick de brazos cruzados.

Hiccup bufó burlón. —Eso nunca va a pasar.

—Esa chica era hermosa, pero no hay nadie que se compare con mi lady Astrid. —suspiró Mia, poniendo a Hiccup celoso, un acto que después le sacó una risita.

—Claro que no, porque esa muchacha era especial no como… eh…Por cierto… ¿dónde está… "esa"? —preguntó Gobber con precaución. — ¿Y el rey?

—No sé de quién me hablas. —fingió Hiccup con el primer cuestionamiento, su promesa de ignorar a Camicazi lo estaba cumpliendo al 100%—Y del rey… después de que sintió a salvo, otra vez, regresó con su flotilla a casa.

— ¿Sin ella? —preguntó Mia curiosa.

—Realmente no sé de quién me hablan. —fingió una vez más Hiccup, empezándose a molestar. —Creo que iré a dejar este presente a mi casa, los veo en el banquete.

A los presentes no les quedó más remedio que dejar ir al jefe, una vez que se alejó en compañía de su inseparable dragón, el grupo se permitió dar un suspiro cansado.

—Es sorprendente que la siga manteniendo aquí y que ¡actúe! como si no existiera. —bufó Alberick.

— ¿Es en serio que sigue aquí? —preguntó Mia curiosa, poca información sabía, salvo lo que Hiccup les había contado a todas las tribus sobre quien consideraba su legitima esposa y su problemática con la heredera Burglar.

—Así es… su tío no se la quiso llevar… y pronto va a parir. —contó Gobber. —Sólo los dioses sabe lo que le depara a esa muchacha que… ¡no es por defenderla!... pero también da lástima.

—Ella se lo buscó. —opinó Alberick sin cambiar de porte.

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Camicazi miraba aburrida por la ventana, desde su lugar el pueblo se veía vacío, sólo alcanzaba apreciar, muy a lo lejos, unos adornos de tonos blancos, donde la boda se estaba llevando acabo. Kana había sido invitada, y esta no se había negado por lo que ahora estaba sola.

Respiró hondo, y al hacerlo sintió una patadita en el vientre, se lo sobó con amor, ahora estaba más enorme; la anciana cada vez que iba a revisarla no paraba de decirle que sería una bebé muy fuerte, y estaba feliz por esa parte, aunque no del todo, las semanas pasadas habían sido agotadoras, y cuando pensó que por fin podría vivir libre de la aldea, eso ocurrió…

Hiccup y los jinetes habían ido a solicitar el apoyo de la flotilla del rey cuando descubrieron más tribus aliadas en peligro. No estaba segura si Harald había aceptado por voluntad propia o el jefe lo había obligado, pero tan pronto fue advertido, se unió a la causa.

Cuando la última tribu fue liberada, se renovó nuevamente los tratados de paz, donde el antiguo Berk quedó fuera y la nueva Berk fue incluida así como el reino de los Bog Burglar; mientras que ella, fue obligada a declarar sobre sus actos de "traición" para con el jefe y el rey, y aunque no la castigaron por el delito de la esclavitud, su matrimonio con Hiccup se anuló de inmediato, pues nunca fue consumado ni era correspondido.

Y de su tío; no quería acordarse de él.

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¡Tío, por favor! Llévame contigo. —rogó Camicazi aferrándose a su capa cuando se enteró que este pretendía volver solo a Bog Burglar.

¡Suéltame Camicazi! ¡No puedo ahora! Ni modo, tendrás que quedarte! Gracias a todas tus estupideces ahora todo el mundo sabe lo que hiciste, ¡incluyendo MI reino! No están contentos, no me lo dicen… pero creen que soy incapaz de manejar la situación, tengo que hacerles ver que se equivocan, y no puedo llegar contigo como si hubiera sido un juego lo que hiciste… tu presencia podría desatar una guerra civil…

¡Mentira! ¿Por qué no sólo me dices que no me quieres ahí?

Aparte…—sinceró Harald. — ¡Mírate! ¿Cómo vamos a explicar que te dejaste embarazar por cualquier tipejo?

¡Cállate, no hables así de mi esposo!

Serás la vergüenza de nuestra sociedad, una princesa con un bastardo.

¿Ya se te olvidó de dónde vienes tío? —preguntó Camicazi llorosa, dejando a Harald helado.

Te vas a quedar aquí hasta que te consiga el perdón de Bog Burglar y ordene que puedes volver. —advirtió seriamente, pero herido por dentro.

¡Los dioses salven al rey Harald! —deseó Camicazi llorosa una vez que su tío se giró para marcharse. — Si así son las cosas, acepto la voluntad del pueblo del Bog Burglar, incluso tu voluntad "tío"… sabes…—lloró. —Ya no me interesa, quédate con todo, porque lo único que yo quiero es ser una buena madre para mi hijo…, y tal vez así pueda lograrlo.

Harald se quedó estático, dándole la espalda, las palabras de Camicazi seguían hiriéndolo, pues recordó a su propia madre que por un tiempo tuvo que cuidarlo sola hasta que el rey, su padre, enviudó y la tomó como esposa. Recordó a su hermanastro, el padre de Camicazi, a quien le había prometido cuidarla, algo que no había cumplido del todo hasta el momento, más ¿cómo hacerlo?, cuando había tantos resentimientos entre ellos.

Se giró nuevamente para confrontarla, pero para cuando lo hizo su sobrina ya no estaba, "tal vez era lo mejor", concordó por primera vez con ella, tal vez estando lejos estarían mejor.

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Camicazi confiaba que había hecho lo correcto, renunciar a todo lo material y al poder para ser por fin un ser humano, una mujer sencilla, aquella que se había enamorado de Eret, a la que no le importaba ensuciarse con pescado, vivir en lugar pequeño y mucho más.

Se levantó con pesadez de su asiento y salió de la casa, a lo lejos la música se escuchaba, pero no se dirigió a esta, rodeó la casa para encontrarse con un establo donde un enorme dragón reposaba. Rompe cráneos, después de haber pasado días con los dragones que estaban al mando del alfa, regresó (con la ayuda de los vikingos), junto con la mujer que reconocía importante para Eret, un ser querido.

Se levantó para recibirla, y esta le respondió acariciando su cuerno frontal, al dragón le gustaba olfatearle el vientre ya que sentía una presencia ahí adentro.

—Eret o Erat se mueve mucho Rompe cráneos, muy pronto lo conocerás. —siguió acariciando Camicazi. —Tú y yo lo vamos a cuidar mucho…

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Mientras tanto, Hiccup, también ausente de la boda; llegó a su casa junto con Toothless, dejó el presente en la mesa donde había más "presentes", desde flores, joyas, pieles, comida y diversos utensilios, todos obsequiados por hermosas jovencitas que desde que se enteraron que habían enviudado le "ofrecían" su compañía.

Tomó una de las frutillas que le habían regalado y se la dio a degustar a Toothless que lo devoró en un segundo.

—Muy bueno ¿verdad? —preguntó.

El dragón se lo saboreó en señal de respuesta; Hiccup sonrió con el gesto y subió a su habitación; sabía que debía regresar a la boda, pero no quería hacerlo hasta despejar un poco su mente. Al llegar, se sentó en la cama y sacó el collar de Astrid, que estaba ocultó debajo de su almohada.

Se desamarró la capa del jefe para poder tomar el prendedor de dragón que ella le había dado, para observar ambos objetos juntos; para así poder recordar con más claridad su boda.

—Tuffnut y Odalys se casaron. —empezó a contar a la nada. —Hoy ella está bellísima y Tuffnut… ya sabes cómo es, había sugerido hacer una boda doble junto con su hermana, pero creo que tanto ella como Snotlout siguen indecisos, o al menos Ruffnut, dice que le gustan las relaciones liberales, y Snotlout concuerda con ella, creo que más bien, quiere darle su espacio hasta que se decida a dar el gran paso.

El rechinido de la puerta lo distrajo, Toothless entró precavidamente y se acercó lentamente a su melancólico jinete.

—Ven Toothless, le cuento a Astrid sobre la boda…—animó al dragón, mostrándole el collar, este lo miró y le dio una pequeña lamida, a lo que Hiccup sonrió. —Toothless te manda besos. —resopló con melancolía. —Astrid, te sigo extrañando…—hipeó. —Y siempre será así…

Acarició a su dragón que ya había recostado su cabeza en sus piernas, y después de platicarle más cosas de lo que había hecho al collar, salió de la habitación para regresar a la boda.

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Axila lamida.

Astrid había regresado de inmediatamente con su hija, la cual estaba siendo cuidada por una enorme señora y Samara quienes cuidaba a otras niñas, incluida la sobrina de Mala; se retiró con ella a su espacio para poder mimarla y arrullarla en lo que las demás mujeres coqueteaban con los visitantes.

—Cada vez te pones más fuerte Asdis. —dijo mientras jugaba con la manita de su hija que la veía solamente con sus ojos grisáceos/azules. —Papá estaría orgulloso de ti…, te quiso mucho aun sin conocerte, siempre te daba un beso antes de dormir… siempre decía que cuando crecieras un poquito te llevaría a dar un paseo en dragón —sonrió. — Toothless se hubiera emocionado, aunque no podría volar muy rápido lo cual probablemente lo decepcionaría… pero quien sabe, eres hija de Hiccup… la adrenalina debe ser parte de tu ser, así como su inteligencia y curiosidad,… Heather, Spinel y todas las chicas dicen que te pareces mucho a mi… pero creo que serás como tu padre, algo que siempre me decía tu bisabuelito Bork… no por nada me hiciste vomitar esa sopa ¿Recuerdas?

La pequeña, aunque no comprendía, se sentía arrullada con las palabras de su mamá y se fue quedando poco a poco dormida, mientras sostenía con firmeza el dedo de su progenitora. Una vez dormidita, Astrid la abrigó con una pequeña cobijita, y se recostó con ella para dormir un poco; sin embargo sus intenciones de descansar fueron abruptamente interrumpidas cuando Heather entró a la habitación hecho un mar de lágrimas.

— ¡Heather! ¡¿Qué te pasó?!

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Minutos atrás.

Los vikingos invitados y las guardianes del ala, se silenciaron por el tremendo grito que había dado el médico. Las chicas en particular, desaprobaron la conducta de su integrante, pues una de sus leyes principales era no poner los ojos en hombres casados, pues sentían que deshonraban a la mujer con esa clase de actos. Sin embargo ni Mala ni las chicas intervinieron, esperaban que el matrimonio le diera una llamada de atención a Naira.

—¡¿Acaso me ves con un cartel de "SE RENTA"?! —cuestionó Spinel furioso, mientras que Heather aún no creía el atrevimiento de esa chica.

—Uhmm…lo siento, pero creo que deben reconsiderarlo. —insistió esta ofendida. — Si tengo una hija, será como un regalo para mí, si tengo un hijo… Lady Heather podría tener la oportunidad de criarlo, y usted joven Spinel tendría un hijo con su sangre... Algo que su esposa no le puede dar…

— ¿Cómo te atreves? —gruñó Heather furiosa y dolida a la vez. —Lo único que quieres es tener un trofeo, si realmente quieres una hija ¡vete y consíguelo con otra persona! No puedo creer siquiera lo que dijiste…

—Sólo digo la verdad… y el que tú no puedas tener hijos o hijas tampoco te da derecho de ofender nuestras tradiciones. —respondió Naira con prepotencia.

—¡Naira basta! —ordenó Mala viéndose en la necesidad de intervenir.

—Lo lamento su majestad, pero no me pienso retractar…

—Pues creo que tendrás que hacerlo, porque de antemano te digo que no. —respondió Spinel.

—Ya lo escuchaste niña… —dijo Heather aferrándose a la mano de su marido.

—Joven Spinel…—lloró la chica. — ¿Por qué me hace esto? ¡Cuando usted mismo me confesó sus anhelos de ser padre!

El corazón de Heather retumbó dolosamente al escuchar esa confesión, que pensó que podría ser una calumnia por parte de la chica, pero que al ver como Spinel le gruñía y le imploraba con la mirada no hablar de más, supo que era verdad.

— ¿Es cierto? —preguntó soltando su mano.

—Heather… déjame explicártelo. —pidió Spinel tratando de tomar su mano, sin embargo…

—Así es lady Heather… él me lo dijo…—recordó la chica.

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Spinel se vio obligado a reproducir el antídoto para los dragones, para aquello tenía que salir a una parte de una isla a conseguir los ingredientes; para ese entonces, Naira, aprendiz de curandera, se ofreció a ayudarlo para aprender a hacerlo además de compartir experiencia con otro médico.

Sólo tienes que agregar un poco de la savia de esta flor y unas hojas de esta, y con el agua a una temperatura moderada tendrás el antídoto al veneno para dragón.

Que gran descubrimiento joven Spinel, no cabe duda que es muy buen médico… para ser hombre. —se burló.

Que graciosa.

Lo siento, no puedo evitarlo. —sonrió Naira. —Pero lo digo en serio, es muy buen médico, es decir… salvó a Lady Astrid, a su bebita… ¡incluso a su esposa! Ya todas sabemos cómo se conocieron…

Sí. —recordó Spinel en un suspiro.

Y se ve también muy lindo cuando hace reír a las niñas, pero en especial cuando le hace mimos a la pequeña Asdis.

—"La pequeña apresurada". —apodó Spinel con una risita. —Ay, esa niña sí que nos dio un buen susto… a veces me siento como su pa…se silenció de inmediato pues uno de sus grandes anhelos profundos casi se le salía.

Sin embargo Naira no se quedaría con la curiosidad.

Disculpe, joven Spinel… ¿Nunca ha querido tener hijos?

El médico no respondió y trató de seguir concentrado en el trabajo, pero Naira insistió e insistió hasta que este, como un secreto, se lo confesó.

Por supuesto que sí—suspiró. —Digamos que es uno de mis tantos anhelos, tener un hijo con la persona que amo. —Se apenó. —Pero bien sé que Heather no puede por lo que le pasó.

Sí, lo sé… que lástima…—se lamentó falsamente la chica, pues ya tenía el plan en mente. —Hubiera sido un excelente padre…

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— ¡Ya cállate! —no había parado de decir Spinel mientras la chica confesaba sentimientos que creyó que podría quedar entre "colegas".

—¡Basta Naira! —seguía exigiendo Mala desde su lugar a la chica que no cerró la boca hasta que contó todo.

— ¿Lo ves, lady Heather? Yo sólo quiero cumplir un sueño de él… no pretendo ofenderte, sólo quiero hacer feliz a tu marido, no puedes ser tan egoísta como para impedirle cumplir un sueño Además para no dejarte expectante a que Lady Astrid muera para que te puedas quedar con su hija.

— ¡QUE TE CALLES!

—Naira, ¡cuida lo que dices! —advirtió Mala molesta.

—Es cierto, muchas lo piensan…creen que lady Heather espera que lady Astrid caiga en batalla para quedarse con su hija.

— ¡QUE TE CALLES! —gritó Spinel lanzándose la chica para taparle la boca.

Mientras tanto, Heather aún seguía procesando la indiscreción, los aparentemente pensamientos de las guardianes del ala, así como la "buena voluntad" de Naira; vio que Spinel estaba forcejeando con ella, y esta parecía disfrutar de su atención y de sus roces.

— ¡Háganlo! —gritó sorprendiendo a todos los presentes.

Tanto Naira y Spinel detuvieron su forcejeo cuando la escucharon.

—Anda Spinel…—dijo Heather con una sonrisa. —Ella es muy bonita, y si tiene un hijo varón podremos cuidarlo entre los dos… será tuyo y de ella… y si tiene una hija pues… igualmente será tuya…

—¿Qué dices? —balbuceó Spinel aun incrédulo.

—Hagan lo que quieran. —finalizó la berserker con molestia y se retiró corriendo del lugar.

— ¿Ves Spinel? —se aferró Naira a su brazo. —Ya tienes su permiso… conozco un lugar donde me gustaría…

— ¡Déjame sanguijuela! —se zafó este con rudeza. — ¡No tienes idea de lo que ocasionaste!

—Pero…

— ¡Basta Naira, Spinel Deranged tiene razón! —intervino nuevamente Mala. — ¡Esto es degradante!

—Con respeto su majestad, este asunto sólo concierne a Spinel y a mi…

— ¡ESCUCHA NECIA! —gritó Spinel en su cara. —¡No hay un tú y yo! ¡Sólo Heather y yo!

—Spinel Deranged, ya no des más explicaciones, ve y busca a tu mujer… mientras que ¡yo! personalmente acompaño a Naira a buscar otro prospecto "L-I-B-R-E" —insinuó lentamente la reina tomando el brazo de la atónita y rechazada chica.

—Gracias su majestad… y por centésima vez mi apellido es ¡"VULKAN"! —rezongó antes de salir corriendo tras su esposa.

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—Heather… ¿qué te pasó? —trataba de tranquilizar Astrid a su amiga.

Esta sólo se había lanzado a ella para abrazarla con fuerza.

—¡Estoy tan cansada! —gritó Heather haciendo que la pequeña Asdis se removiera de su lugar.

Cuando vio que sus berridos la incomodaban, soltó a Astrid para salir del cuartillo, esta salió detrás de ella, pues seguía sin comprender nada.

—Heather, explícame ¿Qué ocurrió? ¿Te peleaste con Spinel?

—Sí…—contestó dolida. —Siempre que creo que ya cerré esa herida, alguien viene y con una cuchillada la vuelve a abrir.

— ¿Qué herida?

—Que yo no puedo darle hijos a Spinel…—contó más calmada. —¿Por qué tuvo que ser así Astrid?

—Ay Heather… no sé qué decirte…

—Y no sólo eso, según dicen que muchas creen que yo estoy esperando a que te mueras en batalla para quedarme con tu hija.

— ¡Eso es una calumnia! —Astrid no podía creer que lo escuchaba.

—Pues es lo que piensan…—susurró dándole la espalda.

—Heather, yo no lo creo así… tú has sido la persona más gentil y buena con la que me pude haber encontrado, indistintamente a nuestro pasado.

Astrid la hizo girarse para encararla, y tomarla de las manos.

—No cabe duda que soy yo la que te ocasionó problemas, debí consultar tanto con Spinel como contigo lo de mis piensos sobre el futuro incierto de nosotros y mi hija, desde que me encontraron se pelean mucho… todo por mi culpa.

—Claro que no… —respondió la berserker. —Las cosas son como son, sabía que tarde o temprano, Spinel lo iba a desear… por eso le dije que se fuera a concebir con esa… argggg ¡vieja! —espetó molesta.

— ¿Qué vieja? ¿Qué hiciste Heather?

— ¡Naira! La aprendiz de curandera…—recordó con rencor. —Le ofreció concebir juntos… y yo acepté.

— ¡Pero qué cosa! —gritó Astrid. — ¡Heather no puedes hacer esto!

—Lo mismo pienso…

Ambas chicas se sobresaltaron al escuchar la voz cansada de un varón.

—Heather tenemos que hablar…—pidió el cansado Spinel.

—Ya dije lo que tenía que decir…—respondió esta tratando de no verlo. —Tienes mi permiso.

—Heather…—reprendió Astrid entre dientes, pues su amiga se iba a poner orgullosa y eso tal vez no funcionaría.

— ¡NO SOY UN JUGUETE!

—Ay… calmados…—pidió la rubia haciendo de réferi entre los dos.

—¡Y YO NO SOY UNA EGOISTA! ¡Así que aprovecha la oferta de esa buscona y ten el hijo que tanto anhelas! —reprochó Heather celosa.

—Chicos…—trataba de detener Astrid, sin embargo los lloriqueos de Asdis llamó la atención de los tres, rápidamente su mamá fue a atenderla.

— ¡¿VES LO QUE PROVOCAS?! —siguió reprochando Heather.

— ¡¿YO?! Tú eres la que grita horrible—gritoneó Spinel

— ¡BASTA AMBOS! —gritó Astrid exasperada con su hija en brazos mientras trataba de calmarla. —Ustedes dos tienen que hablar ¡a solas! Olvídense por un momento que estoy aquí, que me ayudan a cuidar a Asdis, que está la tribu de las defensoras del ala… ¡son un matrimonio, dioses! Necesitan pasar un tiempo a solas.

—Astrid tiene razón, hablemos a solas. —reflexionó Spinel más tranquilo, pero Heather seguía en la misma posición.

—No pienso ir a ningún lado contigo.

— ¡Pues vas a venir conmigo aunque no quieras!

Spinel la tomó con rudeza del brazo y la jaloneó, Heather iba haciendo berrinches tratándose de zafar, pero no fue escuchada. Astrid sólo alcanzó a ver que ambos salieron al exterior, sólo esperaba que la petición que le había hecho a su amiga no perjudicara en su matrimonio.

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— ¿A dónde me llevas? —seguía refunfuñando Heather mientras era estirada por Spinel por todo el bosque.

Pronto se rindió pues este ya no le dijo nada, sólo la estiraba, la paseó por los campos de algodón, luego arrollo arriba, luego unos metros más sobre lo más recóndito del bosque; un camino que poco a poco distinguió la berserker.

— ¡Bien, por fin a solas! —gritoneó Spinel una vez que llegaron a su antigua choza.

— ¿Qué pretendes al traernos de vuelta aquí?

— ¡Hablar, mujer! Dioses, a veces me exasperas…

—Lo mismo digo. —contestó refunfuñona.

—Pero bien que me amas…—

Heather se puso colorada y evitó contestar, mientras que Spinel, suspiró cansado, había logrado calmar las aguas por un momento.

—Quería explicarte… lo que dijo Naira…

—No quiero saberlo. —siguió ella con su orgullo.

—¿Por qué no? Quiero compartir con mi esposa uno de mis tantos sueños.

—Uno que no te puedo cumplir…—se reprochó a sí misma. — ¿Por qué Spinel…?

—¿Qué quieres que te diga? —dijo este rendido. —Sé que cuando empezamos te dije que no me importaba, pero soy un humano, y convivir con una recién nacida no ayuda mucho… ¿esperabas que fuera una roca después de convivir mucho con la hija de Astrid? No puedo evitarlo, a veces me siento como el padre que a ella le falta. Y tú hiciste ese acuerdo de cuidarla sin siquiera consultarme… y ¡ahora! ¿me reprochas que tenga este tipo de sentimientos?

Heather sintió un cosquilleo en la garganta.

—Soy una egoísta lo sé… y es debido a eso que te estoy dando la oportunidad, ¿quieres hacer tu vida con alguien más o tener hijos con otra persona?… ¡puedes hacerlo! yo sólo quiero que seas feliz.

—Sí, pero hay solo una cosa que tal vez no entendiste de lo que esa soplona dijo… yo dije: ¡que sólo quiero tener hijos con la persona que amo! Y esa eres tú… de otra forma no quiero. —la tomó Spinel entre sus brazos.

—Pero yo nunca…

—Entonces nadie tendrá nada, jamás pondría mi felicidad ante la tuya… ¡comprenderlo! Yo sólo te amo a ti.

Heather dio una grito ahogado, como siempre su marido la conquistaba con sus palabras, y no cabía duda que era el que más se sacrificaba por ambos, y lo amaba tanto que pensar que otra persona se lo quitaba le dolía, no lo toleraba, así como no soportaba estar un minuto sin él. Mandó al demonio su orgullo y se lanzó a él para besarlo con avidez.

— ¿A quién engaño? No puedo enojarme contigo aunque quisiera, tampoco dejarte ir —dijo entre besos. —Me mata pensar que puedas estar con otra persona…Te amo Spinel… tú eres mi todo. —confesó aferrándose a él.

—Y soy todo tuyo… así como tú eres mía.—contestó Spinel retomando sus labios.

Heather se montó en él rodeándolo su cintura con sus piernas, facilitándole a Spinel el llevarla al interior de su choza, donde sólo había quedado una manta que sería más que suficiente para lo que estaban por hacer.

Se deshicieron de sus prendas rápidamente y se recostaron en aquella manta sin dejar de besarse, empezando con un juego pasional que no disfrutaban desde el día en que encontraron a Astrid. Heather empezó a gemir ante las apasionadas caricias de su marido, más cuando este la giró para besar su espalda, tocarle desenfrenadamente sus senos y mucho más, para finalmente quedar cara a cara y entregarse al placer por completo.

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En alguna parte del mar.

—Por fin hermano, la operación conquista comienza… es hora de demostrarle a esos barbaros quienes somos.

—Una vez que nuestros cazadores se hagan de esas islas, trasladarse a las demás será más fácil. —rio Ryker con malicia.

— ¿Y todo gracias a este soplón?

Con un movimiento de cabeza, Viggo mandó a llamar a un anciano de expresión gruñona y que a pesar de estar encadenado no perdía el porte de jefe que tenía.

— ¿Qué más sabes de la isla de los Modig?

—Se lo haré saber cuándo el lacayo de su hermano me desencadene…—ofertó Eero seriamente.

—Un hombre de negocios, me agrada… Jefe Eero, no fue mi intención hacerlo sentir un esclavo. —comentó Viggo al mismo tiempo que ordenaba desencadenar al jefe.

Al ser liberado, Eero miró de reojo a Ryker, una insignificancia para él, pues a quien realmente quería engañar era a Viggo, aunque para hacer eso, iba a costar algunos sacrificios.

—Ahora si jefe, está libre… ¿qué sabe de la isla Modig?

—Es una tribu donde sólo habitan hombres, muy apenas dejan que se les acerquen los demás, muchos tribus desconocen su existencia, son realmente inofensivos…todo está zona es su aldea, está por debajo de la tierra… —explicó señalando el mapa que tenía el cazador sobre la mesa. —Usen a los dragones excavadores para penetrar en su fortaleza subterránea… misma que podrán seguir utilizando después para atacar la próxima isla.

—Interesante jefe, no sólo estratégico sino también conocedor de dragones… sé que es viejo ¿pero de dónde viene tanta experiencia? —cuestionó Viggo interesado.

—Un libro… que le robé a un tipo llamado Bork. —mintió.

—Interesante… cuénteme más. —insistió el jefe de los cazadores tomando asiento.

Eero reveló todo lo relacionado tanto con las islas atacadas, así como la de sus ex aliados, y para rematarla, también el conocimiento que había adquirido de los dragones gracias a Hiccup. Todo esto para ganarse su confianza y que lo llevara con el verdadero conspirador de todas aquellas matanzas. Se ensuciaría un poco las manos, pero el precio menor para mantener a salvo a Hiccup y la orilla del dragón, la única isla que no mencionó además de Berk.

—Así que si quiere ganar, alineé sus flotillas de tal manera que nadie, ni siquiera un dragón podrá penetrarlas.

—Mmmmm…Interesante jefe Eero, no cabe duda que todo su conocimiento y experiencia ha sido de gran ayuda...

—Y le puedo ser de más ayuda si me aceptara como un socio… con mi ayuda derrotaremos a todos, incluyendo a Bog Burglar, eso pondría feliz al amo Drago ¿no es así?

—Tiene toda la razón Eero, sólo que hay pequeño problema…

— ¿Y cuál es ese?

— ¿Conoce esta pieza? —mostró Viggo una pieza de metal, una pequeña figurilla de un vikingo.

Eero tragó saliva.

—Sí. —trató de no titubear.

— ¿Puede decir en voz alta de que pieza se trata?

—E…el traidor… una pieza clave del juego de mazas y garras.

—Exacto… —Viggo se puso de pie, empezando a caminar alrededor de la mesa. —Verá Eero, esto es un juego, y me atrevo a decir que hay alguien en el archipiélago que lo supo captar muy bien.

—No tengo idea de quién podrá ser.. —ignoró el viejo.

—¿Ha escuchado hablar del amo de dragones?

Eero volvió a tragar saliva, y ahora caló en su garganta; durante su travesía para incorporarse con los cazadores había escuchado hablar de su nieto y sus hazañas.

—¿Lo desconozco? —fingió lo mejor que pudo.

—Eero… Eero…Eero. —canturreó el cazador con una sonrisita maliciosa. —¡¿Me va a negar que este tal amo de dragones es su nieto?! —acusó aventando la pieza sobre mesa.

El viejo se puso de pie al detectar la amenaza, pero Ryker rápidamente se posesionó detrás de él para amenazarlo con su espada.

— Lo repito nuevamente Eero ¿Se trata o no de su nieto? Que bien mis fuentes dicen que se llama… "Hiccup".

Eero gruñó al sentirse descubierto, con la fuerza que aún tenía aventó la mesa para atacar a Viggo, mientras que a Ryker lo sorprendió con un codazo, y le arrebató la espada.

—Te mataré ¡infeliz! —amenazó a Viggo con el arma, pero antes de que pudiera siquiera atacar, el cazador rió con burla pues no pasó ni un segundo cuando Ryker arremetió contra el viejo y le arrebató nuevamente la espada.

—Jefe Eero, que lástima, creo que la vejez lo ha hecho más tonto. —rió Viggo. — También he escuchado que cometió la estupidez de confiar en antiguos súbditos. —se burló al verlo sometido por su hermano, quien lo tenía agarrado de la cabellera. —Esos tontos cazadores cobardes con los que vino,... dijeron todo al instante.

Eero abrió los ojos como platos al escucharlo, pues a los mercenarios, amigos de Leny, les había dado lo último que le quedaba de oro para que lo llevaran con el jefe de los cazadores y su escondite. Grave falta, ya que estos en un inicio no querían ir y los obligó a pesar de sus advertencias, y tarde lo comprendió, cuando el mismo Viggo le mostró todos los cadáveres de los mercenarios, a quienes habían apuñalado después de que contaran toda la verdad.

—No se preocupe Eero, es muy temprano para deshacernos de usted… recuerde que aún sigue siendo el traidor en este juego, quien acaba de vender a todos sus aliados incluyendo a su nieto "el amo de dragones", quien por cierto es mejor que nos deshagamos pronto de él ya que al amo Drago, digamos que, no le gusta la competencia en cuanto a materia de dragones.

Eero apenas podía procesar lo que Viggo Grimborn le acababa de decir, pues entre ver a los cadáveres de los mercenarios, y ser la pieza del traidor, se dio cuenta de la grave falta que había cometido, de nuevo su soberbia había ganado sobre todas las cosas, y su nieto ahora no sólo no lo perdonaría, si no que probablemente lo había matado.

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Dos días después.

Axila Lamida.

—Astrid Hofferson, no hemos visto a los Deranged desde el incidente de antier… ¿sabes dónde están? —preguntó Mala preocupada.

—Están bien. —respondió esta con una sonrisita mientras alimentaba a su hija con un artefacto con la que se apoyaba cuando tenía dificultades con la leche. —Están pasando un tiempo a solas… no los molesten…—pidió seriamente.

—Oh…—balbuceó la reina comprendiendo. —Está bien, sólo quería asegurarme porque desde hace dos días están ausentes, pero dado a que se están divirtiendo por su cuenta, ya no me preocupa… regresaré al festival, faltan unos días para que se termine, una vez que todos se vayan continuaremos con las lecciones de vuelo.

—Lo tengo muy presente Mala, no te preocupes…mientras tanto diviértete.

La reina se despidió con propiedad, dejando a la joven madre alimentando a su hija, a la cual al finalizar, alzó para ayudarla a eructar.

—Heather y Spinel se están divirtiendo ¿no es así, Asdis? —dijo con una risita, mientras palmeaba su espaldita. —Me encantaba divertirme así con tu padre.

La pequeña como si contestara, eructó, a lo que Astrid la volvió a recostar para que se durmiera.

—Pero eso es algo que no te puedo contar, salvo cuando necesites un consejo… en un futuro, de preferencia, cuando ya hayas encontrado a la persona con la que quieres compartir tu vida… ¿sí?

La pequeña no entendía nada de lo que su mami decía, pero le gustaba escuchar su voz que era como un canto que le ayudaba a dormir. Astrid se sorprendía que de que su hija fuera demasiado pasiva y para nada escandalosa como alguno de los otros bebés de la tribu; una vez que la abrigó apropiadamente se acostó a un lado de ella, pues eso de ser madre y comandante la tenían agotada.

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Unos gritos en el exterior la sobresaltaron, cuando abrió los ojos dudó de cuánto tiempo se había quedado dormida, pero tanto ella como su hija se despertaron cuando todas las chicas y vikingos entraron la fortaleza subterránea haciendo un escándalo.

— ¡Calma, orden…!—gritaba Mala a la muchedumbre y Throk le hacía segundas.

Astrid no entendía qué pasaba, había una gran multitud en el área que la reina utilizaba para reuniones y juntas. Quería acudir con ella, pero había demasiada gente y no quería dejar ni llevar a su hija; sin embargo, Samara llegó con ella llevando al pequeño dragón Kiki.

— ¿Qué está pasando Samara?

— ¡Cazadores! Están atacando la isla de los Modig. —contestó la chica asustada. —Y si logran penetrar su fortaleza lo más probable que sigan con esta isla.

— ¿Y Heather y Spinel? —preguntó Astrid al no ver a sus amigos entre la multitud.

—Supongo que aún deben estar afuera…

— Ay no… debemos avisarles…¿puedes mandar a Kiki a buscarlos y quedarte con Asdis en lo que yo voy a ayudar a Mala? —pidió angustiada.

—Claro que sí.

La chica obedeció rápidamente y escribió un mensaje que amarró la pata a su dragón, el cual ya sabía a donde dirigirse pues tenía más que marcado su territorio con el médico y podía encontrarlo donde fuera.

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Heather y Spinel seguían tirados sobre la manta sin prenda alguna, en los dos días que llevaban ahí, sólo habían salido ocasionalmente para conseguir algunas frutillas, agua y satisfacer algunas necesidades fisiológicas, de ahí en más, se la pasaron en la choza "reconciliándose".

—No cabe duda de que deberíamos pelearnos más seguido. —abrazó Spinel satisfecho.

— ¿Es lo que quieres? —preguntó Heather echada en su pecho.

—Sólo si termina así.

Ambos rieron por sus ocurrencias, hasta que Spinel se movió para quedar frente a frente a su esposa, la cual estaba tan despeinada como él, y cuyos cabellos se empezaron a peinar entre los dos.

—Spinel he estado pensando sobre el incidente de antier.

—Quedamos que lo dejaríamos atrás. —besó este su nariz.

—Sí lo sé, es sólo que ahora que lo pienso… tal vez no tengamos que tener un hijo necesariamente…

— ¿A qué te refieres?

—Me gustaría ayudar a niños como en los casos de Asdis, es decir, a encontrar a sus familias, porque esa pequeña se tiene que reencontrar con Hiccup a como dé lugar, a pesar de que su mamá crea que está muerto, y para niños que perdieron sus padres… ayudarlos hasta encontrarles una familia.

—No cabe duda de que eres increíble…me parece una buena idea… me encantaría ayudarte…

— ¿Sí? —sonrió Heather ensoñada. —Y no solo eso… hay algo más que me gustaría. —dijo acercándose a él.

— ¿Qué? —

—Cuando Astrid por fin se reencuentre con Hiccup y todo este asunto de los cazadores termine, … quisiera tener otro perro…

El médico respiro hondo ya que recordó a su gran amigo.

—Me agrada también la idea… Kaiser número dos… yo me encargo querida.

La berserker feliz con sus nuevos planes, se acercó a su marido para besarlo, para comenzar con otra sesión de amor, sin embargo un extraño ruido en el exterior, los hizo detenerse. Unos ruidos, parecidos a unos rasguños en la choza de la puerta los hizo levantarse a la velocidad de un rayo y vestirse rápidamente; ya que temieron que fuera una chica curiosa o alguna otra cosa; sin embargo al abrir la puerta, Spinel miró con fastidio de que se trataba sólo de su pequeño rival.

— ¿Cómo se te ocurrió venir? —regañó infantilmente.

— ¡Ay, Spinel déjalo! ¿Qué te hace? —cargó Heather al dragón para mimarlo, notando de inmediato el papel que tenía en su pata. —Creo que tiene un mensaje.

— ¿De quién es? ¿Astrid y Asdis están bien?

—Atacaron la isla de los Modig. —leyó Heather el mensaje. — ¡Spinel! ¡Debemos regresar!

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Mientras tanto, el cao seguía en la isla de las defensoras del ala, Astrid no se percató de los hechos hasta que, volando en Stormfly, vio la gran columna de humo que salía de la isla vecina, y en la orilla de la playa una enorme flotilla, ya con muchas catapultas instaladas, además de estruendosos ruidos que se escuchaban como si estuvieran haciendo explorar la tierra.

Bajó nuevamente para advertir a la reina, que esperaban con Throk y el resto de su tribu que en su mayoría estaba ahí, al descender Spinel y Heather llegaron también.

—No sé cómo lo hicieron, pero parece que ya se apropiaron de la isla. —contó Astrid preocupada.

— ¿Tan rápido? ¿Cómo es posible? —preguntó Throk incrédulo.

—No lo sé, pero de lo que alcancé a ver con el catalejo es que tienen más armas, y muy sofisticadas.

—Tengo que volver… hay niños y ancianos que se quedaron…

— ¿No tienen por dónde escapar? —preguntó Heather de inmediato.

—En casos de crisis tenemos un pasadizo secreto, conduce al otro extremo de la isla donde hay un pequeño puerto… espero que todos lo hayan utilizado.

—Es lo que averiguaremos… ¡Mala, debemos ir y tratar de rescatarlos! Traerlos aquí antes de que esos malditos den con ellos. —Pidió Astrid.

—Pero aun no estamos listas. —objetó una chica preocupada, una de las que llevaba las lecciones de vuelo con Astrid.

—Es cierto. —Concordó Mala. —Pero parece que tendremos que aprender por experiencia… ¡andando chicas!

—Mi reina, déjeme acompañarla. —Pidió Throk.

Mala no se pudo negar a la petición de su pretendiente, y entre ambos prepararon a la nadder que ella utilizaría, lo mismo pasó con el resto de las jinetes que ya habían encontrado pareja.

—Ojalá Windshear pudiera volar para acompañarlos. —Se lamentó Heather con la bebé Asdis en brazos, mientras observaba como su amiga, acomodaba su hacha y otras provisiones en caso de ser necesarias.

—No, claro que no… nosotros debemos prepararnos para quienes lleguen heridos. —opinó Spinel, conociendo su papel.

—Es cierto. —concordó Astrid. —Además…—miró al matrimonio apenada. — Creo que les debo una disculpa…—agachó la cabeza.

El matrimonio se miró sin comprender la acción de la rubia.

—En especial a ti Spinel… fui una desconsiderada al no comentarte que me gustaría que tú y Heather fueran padres de mi hija en caso de que a mi…

—No lo digas…—interrumpió Spinel. —Acepto el ofrecimiento porque te estimo y a tu hijita, pero que no te pase nada ¿está bien?

—Así es Astrid, todo saldrá bien. —animó Heather. —Y descuida, nosotros la cuidaremos en lo que estás ausente.

—Se los encargó. —besó Astrid a su bebé antes de partir.

Yendo al frente, Astrid junto con Stormfly y las nuevas jinetes de dragones emprendieron el vuelo rumbo a la isla vecina.

Ya era media noche, y aun así, a lo lejos, se podía apreciar una parte de la naturaleza incendiada en la otra isla. Astrid comandó sigilosamente a las jinetes que en compañía de sus hombres, sintieron más confianza para mostrarles su valentía.

—Formación diamante. —ordenó Astrid susurrante, una vez que llegaron a la orilla de la isla. —Thork… ¿dónde está ese puerto?

—Está ahí…—susurró de la misma forma el hombre, señalando hacia el apagado puerto.

—No se ve que alguien haya escapado. —observó Mala unos barcos intactos, algo que causó angustia en el jefe de la isla.

—Echemos un vistazo…—ordenó Astrid descender lentamente.

Sin embargo antes de que pudieran acercarse más, un ruido tremendo se escuchó al igual que una explosión debajo de la tierra acompañado de gritos de niños y adultos.

— ¿Qué es eso? —observó Mala aturdida, pues distinguió a los adultos que intentaban pelear contra un monstruo rodante.

—Es… es un dragón ¡un atormentador!. —distinguió Astrid atónita, pues los dragones parecían estar aliados con los cazadores quienes golpeaban unos enormes metales que los aturdían y los incitaba a atacar.

— ¡Tenemos que salvarlos! —pidió Throk al ver que unos peleaban contra los asesinos cazadores y los niños corrían a los barcos.

— ¡Ataquen! —ordenó Astrid, no quedaba de otra y junto con las chicas se lanzaron a pelear contra el enemigo.

Ordenó rápidamente a tres jinetes a ayudar a los niños y heridos a subir al barco, mientras que otras amarraban los barcos a los dragones para llevarlos más rápido, pero no fue tan fácil, pues tan pronto los cazadores los vieron tiraron flechas a matar.

— ¡Que no los toque las flechas! ¡Tienen veneno! —advirtió Astrid tratando de esquivarlas al mismo tiempo que lidiaba con el enorme dragón, al cual sólo pretendía alejar para no lastimarlo.

Era difícil, ya que el dragón parecía reaccionar a los sonidos que emitía el cazador que golpeaba el gong, no fue hasta que Throk se lanzó del nadder de Mala y peleó contra este hasta matarlo , así el dragón se quedó en paz; pero tan pronto acabaron con los pocos cazadores que habían, del agujero que habían hecho en el pasadizo secreto, se empezó a emitir una radiante luz, una alerta de que más cazadores llegarían.

— ¡Vámonos, vámonos! —ordenó Astrid en cuanto amarraron el barco.

Lamentablemente, dejaron al dragón atormentador atrás, ya que este parecía no reaccionar por cuenta propia; la comandante lo dio por perdido cuando de nuevo escuchó el sonido del goong a lo lejos.

Sus enemigos, ya no eran lo que pensaba, ahora era peor, pues estaban cerca de donde estaba la tribu de Mala y su hija.

"Hiccup…"

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Orilla del dragón.

El jefe se levantó de un sobresalto en medio de la noche, sintió un dolor en el pecho que no sentía desde aquel fatídico día. Se echó de nuevo en la cama tratando de conciliar de nuevo el sueño, pero unos golpeteos en la puerta le hicieron retumbar de nuevo el pecho.

— ¿Quién será tan tarde? —gruñó poniéndose la prótesis.

Toothless, que dormía en una roca en la misma habitación, se levantó gruñendo de la misma.

—Vamos amigo, por si tienes que ahuyentarme a alguien.

El dragón bostezo con pereza, aunque no podía negarse a la petición de si amigo, le había hecho el favor desde dos días atrás, cuando las "damas", empezaron a buscarlo, y esa noche no sería la excepción.

—¡Jefe Hiccup! —exclamó una chica de cabello negro muy sorprendida y sonrojada. —Creía que no me abriría…

—Eres la prima, del hermano, del amigo, del jefe o algo así de la isla de los Silverhead ¿no es así? —trató de recordar el castaño.

—Sí, la hermana, de la prima de la tía, del amigo del amigo de la jefe Mía. —respondió la muchachita sonrojada.

—Como sea… ¿qué te trae por aquí?... —preguntó Hiccup con falso interés.

—Bueno hace frio…y yo pensé que tal vez tú y yo… no sé…—dijo avergonzada. —Ya que mañana todos regresaremos a casa…

—Por suerte. —susurró Hiccup para si mismo. —Mira muchachita…—no recordó su nombre. —Si tienes frio, en el gran salón hay una fogata… déjame dormir…—se despidió con desdén y cerró la puerta prácticamente en la nariz de la atónita chica.

Aun con la puerta cerrada, se quedó esperando unos segundos, la experiencia de los día pasados le habían enseñado bien. Y esa noche no sería la excepción cuando escuchó que de nuevo tocaron la puerta.

—Recuerda amigo… sólo un asustito con el ataque de plasma. —pidió Hiccup susurrante a Toothless.

El dragón se preparó y de su boca un fulgor morado se empezó a formar.

— ¡TOOTHLESS ataque de plasma! —gritó Hiccup abriendo la puerta.

— ¡Soy inocente! —gritoneó Fishlegs asustado y con las manos en alto.

Toothless al verlo tuvo que tragarse su plasma, no muy bueno, desde su perspectiva.

— ¡Por Thor, Fishlegs no me asustes así! Pensé que eras de esas chicas molestas.

— ¿Qué chicas? —preguntó el regordete sin comprender, aunque rápidamente sacudió la cabeza al recordar el motivo de la visita. — ¡Hiccup, tengo noticias!

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Axila lamida.

En los días posteriores al rescate de los que habían quedado de la isla de Throk; tanto Mala como Astrid ordenaron reforzar la isla.

Teniendo en cuenta a lo que se enfrentaban, Astrid estableció un perímetro de defensa que incluía diversas trampas alrededor del bosque y las costas, lo suficientemente grandes como para detener al gran atronador.

Se recogió hasta el último fruto y racimo de algodón para que su enemigo no diera tan fácil con ellos; mientras en el interior de la fortaleza subterránea, Spinel trabaja arduamente en conjunto con Heather para curar a los heridos de la batalla previa, incluyendo la rechazada Naira, que fijó su mirada rápidamente en otro fiero vikingo.

—En caso de que nos acorralen, estos serán los puntos de escondite. —señaló Astrid el mapa donde venían plasmadas todas su estrategias y trampas.

—Esos malditos ya se tardaron… ¿cuánto tiempo no harán esperar? —gruñó Throk, ya que pensó que el enemigo atacaría de inmediato.

—Supongo que quiere intimidarnos… no los vamos a dejar…—dijo Mala. —Astrid Hofferson… ¿cómo debemos contratacar?

—Debemos dejar que ellos den el primer paso, si nos lanzamos así de la nada, es seguro que nos tiendan una trampa… así que es mejor que nos vayamos a nuestras posiciones y hagamos las vigías como en los días anteriores.

La reina y el jefe de los Modig aceptaron, ya que en cualquier momento el enemigo podría aparecer y atacar sin advertencia alguna.

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— ¿Irás a la vigía otra vez? —preguntó Heather mirando atentamente a su amiga mientras le daba de comer las últimas onzas de leche a su hija.

—Sí… cada vez los siento más cerca. —contestó angustiada. —Pero no dejaré que se les acerque. —miró con dulzura a su hija. —En especial a ti…—susurró sólo para ella.

Heather sonrió ante aquel gesto, le preocupaba demasiado su amiga, pero tampoco podía detenerla.

—Cuídamela mucho ¿sí? —pidió Astrid entregando a la bebita, de la cual se despidió con un besito que le dio en la frente. —Nos vemos más al rato mi amor.

—Descuida, estará bien. —animó Heather. —Cuídate mucho también.

La rubia le sonrió a modo de despedida, y se fue corriendo en dirección a donde Mala y los demás las esperaban.

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En alguna parte del mar.

Hiccup había sido advertido por Fishlegs en la madrugada que los escuadrones de vigilancia, que tenían en varias zonas, detectaron actividad inusual en una de las islas abandonadas del archipiélago, las mismas donde le perdió la pist a su enemigo la primera vez.

¿Qué era lo que tramaba ese tipo? Gruñía de tan sólo preguntárselo.

—Juro que mataré a quienes se haya osado interrumpir mi luna de miel. —gruñó Tuffnut molesto.

— ¡Estábamos TAN bien! —concordó Ruffnut de igual manera.

—Chicos, esto es serio. —trató de calmarlos Odalys.

—Pues hasta yo estaría molesto. —opinó Snotlout.

—Chicos ya basta, Odalys tiene razón. —siguió Fishlegs, iniciando así una nueva discusión.

Hiccup tuvo que escuchar con fastidio como se peleaban, y si hubieran estado ellos nada más no le hubiera importado, pero había más jinetes acompañándolos, entre ellos, Alberick,Gobber, Gustav y Mia, quienes no tardaron en unirse a la discusión.

Sin embargo, se tendrían que callar ya que llegaron a su destino donde encontraron un panorama nada favorecedor. Al menos una flotilla de 50 barcos estaba anclada en la costa, un 70 por ciento en una isla, el otro 30 en la que él llamaba la isla Axila lamida.

—Pero qué demonios… ahora son más. —observó Snotlout impactado.

—Ya se distribuyeron, lo mejor será atacar a la primera flotilla. —opinó Alberick viendo la de Isla de Axila Lamida.

—Sí, creo es lo mejor… esos barcos son de búsqueda. —observó Hiccup por el catalejo que los navíos no eran tan grandes como el resto.

—Destruirlos será fácil. —opinó Tuffnut ansioso.

— ¡Andando! —ordenó Hiccup descendiendo en dirección a los navíos junto con el resto de los jinetes, más lo que sucedió después nadie se lo esperaba.

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Una explosión a lo lejos alteró los sentidos de los habitantes de la isla Axila Lamida; desde Astrid, que estaba en su posición de vigía, hasta Heather, quien aún cuidaba a la bebé en el la fortaleza subterránea.

— ¿Qué fue eso? —preguntó Mala preocupada.

—Parece que ya empezaron pero… —Astrid trataba de dar con una teoría, pero el ruido había sido demasiado para que su sigiloso enemigo lo ocasionara.

De repente, el rugido de feroces dragones la puso en alerta, parecía que una batalla se estaba llevando a cabo. Quería saber lo que pasaba, pero no se quería mover de su posición para no descubrir a su armada.

No fue hasta que una chica y un vikingo que hacían vigía en otra zona, se acercaron a dar las nuevas.

—¡Una batalla se desató! ¡Hay dragones peleando contra dragones!

— ¡¿Qué?!

—Al parecer un grupo de forasteros montando dragones están peleando con ellos. —contó la chica.

"Jinetes de dragones" Fue lo primero que pensó Astrid.

— ¿Podría ser? —susurró esperanzada.

— ¡Astrid… Astrid Hofferson! —llamó Mala sacándola de su ensoñación.—No sabemos de quien se trate… de cualquier forma debemos aferrarnos al plan inicial… debemos conducir a todo aquel que se quiera acercar a las trampas.

Astrid asintió una y otra vez, pero empezó a sentir una sensación en su pecho, algo que llevaba mucho sin sentirlo con tanta intensidad, era ese "algo" que tanto le gustaba.

— ¡Están cerca! —advirtió la reina, haciéndola despertar de nuevo.

—En sus posiciones… ataquen a la primera orden, y recuerden… si todo sale bien… nos veremos en la fortaleza.

Las jinetes estuvieron de acuerdo, y a pesar de su inexperiencia, cada quien montó a su respectivo dragón para dirigirse a su posición. Astrid se puso su capucha y montó a Stormfly para dirigirse al área especial donde aguardaban muchas trampas.

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De todas las cosas que pudo haber esperado, ser atacado por dragones no era una de ellas; fue el colmo para Hiccup y Toothless tener que pelear con dragones acorazados, que estaban muy molestos por su obvia falta de cuidado y libertad. Y aunque los tenía literalmente detrás de él, no fue impedimento para que él y su furia nocturna, hundieran algunos barcos que se hundieron en cuestión de minutos gracias a lo coordinación de los jinetes.

—Hiccup… son demasiados… ¿cómo los vamos a detener sin lastimarlo? —preguntó Fishlegs.

—Entren en el bosque, debemos perderlos desde ahí o tratar de calmarlos si se puede.

El grupo de dispersó y entró al bosque, haciendo uso de sus hábiles movimientos, cada jinete se las ingenió para deshacerse de los dragones, desde desorientarlos, perderlos o haciéndolos chocar contra rocas.

—Pan comido. —Celebró Snotlout al ver al dragón desmayado por tremendo golpe.

—Después presumes… ¡andando! —ordenó Ruffnut apresurada, pues aún quedaban muchos dragones que esquivar.

—Sigamos por ahí. —señaló Fishlegs a una parte más oscura del bosque

Voló tomando el liderazgo del grupo, pero lo que no esperaba es que una red metálica cayera sobre él, que lo atrapó y a su gronckle.

— ¡Ayuda! —chilló de inmediato.

—Pero que rayos…—observó Snotlout un movimiento inusual dentro de la oscuridad del bosque, que con una ráfaga poderosa, casi lo hace caer a él, a los gemelos y a Odalys de sus respectivos dragones.—¡Nos atacan! ¡Cuidado!

—Debemos ayudar a Fishlegs…—señaló Ruffnut al regordete que trataba de zafarse de la red, aunque no serían tan fácil de hacerlo cuando vieron que personas, en su mayoría vestidos de negro, lo rodearon.

— ¡¿Quiénes son? ¿Quiénes son?! —gritó Tuffnut espantado.

— ¡No se muevan! —advirtió de repente una voz de una mujer detrás ellos.

Lentamente se giraron, aquella chillona voz se le hizo conocida…

— ¡¿Reina Mala?!

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Mientras tanto, en la superficie, Fishlegs trataba de verse amenazante ante las personas que lo rodearon cuando de repente…

—Joven Fishlegs…—habló una chica que estaba cubierta por una máscara negra que sólo dejaba al descubierto sus ojos.

— ¿Samara? —distinguió el regordete de inmediato.

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—Salvador Snotlout Jorgenson, Ruffnut Thorton, Tuffnut…

—Sí reina, somos todos. —Cortó la gemela rápidamente…— ¡¿Qué hacen aquí?!

—Creo que las explicaciones las tendremos que dar después. —advirtió Mala viendo que a lo lejos se acercaba más dragones. —Además de una sorpresa que les va a gustar…

— ¿Sorpresa? —se preguntaron todos incrédulos, más no hubo tiempo de cuestionamientos ya que debían seguir peleando.

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Mientras tanto, en otra parte del bosque, Hiccup luchaba contra los dragones, parte de su estrategia era quitarles el acorazado que los esclavizaba para tratar de calmarlos, de pronto se vio sólo en la misión, ya que Alberick, Mia y Gobber se entretuvieron con otros dragones.

— ¡Dioses, ¿cuántos son?! —gruñó al tener a otro dragón detrás de él una vez que se había escapado de otro. — ¡Vamos amigo!

El furia nocturna emitió su característico sonido, y siguió volando por el espeso bosque.

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¿Había sido su imaginación?

Astrid se había logrado atrapar a unos dragones en las trampas, cuando escuchó ese singular sonido.

— ¿Podría ser? —por su cabeza pasaron muchas cosas, una de ellas es que el furia nocturna estaba siendo utilizado para fines malvados, y otra, de la cual no se quería hacer ilusiones. —Vamos nena… llévame a donde se escuchó ese sonido.

La nadder ya lo tenía bien contemplado y voló rumbo hacia ese sonido.

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—Toothless… cuando te diga… ¡atacas! —pidió Hiccup cansado de jugar a las carreras, estaba listo para hacer dormir al dragón con un gran golpe, cuando un segundo gruñido a un costado a varios metros de él se escuchó. — ¡Ay, no puede ser! ¡¿Otro?! —expresó molesto, viendo a su costado, donde a no más de 20 metros visualizó un nadder color azul, y no sólo eso.

— ¿Qué es esto? —susurró al ver a una jinete en capucha.

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— ¿Qué es esto? —sintió Astrid un dolor en su pecho, al ver que su esperanza había sido renovada, pues justo frente a ella, estaba su marido. —Hi-ccup…— una lagrimillas se le formaron en los ojos por la emoción; sin embargo la emoción se acabó al ver que este se dirigía a una de sus trampas. — ¡Hiccup cuidado!

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El jinete creía que era un sueño, que un dragón lo había matado y que ya estaba en el Valhala, sin embargo el grito de advertencia de su esposa lo puso de nuevo en su órbita.

Más no supo a qué se refería, cuando de repente sintió que él y su dragón activaron una especie de trampa.

— ¡Stormfly! —intervino Astrid antes de una red de rocas cayera sobre su esposo y el furia nocturna, y activó otra de troncos que cayeron encima del dragón que los perseguía.

Las rocas quedaron esparcidas por la intervención de la nadder, pero aun así no estaban a salvo, ya que el dragón aún no había sido derribado del todo, pero Hiccup aún seguía atontado con todo lo sucedido; no reaccionó siquiera cuando sintió otro esencia muy cerca de él. Astrid había saltado de Stormfly para subir al furia nocturna.

—Hiccup… ¡baja! ¡baja! —pidió Astrid desesperada tratando de hacerlo reaccionar antes de que el dragón alzara el vuelo otra vez.

—¿Eh…?—reaccionó muy apenas, estaba en una especie de trance y ensoñación, no comprendía porque si acababa de ver a su esposa, lo primero que le decía era "Hiccup, baja, baja…"

— ¡Hiccup! —zarandeó Astrid con rudeza.

Aquella rudeza y agresividad, fue suficiente para que reaccionara, aunque no con mucha concordancia, ya que movió mal el pedal de Toothless y los hizo bajar arrebatadamente.

— ¡Ahí hay un escondite! —señaló Astrid una grieta entre la tierra donde había establecido una zona de vigía. Iba aferrada a la cintura de Hiccup ya que este no parecía tener el control total de Toothless y quien tuvo un aterrizaje peligroso.

Dragón y jinetes cayeron al suelo, Astrid se levantó primero, y alertada por el otro dragón que atacaba, tomó la mano de su aturdido esposo para meterse con él en la grieta, donde había una especie de red con muchas hojas con las cuales se ocultaban durante las vigías, Toothless y Stormfly los siguieron, aunque quedaron muy apretados por los estrecho del espacio. Aunque no necesitaban moverse mucho, ya que su curiosa mirada estaba atenta a sus jinetes que quedaron uno arriba del otro.

Hiccup, aun no terminaba de procesar todo lo ocurrido, se levantó con pesadez, ya que aquella red parecía una hamaca que se movía demasiado, sin embargo poca importancia le dio al ver a la persona que tenía debajo de él. Su esposa.

Con los ojos puestos sobre el uno y el otro al igual que sus cuerpos, ninguno de los dos pudo mencionar palabra alguna, pero se podían escuchar claramente sus respiraciones agitadas.

—Hiccup…—hipeó Astrid primero, alzando su mano para tocar la mejilla de su amado, y comprobar ahora sí, si no estaba soñando.

Al sentirla, el corazón de Hiccup palpitó con fuerza, podía sentirla, pero era ¿real o él estaba muerto?

—Estás vivo…—la escuchó sollozar.

—Estás viva…—lloró ahora él, a ver que no era un sueño y mucho menos que no estaba muerto. —¿Es real? —preguntó esperanzado.

Astrid sólo asintió con una sonrisa.

¡Estás vivo/viva!

Sollozaron una y otra vez al mismo tiempo, mientras sus manos se tocaban el cabello, rostro y cuello, para cerciorarse de que no fuera mentira.

— ¡Dioses, estás viva! —se echó Hiccup sobre ella para abrazarla. —¡No puedo creerlo! Te extrañé tanto…

—Y yo a ti... —Apretó Astrid con fuerza…— ¡pero… pero estás bien!

Lo separó un poco de ella para poder observarlo y tocarlo para asegurarse de que realmente estuviera bien.

—Lo estoy…—sonrió Hiccup sintiéndose de nuevo querido.

Se inclinó hacia ella para besarla, ya no quería postergarlo, la besó con ansiedad y Astrid le correspondió con la misma intensidad, se mordieron sus labios, sintieron la lengua de cada uno, el calor que cada uno emanaba con cada caricia. Hiccup era el más ansioso de los dos, pues dejó sus labios para pasar a su cuello, mientras que sus manos se paseaban por sus senos hacía su vientre donde su hijo debía estar.

Repentinamente se detuvo al considerarlo. Levantó medio cuerpo de su lady para poder observarla por completo.

—Hiccup… ¿qué pasa? —preguntó Astrid angustiada con reacción.

Pero su esposo no reaccionó, en lugar de responder, le levantó la blusa que llevaba, arrancándola por un extremo. Astrid se apenó al pensar que Hiccup le quería hacer el amor en ese lugar, algo que descartó de inmediato cuando este empezó a tocar enloquecido todo su vientre.

—Hiccup, por favor…

— ¿dónde…dónde? —empezó a balbucear el castaño tratando de encontrar, en el ya plano vientre de su mujer, a su hijo.

Astrid comprendió entonces lo que pasaba, se reincorporó como pudo para abrazarlo con fuerza.

—Shhh… shhh calma Hiccup…

—No…no…no… me digas que…—lloró este aferrándose al abrazo, no quería escuchar la mala noticia.

—Shh…shh… calma…—siguió tranquilizándolo Astrid. —Ella está bien… ella está bien…

¿Qué había dicho?

Hiccup se separó un poco de ella, para cerciorarse si había escuchado bien.

— ¿Ella? —susurró lloroso.

—Sí… ella. Tenemos una hijita. —reveló Astrid con una gran sonrisa. —Y…le puse como querías… se llama Asdis,…mi amor… tienes una hijita.

¿Una hija?

Hiccup no podía con tanta emoción, que se mareó dejándose caer nuevamente encima de su lady.

—¿estás viva Astrid y tenemos una hija? —volvió a preguntar lloroso para cerciorarse.

—Sí babe, estoy viva y tienes una hermosa hija…

Hiccup la apretó con fuerza y siguió llorando sobre su pecho, ahora que ya la tenía no pensaba dejarla de nuevo ir.

.

.

.

La noche había caído en Axila Lamida, después de una intensa lucha contra los dragones, habían logrado someterlos gracias a las trampas de Astrid y las defensoras del ala.

—Entonces Hiccup ¿está vivo? —preguntó Heather impresionada cuando vio a todos los jinetes llegar junto con Mala.

—¿Y entonces es cierto que tú también estabas aquí? —señaló Snotlout incrédulo.

—Y no sólo ella… sino alguien más. —insinuó Mala con una risita. — ¿Aun no llega Heather?

—Pensé que estaba contigo. —respondió esta, viendo que aparentemente aún no había informado a los demás sobre cierta rubia comandante.

— ¿Y Hiccup, alguien lo vio? —preguntó Gobber preocupado.

Todos los jinetes aliados negaron verlo, al igual que las chicas que desconocían el paradero de su comandante.

Sin embargo, el singular sonido del furia nocturna acaparó la atención de todos los presentes quienes alzaron su mirada al cielo nocturno donde un furia y un nadder descendían juntos.

—Ese dragón…—señaló Ruffnut confundida, y al igual que a todos los demás se les paralizó el corazón al ver a su jinete.

—Es…

—Es..

—Es…

—Ay… mamá ¡es Astrid! —gritó Tuffnut con los ojos llorosos, al ver a la rubia descender del dragón en compañía de Hiccup, fue el primero en correr para abrazarlos, la segunda fue Ruffnut que aún no se lo creía.

— ¿Sí eres real? —cacheteó llorosa a la rubia.

—Muy real Ruff…—cacheteó Astrid enseguida para después abrazar a su amiga.

—¡Estúpida… patada de yak en el estómago… maldita come caca de troll!… ¡¿Por qué nos hiciste esto?! —siguió llorando la gemela.

—Lo siento, pasaron muchas cosas…—respondió Astrid llorosa apretándola con fuerza.

—Pero ya está con nosotros… es lo importante—festejó Hiccup, aun conmovido.

—Pero… pero… pero..¡¿Cómo?! —trataba de encontrarle Fishlegs una explicación.

—Pero Astrid…¿Qué pa…—susurró Odalys de repente y vio directamente a su vientre.

Los demás comprendieron que sucedía y miraron el plano vientre de la rubia, y si hacían cuentas, Astrid debía estar por finalizar el embarazo.

—No se preocupen… ella está bien. —avisó Astrid a todos antes de que se angustiaran y haciendo que Hiccup se emocionara de tan solo recordar que tenía una hija.

— ¡¿Ella?! —susurraron todos al mismo tiempo.

—Así es, Astrid y Hiccup tiene una hermosa hija. —dijo Heather que había estado alejada de la conversación.

—Se llama Asdis. —reveló Spinel al feliz grupo.

Hasta ese momento Hiccup les prestó atención, era tanto su emoción que su sentido visual por el momento estaba nublado.

— ¿Entonces es cierto? —murmuró feliz a la berserker y al médico. — ¿Ustedes la cuidaron?

Heather apenas asentía cuando sintió que Hiccup rápidamente se acercó a ella y le dio un fuerte abrazo, ante la atónita mirada de ella y de los mismos vikingos.

—Gracias. —susurró Hiccup apretándola con fuerza.

—No… hay de que…—respondió Heather avergonzada.

Spinel carraspeó sintiendo un poco incómodo el ambiente, más dejó de sentirlo cuando Hiccup soltó a Heather para abrazarlo a él con la misma fuerza.

—También te lo agradezco… has cuidado a mi hija…

—Ay dioses…no… no hay de que…—se sonrojó el médico. —Me… me alegro que esa niña… vaya a tener a su padre con ella. Ahora es tu turno de cuidarla y a tu esposa.

Hiccup se separó de él y asintió aceptando gustoso el nuevo puesto que tenía y que pensó que había perdido.

—Hiccup… ¿quieres conocerla? —preguntó Astrid de nuevo llamando su atención.

Este asintió y se peinó el cabello como si fuera a conocer a una persona muy importante, y así era, porque su hija y su esposa eran las personas más importantes de su vida. Astrid tomó su mano, y lo condujo al interior de la fortaleza subterránea, seguidos del curioso dragón y de lo demás jinetes que también querían conocer a la niña.

Dentro de la cueva subterránea, Hiccup no pudo dar un paso más cuando Astrid soltó su mano y se internó a un cuartito donde había una pequeña cuna. Vio que su esposa le hacía mimos a su hija, mientras la alzaba con todo y cobijita, la pequeña empezó a gimotear levemente, después de haber sido despertada, pero en brazos de su madre se calmó nuevamente.

—¡Anda Hiccup! No te quedes ahí…— empujó Heather al castaño para que entrara.

Este entró a tropezones, sintiéndose tonto frente a Astrid, que a diferencia de él, ya parecía tener un poco más de experiencia.

—Anda acércate…—invitó Astrid. — ¿Quieres cargarla?

Este tomó una bocana de aire y asintió temeroso, Astrid se la pasó con cuidado y fue el momento en el que pasó,… por fin la vio. Un nuevo sentimiento nació en Hiccup al momento que vio a su hija, tan pequeña, tan hermosa, tan parecida a su madre.

Pensó que nunca podría volver a enamorarse pero se equivocó, si lo hizo, tenía un nuevo y diferente amor, el amor de un padre, amor a su pequeña hija Asdis.

Continuará…

Super tarde como últimamente lo hago, pero aquí quedó todo.

Por cierto, les debo los reviews… trataré de no distraerme tanto para tener todo a tiempo

Agradecimientos, comentarios y dudas del capítulo 48.

Yura, Fantasy Branca, Vivi, Sakura Yellow, Dragon Viking, Jessy Brown, Violeta, Steffani, Asriver, Maylu Liya, Flopi216, Unbreakablewarrior, Astrid Pizarro, Heimao3, Melody562, Alexandra, Nina, CharlieSantaRosa, Dark Hime, Milagros, Ana Gami, Amai do,

Toothless: Hello, thank for you review, about the drawing of Astrid as a Beast and the wings thing, let me tell you that it has a purpose, I mean, it would be "part" of the problema of the beast ;)

Gracias a los que siguen leyendo y comentando, lectores en las sombras, favoritos y seguidores.

13 de marzo de 2017